Librerías by Jorge Carrión / Bookshops: A Reader’s History by Jorge Carrión

El libro fue finalista del 41 edición del Premio Anagrama de Ensayo.
Este no fue el primer libro de historia de librerías que había visto. Me atrajo no solo por mi amor por la lectura y los libros, sino también por mi historia personal con los libros de mi Padre, que fue coleccionista de libros durante mucho tiempo y ahora es dueño de su deseos. Me encantó la frase de los primeros capítulos, “… la librería es líquida, provisional, dura solo mientras sea capaz de mantener una idea a lo largo del tiempo con cambios mínimos. La Biblioteca es la estabilidad. La Librería distribuye; la Biblioteca conserva. ” ¡Qué cierto es eso! El trabajo de la librería es distribuir la palabra impresa, y agradezco el desafío de cualquiera que quiera argumentar en contra de la idea de que la palabra impresa fue el mayor invento hecho por el hombre en la historia. El autor aquí hace un trabajo maravilloso al enmarcar la importancia de la librería en nuestro patrimonio cultural y nos guía a través de una breve historia de la librería.
El autor es catalán y el libro fue escrito originalmente en español. Debido a esto, puede ser difícil para un lector anglosajón, comprender todas las referencias a la historia ibérica y latinoamericana y relacionarse con todos los nombres y librerías en esa parte del mundo. Esto resultó en muchas partes aburridas de los libros que me dejaron con ganas.
Me encantó su viaje por el mundo y me dio excelentes librerías para visitar cada vez que tengo la oportunidad, así como una breve historia de la cadena de tiendas de libros que dominan el mercado actual. En general, es un buen libro para los amantes de los libros que se pierde en el contexto cultural del autor.

Cualquier libro titulado “Librerías: la historia de un lector” debería ser fascinante y naturalmente atractivo para un lector apasionado. Sin embargo, además del tema de la traducción, está la tendencia del autor a moverse con una velocidad vertiginosa entre partes muy diferentes del mundo y la librería que está describiendo en cada una, desde París a Buenos Aires o desde Italia a Venezuela, dentro del mismo párrafo. También hay muchos nombres de autores y editores. Ese es mi problema, por supuesto, pero sería más amable para el lector saber que estos no son necesariamente nombres conocidos. Ah, y las imágenes son interesantes, a veces no es obvio cómo se relacionan con el texto.
En el mejor de los casos, el libro proporciona algunas descripciones interesantes de librerías, presente y pasado, y pequeños fragmentos de la historia, así como algunas reflexiones sobre el futuro de la lectura.
La mayoría de los amantes de los libros probablemente puedan aislar un momento de la infancia o la adolescencia cuando una librería desempeñó un papel transformador en su vida. Jorge Carrión aprovechó ese momento y lo convirtió en una obsesión de por vida, visitando librerías en todos los continentes donde existen e investigando exhaustivamente la historia de las librerías en general y algunas de las más famosas e influyentes en particular. El volumen de Carrión combina viajes, historia y relatos anecdóticos de encuentros con librerías y personalidades singularmente dedicadas, igualmente obsesionadas y a veces excéntricas que dedican sus vidas al comercio minorista de libros. Gran parte del libro de Carrión está estructurado de esta manera: nos lleva a un lugar (Cuba, Inglaterra, Lisboa, Sídney, Tánger), proporciona una visión selectiva detallada de la cultura del libro de la región, con referencia específica a las personas y librerías que inspiraron y contribuyeron a eso, y luego se sitúa en medio de todo. Es una estrategia narrativa efectiva, una que le permite mostrar su amplia erudición sobre su tema y al mismo tiempo satisfacer su pasión por la librería como institución cultural. La discusión de Carrión incluye secciones informativas sobre la librería como símbolo de resistencia política, librerías de sorprendente longevidad y librerías como paradigmas de belleza arquitectónica e innovación. Librerías: La historia de un lector está repleta de pepitas esclarecedoras y sorprendentes de la larga historia de la producción, venta y posesión de libros. Pero, aparte de los hechos y las cifras, el impulso para el volumen es, sin duda, el amor del autor por los libros y los establecimientos que los almacenan y venden. Y aunque no se molesta en disimular su afecto por las estanterías abarrotadas, las tablas del piso desgastadas y los encuentros casuales con tesoros bibliográficos que la librería independiente puede ofrecer, y aunque no está por encima de llorar la pérdida de muchos de estos y el futuro incierto que les espera a aquellos eso queda: está dispuesto a admitir que el libro que deseamos no siempre está disponible en la tienda de la calle. En el mundo de los libros de Carrión, lo virtual y lo físico continuarán coexistiendo, cada uno necesario a su manera, cada uno brindando una experiencia que el otro no puede.

