Adiós Al Dinero. Una Visión Distinta Del Dinero Y La Banca — Miguel Ángel Fernández Ordóñez / Goodbye To Money. A Different View of Money and Banking by Miguel Ángel Fernández Ordóñez (spanish book edition)

Interesante ensayo por quien fue gobernador del Banco de España, debo decir que por momentos se me hace repetitivo. Lo mejor es el intento de abrir un debate que todavía no ha calado suficientemente en nuestro país. El libro advierte sobre el fracaso del modelo representado por la banca tradicional –que tiene que ser rescatada con dinero público cada vez que entra en crisis– y sobre la posibilidad de que, en el futuro, se sustituya el «dinero frágil» (el creado y gestionado por los bancos) por un «dinero seguro» que ya existe en los bancos centrales pero que actualmente sólo está disponible para la banca privada. Se propone, en definitiva, que los ciudadanos puedan tener acceso al dinero que el Estado posee y que, por tanto, la economía se base en algo cuyo valor sea tangible, y no variable.
La banca tradicional está sujeta a fuertes regulaciones y a un proteccionismo del que no goza ninguna otra empresa de carácter privado. De alguna manera, los bancos son negocios que, en caso de fracasar, siempre serán rescatados con dinero público, ya que la economía de los países depende de ellos. Para acabar con esta dependencia, algunos economistas han propuesto que sean los bancos centrales los que controlen el dinero y que permitan el acceso de los ciudadanos al mismo a través de las nuevas tecnologías.

El dinero existe desde que existen las sociedades humanas. Incluso se usaba en sociedades muy primitivas, porque es una de esas instituciones, como el derecho o el Estado, que distingue a nuestra especie y nos permite cooperar con nuestros semejantes de maneras que no han sido capaces de idear otros animales.
Pero el dinero ha adoptado formas muy distintas a lo largo de la historia. Al principio se utilizaron algunos objetos como huesos, pieles, conchas o piedras. Un paso adelante muy importante fue el uso de los metales como dinero, especialmente el oro y la plata; o la acuñación de monedas, otro invento que ha perdurado siglos.
Quizá el invento más singular consistió en empezar a usar como dinero los billetes o resguardos de los depósitos en los bancos privados. Entonces el dinero dejó de tener un valor real y se pasó a utilizar como dinero unas promesas de pago, unos activos financieros. Además, los depósitos ya no eran un dinero físico, algo que se podía ver y tocar, sino un dinero virtual.
El futuro es impredecible pero la magnitud de los problemas del sistema actual, junto a las posibilidades que proporcionan las nuevas tecnologías, ha abierto el debate sobre el dinero y la banca. Es probable que el CBDC, el dinero digital emitido por los bancos centrales, acabe siendo uno de los ingredientes del nuevo sistema.

Los mayores costes de las crisis bancarias no son los recursos presupuestarios que se han empleado en salvar a los bancos, sino los daños macroeconómicos que ocasionan. Los costes de pérdida del PIB, del aumento del desempleo, de la destrucción de empresas, etcétera, son inmensos. Tales costes son la consecuencia del pinchazo de las burbujas de crédito y endeudamiento que genera un sistema monetario como el actual.
Este es uno de los graves problemas del sistema bancario actual: generar un endeudamiento excesivo del sector privado en su primera fase, lo que solemos denominar «burbuja». En la segunda fase, la del estallido de la crisis bancaria y la de la recesión y la posterior recuperación, se produce un inevitable traslado de la deuda del sector privado al público. Inevitable porque es la forma en que se puede recuperar la economía, ya que, si no se hiciera así, las familias y las empresas no dedicarían sus ingresos a consumir o a invertir, sino a amortizar los préstamos, lo que deprimiría el gasto e impediría la recuperación.
Otro de los efectos más catastróficos de las crisis bancarias es el aumento espectacular del desempleo y de su duración.
En el sistema financiero existen multitud de entidades que no son bancos, pero solo los bancos tienen una relación especial con el dinero. Las compañías de seguros, los fondos de inversión, los hedge funds o las bolsas también forman parte del sistema financiero, pero en este libro apenas hablaremos de ellos, no describiremos lo que hacen porque no es necesario para saber cómo funciona el dinero. Sin embargo, hay que entender bien lo que hacen los bancos, sobre todo porque es muy distinto de lo que la gente cree.
Para empezar, hay que saber que el dinero que usamos ahora tiene dos formas. Por un lado, está el dinero en efectivo, el de los billetes que imprime el Banco Central; por otro, están los depósitos en los bancos privados, que es el dinero más usado en nuestro sistema. El dinero-papel no llega a ser un 10 por ciento del dinero que utilizamos, mientras que los depósitos en los bancos, las cuentas corrientes, son el 90 por ciento del dinero que usamos.
Es interesante ver lo que los bancos dicen que hacen, porque es muy distinto de lo que en realidad hacen. Los bancos suelen decir que ellos son los intermediarios entre los ahorradores y los inversores; es decir, que, a través de los depósitos, ellos toman el dinero de los ciudadanos que pueden ahorrar y dan ese dinero, a través del crédito, a quienes lo necesitan para invertir en sus empresas o para comprarse una casa. De esta forma, los bancos se presentan como intermediarios entre ahorradores e inversores.
En el sistema actual los bancos privados no necesitan tomar dinero de los ahorradores para dar crédito. Los bancos pueden, sin más, sin que nadie lo haya depositado antes, crear ese dinero. De hecho, son los únicos agentes del sistema financiero que si necesitan dinero, no tienen que pedírselo a otros, sino que crean el dinero sin necesidad de pedirlo prestado.
Además de tener un papel central en la provisión de dinero a la economía, los bancos realizan otras actividades financieras. Simplificando, los bancos privados actuales realizan tres actividades sin competencia o con poca competencia: 1) crean y mantienen el 90 por ciento del dinero digital; 2) son los principales proveedores de los servicios de pago, y 3) conceden préstamos a familias y empresas pequeñas y medianas.
La actividad 1 la realizan en régimen de absoluto monopolio, pues a ninguna otra entidad privada se le deja tomar depósitos ni crear dinero.
El origen de los problemas del sistema monetario actual es que los depósitos en los bancos privados, que utilizamos como si fuera dinero, son un dinero frágil. Es un dinero no seguro, y su valor puede variar. Una de las características más valiosas del dinero es que sea seguro, es decir, que no varíe su valor facial, su valor nominal. El problema es que los depósitos bancarios pueden variar de valor, no son seguros desde este punto de vista.

