En Busca Del Fuego… Y Otras Historias Curiosas De La Antigüedad — José Antonio Cabezas / In Search of Fire … And Other Curious Stories of Antiquity by José Antonio Cabezas (spanish book edition)

Ante todo un libro muy didáctico y que se disfruta. Un libro muy interesante y cargado de historias muy curiosas de la Historia. Empieza en la Prehistoria, buscando los orígenes del control del fuego por el hombre, y continúa por las grandes civilizaciones hasta terminar en Roma y lugares de la península Ibérica.

El descubrimiento del método de prender fuego ha sido el más determinante para nuestra especie. Hay que partir de la base de que, en los albores de la humanidad, el ser humano era tan ignorante del fuego como lo son ahora el resto de los seres vivos. Es por esto que, desde siempre, el problema de cómo generar fuego de forma artificial ha movido la curiosidad humana desde el despertar de la consciencia. Cuando se logró controlar su encendido, se dominó uno de los elementos clave para el avance de la civilización. Por esta razón, el proceso de humanización se liga generalmente a la conquista y al uso del fuego.
Para algunos autores, el control del fuego es tan importante para el ser humano que pudo haber sido la precondición para la posterior domesticación de animales y plantas. Asimismo, constituyó una parte importante del predominio de la humanidad sobre el resto de los mamíferos. Para otros autores, el paso de lo natural a lo cultural estuvo centrado en la aparición de lo «cocido», lo que es una conquista cultural inherente al fuego y al dominio de este. Entendido así, el fuego pudo haber sido un descubrimiento esencial para el paso de la naturaleza a la cultura. El ser humano tomó entonces los mandos de un acto creador y esto le dio pie a manejar su propia vida.
Durante algo más de los dos primeros tercios del tiempo que ocupa el Paleolítico Inferior, los humanos vivían sin fuego.
Con el tiempo, el fuego ha dado origen a una multitud de descubrimientos hasta la actualidad, gracias al calor y la energía que proporciona. Así, por ejemplo, empezó a utilizarse en velas o lámparas para poder alumbrarse en la oscuridad, y constituyó un elemento fundamental de las revoluciones industriales. De hecho, a la máquina de vapor, cuyo descubrimiento suele atribuirse a la primera revolución industrial, a veces se la conocía como la «máquina de fuego». De esta forma, el ígneo elemento ha sido siempre indispensable, desde su descubrimiento, para la supervivencia económica, social y cultural. El mundo se ha ido parcelando —situando las fronteras entre los diferentes territorios— según los individuos iban controlando el fuego y, posteriormente, transformándolo en energía.
No obstante, en la conquista del fuego no todo ha sido positivo. A pesar de sus numerosas ventajas, ha tenido muchas consecuencias negativas, como la deforestación.

No hay mayor revolución en la Historia que aquella que conlleva un cambio total en los modos de vida de la humanidad. Si nos remontamos a los tiempos prehistóricos, uno de los mayores cambios socioeconómicos conocidos vino propiciado por el paso de la depredación del medio a la producción de los alimentos, del modo de vida nómada al sedentario y, expresado en otros términos, del Paleolítico al Neolítico.
En el Paleolítico, grosso modo, la economía depredadora de los pequeños grupos humanos nómadas se fundamentaba en la caza, la pesca y la recolección, teniendo prioridad unas u otras dependiendo del medio que se habitase. Sin embargo, por algún motivo —o varios— aún no esclarecido totalmente, hubo un momento de crisis en el que estas actividades económicas tuvieron que complementarse con otras de producción de alimentos para poder subsistir, pero pasando antes por un período intermedio que los prehistoriadores conocen como el Mesolítico.
El falo, según los estudios etnográficos, siempre se ha adorado como presencia todopoderosa de una divinidad y como signo del mágico poder de la fecundidad. No en vano, este órgano del hombre es un símbolo de lo divino en muchas sociedades agrarias antiguas. Y se ha podido comprobar que en otras partes del mundo también se usa como un amuleto o trofeo mágico.
La vetusta tradición de representar genitales, a parte de las culturas prehistóricas, perduró hasta la Antigüedad. En esta época se mantuvieron ciertos cultos fálicos, como los ofrecidos a los dioses Osiris, Dioniso o Baco. Asimismo, el culto a los órganos reproductores femeninos pudo derivar en la adoración de diosas madres, como Deméter, Isis, Cibeles o Ma, que aparecían siempre relacionadas con el culto a la fecundidad. Este culto a lo femenino tuvo una profunda raigambre en los antiguos pueblos del Oriente Próximo que, con el tiempo, llegaron a influir en las creencias grecorromanas y germánicas.

Gran Bretaña, con su clima lluvioso, no parece contar con las mejores condiciones ambientales posibles para poder preservar los cuerpos humanos inertes a través del tiempo. A priori, parece ser más propicio un clima cálido y seco, como el egipcio, para que se produzca una rápida desecación de los tejidos corporales, tras la pérdida de toda el agua que estos contienen, para su preservación. En Egipto, los cadáveres se embalsamaban para ser protegidos de la descomposición, ya que, según sus creencias, la preservación del cuerpo era una condición material previa para la vida en el Más Allá. No obstante, nuevos análisis científicos recientes practicados sobre unos antiguos restos óseos revelan que, en la Edad del Bronce, en tierras británicas, se llegó a practicar también la momificación, y eso pese al clima poco favorable para la mejor conservación de los restos hu­manos.
Es probable que estas antiguas gentes de los territorios británicos utilizaran una o varias formas de momificar a los muertos. Puede que los colocaran temporalmente en pantanos, que los ahumaran sobre un fuego o que los evisceraran, es decir, que les retiraran los órganos después de haber fallecido. Con este último supuesto es con el que más de acuerdo está Booth. Ciertamente, los resultados de estas investigaciones arrojan luz sobre las diferentes formas de tratamiento de los muertos en esta época prehistórica y, por qué no, dan pistas sobre cómo se pudieron organizar las sociedades europeas de la Edad del Bronce. Asimismo, se deja claro que los rituales funerarios, considerados siempre exóticos e incluso extraños, en realidad fueron practicados frecuentemente y durante cientos de años por los predecesores de los británicos, entre otros.