Cada librería condensa el mundo. No es una ruta aérea, sino un pasillo entre anaqueles lo que une tu país y sus idiomas con regiones extensas en que se hablan otras lenguas. No es una frontera internacional sino un paso —un simple paso— lo que debe atravesarse para cambiar de topografía y por tanto de toponimia y por tanto de tiempo.
La historia de las librerías es muy diferente de la historia de las bibliotecas. Aquéllas carecen de continuidad y de apoyo institucional. Son libres gracias a ser las respuestas mediante iniciativas privadas.
En plena Charing Cross Road, la calle por excelencia de las librerías de Londres, sus cincuenta kilómetros de estanterías convierten a Foyles en el mayor laberinto libresco del mundo. En aquella época era una atracción turística no sólo gracias a su tamaño, sino también a las absurdas ideas que su dueña, Christina Foyle, puso en práctica y que consiguieron que el establecimiento fuera un monstruoso anacronismo durante toda la mitad del siglo pasado. Ideas como negarse a la utilización de calculadoras, cajas registradoras, teléfonos o cualquier otro avance tecnológico en la gestión de pedidos y ventas; o como ordenar los libros por editoriales y no por autores o por géneros.
Books Arcade. Galería del Libro o Pasaje del Libro, una sucesión de veinte locales con puertas de hierro forjado donde se alojan cuarenta y cinco sellos editoriales, entre ellos Kedros y Ediciones del Banco Nacional. Sentado en una de las muchas butacas de los pasadizos, bajo uno de los ventiladores de techo que trituraban el calor a cámara lenta, tomé algunos apuntes sobre la relación entre las librerías y las bibliotecas. Porque el pasaje Pesmazoglou —pues también es así llamado, en alusión a una de sus calles de acceso— se encuentra enfrente de la Biblioteca Nacional de Grecia.
El Túnel frente al Edificio. La Galería sin fecha de inauguración frente al Monumento historiado al detalle: de estilo neoclásico, financiado desde la diáspora por los hermanos Vallianos, la primera piedra de la Biblioteca Nacional fue puesta en 1888 y la inauguración se produjo en 1903. En ella se conservan unos cuatro mil quinientos manuscritos en griego antiguo, códices cristianos e importantes documentos sobre la Revolución Griega.