La importancia de distinguir entre la fragilidad del dinero bancario, es decir, que el dinero pierda su valor «facial», y otro problema: el de la pérdida de valor del poder de compra del dinero debido a la inflación. Los dos problemas son importantes, pero distintos. La pérdida de valor del poder de compra se plantea en cualquier sistema monetario y se intenta resolver mediante una política monetaria adecuada.
La primera diferencia entre los bancos y el resto de las instituciones financieras es que los primeros son las únicas entidades que pueden crear dinero. Ninguna otra institución del sistema financiero, ni las empresas que emiten acciones, ni las que ofrecen bonos, ni los hedge funds, ni los fondos de inversión, ni los fondos de pensiones, ni las aseguradoras pueden crear dinero. Estas entidades no bancarias llegan a acuerdos del tipo de «tú me pagas una prima y yo te aseguro un riesgo».
La segunda característica que diferencia a los bancos del resto del sistema financiero es que todas las instituciones y entidades que no son bancos operan en un sistema de competencia sin ninguna protección especial del Estado y sin que este les diga cómo tienen que operar. Son muchas las regulaciones a las que están sometidas las demás entidades financieras como, por ejemplo, las que regulan el funcionamiento de los mercados, las que obligan a informar sobre sus actividades, las que protegen a consumidores o inversores o las que evitan el blanqueo de capitales, pero no tienen regulaciones que les digan cómo tienen que operar. Los bancos sí las tienen.
La ventaja de pasar a un sistema en el que el Banco Central cree el dinero es que este puede aumentar la oferta monetaria sin incrementar la deuda, simplemente transfiriendo el dinero creado a los ciudadanos, sin necesidad de que estos aumenten su deuda; por tanto, es más fácil que, al menos en parte, puedan gastarlo en compras de bienes o servicios o prestando a otros que quieran invertirlo. En un sistema en el que el dinero es creado por los bancos centrales, se puede aumentar el consumo o la inversión —la demanda agregada— sin que aumente el endeudamiento de la economía.
La banca privada es el ejemplo de máximo proteccionismo e intervencionismo en la economía y se lleva a cabo con numerosos y diversos instrumentos que tratan de evitar la competencia y aumentar la cuenta de resultados de los bancos. Es quizá el último resto en nuestras economías de la creencia de que el Estado sabe mejor que los empresarios lo que se debe hacer.
La protección y la hiperregulación de la banca se reforzaron después de la crisis de 2008.

Quizá este es el instrumento de protección más importante de todos, ya que, si no tuviera este privilegio, la banca privada podría dejar de existir. Esta protección consiste en prohibir a todos los ciudadanos y a todas las empresas abrir cuentas corrientes en el Banco Central. Se puede ver como una prohibición o también como un privilegio, pues los bancos privados sí pueden abrir cuentas corrientes en el Banco Central.
Y no solo los ciudadanos y las empresas tienen vetado el uso de cuentas corrientes en el Banco Central; tampoco pueden abrir cuentas en otra entidad financiera que no sea un banco. Este es un privilegio que tienen los bancos frente al resto de las entidades del sistema financiero.
El seguro de depósitos es otra protección significativa del Estado a la banca de la que tampoco disfruta ninguna otra entidad del sistema financiero. Los depósitos son una fuente de financiación muy apreciada por los bancos porque normalmente no pagan nada o muy poco por ellos. Se trata de una protección sustancial, ya que se subsidia el coste de financiación de los bancos privados y normalmente ninguna otra entidad puede obtener financiación a un coste tan bajo.
Los estados utilizan el dinero de los contribuyentes para ayudar a los bancos de formas muy variadas. La más conocida es la inyección de capital en las entidades, utilizada para salvar a los bancos durante las crisis. Pero hay otras muchas, como las garantías, la asunción de pérdidas de «bancos malos», etcétera, que recurren igualmente a los presupuestos públicos para resolver los problemas de los bancos en crisis y que la opinión pública no percibe con facilidad.
De antiguo se ha llamado «señoreaje» al beneficio que obtenían los que tenían el privilegio de emitir dinero. Ahora los beneficios de los bancos centrales se suelen transferir a los estados como un ingreso más de los presupuestos.
En resumen, se puede decir que el diagnóstico que se hizo hace diez años de que la desregulación fue la responsable de la gran crisis podría ser correcto, pero solo mientras sigamos manteniendo como dinero los depósitos bancarios que son un activo con riesgo. En cambio, si pudiéramos disponer de un dinero seguro como los depósitos en los bancos centrales, ese diagnóstico sería totalmente equivocado.
Si dejamos que los ciudadanos tengan acceso al dinero seguro del Ente Emisor, entonces la mejor solución para acabar con las crisis bancarias sería eliminar todas las protecciones, subsidios, privilegios, etcétera, que hoy tienen los bancos y dejar que las actividades puramente bancarias, como los préstamos a familias y empresas y los servicios de pago, las presten en competencia las entidades que quieran.