La civilización egipcia debe su importancia al río Nilo, tanto que algunos historiadores, como Heródoto, afirmaban que Egipto era un don del Nilo. Este río dador de vida, que nace en las entrañas del continente africano y discurre por este territorio durante cerca de 7.000 kilómetros, hasta que desemboca en el mar Mediterráneo, de forma indirecta también pudo ser el generador del antiguo nombre de Egipto. Se sabe que los egipcios llamaban a su país Kemet, que es una transliteración de km.t, que aparece en numerosos jeroglíficos. Su traducción ha generado bastante controversia entre los historiadores, ya que unos lo han traducido como «tierra de los negros» y otros como «tierra negra», aunque la segunda opción es la más aceptada.
El origen de esta palabra, al parecer, procedía de las inundaciones regulares que tenían lugar en las orillas del río Nilo. Se trataba de unas crecidas que dejaban el margen del río salpicado con una especie de limo de color negruzco que enriquecía el suelo, lo fertilizaba y lo preparaba para la producción agrícola.
Los egipcios, que llegaron a ser expertos en un sinfín de materias, destacaron por la gran preocupación que sentían por el cuidado del cuerpo. Llegaron a ser especialistas en cosmética, en perfumería, en la fabricación de aceites y ungüentos, tanto para uso estético como medicinal. Para ellos era de suma importancia mantener el cuerpo en un estado óptimo, por lo que cuidaban con esmero su alimentación, hacían regularmente ejercicio físico, se depilaban, tomaban baños aromáticos y relajantes, se embadurnaban con aceites y protegían su piel del sol. El clima árido y las elevadas temperaturas del país africano, junto a las numerosas enfermedades que acechaban a las gentes del antiguo Egipto, hicieron que tuvieran que valerse de sus conocimientos para protegerse de las adversidades y, de paso, para embellecerse. El cuidado personal era tan importante que los individuos que, por estas profesiones relacionadas con la belleza, entraban en contacto directo con el faraón se consideraban personas de alto nivel, ya que la figura faraónica en la Tierra era comparable a la de un dios.
El culto al cuerpo estaba tan arraigado en Egipto que incluso los faraones pagaban a sus trabajadores con indumentarias, aceites, perfumes, etc.
Por otro lado, no se puede hablar del cuidado al que se sometían los egipcios sin tener en cuenta los cosméticos, que desempeñaban un papel muy importante en el antiguo Egipto, ya que no solo se usaban para embellecer a los individuos, sino que también servían para librarlos de ciertas enfermedades y para higienizarlos. El cuidado del cuerpo era tan trascendente que las personas más solventes tenían reservadas en sus casas algunas estancias para poder asearse varias veces al día. Sin embargo, al pueblo llano no le quedaba más remedio que conformarse con lavarse en el río Nilo o en alguno de sus canales.
Volviendo al maquillaje, se conoce cuáles eran los cosméticos, aceites y ungüentos que se utilizaban antaño gracias a las anotaciones que se recogieron en dos papiros médicos que han llegado hasta la actualidad: el papiro de Ebers y el de Hearst. El primero fue hallado entre las piernas de una momia en una tumba de Assasif. Se trata del papiro más extenso que se ha encontrado hasta la fecha, ya que mide 20,25 metros de largo y 30 centímetros de ancho. Es una compilación de textos compuesto en el año 8 del reinado de Amenofis I, que pertenecía a la XVIII dinastía; se cree que los textos son anteriores. El segundo, el papiro de Hearst, fue escrito en la misma época que el anterior y, entre otros asuntos, recoge diversas recetas para la elaboración de cosméticos.
También sabemos que los perfumes eran un elemento básico del cuidado personal entre los hombres y las mujeres egipcios. A ellos se les atribuían propiedades higiénicas, porque disipaban los olores, y curativas, porque se pensaba que podían purificar el aire. Además, su utilización era un indicador de estatus social. Los perfumes se hacían a partir de la maceración de flores, frutos y semillas con diferentes grasas animales o aceites vegetales.
Respecto al maquillaje, se sabe que se usaba desde el período predinástico. Hacia 4000 a. C. comenzó a emplearse un pigmento verde para los ojos llamado udju, realizado con polvo de malaquita (óxido de cobre), goma aguada y agua con gran valor simbólico, que llegó a ser muy popular hasta los tiempos del Imperio Antiguo y Medio. Dejó de utilizarse porque empezó a ganar terreno el kohl (sulfito de plomo), un cosmético de color negro que perfilaba el ojo y que servía como protector del sol, de los insectos y de las enfermedades oculares, aunque contiene un compuesto tóxico. Este cosmético ya se utilizaba en el Im­perio Antiguo, pero no tuvo gran difusión hasta finales del Impe­rio Medio. El kohl, al principio, se aplicaba con los dedos, pero con el tiempo surgieron los lápices, que eran una especie de bastoncillo con el extremo en forma de bulbo.
Las pestañas, por su parte, se maquillaban con polvo de galena, y los párpados superiores se sombreaban con malaquita molida, azurita o kohl, siendo los tonos azules los favoritos. Del mismo modo, para dar color a las mejillas y a los labios se utilizaba el ocre rojizo (óxido de hierro) mezclado con grasa o resina para dar mayor consistencia. Para colorear las uñas, las palmas de las manos, las de los pies y el cabello se utilizaba la henna (alheña), que era un tinte natural de color rojizo que se sigue usando actualmente. Los dientes se limpiaban y blanqueaban con piedra pómez o agua mezclada con natrón. Este mineral fue empleado por los egipcios para el aseo del cuerpo, aunque también se utilizó para el proceso de momificación. El cuerpo, asimismo, se higienizaba con un jabón hecho a base de este mineral mezclado con ceniza y grasa.
Como decimos, para los egipcios, los perfumes, ungüentos, aceites y cosméticos eran de suma importancia, por lo que los guardaban en tarros de cristal, en frascos de alabastro o de vidrio de un color azulado.

