Coronavirus. Prevención, Pandemia Y Contención — Sonia De Miguel Fernández, Juan Carlos Ruiz De La Roja / Coronavirus. Prevention, Pandemic and Containment by Sonia De Miguel Fernández, Juan Carlos Ruiz De La Roja (spanish book edition)

El libro realiza un repaso a las pandemias y explica con claridad y concisión el fenómeno que estamos viviendo en el momento actual.
Para combatir este virus es necesario conocerlo en profundidad. Si quiere saber más, en este libro se habla de los virus, se exponen muchas características del coronavirus, se detallan los tratamientos médicos y las vacunas, se describe la investigación actual, y el último capítulo trata las posibles epidemias venideras. Muy didáctico es su gran acierto. Ambos autores trabajan en el hospital universitario Santa Cristina de Madrid.

Estrenando el 2020, el mundo vivía pendiente de las tensiones internacionales por la divergencia de posturas respecto a combatir el cambio climático, y las grandes potencias mundiales miraban también de soslayo a los “peligrosos” países que presumían de capacidad tecnológica para fabricar bombas nucleares. La economía mundial parecía marchar por el buen camino tras el freno a la guerra comercial y los nuevos acuerdos entre Estados Unidos y China, hasta que de repente llegó del país asiático un nuevo virus que puso todo patas arriba. SARS-CoV-2, lo llamó la Organización Mundial de la Salud (OMS), un virus procedente de otra especie animal, que se transmite de persona a persona por vía respiratoria, a través de las gotitas procedentes de la nariz o de la boca que propaga una persona infectada cuando estornuda o tose. El contagio se produce cuando alguien inhala estas gotitas, o cuando toca un objeto o superficie donde estas se han depositado e inmediatamente después —y sin desinfectarse previamente— se toca los ojos, la nariz o la boca.
Así visto, no parece tener mayor importancia, una suerte de virus de la gripe.
El mundo se enfrenta a una crisis nunca vista en la historia. 2020 ya se ha convertido en “el año del virus” pero, antes de decidir cómo será la vuelta a nuestra vida cotidiana, hay que averiguar las claves del enemigo público número uno.

Virus viene del latín y significa ‘veneno’ o ‘ponzoña’: algo que causa enfermedad y que, por tanto, se comporta como un veneno.
Los virus son pequeños microorganismos que por sí mismos no poseen ni lo más básico para poder sobrevivir; necesitan introducirse en una célula para usar su maquinaria interna, reproducirse y seguir infectando a otras células. Por eso se dice que son parásitos, pues su existencia fuera de una célula viva sería imposible.
Los virus necesitan introducirse en la célula y obligarla a hacer lo que ellos precisan: ya sea multiplicarse para seguir infectando a otras células, o quedarse ocultos en su material genético para actuar cuando ellos quieran.
Es importante que comprendamos las diferencias entre un virus y una bacteria. La bacteria suele tener la estructura necesaria para obtener su propia energía y reproducirse, por lo que vive habitualmente sin tener que parasitar una célula. Además, genera las enfermedades de forma distinta, bien a través de productos que sintetiza (como las toxinas) o invadiendo tejidos. Otra diferencia es que las bacterias se combaten con antibióticos y, sin embargo, los virus no responden a ellos. Además, los virus son cien veces más pequeños que las bacterias y solo tienen un tipo de material genético.

La palabra pandemia indica que la epidemia se ha extendido ya por regiones geográficas de varios continentes, o incluso por todo el mundo. Suele ser la Organización Mundial de la Salud (OMS) la que determina cuándo una epidemia pasa a ser una pandemia. También el coronavirus nos sirve de ejemplo en este caso.
Si la epidemia se mantiene en una misma zona durante años, decimos que la enfermedad se ha hecho endémica. De hecho, la palabra endemia proviene de un vocablo griego que significa ‘del propio territorio’. El Ébola o la malaria son enfermedades endémicas en determinados países, sobre todo africanos.
La palabra cuarentena empezó a utilizarse en 1348, cuando una terrible epidemia de peste asoló toda Europa. Si alguno de los integrantes de un barco que arribaba a puerto estaba enfermo o presentaba algún indicio de contagio, la tripulación al completo debía permanecer en la nave sin pisar tierra ni bajar la carga durante treinta días. Como a los venecianos les pareció poco tiempo, decidieron ampliar el plazo a cuarenta días, y de ahí viene el término cuarentena.