El elemento clave de la reforma del dinero seguro es contar con un dinero digital seguro en vez del dinero digital bancario actual, que es frágil y proclive a generar crisis bancarias.
En la actualidad, los ciudadanos usamos dos tipos de dinero. Por una parte, existe un dinero físico al que llamamos efectivo que está compuesto por las monedas y los billetes emitidos por el Banco Central. Por otra, está el dinero de los depósitos en los bancos privados. Antiguamente, este dinero eran anotaciones en los libros de los bancos, pero ahora lo llamamos dinero digital, porque son registros en los ordenadores de los bancos privados.
Estas dos formas de dinero se diferencian por su carácter —físico o virtual— y por sus usos más frecuentes; pero desde la visión distinta del dinero que estamos exponiendo, la diferencia fundamental es que mientras las monedas y los billetes son seguros, en el sentido de que no cambian de valor, los depósitos de los bancos pueden perder su valor.
Lo importante es que el dinero será seguro si está respaldado al ciento por ciento por el Estado, como sucede con los billetes. La fórmula concreta de este respaldo puede ser muy variada. Una posibilidad es que los ciudadanos tuvieran directamente acceso a los depósitos en el Banco Central, pero podrían hacerlo también a través de entidades registradas de manera adecuada.
En el pasado, las propuestas de dinero seguro que se hicieron después de la Gran Depresión y que se denominaron FRB (las siglas en inglés de full reserve banking), en apariencia mantenían los depósitos en los bancos privados, pero en realidad, al dividir los bancos en dos entidades y estar respaldados al ciento por ciento por depósitos en el Banco Central, tenían la misma seguridad que los depósitos de los bancos centrales.
Esta propuesta de reforma ha quedado obsoleta debido a los avances en la computación y el almacenamiento de datos digitales.
En realidad, el sistema de dinero digital seguro es muy parecido al sistema actual y solo se diferencia en la seguridad. Por ejemplo, la política monetaria en el nuevo sistema existirá como en la actualidad. El Ente Emisor independiente, por medio de la política monetaria, se encargará, como ahora, de que la cantidad de dinero y sus efectos sobre los tipos de interés consigan que no haya ni una deflación ni una inflación por encima del objetivo fijado.

Son muchos los beneficios de sustituir el dinero creado por los bancos privados por un dinero seguro emitido y mantenido por los bancos centrales, pero el más importante es que ya no podrían producirse crisis bancarias.
Este beneficio es fácil de estimar: es el ahorro de los inmensos costes económicos y sociales que acarrean las crisis bancarias.
La ventaja de las reformas tipo CBDC es que el dinero se diferencia de manera nítida de los activos financieros. El dinero pasa a ser un activo sin riesgo y eso lo diferencia de cualquier activo financiero que, inevitablemente, tienen riesgo. En la medida en que en el sistema actual el dinero es un activo financiero con riesgo, no existe esa separación precisa, y por tanto es posible que las crisis de entidades financieras no bancarias acaben convirtiéndose en crisis bancarias. El economista Shiller mostró cómo la promesa explícita de devolver el dinero que tenían los depósitos se había convertido en una promesa implícita en el caso de los fondos de dinero.
Esto es algo que no volvería a suceder en un sistema de dinero digital seguro, pues cualquier intento de simular dinero sería inútil, ya que el sistema financiero estará absolutamente separado de él. Cualquier activo financiero, por mínimo que sea, tendrá algún riesgo y por tanto los inversores sabrán que al cambiar su dinero por esos activos correrán ese riesgo, en consecuencia, los fallidos de estas inversiones no afectarán al dinero y al sistema de pagos.
A todos los que propongan reformar el sistema monetario actual se les debería exigir, como mínimo, que no empeorásemos con el cambio, que no perdiéramos nada de lo que funciona bien ahora, que no surgieran problemas que no tenemos con el actual sistema. Y a diferencia de otras propuestas, este criterio lo cumple la propuesta de dinero seguro.
La competencia y la disciplina de mercado asegurarían el buen funcionamiento del mercado de crédito. No solo sería innecesaria la regulación protectora, también desaparecería la regulación prudencial específica para la banca. Tampoco serían necesarios los órganos supervisores que ahora se ocupan de que se cumplan esas regulaciones intervencionistas. Y como se ha hecho en otras reformas estructurales, todos los recursos públicos que se utilizaban para proteger y controlar un sector podrían destinarse a reforzar la regulación y supervisión de los mercados y la de protección a inversores, consumidores y usuarios.
Si el dinero dejara de ser frágil, la política de liberalización y desregulación de la banca ya no sería, como ahora, una política suicida que aumentaría el número de crisis bancarias graves, sino que pasaría a ser una reforma estructural más, con las mismas ventajas que proclaman los organismos internacionales para la liberalización de otros sectores.
Otra de las ventajas de liberalizar las actividades bancarias es suprimir los subsidios explícitos e implícitos de los que disfrutan ahora los bancos privados.
Los subsidios que el Estado otorga a los bancos privados son ingentes. Por un lado, están los subsidios directos como los del señoreaje, los que surgen de la creación de dinero. En el sistema de dinero seguro los beneficios de crear dinero pueden transferirse a los ciudadanos particulares o al Estado, que es el instrumento que los ciudadanos usan para tomar sus decisiones colectivas. Sin embargo, en el sistema actual esos beneficios no van ni al Estado ni a los ciudadanos, sino que son absorbidos por los bancos privados.