El surgimiento de Babilonia es algo nebuloso y existen diversas opiniones acerca de su fundación. No obstante, según una gran parte de los especialistas, esta antigua ciudad pudo haber sido fundada por Sargón de Acad, aunque también hay quien opina que fue reconstruida por este sobre una ciudad que previamente conquistó. Lo único cierto es que, hasta ahora, la fuente más antigua conocida que menciona esta urbe data de tiempos del Imperio acadio, que formó Sargón de Acad en el siglo XXIV a. C. y que duró varios siglos.
Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XXI a. C., los amorreos y tidnum, unos grupos nómadas semitas que procedían del desierto de Arabia, expropiaron a Amar-Sin, el rey de Sumer y Acad, de parte de los territorios del centro de Mesopotamia (Acad), con la pretensión de penetrar en Kish. Pero fueron expulsados de esta última ciudad y sus posesiones quedaron limitadas a la orilla oeste del Éufrates, donde se encontraba Babilonia.

Durante los trabajos de Ur, los arqueólogos no solo hallaron una enorme necrópolis repleta de objetos preciosos, sino que también corroboraron que en las tumbas reales se practicaron rituales funerarios bastante complejos. Entre estos estaban los sacrificios humanos, de los que se evidenciaron 25 en el caso del enterramiento de la reina Pu-abum y 65 en el de su esposo. En el tiempo que duraron los trabajos de excavación de estas dos tumbas —entre los años 1927 y 1928— y durante la siguiente campaña, se descubrieron otros enterramientos de menor relevancia y otras nuevas tumbas reales. Entre las últimas sobresalió la PG/1.237, conocida como la Gran Fosa de la Muerte, ya que en su interior se encontraron los restos de 68 mujeres y 5 hombres.
En definitiva, el trabajo de este arqueólogo tuvo un merecido impacto en los medios de comunicación de su tiempo, y le otorgó bastante popularidad y reconocimiento. Sin embargo, lo más importante es la gran repercusión que tuvo en la comprensión de la historia de la antigua Mesopotamia y que sus hallazgos, que traslucían una ideología política y religiosa bastante compleja, estimularon los posteriores y minuciosos estudios de la zona. Tanto es así que todavía hoy se sigue debatiendo de forma apasionada sobre el caso arqueológico de Ur.

Hammurabi fue rey de Babilonia entre los años 1792 a. C. y 1750 a. C. Su reinado supuso la ascensión de Babilonia y de los nómadas amorreos, que se habían instalado en la región, a una posición preponderante entre las ciudades de Mesopotamia. Sin embargo, para llegar a conocer el verdadero alcance de sus gestas hay que remontarse a la Mesopotamia de hace cuatro milenios, cuando, sobre el año 2002 a. C., cayó el Imperio de la III dinastía de Ur. Su desplome representó el punto y final de la dilatada historia política del pueblo sumerio y llevó a Mesopotamia a un vacío de poder, que facilitó que una oleada de pueblos semitas, los amorreos, irrumpiera en la zona.
Los amorreos, procedentes del extenso desierto de Arabia y Siria, aprovechando esta situación favorable, comenzaron a instalarse en algunas ciudades mesopotámicas sin encontrar apenas impedimentos. En estas tierras, comenzaron a fundar nuevas dinastías, entre las que destacaron las de Assur, Ekallatum y Eshnunna, en la zona de la Alta Mesopotamia; la de Mari, en el curso medio del Éufrates, y las de Larsa y Babilonia, en la Baja Mesopotamia.

La civilización china, que es una de las más antiguas del mundo y que aún tiene continuidad en la actualidad, se originó en la cuenca del río Amarillo, donde surgieron las primeras dinastías Xia, Shang y Zhou. Su historia se conoce bastante bien porque hay evidencias de documentos escritos desde hace unos 3.500 años. Esto ha permitido que en China se desarrolle una tradición historiográfica muy precisa y, además, que esta proporcione una narración continuada desde las primeras dinastías hasta los tiempos contemporáneos. Según la mitología, la cultura china se inauguró con tres emperadores originarios, que fueron Fuxi, Shennong y Huang. Este último, conocido como el «emperador Amarillo», es considerado el verdadero creador de esta cultura. No obstante, el registro histórico no puede demostrar la existencia real de estos tres personajes legendarios que, según la tradición oral, habrían vivido hace unos 5.000 o 6.000 años.
La ciudad en la antigua China se mostraba como un símbolo de armonía y de orden cósmico. Su concepción estaba fundamentada en el principio de los «cuadrados», que se colocaban en torno a una vía principal siguiendo un eje definido de norte a sur —esta línea pasaba por todo el centro de la urbe—. El diseño arquitectónico y paisajístico estaba muy influenciado por el antiguo sistema filosófico chino del Feng Shui, basado en la ocupación consciente y armónica del espacio, con la finalidad de lograr una influencia positiva sobre los seres humanos que lo ocupan. El Feng Shui buscaba aprovechar la energía vital de la Tierra y de la naturaleza en beneficio de las personas. Por ende, algunas de las bases principales de la planificación urbana eran la disposición en retícula ortogonal y la geomancia. El plano ortogonal permitía parcelar y ordenar el espacio de una forma racional, a la vez que facilitaba el crecimiento urbano por la simple continuidad del trazado. Además, tal como dicta la geomancia, esta disposición racional urbana permitía disponer correctamente todas las calles y edificios en función de los flujos de energía de cada lugar.
El estilo Siheyuan formaba parte de la arquitectura tradicional de China. Consistía en la organización de las habitaciones de las casas en torno a un patio central, pero reproduciendo el esquema armonioso que proporcionaba el diseño urbano.

La influencia del Imperio romano en el templo de Salomón fue manifiesta y, además, molesta para los judíos. La obra no respondía plenamente a sus pretensiones religiosas, porque había algunos elementos que ofendían a la piedad judía. El rey Herodes I, de forma poco acertada, erigió dentro del conjunto algunas estatuas e, incluso, un águila de oro presidiendo la puerta principal. Asimismo, en otra de las puertas secundarias hizo inscribir el nombre del general y político romano Marco Agripa, para honrarlo. Las protestas no se hicieron esperar y, entre otras revueltas, unos jóvenes fariseos intentaron echar abajo el águila a hachazos, aunque finalmente fueron quemados por Herodes.
La renovación del segundo Templo de Jerusalén hecha por Herodes no duró demasiado. En 66 d. C., el pueblo judío se rebeló contra el Imperio romano, lo que trajo consigo graves consecuencias. En 70 d. C., las legiones romanas, bajo las órdenes de Tito, reconquistaron y destruyeron la mayor parte de Jerusalén y del segundo Templo. En el arco de Tito, que se erigió en Roma como conmemoración de la victoria de este general en Judea, se representó este acontecimiento y a los soldados romanos llevándose la Menorah del Templo. Pero la cosa no quedó ahí y Jerusalén volvió a ser arrasada por el emperador Adriano en el año 135 d. C. En la actualidad, en el lugar del Templo se ubica la Cúpula de la Roca, y de los restos del recinto sagrado tan solo queda el llamado Muro de las Lamentaciones, que formaba parte de la pared de contención de la explanada del antiguo Templo.

