El Síndrome Woody Allen. Por qué Woody Allen Ha Pasado De Ser Inocente A Culpable En Diez Años — Edu Galán / Woody Allen Syndrome. Why Woody Allen Has Gone From Innocent To Guilty In Ten Years by Edu Galán (spanish book edition)

Libro con altibajos quizás al ser sobrevalorado por los medios. Quien quiera posicionarse sobre Allen inocente, Farrow manipuladora o justicia justa-injusta, puede que lo disfrute. A mí me resulta rancio e irrelevante. Es una pena porque la parte B contiene ideas y disertaciones interesantes, aunque siempre apoyadas en la A. Elabora un detallado ensayo de como la sociedad de los últimos 10 años ha convivido con la tiranía de las redes sociales, el #metoo, la pérdida de las utopías políticas, el “yo” omnipresente, la infantilización de la vida adulta y la comercialización de la vida Universitaria. No aporta nada nuevo a lo ya sabido del caso de Allen y Farrow.
Una defensa de la crítica racional, la duda, la libertad de expresión y el debate analítico y matizado. En algún momento muy aislado me ha parecido también -paradójicamente- políticamente correcto. El omnipresente sentimentalismo y victimismo, la exigencia de responsabilidad moral al creador, las nuevas formas de activismo y los tabúes sociales, la renuncia de las universidades a formar mentes críticas y adultas, la irrupción de Internet y sus consecuencias comunicativas y psicológicas o la «Causocracia»

Mia estaba decidida a hacer desaparecer todo lo relacionado con su expareja y su hija. Arrancó la cara de Soon-Yi y Allen de muchas de las instantáneas donde aparecían. Como escribió en una carta a su amiga de la infancia, Maria Roach, «me estoy acercando peligrosamente a la desintegración de mi núcleo más central». En cambio, en esa época de descomposición ella añadió dos nuevos hijos adoptados a su familia: Isaiah Justus, un niño rescatado de los más bajos fondos de su país, y Tam, una niña ciega de Vietnam de unos diez u once años —nunca consiguieron saber su edad exacta— con graves problemas de salud, entre ellos, una cardiopatía. En esos tiempos convulsos, Mia también recibió el apoyo de sus dos exmaridos: Previn y Frank Sinatra, que se ofreció para darle una paliza al cineasta.
La relación con Allen fue desapareciendo y, cuando llegó el verano de 1992, el director solo veía a su expareja durante sus visitas a Dylan y Satchel/Ronan en Frog Hollow. En la casa todo el mundo ya sabía de la naturaleza de la relación entre Woody y Soon-Yi. Mia se había encargado de ello. En junio se lo contó a la niñera: «Woody ha abusado sexualmente de uno de los niños». Ella no entendía nada: «¿De quién? ¿Satchel/Ronan? ¿Dylan? ¿Quién?». Mia se lo aclaró: «De Soon-Yi». «No lo pillo —pensó la niñera Groteke—, no abusas sexualmente de una chica de veintiún años. Es una extraña elección de palabras.»
El verano enredó todavía más la relación entre Allen y Farrow. Aunque él le había prometido muchas veces que se apartaría de Soon-Yi, no lo cumplió.
[El vídeo] arranca con Dylan sentada en la cama de Mia. Ella está sosteniendo la cámara y no aparece, pero la oímos hacer preguntas a Dylan como “¿Dónde te llevó papá?”. A lo que Dylan responde “Me llevó al ático”.» Esta es la primera vez que la niña cuenta que el abuso se produjo en el ático de Frog Hollow y no en la sala de la televisión, donde les atisbó la niñera de Casey Pascal. En su libro, Groteke continúa describiendo lo que vio: «Mia le hace diversas preguntas mientras Dylan sigue sentada en la cama. La escena cambia al lago (dentro de la propiedad). Ahora vemos a Dylan tirada en una de las tumbonas al lado del agua. Mia le pregunta cosas como “¿Dónde te tocó?”. Y Dylan, que tiene las piernas ligeramente abiertas dice “Me tocó aquí, y me tocó aquí, y me tocó aquí”. Cada vez que cuenta esto, se señala la zona genital. Durante la escena, Dylan parece nerviosa y distraída…