Una librería no sólo tiene que ser antigua, también debe parecerlo. Cuando entras en la Livraria Bertrand, en el número 73 de la rua Garrett de Lisboa, a pocos pasos del Café Brasileira y de su estatua de Fernando Pessoa y por tanto en pleno corazón del Chiado, la B sobre fondo rojo del logo muestra orgullosa una cifra: 1732. En la primera sala todo señala hacia ese pasado venerable que remarca la fecha: la vitrina de libros destacados; las escaleras corredizas o el escalón de madera que permite acceder a los estantes más elevados de unos anaqueles vetustos; la placa oxidada que bautiza como «Sala Aquilino Ribeiro» el lugar en que te encuentras, en homenaje a uno de sus más ilustres clientes.
Una actividad ininterrumpida. En el número 1 de Trinity Street, Cambridge, se han vendido libros durante largos intervalos desde 1581, con clientes tan célebres como William Thackeray, pero también durante largos periodos el establecimiento fue exclusivamente la sede de Cambridge University Press, sin venta directa al público. Por eso es Hatchards, que abrió sus puertas en 1797 y no volvió a cerrarlas, la librería más antigua del Reino Unido, con su aristocrático edificio londinense en el 187 de Piccadilly y su retrato al óleo del fundador, John Hatchard, que proporciona a la institución la prescriptiva pátina de antigüedad. Ahora pertenece a la cadena Waterstone’s. Y Bertrand posee varias decenas de sucursales por todo Portugal. De modo que posiblemente sea la porteña Librería de Ávila —frente a la iglesia de San Ignacio y a cuatro pasos del Colegio Nacional de Buenos Aires— la librería independiente más antigua del mundo, siempre y cuando aceptemos 1785 como su fecha de fundación, pues fue entonces cuando se instaló en la misma esquina un colmado que, además de ofrecer comestibles y licores, vendía libros.
Sydney. El número 49 de la Glebe Point Road, a aquella casa de estilo colonial con su porche de uralita sostenido por columnas metálicas, porque mi guía la destacaba como la librería australiana por antonomasia, ganadora en varias ocasiones del premio al mejor establecimiento del país.
En uno de los extremos del barrio de Palermo, en la misma ciudad de Buenos Aires, Eterna Cadencia es mejor librería, y probablemente también sea más bella que Ateneo Grand Splendid. Suelos de madera, mesas y butacas señoriales, excelente fondo repartido en estanterías que cubren las paredes por completo, un encantador café en un patio remodelado donde se realizan todo tipo de eventos literarios, la actividad editorial del sello homónimo, esas lámparas que te transportan a las librerías de las películas. Clásica y Moderna.

Por dentro y por fuera, las librerías son portátiles y mutantes. Por eso el Record Guinness de la Librería más Antigua del Mundo lo ostenta la Livraria Bertrand, porque es la única que puede demostrar su longeva continuidad desde la fecha de su fundación. Lo habitual es que, como mínimo, cambie de nombre cada vez que lo hace de manos.
La más antigua de Italia ilustra ese problema: la Libreria Bozzi fue fundada en 1810 y sigue abierta en una maltrecha esquina de Génova, pero su primer propietario, superviviente de la Revolución Francesa, se llamaba Antonio Beuf; hasta 1927 no fue adquirida por Alberto Colombo, padre de la primera esposa del Mario Bozzi que da nombre al establecimiento hasta el día de hoy, en que es dirigida por Tonino Bozzi. La librería Lello de Oporto es otro ejemplo de ello. La empresa fue fundada con el nombre de Livraria Internacional de Ernesto Chardron, en la rua dos Clérigos; en 1881 José Pinto de Sousa la estableció en la rua do Almada; trece años más tarde fue vendida por Mathieux Lugan a José Lello y su hermano António, que la rebautizaron como Sociedade José Pinto Sousa Lello & Irmão.

Hace falta alcanzar un consenso y por tanto es necesario que exista una masa crítica de seguidores, de lectores, para que una generación literaria sea canonizada. Las dos últimas de la literatura norteamericana, la Generación Perdida y la Beat, entraron en el canon gracias —entre otros muchos factores— a la actividad de la primera Shakespeare and Company y su retroalimentación con La Maison des Amis des Livres en la rue de l’Odéon, y a City Lights y el resto de núcleos culturales de la San Francisco Renaissance.
En Oriente, durante siglos pervivió la idea de que la mejor forma de absorber los contenidos de un libro era copiándolo a mano: que la inteligencia y la memoria hagan con las palabras lo mismo que con la tinta hace el papel.
A través de la papelería, lugar y catálogo de todo lo necesario para la escritura, uno se introduce en el espacio de los signos.
ROLAND BARTHES, El imperio de los signos