Los guerreros de terracota se crearon en masa, es decir, tenían moldes con los que fabricaban los brazos, las manos y la cabeza, aunque luego los escultores les añadían detalles y una expresión facial muy personal que los hace únicos. Los artesanos les pusieron varios tipos de pelo; colores de piel, que iban del oscuro al claro; orejas; ojos; cejas; vello facial diferente, como barba, bigote, etc., ya que el primer emperador quería recrear un ejército lo más fielmente posible. En este sentido, los investigadores han descubierto, tras analizar las orejas de todos los soldados, que no hay dos orejas iguales. Solo tienen ciertas similitudes, ya que los artesanos, a pesar de hacerlas con molde, las dotaban de rasgos personales. El cuerpo se hacía por separado, enrollando capas de arcilla para conseguir la forma deseada. Los arqueólogos se han percatado de este último dato porque muchos guerreros han aparecido destruidos. Antes se enyesaban estos desperfectos, pero ahora se ensamblan todas las partes rotas y se exponen con todo su esplendor.
Los guerreros brotaron de la tierra desprovistos de armas, muchos de ellos destruidos debido a las numerosas revueltas que siguieron a la muerte del primer emperador. El general Xiang Yu, descendiente de la nobleza Chu, se puso al mando de una hueste de rebeldes que entraron en la tumba del emperador y la saquearon y quemaron. De ahí que hayan aparecido restos de carbón mezclados con arcilla en la superficie. Finalmente, la vegetación se abrió camino y selló la tumba de Qin Shi Huang Di, que permanecería oculta hasta 1974, cuando el granjero antes citado abrió la puerta de una dinastía que continuaba dormida en la Historia.

En la Antigüedad, se conocía por el nombre de pueblos etruscos a aquellos que se desarrollaron en la región de Etruria, que ocupaba las tierras que estaban ubicadas entre los ríos Tíber y Arno, y que tuvieron lugar desde la ruptura de la unidad de la cultura apenínica, alrededor de los siglos XII y X a. C., hasta la conquista de las ciudades etruscas por los romanos, que finalizó con la toma de Volsinii en el año 265 a. C.
A lo largo de la Historia, nunca ha habido acuerdo entre los historiadores sobre el origen del pueblo tirreno, ya que todavía se discute acerca de si tuvieron una procedencia foránea o autóctona. Lo único cierto es que se desarrollaron en Etruria y que recibieron unas fuertes influencias del exterior. La riqueza en metales con la que su región contaba propició que establecieran contactos con los micénicos desde muy temprano y que se incorporasen a los circuitos comerciales mediterráneos un poco más tarde.
Los etruscos, de forma similar a los griegos, nunca llegaron a establecer un poder estatal centralizado, sino que se organizaron en ciudades autónomas.
El origen de la civilización etrusca es, como ya hemos mencionado, uno de los grandes misterios que aún persisten de la Italia protohistórica. De este pueblo que, como en parte se ha visto, alcanzó un gran avance político, social, económico, religioso, etc., aún no se conoce del todo su procedencia. Lo que sí se sabe es que estando los etruscos bajo el dominio de los romanos, entre los siglos III a. C. y I a. C., llegaron a ser vistos por estos y por los griegos como un pueblo en decadencia. Pero, aunque la lengua etrusca desapareció, no ocurrió lo mismo con una buena parte de su población, que pervivió entre los romanos.

Pilato, a los ojos de la Historia, puede parecer un tipo petulante, obstinado y cruel. No obstante, pudo desempeñar su cargo durante diez años, con lo que superaba a la mayoría de los prefectos de Judea, que solían durar mucho menos. Esto da a entender que para Roma fue un gobernador bastante competente.

Tartessos es un gran desconocido para los estudiosos actuales porque, a pesar de los muchos trabajos que se han realizado sobre este antiguo reino, todavía hay muchos datos que no se saben. Entre otros, se ignora su proceso formativo, su lengua y escritura, no se sabe si el ritual de incineración fue introducido por los orientales o si es autóctono, y no hay constancia de si las técnicas minero-metalúrgicas eran conocidas por los autóctonos del Bronce Final de la península Ibérica. Esto se debe, en parte, a que la documentación arqueológica, basada en muchos casos en simples catas, es bastante incompleta, además del carácter epistemológico y metodológico de los estudios, y de las posturas que cada autor toma. Unos apuestan por el carácter autóctono de la cultura tartesia, mientras que otros lo hacen por el difusionista, según el cual son los pueblos orientales los que aportan sus gentes, ideas y productos a la península Ibérica.
Lo cierto es que, en el siglo X a. C., según los relatos del Antiguo Testamento, las naves de Salomón, el rey de Israel, regresaban a su tierra cada tres años cargadas de oro de un misterioso y remoto lugar conocido como Tarsis.
El descubrimiento del tesoro de El Carambolo, al que se le llamó de este modo por haberse encontrado en un cerro con 91 metros de altitud con este nombre, llamó mucho la atención a todos los foros científicos. Más aún cuando muchos de los investigadores se resignaban ya a una Tartessos que rozaba lo virtual. Este yacimiento pasó a ser un referente de la cultura tartesia y Juan de Mata Carriazo el padrino del gran hallazgo. Este investigador, durante tres años, se encargó de excavar el yacimiento de El Carambolo y de hacer la cultura tartesia palpable descubriendo muros, cotejando niveles estratigráficos, clasificando cerámicas, etc. Con esto se demostró que Tartessos era algo más que una leyenda de los tiempos antiguos.
Los especialistas llegaron a trazar un mapa del territorio que pudo haber ocupado la civilización de Tartessos, abarcando la parte de la mitad meridional de la península Ibérica. De este modo quedaron vinculados con Tartessos diversos yacimientos, como La Colina de los Quemados, en la provincia de Córdoba; El Gandul y Carmona, en la de Sevilla; La Joya y el Cabezo de San Pedro, en la de Huelva; Medellín y Cancho Roano, en Badajoz, e incluso el yacimiento de Alcácer do Sal, en Portugal. Asimismo, también es posible citar como tartesia la Asta Regia romana, en la población gaditana de Mesas de Asta. El vocablo «regia» puede ser una extraordinaria pista sobre el modo en el que se organizaron políticamente en Tartessos. Algunos especialistas, como Manuel Bendala, intuyen que estas tierras pudieron haber sido gobernadas por alguna élite tartésica antes de que le pusieran nombre los romanos.

