Aquí Mando Yo. Historia Íntima De Podemos — Luca Constantini / I Rule Here. Intimate History of Podemos (Spanish Party) by Luca Costantini (spanish book edition)

Es la crónica del origen, presente y presumible futuro del partido ¨Podemos¨, de la mano de su creador, le pese a quien le pese Pablo Iglesias, el cual como político revolucionó el panorama español y me atrevería decir que parte del extranjero.
De su fácil lectura puede extraerse y aislarse las mentiras y discursos falaces esgrimidos tanto por el partido de Pablo como de sus adversarios, siendo patente como es un partido personalista (marca de la ideología comunista), por la adoración al líder, al que deben entre otras cosas el ascenso del mismo, la sabía canalización de la indignación general surgida del 11M y, en general el partido en sí. Nada desdeñable es la documentación aportada de su época estudiantil, donde el autor nos da unas pinceladas muy acertadas para conocer su personalidad y de los que le rodean (atentos a la actitud del traidor Errejón y de su ex pareja Tania Sánchez) los pactos en el hotel de Fuenlabrada, los tejemanejes con las democracias presidencialistas (por no decir dictaduras populistas), los trabajos de asesoría y las maniobras concertadas para intentar frenar a Podemos hasta el día de hoy de catadura moral más que dudosa, impagable la descripción de Manuel Carmena y sus virajes, así como, las maniobras de marketing entorna al personaje.
A modo de conclusión, la obra me ha gustado por los datos que aporta, por la exposición del líder la cual me malicio es acertada a pesar de notar cierto sesgo contra el partido en la exposición, que al final, deja un poso claro que podría resumirse en: incongruencia, decepción para con el partido emergente, cesarismo, sectarismos, que el fin justifica los medios… y en definitiva dejar claro que las soluciones aportadas por Podemos no están a la altura de las circunstancias, al igual que ocurre con otros partidos emergentes, abocando al sufrido votante a la resignación y la apatía, o lo que es peor, a tener que soporta más de lo mismo por aquello de ¨virgencita que me quede como estoy¨.
Sin embargo el libro propone una narración intensa y atrapante, está a su vez lleno de inconcreciones demasiado toscas y fácilmente localizables (y contrastables) que van siempre en favor de la teoría de fondo que el autor defienda en ese momento. La superficialidad con la que se trata el tema de la financiación ilegal del partido, dejando dudas, cuando la justicia y las investigaciones periodísticas desmienten esas dudas, es una chapuza. Lo mismo ocurre en ataques a la gestión de Carmena, se critica su gobierno como si el autor fuese un contertulio cualquiera que no quiere gastar dos páginas más en razonar con datos dicha posición. Se ataca nuevamente con generalidades sin fundamento. También se obvia la realidad de que efectivamente se creó una “policía política” contra Podemos cuando se menciona el uso de las cloacas como argumentario de Iglesias, como si estuviese mintiendo o se hiciese la víctima…

El chalet dispone de jardín, tiene 268 metros cuadrados, cuatro habitaciones y tres baños, además de una piscina que en realidad es pequeña y poco profunda para poder nadar en ella. Un defecto originario que alimentó el enfado de Montero, quien se quejó en privado por el revuelo mediático generado por algo que en su opinión es menor de lo que aparenta. Aun así, sobre el precio a pagar desde el sector inmobiliario aseguran que la operación es un chollo. Que el valor del chalet es de al menos un millón de euros. Mientras que sobre el antiguo propietario sobrevuela un velo de misterio. Nadie sabe quién es. Algo peculiar para una ciudad como Madrid, cuyo círculo de elites es reducido y muy cotilla.
Sectores influyentes de la izquierda madrileña van más allá. Aseguran que detrás de la compra se encuentra el emprendedor y amigo de Iglesias, Jaume Roures. El magnate catalán de la televisión fue quien en los días más duros del golpe a la democracia en Cataluña ofreció su vivienda en Barcelona para celebrar un encuentro entre Iglesias y Oriol Junqueras, líder de ERC. Él se define «amigo» tanto de Iglesias, como de Juan Carlos Monedero y Ariel Jerez, fundadores de Podemos.
Sea como fuere, el chalet de Galapagar es importante no solo por la incongruencia ideológica, sino también por la iconografía. Esa residencia para adinerados está en las antípodas del barrio rojo de Vallecas, zona popular de la que Iglesias juró no alejarse nunca.
El chalet de Galapagar también se ha convertido en el símbolo de la deriva personalista de Podemos. En una palabra: hiperliderazgo. Con ese término se explica la degeneración de un instrumento político pensado como colectivo, pero que ha acabado bajo el mando de un solo hombre, o de una sola pareja. Una formación cuyo símbolo es el círculo y que se ha reducido a entidad vertical, en la que el líder hace y deshace a su antojo. Ejemplos de este tipo de formaciones se pueden encontrar en varios partidos o movimientos de la época de la pos Guerra Fría. En Italia, por ejemplo, con los partidos de Berlusconi y el Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo y la familia Casaleggio, o en Francia, con Marine Le Pen y Emmanuel Macron.

La conjura de Carmena y Errejón, también llamada de las empanadillas, fue un movimiento cocinado y servido en primera persona por la alcaldesa de la capital. Ella llevaba meses alejada de Iglesias y las relaciones eran ya irreconciliables. Se habían reunido tres meses antes, de forma confidencial. Debían debatir sobre los equilibrios de la candidatura mixta, con políticos elegidos por la regidora y miembros de Podemos. Carmena había alertado a Iglesias de que no quería celebrar primarias; que la lista tenía que ser redactada por ella sola, para evitar desbandadas internas. Pero Iglesias le había recordado que las primarias eran obligatorias, que así lo dictaminaban los reglamentos del partido. Rápidamente se rompieron todos los puentes.
Se activa la purga pablista. Todos los asesores errejonistas vienen fulminados en pocas horas. Lo mismo le pasa a los de Espinar. Incluso dirigentes de primera fila sospechosos de comulgar con Errejón o Espinar son alejados. Personas involucradas en Podemos desde el comienzo, que habían comido y hablado con Iglesias hasta hace pocas semanas, están apartadas. Algunos logran salvaguardar un pequeño espacio interno. Pero la noche de los cuchillos largos ha comenzado.