El principal beneficio de tener un dinero seguro es la desaparición de los principales costes del actual sistema. Los costes más importantes del sistema actual son los daños que causan las crisis bancarias, así como tener un mercado de préstamos hiperregulado, intervenido y protegido. Podríamos decir que sus beneficios son los de una mayor estabilidad y eficiencia. Pero en realidad sus beneficios son la ausencia de daños, la desaparición de los costes que crea la inestabilidad y la falta de eficiencia del sistema actual.
En todas las propuestas de reforma hay una idea común —que el dinero digital frágil de los bancos privados sea sustituido por un dinero digital seguro—, pero hay otros detalles que aún no están ni definidos ni consensuados. Por poner unos ejemplos: la posibilidad o no de remuneración de los depósitos, las formas de asignación del señoreaje o los modelos de transición son con frecuencia distintos en las diferentes propuestas de CBDC.
Por eso muchas críticas en realidad no se plantean contra la reforma de dinero digital seguro sino contra un diseño concreto, contra los «detalles» de un sistema propuesto.

En la historia de las sociedades humanas es raro que las instituciones desaparezcan; lo normal es que se transformen en otras. Es cierto que los bancos, tal como hoy los conocemos, desaparecerían si existiera un dinero seguro. No habrá bancos como los de ahora que toman dinero a muy corto plazo y prestan a largo plazo. Esto solo es posible ahora gracias a la protección del Estado, y está claro que si se liberalizan las actividades bancarias estas no serían prestadas por entidades como los bancos actuales.
¿Esto significa que desaparecerían las actividades bancarias? No. Se verían incluso reanimadas, se utilizarían más, se adaptarían mejor a los deseos de los usuarios, las ofrecerían un mayor número de empresas, habría más productos financieros y más diversos, como sucede siempre que se liberaliza un sector.
Hoy los bancos prestan dos tipos de actividades muy importantes, pero muy diferentes. Por un lado, crean y registran el dinero (que es una función pública); por otro, proporcionan servicios de pago y préstamos a familias y a pequeñas y medianas empresas (que son actividades normalmente privadas). Hoy los bancos son muy importantes, porque estos dos tipos de actividades —públicas y privadas— son esenciales para que funcione la economía. El problema es que las prestan de manera muy deficiente.
En primer lugar, proporcionan el dinero que usamos todos. El problema es que este dinero privado es un dinero frágil que necesita de las protecciones del Estado para subsistir. Los ciudadanos usan ahora ese dinero porque no tienen otra alternativa. Pero los bancos dejarían de prestar esta función si se introdujera un dinero público y seguro. Sin protecciones no podrían ofrecer cuentas corrientes e invertir estos fondos a largo plazo.
Para ello los bancos necesitarán transformarse y convertirse en proveedores especializados de estos servicios sin poder utilizar ya los fondos de los clientes de la forma que lo hacen ahora. Tendrán que convertirse en auténticos intermediarios. Pero esto solo podrían hacerlo si se da tiempo a los bancos para adaptarse a las reglas del mercado y la competencia. Facilitar a los bancos una transición suave no solo sería beneficioso para sus directivos y trabajadores, sino también provechoso para todos los ciudadanos, porque los servicios que prestan actualmente son muy importantes y no habría cambios bruscos en su provisión.

Es obvio que los primeros interesados en que no cambie el sistema monetario y bancario son los bancos privados, tanto sus accionistas como sus directivos y trabajadores. Pero no solo ellos prefieren mantener el sistema actual. Como sucede en otros casos de monopolios y oligopolios, los beneficios de un sector protegido no redundan solamente en el propio sector, sino que se distribuyen entre otros agentes. Hay industrias que obtienen tarifas privilegiadas gracias al monopolio y también políticos que pueden conseguir «vender» tarifas sociales a sus electores, sin necesidad de tener que solicitar al Parlamento que suba los impuestos para poder pagar estas políticas. Y esta clase de políticos sufriría también la liberalización del sector correspondiente.
Al plantearnos cómo será el futuro del dinero, no basta con analizar los problemas actuales y diseñar una reforma que pudiera evitar sus daños. Los problemas del vigente sistema de dinero son graves. Y la reforma que podría resolverlos es sencilla. Pero de ahí a pensar que el futuro del dinero y la banca será su reforma, hay un gran trecho. La reforma tiene por delante una larga carrera de obstáculos.

¿Qué papel han desempeñado las nuevas tecnologías en suscitar el debate del dinero seguro y la liberalización de la banca? ¿Son las nuevas tecnologías las que van a producir una revolución, o una «disrupción», como se dice ahora, en el dinero y en la banca?
En los últimos años, el bitcoin ha inundado los medios de comunicación y su interés ha tenido bastante que ver con la nueva tecnología que lo hacía posible, la denominada blockchain o «tecnología de bloques». Hoy hay algunas dudas sobre el desarrollo actual de esta tecnología, pues sus costes son altos y tarda más tiempo en hacer transacciones que lo que tardan ahora los bancos o las tarjetas de crédito.
¿Qué papel han desempeñado las nuevas tecnologías en suscitar el debate del dinero seguro y la liberalización de la banca? ¿Son las nuevas tecnologías las que van a producir una revolución, o una «disrupción», como se dice ahora, en el dinero y en la banca?
En los últimos años, el bitcoin ha inundado los medios de comunicación y su interés ha tenido bastante que ver con la nueva tecnología que lo hacía posible, la denominada blockchain o «tecnología de bloques». Hoy hay algunas dudas sobre el desarrollo actual de esta tecnología, pues sus costes son altos y tarda más tiempo en hacer transacciones que lo que tardan ahora los bancos o las tarjetas de crédito.
Poco a poco se fue considerando que el bitcoin no era dinero, sino más bien una inversión parecida a la de las obras de arte o los sellos, que puede ser muy lucrativa mientras haya más demanda que oferta, pero que puede desplomarse en la medida en que haya más inversores que quieran salir de su inversión en bitcoins que los que quieren entrar.
Por ello no sería exacto decir que las tecnologías del blockchain o las demás criptomonedas hayan hecho surgir el debate sobre el dinero seguro; pero, como hemos dicho, el hecho de hablar de un posible dinero digital distinto del actual, creado por los bancos privados, ha ayudado a aumentar el interés sobre el dinero digital público y seguro.
Sí es cierto que los avances tecnológicos han aumentado de manera espectacular la capacidad de almacenamiento y la velocidad de computación de los ordenadores, por lo que la transformación del dinero bancario actual en un dinero público y seguro no tiene ya ningún problema técnico. Ahora un Banco Central podría manejar los registros de millones de cuentas de todos los ciudadanos sin ningún problema, y podría hacerlo con prácticamente el mismo coste con el que se mantienen ahora los registros de las cuentas de los bancos privados.
Pero si las tecnologías suelen ser necesarias para acometer las reformas institucionales, no son suficientes. Las tecnologías de almacenamiento y computación estaban ya avanzadas a finales del siglo pasado y alguno se podría preguntar por qué, si llevamos casi veinte años con la posibilidad técnica de implantar un dinero público y seguro, ha tardado tanto en surgir este debate. Y es que seguramente hay otros factores que han contribuido en los últimos años a que aumente la insatisfacción con el sistema monetario y bancario actual.

