Cuentos De Mamá Emiliana. Cuentos Populares Españoles — José Cubero Garrote / Stories of Mother Emiliana: Popular Spanish Stories by José Cubero Garrote (spanish book edition)

Me ha parecido un libro muy interesante y que debe ser leído, el cuento folklórico. En contraste con el romance y otras creaciones populares versificadas, el cuento folklórico es una obra en prosa, que narra acciones, a diferencia de las de la leyenda, tenidas por ficticias, y que, contrariamente a la novela y a otras manifestaciones de la literatura escrita, vive en la tradición oral, variando continuamente; esta última característica lo distingue del refrán y otros géneros de fórmulas fijas.

LOS GEMELOS
(Basado en “El fill del pescador”, en Folklore de Catalunya. Rondallística de Joan Amades). LÉRIDA

Había una vez un pescador que nunca pescaba nada. Un día pescó un pez, y, cuando lo tuvo fuera del agua, le dijo el pez:
—Quiero protegerte y hacerte rico. Harás de mí cuatro partes: la cabeza, el cuerpo, la cola y la sangre. De la cabeza, del cuerpo y de la cola haces dos trozos y se los das: la cabeza, a tu mujer; el cuerpo, a tu yegua, y la cola, a tu perra; la primera tendrá dos hijos, la yegua, dos potrillos, y la perra, dos cachorros. La sangre la pones en una botella y, cuando veas que se enturbia, es señal de que uno de tu familia está enfermo.
El pescador creyó en las palabras del pez y pasó todo tal como éste le había dicho.
Cuando los dos hijos ya eran mayores, el heredero le dijo que quería salir a probar fortuna. Montó en uno de los caballos, cogió un perro, y se fue al monte. Después de caminar mucho, llegó a una casa en la que no había más que una vieja. Le pidió posada y la vieja se la dio, y le dijo:
—Este caballo me da miedo.
Y la vieja se arrancó un cabello, se lo dio al joven para que atase el caballo. Después le manifestó que le daba miedo el perro y le entregó otro cabello par que también lo atase y después, al decirle que incluso él le daba miedo, le dio otro cabello y le pidió que se lo atase a un botón de su traje. Cuando los tres estaban atados, la vieja exclamó:
—Cabellos de mis trenzas, encadenados.
E inmediatamente los cabellos se volvieron cadenas y estaban encantados. La vieja les hizo entrar en una habitación muy grande, muy grande, donde había muchos jóvenes encadenados y encantados.
Mientras tanto, la sangre de la botella, que guardaba el pescador, se enturbió, y entendió que a su hijo le pasaba algo. El otro hijo se preparó para ir a salvarlo, subiéndose en otro caballo…
El hermano mayor quiso seguir buscando fortuna y el más pequeño volvió a casa.
Aquél, camina que te caminarás, llegó a un pueblo muy grande, donde todas las casas eran negras. El muchacho, sorprendido, preguntó qué era aquello, y le dijeron que allí a la vuelta, había una serpiente de siete cabezas, que todos los días se comía a una persona. Y fijaron, entre los del pueblo, que cada día harían un sorteo entre todos los vecinos, y entregarían al monstruo a quien le tocara. Aquel día había tocado a la hija del rey.
El rey, para intentar salvar a su hija, había prometido darla en matrimonio a quien le llevase las siete cabezas de la bestia. El muchacho, con el caballo y el perro, se acercó donde estaba la serpiente de siete cabezas, intentó atraparlo, pero él la mató. Para no ir tan cargado con las siete cabezas, les cortó las siete lenguas. Con la pelea le entró apetito y se fue a comer a la hostería. En el camino se encontró con la princesa, vestida de blanco, que iba a dejarse comer por la serpiente.
Pasó mucho tiempo antes de que se declarara una gran guerra, y el joven príncipe tuvo que acudir a la misma. La sangre del pez volvió a enturbiarse y, otra vez, el hermano del príncipe decidió ir a ver lo que le pasaba a éste. Se acercó a ver a la vieja y le advirtió que, si no le decía dónde estaba su hermano, la mataba. La vieja le dijo que estaba muy bien y que se había casado con la hija del rey.
El hijo pequeño del pescador se fue a palacio y, como se parecía mucho a su hermano, le gustaba mucho su cuñada, y se hacía el interesante. Sin embargo, cuando llegó la hora de ir a dormir, no supo qué hacer.
Mientras tanto llegó el hermano mayor de la guerra y se descubrió todo. El joven príncipe hizo venir a sus padres y a su hermano pequeño a vivir con ellos, y todos fueron muy felices.