La Livraria Leonardo da Vinci de Río de Janeiro debe de ser la más poetizada del mundo. Márcio Catunda le dedicó el poema «A livraria», en que describe el pasaje que conduce a sus entrañas en el subsuelo del Edifício Marquês de Herval, esos escaparates rabiosamente iluminados para crear días artificiales.
Mientras que en las librerías de libros nuevos acostumbra a predominar el orden, en las de viejo lo hace el caos: la acumulación desordenada del saber. A menudo los nombres de las propias librerías sugieren esa condición. En la calle Donceles y las adyacentes nos encontramos con Inframundo, El Laberinto o El Callejón de los Milagros, librerías no informatizadas donde encontrar un libro depende exclusivamente del precario sistema de clasificación, de tu suerte o pericia y, sobre todo, de la memoria y la intuición del librero.

Desde 1981 Shakespeare and Company es también una cadena de librerías independientes, con cuatro sedes en Nueva York, todas ellas cercanas a universidades. Aunque muchas poseen su propia librería, donde se venden tanto manuales, libros de consulta y de lectura obligatoria como —sobre todo— camisetas, sudaderas, tazas, pósters, mapas, postales y otros objetos turísticos vinculados con la experiencia universitaria, Barnes & Noble ha colonizado ese mercado con más de seiscientas librerías en colleges de los Estados Unidos, que han de sumarse a las más de setecientas sucursales urbanas, cada una con su cafetería Starbucks en el interior. Aunque la primera librería con tal nombre se abriera en Nueva York en 1917, la familia Barnes poseía intereses en la industria de la imprenta desde los años setenta del siglo anterior. Cien años más tarde se convirtió en la primera librería en publicitarse en televisión. Y en el siglo XXI, en la amenaza principal para la supervivencia de pequeñas librerías autónomas. Lo que no deja de ser una paradoja, porque la tendencia de muchos negocios que nacen con una única sede es precisamente multiplicarse, volverse eslabones de una misma marca o cadena. Las cadenas históricas también comenzaron siendo librerías únicas e independientes de tener decenas de sucursales por todo México, Gandhi fue en primer lugar una librería al sur del D. F., abierta en 1971 por Mauricio Achar. Family Christian Stores tiene ahora cerca de trescientos locales y en 2012 donó un millón de biblias para que fueran repartidas por misioneros de todo el mundo, pero los hermanos Zondervan comenzaron con restos de tiradas descatalogadas en una granja de los años treinta. Su expansión se debió al éxito de sus ediciones baratas de bibliografía religiosa libre de derechos, como diversas traducciones de la Biblia al inglés.

Si Google es el Buscador y Barnes & Noble es La Cadena de Librerías, ni que decir tiene que Amazon es la Librería Virtual por excelencia. Lo que no deja de ser de una gran imprecisión: aunque naciera como librería en 1994 con el nombre de Cadabra.com y poco después se transformara en Amazon para subir puestos en la ordenación alfabética que imperaba en Internet antes de Google, lo cierto es que ya hace tiempo que se convirtió en unos grandes almacenes en que los libros tienen la misma importancia que las cámaras de fotos, los juguetes, los zapatos, los ordenadores o las bicicletas, aunque la marca base su capacidad de convocatoria en aparatos emblema, como el Kindle, un lector o libro electrónico que fideliza las compras de textos en la propia Amazon. De hecho, en 1997 Barnes & Noble la denunció por publicidad engañosa (ese oxímoron): el eslogan «La mayor librería del mundo» era falso, porque no se trata de un «bookstore», sino de un book broker». Ahora es un traficante de cualquier objeto que se tercie, menos los e-readers que no sean Kindle.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/01/27/contra-amazon-jorge-carrion-against-amazon-by-jorge-carrion/

https://weedjee.wordpress.com/2020/09/10/librerias-by-jorge-carrion-bookshops-a-readers-history-by-jorge-carrion/