El virus de la influenza (más conocido como el de la gripe) empezó a llamarse así cuando el papa Benedicto XIV, en el siglo XVIII, se dio cuenta de que había una enfermedad que causaba mucha afectación entre la población. El pontífice consideró que esto se debía a la “influencia” de los astros, y de ahí se acuñó el término influenza. Años después, los franceses la denominaron gripe, por el vocablo francés griffe (‘garra’), pues se decía que era “una enfermedad que te agarra”.

Los coronavirus son una familia de virus descubiertos en 1964 por Dorothy Hamre. Esta investigadora de la Universidad de Chicago, al aislar muestras que recogía de estudiantes de medicina con infecciones de las vías respiratorias altas, descubrió un nuevo virus de ARN, desconocido hasta el momento y que en un principio denominó 229E.
Desde el principio se supo que el virus causaba enfermedades respiratorias leves y que su información genética se encuentra en una cadena de ARN (ácido ribonucleico). Alrededor de ese ARN se encuentra una capa llamada envoltura, que está formada por lípidos (grasas). Encima de ella sobresalen unas proyecciones con forma de bastón o cabeza de alfiler, y que se denominan glicoproteínas (azúcar y proteína) o S, de spike (‘pincho’). La forma que tiene el virus cuando se observa a través de un microscopio electrónico se asemeja a una corona solar, y precisamente por eso se llama coronavirus.
Los coronavirus son virus conocidos, ya que desencadenan aproximadamente entre el 10 y el 15 por ciento de los resfriados comunes que padece la población a lo largo del año. Su periodo de incubación es de 3-14 días, y sabemos que una persona infectada puede pasar la enfermedad sin síntomas o puede terminar desarrollando una bronquitis, que en un momento determinado puede favorecer secundariamente la aparición de una neumonía. Son gérmenes que normalmente afectan a niños y lactantes, con brotes frecuentes en invierno y primavera. En algunas ocasiones puede ocasionar algún episodio de diarrea o de gastroenteritis de corta duración.
La forma de transmisión del SARS-CoV es el habitual de los virus que producen enfermedades respiratorias: de persona a persona y a través de las gotas que salen con la respiración, la tos… cuando la separación entre ambos es inferior a 1,5 o 2 metros. Su capacidad de transmisión no parecía muy alta, ya que cada persona infectada podía contagiar a entre una y cuatro personas, nada comparado con el virus del sarampión, por ejemplo, donde cada enfermo puede transmitir el virus a quince individuos sanos.

David Heymann y Guenael Rodier, responsables del pro­­grama de la OMS de infecciones emergentes en 2003, proporcionaron varias pautas para seguir siempre que produjera una infección de estas características del SARS-CoV:
La importancia de la notificación urgente y abierta ante la aparición de una enfermedad emergente para el control internacional: las alertas globales en el momento adecuado funcionan.
La vigilancia en aeropuertos: el control de los viajeros es fundamental para contener la diseminación.
El trabajo de la comunidad científica internacional de forma global y coordinada.
Tener en cuenta que las debilidades del sistema sa­­nitario pueden quedar en tela de juicio si se sobrepasan todas las previsiones y se colapsan los hospitales, comprometiendo la asistencia a los enfermos.
En ausencia de medicación eficaz y de vacunas, las medidas epidemiológicas clásicas son efectivas.
Ante la posibilidad de que enfermedades emergentes necesiten contención, la comunicación a la po­­blación es necesaria, lo que supone un reto.

El 11 de marzo de 2020, cuando la enfermedad producida por el SARS-CoV-2 ya se había identificado en 114 países y el número de personas infectadas ascendía a 118.000, la OMS declaró la afección como pandemia debido a los alarmantes niveles de propagación y gravedad. Se trata de la primera pandemia por coronavirus, pues las anteriores infecciones solo fueron consideradas epidemias.
A partir de ahí, la OMS hizo un llamamiento a todos los países para que adoptaran medidas urgentes y agresivas: 1) prepararse y estar a punto; 2) detectar, proteger y tratar; 3) reducir la transmisión y 4) innovar y aprender. Para ello, incidía en la importancia de las medidas de aislamiento para evitar que el virus siguiera propagándose con tanta velocidad.
La enfermedad producida por el SARS-CoV-2 es muy parecida al síndrome respiratorio agudo de 2002, pero con la diferencia de que el virus actual tiene una capacidad de diez a veinte veces superior para unirse a las células del aparato respiratorio.

