La Pobreza — Antonio Gamoneda / Poverty by Antonio Gamoneda (spanish book edition)

La pobreza que marcó la vida de Gamoneda, y de tantos otros, es el eje de la obra y el símbolo que la acoge. Un texto cargado de emoción, luminoso pese a que se habla de un tiempo muy oscuro y hay mucho dolor y mucha tristeza, pleno de ironía, y hasta de humor.
La pobreza tiene dos partes, tres con el apéndice final. La primera, “La escritura”, puede resultar desconcertante para el que vaya buscando, o espere, un libro convencional de memorias. La segunda parte del libro comienza, en efecto, el 1 de junio de 1945, cuando con catorce años entra a trabajar en el Banco Mercantil y llega un aprendizaje duro en un mundo cerrado, en el que va creciendo y progresando, sin vocación ni ánimo, y vamos sabiendo “de un tiempo y una pobreza”, de hechos aparentemente menores en la vida cotidiana de aquel joven, y de otros que nos llevan a acercarnos al tiempo histórico, a la represión y la miseria en el franquismo, a la injusticia, al sufrimiento, a los últimos maquis y a la organización desorganizada que pretende el Partido Comunista…

La poesía no es literatura y que descreo hasta el olvido de la disparidad esencial de los géneros literarios, que no son géneros ni cosa alguna que sea muy necesario recordar. Abundo en la negatividad: «no es», «no importa», etcétera. No será muy correcto que me manifieste así sin declarar mis «alternativas» (la palabra se ha hecho tan impertinente que la entrecomillo). Pues bien, declarado queda que he dado vueltas al caso y que no conozco mis «alternativas». Me he apuntado, con torpeza y tardanza, al «no saber», y apenas, por tramos, voy sospechando el carácter (que quizá consiste en la falta de carácter) de la escritura reunida hasta ahora. Tenía propósitos que abandoné. Luego, la carencia me ha incomodado y me he desorientado tratando de tener otra vez propósitos. Después, por motivos contrarios o sin motivos, quizá rehuyendo las obediencias que una perspectiva impone, he querido contar sin esfuerzo y pensar sin esfuerzo. Esto no ha sido otra cosa que una vuelta de rosca más al «no saber»; a un «no saber» que no pasa de descuido del saber. Así están las cosas; como un palíndromo equivocado.
No. Puesto en la pasión de escribir, venga lo que venga y allá se quede lo que no venga. Hago rodar una ignorancia a medias que puede corresponderse con la ignorancia a medias de lo que ha sido y pueda ser aún mi vida. Los tránsitos de una voluntad a otra se habrán dado en el orden que los digo o en otro. Naturalmente, carecen de importancia el orden y el tránsito.
Tengo dicho y dudado de varias maneras que la razón de este escrito es levantar mi pasado, encontrarme en él, pensarme, entenderme en mis hechos y conocer algo que olvido o desconozco, un vacío o una pérdida que me daña. Todo ello supone un proyecto poco más que sentimental.

Estoy escribiendo de un tiempo y de una pobreza. Lo hago relatando mi experiencia y anotando hechos aparentemente menores. Fueron, casi con valor de estructura, básicos en un sistema programado. Las menudencias «forzadas» eran el verdadero régimen del trabajo en la banca y en cualquier otro empleo; se entendían una prestación necesaria. Lo estableció el triunfo de los militares fascistas y lo formalizó el status de la posguerra. Es una peculiaridad española, ligada a la posguerra, de la administración de los medios de producción y del trabajo. Un «régimen» silencioso equivalente a un poder sin fisuras. Valga recordar que nadie pensaba en una huelga que, naturalmente, era un delito.
Aquellas formas de sometimiento vaciaron nuestra juventud –⁠la mía y la de los trabajadores españoles, muy señaladamente en la banca⁠– en una posguerra cuya duración todavía no está claramente determinada. Ahora las operaciones de sometimiento y explotación se realizan con otras estrategias que nosotros reconocemos con facilidad: la falsificación del mercado del trabajo, el desempleo, los contratos precarios, el tratamiento de la emigración y la inmigración…
Recapitulando: al día de hoy, democracia es igual a capitalismo. Las desigualdades y sufrimientos se articulan con unos derechos formales que pueden estar vacíos de realidad o, de otra forma, que son tan sólo un enunciado.

