Lo Viral — Jorge Carrión / The Viral by Jorge Carrión (spanish book edition)

Me parece muy acertado el ejercicio del diario y que increíble que haya escrito este libro en los días de cuarentena, gran ejemplo de disciplina e inteligencia.
El libro ofrece muchísima información y me encanta la manera en que lo estructuro. Se nota que el autor ha dedicado su vida a escribir y leer. Notable autor.
El libro se publicó un poco antes de la pandemia actual pero no es premonitorio. La metáfora del virus, de lo viral, es muy tentadora y definitoria del mundo contemporáneo digital y, además, como dice Jorge Carrión en este ensayo, ‘la ciencia-ficción es el nuevo realismo”. Las redes sociales, la globalización y el desastre ecológico han hecho el resto para que estemos protagonizando nuestra propia serie. Pero, entre tanta distopía y tanta anticipación, una vez más brilla la clarividencia de los clásicos griegos.

¿Y si nos equivocamos? ¿Y si nos precipitamos? ¿Es posible que, si el siglo XX empezó realmente en el Sarajevo de 1914, el siglo XXIcomenzara anteayer en Wuhan?.
El concepto viralidad, tal como lo entendemos hoy, surgió en los años noventa en el ámbito del marketing. De la biología pasó entonces a la retórica corporativa: a partir de ese momento el objetivo de un anuncio, de una campaña de publicidad, de un videoclip o de un nuevo producto es propagarse, contagiarse, infectar las conciencias del máximo número posible de compradores, sobre todo a través de las redes de telefonía. Aunque los anuncios y las campañas fueran emitidas a través de diarios, televisión o radio, la viralidad dependió hasta mediados de la primera década del siglo XXI de la transmisión oral, de la transmisión boca oreja. YouTube, Facebook y el resto de redes sociales comenzaron después a generar un nuevo sentido de lo viral, como aquello que puede comentarse, evaluarse y, sobre todo, compartirse masivamente. Ser epidemia o pandemia o enajenación colectiva (casi nunca compramos un producto en lugar de otro por un motivo completamente racional).

Llevo años diciendo que la ciencia ficción es el nuevo realismo y parece ser que en Wuhan se están empeñando en darme la razón.
Mientras vivimos en realidades psicológicas parecidas a las de las páginas de este falso diario, entretenidos en nuestra cotidianidad y en nuestras obsesiones, en el subsuelo, en el subtexto, como un líquido que se derrama o una explosión de esporas o una sucesión de grietas en las profundidades de un glaciar, por debajo de los días de este mes de diciembre se va tejiendo la trama del futuro.

En abril sabremos que en España no existió realmente un primer paciente: el virus entró en pocos días por unas quince vías distintas. El análisis genético, en que algunos de los 30.000 caracteres del bicho cambian según los pacientes, en una suerte de ejercicio de escritura combinatoria o de mapa situacionista, une a algunos de los enfermos con un partido de fútbol en Milán, otros con Shanghái, otros tienen origen desconocido. Las líneas de contagio lentamente se van superponiendo a todos los paralelos y a todos los meridianos, hasta envolver como una telaraña el mapamundi entero. En nuestra sociedad del conocimiento: desconocemos. Sólo existe un paciente 0, es chino, se contagió durante la segunda mitad del mes de noviembre, tal vez algún día sepamos su nombre. Tal vez no. Quizá ni siquiera eso sea cierto. Tenemos que acostumbrarnos a narrativas con tantos protagonistas que parece que no tengan ninguno, con tantas tramas que lo que percibimos es una atmósfera, un tono, una membrana: el zumbido del enjambre.

Ha empezado a suicidarse gente en Italia a causa del virus físico y del virus mental. Las residencias de ancianos se han convertido en leprosarios y cementerios. Los crematorios de Madrid trabajan las veinticuatro horas del día. Después del colapso sanitario ya ha llegado el colapso del sistema funerario. Se habla poco de la muerte, menos todavía de lo que se habla en circunstancias normales, en estos días en que todos buscamos salientes del precipicio para agarrarnos a la esperanza y no caer en el abismo. Pero no tengo ninguna duda de que detrás de todos esos tuits, de todas esas fotos, de toda esa textura de píxeles que no para de crecer a nuestro alrededor hay muchísimo miedo, tanto miedo, demasiado miedo, un pánico que se difunde al mismo ritmo que lo hacen el patógeno y su sombra viral. En ese contexto, ante la imposibilidad de despedirte de tus difuntos en persona, de abrazar a quienes también les quisieron, las redes sociales se están convirtiendo también en tanatorios y en cementerios, en espacios de despedida y de duelo, en espejos de sombra donde buscar los abrazos que no llegan.