En junio de 2019 Facebook propuso crear una «moneda», libra, para que millones de personas que no tienen una cuenta bancaria pero tienen un móvil pudieran acceder a servicios de pago. Es un ejemplo interesante de ese tipo de movimientos que irán apareciendo en el futuro, que, por una parte, podrían empeorar el sistema actual y que, por tanto, podríamos calificar como «grietas», pero que también tienen la virtud de animar el debate sobre la reforma del dinero y la banca. Y sirve para mostrar cómo la visión del dinero seguro ayuda a juzgar esta iniciativa.
En estos momentos, unos meses después del lanzamiento de esta propuesta, es dudoso que el proyecto Libra consiga salir adelante, pero el debate que ha abierto sobre sus peligros y sobre la regulación que habría que aplicarle es interesante.
Uno de los argumentos utilizados por algunos políticos para mostrar el daño que podría causar el proyecto Libra es que no se debería dejar la creación de dinero en manos de empresas privadas, porque podrían entrar en crisis.
Si el dinero digital fuera público, como ahora lo son los billetes, y los ciudadanos tuvieran su dinero respaldado por depósitos en los bancos centrales, no se necesitaría esa batería de protecciones e intervenciones del Estado porque el dinero público es seguro, no puede generar crisis bancarias.
Otro problema de esa batería de protecciones es que está llevando a que las nuevas empresas que no las tienen no puedan competir en igualdad con los bancos en otras actividades como, por ejemplo, los servicios de pagos. Si el dinero pasara a ser público no solo ganaríamos en estabilidad, sino que, al no tener que proteger a los bancos porque ya no crearían un dinero frágil, estas actividades se podrían abrir a la competencia sin temor y cualquier entidad podría ofrecerlas a los usuarios en igualdad de condiciones. El dinero sería público y seguro, y además habría más mercado en estas actividades privadas.

Conclusión.
Ni siquiera tiene sentido empezar a realizar estudios de la propuesta de abandonar nuestro sistema de dinero digital seguro y pasar a un sistema de creación privada de dinero (cbDC). Ese cambio significaría la aparición de daños y costes muy graves para los ciudadanos sin que se obtenga ningún beneficio claro. El único beneficio que alegan los proponentes de privatizar la creación de dinero es que, en ese sistema, el volumen de endeudamiento de la economía sería mayor que el nivel de deuda que se alcanza ahora dejando que lo fije el mercado. Consideramos que no es un beneficio que familias y empresas se endeuden más de lo que quieran.
Además de no suponer ninguna mejora económica, sino todo lo contrario, esta reforma obligaría a cambiar las leyes de protección de los consumidores, de la defensa de la competencia, la legislación general de quiebra y otras muchas leyes para poder favorecer a unas entidades privadas, así como crear nuevos entes públicos destinados a supervisarlas y protegerlas. Incluso habría que cambiar la Constitución para poder dar un trato especial a unas empresas concretas, distinto del dado al resto de los ciudadanos y a las empresas del país.

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Interesting essay by who was governor of the Bank of Spain, I must say that at times it seems repetitive. The best thing is the attempt to open a debate that has not yet penetrated sufficiently in our country. The book warns about the failure of the model represented by traditional banking –which has to be rescued with public money every time it goes into crisis– and about the possibility that, in the future, “fragile money” (the one created and managed by banks) for a ‘safe money’ that already exists in central banks but is currently only available to private banks. In short, it is proposed that citizens can have access to the money that the State owns and that, therefore, the economy is based on something whose value is tangible, and not variable.
Traditional banking is subject to strong regulations and protectionism that no other private company enjoys. In some way, banks are businesses that, in case of failure, will always be rescued with public money, since the economy of the countries depends on them. To end this dependency, some economists have proposed that it be the central banks that control the money and allow citizens access to it through new technologies.

Money exists since human societies exist. It was even used in very primitive societies, because it is one of those institutions, such as law or the State, that distinguishes our species and allows us to cooperate with our fellow man in ways that other animals have not been able to devise.
But money has taken very different forms throughout history. At first some objects such as bones, skins, shells or stones were used. A very important step forward was the use of metals as money, especially gold and silver; or the minting of coins, another invention that has lasted centuries.
Perhaps the most unique invention was to start using banknotes or deposit slips in private banks as money. Then money ceased to have real value and promises of payment, financial assets, were used as money. Furthermore, deposits were no longer physical money, something that could be seen and touched, but virtual money.
The future is unpredictable, but the magnitude of the problems of the current system, together with the possibilities provided by new technologies, has opened the debate on money and banking. CBDC, the digital money issued by central banks, is likely to end up being one of the ingredients of the new system.

