Lo Bueno De España: Una Crónica Histórica Ante El Ataque Nacionalista Que Reivindica El Valor De España — José María Calleja / The Good Of Spain: A Historical Chronicle Before The Nationalist Attack That Claims The Value Of Spain by José María Calleja (spanish book edition)

Interesante libro aunque no estoy de acuerdo por ejemplo con la maravillosa Transición, sobrectodo cuando se lee entre líneas o el papel del rey emérito Juan Carlos I en por ejemplo el intento de golpe de estado del 23-F. Sin embargo es verdad que con conocidos de Europa, Australia… lo que mas les llama la atención es como menospreciamos muchos de los logros que tenemos como país, que se debe sobretodo al pueblo, como manifiestan por ejemplos viajeros ingleses como Richard Burton a lo largo de los siglos…

A pesar de todos los problemas evidentes, España tiene una gran calidad de vida y es el lugar elegido por millones de ciudadanos para viajar, vivir y elogiar. La democracia española figura entre las más avanzadas del mundo a pesar de los virulentos ataques a la convivencia sostenidos en el tiempo por parte de los nacionalismos. Un razonable orgullo de valores democráticos, cívicos. En otro orden de cosas, los éxitos del deporte español y la imagen de sus deportistas en el resto del mundo han cambiado de forma evidente los estereotipos del pasado. Lo importante ya no es competir, ahora se gana de forma casi rutinaria.
España es una palabra prohibida en la jerga nacionalista. Durante años se ha evitado y ha sido sustituida por el muy franquista término Estado.
Los nacionalistas vascos radicales, y los moderados, la tenían prohibida en su vocabulario y solo decían español cuando querían insultar a alguien.
El nacionalismo catalán ha ido aparcando durante años la palabra y la idea España y ha conseguido establecer que hoy se hable de España y de Cataluña como si fueran dos Estados distintos y lejanos. Lo dicen así incluso gentes de la derecha española.

La exhumación fue piropeada en la elección de los adjetivos por la familia Franco, que la consideró una profanación y un acto dictatorial. Fue obstaculizada por el prior de la abadía, anterior a Trento, que no pudo más que darle con el hisopo al féretro envuelto en ropones que a alguien le recordaron a un tigretón. Los franquistas de guardia sentenciaron: se ha acabado la democracia.
El dictador Franco, sus restos mortales, salieron de su tumba entronizada, abandonaron la compañía hiriente para sus víctimas y se fueron a Mingorrubio, cerca de El Pardo, lejos de la Almudena, al lado de su mujer, como Dios manda.
Franco construyó en el Valle de los Caídos lo que yo denomino un parque temático del franquismo. Nada más acabar la guerra civil, con el terror muy reciente, firmó la orden para erigir un templo descomunal en el que quería ser enterrado él, lo más tarde posible, claro, y en el que quería inhumar cuanto antes a los caídos por España.
El Valle se levanta con todas las penalidades juntas que se pueden unir en una posguerra en la que al terror caliente de los primeros días del golpe de Estado franquista contra la legalidad de la República le sucedió un terror frío, sistemático, sostenido con saña en el tiempo, lleno de juicios y consejos de guerra con nulas garantías, en los que las sentencias estaban dictadas de antemano y en el que se aniquiló a buena parte de los contrarios a Franco. Aquello fue una política de exterminio. Al final de la guerra le sucedió la represión enconada y tenaz.
El régimen de Franco se inauguró fusilando en masa y concluyó fusilando después de misa. El 27 de setiembre de 1975, dos meses antes de la muerte del dictador, Franco mandó ejecutar a tres miembros del FRAP y a dos de ETA. Firmó el dictador, a punto de extinguirse, cinco penas de muerte.
El templo de Cuelgamuros provoca en sí mismo terror a cualquiera que entre en su interior, aun sin saber lo que allí se coció. Estéticamente terebrante, con dimensiones inhumanas en sus esculturas, en las pilas bautismales, en la dimensión del crucero, con su enorme altura entre el suelo y la cúpula.

