Posverdad Y Otros Enigmas — Maurizio Ferraris / Postverità E Altri Enigmi (Post-Truth And Other Puzzles) by Maurizio Ferraris

El mundo en el que vivimos está fuertemente condicionado por esa realidad paralela que es la red: donde los hombres y las mujeres se convierten en cuentas, las opiniones se vuelven postm, la realidad se convierte en ese concepto oscuro, loco y algo absurdo que Maurizio ferraris llama post-verdad.
El concepto de verdad está devaluado, y no a partir de hoy: la crisis del conocimiento científico vinculada al nacimiento de la mecánica cuántico-relativista y las paradojas irresolubles de la lógica se remontan a la primera mitad del siglo XX; solo que el mundo de la red nos da tales picos de ignorancia y estupidez desde una opinión casi cómica. Nos faltaría respeto por el drama de Kurt Godel enloquecido frente al teorema de la incompletitud, frente a Werner Heisemberg con sus principios de indeterminación, si no para el ganador del Premio Nobel Bertrand Russel con su paradoja, pero uno no puede evitar hacer un paralelismo despiadado. la
El mundo del siglo XXI se ha llenado de bufones de terrapiattisti, vacunas que provocan el autismo, aterrizajes perdidos en la luna y cosas así.
Todos sabemos de qué estamos hablando, pero el punto es otro. ¿Es lícito limitarse a un escándalo corto, señalar con el dedo el estúpido giro o tal vez dada la extensión del fenómeno, es apropiado verificar si hay algo mucho más serio detrás de esto? Maurizio Ferraris tiene todos los medios para preguntarse y responder a esta pregunta. Profesor de filosofía en la Universidad de Florencia y presidente del laboratorio de ontología, estudió el concepto oscuro de la postveridad y extrajo de él esta “postveridad y otros enigmas”. Lo cual es realmente una perla.
El académico florentino logra encontrar una síntesis perfecta entre el rigor de los conceptos con claridad y facilidad de uso: su razonamiento es riguroso pero muy comprensible, y el libro es a veces incluso divertido, imbuido de una sátira ardiente pero hilarante hacia todo el mundo. teclado hoy. Para aquellos que han hecho de Ontology, su trabajo no es pequeño y afortunadamente, porque la ciencia de ser como ser es necesaria para discutir la postveridad.
La idea de la verdad se confundió y echó a perder en el siglo XX, a partir de la crisis científica que mencioné anteriormente: pero el advenimiento del posmodernismo ha separado el ojo de la verdad (que pertenece al razonamiento humano) del del ser (que pertenece al mundo). cosas en sí): de aquí para decir que la verdad es una creación exclusivamente humana y que no hay hechos sino solo interpretaciones, el paso es corto. El advenimiento de Internet que ha convertido a cada usuario en protagonista de sí mismo, junto con la idea populista de estos días de que uno vale, ha hecho el resto. Desde este punto de vista, la postveridad es una verdad separada de las cosas y desintegrada en tantas opiniones como personas.
Pero hay mucho más. Nadie puede creer que hay personas lo suficientemente estúpidas como para REALMENTE creer que la tierra es plana o que las vacunas provocan autismo. Hay algo más detrás de esto, mucho más profundo. Una verdad adoptada por la posmodernidad ya no tiene nada que ver con nuestro enfoque de la realidad (hay cosas que son y nuestros pensamientos que corresponden a lo que es verdad): la postveridad no tiene nada que ver con saber, tiene que ver con el reconocimiento El león del teclado que lanza consignas contra compañías farmacéuticas o poderes fuertes no está revelando un engaño que realmente quiere saber más: simplemente está buscando una identidad, para satisfacer el estallido de frustración que tiempos como estos generan. Cada vez más personas no sienten a nadie, y siempre es algo similar o pertenecer a un grupo definido y feroz que se destaca de la multitud. La postveridad es, por lo tanto, una verdad de la fragilidad, nuclearizada y que ha traicionado totalmente sus objetivos. ¿Cuál es el punto de tratar con personas de este tipo utilizando argumentos, ejemplos y demostraciones? Son eprsone que no están interesados en escuchar y saber. Es el reconocimiento de su singularidad lo que buscan.
Las páginas que describen la evolución económica y social que ha sido la base de la evolución del pensamiento han sido muy interesantes. Desde un mundo de verdades de granito, sólido y concreto como el del siglo XIX y en particular de los conceptos marxistas de capital, bienes y plusvalor, hemos pasado a la sociedad de consumo que supera la necesidad de supervivencia física y que a través de los nuevos medios se transforma en bienes incluso el entretenimiento (como los postruistas, incluso los canales de televisión de los años setenta y ochenta deben observarse con un ojo clínico) hasta el advenimiento de la red y las redes sociales que hicieron de cada persona un productor de post y postverity a tiempo completo y sin cargo, sin perjuicio del reconocimiento ficticio recibido a cambio.
En las últimas páginas, Ferraris hace un corto tiempo y de manera ligera hace su trabajo, es decir, habla sobre lo que es (ontología) y lo que sabemos (epistemología), presentando una idea nueva y más moderna de la verdad como un puente para ser y conocer , pero que se basa en el conocimiento tecnológico y en el rigor del proceso de verificación como un vínculo indispensable para restaurar al menos parte de su solidez del siglo XIX a la verdad.
Al cerrar este libro tengo ideas mucho más claras que algunas ideas ridículas pero muy peligrosas que circulan hoy en el mundo, aunque persisten algunas perplejidades, imagino por razones de divulgación. Me parece que el libro se enfoca demasiado en el concepto de tecnología más que en la ciencia, y que subestima el colapso de las certezas científicas que llevaron a todo esto (colapso del cual aún hoy los científicos no se han recuperado por completo).