Centrémonos en el grupo que piensa que Woody Allen es un pederasta o, como le definió la escritora Claire Dederer, un «hombre monstruoso». ¿Podrán separar sus películas del horror de las acciones que se supone que el cineasta ha cometido? Se preguntarán ellos, me pregunto yo ahora, cómo es posible que semejante monstruo haya escrito personajes femeninos fuertes como Annie Hall en Annie Hall.
Lo sorprendente de este proceso no se basa en la relación material que puedas tener con el ofensor, tal que Dederer conociese a Allen personalmente y se sintiese ofendida por lo inadecuado de su relación con Soon-Yi, amiga suya también. El nuevo paso emocional se da cuando la representación narrativa que Allen hace de sí mismo o de «un» sí mismo en la ficción y que además interpreta es percibida como si se tratase del propio director en su vida cotidiana.
Esta canonización de la emocionalidad contagia los lugares más insospechados, desmereciendo la valía profesional y destruyendo, como también afirma Dalrymple, el sentido de responsabilidad.
Si aceptamos que los valores del autor y de sus personajes son lo mismo o casi lo mismo, entonces se infiere que los primeros son ética o moralmente de la misma calaña y, en consecuencia, lo mínimo que tenemos que hacer es pedirles que se controlen y no propaguen, por lo general entre niños y adolescentes, ideas dañinas sobre el amor, la violencia o el sexo. De ahí que ya sea habitual leer en columnas de opinión, tanto conservadoras, con unos temas (incluyen al sexo), como progresistas, con otros (incluyen al sexo también), la necesidad de los creadores de tener «responsabilidad».
Uno de los mejores filmes de Allen es una descarnada reflexión sobre la relación entre el actor y su personaje. En La rosa púrpura de El Cairo , Cecilia (Mia Farrow) va al cine todos los días a ver la misma película de aventuras para olvidar lo que hay fuera de la sala: la Gran Depresión norteamericana. Otro de los personajes de la trama, el aventurero Tom Baxter (Jeff Daniels), abandona la pantalla para conocerla y comienzan un romance. En una escena, cuenta Cecilia: «He conocido a un hombre maravilloso. Es de ficción pero no se puede tener todo». La productora y el resto de los personajes se alarman porque no saben dónde está el protagonista, por lo que envían a buscarlo al actor que le interpreta, Gil Shepherd (otra vez Jeff Daniels). Como también se enamora de Cecilia, tiene que enfrentarse a Tom. Y le espeta: «No puedes aprender a ser real. Es como aprender a ser un enano».
La ficción ofrece fundirse en otro-mismo, tener una experiencia fuera del cuerpo para imaginarse dentro del de los demás. Hasta en la piel de los más despreciables nos coloca. La ficción expande en nosotros una metafísica terapéutica con sus propias leyes reales, que nos afectan sentimentalmente y nos enseñan moral(es), aunque solo nos duren el tiempo que vemos una película o leemos un libro. Opuesto a la ficción, el puritanismo exige a la persona ser hiperconsciente de sus actos, incluso pide la demolición del mundo ficcional, a riesgo de ser castigada públicamente a través de uno de sus sentimientos primarios: la vergüenza.
La ficción expande lo humano, mientras que el puritanismo lo limita, lo contrae y lo culpabiliza.

Si en la Antigüedad se luchaba por las fronteras y los territorios; si en los siglos XIX y XX la lucha pasó a ser de clases, de grandes bloques ideológicos o de los fascismos contra «el mundo libre», parece que en el siglo XXI la lucha, al menos en las sociedades occidentales, se desarrolla en lo simbólico: es decir, para una determinada izquierda (o en el subconsciente de toda la izquierda), la derecha ha ganado. Que no tiene sentido pelear contra el capitalismo. Que sí, que fue el final de la Historia. Que lo material es inamovible: el sistema es el que es.
La proliferación de denuncias por discurso de odio indica también la preponderancia de la palabra y la confusión entre los discursos odiosos (racistas, machistas, homófobos), [71] que entran en la libertad de expresión, y los discursos de odio, que consiguen que materialmente se persiga a un colectivo como consecuencia de su repetición, unida a unas condiciones sociales propicias a ello. «La libertad en “libertad de expresión” —explica el escritor Nick Hume— implica reconocer que la libertad de expresión es también para los idiotas, los fanáticos y los otros. Como todas las libertades verdaderas, la libertad de expresión es un derecho indivisible y universal. Lo defendemos en todo o no lo defendemos para nada.