Los síntomas que aparecen con más frecuencia en las personas que se infectan con el SARS-CoV-2 suelen ser muy parecidos a los que ocasiona la gripe, ya que ambos son virus que atacan a nuestro sistema respiratorio. Con lo cual, veremos fiebre (90 por ciento de los casos), tos (70 por ciento), malestar general y, en ocasiones, dificultad respiratoria. Lo que sí parece claro es que, dependiendo del estado de nuestro sistema inmunitario, los síntomas serán más o menos acentuados.
Otros síntomas que pueden presentarse son dolor de cabeza, dolor muscular, congestión nasal, náuseas, vómitos y diarrea. También la enfermedad puede debutar con anosmia (pérdida del sentido del olfato) y con ageusia (incapacidad para percibir los sabores). A veces, tener el ojo seco o la visión borrosa puede darse en el transcurso de la afección; incluso pueden aparecer erupciones en el cuerpo, con la presentación de ampollas, muy similar a lo que sucede con la varicela.
El problema más importante de este nuevo coronavirus es el colapso que genera en los hospitales. Muchas personas se han infectado en muy poco tiempo, por lo que el número de enfermos que necesitan hospitalización y cuidados intensivos se incrementa. Los hospitales también se saturan cuando hay una epidemia de gripe, pero la diferencia es que para la gripe disponemos de una vacuna, lo que supone un menor número de contagios; además, estos no se concentran en tan pocas semanas como está sucediendo con la COVID-19. También hay otra desigualdad notable y es que las neumonías provocadas por coronavirus son más graves y tardan más tiempo en curarse que las posibles infecciones pulmonares que aparecen cuando una gripe se complica.
Una se las señales de alarma es la elevación de la ferritina, la principal proteína donde se almacena el hierro en el organismo y que suele estar baja en los estados de anemia. También suele haber un aumento en la sangre de la lactato deshidrogenasa (LDH), una proteína que interviene en el funcionamiento normal de muchos órganos; su incremento advierte de la destrucción de tejidos. Otro indicador es un mayor número de glóbulos blancos en general, pero una disminución de linfocitos en particular, cuya presencia se reduce cuando hay un virus muy activo. O un incremento en la sangre de la interleucina-6, una proteína cuya misión consiste en intentar reclutar todas la defensas posibles frente al germen. Un aumento en el torrente sanguíneo de la proteína dímero D nos indicará que se están formando coágulos en los vasos sanguíneos y que el cuerpo reacciona intentando deshacerlos, lo que significa que la infección es más severa. Por último, una mayor presencia en sangre de la proteína C reactiva, (que se produce en el hígado y activa las defensas) nos anuncia que el cuerpo está procurando defenderse mejor ante un virus más dañino.

Uno de los antivirales que se están empleando es el Lopinavir/Ritonavir, que se utiliza para tratar pacientes con el virus del sida. Este fármaco impide que puedan ensamblarse todos los componentes necesarios para constituir el virus maduro, evitando así que este siga contagiando, reduciendo el número de virus en la sangre y mejorando los síntomas. Aunque presenta algunos efectos secundarios —como diarrea, náuseas o vómitos— es uno de los medicamentos que se están empleando en la COVID-19.
Otro fármaco que se está utilizando es la hidroxicloroquina, un medicamento que se administra habitualmente para la malaria (producida por un parásito llamado Plasmodium). Su actuación contra el SARS-CoV2 es evitar tanto la entrada de los gérmenes a la célula, como la salida de los virus que se han multiplicado en la misma, con lo cual, previene la progresión de la enfermedad. Tiene también un cierto efecto antiinflamatorio, aunque presenta algunos efectos secundarios como pérdida de apetito, náuseas, diarrea…
Otro medicamento que se está utilizando en algunos casos frente a la COVID-19 es el Remdesivir, que impide que el virus multiplique su genoma de ARN y siga infectando. Este tratamiento ya se empleó frente a la enfermedad del Ébola.
Uno de los motivos por los que, en ocasiones, el paciente empeora y tiene que ingresar en una UCI, es una reacción desproporcionada de las defensas del organismo conocida como “tormenta de citoquinas”, y en concreto una de ellas, la interleucina-6 (IL-6).
También se está valorando la utilización de plasma de pacientes recuperados con el fin de transferir sus anticuerpos a nuevos pacientes infectados por el SAR-CoV2 e intentar, de este modo, contrarrestar el germen. Además, se está investigando la posible utilización de anticuerpos monoclonales, un tipo de proteína producida en el laboratorio que puede dirigirse específicamente a una porción concreta del virus, y que al reconocerla es capaz de favorecer su eliminación. De hecho, este tipo de anticuerpos ya se están empezando a aplicar con el fin de acabar con células tumorales.