Iglesias dejará en Italia amigos y algunos contactos académicos, después de su vuelta años más tardes a Florencia, para terminar sus estudios doctorales. Pero la influencia de Bolonia será de tal calibre que, al volver, se decanta por los estudios politológicos. No es casual que en su tesis doctoral dedique un capítulo a la historia de los desobedientes, que él enlaza con la experiencia del llamado «posobrerismo». Se trata de una corriente posmarxista que como bien recuerda Iglesias en España nunca tuvo demasiado éxito, pero que en la cabeza del joven politólogo se traduce en dos maneras de entender la política y la actualidad: alejarse de las elites dominantes en el segmento de la izquierda, tanto de IU como del PSOE, y crear un nuevo marco político-sentimental para proyectar lo que será Podemos. Este es el núcleo de la futura bomba atómica que Iglesias lanzará sobre la política española, y que la crisis económica ayudará a que cuaje.
En la cocina de los movimientos inspirados en el 15-M, Podemos no es la única iniciativa encaminada a recoger el voto del desencanto. Lo harán decenas de siglas, pero todas aplastadas por la fuerza de los morados, que en aquellos años es también económica. Los jóvenes comunistas sabían cómo recaudar fondos a través de las cooperativas activas en el ámbito del ladrillo y de la cooperación internacional. Y son los mejores en moverse en la televisión. Asumen que deben actuar como showmen para tener audiencia. Conocen la fuerza del discurso populista gracias a las experiencias políticas latinoamericanas y no reparan en moralismos: el fin justifica los medios. A medida que Iglesias se hace representante in pectore de todas las reivindicaciones populares de la crisis, su imagen pública despega. No podía tener pedestal mejor para alcanzar una gloria rápida, tal vez efímera.

La oposición venezolana sospechaba que detrás de los informes y consultorías encargadas por el gobierno de Chávez a la CEPS se escondía la financiación oculta a un partido político en el extranjero. Podemos había nacido oficialmente en el otoño de 2014, después de irrumpir en los comicios europeos de mayo (antes se había constituido como partido instrumental). La Junta Electoral Central había avisado de que ninguna persona o entidad extranjera podía financiar a los partidos españoles que se presentaran a las elecciones europeas. El incumplimiento derivaba en una falta administrativa, aunque un año más tarde, en 2015, una modificación de la norma ya postulaba medidas penales, con pena de cárcel de hasta cinco años para los infractores. El anuncio de una investigación en Venezuela sobre la actividad de la CEPS debió generar tensión en la fundación, todavía dirigida por personas afines a Podemos. A los pocos días, de hecho, la CEPS decidió disolverse.
Hasta sus últimos segundos de vida, la CEPS aseguró no tener nada que ver con Podemos, y que afirmarlo representaba una burda mentira. Esa tesis, sin embargo, es como mínimo cuestionable. Cargos altos o intermedios de Podemos trabajaron, colaboraron y participaron en proyectos de la fundación y en sus propios órganos directivos. Además de Alegre, Errejón e Iglesias, Fabiola Meco Tebar, exgerente de la CEPS, fue diputada y coportavoz de Podemos en Valencia; Ángela Ballester Muñoz, responsable de cooperación con América Latina, fue miembro del Consejo Ciudadano de Podemos y exdiputada en el Congreso…
Datos oficiales y definitivos no han salido hasta ahora a la luz. En las entrañas de la vieja web de CEPS se recogen ingresos de 442.838 euros (2011); 778.963 (2012) y 798.059 (2013). En cuanto a los gastos, la CEPS desembolsó en 2011 casi 200.000 euros más de lo que recaudó, mientras que en los dos siguientes ejercicios el balance es casi de equilibrio. En esos tres años, el total de colaboradores contratados alcanzó el número de 42 profesionales. No hay constancia de más registros, aunque en determinadas informaciones aparecidas en diarios digitales y de papel se ha llegado a hablar de 7 millones de euros, cobrados desde 2008 a través de Venezuela.
Los iraníes quieren que en Madrid se establezca una cadena que llegue hasta América Latina. La república islámica está aislada en el tablero internacional. Estados Unidos y la Unión Europea aplican duras sanciones y desde 2006 los presidentes venezolano e iraní, Chávez y Ahmadineyad, comienzan a presentarse juntos como los enemigos del imperialismo de Estados Unidos. Es algo parecido a una alianza estratégica. En 2007, activan un fondo común de 2.000 millones de dólares para invertir en países amigos. Chávez apoya en foros internacionales de América Latina la voluntad de Teherán de avanzar en su programa nuclear. Llega incluso a amagar con vender aviones de combate. Los fondos en común aumentan a 4.000 millones.
La galaxia de pequeñas empresas y cooperativas afines a Podemos es, de hecho, la otra gran mina de oro del partido. A través de ellas afianzarán la estructura de la formación. Se trata de empresas que logran dinero a través de los programas de cooperación internacional y que trabajan también en el sector inmobiliario, según coinciden fuentes de IU y Podemos. Los jóvenes de la izquierda alternativa saben muy bien qué hay que hacer si quieres que tu proyecto político salga adelante.