LAS ZAPATILLAS GASTADAS
(Basado en “Juan Soldado y la princesa”, Cuentos populares españoles de Aurelio M. Espinosa). SORIA

Había una vez un rey que tenía una hija, y echó un bando anunciando que la casaría con quien adivinara dónde dormía la princesa, pero que, si venía alguien y no lo acertaba, lo ahorcarían.
Vinieron muchos caballeros creyendo saber dónde dormía la princesa, pero no consiguieron adivinarlo.
Cuando llegaba uno, la princesa se lo llevaba al jardín, le daba una copa de vino y el caballero se dormía; luego ella se iba a sus habitaciones, y de esta manera no conseguían saber dónde dormía. Un día dijo Juan Soldado:
—Pues yo adivinaré dónde duerme la princesa.
Todos le decían que estaba loco, que le ahorcarían como a los demás.
Llegó Juan Soldado a palacio, y le dijeron:
—¡Entre usted! ¡Adelante! Le espera la horca.
El, que era muy listo, no dijo ni pío.
Vino la princesa, le llevó al jardín, le dio la copa de vino, pero él, muy agudo, no se la bebió. Se la echó por la camisa, haciendo como si se la bebía. Se sentó en un banco e hizo como que dormía. La princesa se subió a sus habitaciones, sin preocupación, pero Juan Soldado la siguió. La princesa, antes de entrar en sus habitaciones, llegó a una zanja, y dijo:
—¡Pino, túmbate!
Y se tumbó el pino y pasó la zanja. Juan Soldado, que la seguía, dijo también:
—¡Pino, túmbate!
Y se tumbó el pino y pasó la zanja. Ella llegó a sus habitaciones, y dijo:
—¡Dios y viento!
Y se transformó en viento, y pasó por la cerradura, sin abrir la puerta. Juan Soldado, que la seguía, hizo lo mismo y entró en las habitaciones de la princesa.
Cuando estaba dentro, dijo la princesa:
—¡Dios y mujer!
Y se volvió, de nuevo, princesa, y se fue a dormir a su alcoba.
Juan Soldado dijo:
—¡Dios y hombre!
Y se volvió hombre de nuevo, y vio la alcoba donde dormía la princesa.
La princesa cerró la puerta sin verlo, y él se quedó dentro. Vio allí cerca una mesa puesta, se acercó y cogió tres tenedores y un pañuelo bordado con el nombre del rey. Había tres perdices en la mesa, a las que quitó las cabezas y se las metió en el bolso con los tenedores y el pañuelo. Entonces se fue al jardín y se quedó dormido.
Al día siguiente fueron a buscar a Juan Soldado para ahorcarlo, como habían hecho con los demás, pues el rey estaba seguro de que no había adivinado dónde dormía su hija.
Lo llevaron ante el rey, y éste le dijo:
—Bueno, Juan Soldado, ¿sabes dónde duerme la princesa?
Pues, claro que lo sé, Majestad —dijo Juan Soldado—. Estuve en sus habitaciones, la vi entrar en su alcoba y sé dónde duerme. También estuve en el comedor. Entrad en él y veréis que faltan tres tenedores y un pañuelo bordado con el nombre del rey, y que las tres perdices no tienen cabeza.
Para confirmar que esto era verdad, Juan Soldado metió la mano en el bolso y mostró al rey los tres tenedores, el pañuelo bordado con su nombre y las cabezas de las tres perdices.
—Sin duda, lo has adivinado —dijo el rey—, y por esto te casarás con la princesa.
Así fue como Juan Soldado se casó con la hija del rey.

EL GATO CON BOTAS
(Basado en “El gato casamentero”. Cuentos tradicionales asturianos de Constantino Cabal). ASTURIAS