The biggest costs of the banking crises are not the budgetary resources that have been used to save the banks, but the macroeconomic damages that they cause. The costs of losing GDP, increasing unemployment, destroying companies, etc., are immense. Such costs are the consequence of the puncture of credit and debt bubbles generated by a monetary system like the current one.
This is one of the serious problems of the current banking system: generating excessive indebtedness in the private sector in its first phase, what we usually call the “bubble”. In the second phase, that of the outbreak of the banking crisis and that of the recession and subsequent recovery, there is an inevitable transfer of debt from the private to the public sector. Inevitable because it is the way in which the economy can be recovered, since, if this were not done, families and companies would not dedicate their income to consuming or investing, but to amortize loans, which would depress spending and prevent Recovery.
Another of the most catastrophic effects of banking crises is the dramatic increase in unemployment and its duration.
In the financial system there are many entities that are not banks, but only banks have a special relationship with money. Insurance companies, investment funds, hedge funds or exchanges are also part of the financial system, but in this book we will hardly talk about them, we will not describe what they do because it is not necessary to know how money works. However, you have to understand well what banks do, especially since it is very different from what people believe.
To start, you have to know that the money we use now has two forms. On the one hand, there is the cash, the money that the Central Bank prints; on the other, there are deposits in private banks, which is the most used money in our system. Paper money is less than 10 percent of the money we use, while bank deposits, checking accounts, are 90 percent of the money we use.
It’s interesting to see what the banks say they do, because it is very different from what they actually do. Banks often say that they are the intermediaries between savers and investors; that is, that through deposits, they take the money from citizens who can save and give that money, through credit, to those who need it to invest in their businesses or to buy a house. In this way, banks are presented as intermediaries between savers and investors.
In the current system, private banks do not need to take money from savers to give credit. Banks can, without more, without anyone depositing it before, create that money. In fact, they are the only agents in the financial system who, if they need money, do not have to ask others, but create money without borrowing it.
In addition to having a central role in providing money to the economy, banks carry out other financial activities. Simplifying, current private banks carry out three activities with little or no competition: 1) create and maintain 90 percent of digital money; 2) they are the main providers of payment services, and 3) they grant loans to families and small and medium-sized companies.
Activity 1 is carried out under an absolute monopoly, as no other private entity is allowed to take deposits or create money.
The origin of the problems of the current monetary system is that deposits in private banks, which we use as if it were money, are fragile money. It is unsecured money, and its value may vary. One of the most valuable characteristics of money is that it is safe, that is, that it does not vary its face value, its nominal value. The problem is that bank deposits can vary in value, they are not safe from this point of view.

The importance of distinguishing between the fragility of bank money, that is, that money loses its “face” value, and another problem: that of the loss of value of the purchasing power of money due to inflation. The two problems are important, but different. The loss of value of purchasing power arises in any monetary system and is attempted to be resolved through an appropriate monetary policy.
The first difference between banks and other financial institutions is that the former are the only entities that can create money. No other institution in the financial system, nor companies that issue shares, nor those that offer bonds, nor hedge funds, nor investment funds, nor pension funds, nor insurers can create money. These non-bank entities reach agreements of the type “you pay me a premium and I assure you of a risk.”
The second characteristic that differentiates banks from the rest of the financial system is that all institutions and entities that are not banks operate in a competitive system without any special protection from the State and without it being told how they have to operate. There are many regulations to which other financial institutions are subject, such as, for example, those that regulate the operation of markets, those that require reporting on their activities, those that protect consumers or investors or those that prevent money laundering. capitals, but they don’t have regulations that tell them how they have to operate. Banks do have them.
The advantage of moving to a system in which the Central Bank creates money is that it can increase the money supply without increasing debt, simply by transferring the money created to citizens, without the need for them to increase their debt; therefore, it is easier for them, at least in part, to spend it on purchases of goods or services or lending to others who want to invest it. In a system in which money is created by central banks, consumption or investment – aggregate demand – can be increased without increasing the indebtedness of the economy.
Private banking is the example of maximum protectionism and interventionism in the economy and is carried out with numerous and diverse instruments that try to avoid competition and increase the banks’ income statement. It is perhaps the last remnant in our economies of the belief that the state knows better than businessmen what to do.
Banking protection and hyper-regulation were reinforced after the 2008 crisis.

Perhaps this is the most important instrument of protection of all, since, if it did not have this privilege, private banking could cease to exist. This protection consists of prohibiting all citizens and all companies from opening checking accounts at the Central Bank. It can be seen as a prohibition or also as a privilege, since private banks can open current accounts at the Central Bank.
And not only citizens and companies have banned the use of current accounts at the Central Bank; Nor can they open accounts in another financial entity that is not a bank. This is a privilege that banks have over the rest of the entities of the financial system.
Deposit insurance is another significant protection of the State for banks, which is also not enjoyed by any other entity in the financial system. Deposits are a source of financing highly appreciated by banks because they typically pay little or nothing for them. This is substantial protection, as the cost of financing from private banks is subsidized and normally no other entity can obtain financing at such a low cost.
States use taxpayers’ money to help banks in many different ways. The best known is the injection of capital into entities, used to save banks during crises. But there are many others, such as guarantees, the assumption of losses of “bad banks”, etc., which also resort to public budgets to solve the problems of banks in crisis and which public opinion does not easily perceive.
In ancient times, the benefit obtained by those who had the privilege of issuing money has been called “seigniorage”. Now the benefits of central banks are usually transferred to the states as one more income from the budgets.
In summary, it can be said that the diagnosis made ten years ago that deregulation was responsible for the great crisis could be correct, but only as long as we continue to keep bank deposits that are a risky asset as money. On the other hand, if we could have safe money such as deposits in central banks, that diagnosis would be totally wrong.
If we allow citizens to have access to the secure money of the Issuing Entity, then the best solution to end banking crises would be to eliminate all the protections, subsidies, privileges, etc., that banks have today and allow purely banking activities, such as loans to families and companies and payment services are provided by competing entities.