Los fenicios de finales del II milenio a. C. fueron los herederos de la gran tradición marinera de los pueblos cananeos que estuvieron asentados en la costa fenicia durante una gran parte de ese milenio. Según los textos que se conservan, eran capaces de surcar los mares incluso de noche, ayudados por unas ánforas horadadas y encendidas que colgaban en la proa de sus naves para iluminarse. Además, tenían la fama de avanzar más rápido que los marineros griegos, que usaban la navegación de cabotaje. Estos fenicios, que como se observa eran muy hábiles en el mar, se atrevieron a navegar, por aquel entonces, incluso por las peligrosas aguas del Atlántico. Sus naves, que procedían de Tiro y Sidón, antiguas ciudades que se encontraban en el actual territorio del Líbano, consiguieron dejar atrás el estrecho de Gibraltar y navegar por este océano tan poco conocido para ellos. Tras pasar las llamadas Columnas de Heracles, ya en aguas atlánticas, pudieron apreciar la zona en la que después se fundaría la ciudad de Gadir. Se trataba de un punto costero que contaba con un puerto natural y ofrecía un resguardo excepcional a los navíos que venían del Mediterráneo oriental.
Según parece en el siglo I a. C., un antiguo historiador griego llamado Posidonio narró el nacimiento de Gadir.
No se sabe mucho sobre la apariencia que pudo tener la antigua ciudad de Gadir, aparte de que contó con la presencia de dos templos, uno dedicado a la diosa Astarté y el otro al dios Melkart, la principal divinidad de Tiro. Se han encontrado algunos exvotos, en forma de figurillas de bronce que representaban a Melkart, en el contexto de este último santuario. Estos hallazgos dan pistas sobre la gran religiosidad de los fenicios y de su devoción por este dios de los marinos. Además de los templos, también fue característico de Gadir su magnífico fondeadero, que contaba con un doble puerto natural ubicado en el tómbolo que se encontraba entre las islas de Erytheia y Kotinoussa. Sin lugar a dudas, este fue un puerto privilegiado en el contexto del sistema de relaciones comerciales que se mantuvieron entre el Oriente Próximo, el norte de África y la Europa atlántica.
Como ciudad volcada al mar y al comercio, la economía de Gadir se sustentaba en los intercambios que llevaba a cabo con los pueblos mediterráneos y atlánticos, en la pesca del atún y en la exportación del garum, una salsa de vísceras de pescado que gustaba mucho a los romanos. Con su gran experiencia marina, desde la urbe gaditana, estos arrojados navegantes exploraron el océano Atlántico desde el golfo de Guinea hasta el mar del Norte. Algunos autores han llegado a pensar, aunque no se ha demostrado, que estos marinos llegaron incluso a circunnavegar el continente africano y que pudieron llegar a Brasil. Asimismo, además de las esplendidas cualidades en el mar de las gentes de Gadir, también fueron muy afamadas sus bailarinas, conocidas como las puellae gaditanae, aunque no se sabe con certeza si realmente se trataba de bailarinas, cantantes o instrumentistas.

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First of all a very didactic book that is enjoyed. A very interesting book and loaded with very curious stories from History. It begins in Prehistory, looking for the origins of human control of fire, and continues through the great civilizations until ending in Rome and places on the Iberian Peninsula.

The discovery of the method of setting fire has been the most determining for our species. It is necessary to start from the basis that, at the dawn of humanity, the human being was as ignorant of fire as the rest of living beings are now. This is why the problem of how to artificially generate fire has always moved human curiosity since the awakening of consciousness. When it was possible to control its ignition, one of the key elements for the advance of civilization was mastered. For this reason, the humanization process is generally linked to the conquest and use of fire.
For some authors, fire control is so important to humans that it may have been the precondition for the subsequent domestication of animals and plants. Likewise, it constituted an important part of the predominance of humanity over the rest of the mammals. For other authors, the transition from the natural to the cultural was centered on the appearance of the “cooked”, which is an inherent cultural conquest of fire and its dominance. Understood in this way, fire could have been an essential discovery for the passage from nature to culture. The human being then took the controls of a creative act and this gave him the opportunity to manage his own life.
For more than the first two thirds of the time that the Lower Paleolithic occupied, humans lived without fire.
Over time, fire has spawned a multitude of discoveries to date, thanks to the heat and energy it provides. Thus, for example, it began to be used in candles or lamps to be able to light up in the dark, and was a fundamental element of industrial revolutions. In fact, the steam engine, whose discovery is often attributed to the first industrial revolution, was sometimes known as the “fire engine.” In this way, the fiery element has always been indispensable, since its discovery, for economic, social and cultural survival. The world has been dividing up – locating the borders between the different territories – as individuals were controlling the fire and, later, transforming it into energy.
However, in the conquest of fire not everything has been positive. Despite its numerous advantages, it has had many negative consequences, such as deforestation.

There is no greater revolution in history than that which entails a total change in the ways of life of humanity. If we go back to prehistoric times, one of the greatest known socio-economic changes was caused by the change from the predation of the environment to the production of food, from the nomadic to the sedentary way of life and, in other words, from the Paleolithic to the Neolithic .
In the Paleolithic, roughly speaking, the predatory economy of small nomadic human groups was based on hunting, fishing and gathering, with one or the other having priority depending on the environment inhabited. However, for some reason – or several – not yet fully clarified, there was a moment of crisis in which these economic activities had to be complemented by other food production activities in order to survive, but before going through an intermediate period that prehistorians know like the Mesolithic.
The phallus, according to ethnographic studies, has always been worshiped as the almighty presence of a divinity and as a sign of the magical power of fertility. Not surprisingly, this organ of man is a symbol of the divine in many ancient agrarian societies. And it has been verified that in other parts of the world it is also used as a magic amulet or trophy.
The ancient tradition of representing genitals, apart from prehistoric cultures, lasted until Antiquity. At this time certain phallic cults remained, such as those offered to the gods Osiris, Dionysus or Bacchus. Likewise, the cult of the female reproductive organs could derive in the worship of mother goddesses, such as Demeter, Isis, Cybele or Ma, who always appeared related to the cult of fertility. This cult of the feminine had a deep roots in the ancient peoples of the Near East that, over time, came to influence Greco-Roman and Germanic beliefs.