Hispanidad es un término compartido durante años tanto por España como por los pensadores de países hispanoamericanos con una idea de igualdad entre pueblos distintos y como una especie de resistencia frente a la idea de superioridad que latía en el imperialismo estadounidense al que se rechazaba.
El término hispanidad fue redefinido en 1909 por Miguel de Unamuno, que lo construyó como el conjunto de pueblos que hablaban una misma lengua, un concepto de igualdad sobre la base del idioma compartido.
Ramiro de Maeztu, intelectual conservador, en su libro Defensa de la hispanidad, subrayaba el carácter intrínsecamente católico que tenía el término. Durante la dictadura franquista, se mantuvo y acentuó esa base católica del concepto. Hay que recordar que Franco definió la guerra civil que sucedió a su golpe de Estado como una cruzada.
El 12 de octubre es en la actualidad fiesta nacional, desprovista desde luego del término Día de la Raza y también de la denominación Día de la Hispanidad.

La Constitución de 1812, emanada de las Cortes de Cádiz, representa uno de los logros más trascendentales de la historia de España. Supuso un gran avance, una señal feliz de progreso y modernización.
La primera Constitución de España fue a su vez la tercera del mundo y es percibida, sobre todo, como un símbolo de modernidad, lejos del pesimismo histórico, del fatalismo cenizo que ha llevado a muchos españoles a pensar que la historia de España siempre acaba mal. Como escribía Jaime Gil de Biedma: «De todas las historias de la Historia / la más triste sin duda es la de España, / porque termina mal».
La Constitución de 1812 es aceptada por la propia verdad histórica, y por el sector no solo optimista de los españoles, como el símbolo del nacimiento de la moderna nación española. Con la Constitución de 1812 llegó la modernidad política a la Monarquía Hispánica.
Aquel golpe de modernidad estableció el criterio de nación como eje organizador de la norma suprema y, al hacerlo, cercenó de manera determinante los poderes del monarca, rodeado desde entonces por una serie de instituciones que algunos califican como republicanas, lo que suponía una ruptura con la historia anterior y un síntoma inequívoco de progreso.
La construcción de la nación liberal, democrática, progresista y civilizada que quiere poner en pie el cuadro de Gisbert, y que traduce la mentalidad de quienes lo propiciaron desde el poder democrático, debe ser contrapuesta al Estado nacionalcatólico, enemigo de la libertad, que pretendía reconducirnos a la Inquisición. El nacionalcatolicismo fijaría la guerra civil de 1936-1939 como hito en la refundación de la nación española, entroncando con la tradición de la España de los Reyes Católicos. Concebía la guerra como una cruzada y atribuía cualidades milagreras a los vencedores, enlazados, al parecer, con los cristianos sacrificados en Roma como remoto antecedente. Un esquema mental que interpretaba la historia de España como una continua guerra civil, sin tregua.
La «construcción de una nación» que pinta Antonio Gisbert en el Fusilamiento de Torrijos por encargo de un Gobierno liberal del siglo XIX español es un material histórico, informativo y didáctico que abrocha la España liberal y constitucional.

La entrada de España en la Unión Europea, en la que estuvimos vetados cuando no había libertades, supuso la confirmación de nuestro progreso y democracia, que se vieron a su vez multiplicados. El flujo de fondos económicos procedentes de la Unión Europea ayudó definitivamente a la modernización de nuestro país, de sus infraestructuras, históricamente atrasadas.
España se convirtió en una potencia económica y en un ejemplo de cómo la democracia mejoraba la calidad de vida de los ciudadanos. Todo esto a pesar de ese golpe permanente contra las libertades que suponían los atentados de la banda terrorista ETA, que no consiguieron derrotar al Estado como pretendían.
Los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona son uno de los momentos estelares del apogeo de España. Una puesta en escena virtuosa ante todo el mundo. Unos juegos excelentemente organizados, brillantes, con resultados de imagen ante el resto del mundo y una cosecha de medallas inédita para los deportistas de España.
No existía aún la Oficina de la España Global de hoy, pero aquello fue una puesta en escena espectacular ante todo el mundo de la buena España: democrática, progresista, eficaz, que funcionaba. El placer de las cosas bien hechas.
El discurso del rey Felipe VI del 3 de octubre de 2017 fue determinante para reconfortar a los ciudadanos que se sentían atónitos e indignados ante lo que estaba ocurriendo impunemente en una parte de España, ante la quiebra de las normas de convivencia, ante el ataque a la legalidad democrática que se producía después de años de campañas de propaganda nacionalista, de construcción sistemática de un enemigo, España, y de exhibición del supremacismo nacionalista.
El discurso del 3 de octubre de 2017 de Felipe VI tuvo un alcance político innegable: puso freno a la fractura de la ley que pretendía el independentismo, ejerció un efecto de liderazgo entre la opinión pública, y cortó el incumplimiento consciente.