La desavenencia entre los fundadores, se comparte una tesis que es errónea. Lo que se argumenta es que Iglesias y Errejón fueron uña y carne hasta la decisión de no apoyar al gobierno de Pedro Sánchez y Albert Rivera y de precipitar la reelección de Mariano Rajoy. Lo que en teoría podría parecer un conflicto de estrategia política no fue ni tan siquiera el trasfondo de esta historia. Errejón, de hecho, nunca expresó oficialmente su apuesta por la abstención a Sánchez y Rivera. Aquella fue una argumentación que él dio a posteriori para justificar su alejamiento de Iglesias, que, sin embargo, se fraguó mucho antes.
Después de las elecciones europeas, los fundadores de Podemos se citaron para un fin de semana en la sierra. Ese retiro entre Segovia y Madrid había sido un lugar casi germinal de la actividad política de los fundadores de Podemos. En el pueblo de Valsaín, Iglesias, Errejón y otro profesor de la Complutense, Ariel Jerez, compartían un piso en alquiler. Solían reunirse con sus respectivas parejas, Tania Sánchez y Rita Maestre, y debatir sobre series, televisión y política. En la Complutense, donde los dos compartían un despacho, se les denominaba «el club de Valsaín». Monedero también tenía un piso por la zona, y hasta Ramón Espinar llegó a alquilar otro. El entorno bucólico y el bar del pueblo eran lugares donde los investigadores universitarios pusieron los cimientos del proyecto político inspirado en la España de los indignados. El idilio, no obstante, duró poco.
Las semanas que van desde el congreso de Vistalegre a las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2015 estarán ocupadas por el dilema de si presentarse con la marca registrada de Podemos o apostar por siglas instrumentales. El miedo es que en el aluvión de afiliaciones se puedan colar personas que manchen el proyecto. Tras un intenso debate, la cúpula decide que Ada Colau será la candidata a la alcaldía en Barcelona con una sigla propia, y que Manuela Carmena, aliada con Ganemos e Izquierda Unida, hará lo mismo en Madrid. Dirigentes del partido explican que aquella decisión de no concurrir con la marca de Podemos fue condicionada sobre todo por el miedo a mantener las distancias de los elegidos en cada ciudad, y a la vez para remarcar un modelo de partido inspirado en el municipalismo.

Representante de su tiempo, Iglesias simboliza a una generación líquida y deseosa de alcanzar la cima en poco tiempo. Es crítico con el capitalismo, pero se hace intérprete del más clásico de los mensajes publicitarios, y lo traslada a la política: si quieres, puedes, Sí se puede. Ese lema que Podemos importa de la campaña de Barack Obama otorga a la voluntad individual y colectiva un poder por encima de la comprensión de la realidad. No es el conocimiento, como diría Marx, el que empoderará y liberará a la clase trabajadora, sino la vehemencia del pueblo lo que mueve el mundo. Para ello es más importante estar en las redes sociales y en la televisión, donde Podemos tiene a periodistas y comunicadores amigos. Ese afán de gloria inmediata, sin embargo, acabará frenando al partido, porque Iglesias, confiado en el efecto reality show, se olvidará de construirlo.
La infidelidad era mutua, pero que Iglesias no aceptaba la de Tania Sánchez. Se habla de un asesor de Podemos, a quien Tania Sánchez ya se siente muy cercana. Cuando los dos en marzo de ese año habían anunciado en las redes sociales la ruptura oficial, se reconocieron habilidad, inteligencia y valentía. Pero su relación personal está acabada. En la ruptura entre Iglesias y Tania Sánchez muchos aseguran que hubo razones sentimentales y políticas. Las sentimentales apuntan a un cansancio de Tania Sánchez hacia el propio Iglesias, a quien ella ve como un «paranoico». Y las razones políticas se refieren a que ella esperaba tener más peso en Podemos. Será Juan Carlos Monedero quien logró convertir un problema político en un asunto de faldas para evitar que, desde fuera, se traslade la idea de que la unidad en la formación va mermando antes de un complicado ciclo electoral.
Todas las miradas comienzan a dirigirse hacia Irene Montero. Se mueve por instinto más que por racionalidad, aunque es extremadamente detallista. No hay intervención en el Congreso que no se prepare a fondo. Representa, además, el podemismo madrileño, más atento a la estética que el periférico, como el catalán o el andaluz. En eso, también hay muchos Podemos. Irene Montero es nombrada portavoz parlamentaria de Podemos, en sustitución del propio Errejón.
Nada más acabar Vistalegre II, Errejón hace algo que muchos compañeros del partido, entre ellos la propia Montero, jamás le perdonarán. En la noche del 12 de febrero de 2017, se dirige a La Morada, el mítico círculo de Podemos en la capital, para hablar a los suyos. Hay rostros tristes por la derrota y el temor de una purga que podría hacer perder las posiciones alcanzadas en el partido, así como los sueldos públicos a los que ya se han acostumbrado. Errejón pronuncia entonces un discurso en el que afirma que él no terminará de luchar: «No os preocupéis que vamos a contraatacar», dice. Cuando Iglesias se entera de aquel discurso, se le plantea otra vez la interminable duda de qué hacer con su exnúmero dos. Montero y otros de su entorno son favorables a la línea dura: apartarle de todos los cargos. Si hace falta, presionarle para que salga del partido. A menudo asocian las palabras conspirador y traidor a Errejón.
La relación se oficializa. Él está cansado de tanta guerra. Hay incluso quien sostiene que atraviesa una pequeña depresión. En tan solo cuatro años, desde las europeas a las segundas elecciones generales, ha perdido amigos y tiene una vida más estresada que nunca. Su asalto al poder tampoco ha triunfado, y ahora le espera una temporada en la oposición, situación que le aburre. Irene Montero, en cambio, está más fuerte que nunca y desde la portavocía del grupo parlamentario se erige en casi secretaria general. La oposición empieza a hablar de ellos como «los Ceaucescu», en referencia a la pareja de dictadores rumanos de los ochenta. Iglesias confía plenamente en ella, y comienza a delegarle el grueso del trabajo a nivel interno. Algunos fieles de Iglesias empiezan a torcer el rostro. Temen que Montero quiera aspirar a darle el relevo y que él esté de acuerdo. Pero confían en que se le pasará. Ven, sin embargo, cómo Montero va teniendo una influencia casi desmedida sobre él.