Había una vez un pobre huérfano que no encontró en la casa más hacienda, a la muerte de su padre, que una peseta y un duro. Se puso a pensar en su desgracia y no andaba lejos de renegar de su suerte, cuando se le acercó respetuoso el gato de sus padres a ofrecerle sus servicios.
—Si me hicieras caso —le dijo—, podrías casarte con la viuda.
Esta viuda era joven, hermosa y poseía una fortuna extraordinaria. Vivía en un palacio, junto a la casa del mancebo, y hay que decir que, si éste deseaba hacerse rico, más que por ambición o por codicia, era por acercarse a esta mujer. El gato le aconsejó con discreción, y el mancebo decidió seguir sus consejos. El gato se acicaló, llamó luego a la puerta de la viuda y le pidió un celemín:
—Lo necesita mi amo —le dijo—; mañana se lo devolverá.
La viuda se lo prestó de buena gana. El gato cogió el duro de la herencia, buscó una resquebradura en la medida, y en ella lo colocó. A la tarde siguiente se presentó de nuevo en el palacio, preguntó por la señora y le devolvió el celemín, y aprovechó la ocasión para poner por las nubes a su señor, que le daba las gracias. La señora vio el duro, y el gato se negó a recogerlo:
—Déselo a los criados, si quiere. A mi amo maldita la falta que le hace; ¡tiene tantos, que desde ayer hasta hoy los estuvo midiendo por celemines!
Se asombró la señora, porque no se imaginaba que el mancebo tuviera tan importante caudal. Y, a los pocos días, volvió el ato a pedirle el celemín. Se lo prestó y él introdujo en la resquebradura la peseta de la herencia. Cuando, al devolvérselo, la señora lo advirtió y se la quiso dar, el ato la rechazó arrogantemente:
—¡No, no; déjela para los criados! ¡Mi amo tiene tantas, que desde ayer hasta hoy las estuvo midiendo por celemines!
Luego fue el amo del gato a dar las gracias a la señora, y se ofreció para lo que gustare, pagándole con flores su atención. La señora lo encontró de su agrado e hizo que se repitieran las visitas.
De esta forma terminaron casándose, y el amo del gato, la señora y el gato fueron felices hasta que murieron.
Dios los tenga en su gloria, amén, Jesús.

EL MUCHACHO QUE ENTENDÍA EL LENGUAJE DE LOS ANIMALES
(Basado en “O labrego que entendía os animás”, en Contos populares da provincia de Lugo de Centro de Estudios Fingoy). LUGO

Llegó un labriego con los bueyes de arar a darles de comer en los pesebres. Además de los bueyes, había un burro. El burro le preguntó al buey:
—¿Qué tal te trató el amo?
El buey le contestó que mucho trabajo.
—Porque tú quieres —le dijo el burro—. Hazte el enfermo y no comas.
Pero, como el amo entendía el lenguaje de los animales, se echó a reír, y, por la tarde, cogió al burro, y el burro no quería salir del arado, y el amo no dejaba de darle palos.
Cuando el burro volvió por la noche, le preguntó el buey:
—¿Qué tal te trataron?
—Bien.
—¿Y qué dijo de mí?
—Que, si no te ponías bueno mañana, te llevaría al matadero.
El amo estaba cenando y se echó a reír, y la mujer quería saber por qué se reía, pero el hombre no podía descubrir el secreto del lenguaje, pues, si no, moriría. La mujer se enfadó y se fue a la cama.
El gallo en el muro del corral:
—¡Cacaracá, cacaracá!
Después salió el perro:
—¡Guau, guau! —dijo al gallo—. No cantes, que se nos va a morir el amo.
Y el gallo otra vez:
—¡Cacaracá! Porque quiere, porque la mujer le va a descubrir el secreto. Mejor es que coja una tralla y eche a la mujer de la cama. El labriego siguió el consejo, y así arregló el asunto.

EL HACHA CAÍDA AL RÍO
(Basado en “El leñador y el gigante”, en Cuentos populares de los judíos del Norte de Marruecos de Arcadio Larrea). NORTE DE MARRUECOS