Aún no llevaba diez años en el Banesto cuando las condiciones del trabajo, el miedo añadido a las clandestinidades o mi disposición endógena, probablemente las tres causas juntas, llevaron mis depresiones a ser una sola y continuada, con pocos y breves intervalos en los que pude sentirme relativamente liberado. La seguridad social, excepcionalmente (ya he dicho que no consideraba ni atendía, si no eran clamorosas, las psicopatías), me trasladó al doctor José Solís, un psiquiatra prestigioso que había hecho sus estudios en el ámbito de la Institución Libre de Enseñanza y de la Residencia de Estudiantes. El doctor Solís me recetó una medicación feroz, Tofranil, con la que pronto empecé a sentirme peor. A pesar de ello, fui fiel durante bastante tiempo al fármaco, con el gravamen añadido de que lo tenía que pagar yo, que no entraba en el repertorio del seguro de enfermedad.
El extraño populismo de los sindicatos verticales comportaba para algunos despidos argucias y formalidades molestas para las empresas. En casos como el mío (ya la seguridad social reconocía la depresión –⁠con escaso reconocimiento, pero la reconocía⁠– como una enfermedad), los trámites enojosos lo serían más aún. En una última llamada, Calero, sin ningún preámbulo, sacó del bolsillo un fajo de billetes, recuperó el tuteo y dijo: «Ahí tienes eso. Puedes largarte ahora mismo».
Así lo hice. Ni contesté ni firmé nada. Cogí los billetes y, sin contarlos, los guardé, me di la vuelta, fui a mi mesa, saqué de un cajón la estilográfica de mi padre y quizá algo más. Sin despedirme de nadie, salí a la calle por la puerta giratoria que no sé si sigue girando. No he vuelto a entrar en el Banesto.

León crecía, pero seguía siendo una ciudad pequeña en la que adictos contrarios se miraban con recelo. Aún se hacían denuncias. El componente obrero era poco numeroso. En Un armario… he hablado de la época en que la industria de algún tamaño se reducía a los ferrocarriles, la azucarera y una fábrica de productos químicos. Los años cincuenta trajeron alguna industria más, poca y menor; la más notable fue la de la construcción, dispersa en pequeñas empresas. También el comercio creció. Y la banca. Se hizo notar una desdibujada clase media. Hago este detalle para añadir que la captación era al mismo tiempo más fácil –⁠más breve y localizada⁠– y más difícil –⁠con menores resultados⁠– que en otras ciudades. Escaseaba el factor de multiplicación; las plantillas numerosas de obreros y su interna capacidad de contagio.
Sahagún, la villa gentilicia, está a cincuenta kilómetros de mi casa, ya metida en la Tierra de Campos. Es enladrillada, morisca, conventual y aburrida. Bernardino, en sus días, que fueron casi todos los del siglo dieciséis, fue un franciscano evangelizador de la Nueva España. Eso pensaron las cabezas de la Orden que para allá lo enviaron, pero lo que consta seriamente de Bernardino es una obra que lo certifica como el primer antropólogo del Occidente, cristiano o no. Lengua, costumbres, estructuras familiares, sociales y económicas, leyes, oficios, agricultura, medicina, filosofía, religión, literatura, arte…