La Transición española fue un hecho histórico. Un proceso de extraordinaria relevancia política, analizado y estudiado por la academia. Un hecho político, histórico, modélico, admirado e imitado por otros países. Un acontecimiento singular, que resulta mejor, de más valor, si lo comparamos con otras transiciones de regímenes autoritarios a sistemas democráticos.
La transformación de un régimen autoritario, de una dictadura que duró cuarenta años, en un sistema democrático, de libertades, fue un proceso de transformación política de gran envergadura.
La Transición política trajo también consigo una transformación de España en lo social, en la cultura, en la economía, en la aparición de nuevas formas de vida, en el surgimiento de costumbres que eran inéditas. El paso a una vida de libertad.
La Transición española no tenía ningún modelo precedente en Europa. Portugal pasó de dictadura a democracia, pero eso no nos guiaba; había sido mediante un golpe de Estado militar, pacífico e incruento, con claveles rojos en las bocachas de los fusiles, pero golpe con militares de por medio. No gustaba al PCE.
Estas dos características: pasar de la dictadura a la democracia y hacerlo en medio de una violencia terrorista etarra y golpista, son las que hacen ejemplar nuestra Transición, las que le otorgan un gran valor desde el punto de vista histórico, político y simbólico.
Durante años, los españoles hemos sentido orgullo de ese momento estelar de la historia de España, después de lustros en los que el marco mental vigente era que el sometimiento a una dictadura que decidía por nosotros era nuestra forma natural de estar.
El triunfo de la Transición, es decir, de las libertades, fue un ejercicio de libertad, de democracia, de talento de sus protagonistas. Fue una renuncia del programa máximo, por ejemplo, de comunistas y también de los provenientes del franquismo, a los que minusvaloramos, para alcanzar la libertad para todos, iguales.
No se puede despreciar ahora.

Se descubrían las libertades en España, un ejercicio para el que no estábamos entrenados. Tuvimos que aprender las libertades, aprender a ser demócratas, haciendo gimnasia a base de lecturas, de conciertos y de estar en la calle, de compartir. Ahí la Movida fue una expresión de libertad, de espantar miedos, de estreno en una forma de vida de noche, en una forma libérrima de estar para la que parecía no haber límites, con sus bajas en la playa.
Una época de efervescencia creativa, cultural, que se tradujo en la publicación de fanzines por miles, de revistas de todo tipo, de publicaciones como La Luna, de Borja Casani, o Madrid Me Mata, con esa alineación estelar, entonces y ahora, de Óscar Mariné, del excelso fotógrafo Jordi Socías, referencia de la época, y el sempiterno Moncho Alpuente.
La Movida fue también algo de lo bueno de España.

Hay que recordar que ninguna víctima del terrorismo de ETA se ha tomado la justicia por su mano. Su enunciado era: que mi marido sea el último. En ese ejercicio ético y de gran valor cívico, han garantizado la democracia y establecido el camino para la derrota de ETA.
Las mujeres han sido determinantes en la puesta en pie del discurso para la derrota de ETA. Las viudas, las hijas, las hermanas de las víctimas han sido capaces de organizar asociaciones, colectivos de víctimas. Tenían todo el derecho a rumiar su pérdida y le dieron la vuelta al calcetín del odio, interpelaron a los criminales, tuvieron más dignidad que miedo y ejercieron un liderazgo determinante para la derrota del terrorismo. Cito solo a algunas de esas mujeres y, en su nombre, a todas ellas. Ana María Vidal Abarca, Cristina Cuesta, Irene Cuesta, Coral Rodríguez, Maite Pagazaurtundua, Ana Aizpiri, todas las viudas y madres provocadas por los terroristas. La dignidad en la lucha para la derrota de los terroristas ha tenido nombre de mujer.