El Tribunal de Apelación de Nueva York resolvió el 12 de mayo de 1994 que Soon-Yi y Woody Allen comenzaron su relación en diciembre de 1991. En plena batalla legal entre el cineasta y su expareja fue necesario que un órgano judicial lo determinase: Mia Farrow contó a su abogado que su hija Dylan les vio en el verano de 1991 encima de la cama lanzándose piropos y haciendo «sonidos que imitaban a ronquidos». Este testimonio tenía mucha importancia porque, si se hubiese aceptado que el inicio de su relación se produjo en el verano del 91, las adopciones de Moses y Dylan, finalizadas a mediados de diciembre de ese año, podrían considerarse como nulas por la relación de su padre con una menor. Al fracasar esta hipótesis, los abogados de Farrow también intentaron demostrar que Soon-Yi era menor en diciembre. Tampoco lo aceptó el tribunal: a pesar de que su fecha de nacimiento no estaba clara, el informe médico de adopción en Seúl indicaba que el 8 de octubre de 1970 era su «posible fecha de nacimiento», por mucho que, un examen de los huesos en 1978 establecía su edad entre cinco y siete años y que dentro de la familia Farrow se considerase que había nacido el 8 de octubre de 1972.
Sorprendentemente, a pesar de sus enormes problemas personales y legales, Allen continuaba pensando en sus próximos filmes, incluso con Mia en algún papel. La productora de sus películas y hermana, Letty Aronson, comentó que la tuvo en mente hasta casi terminado 1992, tras la acusación de la actriz de abusos sexuales a su hija.
A la acusación de abuso sexual a su hija Dylan, Woody respondió leyendo en el hotel Plaza una segunda nota de prensa delante de los periodistas: «Esta es una manipulación desmesurada y horriblemente dañina de niños inocentes por motivos vengativos y egoístas». Era el 18 de agosto y comenzaba el proceso judicial donde pediría la custodia de sus hijos Dylan, Moses y Satchel/Ronan. Preguntado por si la polémica iba a afectar al estreno de Maridos y mujeres , el presidente de TriStar Pictures, Michael Medavoy, contestó: «Esta situación no tiene nada que ver con el filme. He visto ya la película de Woody y creo que es uno de sus mejores trabajos».

Frente a los prejuicios y la gravedad moral percibida del delito («¡pederastia!»), uno de los objetivos de este libro es darle valor a la presunción de inocencia y señalar los rumores y la desinformación, amplificados por el clickbait y las redes sociales, como principales peligros para la democracia occidental y base de fenómenos como el auge de los populismos o la pervivencia de las pseudociencias. Más adelante detallaré la reacción de nuestra sociedad mediante normas regulatorias de la vida cotidiana —y las ficciones— para ofrecer un placebo al torrente de miedo irracional de sus ciudadanos que ellas mismas fomentan.
Loftus recoge algunas de las interacciones clásicas que atrapan a pacientes y psicoanalistas durante la terapia:
• El incesto y el abuso sexual de menores son una epidemia.
• Muchos de los síntomas de las psicopatologías adultas son la respuesta a abusos sexuales durante la infancia.
• Un porcentaje significativo de adultos supervivientes de abusos reprimen completamente sus recuerdos traumáticos a través de los mecanismos inconscientes y defensivos.
• Acceder y aceptar estos recuerdos como reales y válidos es un paso crítico en el proceso de recuperación.
• La terapia individual y grupal pueden ofrecer sanación, resolución y renovación.
El falso recuerdo, el tabú del incesto, la acusación de pederastia y los abusos sexuales a menores confluyen, violentos, intrincados y contradictorios en el caso de Woody Allen. En los siguientes capítulos veremos cómo la duda racional —y la desestimación judicial — sobre lo que ocurrió el 4 de agosto de 1992 desmonta las certezas emocionales de redes sociales, medios, activistas y columnistas de una y otra ideología.

El juicio por la custodia de Dylan, Moses y Satchel/Ronan arrancó el 18 de marzo de 1993. En él se contrapusieron a la luz pública las dos versiones, muy diferentes entre ellas. Por la parte de Allen, que subió al estrado el primer día del juicio, se dibujaba a Mia Farrow como una mujer peligrosa, muy decepcionada y extremadamente alterada por la relación de su ex con su hija adoptiva. Para reforzar esa imagen el director contó el incidente de San Valentín con la tarjeta llena de agujas y un puñal, y relató los frecuentes cambios de humor de la actriz. También añadió las frecuentes amenazas telefónicas en medio de la noche, a veces delante de los niños, donde ella le advertía que le quitaría a su hija como él le quitó a la suya, o aquella ocasión en que encontró una nota de suicidio falsa al lado de una ventana abierta: «He saltado por la ventana por lo que le hiciste a mis hijos». Woody aseguró que su relación se había acabado con el nacimiento de Satchel/Ronan en 1987 porque ella pasó a dedicarle toda su atención al niño, descuidando al resto.
El 25 de septiembre de 1993 el fiscal de Connecticut, Frank S. Maco, hizo una declaración cuando menos sorprendente: aunque tuviese una «causa probable» para acusar a Allen del abuso de su hija, no lo haría para evitar a la niña el trauma de ir a juicio. La madre de la niña, aseguró, estaba de acuerdo. En realidad, la falta de pruebas médicas, las inconsistencias en las sucesivas declaraciones de la niña, que sorprendieron incluso a la niñera Groteke.
Allen inició acciones legales en el estado de Connecticut contra el fiscal Frank Maco por sus palabras. La queja fue resuelta un año después, el 24 de febrero de 1994: la agencia estatal reprendía severamente a Maco por sus palabras, pero determinaba que el fiscal no se había saltado el código de conducta. «En la mayoría de las circunstancias los comentarios del señor Maco hubiesen vulnerado los derechos hacia el acusado» pero, como reportó The New York Times , «como el señor Allen había criticado previamente el manejo del caso por parte del fiscal, concluyeron que el señor Maco estaba en su derecho de responder».

