Mandelstam — Anna Ajmátova / Mandelstam by Anna Ajmátova

Interesante breve obra de uno de los artistas más grandes de Rusia. A través de correspondencia y poemas nos ayuda a conocer más a Ósip.
Mandelstam era uno de los interlocutores más brillantes: se escuchaba no solo a sí mismo y respondía no solo a sí mismo, tal como hacen ahora casi todos. Al hablar era cortés, agudo e infinitamente variado. Nunca oí que se repitiera o que hablara con temas manidos. Ósip Mandelstam aprendía idiomas con increíble facilidad. Recitaba de memoria en italiano páginas y páginas de La divina comedia.

Mandelstam recibió la Revolución habiendo madurado y siendo ya un poeta famoso, aunque en un círculo limitado.
Su alma estaba llena de todo lo que sucedía.
Fue de los primeros en empezar a escribir versos sobre temas civiles. La Revolución fue para él un gran acontecimiento y la palabra pueblo no aparece en sus poemas por casualidad.
En Moscú, Mandelstam se convierte en colaborador permanente de El Estandarte del Trabajo. Es posible que el enigmático poema «El teléfono» se refiera a esta época:
En este terrible y salvaje mundo
tú, amigo de las exequias nocturnas,
en el alto y severo gabinete
del suicida: ¡el teléfono!

Los lagos negros de asfalto están
surcados por furiosas pezuñas,
y pronto saldrá el sol, pronto
cantará el demente gallo.

Y allí está el Valhalla de robles
y el viejo sueño de los banquetes;
el destino ordena, la noche decide,
y, entonces, despertó el teléfono…

Mandelstam mantenía con Pushkin una relación en cierta forma inaudita, casi terrible; a veces me parecía sentir aquí un halo de recato sobrehumano. Le repugnaba todo tipo de pushkinismo. Ni yo ni tampoco Nadia supimos que «Se llevan el sol de ayer en negras camillas» era Pushkin, algo que solo ahora ha quedado claro gracias a los borradores (años cincuenta).
Lo arrestaron el 13 de mayo de 1943. Ese mismo día, tras un torrente de telegramas y llamadas de teléfono, llegué a casa de los Mandelstam desde Leningrado (donde poco antes había tenido lugar su encontronazo con Alexéi Tolstói).

La última vez que vi a Mandelstam fue en el otoño de 1937. Ellos —Nadia y él— habían venido un par de días a Leningrado. Eran tiempos apocalípticos. La desgracia nos pisaba los talones a todos. Ya no tenían ningún sitio donde vivir. Ósip respiraba mal, apresaba el aire con los labios. No recuerdo dónde fui para poder verlos. Todo parecía un sueño horrible.
Lo arrestaron por segunda vez el 2 de mayo de 1938 (en el apogeo del terror) en una casa de reposo cerca de la estación de Cherusti.

Ahora Ósip Mandelstam es un gran poeta reconocido por todo el mundo. Sobre él se escriben libros, se defienden tesis. Ser su amigo es un honor; su enemigo, una deshonra. Se preparan ediciones académicas de sus obras. Descubrir una de sus cartas es un acontecimiento.
Para mí no es solo un gran poeta, sino la persona que al enterarse (probablemente por Nadia) de que lo estaba pasando mal en la casa de Fontanka, me dijo al despedirse —fue en la estación de Moscú en Leningrado—: «Annushka (nunca en la vida me había llamado así), recuerde siempre que mi casa es su casa». Puede que fuera justo antes de su caída en desgracia…

ANNA AJMÁTOVA

Poemas:
Como ángel negro en la nieve
hoy te me has aparecido,
y ocultarlo no se puede:
tienes el sello divino.

Es un sello muy extraño,
como del cielo traído,
cual si te fuera otorgado
en la iglesia el mejor nicho.

Dejemos que el amor de allí
se una al amor de esta orilla,
que de la sangre el bullir
nunca alcance tus mejillas,

Dejemos que el mármol contraste
en el fantasmal claroscuro
de tus harapos, de tu carne.
Que no tiña tu rostro puro.

A Anna Ajmátova:
De medio perfil, ¡oh, aflicción!,
contempló a los desinteresados.
Sobre los hombros quedó petrificado
el chal clásico de imitación.

La voz siniestra —amarga embriaguez—
descarga lo profundo del alma:
así —una Fedra indignada—
se alzaba allá en tiempos Raquel.

“Quería usted ser un juego,
pero ¿cómo darle cuerda?
Si no es armado de versos
a usted nadie se le acerca.
(1911)

————–

Interesting brief work by one of the greatest artists in Russia. Through correspondence and poems, she helps us to know more about Ósip.
Mandelstam was one of the brightest interlocutors: he listened not only to himself and answered not only to himself, as almost everyone does now. In speaking he was courteous, sharp, and infinitely varied. I never heard him repeat himself or talk about hackneyed topics. Ósip Mandelstam learned languages with incredible ease. He recited from memory in Italian pages and pages of The Divine Comedy.

Mandelstam received the Revolution having matured and already being a famous poet, although in a limited circle.
His soul was filled with everything that happened.
He was one of the first to start writing verses on civil subjects. The Revolution was a great event for him and the word people does not appear by chance in his poems.
In Moscow, Mandelstam becomes a permanent contributor to The Labor Standard. It is possible that the enigmatic poem “The telephone” refers to this time:
In this terrible and wild world
you, friend of the nightly funeral,
in the high and severe cabinet
of the suicide: the phone!

The black asphalt lakes are
furrowed by furious hooves,
and soon the sun will rise soon
the mad rooster will crow.

And there is the Valhalla of oaks
and the old banquet dream;
fate orders, night decides,
and then he woke up the phone …

Mandelstam had a somewhat unprecedented, almost terrible relationship with Pushkin; sometimes I seemed to feel here a halo of superhuman modesty. He was repulsed by all kinds of pushkinism. Neither I nor Nadia knew that “They take yesterday’s sun on black stretchers” was Pushkin, something that only now has become clear thanks to the drafts (1950s).
He was arrested on May 13, 1943. That same day, after a torrent of telegrams and phone calls, I arrived at the Mandelstam home from Leningrad (where his encounter with Alexéi Tolstoy had taken place shortly before).

The last time I saw Mandelstam was in the fall of 1937. They — Nadia and he — had come to Leningrad for a couple of days. They were apocalyptic times. Misfortune was on our heels. They no longer had anywhere to live. Ósip breathed badly, catching the air with his lips. I don’t remember where I went to see them. It all seemed like a horrible dream.
He was arrested a second time on May 2, 1938 (at the height of terror) in a nursing home near the Cherusti station.

Ósip Mandelstam is now a great poet recognized by everyone. Books are written about him, theses are defended. Being her friend is an honor; his enemy, a disgrace. Academic editions of his works are prepared. Discovering one of his cards is an event.
For me, he is not only a great poet, but the person who, learning (probably from Nadia) that he was having a hard time at Fontanka’s house, said to me on leaving – it was at the Moscow station in Leningrad -: “Annushka ( he had never called me that in life), always remember that my house is your house ». Maybe it was just before his fall from grace …

ANNA AJMÁTOVA

Poems:
Like a black angel in the snow
Today you have appeared to me,
and hide it you can’t:
you have the divine seal.

It is a very strange seal,
as from heaven brought,
as if it were granted to you
in the church the best niche.

Let us love there
join the love of this shore,
that of blood boiling
never reach your cheeks,

Let the marble contrast
in the ghostly chiaroscuro
of your rags, of your meat.
That does not stain your pure face.

To Anna Ajmátova:
Half profile, oh woe!
He looked at the disinterested ones.
On his shoulders he was petrified
the classic imitation shawl.

The sinister voice – bitter drunkenness –
unload the depth of the soul:
like this — an indignant Phaedra—
it stood there in Raquel’s time.

“You wanted to be a game,
but how do you wind it up?
If not armed with verses
nobody comes near you.
(1911)

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