Madrid se convirtió en capital mundial de las fiestas del orgullo gay, que antes veíamos asombrados por la tele en los Estados Unidos o en Berlín. Madrid, capital de referencia mundial en la visibilidad, en la reclamación de derechos de gais y lesbianas; Madrid, punto de atracción para personas LGTBI de todo el mundo, todo esto después de la primera manifestación por el orgullo, celebrada en Barcelona, en la Rambla, en 1977.
España se ha convertido hoy en país de asilo para gais y lesbianas de todo el mundo, reprimidos en sus países de origen. Personas de países africanos y recientemente también hispanoamericanos han encontrado en España una tierra de libertad en la que poder manifestarse como son. Muestran su alegría porque así sea y en entrevistas con los medios de comunicación expresan su felicidad por poder mostrarse como son.
Vienen de países donde la homosexualidad está perseguida de manera terrible. En algunos, castigada incluso con pena de muerte. Algunos de los llegados a España habían visto como sus novios eran asesinados, linchados por energúmenos que los consideraban merecedores de la muerte por su condición.

En España y en español han escrito una porción de mujeres de extraordinario talento, calidad narrativa y capacidad para crear lectores que leían ávidamente sus libros. Un valor en sí mismas como novelistas, que han alcanzado una extraordinaria repercusión, vendido centenares de miles de libros y ensanchado de forma extraordinaria el panorama literario español a lo largo de la historia; también autoras de letras de canciones con valor literario.

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Interesting book although I do not agree for example with the wonderful Transition, especially when reading between the lines or the role of King Emeritus Juan Carlos I in for example the attempted coup d’etat of 23-F. However, it is true that with acquaintances from Europe, Australia … what strikes them most is how we underestimate many of the achievements that we have as a country, which is due above all to the people, as shown by English traveling examples such as Richard Burton to throughout the centuries …

Despite all the obvious problems, Spain has a great quality of life and is the place chosen by millions of citizens to travel, live and praise. Spanish democracy is among the most advanced in the world despite the virulent attacks on coexistence sustained over time by nationalisms. A reasonable pride in democratic, civic values. In another order of things, the successes of Spanish sport and the image of its athletes in the rest of the world have clearly changed the stereotypes of the past. The important thing is no longer competing, now you win almost routinely.
Spain is a forbidden word in nationalistic jargon. For years it has been avoided and has been replaced by the very pro-Franco term State.
Radical Basque nationalists, and moderates, had it prohibited in their vocabulary and only spoke Spanish when they wanted to insult someone.
Catalan nationalism has been parking the word and the idea of Spain for years and has managed to establish that today Spain and Catalonia are spoken of as if they were two different and distant states. Even the people of the Spanish right say so.

The exhumation was complimented in the choice of adjectives by the Franco family, who considered it a desecration and a dictatorial act. She was hampered by the prior of the abbey, before Trento, who could not help but give the hyssop to the coffin wrapped in robes that reminded someone of a tiger. The Francoist guards sentenced: democracy is over.
The dictator Franco, his mortal remains, left his enthroned grave, left the wounding company for his victims and went to Mingorrubio, near El Pardo, far from Almudena, next to his wife, as God commands.
Franco built in the Valle de los Caídos what I call a Francoism theme park. As soon as the civil war ended, with the very recent terror, he signed the order to erect a huge temple in which he wanted to be buried, as late as possible, of course, and in which he wanted to inhuman as soon as possible those killed by Spain.
El Valle rises with all the penalties together that can be combined in a post-war period in which the hot terror of the first days of the Francoist coup d’etat against the legality of the Republic was followed by a cold, systematic terror, viciously sustained in the time, full of trials and councils of war with null guarantees, in which the sentences were dictated beforehand and in which a good part of the opponents of Franco was annihilated. That was a policy of extermination. At the end of the war, fierce and stubborn repression followed.
Franco’s regime was inaugurated by mass shooting and ended by shooting after mass. On September 27, 1975, two months before the dictator’s death, Franco ordered the execution of three members of FRAP and two of ETA. The dictator, on the verge of extinction, signed five death sentences.
The Temple of Cuelgamuros (El Valle de los Caídos) itself causes terror to anyone who enters it, even without knowing what was cooked there. Aesthetically trembling, with inhuman dimensions in its sculptures, in baptismal fonts, in the dimension of the transept, with its enormous height between the ground and the dome.