Discurso de recepción del premio Cervantes 2006
… Es verdad que, en 1936, en mi casa había un solo libro en el que aprendí a leer. Es verdad asimismo que mi primera información sobre la vida civil consistió en advertir la espantosa represión en el barrio más tristemente obrero de León, y es verdad también que un día frío de 1945, cumplidos catorce años, a las cinco de la mañana, yo estaba cargando carbón en la caldera del extinguido Banco Mercantil, y que, a esa misma hora, mi madre, desde otra hora lejana del día anterior, inclinaba más de la cuenta su cabeza sobre una máquina Singer.
…En la creación de un universo en el que la poesía, disfrazada de «locura», atiende a lo desconocido […]; en la figuración increíble y cierta, Cervantes impulsa la tradición en un sentido determinante de modernidad. Su poder anticipatorio consiste en la creación de claves liberadoras que, siglos después, serán activas en la obra poética (insisto: poética) de un Kafka […] o de un Faulkner […]2, [quienes, sin saberlo –⁠es lo más probable⁠–⁠, hacen y cifran su obra en] el «no entender entendiendo» de Juan de Yepes.
El lenguaje representativo de este ser y de este acontecer en poesía, yo lo advierto ligado [no exclusivamente] a la cultura de la pobreza. La relación dialéctica entre el poder injusto [puede leerse «los poderes económico y político»] y el sufrimiento está prácticamente en todas las «locas aventuras» que configuran el curso del Quijote.
…En nosotros, «los de la pobreza», […] los que nos hemos acercado al conocimiento de forma principalmente intuitiva y solitaria [prefiero no decir «autodidacta», una palabra que me parece imprecisa], la subjetivación radical y el patetismo resultarán naturales, y nuestro lenguaje no estará «normalizado» porque [en sí mismo y por sí mismo] será un lenguaje poética y semánticamente subversivo. El sufrimiento de causa social es nuestro sufrimiento y penetra […] nuestra conciencia [estética y] lingüística.

Discurso de recepción del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2006
[…] Es cierto que mi escritura intenta […] tener poco o nada que ver con la ficción y desprenderse de mí y comportarse como una prolongación de mi realidad existencial. [Creo también que está] concebida en la perspectiva de la muerte […]. Debo añadir […] que mi contemplación de la muerte se produce y alcanza su mayor intensidad […] en el amor a la vida.
Mi poesía y mi vida se han formado llevando en sí las marcas del sufrimiento que, en la infancia, en la adolescencia y en la juventud, recayó sobre mi existencia y sobre la de tantos otros españoles: el sufrimiento derivado de la orfandad, el desgarramiento de la guerra civil y la pobreza.

Discurso de recepción del Premio Europeo de Literatura / Prix Européen de Littérature, Estrasburgo, 2005.
Partiendo de mi experiencia, yo sé que la poesía es antes sensible que inteligible o, diciéndolo de otra manera, que es inteligible bajo condiciones de sensibilidad. Parece poco discutible también que consiste en la creación de objetos de arte cuya materia es el lenguaje. Es comprobable asimismo que tiene, como cualquiera otra creación estética, dimensiones físicas y cualidades sensibles.
La poesía es un arte de la memoria. Vemos, en un campo análogo, que no somos sensibles a una melodía sin el recuerdo sucesivo de sus partes. En poesía es también la memoria la que hace posible la temporalización y la composición, en la que es determinante la rítmica. Reparando en que el pensamiento es físicamente indisociable de la palabra, tenemos que admitir que el pensamiento poético se produce también rítmicamente. Y más: que un valor musical está en el que sea estado original de este pensamiento. Todo ello conduce a un hecho quizá inesperado aun siendo natural y normal: la música –⁠la rítmica al menos⁠– es parte en las significaciones poéticas.
La democracia, interpretada [diseñada y acomodada a los poderes económicos y a sus apéndices políticos], la que nos toca vivir, se identifica con un liberalismo que secreta un pensamiento programadamente débil, es decir, un no pensamiento. Este no pensamiento engendra una escritura [poética y no poética] cuyo valor es un valor de mercado, no de creación ni de revelación. En ella desaparece el sentido, que se sustituye por el ingenio o por algún realismo fácil y funcional; siempre por una «calidad» atractiva o práctica en el espacio del tráfico mercantil.
Instalarse en el pensamiento débil, en la proximidad de la no significación, es una estupidez grotesca ante el hecho capital de que vivimos para la muerte y lo sabemos. Sólo la escritura que se separa de esta «normalización» estúpida.