El 15-M pidió «limpiar» la administración de la corrupción, pero no descentralizar el Estado. Su exigencia fue un deseo de más igualdad y de rechazo a los privilegios en un contexto de dura crisis económica. La dinámica que llevaba a llenar la Puerta del Sol en los días del mayo madrileño era interclasista. La plaza solía llenarse a partir de las seis o siete de la tarde con la llegada de los treintañeros, aún con los trajes y las camisas del trabajo. No fue una movilización estudiantil, ni siquiera sindical. La transversalidad a la que tanto apelaba Errejón se manifestó en la Puerta del Sol, y en otras plazas españolas en aquellos días. Pero en ningún caso ahí se habló de plurinacionalidad ni de mayores concesiones a los nacionalistas.
La ruptura entre Iglesias y Bescansa se produce, no obstante, otra vez por la lucha de poder interno. En el canal oficial de Bescansa se publica, supuestamente por error, un documento en el que le planteaba a Errejón construir una corriente interna y desde ahí atacar a Iglesias aprovechando las elecciones autonómicas de 2019. Los chats internos vuelven a incendiarse. La filtración, de la que Bescansa responsabiliza a su «equipo», plantea también atacar a Ramón Espinar, hombre fuerte del secretario general en la capital. Bescansa se ofrecía como número dos de la lista electoral de Errejón para construir a través de Madrid «el embrión del futuro gobierno de España». Errejón, nada más conocer la publicación del documento-borrador, toma distancia de la socióloga. Tilda el documento de «delirante»…

El día en que Carmena fue investida alcaldesa, en junio de 2015, sus descubridores y principales promotores, Iglesias, Montero y Monedero, ya entendieron que algo iba mal. Ni Carmena ni su lugarteniente, Maestre, entregaron las invitaciones a tiempo y casi se quedan fuera de la sesión de investidura. Lograron entrar como invitados para aplaudir a la nueva regidora y estar en la foto gracias a una funcionaria pública y al concejal García Castaño, que les entregó los papeles necesarios para acceder al hemiciclo. En aquel momento, Monedero llevaba tiempo advirtiendo a Iglesias de que tuviera cuidado con Errejón.
La figura de Carmena se mantuvo impoluta y siempre desligada de sus errores. Ella no era la responsable de que la capital estuviera más sucia, fuera más peligrosa, menos cuidada y más contaminada, según datos de las encuestas a los ciudadanos a lo largo de los cuatro años de gobierno de Ahora Madrid. Su estrategia de comunicación, acordada con su mano derecha, Marta Higueras, el coordinador de alcaldía, Cueto, y su yerno, Rómulo Aguillaume, experto publicitario que había trabajado para Coca-Cola y McDonald’s, planteaba su alejamiento de todo tipo de tema conflictivo. Ella solo aparecía cuando hacía falta inaugurar algo, muy poca cosa debido a la mala gestión de los fondos públicos, o acudir a algún acto protocolario. Ante los problemas, su estrategia consistía en ponerse de perfil, hasta que el asunto dejara de ser de actualidad.
En lo económico y social, la gestión de Carmena también fue contradictoria. La pancarta Welcome Refugees se mantuvo durante años en los que las personas a la espera de obtener el permiso de refugiados tenían que dormir en las iglesias de la capital. La contaminación no se atajó. Y en cuanto a la deuda, reducida a ritmo récord, la explicación es que el milagro económico de Carmena era, en realidad, el resultado de la ley de Estabilidad Presupuestaria. La misma ley que ella y los suyos tildaban de «injusta» en el pleno, y fuera de él presumían de sus resultados. Esa normativa fijaba que todo el dinero presupuestado por los ayuntamientos iba automáticamente a amortizar la deuda contraída con los bancos si no se gastaba en el plazo de un año. La filosofía que subyacía a esa medida era evitar el gasto descontrolado de las entidades locales, las que más se habían endeudado en los años de la borrachera financiera de los ochenta y noventa.
A medida que Carmena se afianza en el gobierno local e ignora a la oposición y a los grupos que forman parte de su equipo, crece la preocupación en Podemos. Nadie duda ya de su olfato político, pero los descalificativos no se ahorran: «Es vengativa y mentirosa», coincidían muchos exmiembros de su ejecutivo. Alérgica a las reuniones internas de Ahora Madrid, Carmena empieza a amenazar con tirar la toalla cada vez que teme encontrarse en minoría. En los primeros dos veranos ya detecta señales de cansancio. Le cuesta tener bajo control a algunos de sus ediles.

Por mucho que Iglesias y Montero intenten esconderse detrás de la cortina de la traición de Errejón, el proyecto morado ha superado desde hace tiempo su cenit, y se aproxima inexorable al ocaso. A diferencia de los comienzos, Podemos ya no plantea dar el sorpasso al PSOE. Es Errejón, en cambio, quien ahora exclama «acelera, acelera», deseoso de velocidad y poder. Monedero escribirá que «la diferencia entre las películas de autor y las series es que en las primeras el final lo dicta lo que nos quiere contar el director, y en las series, de manera creciente, lo que quieren las audiencias». La suma de esos giros inesperados es, en opinión del fundador de Podemos, el resultado de una política con horizonte incierto. «Es lo que pasa cuando la política la hacen actores bien parecidos y eficaces guionistas de anuncios en vez de aburridos ideólogos o gentes con un proyecto de país», añade para atacar al PSOE de Sánchez, aunque esas palabras reflejan mucho de la historia de Podemos. Y el hecho de que, aun huyendo del final trágico de las películas de autor, también las mejores series tienen su última temporada.
Malestar sobre malestar, se van juntando las piezas de una alianza cada vez más fuerte contra Iglesias y Montero. Solo queda una carta que jugar: entrar en el ejecutivo y desde ahí afianzar la dirección. Iglesias nunca tuvo un plan B, porque siempre pensó que solo desde el gobierno podía consolidar su figura y el partido. En eso se mantiene, cinco años y ocho meses después de la fundación de Podemos.