Hispanidad is a term shared for years both by Spain and by the thinkers of Latin American countries with an idea of equality between different peoples and as a kind of resistance against the idea of superiority that was throbbing in the US imperialism that was rejected.
The term Hispanic was redefined in 1909 by Miguel de Unamuno, who built it as the group of peoples who spoke the same language, a concept of equality based on the shared language.
Ramiro de Maeztu, conservative intellectual, in his book Defense of Hispanicity, underlined the intrinsically Catholic character of the term. During the Franco dictatorship, that Catholic base of the concept was maintained and accentuated. It must be remembered that Franco defined the civil war that followed his coup d’état as a crusade.
October 12 is currently a national holiday, of course devoid of the term Columbus Day and also the name Hispanic Day.

The Constitution of 1812, issued by the Cortes of Cádiz, represents one of the most far-reaching achievements in the history of Spain. It was a breakthrough, a happy sign of progress and modernization.
The first Constitution of Spain was in turn the third in the world and is perceived, above all, as a symbol of modernity, far from historical pessimism, from ash fatalism that has led many Spaniards to think that the history of Spain always ends badly . As Jaime Gil de Biedma wrote: «Of all the stories in history / the saddest is undoubtedly that of Spain, / because it ends badly».
The Constitution of 1812 is accepted by the historical truth itself, and by the sector not only optimistic of the Spanish, as the symbol of the birth of the modern Spanish nation. With the Constitution of 1812, political modernity came to the Hispanic Monarchy.
That modernity coup established the criterion of nation as the organizing axis of the supreme norm and, in doing so, severely severed the powers of the monarch, surrounded since then by a series of institutions that some describe as republican, which supposed a break with previous history and an unequivocal symptom of progress.
The construction of the liberal, democratic, progressive and civilized nation that wants to put Gisbert’s painting on its feet, and that translates the mentality of those who promoted it from democratic power, must be opposed to the national Catholic state, the enemy of freedom, who sought redirect us to the Inquisition. National Catholicism would set the civil war of 1936-1939 as a milestone in the re-founding of the Spanish nation, connecting with the tradition of the Spain of the Catholic Monarchs. He conceived war as a crusade and attributed miraculous qualities to the victors, apparently linked to the Christians sacrificed in Rome as a remote antecedent. A mental scheme that interpreted the history of Spain as a continuous civil war, without truce.
The “construction of a nation” that Antonio Gisbert painted in the Firing of Torrijos commissioned by a liberal government of the Spanish 19th century is a historical, informative and didactic material that clasps liberal and constitutional Spain.

Spain’s entry into the European Union, in which we were vetoed when there were no freedoms, meant the confirmation of our progress and democracy, which in turn were multiplied. The flow of economic funds from the European Union definitely helped the modernization of our country, its infrastructures, historically backward.
Spain became an economic power and an example of how democracy improved the quality of life of citizens. All this in spite of this permanent blow against the freedoms that the attacks by the terrorist group ETA involved, which failed to defeat the State as they intended.
The 1992 Olympic Games in Barcelona are one of the stellar moments of Spain’s heyday. A virtuous staging before everyone. Brilliantly organized games, brilliant, with image results before the rest of the world and an unprecedented harvest of medals for athletes in Spain.
The Global Spain Office did not yet exist today, but that was a spectacular staging before the whole world of good Spain: democratic, progressive, effective, that worked. The pleasure of things well done.
The speech of King Felipe VI on October 3, 2017 was decisive to comfort the citizens who felt astonished and outraged at what was happening with impunity in a part of Spain, before the breakdown of the rules of coexistence, before the attack on the democratic legality that came after years of nationalist propaganda campaigns, the systematic construction of an enemy, Spain, and the exhibition of nationalist supremacism.
Felipe VI’s speech on October 3, 2017 had an undeniable political scope: he put a stop to the breaking of the law that the independence movement was seeking, exerted a leadership effect among public opinion, and cut the conscious non-compliance.

The Spanish Transition was a historical event. A process of extraordinary political relevance, analyzed and studied by the academy. A political, historical, model, admired and imitated by other countries. A singular event, which is better, of more value, if we compare it with other transitions from authoritarian regimes to democratic systems.
The transformation of an authoritarian regime, of a dictatorship that lasted forty years, into a democratic system of liberties, was a process of far-reaching political transformation.
The political transition also brought about a transformation of Spain in the social, in the culture, in the economy, in the appearance of new ways of life, in the emergence of customs that were unprecedented. The passage to a life of freedom.
The Spanish Transition had no previous model in Europe. Portugal went from dictatorship to democracy, but that did not guide us; It had been through a military, peaceful and bloodless coup, with red carnations on the muzzle of the rifles, but a coup with the military involved. The PCE did not like it.
These two characteristics: moving from dictatorship to democracy and doing so in the midst of ETA and coup terrorist violence, are what make our Transition exemplary, which give it great value from the historical, political and symbolic point of view.
For years, we Spaniards have been proud of that stellar moment in the history of Spain, after five years in which the current mental framework was that submission to a dictatorship that decided for us was our natural way of being.
The triumph of the Transition, that is, of liberties, was an exercise in freedom, democracy, and the talent of its protagonists. It was a resignation from the maximum program, for example, of communists and also of those coming from Francoism, whom we undervalue, to achieve freedom for all, equal.
It cannot be despised now.

Freedoms were discovered in Spain, an exercise for which we were not trained. We had to learn freedoms, learn to be Democrats, doing gymnastics based on readings, concerts and being on the street, sharing. There, the Movida was an expression of freedom, of fearing fear, of premiere in a way of life at night, in a very free way of being for which there seemed to be no limits, with its casualties on the beach.
A time of creative, cultural effervescence, which resulted in the publication of fanzines by thousands, of magazines of all kinds, of publications such as La Luna, by Borja Casani, or Madrid Me Mata, with that stellar alignment, then and now, of Óscar Mariné, by the excelso photographer Jordi Socías, reference of the time, and the everlasting Moncho Alpuente.
The Movida was also some of the good in Spain.

It must be remembered that no victim of ETA terrorism has taken justice into their own hands. Her statement was: that my husband be the last. In this ethical exercise and of great civic value, they have guaranteed democracy and established the path for the defeat of ETA.
Women have been decisive in putting the speech for the defeat of ETA on the right foot. The widows, daughters, sisters of the victims have been able to organize associations, groups of victims. They had every right to ruminate on their loss and turned the sock of hatred over, questioned the criminals, had more dignity than fear and exercised decisive leadership in the defeat of terrorism. I quote only a few of those women and, on their behalf, all of them. Ana María Vidal Abarca, Cristina Cuesta, Irene Cuesta, Coral Rodríguez, Maite Pagazaurtundua, Ana Aizpiri, all the widows and mothers caused by the terrorists. Dignity in the fight to defeat the terrorists has had a woman’s name.

Madrid became the world capital of gay pride parties, which we used to see amazed on TV in the United States or in Berlin. Madrid, capital of world reference in visibility, in the claim of gay and lesbian rights; Madrid, a point of attraction for LGTBI people from all over the world, all this after the first demonstration for pride, held in Barcelona, on the Rambla, in 1977.
Spain has today become a country of asylum for gays and lesbians around the world, repressed in their countries of origin. People from African countries and recently also Spanish-Americans have found in Spain a land of freedom in which they can manifest themselves as they are. They show their joy because it is so and in interviews with the media they express their happiness at being able to show themselves as they are.
They come from countries where homosexuality is terribly persecuted. In some, even punished with death penalty. Some of those who arrived in Spain had seen their boyfriends killed, lynched by energetics who considered them worthy of death because of their condition.

In Spain and in Spanish, a portion of women of extraordinary talent, narrative quality and ability to create readers who avidly read their books have written. A value in themselves as novelists, who have achieved an extraordinary impact, sold hundreds of thousands of books and has greatly expanded the Spanish literary scene throughout history; also authors of song lyrics with literary value.

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