Había una vez un leñador. Fue a cortar leña y se le cayó el hacha al río, y empezó a llorar amargamente: —¡Ay, el hacha con la que daba de comer a mi mujer y a mis tres hijos!
Entonces vino un gigante, y le dice:
—¿Por qué lloras? ¿Por qué ese llanto?
—¡Ay! —dijo—. Es que se me ha perdido el hacha con la que daba de comer a mi mujer y a mis tres hijos. Entonces el gigante sacó un hacha de plata, y le dijo:
—¿Será ésta, por casualidad?
—No, no —dijo—; ésa no es el hacha con la que daba de comer a mi mujer y a mis tres hijos.
Entonces volvió a meter la mano en el río y sacó una de perlas y, le dijo:
—¿Será ésta, por casualidad?
—No, no —dijo—, ¡qué pena! La mía es oxidada y muy vieja. La mía es una oxidada y muy vieja.
Entonces volvió a meter la mano en el río y sacó la suya. Y él le dijo:
—¡Ay, sí, sí! Ésa es el hacha con la que me ganaba el pan de mi mujer y mis tres hijos.
Entonces el gigante le dio tres hachas, por no engañarle, y, después, una bolsa de dinero. Y se fue muy contento a casa.
—¡Ay!, ¡ay! Mira lo que me han dado.
Se lo contó todo a la mujer y a los niños, que estaban jugando con las tres hachas y con la bolsa de dinero.
Entonces, un vecino de ellos, que era muy curioso, se asomó por la ventana y oyó todo, y se fue corriendo al río, cogió un hacha muy vieja y, al primer golpe que dio en el árbol, se le cayó el hacha al río. Al caérsele el hacha, empezó a llorar:
—¡Ay, ay, el hacha con la que daba de comer a mi mujer y a mis doce hijos!
Y salió un gigante:
—¿Qué te pasa? ¿Por qué ese llanto?
—¡Ay, ay! Se me ha caído el hacha con la que daba de comer a mi mujer y a mis doce hijos.
Entonces el gigante metió la mano al río y sacó una de perlas finas, y dijo:
—¿Será ésta, por casualidad?
—¡Huy, sí, sí! —dijo—. Es el hacha con la que daba de comer a mi mujer y a mis doce hijos. Ésa es, ésa es mi hacha.
El gigante se echó a reír:
—¡Ja, ja, ja! Por mentir no te llevas ninguna; ni la tuya, ni nada.
Entonces se fue muy penoso a casa, y el gigante venga a reír, venga a reír.
«Dice que era su hacha, y su hacha era una vieja».
Y se fue a su casa muy triste, y ya no tuvo dinero para comprar nada.
Y ya está.

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I found it a very interesting and must-read book, the folk tale. In contrast to romance and other versified popular creations, the folk tale is a prose work, which narrates actions, unlike those of the legend, considered fictional, and which, contrary to the novel and other manifestations of written literature , lives in the oral tradition, continually changing; this last characteristic distinguishes it from the saying and other sorts of fixed formulas.

THE TWINS
(Based on “El fill del pescador” (fisher son), in Folklore de Catalunya. Rondallística by Joan Amades). LÉRIDA

Once upon a time there was a fisherman who never caught anything. One day he caught a fish, and when he had him out of the water, the fish said to him:
“I want to protect you and make you rich.” You will make of me four parts: the head, the body, the tail and the blood. From the head, body and tail you make two pieces and give them to them: the head, to your wife; the body, your mare, and the tail, your bitch; the first will have two children, the mare, two foals, and the dog, two cubs. You put the blood in a bottle and, when you see it become cloudy, it is a sign that one of your family is sick.
The fisherman believed the fish’s words and passed everything just as the fish had told him.
When the two children were older, the heir told him that he wanted to go out and try his fortune. He got on one of the horses, picked up a dog, and went to the bush. After a long walk, he came to a house where there was only one old woman. He asked for an inn and the old woman gave it to him, and said:
“This horse scares me.”
And the old woman plucked a hair, gave it to the young man to tie the horse. Then he told her that he was afraid of the dog and gave him another hair to tie him, and later, when he told him that even he was afraid, he gave him another hair and asked him to tie it to a button on his suit. When all three were tied up, the old woman exclaimed:
—Hair of my braids, chained.
And immediately the hair became chains and they were delighted. The old woman made them enter a very large room, very large, where there were many chained and delighted young people.
Meanwhile, the blood in the bottle, kept by the fisherman, turned cloudy, and he understood that something was wrong with his son. The other son prepared to go save him, getting on another horse …
The older brother wanted to keep looking for his fortune and the younger one returned home.
That one, walk you will walk, came to a very large town, where all the houses were black. The boy, surprised, asked what it was, and they told him that around there, there was a seven-headed snake that ate a person every day. And they fixed, among the people, that every day they would make a draw among all the neighbors, and they would deliver the monster to whoever it was. That day he had touched the daughter of the king.
The king, to try to save his daughter, had promised to give her in marriage to whoever brought the seven heads of the beast. The boy, with the horse and the dog, approached where the seven-headed snake was, tried to catch it, but he killed it. In order not to be so loaded with the seven heads, he cut off the seven tongues. With the fight he got an appetite and went to eat at the inn. On the way he met the princess, dressed in white, who was going to be eaten by the snake.
It was a long time before a great war was declared, and the young prince had to go to it. The blood of the fish became cloudy again, and again, the prince’s brother decided to go see what was happening to him. He went to see the old woman and warned her that if he didn’t tell her where her brother was, he would kill her. The old woman told him that she was very well and that he had married the king’s daughter.
The fisherman’s little son went to the palace and, since he looked a lot like his brother, he liked his sister-in-law very much, and he made himself interesting. However, when it was time to go to sleep, he didn’t know what to do.
Meanwhile the older brother of the war arrived and everything was discovered. The young prince brought his parents and little brother to live with them, and they were all very happy.