Por supuesto que no abusé de Dylan —finaliza Allen su columna de 2014 en The New York Times —. La quise y espero que un día comprenda cómo ha sido engañada para que no tuviese un padre amoroso y para que fuese explotada por una madre más interesada en su propia ira supurante que en el bienestar de su hija. […] Nadie quiere desanimar a las víctimas de que hablen en público, pero siempre se debe tener en cuenta que a veces hay gente que es falsamente acusada y esa es una situación muy destructiva.

Probablemente la aparición del movimiento #MeToo en 2017 y sus consecuencias posteriores sea una de las variables que pueden explicar mejor que Woody Allen pasase de inocente a culpable en diez años. A pesar de que el hashtag lo lanzó en 2007 Tarana Burke, no fue hasta octubre de 2017 cuando se popularizó este nombre para denunciar las situaciones de acoso sexual en el trabajo. Su significado primigenio lo determinó la actriz Alyssa Milano en su ya histórico tuit del 15 de octubre de 2017: «Si las mujeres que han sido asaltadas o acosadas sexualmente escribiesen “Me Too” en su estado, quizá diéramos a la gente un sentido de la magnitud de este problema».

Amazon Studios anunciaba un acuerdo para producir Crisis en seis escenas , la primera serie de Woody Allen. En su comunicado, el entonces vicepresidente de la productora, Roy Price, lo celebraba: la compañía estaba encantada de trabajar con Allen, «creador de algunas de las mejores películas de la historia». Por su parte, el cineasta ya advirtió en su propia nota de prensa de respuesta que «Roy Price se arrepentiría de su decisión». Acertó, el pequeño cabroncete.
En agosto de 2017 Amazon consumó su enamoramiento con Allen firmando un acuerdo para la financiación y distribución de cuatro películas, después de haber llevado a los cines y plataformas Café Society . La primera del lote fue Día de lluvia en Nueva York , que finalizó su producción en octubre de 2017 y estaba preparada para su estreno con la compañía de Jeff Bezos en 2018. Nunca ocurrió: Amazon canceló su relación con Allen abruptamente y los abogados del cineasta, tras interponer una denuncia por sesenta y ocho millones de euros a la multinacional, achacaron la situación a las declaraciones de su hija adoptiva acusándole de abuso sexual.
¿Justifican unas palabras así la cancelación de un contrato de cuatro películas? Según explican los abogados de Amazon, sin duda. «El artículo sobre Weinstein de Ronan Farrow fue el catalizador de un cálculo público más fiable de la persistencia de acoso sexual en la industria del entretenimiento y otras. A pesar del consenso inmediato de la importancia de afrontar este asunto, Allen hizo una serie de comentarios que sugerían que había fallado al comprender la gravedad del asunto o las implicaciones para su propia carrera.» Los abogados apostillan que su comunicado donde se refería a la familia Farrow «llegó justo cuando Amazon y Allen estaban preparándose para promocionar el filme Wonder Wheel , saboteando de facto esos esfuerzos… Si se mira desde un contexto amplio, las acciones de Allen y la cascada de consecuencias demostraron que Amazon nunca podría haber recibido beneficios de su acuerdo para producir cuatro películas». «El abogado de Amazon, Robert Klieger, aseguró a la jueza Denise Cote que la compañía se protegió después de que Allen hiciese “comentarios públicos que, como mínimo, fueron insensibles con el movimiento Me Too”».

El efecto de vivir, primero, en una sociedad de consumo y, después, en una sociedad de atención al cliente provoca que todos sus órganos se mercantilicen y se empapen de dinámicas puramente empresariales envueltas, para ocultarlas, en sentimentalismo.
. La dinámica de la sociedad actual infantiliza a toda una generación de jóvenes, lo que se traduce en graves déficits para afrontar las circunstancias habituales de la vida adulta y la necesidad de medicalización o terapeutización de la misma.
• En nuestra sociedad la emocionalidad del receptor —en este caso, del alumno— se está convirtiendo en la medida de todo, lo que crea un ambiente de ofensa, de señalamiento y de delación que intoxica y desnaturaliza las relaciones humanas. Este nuevo contexto afecta sobre todo al aprendizaje, donde el estudiante tiene que pasar necesariamente por situaciones de disgusto, de ansiedad, de ofensa o de frustración.
• Hay todavía muchas diferencias entre la universidad española y la estadounidense, pero ambas comparten en diferente grado una inclinación inevitable, obligada por el mercado y basada en la hiperprotección infantil, hacia la cancelación —o cancelación preventiva— y la censura de todo aquello que ofenda o pueda crear algún problema emocional o trauma a los alumnos.