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The poverty that marked the life of Gamoneda, and of so many others, is the axis of the work and the symbol that welcomes it. A text charged with emotion, bright despite the fact that it speaks of a very dark time and there is much pain and much sadness, full of irony, and even humor.
Poverty has two parts, three with the final appendix. The first, “The Writing”, can be disconcerting for anyone looking for, or waiting for, a conventional memoir. The second part of the book begins, in effect, on June 1, 1945, when at the age of fourteen he started working at the Mercantile Bank and a hard apprenticeship arrived in a closed world, in which he grew and progressed, without vocation or encouragement. , and we know “of a time and a poverty”, of apparently minor events in the daily life of that young man, and of others that lead us to get closer to historical time, to the repression and misery of Francoism, to injustice , to suffering, to the last maquis and to the disorganized organization that the Communist Party wants …

Poetry is not literature and I disbelieve until I forget the essential disparity of literary genres, which are not genres or anything that is very necessary to remember. I am full of negativity: “it is not”, “it does not matter”, etc. It will not be very correct for me to manifest myself like this without declaring my “alternatives” (the word has become so impertinent that I put it in quotation marks). Well, it is stated that I have considered the case and that I do not know my “alternatives”. I have clumsily and belatedly signed up for “not knowing”, and hardly, by sections, do I suspect the character (which perhaps consists of the lack of character) of the writing gathered so far. I had purposes that I abandoned. Then, the lack has bothered me and I have become disoriented trying to have purposes again. Later, for contrary reasons or without reasons, perhaps avoiding the obediences that a perspective imposes, I wanted to count effortlessly and think effortlessly. This has been nothing more than a twist of the “not knowing” thread; to a “not knowing” that does not go beyond the neglect of knowledge. This is how things are; like a wrong palindrome.
No. Put in the passion of writing, come what comes and there stay what does not come. I roll a half ignorance that can correspond to half ignorance of what has been and can still be my life. The transits from one will to another will have occurred in the order that I tell them or in another. Naturally, order and transit are irrelevant.
I have said and doubted in various ways that the reason for this writing is to raise my past, find myself in it, think about myself, understand my facts and know something that I forget or don’t know, a void or a loss that damages me. All this supposes a project little more than sentimental.

I am writing about a time and a poverty. I do so by relating my experience and noting down apparently minor events. They were, almost with structure value, basic in a programmed system. The “forced” giblets were the true regime of work in banking and in any other job; they understood a necessary benefit. It was established by the triumph of the fascist military and formalized by the post-war status. It is a Spanish peculiarity, linked to the postwar period, of the administration of the means of production and labor. A silent “regime” equivalent to seamless power. It is worth remembering that nobody thought of a strike that, naturally, was a crime.
Those forms of submission emptied our youth – mine and that of the Spanish workers, most notably in banking – in a post-war period whose duration is not yet clearly determined. Now the operations of submission and exploitation are carried out with other strategies that we easily recognize: the falsification of the labor market, unemployment, precarious contracts, the treatment of emigration and immigration …
To recap: today, democracy is equal to capitalism. Inequalities and sufferings are articulated with formal rights that may be void of reality or, in another way, that are only a statement.
I had not yet been at Banesto for ten years when the working conditions, the added fear of hiding or my endogenous disposition, probably the three causes together, led my depressions to be one and continuous, with few and brief intervals in which I could feel relatively released. Exceptionally, social security (I have already said that I did not consider or attend to psychopathies if they were not conspicuous), transferred me to Dr. José Solís, a prestigious psychiatrist who had studied at the Free Institution of Education and the Student Residence. Dr. Solís prescribed a fierce medication, Tofranil, with which I soon began to feel worse. Despite this, I was faithful for a long time to the drug, with the added tax that I had to pay for it, as it was not included in the repertoire of health insurance.
The strange populism of vertical unions for some layoffs involved tricks and formalities annoying for companies. In cases like mine (depression was recognized by social security – with little recognition, but it was recognized as a disease), the annoying procedures would be even more so. In a last call, Calero, without any preamble, took a wad of bills from his pocket, retrieved the name and said: «There you have it. You can get away right now.
I did it like that. I neither answered nor signed anything. I took the bills and, without counting them, put them away, turned around, went to my table, took out my father’s fountain pen from a drawer and maybe something else. Without saying goodbye to anyone, I went out through the revolving door that I don’t know if it keeps turning. I have not entered Banesto again.