THE SPENT SLIPPERS
(Based on “Juan Soldado y la princesa” (Juan Soldado and the princess), Spanish folk tales by Aurelio M. Espinosa). SORIA

Once upon a time there was a king who had a daughter, and he announced that he would marry her with whoever guessed where the princess slept, but that if someone came and did not get it right, they would hang him.
Many knights came thinking they knew where the princess slept, but they could not guess.
When one arrived, the princess took him to the garden, gave him a glass of wine and the knight fell asleep; then she went to her rooms, and in this way they could not know where she slept. One day Juan Soldado said:
“Well, I’ll guess where the princess sleeps.”
Everyone told him he was crazy, that they would hang him like the others.
Juan Soldado arrived at the palace, and they said:
-Come in! Ahead! The gallows awaits him.
He, who was very smart, did not say a peep.
The princess came, took him to the garden, gave him the wine glass, but he, very sharp, did not drink it. He threw it down her shirt, pretending to be drinking it. He sat on a bench and pretended to sleep. The princess climbed into her rooms, without concern, but Juan Soldado followed her. The princess, before entering her rooms, reached a ditch, and said:
“Pine, lie down!”
And he fell the pine and passed the ditch. Juan Soldado, who was following her, also said:
“Pine, lie down!”
And he fell the pine and passed the ditch. She came to her rooms, and said:
—God and wind!
And it turned into a wind, and went through the lock, without opening the door. Juan Soldado, who was following her, did the same and entered the princess’s rooms.
When I was inside, the princess said:
“God and woman!”
And she turned, again, princess, and went to sleep in her bedroom.
Juan Soldado said:
“God and man!”
And he became a man again, and he saw the bedroom where the princess slept.
The princess closed the door without seeing him, and he stayed inside. He saw a table set nearby, went over and took three forks and a handkerchief embroidered with the king’s name. There were three partridges on the table, which he took off their heads and put in their bags with their forks and handkerchief. Then he went to the garden and fell asleep.
The next day they went to look for Juan Soldado to hang him, as they had done with the others, since the king was sure that he had not guessed where his daughter slept.
They brought him before the king, and the king said to him:
“Well, Juan Soldado, do you know where the princess sleeps?”
Well, of course I know, Your Majesty, ”said Juan Soldado. I was in her rooms, I saw her enter her bedroom and I know where she sleeps. I was also in the dining room. Enter it and you will see that three forks and a handkerchief embroidered with the king’s name are missing, and that the three partridges do not have a head.
To confirm that this was true, Juan Soldado reached into his purse and showed the king the three forks, the handkerchief embroidered with his name and the heads of the three partridges.
“No doubt you guessed it,” said the king, “and for this you will marry the princess.”
This is how Juan Soldado married the king’s daughter.

THE CAT WITH BOOTS
(Based on “The Matchmaker Cat”. Asturian traditional tales of Constantine Cabal). ASTURIAS