Cabe hacer una reflexión sobre el presente y futuro de Podemos. Y la conclusión es que son tres los factores que han marcado y marcarán su descenso: el ego, la pasión y Cataluña.
El ego, es decir, el miedo a que un partido más estructurado pudiera restarle fuerza y rapidez, además de cuotas de poder interno, frenó la conquista del electorado por parte de Podemos. El personaje, de alguna manera, se comió a la persona e Iglesias, tras varios años interpretando el papel que le había cocido Errejón, estalla. Cansado de la guerra interna, las falsas sonrisas y las filtraciones a los medios, encuentra en Irene Montero algo así como el espíritu más genuino de la protesta. Ella no tiene el conocimiento político de Tania Sánchez ni la habilidad estratégica de Errejón, pero los círculos y las bases aprecian su pasión.
Iglesias nunca creyó de verdad en el grueso de sus propuestas sociales. Desde la devolución del dinero prestado a los bancos tras la crisis económica, o la intervención de los precios de la energía, es consciente de la inviabilidad de esas medidas. Asume la práctica populista, pensando que conoce su coste. El cinismo forma parte de esa elección, puesto que se trata de explotar las frustraciones y el sufrimiento de los más débiles en beneficio de un proyecto personal. Pero cree que es un trago necesario para alcanzar el poder, y que desde ahí llegará su expiación. Aunque hacerlo significa alejarse de los que veían en el conocimiento y la verdad la liberación de las masas.
Esos ingredientes se mezclan con otro, gran desencadenante de la crisis de Podemos. Este es el factor humano y su debilidad. A medida que el proyecto de Podemos se va asentando en las instituciones, en el Iglesias político comienzan a manifestarse sus fantasmas.
El nuevo Pablo Iglesias, cansado de la lucha política, con la voz más tenue y sufrida, que ha reducido su círculo de confianza a pocas personas, muchas de ellas amistades de Irene Montero, y en buena medida incapaces de plantarle cara, busca un refugio. Lo encuentra en el chalet de Galapagar. Toda la retórica que sirvió para dar el asalto a los cielos se ha secularizado. Lo divino se ha convertido en terrenal. Y la compra de un chalet en las afueras, de por sí elemento residual de lo que debería ser el balance de la trayectoria de un político, se convierte en acto final de una tragedia, que sus protagonistas como mucho temían que acabara en farsa.
A medida que el partido pierde capacidad propositiva, Iglesias comprende que el único elemento diferenciador del PSOE es Cataluña. Y en esa voluntad de acercamiento al separatismo, de seducción de la clase dirigente catalana ya rebotada contra Madrid, acaba acercándose a Jaume Roures, el empresario catalán que le asegura una plataforma mediática para difundir de manera más o menos directa su mensaje. Como decía Lenin, sin un periódico controlado por el partido, no se hace la revolución. Iglesias, que desde el comienzo había buscado su canal de televisión, lo logra con La Sexta. Y si el precio que hay que pagar es asumir entre sus valores el referéndum separatista en Cataluña, considera que es aceptable. La vanidad y la sed de poder se imponen. En Cataluña, Iglesias encuentra su Waterloo.

A los ojos de muchos votantes de Podemos, después de cinco años de construcción de un partido personalista, la suma ya no es positiva. Además, el «partido del cambio» no solo no se ha envuelto en la bandera española, como hubiera podido hacer, y ahora posiblemente estaríamos escribiendo otra historia, sino que se ha colgado en la solapa un pin amarillo. La brújula del joven líder que entusiasmó a una generación de treintañeros frustrados por la crisis y deseosos de gritarle al sistema «qué hay de lo mío» se ha averiado. Su electorado, posmoderno como él o desencantado con las promesas populistas, comienza a formar sus propias familias.

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It is the chronicle of the origin, present and presumable future of the ¨Podemos¨ party, by the hand of its creator, regardless of who regrets Pablo Iglesias, who as a politician revolutionized the Spanish scene and I dare say that he departs from abroad.
From its easy reading it is possible to extract and isolate the lies and fallacious speeches wielded by both Pablo’s party and his adversaries, being evident how it is a personalist party (brand of communist ideology), for the adoration of the leader, to whom they must other things its rise, it knew how to channel the general indignation that emerged from 9/11 and, in general, the party itself. Nothing negligible is the documentation provided from his student days, where the author gives us very accurate brushstrokes to get to know his personality and those around him (attentive to the attitude of the traitor Errejón and his ex-partner Tania Sánchez) the pacts in the Fuenlabrada hotel, the goings-on with the presidential democracies (not to say populist dictatorships), the advisory work and the concerted maneuvers to try to stop Podemos to this day from a more than doubtful moral appearance, priceless the description of Manuel Carmena and his turns, as well as, the marketing maneuvers surrounds the character.
By way of conclusion, I liked the work for the data it provides, for the exposition of the leader, which I curse is correct despite noticing a certain bias against the party in the exposition, which in the end, leaves a clear ground that could Summarized in: incongruity, disappointment with the emerging party, Caesarism, sectarianism, that the end justifies the means … and ultimately make it clear that the solutions provided by Podemos are not up to the circumstances, as is the case with other emerging parties, turning the long-suffering voter to resignation and apathy, or worse, to having to endure more of the same for that of “little virgin who stays as I am”.
However, the book proposes an intense and captivating narration, it is in turn full of too coarse and easily locatable (and verifiable) inconsistencies that are always in favor of the underlying theory that the author defends at the time. The superficiality with which the issue of the illegal financing of the party is treated, leaving doubts, when justice and journalistic investigations deny those doubts, is a bungling. The same occurs in attacks on Carmena’s management, his government is criticized as if the author were any other party who does not want to spend two more pages reasoning with that position with data. It is attacked again with unsubstantiated generalities. The reality that a “political police” was indeed created against Podemos is also obviated when the use of sewers is mentioned as an argument by Iglesias, as if he were lying or made himself the victim …