Extracto del tuit de @ronanfarrow del 17 de septiembre de 2018 (borrado): «Como hermano e hijo, estoy enfadado con que la revista New York participe en esta especie de trabajo sucio, escrito por una antigua admiradora y amiga de Woody Allen. Como periodista, estoy alucinado por la falta de cuidado con los hechos, la negativa a incluir testigos que contradigan las falsedades de la pieza y el fallo al no incluir las respuestas completas de mi hermana. Los supervivientes de abuso sexual se merecen algo mejor».
Comunicado de la revista New York del 17 de septiembre de 2018: «Esta es una historia sobre Soon-Yi Previn y pone por delante su perspectiva de lo que ocurrió en su familia. La relación de la periodista Daphne Merkin con Woody Allen se cuenta y forma parte de la historia, como lo son las razones de Soon-Yi para hablar ahora. Esperamos que la gente lo lea por sí misma».
Causocracia:
1. f. Suspensión popular e informal de los derechos de las personas, generalmente la libertad de expresión y la presunción de inocencia, en nombre de la Causa sociopolítica.
2. f. Forma de concebir el mundo donde la autoridad política se considera emanada de la Causa social, y que es ejercida directa o indirectamente por un poder cuasirreligioso, como una casta sacerdotal, que suele estar formada por los líderes del movimiento reivindicativo.
Lo primero es disponer de una causa social —en minúsculas—, un movimiento alrededor de ella y a la sociedad occidental de atención al cliente rodeando, por último, todo.
Solo puede darse en sociedades occidentales de atención al cliente donde las relaciones interpersonales online —tal y como la he descrito previamente— son el principal medio de comunicación humana.
Los Acusados por la Causa pueden serlo por acción material o por su uso de simbolismos irresponsables. Se amplía, por tanto, el campo de intervención a los terrenos de la ficción, ya que, si emocionalmente disturban a la Víctima de la misma manera que una acción material, deberían ser susceptibles del mismo castigo. De pronto, el control informal de los Defensores de la Causa sobre los Acusados desborda sus conductas y se extiende hasta su libertad de pensamiento y de expresión.

Allen cumple todos los cánones de una causocracia para ser condenado —él y, por extensión, su obra— por los siglos de los siglos. Una mujer, su hija, le acusa de pederastia e incesto; es un varón blanco poderoso; su caso no ha llegado a los juzgados, pero eso es una prueba de que los juzgados están controlados por varones blancos peligrosos; sus películas refrendan su carácter sexual hacia mujeres jóvenes y, en consecuencia, su pederastia; sus declaraciones suenan desafortunadas cada vez que habla de su caso; y, finalmente, su personalidad rezuma hermetismo y poca «sentimentalidad».

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Book with ups and downs perhaps because it is overrated by the media. Whoever wants to position themselves on innocent Allen, manipulative Farrow or just-unjust justice, may enjoy it. It is stale and irrelevant to me. It’s a shame because part B contains interesting ideas and dissertations, although always supported by A. Make a detailed essay on how society in the last 10 years has lived with the tyranny of social networks, the #metoo, the loss of political utopias, the omnipresent “me”, the infantilization of adult life and the commercialization of university life. It does not add anything new to what is already known about the Allen and Farrow case.
A defense of rational criticism, doubt, freedom of expression and analytical and nuanced debate. At some very isolated moment it has also seemed – paradoxically – politically correct. The omnipresent sentimentality and victimhood, the demand for moral responsibility from the creator, the new forms of activism and social taboos, the refusal of universities to train critical and adult minds, the irruption of the Internet and its communicative and psychological consequences or the «Causocracy »

Mia was determined to make everything about her ex and her daughter disappear. She ripped Soon-Yi and Allen’s faces from many of the snapshots where they appeared. As she wrote in a letter to her childhood friend, Maria Roach, “I am getting dangerously close to the disintegration of my most central nucleus.” Instead, in that time of decay she added two new adopted children to her family: Isaiah Justus, a boy rescued from the lowest depths of her country, and Tam, a blind girl from Vietnam of about ten or eleven years old – they never succeeded. know your exact age — with serious health problems, including heart disease. In those troubled times, Mia also received support from her two ex-husbands: Previn and Frank Sinatra, who volunteered to beat up the filmmaker.
The relationship with Allen was fading, and when the summer of 1992 rolled around, the director only saw his ex-partner during his visits to Dylan and Satchel / Ronan in Frog Hollow. Everyone in the house already knew about the nature of the relationship between Woody and Soon-Yi. Mia had taken care of it. In June she told the babysitter: “Woody has sexually abused one of the children.” She didn’t understand anything: ‘From whom? Satchel / Ronan? Dylan? Who?”. Mia made it clear: “From Soon-Yi.” I don’t get it, Nanny Groteke thought, you don’t sexually abuse a twenty-one-year-old girl. It’s a strange choice of words. ”
The summer further tangled the relationship between Allen and Farrow. Although he had promised her many times that he would walk away from Soon-Yi, he did not follow through.
[The video] starts with Dylan sitting on Mia’s bed. She’s holding the camera and she doesn’t appear, but we hear her ask Dylan questions like “Where did Dad take you?” To which Dylan responds, ‘He took me to the attic.’ This is the first time that the girl tells that the abuse occurred in the attic of Frog Hollow and not in the television room, where they were caught by Casey Pascal’s nanny. In his book, Groteke goes on to describe what he saw: “Mia asks her various questions while Dylan is still sitting on the bed. The scene changes to the lake (inside the property). Now we see Dylan lying on one of the loungers by the water. Mia asks him things like “Where did he touch you?” And Dylan, who has his legs slightly spread, says “He touched me here, and he touched me here, and he touched me here.” Every time you count this, the genital area is pointed out. During the scene, Dylan seems nervous and distracted …