Amazon, Netflix y YouTube han bajado la calidad de sus emisiones en Europa. Se trata de una estrategia de la Comisión Europea, que pidió a los consejeros delegados de las plataformas que eliminen temporalmente la alta definición, para de ese modo no colapsar el sistema de las telecomunicaciones. En nombre del estado de alerta o de alarma o de emergencia, también se empiezan a controlar los teléfonos móviles y los desplazamientos en coche o a pie. Nos vamos a acostumbrar a todas esas devaluaciones.

La biología está acelerando la digitalización del mundo y emergen narrativas de una nueva escala humana, que dejan atrás el selfi y la autoficción para encontrar formas de representarnos más humildes, más acordes con el lugar que nos corresponde realmente en el planeta Tierra. En plena pandemia, sin nadie que asuma el liderazgo mundial, sin héroes que no sean colectivos, las imágenes que mejor representan la realidad son las de pantallas divididas en celdas.
Si el siglo XX empezó en 1914 con el icono de una chaqueta ensangrentada, la del Archiduque Francisco Fernando, cuyo asesinato en Sarajevo desencadenó la Primera Guerra Mundial, me pregunto con qué símbolo visual ha comenzado el XXI. Si lo hizo en 2001 con la imagen -⁠repetida en loop⁠- del desplome de las Torres Gemelas o si lo está haciendo ahora, con esas pantallas carentes de espectáculo, que reproducen monótonas las pequeñas ventanas desde las que contemplamos el nuevo mundo.

El encierro colectivo ha cumplido con su meta y finalmente han bajado radicalmente las cifras de muertos. Llevamos algunos días de supuesta desescalada. No está mal la metáfora, en este tiempo que por momentos parece exclusivamente metafórico, puro relato o símbolo sin casi substancia real. No hemos estado viviendo o sobreviviendo durante el último mes y medio, sino que hemos estado escalando hacia otro nivel del videojuego o hacia la cumbre del glaciar, y ahora iniciamos el descenso hacia lo que Pedro Sánchez ha llamado en televisión la Nueva Normalidad. A un lado de la pantalla o de la montaña o de la frontera o del hielo se encuentran, por tanto, los últimos años de la Antigua Normalidad del siglo XX, en que la ciencia ficción era el nuevo realismo. La montaña de la pandemia ha convertido la propia realidad en ciencia ficción durante unos meses de transición. Y al otro lado, nos espera el siglo XXI, la Nueva Normalidad, ese nuevo subgénero de la ciencia ficción. O del terror.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/01/27/contra-amazon-jorge-carrion-against-amazon-by-jorge-carrion/

https://weedjee.wordpress.com/2020/09/10/librerias-by-jorge-carrion-bookshops-a-readers-history-by-jorge-carrion/

https://weedjee.wordpress.com/2020/09/27/lo-viral-jorge-carrion-the-viral-by-jorge-carrion-spanish-book-edition/

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I think the journaling exercise is very successful and how incredible that I wrote this book in the days of quarantine, a great example of discipline and intelligence.
The book is so informative and I love the way I put it together. You can see that the author has dedicated his life to writing and reading. Notable author.
The book was published shortly before the current pandemic but it is not prescient. The metaphor of the virus, of the viral, is very tempting and defining of the contemporary digital world and, furthermore, as Jorge Carrión says in this essay, “science fiction is the new realism.” Social networks, globalization and the ecological disaster have done the rest so that we are starring in our own series. But amid so much dystopia and so much anticipation, once again the clairvoyance of the Greek classics shines.

What if we are wrong? What if we rush? Is it possible that, if the 20th century really began in the Sarajevo of 1914, the 21st century began the day before yesterday in Wuhan?
The concept of virality, as we understand it today, emerged in the 1990s in the field of marketing. From biology he then passed to corporate rhetoric: from that moment on, the objective of an advertisement, an advertising campaign, a video clip or a new product is to spread, become infected, infect the consciences of the maximum possible number of buyers, especially through telephone networks. Although the advertisements and campaigns were broadcast through newspapers, television or radio, virality depended until the middle of the first decade of the 21st century on oral transmission, on word of mouth. YouTube, Facebook and the rest of social networks later began to generate a new sense of the viral, as what can be commented on, evaluated and, above all, shared massively. Being an epidemic or pandemic or collective alienation (we almost never buy one product instead of another for a completely rational reason).

I have been saying for years that science fiction is the new realism and it seems that in Wuhan they are trying to prove me right.
While we live in psychological realities similar to those of the pages of this false diary, entertained in our daily lives and in our obsessions, in the subsoil, in the subtext, like a liquid that spills or an explosion of spores or a succession of cracks in the depths of a glacier, below the days of this month of December the fabric of the future is being woven.

In April we will know that in Spain there was not really a first patient: the virus entered in a few days by some fifteen different routes. The genetic analysis, in which some of the 30,000 characters of the bug change according to the patients, in a kind of exercise in combinatorial writing or a situationist map, unites some of the patients with a soccer match in Milan, others with Shanghai, others have unknown origin. The lines of contagion slowly overlap all the parallels and all the meridians, until they wrap the entire world map like a cobweb. In our knowledge society: we do not know. There is only one patient 0, he is Chinese, he was infected during the second half of November, maybe one day we will know his name. Maybe not. Perhaps even that is not true. We have to get used to narratives with so many protagonists that they seem to have none, with so many plots that what we perceive is an atmosphere, a tone, a membrane: the buzz of the swarm.

People in Italy have started committing suicide because of the physical virus and the mental virus. Nursing homes for the elderly have been turned into leprosariums and cemeteries. Madrid crematoria work 24 hours a day. After the sanitary collapse, the collapse of the funeral system has already arrived. Little is said about death, even less about what is said under normal circumstances, in these days when we all look for ledges from the precipice to cling to hope and not fall into the abyss. But I have no doubt that behind all those tweets, all those photos, all that pixel texture that does not stop growing around us there is a lot of fear, so much fear, too fear, a panic that spreads at the same rate that the pathogen and its viral shadow do. In this context, faced with the impossibility of saying goodbye to your deceased in person, of hugging those who also loved them, social networks are also becoming funeral homes and cemeteries, spaces of farewell and mourning, in shady mirrors where to look the hugs that don’t come.

Amazon, Netflix and YouTube have lowered the quality of their broadcasts in Europe. It is a strategy of the European Commission, which asked the CEOs of the platforms to temporarily eliminate high definition, so as not to collapse the telecommunications system. In the name of alertness or alarm or emergency, mobile phones and movements by car or on foot are also being monitored. We are going to get used to all these devaluations.

Biology is accelerating the digitization of the world and narratives of a new human scale are emerging, leaving behind the selfi and self-fiction to find ways of representing ourselves more humble, more in line with our true place on planet Earth. In the midst of the pandemic, with no one assuming world leadership, without heroes that are not collective, the images that best represent reality are those of screens divided into cells.
If the 20th century began in 1914 with the icon of a bloody jacket, that of Archduke Franz Ferdinand, whose murder in Sarajevo triggered the First World War, I wonder with what visual symbol the 21st began. If he did it in 2001 with the image -⁠repeated in a loop⁠- of the collapse of the Twin Towers or if he is doing it now, with those screens devoid of spectacle, which reproduce monotonously the small windows from which we contemplate the new world.

The collective confinement has fulfilled its goal and the death toll has finally dropped dramatically. We have been de-escalation for a few days. The metaphor is not bad, in this time that at times seems exclusively metaphorical, pure story or symbol with almost no real substance. We have not been living or surviving for the last month and a half, but we have been climbing to another level of the video game or to the top of the glacier, and now we begin the descent towards what Pedro Sánchez has called the New Normal on television. On one side of the screen or the mountain or the border or the ice are, therefore, the last years of the Old Normal of the 20th century, when science fiction was the new realism. The mountain of the pandemic has turned reality itself into science fiction during a few months of transition. And on the other side, the 21st century awaits us, the New Normal, that new subgenre of science fiction. Or terror.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/01/27/contra-amazon-jorge-carrion-against-amazon-by-jorge-carrion/

https://weedjee.wordpress.com/2020/09/10/librerias-by-jorge-carrion-bookshops-a-readers-history-by-jorge-carrion/

https://weedjee.wordpress.com/2020/09/27/lo-viral-jorge-carrion-the-viral-by-jorge-carrion-spanish-book-edition/

2 pensamientos en “Lo Viral — Jorge Carrión / The Viral by Jorge Carrión (spanish book edition)

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