The chalet has a garden, it has 268 square meters, four bedrooms and three bathrooms, in addition to a pool that is actually small and shallow to be able to swim in it. An original defect that fueled the anger of Montero, who privately complained about the media stir caused by something that in his opinion is less than it appears. Even so, on the price to pay from the real estate sector they assure that the operation is a bargain. That the value of the chalet is at least one million euros. While a veil of mystery flies over the former owner. No one knows who he is. Something peculiar for a city like Madrid, whose circle of elites is small and very nosy.
Influential sectors of the Madrid left go further. They assure that behind the purchase is the entrepreneur and friend of Iglesias, Jaume Roures. The Catalan television magnate was the one who in the hardest days of the coup against democracy in Catalonia offered his home in Barcelona to celebrate a meeting between Iglesias and Oriol Junqueras, leader of the ERC. He defines himself as a “friend” of both Iglesias and Juan Carlos Monedero and Ariel Jerez, founders of Podemos.
Be that as it may, the Galapagar chalet is important not only for its ideological inconsistency, but also for its iconography. This residence for the wealthy is in the antipodes of the red-light district of Vallecas, a popular area from which Iglesias swore never to leave.
The Galapagar chalet has also become the symbol of Podemos’s personal drift. In a word: hyper leadership. This term explains the degeneration of a political instrument thought of as a collective, but which has ended up under the command of a single man, or a single couple. A formation whose symbol is the circle and which has been reduced to a vertical entity, in which the leader makes and breaks at will. Examples of these types of formations can be found in various parties or movements of the post-Cold War era. In Italy, for example, with the parties of Berlusconi and the 5 Star Movement of Beppe Grillo and the Casaleggio family, or in France, with Marine Le Pen and Emmanuel Macron.

The plot of Carmena and Errejón, also called the empanadillas, was a movement cooked and served in first person by the mayor of the capital. She had been away from Iglesias for months and the relationships were already irreconcilable. They had met three months earlier, confidentially. They were to debate the balances of the mixed candidacy, with politicians chosen by the councilor and members of Podemos. Carmena had alerted Iglesias that he did not want to hold primaries; that the list had to be written by herself, to avoid internal riot. But Iglesias had reminded him that primaries were compulsory, as dictated by party regulations. All bridges quickly broke down.
The Pabloite purge is activated. All the errejonistas advisers come fulminated in a few hours. The same thing happens to those of Espinar. Even front-line leaders suspected of communing with Errejón or Espinar are removed. People involved in Podemos from the beginning, who had eaten and talked to Iglesias until a few weeks ago, are apart. Some manage to safeguard a small internal space. But the night of the long knives has begun.

Iglesias will leave friends and some academic contacts in Italy, after his return years later to Florence, to finish his doctoral studies. But the influence of Bologna will be of such caliber that, when he returns, he opts for political studies. It is not by chance that in his doctoral thesis he dedicates a chapter to the history of the disobedient, which he links to the experience of the so-called “post-workerism”. It is a post-Marxist trend that, as Iglesias correctly recalls, in Spain was never very successful, but that in the young political scientist’s head translates into two ways of understanding politics and current affairs: moving away from the dominant elites in the segment of the left. , both from IU and the PSOE, and create a new political-sentimental framework to project what Podemos will be. This is the nucleus of the future atomic bomb that Iglesias will drop on Spanish politics, and that the economic crisis will help it take hold.
In the kitchen of the movements inspired by 15-M, Podemos is not the only initiative aimed at collecting the vote of disenchantment. Dozens of acronyms will do it, but all crushed by the force of the purple ones, which in those years was also economic. Young Communists knew how to raise funds through cooperatives active in the field of brick and international cooperation. And they are the best at moving on television. They assume they must act as a showmen to have an audience. They know the strength of populist discourse thanks to Latin American political experiences and do not pay attention to moralisms: the end justifies the means. As Iglesias becomes an in pectore representative of all the popular demands of the crisis, his public image takes off. He couldn’t have had a better pedestal to achieve quick, perhaps ephemeral, glory.

The Venezuelan opposition suspected that behind the reports and consultancies commissioned by the Chávez government from CEPS, hidden funding was hidden from a political party abroad. Podemos was officially born in the fall of 2014, after breaking into the European elections in May (it had previously been constituted as an instrumental party). The Central Electoral Board had warned that no foreign person or entity could finance the Spanish parties running for the European elections. Failure to comply resulted in an administrative offense, although a year later, in 2015, an amendment to the rule already proposed criminal measures, with prison terms of up to five years for violators. The announcement of an investigation in Venezuela on CEPS activity should have generated tension in the foundation, still led by people related to Podemos. In a few days, in fact, CEPS decided to dissolve.
Until his last seconds of life, CEPS claimed to have nothing to do with Podemos, and that affirming it represented a gross lie. That thesis, however, is at least questionable. High or intermediate positions of Podemos worked, collaborated and participated in projects of the foundation and in its own governing bodies. In addition to Alegre, Errejón and Iglesias, Fabiola Meco Tebar, former CEPS manager, was a deputy and co-spokesperson for Podemos in Valencia; Angela Ballester Muñoz, responsible for cooperation with Latin America, was a member of the Citizen Council of Podemos and a former deputy in Congress …
Official and definitive data have so far not come to light. Income of 442,838 euros (2011) is collected in the bowels of the old CEPS website; 778,963 (2012) and 798,059 (2013). Regarding expenses, CEPS in 2011 disbursed almost 200,000 euros more than it raised, while in the following two years the balance is almost equilibrium. In those three years, the total of contracted collaborators reached the number of 42 professionals. There is no record of more registrations, although in certain information appearing in digital and paper newspapers, it has come to speak of 7 million euros, collected since 2008 through Venezuela.
The Iranians want Madrid to establish a chain that reaches Latin America. The Islamic Republic is isolated on the international table. The United States and the European Union apply tough sanctions and since 2006 the Venezuelan and Iranian presidents, Chávez and Ahmadineyad, begin to present themselves together as the enemies of US imperialism. It is something like a strategic alliance. In 2007, they activated a common fund of 2,000 million dollars to invest in friendly countries. Chávez supports Tehran’s willingness to advance his nuclear program in international forums in Latin America. He even goes so far as to sell fighter jets. The common funds increase to 4,000 million.
The galaxy of small businesses and cooperatives related to Podemos is, in fact, the other great gold mine of the party. Through them they will strengthen the structure of the formation. These are companies that make money through international cooperation programs and that also work in the real estate sector, according to sources from IU and Podemos. Young people on the alternative left know very well what to do if you want your political project to succeed.

The disagreement between the founders, a thesis is shared that is wrong. What is argued is that Iglesias and Errejón were flesh and blood until the decision not to support the government of Pedro Sánchez and Albert Rivera and to precipitate the reelection of Mariano Rajoy. What in theory might seem like a conflict of political strategy was not even the background to this story. Errejón, in fact, never officially expressed his commitment to abstention from Sánchez and Rivera. That was an argument that he gave a posteriori to justify his departure from Iglesias, which, however, was hatched much earlier.
After the European elections, the founders of Podemos met for a weekend in the mountains. That retreat between Segovia and Madrid had been an almost germinal place of the political activity of the founders of Podemos. In the town of Valsaín, Iglesias, Errejón and another Complutense teacher, Ariel Jerez, shared an apartment for rent. They used to meet with their respective partners, Tania Sánchez and Rita Maestre, and discuss series, television and politics. At Complutense, where the two shared an office, they were called “the Valsaín club.” Monedero also had an apartment in the area, and even Ramón Espinar went on to rent another. The bucolic environment and the town bar were places where university researchers laid the foundations of the political project inspired by the Spain of the outraged. The idyll, however, was short-lived.
The weeks that go from the Vistalegre congress to the municipal and regional elections of May 2015 will be occupied by the dilemma of whether to present yourself with the trademark of Podemos or bet on instrumental acronyms. The fear is that people who stain the project may sneak into the barrage of affiliations. After intense debate, the leadership decides that Ada Colau will be the mayoral candidate in Barcelona with her own acronym, and that Manuela Carmena, allied with Ganemos and Izquierda Unida, will do the same in Madrid. Party leaders explain that the decision not to compete with the Podemos brand was conditioned above all by the fear of keeping distance from the elected in each city, and at the same time to highlight a party model inspired by municipalism.

Representative of his time, Iglesias symbolizes a liquid generation eager to reach the top in a short time. He is critical of capitalism, but he becomes an interpreter of the most classic of advertising messages, and translates it into politics: if you want, you can, Yes you can. That motto that we can matter of the Barack Obama campaign gives individual and collective will a power above the understanding of reality. It is not knowledge, as Marx would say, that will empower and liberate the working class, but the vehemence of the people that moves the world. For this, it is more important to be on social networks and on television, where Podemos has friendly journalists and communicators. That desire for immediate glory, however, will end up stopping the party, because Iglesias, confident in the reality show effect, will forget to build it.
The infidelity was mutual, but that Iglesias did not accept that of Tania Sánchez. There is talk of an adviser to Podemos, to whom Tania Sánchez already feels very close. When the two in March of that year had announced the official breakup on social networks, they recognized their ability, intelligence and courage. But their personal relationship is over. In the split between Iglesias and Tania Sánchez, many assure that there were sentimental and political reasons. The sentimental ones point to a weariness of Tania Sánchez towards Iglesias himself, whom she sees as a «paranoid». And the political reasons refer to the fact that she hoped to have more weight in Podemos. It will be Juan Carlos Monedero who managed to turn a political problem into a matter of skirts to prevent the idea from being transferred from the outside that the unity in the formation is diminishing before a complicated electoral cycle.
All eyes begin to turn towards Irene Montero. It moves by instinct rather than rationality, although it is extremely detailed. There is no intervention in Congress that is not thoroughly prepared. It also represents Madrid’s podemism, more attentive to aesthetics than peripheral, such as Catalan or Andalusian. In that, there are also many Podemos. Irene Montero is named Podemos parliamentary spokesperson, replacing Errejón himself.
As soon as Vistalegre II is over, Errejón does something that many party colleagues, including Montero herself, will never forgive him. On the night of February 12, 2017, he goes to La Morada, the mythical circle of Podemos in the capital, to speak to his family. There are sad faces from defeat and fear of a purge that could make them lose the positions achieved in the party, as well as the public salaries to which they have already become accustomed. Errejón then makes a speech in which he states that he will not finish fighting: “Don’t worry that we are going to fight back,” he says. When Iglesias finds out about that speech, the endless question arises as to what to do with his former number two. Montero and others in his environment are in favor of the hard line: remove him from all charges. If necessary, pressurize him to leave the game. They often associate the words conspirator and traitor with Errejón.
The relationship becomes official. He is tired of so much war. There are even those who maintain that they are going through a small depression. In just four years, from the European to the second general elections, he has lost friends and has a more stressed life than ever. His assault on power has not triumphed either, and now he awaits a season in the opposition, a situation that bores him. Irene Montero, on the other hand, is stronger than ever and from the spokesperson of the parliamentary group stands as almost general secretary. The opposition begins to speak of them as “the Ceaucescu”, referring to the couple of Romanian dictators of the eighties. Iglesias fully trusts her, and begins to delegate the bulk of the work to her internally. Some church faithful begin to twist their faces. They fear that Montero wants to aspire to replace him and that he agrees. But they trust it will pass. They see, however, how Montero is having an almost excessive influence on him.

On May 15 (15-M), he asked to “clean up” the administration of corruption, but not to decentralize the state. Their demand was a desire for more equality and rejection of privileges in a context of severe economic crisis. The dynamic that led to filling the Puerta del Sol in the days of Madrid in May was interclass. The plaza used to fill up after six or seven in the afternoon with the arrival of the thirties, even with work suits and shirts. It was not a student mobilization, not even a union one. The transversality to which Errejón appealed so much manifested itself in Puerta del Sol, and in other Spanish squares in those days. But in no case was there any talk of plurinationality or greater concessions to the nationalists.
The rupture between Iglesias and Bescansa is produced, however, again by the internal power struggle. Supposedly by mistake, a document was published on the official Bescansa channel in which he asked Errejón to build an internal current and from there attack churches by taking advantage of the 2019 regional elections. The internal chats caught fire again. The leak, for which Bescansa blames his “team,” also aims to attack Ramón Espinar, a strong man of the secretary general in the capital. Bescansa offered himself as number two on Errejón’s electoral list to build through Madrid “the embryo of the future government of Spain”. Errejón, as soon as he knows the publication of the draft document, takes distance from the sociologist. Label the document “delusional” …

The day that Carmena was sworn in as mayor in June 2015, her discoverers and main promoters, Iglesias, Montero and Monedero, already understood that something was wrong. Neither Carmena nor his lieutenant, Maestre, delivered the invitations on time and were almost left out of the investiture session. They managed to enter as guests to applaud the new councilor and be in the photo thanks to a public official and councilman García Castaño, who gave them the necessary papers to access the chamber. At that time, Monedero had long warned Iglesias to be careful with Errejón.
Carmena’s figure remained spotless and always detached from her mistakes. She was not responsible for the capital being dirtier, more dangerous, less well-kept and more polluted, according to data from citizen surveys throughout the four years of the Now Madrid government. His communication strategy, agreed with his right hand, Marta Higueras, the mayor’s coordinator, Cueto, and his son-in-law, Rómulo Aguillaume, an advertising expert who had worked for Coca-Cola and McDonald’s, raised his estrangement from all kinds of contentious issues. She only appeared when it was necessary to open something, very little due to the mismanagement of public funds, or to go to some protocol act. In the face of problems, his strategy was to put himself in profile, until the issue was no longer topical.
Economically and socially, Carmena’s management was also contradictory. The Welcome Refugees banner was kept for years when people waiting to get a refugee permit had to sleep in churches in the capital. The contamination was not stopped. And as for the debt, reduced at a record rate, the explanation is that Carmena’s economic miracle was, in reality, the result of the Budget Stability law. The same law that she and hers called “unfair” in plenary, and outside it boasted of its results. These regulations established that all the money budgeted by the municipalities would automatically pay off the debt contracted with the banks if it was not spent within a year. The philosophy behind this measure was to avoid the uncontrolled spending of local entities, the ones that had become most indebted in the financial drunken years of the 1980s and 1990s.
As Carmena grows stronger in the local government and ignores the opposition and the groups that are part of her team, the concern in Podemos grows. No one doubts her political nose anymore, but the disqualifications are not spared: “She is vengeful and a liar,” agreed many former members of her executive. Allergic to the internal meetings of Ahora Madrid, Carmena begins to threaten to throw in the towel every time she fears being in the minority. In the first two summers, he already detects signs of tiredness. He has a hard time keeping some of his aediles under control.

As much as Iglesias and Montero try to hide behind the curtain of Errejón’s betrayal, the purple project has long passed its zenith, and is inexorably approaching sunset. Unlike in the beginning, Podemos no longer plans to surprise the PSOE. It is Errejón, on the other hand, who now exclaims “accelerate, accelerate”, desirous of speed and power. Monedero will write that “the difference between author films and series is that in the first the end is dictated by what the director wants to tell us, and in the series, increasingly, what the audiences want.” The sum of these unexpected turns is, in the opinion of the founder of Podemos, the result of a policy with an uncertain horizon. “It is what happens when politics is made by good-looking actors and effective screenwriters of advertisements instead of boring ideologues or people with a country project,” he adds to attack Sánchez’s PSOE, although those words reflect much of the history of Podemos. . And the fact that, even while fleeing the tragic end of auteur films, the best series also have their last season.
Discomfort over discomfort, the pieces of an increasingly strong alliance against Iglesias and Montero are gathering. There is only one card left to play: enter the executive and from there strengthen the management. Iglesias never had a plan B, because he always thought that only from the government could he consolidate his figure and the party. It is in this, five years and eight months after the founding of Podemos.

It is worth reflecting on the present and future of Podemos. And the conclusion is that there are three factors that have marked and will mark its decline: ego, passion and Catalonia.
The ego, that is, the fear that a more structured party could take away its strength and speed, in addition to quotas of internal power, slowed down the conquest of the electorate by Podemos. The character, somehow, ate the person and Iglesias, after several years playing the role Errejón had cooked for him, explodes. Tired of the internal war, the false smiles and the leaks to the media, he finds in Irene Montero something like the most genuine spirit of the protest. She does not have Tania Sánchez’s political knowledge or Errejón’s strategic ability, but circles and grassroots appreciate her passion.
Iglesias never really believed in the bulk of his social proposals. From the return of money loaned to banks after the economic crisis, or the intervention of energy prices, he is aware of the non-viability of these measures. Take on the populist practice, thinking you know its cost. Cynicism is part of that choice, since it is about exploiting the frustrations and suffering of the weakest for the benefit of a personal project. But he believes that it is a necessary drink to reach power, and that his expiation will come from there. Although doing so means moving away from those who saw in knowledge and truth the liberation of the masses.
Those ingredients are mixed with another, a great trigger for the Podemos crisis. This is the human factor and its weakness. As the Podemos project is established in the institutions, its phantoms begin to manifest in the political churches.
The new Pablo Iglesias, tired of the political struggle, with the most subdued and long-suffering voice, who has reduced his circle of trust to few people, many of them friends of Irene Montero, and largely unable to stand up to him, seeks refuge . He finds it in the Galapagar chalet. All the rhetoric that served to assault the heavens has been secularized. The divine has become earthly. And the purchase of a villa on the outskirts, in itself a residual element of what should be the balance of the career of a politician, becomes the final act of a tragedy, which its protagonists at most feared would end in farce.
As the party loses its propositional capacity, Iglesias understands that the only differentiating element of the PSOE is Catalonia. And in that desire to approach separatism, to seduce the Catalan ruling class already rebounded against Madrid, he ends up approaching Jaume Roures, the Catalan businessman who assures him of a media platform to spread his message more or less directly. As Lenin said, without a party-controlled newspaper, there is no revolution. Iglesias, who had searched for his television channel from the beginning, succeeds with La Sexta. And if the price to be paid is to take the separatist referendum in Catalonia among its values, consider that it is acceptable. Vanity and a thirst for power prevail. In Catalonia, Iglesias finds his Waterloo.

In the eyes of many Podemos voters, after five years of building a personalist party, the sum is no longer positive. In addition, the “party of change” has not only not wrapped itself in the Spanish flag, as it could have done, and now we could possibly be writing another story, but a yellow pin has been hung on the lapel. The compass of the young leader who excited a generation of thirtysomethings frustrated by the crisis and eager to shout “what’s up with me” to the system has failed. His electorate, postmodern like himself or disillusioned with populist promises, begins to form their own families.

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