Let’s focus on the group that thinks Woody Allen is a pedophile or, as writer Claire Dederer defined him, a “monstrous man.” Will they be able to separate their horror films from the actions the filmmaker is supposed to have committed? They may wonder, I wonder now, how such a monster could have written strong female characters like Annie Hall in Annie Hall.
The surprising thing about this process is not based on the material relationship you may have with the offender, such that Dederer knew Allen personally and was offended by the inadequacy of his relationship with Soon-Yi, a friend of his as well. The new emotional step occurs when the narrative representation that Allen makes of himself or “a” himself in fiction and that he also interprets is perceived as if it were the director himself in his daily life.
This canonization of emotionality infects the most unsuspected places, undermining professional worth and destroying, as Dalrymple also affirms, the sense of responsibility.
If we accept that the values of the author and his characters are the same or almost the same, then it follows that the former are ethically or morally of the same ilk and, consequently, the least we have to do is ask them to control and do not spread harmful ideas about love, violence or sex, usually among children and adolescents. Hence, it is already common to read in opinion columns, both conservative, with some topics (they include sex), and progressive, with others (they include sex as well), the need for creators to have “responsibility.”
One of Allen’s best films is a stark reflection on the relationship between the actor and his character. In The Purple Rose of Cairo, Cecilia (Mia Farrow) goes to the cinema every day to see the same adventure film to forget what is outside the room: the Great American Depression. Another of the characters in the plot, the adventurer Tom Baxter (Jeff Daniels), leaves the screen to meet her and they begin a romance. In one scene, Cecilia recounts: «I have met a wonderful man. It’s fiction but you can’t have everything. The producer and the rest of the characters are alarmed because they do not know where the protagonist is, so they send the actor who plays him, Gil Shepherd (again Jeff Daniels) to look for him. Since she also falls in love with Cecilia, she has to face Tom. And she blurts out: «You can’t learn to be real. It’s like learning to be a dwarf.
Fiction offers to merge into another-self, to have an out-of-body experience in order to imagine oneself within others. Even in the skin of the most despicable she places us. Fiction expands in us a therapeutic metaphysics with its own real laws, which affect us sentimentally and teach us moral (s), even if they only last as long as we watch a movie or read a book. Opposed to fiction, puritanism requires the person to be hyper-aware of their actions, even calling for the demolition of the fictional world, at the risk of being publicly punished through one of their primary feelings: shame.
Fiction expands the human, while puritanism limits it, contracts it, and blames it.

If in antiquity they fought for borders and territories; If in the 19th and 20th centuries the struggle became one of classes, of large ideological blocs or of fascisms against «the free world», it seems that in the 21st century the struggle, at least in Western societies, is developing as symbolic: that is, for a certain left (or in the subconscious of the entire left), the right has won. That there is no point in fighting against capitalism. Yes, it was the end of history. That the material is immovable: the system is what it is.
The proliferation of complaints of hate speech also indicates the preponderance of the word and the confusion between hateful discourses (racist, sexist, homophobic), [71] which are part of freedom of expression, and hate speech, which means that materially, a group is persecuted as a consequence of its repetition, together with social conditions conducive to it. “Freedom in ‘freedom of speech’,” explains writer Nick Hume, “implies recognizing that freedom of speech is also for idiots, fanatics, and others. Like all true freedoms, freedom of expression is an indivisible and universal right. We defend him in everything or we do not defend him at all.