Britain, with its rainy climate, does not appear to have the best possible environmental conditions to preserve inert human bodies over time. A priori, a hot and dry climate, like the Egyptian one, seems to be more conducive for a rapid drying of the body tissues, after the loss of all the water they contain, for their preservation. In Egypt, corpses were embalmed to be protected from decomposition, since, according to their beliefs, the preservation of the body was a material precondition for life in the Hereafter. However, new recent scientific analyzes carried out on ancient bone remains reveal that, in the Bronze Age, in British lands, mummification was also practiced, despite the unfavorable climate for the better conservation of human remains.
It is likely that these ancient people in the British territories used one or more ways to mummify the dead. They may have been temporarily placed in swamps, smoked over a fire, or eviscerated, that is, their organs removed after death. Booth agrees with this last assumption. Certainly, the results of these investigations shed light on the different forms of treatment of the dead in this prehistoric era and, why not, give clues about how European societies of the Bronze Age could be organized. Likewise, it is made clear that funeral rituals, always considered exotic and even strange, were actually practiced frequently and for hundreds of years by the British’s predecessors, among others.

Egyptian civilization owes its importance to the Nile River, so much so that some historians, such as Herodotus, affirmed that Egypt was a gift of the Nile. This life-giving river, which is born in the bowels of the African continent and runs through this territory for about 7,000 kilometers, until it empties into the Mediterranean Sea, indirectly it could also be the generator of the ancient name of Egypt. The Egyptians are known to have called their country Kemet, which is a transliteration of km.t, which appears in numerous hieroglyphs. Its translation has generated considerable controversy among historians, since some have translated it as “land of blacks” and others as “black land”, although the second option is the most accepted.
The origin of this word, apparently, came from the regular floods that took place on the banks of the Nile River. It was about floods that left the river bank dotted with a kind of blackish silt that enriched the soil, fertilized and prepared it for agricultural production.
The Egyptians, who became experts in countless subjects, stood out for their great concern for body care. They became specialists in cosmetics, perfumery, in the manufacture of oils and ointments, both for aesthetic and medicinal use. For them it was of utmost importance to maintain the body in an optimal state, so they carefully took care of their diet, regularly exercised, waxed, took aromatic and relaxing baths, smeared with oils and protected their skin from the sun. The arid climate and the high temperatures of the African country, together with the numerous diseases that haunted the people of ancient Egypt, made them have to use their knowledge to protect themselves from adversity and, incidentally, to beautify themselves. Personal care was so important that individuals who, through these beauty-related professions, came into direct contact with the pharaoh were considered to be high-level people, since the pharaonic figure on Earth was comparable to that of a god.
The cult of the body was so ingrained in Egypt that even the pharaohs paid their workers with clothing, oils, perfumes, etc.
On the other hand, one cannot speak of the care to which the Egyptians were subjected without taking into account cosmetics, which played a very important role in ancient Egypt, since they were not only used to beautify individuals, but also served to rid them of certain diseases and to sanitize them. The care of the body was so important that the most solvent people had reserved some rooms in their homes to be able to clean themselves several times a day. However, the plain people had no choice but to settle for washing in the Nile River or in one of its channels.
Going back to makeup, it is known what were the cosmetics, oils and ointments that were used in the past thanks to the annotations that were collected in two medical papyri that have survived to the present day: the Ebers papyrus and the Hearst papyrus. The first was found between the legs of a mummy in an Assasif tomb. It is the most extensive papyrus that has been found to date, since it measures 20.25 meters long and 30 centimeters wide. It is a compilation of texts composed in year 8 of the reign of Amenophis I, which belonged to the 18th dynasty; the texts are believed to be earlier. The second, the Hearst papyrus, was written at the same time as the previous one and, among other matters, it contains various recipes for making cosmetics.
We also know that perfumes were a staple of self-care among Egyptian men and women. They were attributed hygienic properties, because they dissipated odors, and curative, because they were thought to purify the air. Furthermore, its use was an indicator of social status. Perfumes were made from the maceration of flowers, fruits and seeds with different animal fats or vegetable oils.
Regarding makeup, it is known that it was used since the pre-dynastic period. Towards 4000 a. C. began to use a green pigment for the eyes called udju, made with malachite powder (copper oxide), gum and water with great symbolic value, which became very popular until the times of the Old and Middle Kingdom. It stopped being used because kohl (lead sulphite) began to gain ground, a black cosmetic that outlined the eye and served as a protector from the sun, insects and eye diseases, although it contains a toxic compound. This cosmetic was already used in the Old Kingdom, but it did not have great diffusion until the end of the Middle Kingdom. The kohl, at first, was applied with the fingers, but over time the pencils emerged, which were a kind of stick with the end in the shape of a bulb.
The eyelashes, meanwhile, were made up with galena powder, and the upper eyelids were shaded with ground malachite, azurite or kohl, with blue tones being the favorites. Similarly, to color the cheeks and lips, reddish ocher (iron oxide) mixed with grease or resin was used to give greater consistency. Henna (henna) was used to color the nails, palms, feet and hair, which was a natural reddish dye that is still used today. Teeth were cleaned and bleached with pumice stone or water mixed with natron. This mineral was used by the Egyptians for the cleaning of the body, although it was also used for the mummification process. The body was also sanitized with a soap made from this mineral mixed with ash and fat.
As we say, for the Egyptians, perfumes, ointments, oils and cosmetics were of utmost importance, so they were kept in glass jars, in alabaster or glass jars of a bluish color.