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The book was a finalist in the 41st edition of the Anagrama Essay Award. This wasn’t the first history book on bookshops that I had ever seen. I was drawn into it not only due to my own love of reading and books but due to my personal history with books through my Father who was a travelling book collector for a long time and now owns his own dreams. I loved the line in the early chapters, “… the bookshop is liquid, provisional, lasts only as long as its ability to sustain an idea over time with minimal changes. The Library is stability. The Bookshop distributes; the Library preserves.” How true that is! The job of the bookshop is to distribute the printed word, and I welcome a challenge from anyone who’d like to argue against the idea that the printed word was the greatest man-made invention in history. The author here does a wonderful job of framing the importance of the bookshop in our culture heritage and walks us through brief history of the bookshop.
The author is Catalonian and the book was originally written in Spanish. Because of this, it was hard as an English reader to understand all of the references to Iberian and Latin American history and to relate with all of the names and bookshops in that part of the world.
I loved his journey across the world and gave me excellent bookshops to visit whenever I get a chance as well as a brief history of the book-chain of stores that dominate market today. Overall a good book for book lovers that gets lost in the cultural background of the author.

Any book entitled “Bookshops: A Reader’s History” should be fascinating and naturally attracting to a passionate reader. Besides the translation issue, though, is the author’s tendency to move with dizzying speed between wildly different parts of the world and the bookshop he is describing in each–from Paris to Buenos Aires, or Italy to Venezuela, within the same paragraph. There is also a lot of name-dropping of authors and publishers, but it would be kinder to the reader to be aware that these are not necessarily household names. Oh, and the pictures are interesting –sometimes it’s not obvious how they relate to the text.
At its best, the book does provide some interesting descriptions of bookshops, present and past, and little tidbits of history as well as some reflection on the future of reading.
Most booklovers can probably isolate a moment from childhood or adolescence when a bookstore played a transformative role in their life. Jorge Carrión has taken that moment and turned it into a lifelong obsession, visiting bookstores on every continent where they exist and exhaustively researching the history of bookstores in general and some of the most famous and influential in particular. Carrión’s volume combines travel, history, and anecdotal recounting of encounters with bookstores and the singularly devoted, similarly obsessed and sometimes eccentric personalities who devote their lives to the retail trade in books. Much of Carrión’s book is structured this way: he takes us to a location (Cuba, England, Lisbon, Sydney, Tangiers), provides a selectively detailed glimpse into the region’s book culture, with specific reference to the people and bookstores that inspired and contributed to it, and then situates himself in the midst of it all. It is an effective narrative strategy, one that allows him to display his sweeping erudition on his subject while at the same time indulging his passion for the bookstore as a cultural institution. Carrión’s discussion includes informative sections on the bookstore as a symbol of political resistance, bookstores of striking longevity, and bookstores as paradigms of architectural beauty and innovation. Bookshops: A Reader’s History is crammed with enlightening and surprising nuggets from the long history of book production, book selling, and book owning. But, facts and figures aside, the impetus for the volume is without a doubt the author’s love of books and the establishments that stock and sell them. And though he does not trouble to disguise his affection for the crowded shelves, worn floorboards and chance encounters with bibliographic treasures that the independent bookstore can offer—and though he is not above mourning the loss of many of these and the uncertain future that awaits those that remain—he is prepared to admit that the book we desire might not always be available from the store down the street. In Carrión’s world of books, the virtual and physical will continue to co-exist, each necessary in its own way, each providing an experience the other cannot.