The New York Court of Appeal ruled on May 12, 1994 that Soon-Yi and Woody Allen began their relationship in December 1991. In the middle of the legal battle between the filmmaker and his ex-partner, it was necessary for a judicial body to determine it: Mia Farrow he told his lawyer that his daughter Dylan saw them in the summer of 1991 on his bed making compliments and making “snoring sounds.” This testimony was very important because, if it had been accepted that the beginning of their relationship occurred in the summer of 91, the adoptions of Moses and Dylan, finalized in mid-December of that year, could be considered as void due to their relationship. father with a minor. Failing this hypothesis, Farrow’s lawyers also tried to prove that Soon-Yi was a minor in December. Nor did the court accept him: even though his date of birth was not clear, the adoption medical report in Seoul indicated that October 8, 1970 was his “possible date of birth,” even though an examination of the bones in 1978 established his age between five and seven years and that within the Farrow family it was considered that he had been born on October 8, 1972.
Surprisingly, despite his enormous personal and legal problems, Allen kept thinking about his next films, even with Mia in some role. The producer of his films and sister, Letty Aronson, said he had him in mind until almost the end of 1992, after the actress’s accusation of sexual abuse of his daughter.
To the accusation of sexual abuse of her daughter Dylan, Woody responded by reading a second press release at the Plaza Hotel in front of the journalists: “This is excessive and horribly harmful manipulation of innocent children for vengeful and selfish motives.” It was August 18 and the judicial process began where he would ask for custody of his children Dylan, Moses and Satchel / Ronan. Asked if the controversy would affect the premiere of Husbands and Wives, TriStar Pictures president Michael Medavoy replied: “This situation has nothing to do with the film. I’ve already seen Woody’s movie and I think it’s one of his best works.

Faced with prejudice and the perceived moral gravity of the crime (“pedophilia!”), One of the objectives of this book is to give value to the presumption of innocence and to point out rumors and misinformation, amplified by clickbait and social networks , as the main dangers for Western democracy and the basis of phenomena such as the rise of populisms or the survival of pseudosciences. Later I will detail the reaction of our society through the regulatory norms of everyday life – and fictions – to offer a placebo to the torrent of irrational fear of its citizens that they themselves foster.
Loftus collects some of the classic interactions that trap patients and psychoanalysts during therapy:
• Incest and sexual abuse of minors are an epidemic.
• Many of the symptoms of adult psychopathologies are the response to sexual abuse during childhood.
• A significant percentage of adult abuse survivors completely repress their traumatic memories through unconscious and defensive mechanisms.
• Accessing and accepting these memories as real and valid is a critical step in the recovery process.
• Individual and group therapy can offer healing, resolution, and renewal.
The false memory, the incest taboo, the accusation of pedophilia and the sexual abuse of minors converge, violent, intricate and contradictory in the case of Woody Allen. In the following chapters we will see how the rational doubt – and the judicial dismissal – about what happened on August 4, 1992 dismantles the emotional certainties of social networks, media, activists and columnists of both ideologies.

The trial for the custody of Dylan, Moses and Satchel / Ronan began on March 18, 1993. In it, the two versions, very different from one another, were brought into public light. On the part of Allen, who took the stand on the first day of the trial, Mia Farrow was depicted as a dangerous woman, very disappointed and extremely upset by his ex’s relationship with his adopted daughter. To reinforce this image, the director recounted the incident on Valentine’s Day with the card full of needles and a dagger, and recounted the frequent mood swings of the actress. He also added the frequent threats on the phone in the middle of the night, sometimes in front of the children, where she warned him that she would take her daughter from him like he took his daughter from him, or that occasion when she found a fake suicide note next to it. From an open window: “I jumped out of the window because of what you did to my children.” Woody assured that their relationship had ended with the birth of Satchel / Ronan in 1987 because he began to devote all his attention to the child, neglecting the rest.
On September 25, 1993, Connecticut prosecutor Frank S. Maco made a surprising statement to say the least: Even if she had “probable cause” to accuse Allen of the abuse of her daughter, she would not do so to spare the girl trauma. to go to trial. The girl’s mother, he said, agreed. In reality, the lack of medical evidence, the inconsistencies in the successive statements of the girl, which surprised even the nanny Groteke.
Allen brought legal action in the state of Connecticut against prosecutor Frank Maco for his words. The complaint was resolved a year later, on February 24, 1994: the state agency severely reprimanded Maco for his words, but determined that the prosecutor had not violated the code of conduct. “In most circumstances, Mr. Maco’s comments would have violated the rights of the accused” but, as reported by The New York Times, “as Mr. Allen had previously criticized the prosecutor’s handling of the case, they concluded that Mr. Maco was within his right to respond.

Of course I didn’t abuse Dylan, ”Allen ends his 2014 column in The New York Times. I loved her and hope that one day she will understand how she has been tricked into not having a loving father and exploited by a mother more interested in her own festering anger than in her daughter’s well-being. […] Nobody wants to discourage victims from speaking in public, but it must always be borne in mind that sometimes there are people who are falsely accused and that is a very destructive situation.

Probably the appearance of the #MeToo movement in 2017 and its subsequent consequences is one of the variables that can best explain why Woody Allen went from innocent to guilty in ten years. Although the hashtag was launched in 2007 by Tarana Burke, it was not until October 2017 that this name became popular to denounce situations of sexual harassment at work. Its original meaning was determined by actress Alyssa Milano in her now historic tweet of October 15, 2017: “If women who have been sexually assaulted or harassed wrote ‘Me Too’ in their state, we might give people a sense of the magnitude of this problem”.