The key element of safe money reform is having safe digital money instead of today’s bank digital money, which is fragile and prone to banking crises.
Today, citizens use two types of money. On the one hand, there is a physical money that we call cash that is made up of the coins and banknotes issued by the Central Bank. On the other, there is money from deposits in private banks. Formerly, this money was annotations in the books of the banks, but now we call it digital money, because they are records in the computers of the private banks.
These two forms of money are distinguished by their nature — physical or virtual — and by their more frequent uses; But from the different view of money that we are exposing, the fundamental difference is that while coins and notes are safe, in the sense that they do not change in value, bank deposits can lose their value.
The important thing is that the money will be safe if it is 100% backed by the State, as is the case with banknotes. The specific formula of this support can be very varied. One possibility is that citizens have direct access to deposits at the Central Bank, but could also do so through properly registered entities.
In the past, safe money proposals that were made after the Great Depression and were called FRB (full reserve banking), apparently kept deposits in private banks, but in reality, by dividing the Banks in two entities and being backed 100 percent by deposits in the Central Bank, had the same security as the deposits of the central banks.
This reform proposal has become obsolete due to advances in computing and digital data storage.
In reality, the secure digital money system is very similar to the current system and only differs in security. For example, monetary policy in the new system will exist as it does today. The independent Issuing Entity, through monetary policy, will ensure, as now, that the amount of money and its effects on interest rates ensure that there is neither deflation nor inflation above the target set.

There are many benefits to replacing money created by private banks with secure money issued and held by central banks, but the most important is that banking crises could no longer occur.
This benefit is easy to estimate: it is the saving of the immense economic and social costs that banking crises entail.
The advantage of CBDC-type reforms is that money differs sharply from financial assets. Money becomes a risk-free asset and that sets it apart from any financial asset that inevitably has risk. To the extent that money is a risky financial asset in the current system, there is no such precise separation, and therefore it is possible that the crises of non-bank financial institutions will end up becoming bank crises. Economist Shiller showed how the explicit promise to return the money in deposits had become an implicit promise in the case of money funds.
This is something that would not happen again in a secure digital money system, since any attempt to simulate money would be futile, since the financial system will be absolutely separated from it. Any financial asset, no matter how small, will have some risk and therefore investors will know that exchanging their money for those assets will take that risk, therefore, the failures of these investments will not affect money and the payment system.
All those who propose to reform the current monetary system should be required, at a minimum, that we do not get worse with the change, that we do not lose anything that works well now, that no problems arise that we do not have with the current system. And unlike other proposals, this criterion is met by the safe money proposal.
Competition and market discipline would ensure the smooth operation of the credit market. Not only would protective regulation be unnecessary, specific prudential regulation for banks would also disappear. Nor would the supervisory bodies that are now enforcing these interventionist regulations be required. And as has been done in other structural reforms, all the public resources that were used to protect and control a sector could be used to strengthen the regulation and supervision of markets and the protection of investors, consumers and users.
If money were no longer fragile, the banking liberalization and deregulation policy would no longer be, as it is now, a suicide policy that would increase the number of serious banking crises, but would become yet another structural reform, with the same advantages proclaimed by international organizations for the liberalization of other sectors.
Another advantage of liberalizing banking is to remove the explicit and implicit subsidies that private banks now enjoy.
The subsidies that the State grants to private banks are huge. On the one hand, there are direct subsidies such as seigniorage, which arise from the creation of money. In the secure money system, the benefits of creating money can be transferred to private citizens or the State, which is the instrument that citizens use to make their collective decisions. However, in the current system, these benefits do not go to the State or to citizens, but are absorbed by private banks.

The main benefit of having safe money is the disappearance of the main costs of the current system. The most important costs of the current system are the damages caused by banking crises, as well as having a hyper-regulated, intervened and protected loan market. We could say that its benefits are those of greater stability and efficiency. But in reality its benefits are the absence of damage, the disappearance of the costs created by instability and the inefficiency of the current system.
There is a common idea in all reform proposals – that fragile digital money from private banks be replaced by secure digital money – but there are other details that are not yet defined or agreed upon. To give a few examples: the possibility or not of remuneration of deposits, the ways of assigning seigniorage or the transition models are often different in the different CBDC proposals.
That is why many criticisms are not really raised against the reform of safe digital money but against a specific design, against the “details” of a proposed system.