Each bookstore condenses the world. It is not an air route, but a corridor between shelves that unites your country and its languages with vast regions where other languages are spoken. It is not an international border but a step — a simple step — that must be crossed to change topography and therefore toponymy and therefore time.
The history of bookstores is very different from the history of libraries. They lack continuity and institutional support. They are free thanks to being the answers through private initiatives.
In the middle of Charing Cross Road, the street par excellence of London bookstores, its fifty kilometers of shelves make Foyles the largest book maze in the world. At that time it was a tourist attraction not only thanks to its size, but also to the absurd ideas that its owner, Christina Foyle, put into practice and that made the establishment a monstrous anachronism for the entire half of the last century. Ideas such as refusing to use calculators, cash registers, telephones or any other technological advance in order and sales management; or how to order books by publishers and not by authors or genres.
Books Arcade. Gallery of the Book or Passage of the Book, a succession of twenty premises with wrought iron doors where forty-five publishing stamps are housed, including Kedros and Ediciones del Banco Nacional. Sitting in one of the many armchairs in the hallways, under one of the ceiling fans that shredded the heat in slow motion, I took some notes on the relationship between bookstores and libraries. Because the Pesmazoglou passage – for it is also so called, in reference to one of its access streets – is in front of the National Library of Greece.
The Tunnel in front of the Building. The Gallery with no opening date in front of the Monument, historically detailed: neoclassical in style, financed from the Diaspora by the Vallianos brothers, the foundation stone of the National Library was laid in 1888 and the inauguration took place in 1903. Some Four thousand five hundred ancient Greek manuscripts, Christian codices and important documents on the Greek Revolution.

A bookstore does not only have to be old, it must also appear so. When you enter the Livraria Bertrand, at number 73 of the Garrett rua in Lisbon, a few steps from the Café Brasileira and its statue of Fernando Pessoa and therefore in the heart of Chiado, the B on the red background of the logo proudly shows a figure: 1732. In the first room everything points to that venerable past that marks the date: the showcase of outstanding books; the sliding stairs or the wooden step that allows access to the highest shelves of some ancient shelves; the oxidized plaque that baptizes “Sala Aquilino Ribeiro” the place where you are, in tribute to one of its most illustrious clients.
Uninterrupted activity. At 1 Trinity Street, Cambridge, books have been sold for long intervals since 1581, with such celebrated clients as William Thackeray, but also for long periods the establishment was exclusively the headquarters of Cambridge University Press, with no direct sale to the public. That is why it is Hatchards, which opened its doors in 1797 and never closed them again, the oldest bookshop in the United Kingdom, with its aristocratic London building in 187 Piccadilly and its oil portrait of the founder, John Hatchard, which provides the institution the prescriptive patina of antiquity. Now it belongs to the Waterstone’s chain. And Bertrand has several dozen branches throughout Portugal. So possibly it is the Buenos Aires Librería de Ávila —in front of the San Ignacio church and four steps from the National College of Buenos Aires— the oldest independent bookstore in the world, as long as we accept 1785 as its founding date, since it was then when a grocery store was installed on the same corner that, in addition to offering groceries and liquors, sold books.
Sydney. Number 49 on the Glebe Point Road, to that colonial-style house with its uralite porch supported by metal columns, because my guide highlighted it as the quintessential Australian bookstore, winner on several occasions of the award for the best establishment in the country.
At one end of the Palermo neighborhood, in the same city of Buenos Aires, Eterna Cadencia is a better bookstore, and it is probably also more beautiful than Ateneo Grand Splendid. Wooden floors, stately tables and armchairs, excellent background distributed on shelves that completely cover the walls, a charming café in a remodeled patio where all kinds of literary events are held, the editorial activity of the eponymous label, those lamps that transport you to movie libraries. Classical and Modern.

Inside and out, libraries are portable and mutant. That is why the Guinness Record of the World’s Oldest Bookstore is held by Livraria Bertrand, because it is the only one that can demonstrate its long-standing continuity from the date of its founding. The usual thing is that, as a minimum, it changes its name every time it does so.
The oldest in Italy illustrates that problem: the Bozzi Bookstore was founded in 1810 and is still open in a battered corner of Genoa, but its first owner, a survivor of the French Revolution, was named Antonio Beuf; It was not acquired until 1927 by Alberto Colombo, father of Mario Bozzi’s first wife, who gives its name to the establishment until today, when it is managed by Tonino Bozzi. The Lello bookstore in Porto is another example of this. The company was founded under the name of Ernesto Chardron’s Livraria Internacional, on Rua dos Clérigos; in 1881 José Pinto de Sousa established it in the rua do Almada; Thirteen years later it was sold by Mathieux Lugan to José Lello and his brother António, who renamed it Sociedade José Pinto Sousa Lello & amp; Irmão.