Amazon Studios announced a deal to produce Crisis in six scenes, Woody Allen’s first series. In his statement, the then vice president of the production company, Roy Price, celebrated: the company was delighted to work with Allen, “creator of some of the best films in history.” For his part, the filmmaker already warned in his own response press release that “Roy Price would regret his decision.” Got it right, the little bastard.
In August 2017, Amazon consummated its infatuation with Allen by signing an agreement for the financing and distribution of four films, after having brought Café Society to theaters and platforms. The first of the lot was Rainy Day in New York, which ended production in October 2017 and was set to debut with Jeff Bezos’ company in 2018. It never happened: Amazon abruptly terminated its relationship with Allen and the filmmaker’s attorneys. After filing a complaint for sixty-eight million euros with the multinational, they blamed the situation on the statements of their adopted daughter accusing him of sexual abuse.
Do such words justify the cancellation of a four-movie contract? As Amazon’s lawyers explain, no doubt. Ronan Farrow’s article on Weinstein was the catalyst for a more reliable public estimate of the persistence of sexual harassment in the entertainment industry and beyond. Despite the immediate consensus on the importance of addressing this issue, Allen made a number of comments that suggested that he had failed to understand the seriousness of the issue or the implications for his own career. ” The lawyers add that his statement referring to the Farrow family “came just as Amazon and Allen were preparing to promote the film Wonder Wheel, de facto sabotaging those efforts … If viewed from a broad context, the actions of Allen and The cascade of consequences proved that Amazon could never have received benefits from its agreement to produce four films. “Amazon’s attorney, Robert Klieger, assured Judge Denise Cote that the company protected itself after Allen made ‘public comments that, at the very least, were insensitive to the Me Too movement.”

The effect of living, first, in a consumer society and, later, in a customer service society causes all its organs to be commercialized and soaked in purely business dynamics wrapped, to hide them, in sentimentality.
. The dynamics of today’s society infantilizes an entire generation of young people, which translates into serious deficits in coping with the usual circumstances of adult life and the need for medicalization or therapeutics of it.
• In our society the emotionality of the recipient —in this case, of the student— is becoming the measure of everything, which creates an environment of offense, of pointing out and of denunciation that intoxicates and denatures human relationships. This new context especially affects learning, where the student necessarily has to go through situations of disgust, anxiety, offense or frustration.
• There are still many differences between Spanish and American universities, but both share to a different degree an unavoidable inclination, forced by the market and based on child hyperprotection, towards cancellation – or preventive cancellation – and the censorship of everything that offends or it may create some emotional problem or trauma to the students.

Excerpt from @ronanfarrow’s tweet from September 17, 2018 (deleted): “As a brother and son, I am angry that New York magazine is engaging in this kind of dirty work, written by a former Woody Allen friend and fan. As a journalist, I am stunned by the lack of care with the facts, the refusal to include witnesses who contradict the falsehoods of the piece, and the failure to include my sister’s full responses. Survivors of sexual abuse deserve better.
New York magazine release of September 17, 2018: “This is a story about Soon-Yi Previn and it puts forward his perspective of what happened in his family. Journalist Daphne Merkin’s relationship with Woody Allen is told and part of the story, as are Soon-Yi’s reasons for speaking out now. We hope people read it for themselves.
Causocracy:
1. f. Popular and informal suspension of people’s rights, generally freedom of expression and the presumption of innocence, in the name of the socio-political cause.
2. f. Way of conceiving the world where political authority is considered emanated from the social Cause, and which is exercised directly or indirectly by a quasi-religious power, such as a priestly caste, which is usually made up of the leaders of the protest movement.
The first thing is to have a social cause -in lowercase-, a movement around it and the western society of customer service surrounding, finally, everything.
It can only occur in western customer service societies where online interpersonal relationships – as I have previously described – are the primary means of human communication.
Those Accused for the Cause may be accused by material action or by their use of irresponsible symbolism. Therefore, the field of intervention is extended to the terrain of fiction, since, if they emotionally disturb the Victim in the same way as a material action, they should be subject to the same punishment. Suddenly, the informal control of the Defendants over the Defendants exceeds their conduct and extends to their freedom of thought and expression.

Allen fulfills all the canons of a causocracy to be condemned — he and, by extension, his work — forever and ever. A woman, her daughter, accuses her of pedophilia and incest; he is a powerful white male; her case has not reached the courts, but that is proof that the courts are controlled by dangerous white males; his films endorse his sexual character towards young women and, consequently, his pedophilia; his statements sound unfortunate every time he talks about his case; and, finally, his personality oozes secrecy and little “sentimentality”.

4 pensamientos en “El Síndrome Woody Allen. Por qué Woody Allen Ha Pasado De Ser Inocente A Culpable En Diez Años — Edu Galán / Woody Allen Syndrome. Why Woody Allen Has Gone From Innocent To Guilty In Ten Years by Edu Galán (spanish book edition)

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