Leon city was growing, but it was still a small city where opposing addicts looked at each other with suspicion. Complaints were still being made. The workers component was small. In A Closet… I have spoken of the time when the industry of some size was reduced to the railways, the sugar factory and a chemical factory. The fifties brought some more, less and less industry; the most notable was that of construction, dispersed in small companies. Trade also grew. And banking. A blurred middle class made itself felt. I make this detail to add that recruitment was at the same time easier – “shorter and more localized” – and more difficult – “with less results” – than in other cities. The multiplication factor was scarce; the numerous workforce and its internal contagion capacity.
Sahagún, the gentilicia village, is fifty kilometers from my house, already in Tierra de Campos. It is brickwork, Moorish, conventual and boring. Bernardino, in his days, which were almost all of the sixteenth century, was an evangelical Franciscan of New Spain. This is what the heads of the Order who sent him there thought, but what is seriously recorded by Bernardino is a work that certifies him as the first anthropologist in the West, Christian or not. Language, customs, family, social and economic structures, laws, trades, agriculture, medicine, philosophy, religion, literature, art …

Speech of reception of the prize Cervantes 2006
… It is true that, in 1936, in my house there was only one book in which I learned to read. It is also true that my first information about civil life consisted of noticing the appalling repression in the most sadly working-class neighborhood of León, and it is also true that on a cold day in 1945, fourteen years of age, at five in the morning, I was loading coal in the boiler of the extinct Banco Mercantil, and that, at that same hour, my mother, from another distant hour of the previous day, leaned her head more than necessary on a Singer machine.
… In the creation of a universe in which poetry, disguised as “madness”, attends to the unknown […]; in the incredible and true figuration, Cervantes drives tradition in a determining sense of modernity. Its anticipatory power consists in the creation of liberating keys that, centuries later, will be active in the poetic work (I insist: poetic) of a Kafka […] or a Faulkner […] 2, [who, without knowing it –⁠is what more likely⁠ – ⁠, they make and encrypt their work in] Juan de Yepes’ “not understanding by understanding”.
The representative language of this being and of this happening in poetry, I notice it linked [not exclusively] to the culture of poverty. The dialectical relationship between unjust power [can be read “the economic and political powers”] and suffering is practically in all the “crazy adventures” that shape the course of Don Quixote.
… In us, “those of poverty”, […] those who have approached knowledge in a mainly intuitive and solitary way [I prefer not to say “self-taught”, a word that seems imprecise to me], radical subjectivation and pathos will be natural, and our language will not be “normalized” because [in itself and by itself] it will be a poetically and semantically subversive language. Suffering from a social cause is our suffering and it penetrates […] our [aesthetic and] linguistic consciousness.

Reception speech for the 2006 Reina Sofía Prize for Ibero-American Poetry
[…] It is true that my writing tries […] to have little or nothing to do with fiction and detach itself from me and behave as an extension of my existential reality. [I also believe that it is] conceived from the perspective of death […]. I must add […] that my contemplation of death occurs and reaches its greatest intensity […] in the love of life.
My poetry and my life have been formed bearing within themselves the marks of suffering that, in childhood, adolescence and youth, fell on my existence and on that of so many other Spaniards: the suffering derived from orphanhood, the tearing of civil war and poverty.

Reception speech for the European Literature Prize / Prix Européen de Littérature, Strasbourg, 2005.
From my experience, I know that poetry is sensitive before it is intelligible or, to put it another way, that it is intelligible under conditions of sensitivity. It also seems little debatable that it consists in the creation of art objects whose subject is language. It is also verifiable that it has, like any other aesthetic creation, physical dimensions and sensible qualities.
Poetry is an art of memory. We see, in an analogous field, that we are not sensitive to a melody without the successive memory of its parts. In poetry it is also memory that makes temporalization and composition possible, in which rhythm is decisive. Noting that thought is physically inseparable from the word, we have to admit that poetic thought also occurs rhythmically. And more: that a musical value is in the original state of this thought. All this leads to a perhaps unexpected fact, even though it is natural and normal: the music – the rhythmic at least – is part of the poetic meanings.
Democracy, interpreted [designed and accommodated to the economic powers and their political appendages], which we have to live with, is identified with a liberalism that secretes programmatically weak thought, that is, nonthought. This nonthought begets a writing [poetic and non-poetic] whose value is a market value, not of creation or revelation. In it the meaning disappears, which is replaced by ingenuity or by some easy and functional realism; always for an attractive or practical «quality» in the commercial traffic space.
Settling in weak thought, in the proximity of non-significance, is a grotesque stupidity before the capital fact that we live for death and we know it. Only the writing that breaks away from this stupid “normalization”.

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