It is necessary to reach a consensus and therefore it is necessary that there is a critical mass of followers, of readers, for a literary generation to be canonized. The last two of American literature, the Lost Generation and the Beat, entered the canon thanks, among many other factors, to the activity of the first Shakespeare and Company and their feedback with La Maison des Amis des Livres on rue de l ‘Odéon, and City Lights and the rest of the cultural centers of the San Francisco Renaissance.
In the East, for centuries the idea persisted that the best way to absorb the contents of a book was copying it by hand: that intelligence and memory do the same thing with words as ink does paper.
Through the stationery, place and catalog of everything necessary for writing, one enters the space of signs.
ROLAND BARTHES, The Empire of Signs

The Livraria Leonardo da Vinci in Rio de Janeiro must be the most poetic in the world. Márcio Catunda dedicated the poem “A livraria” to him, in which he describes the passage that leads to his bowels in the basement of the Edificio Marquês de Herval, those rabidly illuminated shop windows to create artificial days.
Whereas in new book libraries order tends to predominate, in old bookstores chaos does: the disorderly accumulation of knowledge. Often the names of the bookstores themselves suggest this condition. In Donceles street and the adjacent ones we find Inframundo, El Laberinto or El Callejón de los Milagros, non-computerized bookstores where finding a book depends exclusively on the precarious classification system, your luck or expertise and, above all, on memory and the intuition of the bookseller.

Since 1981 Shakespeare and Company has also been an independent bookstore chain, with four locations in New York, all close to universities. Although many have their own bookstore, where manuals, reference books and compulsory reading are sold, as well as – above all – t-shirts, sweatshirts, mugs, posters, maps, postcards and other tourist objects linked to the university experience, Barnes & amp; Noble has colonized that market with more than six hundred bookstores in colleges in the United States, which have to join the more than seven hundred urban branches, each with its Starbucks cafeteria inside. Although the first bookstore with that name was opened in New York in 1917, the Barnes family had interests in the printing industry since the 1970s. A hundred years later it became the first bookstore to advertise on television. And in the 21st century, in the main threat to the survival of small autonomous bookstores. This is still a paradox, because the tendency of many businesses that are born with a single headquarters is precisely to multiply, to become links in the same brand or chain. Historic chains also started out as unique and independent bookstores with dozens of branches throughout Mexico, Gandhi was first a bookstore south of D.F., opened in 1971 by Mauricio Achar. Family Christian Stores now has nearly three hundred locations and in 2012 donated a million Bibles to be distributed by missionaries from around the world, but the Zondervan brothers started with remains of discontinued print runs on a farm in the 1930s. Its expansion was due to the success of its cheap editions of royalty-free religious bibliography, such as various translations of the Bible into English.

If Google is the Search Engine and Barnes & amp; Noble is The Chain of Libraries, it goes without saying that Amazon is the Virtual Library par excellence. What is still highly imprecise: although it was born as a bookstore in 1994 under the name of Cadabra.com and shortly after it became Amazon to climb positions in the alphabetical order that prevailed on the Internet before Google, the truth is that It has long since become a department store in which books have the same importance as cameras, toys, shoes, computers or bicycles, although the brand bases its ability to summon emblematic devices, such as the Kindle, a reader or electronic book that loyalty purchases of texts on Amazon itself. In fact, in 1997 Barnes & amp; Noble denounced it for misleading advertising (that oxymoron): the slogan “The largest bookstore in the world” was false, because it is not a “bookstore”, but a book broker “. You are now a smuggler of any object that you outsource, minus non-Kindle e-readers.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/01/27/contra-amazon-jorge-carrion-against-amazon-by-jorge-carrion/

https://weedjee.wordpress.com/2020/09/10/librerias-by-jorge-carrion-bookshops-a-readers-history-by-jorge-carrion/

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