The rise of Babylon is somewhat hazy, and there are diverse opinions about its foundation. However, according to a large part of the specialists, this ancient city may have been founded by Sargon of Acad, although there are also those who think that it was rebuilt by him on a city that he previously conquered. The only certainty is that, until now, the oldest known source mentioned by this city dates from the times of the Akkadian Empire, which formed Sargon of Acad in the XXIV century BC. C. and that lasted several centuries.
However, in the second half of the XXI century a. C., the Amorites and Tidnum, some Semitic nomadic groups that came from the Arabian desert, expropriated Amar-Sin, the king of Sumer and Acad, from part of the territories of central Mesopotamia (Acad), with the intention of penetrating in Kish. But they were expelled from this last city and their possessions were limited to the west bank of the Euphrates, where Babylon was located.

During Ur’s work, archaeologists not only found a huge necropolis filled with precious objects, but also corroborated that rather complex burial rituals were practiced in the royal tombs. Among these were human sacrifices, of which 25 were evidenced in the case of the burial of Queen Pu-abum and 65 in that of her husband. During the time the excavation of these two tombs lasted —between the years 1927 and 1928— and during the following campaign, other less important burials and other new royal tombs were discovered. Among the latter, PG / 1,237, known as the Great Death Pit, stood out, as the remains of 68 women and 5 men were found inside.
In short, the work of this archaeologist had a deserved impact in the media of his time, and gave him considerable popularity and recognition. However, the most important thing is the great impact it had on the understanding of the history of ancient Mesopotamia and that its findings, which revealed a rather complex political and religious ideology, stimulated subsequent and detailed studies of the area. So much so that even today there is still a passionate debate about the archaeological case of Ur.

Hammurabi was king of Babylon between the years 1792 a. C. and 1750 a. Its reign supposed the ascent of Babylonia and of the amorreos nomads, who had settled in the region, to a preponderant position between the cities of Mesopotamia. However, to get to know the true scope of their exploits, one must go back to Mesopotamia four millennia ago, when, around 2002 BC. C., the Empire of the III dynasty of Ur fell. Its collapse represented the end point of the long political history of the Sumerian people and led Mesopotamia to a power vacuum, which facilitated a wave of Semitic peoples, the Amorites, break into the area.
The Amorites, coming from the vast desert of Arabia and Syria, taking advantage of this favorable situation, began to settle in some Mesopotamian cities with hardly any obstacles. In these lands, new dynasties began to be founded, among which those of Assur, Ekallatum and Eshnunna, in the area of Upper Mesopotamia; that of Mari, in the middle course of the Euphrates, and those of Larsa and Babylon, in Lower Mesopotamia.

The Chinese civilization, which is one of the oldest in the world and still continues today, originated in the Yellow River basin, where the first Xia, Shang and Zhou dynasties emerged. Its history is well known because there is evidence of written documents from around 3,500 years ago. This has allowed a very precise historiographical tradition to develop in China and, in addition, it has provided a continuous narration from the earliest dynasties to contemporary times. According to mythology, Chinese culture was inaugurated with three original emperors, who were Fuxi, Shennong and Huang. The latter, known as the “Yellow Emperor”, is considered the true creator of this culture. However, the historical record cannot demonstrate the actual existence of these three legendary characters who, according to oral tradition, would have lived some 5,000 or 6,000 years ago.
The city in ancient China was shown as a symbol of harmony and cosmic order. Its conception was based on the principle of “squares”, which were placed around a main road following a defined axis from north to south —this line passed through the entire center of the city. The architectural and landscape design was heavily influenced by the ancient Chinese philosophical system of Feng Shui, based on the conscious and harmonious occupation of space, in order to achieve a positive influence on the human beings who occupy it. Feng Shui sought to harness the vital energy of Earth and nature for the benefit of people. Thus, some of the main bases of urban planning were orthogonal grid layout and geomancy. The orthogonal plan allowed to plot and order the space in a rational way, while facilitating urban growth due to the simple continuity of the layout. In addition, as geomancy dictates, this rational urban arrangement allowed all streets and buildings to be correctly arranged according to the energy flows of each place.
The Siheyuan style was part of the traditional architecture of China. It consisted of organizing the rooms of the houses around a central patio, but reproducing the harmonious scheme that urban design provided.

The influence of the Roman Empire in the temple of Solomon was manifest and, in addition, annoying for the Jews. The work did not fully respond to their religious claims, because there were some elements that offended Jewish piety. King Herod I, in an unsuitable way, erected some statues within the complex and even a golden eagle presiding over the main door. Also, in another of the secondary doors he had the name of the Roman general and politician Marco Agripa inscribed, to honor him. The protests were immediate and, among other revolts, some young Pharisees tried to knock the eagle down with axes, although they were finally burned by Herod.
Herod’s renovation of the Second Temple in Jerusalem did not last long. In 66 d. C., the Jewish people rebelled against the Roman Empire, which brought with it serious consequences. In 70 d. C., the Roman legions, under the orders of Titus, reconquered and destroyed most of Jerusalem and the Second Temple. In the Arch of Titus, which was erected in Rome as a commemoration of the victory of this general in Judea, this event was represented and the Roman soldiers taking the Menorah from the Temple. But the thing did not stop there and Jerusalem was again devastated by the emperor Hadrian in 135 AD. C. Currently, in the place of the Temple is the Dome of the Rock, and of the remains of the sacred precinct only the so-called Wailing Wall remains, which was part of the retaining wall of the esplanade of the old Temple .

Terracotta warriors were created en masse, that is, they had molds with which they made arms, hands and head, although later the sculptors added details and a very personal facial expression that makes them unique. The artisans put various types of hair on them; skin colors, ranging from dark to light; ears; eyes; eyebrows; different facial hair, such as beard, mustache, etc., since the first emperor wanted to recreate an army as faithfully as possible. In this sense, the researchers have discovered, after analyzing the ears of all the soldiers, that no two ears are the same. They only have certain similarities, since the craftsmen, despite making them with a mold, endowed them with personal traits. The body was made separately, rolling layers of clay to achieve the desired shape. Archaeologists have noticed this last fact because many warriors have appeared destroyed. Before, these flaws were plastered, but now all the broken parts are assembled and exposed in all their splendor.
Warriors sprouted from the land devoid of weapons, many of them destroyed due to the numerous revolts that followed the death of the first emperor. General Xiang Yu, a descendant of the Chu nobility, placed himself in command of a host of rebels who entered the emperor’s tomb and plundered and burned it. Hence, remains of coal mixed with clay have appeared on the surface. Finally, the vegetation made its way and sealed the tomb of Qin Shi Huang Di, which would remain hidden until 1974, when the aforementioned farmer opened the door of a dynasty that was still asleep in history.

In Antiquity, the name Etruscan peoples was known to those that developed in the Etruria region, which occupied the lands that were located between the Tiber and Arno rivers, and that took place since the rupture of the unity of culture apenínica, around centuries XII and X a. C., until the conquest of the Etruscan cities by the Romans, which ended with the taking of Volsinii in the year 265 BC. C.
Throughout history, there has never been agreement among historians on the origin of the Tyrrhenian people, since there is still debate about whether they had a foreign or indigenous origin. The only certainty is that they were developed in Etruria and that they received strong influences from abroad. The richness of metals that their region had led them to establish contacts with the Mycenaeans very early and to join the Mediterranean commercial circuits a little later.
The Etruscans, similar to the Greeks, never came to establish a centralized state power, but organized in autonomous cities.
The origin of the Etruscan civilization is, as we have already mentioned, one of the great mysteries that still persist in protohistoric Italy. Of this town that, as it has been seen in part, reached a great political, social, economic, religious advance, etc., its origin is still not completely known. What is known is that the Etruscans were under the control of the Romans, between the 3rd century BC. C. and I a. C., came to be seen by these and by the Greeks as a people in decline. But, although the Etruscan language disappeared, the same did not happen with a good part of its population, which survived among the Romans.

Pilate, in the eyes of history, may seem like a petulant, stubborn and cruel guy. However, he was able to serve for ten years, outnumbering most Judean prefects, who used to last much less. This implies that for Rome he was a quite competent governor.

Tartessos is a great unknown to current scholars because, despite the many works that have been done on this ancient kingdom, there is still a lot of data that is not known. Among others, its formative process, its language and writing are unknown, it is not known if the cremation ritual was introduced by the Orientals or if it is indigenous, and there is no record of whether the mining-metallurgical techniques were known to the indigenous people of the Bronze End of the Iberian Peninsula. This is due, in part, to the fact that the archaeological documentation, based in many cases on simple tastings, is quite incomplete, in addition to the epistemological and methodological nature of the studies and the positions that each author takes. Some bet on the autochthonous character of the Tartessian culture, while others do it for the diffusionist, according to which it is the eastern peoples who contribute their people, ideas and products to the Iberian peninsula.
The certain thing is that, in century X a. C., according to the Old Testament accounts, the ships of Solomon, the king of Israel, returned to their land every three years loaded with gold from a mysterious and remote place known as Tarshish.
The discovery of the treasure of El Carambolo, which was called in this way for having been found on a hill with 91 meters of altitude with this name, drew much attention to all scientific forums. Even more so when many of the researchers were already resigned to a Tartessos that was bordering on the virtual. This site became a benchmark for the Tartessian culture and Juan de Mata Carriazo the godfather of the great find. This researcher, for three years, was in charge of excavating the El Carambolo deposit and making the Tartessian culture palpable by discovering walls, comparing stratigraphic levels, classifying ceramics, etc. This proved that Tartessos was more than just a legend from ancient times.
Specialists came to draw a map of the territory that the Tartessos civilization may have occupied, covering the southern half of the Iberian Peninsula. In this way, various sites were linked to Tartessos, such as La Colina de los Quemados, in the province of Córdoba; El Gandul y Carmona, in that of Seville; La Joya and Cabezo de San Pedro, in Huelva; Medellín and Cancho Roano, in Badajoz, and even the Alcácer do Sal deposit, in Portugal. Likewise, it is also possible to cite as tartesia the Roman Asta Regia, in the Cadiz town of Mesas de Asta. The word “regia” may be an extraordinary clue to the way in which they organized politically in Tartessos. Some specialists, such as Manuel Bendala, intuit that these lands could have been ruled by some Tartessian elite before the Romans named it.

The Phoenicians of the end of the 2nd millennium BC. C. were the heirs of the great seafaring tradition of the Canaanite peoples who were settled on the Phoenician coast for a large part of that millennium. According to the texts that are preserved, they were able to sail the seas even at night, helped by pierced and lighted amphoras that hung at the bow of their ships to light up. Furthermore, they were reputed to advance faster than Greek sailors, who used cabotage navigation. These Phoenicians, who, as can be seen, were very skilled at sea, dared to navigate, at that time, even through the dangerous waters of the Atlantic. Their ships, which came from Tire and Sidon, ancient cities that were in the current territory of Lebanon, managed to leave the Strait of Gibraltar behind and navigate this ocean so little known to them. After passing the so-called Columns of Heracles, already in Atlantic waters, they were able to appreciate the area in which the city of Gadir would later be founded. It was a coastal point that had a natural port and offered exceptional shelter to ships coming from the eastern Mediterranean.
Apparently in the 1st century BC. C., an ancient Greek historian named Posidonius narrated the birth of Gadir.
Not much is known about the appearance of the ancient city of Gadir, apart from the fact that it had the presence of two temples, one dedicated to the goddess Astarté and the other to the god Melkart, the main divinity of Tire. Some votive offerings, in the form of bronze figurines representing Melkart, have been found in the context of this last sanctuary. These findings give clues to the great religiosity of the Phoenicians and their devotion to this god of the sailors. In addition to the temples, its magnificent anchorage was also characteristic of Gadir, which had a double natural port located in the Tombolo that was between the islands of Erytheia and Kotinoussa. Undoubtedly, this was a privileged port in the context of the system of trade relations that were maintained between the Middle East, North Africa and Atlantic Europe.
As a city focused on the sea and commerce, Gadir’s economy was based on the exchanges it carried out with the Mediterranean and Atlantic peoples, on the fishing of tuna and on the export of garum, a sauce of fish guts that was very popular. to the Romans. With their great marine experience, from the Cadiz city, these bold sailors explored the Atlantic Ocean from the Gulf of Guinea to the North Sea. Some authors have even thought, although it has not been shown, that these sailors even circumnavigated the African continent and that they could have reached Brazil. Also, in addition to the splendid qualities in the sea of the people of Gadir, their dancers, known as the puellae gaditanae, were also very famous, although it is not known with certainty if they were really dancers, singers or instrumentalists.

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