Una de las preguntas que más nos preocupa actualmente es: ¿habrá más epidemias de coronavirus en un futuro?
Si nos remontamos a lo sucedido en estos últimos años, empezando por el SARS por coronavirus que sucedió en 2002 en China, comprobaremos que la epidemia se originó en un mercado de animales vivos, donde un mamífero infectado entró en contacto con el ser humano, originándose el contagio. El virus afectó a 8.000 personas en 37 países y un 10 por ciento de los que padecieron la enfermedad, fallecieron.
En 2019, el SARS-CoV-2 salió también de un mercado de similares características, de un mamífero intermediario —todavía por determinar— pero con la diferencia de que se ha convertido en una pandemia de unas proporciones que nadie se podía imaginar. Esto significa que no hemos aprendido de los errores: la historia se vuelve a repetir solo 18 años después, pero con una repercusión manifiestamente mayor.
Tampoco es casualidad que los últimos virus procedan del sudeste de China.
Otro tema a tener en cuenta es la disparidad que existe entre los sistemas sanitarios de los distintos países, lo que supone que una vez que un sujeto se infecta y se complica su enfermedad, la evolución de la misma será distinta dependiendo del país donde resida.
Por tanto, mientras haya animales intermediarios de la infección, el virus pueda mutar y hacerse más agresivo, sigan existiendo mercados de animales vivos y la infección sea altamente contagiosa de persona a persona podrán seguir existiendo pandemias en el futuro.

Recordemos a Indira Gandhi: “Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir siempre”.

—————-

The book reviews pandemics and explains clearly and concisely the phenomenon we are experiencing at the present time.
To combat this virus it is necessary to know it in depth. If you want to know more, this book discusses viruses, discusses many characteristics of the coronavirus, details medical treatments and vaccines, describes current research, and the final chapter discusses potential epidemics to come. Very didactic is his great success. Both authors work at the Santa Cristina University Hospital in Madrid.

With the opening of 2020, the world was awaiting international tensions due to the divergence of positions regarding combating climate change, and the great world powers also looked askance at the “dangerous” countries that boasted of technological capacity to manufacture nuclear bombs. The world economy seemed to be on the right track after the stop to the trade war and the new agreements between the United States and China, until suddenly a new virus arrived from the Asian country that turned everything upside down. SARS-CoV-2, called the World Health Organization (WHO), a virus from another animal species, which is transmitted from person to person through the respiratory route, through droplets from the nose or mouth spread by an infected person when they sneeze or cough. Contagion occurs when someone inhales these droplets, or when they touch an object or surface where they have been deposited and immediately afterwards – and without previously disinfection – they touch their eyes, nose or mouth.
Thus seen, it does not seem to be of great importance, a kind of influenza virus.
The world is facing a crisis never seen in history. 2020 has already become “the year of the virus” but, before deciding how the return to our daily lives will be, we must find out the keys to public enemy number one.

Virus comes from Latin and means ‘poison’ or ‘poison’: something that causes disease and, therefore, behaves like a poison.
Viruses are small microorganisms that by themselves do not have the most basic things to survive; They need to get into a cell to use its internal machinery, reproduce, and continue to infect other cells. That is why it is said that they are parasites, since their existence outside of a living cell would be impossible.
Viruses need to enter the cell and force it to do what they need: either multiply to continue infecting other cells, or remain hidden in their genetic material to act when they want.
It is important that we understand the differences between a virus and a bacteria. Bacteria usually have the necessary structure to obtain their own energy and reproduce, so they usually live without having to parasitize a cell. In addition, it generates diseases in a different way, either through products that it synthesizes (such as toxins) or by invading tissues. Another difference is that bacteria are fought with antibiotics, yet viruses do not respond to them. Furthermore, viruses are 100 times smaller than bacteria and have only one type of genetic material.