In the history of human societies it is rare for institutions to disappear; the normal thing is that they transform into others. It is true that banks, as we know them today, would disappear if there were safe money. There will be no banks like today that take money in the very short term and lend in the long term. This is only possible now thanks to the protection of the State, and it is clear that if banking activities were liberalized, they would not be provided by entities such as current banks.
Does this mean that banking would disappear? No. They would even be revived, they would be used more, they would be better adapted to the wishes of the users, they would be offered by a greater number of companies, there would be more and more diverse financial products, as happens whenever a sector is liberalized.
Today banks provide two very important, but very different types of activities. On the one hand, they create and register money (which is a public function); on the other, they provide payment and loan services to families and small and medium-sized companies (which are normally private activities). Today banks are very important, because these two types of activities – public and private – are essential for the economy to function. The problem is that they lend them very poorly.
First, they provide the money that we all use. The problem is that this private money is fragile money that needs the protection of the State to survive. Citizens now use that money because they have no alternative. But banks would stop providing this function if public and safe money were introduced. Without protections they would not be able to offer checking accounts and invest these funds in the long term.
To do this, banks will need to transform and become specialized providers of these services without being able to use customer funds in the way that they do now. They will have to become real intermediaries. But they could only do this if banks are given time to adapt to market and competition rules. Facilitating banks a smooth transition would not only be beneficial for their managers and workers, but also beneficial for all citizens, because the services they currently provide are very important and there would be no sudden changes in their provision.

It is obvious that the first interested parties in not changing the monetary and banking system are private banks, both its shareholders and its managers and workers. But not only they prefer to keep the current system. As is the case in other cases of monopolies and oligopolies, the benefits of a protected sector do not only result in the sector itself, but are distributed among other agents. There are industries that obtain privileged rates thanks to the monopoly and also politicians who can “sell” social rates to their constituents, without having to ask Parliament to raise taxes in order to pay for these policies. And this class of politicians would also suffer the liberalization of the corresponding sector.
When considering what the future of money will be like, it is not enough to analyze the current problems and design a reform that could avoid their damages. The problems of the current money system are serious. And the reform that could solve them is simple. But from there to think that the future of money and banking will be its reform, there is a long way to go. The reform has a long obstacle course ahead of it.

What role have new technologies played in sparking the safe money debate and the liberalization of banking? Are the new technologies going to produce a revolution, or a “disruption”, as they say now, in money and banking?
In recent years, bitcoin has flooded the media and its interest has had a lot to do with the new technology that made it possible, the so-called blockchain or “block technology”. Today there are some doubts about the current development of this technology, since its costs are high and it takes longer to make transactions than it takes now for banks or credit cards.
What role have new technologies played in sparking the safe money debate and the liberalization of banking? Are the new technologies going to produce a revolution, or a “disruption”, as they say now, in money and banking?
In recent years, bitcoin has flooded the media and its interest has had a lot to do with the new technology that made it possible, the so-called blockchain or “block technology”. Today there are some doubts about the current development of this technology, since its costs are high and it takes longer to make transactions than it takes now for banks or credit cards.
Little by little, it was considered that bitcoin was not money, but rather an investment similar to that of works of art or stamps, which can be very lucrative as long as there is more demand than supply, but that can collapse as long as that there are more investors who want to exit their investment in bitcoins than those who want to enter.
So it would not be accurate to say that blockchain technologies or other cryptocurrencies have sparked the debate about safe money; But, as we have said, the fact of talking about a possible digital money different from the current one, created by private banks, has helped to increase interest in public and safe digital money.
It is true that technological advances have dramatically increased the storage capacity and computing speed of computers, so the transformation of current bank money into public and safe money no longer has any technical problem. Now a Central Bank could handle the records of millions of accounts of all citizens without any problem, and could do so at practically the same cost as the records of the accounts of private banks are now maintained.
But if technologies are often necessary to undertake institutional reforms, they are not enough. Storage and computing technologies were already advanced at the end of the last century and some might wonder why, if we have had the technical possibility of implanting public and safe money for almost twenty years, it has taken so long for this debate to emerge. And is that surely there are other factors that have contributed in recent years to increase dissatisfaction with the current monetary and banking system.

In June 2019 Facebook proposed creating a “currency”, pound, so that millions of people who do not have a bank account but have a mobile could access payment services. It is an interesting example of those kinds of movements that will appear in the future, which, on the one hand, could worsen the current system and, therefore, we could describe as “cracks”, but which also have the virtue of animating the debate. on money and banking reform. And it serves to show how the vision of safe money helps judge this initiative.
At this time, a few months after the launch of this proposal, it is doubtful that the Libra project will succeed, but the debate it has opened about its dangers and about the regulation that should be applied to it is interesting.
One of the arguments used by some politicians to show the damage that the Libra project could cause is that money creation should not be left in the hands of private companies, because they could go into crisis.
If digital money were public, as banknotes are now, and citizens had their money backed by deposits in central banks, that battery of state protections and interventions would not be needed because public money is safe, it cannot generate crises banking.
Another problem with this battery of protections is that it is causing new companies that do not have them to be able to compete equally with banks in other activities, such as payment services. If the money became public we would not only gain stability, but by not having to protect banks because they would no longer create fragile money, these activities could be opened to competition without fear and any entity could offer them to users. in equal conditions. The money would be public and safe, and there would also be more market in these private activities.

Conclusion.
It doesn’t even make sense to start studying the proposal to abandon our secure digital money system and move to a private money creation system (cbDC). That change would mean the appearance of very serious damages and costs for the citizens without obtaining any clear benefit. The only benefit that proponents allege of privatizing money creation is that, in that system, the volume of debt in the economy would be greater than the level of debt that is now achieved by letting it be fixed by the market. We consider that it is not a benefit that families and companies get into more debt than they want.
In addition to not supplying any economic improvement, rather the opposite, this reform would force the laws of consumer protection, competition defense, general bankruptcy legislation and many other laws to be changed in order to favor private entities, as well as creating new public entities destined to supervise and protect them. Even the Constitution would have to be changed in order to give special treatment to specific companies, different from that given to the rest of the citizens and companies in the country.

2 pensamientos en “Adiós Al Dinero. Una Visión Distinta Del Dinero Y La Banca — Miguel Ángel Fernández Ordóñez / Goodbye To Money. A Different View of Money and Banking by Miguel Ángel Fernández Ordóñez (spanish book edition)

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