La posverdad es un objeto social real, como lo son la recesión o la plusvalía, que se ejerce sobre asuntos de interés público (no hay posverdades en las controversias privadas), que se manifiesta en la web, debiendo entenderse como la heredera de la opinión pública en el sentido que le imprime Habermas. Como cualquier otro objeto social, la posverdad se sustenta sobre caracteres metahistóricos y, en especial, sobre esa amalgama tan imperfecta llamada «humanidad», por naturaleza más inclinada a la estupidez que a la inteligencia. Su originalidad reside en la forma específica con que la debilidad humana se manifiesta hoy día.

Lo posmoderno era la síntesis de cuatro idola muy influyentes en la filosofía después de Kant. Para empezar, los idola tribus, que deben entenderse en este caso como los brillos que deslumbran y ciegan a la tribu filosófica, y que por entonces se podían resumir en: la realidad no existe, existe solo el lenguaje con el que la describimos. Luego estaban los idola specus, los brillos cegadores de la caverna: educados en el respeto a la verdad en tanto que elemento imprescindible de toda formación humanista o científica, los posmodernos quedaban fascinados por lo opuesto, a saber, por la potencia de lo falso. Luego estaban los idola fori, los brillos cegadores de la plaza pública y de su lenguaje, para los que lo «realista» es entendido por lo general como «partidario de una Realpolitik, y por lo tanto, reaccionario» (mientras que –y la situación actual lo demuestra de una manera inmejorable– lo que es verdad es claramente lo contrario). Por último, estaban los idola theatri, los prejuicios de las filosofías del pasado. Entre estos últimos el más seductor era el principio de Nietzsche que reza que «no existen los hechos, solo las interpretaciones». Frase poderosa y prometedora porque premiaba la más bella de las ilusiones: la de tener siempre razón, en cualquier circunstancia e independientemente de que la historia o la experiencia lo pudieran desmentir.
Más fuertes que los poderes fuertes son, por lo tanto, los poderes débiles: la envidia, el resentimiento, la civilización. Es necesario abandonar la ilusión según la cual la verdad nos hace felices y virtuosos. Lo verdadero es lo contrario: la virtud es la cualidad de los salvajes y es corrompida por el saber, la verdad es la trágica tristeza (lo mejor sería no haber nacido), la ignorancia es un bien, solo somos felices mientras soñamos, en el inconsciente, que no sabe lo que son las contradicciones, en el emotivismo (lo que cuenta es el sentir, no el saber), en el arte que ama la ilusión, el velo y la máscara. Es una delectatio morosa para quien tenga tiempo y paciencia: nada es verdadero, todo es aparente, luego todo es, si no posible, criticable. Bien, puede ser, pero a la larga las masas se impacientan y piden cosas algo más sólidas.

En vez de negar la existencia de la posverdad, como los hermeneutas, o reputarla como algo filosóficamente irrelevante, como los analíticos, propongo ver en ella el síntoma de una gran revolución en curso. Una revolución tecnológica, social y antropológica de la cual aún se desconocen las dimensiones, tanto es así que se sigue leyendo el mundo contemporáneo conforme a términos obsoletos como el de capital (e incluso conforme a términos de éxito reciente, pero, con todo, ya superados, como sociedad de la comunicación), en vez de atender a eso que yo propongo denominar «documedialidad».
La humanidad ha aprendido a pensar con su propia cabeza pero no ha llegado aún a pensar con la cabeza de los demás. Así, la posverdad (podríamos llamarla la «post verdad», la verdad que se postea) se ha vuelto la máxima producción de Occidente. Cuando se dice que hoy en día se fabrican mentiras en cantidades industriales, es una frase hecha que esconde una verdad profunda: es bien cierto que la producción de falsedades ha reemplazado a la de mercancías.
¿Cómo es posible transformar esta fábrica de mentiras en una fábrica de verdades?.
La verdad no es solamente una posesión interior, sino que es también un testimonio que se hace en público, que posee un valor social y que es, sobre todo, algo que conlleva un esfuerzo, una actividad, una capacidad técnica.

El disgusto que experimentamos ante la posverdad no es tanto el de un sentimiento de rabia por la mentira o la estupidez cuanto el de la irritación hacia principios de los que no se siguen acciones y testimonios en primera persona.
Puede resultar reconfortante hablar de posverdad sin olvidar, no obstante, que repetir continuamente que «la posverdad son los demás» es el último subterfugio de la posverdad. Para hacer la verdad, entonces, se debe empezar por admitir que es algo que nos afecta a todos: hypocrite menteur…

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2018/07/23/movilizacion-total-maurizio-ferraris-mobilitazione-totale-total-mobilitation-by-maurizio-ferraris/

https://weedjee.wordpress.com/2020/09/05/posverdad-y-otros-enigmas-maurizio-ferraris-postverita-e-altri-enigmi-post-truth-and-other-puzzles-by-maurizio-ferraris/

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The world in which we live is strongly conditioned by that parallel reality that is the network: where men and women become accounts, opinions become postm, reality becomes that dark, crazy and somewhat absurd concept that Maurizio ferraris calls post-truth.
The concept of truth is devalued, and not as of today: the crisis of scientific knowledge linked to the birth of quantum-relativistic mechanics and the unsolvable paradoxes of logic date back to the first half of the 20th century; only that the world of the network gives us such spikes of ignorance and stupidity from an almost comical opinion. We would be disrespectful for the maddening drama of Kurt Godel versus the incompleteness theorem, versus Werner Heisemberg with his principles of indeterminacy, if not for Nobel Prize winner Bertrand Russel with his paradox, but one cannot help but make a ruthless parallel . the
The world of the 21st century has been filled with terrapiattisti jesters, autism-provoking vaccines, moon landings and the like.
We all know what we are talking about, but the point is another. Is it lawful to limit yourself to a short scandal, to point the stupid turn or perhaps given the extent of the phenomenon, is it appropriate to check if there is something much more serious behind it? Maurizio Ferraris has all the means to ask himself and answer this question. Professor of philosophy at the University of Florence and president of the ontology laboratory, he studied the obscure concept of post-truth and extracted from it “post-truth and other enigmas”. Which is really a pearl.
The Florentine academic manages to find a perfect synthesis between the rigor of the concepts with clarity and ease of use: his reasoning is rigorous but very understandable, and the book is sometimes even fun, imbued with a fiery but hilarious satire towards the whole world. keyboard today. For those who have done Ontology, their work is not small and fortunately, because the science of being as being is necessary to discuss post-truth.
The idea of truth was confused and spoiled in the 20th century, after the scientific crisis I mentioned earlier: but the advent of postmodernism has separated the eye of truth (which belongs to human reasoning) from that of being (which belongs to the world). things in themselves): from here to say that the truth is an exclusively human creation and that there are no facts but only interpretations, the step is short. The advent of the Internet that has made each user a protagonist of himself, along with the populist idea these days that one is worth, has done the rest. From this point of view, post-truth is a truth separate from things and disintegrated in as many opinions as people.
But there is much more. No one can believe that there are people stupid enough to REALLY believe that the earth is flat or that vaccines cause autism. There is something else behind this, much deeper. A truth adopted by postmodernism no longer has anything to do with our approach to reality (there are things that are and our thoughts that correspond to what is true): post-truth has nothing to do with knowing, it has to do with Acknowledgment The keyboard lion that launches slogans against pharmaceutical companies or strong powers is not revealing a hoax that really wants to know more: it is simply looking for an identity, to satisfy the outburst of frustration that times like these generate. More and more people do not feel anyone, and it is always something similar or belonging to a defined and fierce group that stands out from the crowd. Post-truth is, therefore, a truth of fragility, nuclearized and which has totally betrayed its objectives. What is the point of dealing with such people using arguments, examples, and demonstrations? They are eprsone who are not interested in listening and knowing. It is the recognition of their uniqueness that they seek.
The pages that describe the economic and social evolution that has been the basis of the evolution of thought have been very interesting. From a world of granite truths, solid and concrete like that of the 19th century and in particular of the Marxist concepts of capital, goods and surplus value, we have passed to the consumer society that overcomes the need for physical survival and that through the new media is transformed into goods including entertainment (such as the postruistas, even the television channels of the seventies and eighties must be observed with a clinical eye) until the advent of the network and social networks that made each person a producer of Post and postverity full time and free of charge, without prejudice to the fictitious acknowledgment received in exchange.
In the last pages, Ferraris does a short time and lightly does his job, that is, he talks about what he is (ontology) and what we know (epistemology), presenting a new and more modern idea of truth as a bridge. to be and to know, but which is based on technological knowledge and the rigor of the verification process as an indispensable link to restore at least part of its nineteenth-century solidity to the truth.
As I close this book I have much clearer ideas than some ridiculous but very dangerous ideas circulating in the world today, although some perplexities persist, I imagine for reasons of disclosure. It seems to me that the book focuses too much on the concept of technology rather than science, and that it underestimates the collapse of the scientific certainties that led to all this (a collapse from which even today scientists have not fully recovered).

Post-truth is a real social object, such as recession or surplus value, which is exercised on matters of public interest (there are no post-truths in private controversies), which manifests itself on the web, and must be understood as the heir of opinion public in the sense that Habermas prints on it. Like any other social object, post-truth is based on metahistorical characters and, especially, on that so imperfect amalgam called “humanity”, by nature more inclined to stupidity than intelligence. Its originality lies in the specific way in which human weakness manifests itself today.

The postmodern was the synthesis of four idolaters very influential in philosophy after Kant. To begin with, the idola tribes, which must be understood in this case as the shines that dazzle and blind the philosophical tribe, and that could be summed up then: reality does not exist, there is only the language with which we describe it. Then there were the idola specus, the blinding brilliance of the cave: educated in respect for the truth as an essential element of all humanistic or scientific training, postmodernists were fascinated by the opposite, namely, the power of the false. Then there were the idola fori, the blinding glitters of the public square and its language, for whom the “realist” is generally understood as “a supporter of a Realpolitik, and therefore reactionary” (while – and the current situation shows it in an unbeatable way – what is true is clearly the opposite). Finally, there were the idola theatri, the prejudices of the philosophies of the past. Among the latter, the most seductive was the Nietzsche principle which states that “there are no facts, only interpretations.” Powerful and promising phrase because it rewarded the most beautiful of illusions: that of always being right, in any circumstance and regardless of whether history or experience could deny it.
Stronger than the strong powers are, therefore, the weak powers: envy, resentment, civilization. It is necessary to abandon the illusion that the truth makes us happy and virtuous. The true is the opposite: virtue is the quality of savages and is corrupted by knowledge, the truth is the tragic sadness (the best would be not to have been born), ignorance is a good, we are only happy while we dream, in the unconscious, that does not know what contradictions are, in emotivism (what counts is feeling, not knowing), in art that loves illusion, the veil and the mask. It is a delinquent delectatio for those who have time and patience: nothing is true, everything is apparent, then everything is, if not possible, criticizable. Well, it may be, but in the long run the masses get impatient and ask for something more solid.

Instead of denying the existence of post-truth, like the hermeneuts, or claiming it to be something philosophically irrelevant, like analytics, I propose to see in it the symptom of a great revolution in progress. A technological, social and anthropological revolution of which the dimensions are still unknown, so much so that the contemporary world continues to be read under obsolete terms such as capital (and even under terms of recent success, but, nevertheless, already overcome, as a communication society), instead of attending to what I propose to call “documentary”.
Humanity has learned to think with its own head but has not yet come to think with the head of others. Thus, post-truth (we could call it the “post-truth,” the truth that is posted) has become the ultimate production of the West. When it is said that today lies are manufactured in industrial quantities, it is a phrase made that hides a profound truth: it is quite true that the production of falsehoods has replaced that of merchandise.
How is it possible to transform this factory of lies into a factory of truths?
The truth is not only an internal possession, but it is also a testimony that is made in public, that has a social value and that is, above all, something that involves effort, activity, and technical capacity.

The displeasure that we experience in the face of post-truth is not so much that of a feeling of rage for lying or stupidity as that of irritation towards principles that do not follow actions and testimonies in the first person.
It may be comforting to speak of post-truth without forgetting, however, that continually repeating that “post-truth is others” is the ultimate subterfuge of post-truth. To make the truth, then, one must begin by admitting that it is something that affects us all: hypocrite menteur …

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2018/07/23/movilizacion-total-maurizio-ferraris-mobilitazione-totale-total-mobilitation-by-maurizio-ferraris/

https://weedjee.wordpress.com/2020/09/05/posverdad-y-otros-enigmas-maurizio-ferraris-postverita-e-altri-enigmi-post-truth-and-other-puzzles-by-maurizio-ferraris/

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