The word pandemic indicates that the epidemic has already spread to geographic regions on several continents, or even across the world. It is usually the World Health Organization (WHO) that determines when an epidemic becomes a pandemic. The coronavirus also serves as an example in this case.
If the epidemic continues in the same area for years, we say that the disease has become endemic. In fact, the word endemic comes from a Greek word that means “from one’s own territory.” Ebola or malaria are endemic diseases in certain countries, especially in Africa.
The word quarantine began to be used in 1348, when a terrible plague epidemic ravaged all of Europe. If any of the members of a ship that arrived at port was ill or showed any sign of contagion, the entire crew had to remain in the ship without stepping on land or lowering the load for thirty days. As the Venetians thought it was a short time, they decided to extend the period to forty days, and hence the term quarantine.

The influenza virus (better known as the flu virus) began to be called like that when Pope Benedict XIV, in the 18th century, realized that there was a disease that caused a lot of affectation among the population. The pontiff considered that this was due to the “influence” of the stars, and hence the term influenza was coined. Years later, the French called it the flu, after the French word griffe (‘claw’), since it was said to be “a disease that grabs you”.

Coronaviruses are a family of viruses discovered in 1964 by Dorothy Hamre. This researcher at the University of Chicago, when isolating samples she collected from medical students with upper respiratory infections, discovered a new RNA virus, unknown until now and that she initially named 229E.
From the beginning it was known that the virus caused mild respiratory illnesses and that its genetic information is found in a chain of RNA (ribonucleic acid). Around that RNA is a layer called the envelope, which is made up of lipids (fats). On top of it there are some projections in the shape of a rod or pinhead, and which are called glycoproteins (sugar and protein) or S, for spike (‘skewer’). The shape of the virus when viewed through an electron microscope resembles a solar corona, and that is precisely why it is called a coronavirus.
Coronaviruses are known viruses, triggering approximately 10 to 15 percent of common colds that the population suffers throughout the year. Its incubation period is 3-14 days, and we know that an infected person can go through the disease without symptoms or can end up developing bronchitis, which at a certain time can secondarily favor the appearance of pneumonia. They are germs that normally affect children and infants, with frequent outbreaks in winter and spring. In some occasions it can cause an episode of diarrhea or gastroenteritis of short duration.
The form of transmission of SARS-CoV is the usual one of the viruses that cause respiratory diseases: from person to person and through the drops that come out with the breath, coughing … when the separation between them is less than 1.5 or 2 meters. Its transmission capacity did not seem very high, since each infected person could infect between one and four people, nothing compared to the measles virus, for example, where each patient can transmit the virus to fifteen healthy individuals.

David Heymann and Guenael Rodier, who are responsible for the WHO emerging infections program in 2003, provided several guidelines to follow whenever an infection of these characteristics of SARS-CoV occurred:
The importance of urgent and open notification of the appearance of an emerging disease for international control: global alerts at the right time work.
Surveillance at airports: the control of travelers is essential to contain the spread.
The work of the international scientific community in a global and coordinated way.
Bear in mind that the weaknesses of the health system may be questioned if all forecasts are exceeded and hospitals collapse, compromising care for the sick.
In the absence of effective medication and vaccines, classical epidemiological measures are effective.
Given the possibility that emerging diseases need containment, communication to the population is necessary, which is a challenge.

On March 11, 2020, when the disease caused by SARS-CoV-2 had already been identified in 114 countries and the number of infected people reached 118,000, the WHO declared the condition a pandemic due to the alarming levels of spread and gravity. This is the first coronavirus pandemic, since the previous infections were only considered epidemics.
From there, the WHO called on all countries to take urgent and aggressive measures: 1) prepare and be ready; 2) detect, protect and treat; 3) reduce transmission and 4) innovate and learn. To do this, he stressed the importance of isolation measures to prevent the virus from continuing to spread so quickly.
The disease caused by SARS-CoV-2 is very similar to the acute respiratory syndrome of 2002, but with the difference that the current virus has a ten to twenty times greater capacity to bind to the cells of the respiratory system.