Once upon a time there was a poor orphan who found in the house no more property, on the death of his father, than a peseta and a man. He began to think about his misfortune and was not far from denying his luck, when the cat of his parents respectfully approached him to offer his services.
“If you listened to me,” he said, “you could marry the widow.”
This widow was young, beautiful, and possessed an extraordinary fortune. He lived in a palace, next to the boy’s house, and it must be said that, if he wanted to become rich, more than out of ambition or greed, it was because of approaching this woman. The cat advised him discreetly, and the young man decided to follow his advice. The cat groomed itself, then knocked on the widow’s door and asked for a bushel:
“My master needs it,” he said; tomorrow it will be returned.
The widow willingly lent it to her. The cat took the hard of the inheritance, looked for a crack in the measure, and placed it on it. The following afternoon he appeared again at the palace, asked for the lady and returned the bushel, and took the opportunity to put his lord in the clouds, who was thanking him. The lady saw the hard one, and the cat refused to pick it up:
“Give it to the servants, if you like.” Damn my master, the lack he needs; It has so many, that from yesterday to today it was measuring them by bushels!
The lady was amazed, because she did not imagine that the young man had such an important flow. And, a few days later, the bundle returned to ask him for the bushel. He lent it to him and he introduced the peseta of the inheritance into the crack. When, upon returning it, the lady warned him and wanted to give it to him, the act arrogantly rejected it:
-Nerd; leave it for the servants! My master has so many, that from yesterday until today he was measuring them by bushels!
Then the cat’s master went to thank the lady, and he offered himself for whatever he liked, paying her attention with flowers. The lady found him to her liking and made the visits repeat.
In this way they ended up getting married, and the cat’s owner, the lady and the cat were happy until they died.
God have you in his glory, amen, Jesus.

THE BOY WHO UNDERSTOOD THE LANGUAGE OF ANIMALS
(Based on “O labrego que entendía os animás”, in the popular Contos da Lugo province of Centro de Estudios Fingoy). LUGO

A peasant came with the oxen to plow to feed them in the mangers. In addition to the oxen, there was a donkey. The donkey asked the ox:
“How was the master treating you?”
The ox replied that a lot of work.
“Because you want to,” said the donkey. Become sick and don’t eat.
But, as the master understood the language of animals, he laughed, and in the afternoon he took the donkey, and the donkey did not want to leave the plow, and the master did not stop beating him.
When the donkey returned at night, the ox asked him:
“How were you treated?”
-Good.
“And what did he say about me?”
“That if you didn’t get well tomorrow, I’d take you to the slaughterhouse.”
The master was having dinner and he laughed, and the woman wanted to know why he was laughing, but the man could not discover the secret of the language, otherwise he would die. The woman got angry and went to bed.
The rooster on the farmyard wall:
“Cacaracá, cacaracá!”
Then the dog came out:
“Wow, wow!” He said to the rooster. Don’t sing, our master is going to die.
And the rooster again:
—Cacaracá! Because he wants to, because the woman is going to discover the secret. Better that you take a whip and throw the woman out of bed. The peasant followed the advice, and thus settled the matter.

THE AX FALL IN THE RIVER
(Based on “The Woodcutter and the Giant”, in Arcadio Larrea’s Folk Tales of the Jews of Northern Morocco). NORTH OF MOROCCO

Once upon a time there was a lumberjack. He went to cut wood and the ax fell into the river, and he began to cry bitterly: —Oh, the ax with which he fed my wife and my three children!
Then a giant came, and says to him:
-Why are you crying? Why that cry?
-Oh! -He said-. It is that I lost the ax with which I fed my wife and my three children. Then the giant took out a silver ax, and said:
“Is this, by any chance?”
“No, no,” he said. That is not the ax with which I fed my wife and my three children.
Then he put his hand back into the river and took out one of pearls and said:
“Is this, by any chance?”
“No, no,” he said, “what a shame!” Mine is rusty and very old. Mine is a rusty and very old one.
Then he put his hand back into the river and took his out. And he told:
“Oh yes, yes!” That is the ax with which I earned the bread of my wife and my three children.
Then the giant gave him three axes, not to deceive him, and then a bag of money. And he went home very happy.
“Ouch! Ouch!” Look what they have given me.
He told the women and children everything, who were playing with the three axes and with the money bag.
So a neighbor of theirs, who was very curious, leaned out the window and heard everything, and ran to the river, took a very old ax and, at the first blow he hit the tree, the ax fell into the River. When the ax fell, he began to cry:
“Ay, ay, the ax with which I fed my wife and my twelve children!”
And a giant came out:
-What’s wrong? Why that cry?
“Ay, ay! I have dropped the ax with which I fed my wife and my twelve children.
Then the giant reached into the river and took out one of fine pearls, and said:
“Is this, by any chance?”
“Oh yeah, yeah!” -He said-. It is the ax with which he fed my wife and my twelve children. That’s it, that’s my ax.
The giant laughed:
-Hahaha! For lying you don’t get any; not yours or anything.
So he went home very sad, and the giant come to laugh, come to laugh.
“He says it was his ax, and his ax was an old one.”
And she went home very sad, and she no longer had money to buy anything.
And that’s it.

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