The symptoms that appear more frequently in people who are infected with SARS-CoV-2 are usually very similar to those caused by the flu, since both are viruses that attack our respiratory system. With which, we will see fever (90 percent of cases), cough (70 percent), general malaise and, sometimes, respiratory distress. What does seem clear is that, depending on the state of our immune system, the symptoms will be more or less accentuated.
Other symptoms that may occur are headache, muscle pain, nasal congestion, nausea, vomiting, and diarrhea. The disease can also begin with anosmia (loss of the sense of smell) and ageusia (inability to perceive flavors). Sometimes having dry eye or blurred vision can occur in the course of the condition; Even rashes may appear on the body, with the presentation of blisters, very similar to what happens with chickenpox.
The most important problem of this new coronavirus is the collapse it generates in hospitals. Many people have been infected in a very short time, so the number of patients who need hospitalization and intensive care increases. Hospitals are also saturated when there is a flu epidemic, but the difference is that for the flu we have a vaccine, which means fewer infections; Furthermore, these are not concentrated in as few weeks as is happening with COVID-19. There is also another notable inequality and that is that pneumonia caused by coronavirus is more serious and takes longer to heal than possible lung infections that appear when the flu becomes complicated.
One of the alarm signals is the elevation of ferritin, the main protein where iron is stored in the body and which is usually low in states of anemia. There is also usually an increase in the blood of lactate dehydrogenase (LDH), a protein that is involved in the normal functioning of many organs; its increase indicates the destruction of tissues. Another indicator is a higher number of white blood cells in general, but a decrease in lymphocytes in particular, whose presence is reduced when there is a very active virus. Or an increase in the blood of interleukin-6, a protein whose mission is to try to recruit all possible defenses against the germ. An increase in the bloodstream of the D-dimer protein will indicate that clots are forming in the blood vessels and that the body reacts by trying to undo them, which means that the infection is more severe. Finally, a greater presence in the blood of C-reactive protein, (which is produced in the liver and activates the defenses) tells us that the body is trying to better defend itself against a more harmful virus.

One of the antivirals that are being used is Lopinavir / Ritonavir, which is used to treat patients with the AIDS virus. This drug prevents all the necessary components to form the mature virus from being assembled, thus preventing it from continuing to spread, reducing the number of viruses in the blood and improving symptoms. Although it has some side effects – such as diarrhea, nausea or vomiting – it is one of the drugs that are being used in COVID-19.
Another drug that is being used is hydroxychloroquine, a drug commonly given for malaria (caused by a parasite called Plasmodium). Its action against SARS-CoV2 is to prevent both the entry of germs into the cell, and the exit of viruses that have multiplied in it, thereby preventing the progression of the disease. It also has a certain anti-inflammatory effect, although it has some side effects such as loss of appetite, nausea, diarrhea …
Another drug that is being used in some cases against COVID-19 is Remdesivir, which prevents the virus from multiplying its RNA genome and continuing to infect. This treatment has already been used against Ebola disease.
One of the reasons why, on occasions, the patient worsens and has to be admitted to an ICU, is a disproportionate reaction of the body’s defenses known as a “cytokine storm”, and specifically one of them, interleukin-6 (IL-6).
The use of plasma from recovered patients is also being evaluated in order to transfer their antibodies to new patients infected by SAR-CoV2 and to try, in this way, to counteract the germ. In addition, the possible use of monoclonal antibodies is being investigated, a type of protein produced in the laboratory that can specifically target a specific portion of the virus, and that by recognizing it is able to favor its elimination. In fact, these types of antibodies are already being applied in order to kill tumor cells.

One of the questions that worries us most today is: will there be more coronavirus epidemics in the future?
If we go back to what happened in recent years, starting with the SARS by coronavirus that happened in 2002 in China, we will verify that the epidemic originated in a live animal market, where an infected mammal came into contact with humans, originating the contagion. The virus affected 8,000 people in 37 countries and 10 percent of those who suffered from the disease died.
In 2019, SARS-CoV-2 also emerged from a market with similar characteristics, from an intermediary mammal – yet to be determined – but with the difference that it has become a pandemic of proportions that no one could imagine. This means that we have not learned from mistakes: history repeats itself only 18 years later, but with a manifestly greater impact.
It is also no accident that the latest viruses come from Southeast China.
Another issue to take into account is the disparity that exists between the health systems of the different countries, which means that once a subject becomes infected and their disease becomes complicated, its evolution will be different depending on the country where they reside.
Therefore, as long as there are intermediate animals of the infection, the virus can mutate and become more aggressive, there continue to be markets for live animals and the infection is highly contagious from person to person, pandemics may continue to exist in the future.

Let us remember Indira Gandhi: “Live as if you were going to die tomorrow. Learn as if you were going to live forever”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .