Nadar En Aguas Abiertas. Una Forma De Meditación — Tessa Wardley / The Mindful Art of Wild Swimming: Reflections for Zen Seekers

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Un buen libro, escrito en un estilo realmente fluido y atractivo. Como alguien que es muy nuevo en la natación salvaje en aguas abiertas, descubrí que los consejos y las técnicas de mindfulness son absolutamente increíbles. Me encanta este libro y las recomendaciones de libros de «lectura adicional» al final que Tessa hace que se vea genial también.
Un libro verdaderamente hermoso que te hará querer correr hasta la orilla del agua y lanzarte. Tessa Wardley logra evocar la deliciosa sensación de hormigueo de la natación en lagos, ríos y el océano, al tiempo que da consejos prácticos sobre cómo para frenar la mente y deleitarse con la simple alegría de la natación salvaje.

La natación es el ejercicio físico más perfecto. El cuerpo, soportado por el denso medio del agua, recibe su entrenamiento cardiovascular sin el desgaste del ejercicio en tierra firme, y desarrollas flexibilidad y fuerza al tener que trabajar contra el peso del agua. La naturaleza rítmica de las brazadas fomenta la regularidad en la respiración, mejora el rendimiento de los pulmones tanto en lo referente al volumen de aire que entra y sale en cada respiración como al oxígeno asimilado, y es fantástico para quien padece asma. Con la natación se ejercita todo el cuerpo: se trabaja el abdomen, los glúteos, los hombros y los tendones de las corvas. Además de eso, nadar rejuvenece.
No obstante, nadar no solo es bueno para el cuerpo, sino que también lo es para el espíritu.
En nuestras sociedades desarrolladas aumenta la incidencia de los problemas de salud mental y las disfunciones sociales y culturales, pero las investigaciones han mostrado que pasar tiempo al aire libre es beneficioso para disminuir la ansiedad y aumentar el bienestar, y por fin se está reconociendo la importancia de las zonas verdes en los centros urbanos. Esas mismas investigaciones revelan que estar al aire libre junto al agua tiene un efecto beneficioso aún mayor. Y no termina ahí la cosa: existen pruebas contundentes que demuestran que sumergirse en el agua es bueno para el cuerpo y la mente, y que tiene profundos efectos de sanación. Los nadadores son más longevos y viven más felices, incluso, que quienes se dedican a caminar y a correr.

Llegar hasta el agua forma parte de la experiencia. Conviértelo en algo consciente. No te tires directamente al agua nada más colgar una llamada de móvil en la orilla: tómate un instante y disfruta la transición. Recréate en la expectación y convierte los preparativos en un valioso ritual. Piensa en los motivos por los que has tomado la decisión de nadar y en los pasos que has dado para abrirle un hueco en tu agenda a esta aventura. Piensa en tu recorrido hasta allí. Dedícale un instante al viaje del agua hasta aquel lugar: las corrientes marinas, los cauces fluviales…
Al empezar a concentrarte en la experiencia, tómate un segundo para fijarte en la respiración. Respirar es una de las acciones más naturales y automáticas que lleva a cabo nuestro cuerpo —dentro, fuera; dentro, fuera—, de diez a veinte ciclos por minuto. Sin embargo, respirar es uno de los actos más importantes que hay que dominar para la meditación y para nadar. El primer instinto de nuestro cuerpo al entrar en aguas abiertas es ponerse en tensión; la respiración se vuelve poco profunda e irregular, y en ocasiones hasta se nos olvida respirar un instante. Si bien esto podría parecer una reacción negativa al agua, significa que ya somos conscientes de nuestra respiración.

Después de nadar, deberías empezar a sentirte henchido, sumido en una avalancha de sensaciones positivas. Las endorfinas generadas durante el ejercicio te recorrerán el cuerpo y convertirán esa angustia previa y sin causa aparente en una relajación muscular posterior al ejercicio. Es posible que te invada una sensación positiva, de bienestar, e incluso de euforia mientras haces estiramientos en la orilla.

Recuerda estas emociones; intenta conservarlas tanto como sea posible, pero sé consciente de que siempre que nades saldrás del agua sintiéndote mejor que cuando llegaste. El simple hecho de saber que esas sensaciones positivas están a un chapuzón de distancia puede resultar inmensamente tranquilizador.
La neurociencia ha descubierto un fenómeno al que se denomina «poda» y que tiene lugar en el cerebro, cuando este se somete a una gran limpieza de primavera. Se elimina la información superflua para dejar espacio a todas las experiencias nuevas que están por venir. La poda se produce a lo largo de toda nuestra vida, pero sucede de un modo más extenso en tres momentos clave: en los dos o tres primeros años de vida, en la adolescencia y hacia el final de los cuarenta y comienzo de los cincuenta. En estas etapas, nuestro cerebro se halla en su punto de mayor ligereza y busca nuevas experiencias que lo vuelvan a llenar. Estos periodos concretos se caracterizan por episodios de inestabilidad emocional y de decisiones sorprendentes: de sobra conocemos las pataletas de los niños pequeños, al típico adolescente irracional y malhumorado, y al cincuentón que se compra un deportivo. Se trata, en realidad, del momento perfecto para diversificar y expandir tus horizontes: crear nuevas sinapsis.
El momento de nadar en solitario es la ocasión de descubrir más cosas sobre ti mismo y sobre la variedad de aguas disponibles para este tipo de actividad. Salir al universo del agua y dar ese paso a solas en la naturaleza desarrolla la creatividad y la independencia de la persona.
La flotabilidad y la densidad del agua cambian la forma en que nos movemos. Cuando estamos en el agua, tenemos una sustentación física; los movimientos que hacemos contra el peso del líquido se vuelven lentos y fluidos por más que tratemos de hacerlos bruscos y rápidos. Se reduce la tensión muscular. Cuesta mantener la ira y la agresividad cuando estamos sumergidos en el agua, que absorbe las respuestas físicas necesarias. El agua es un calmante magnífico en muchos aspectos; no puede haber un lugar más tranquilo y feliz donde estar con familiares y amigos.
Aceptar un nuevo reto es una experiencia maravillosa; afrontar con otros la emoción y la euforia, los escollos y los logros es una manera fantástica de llegar a conocer a alguien en un escenario nuevo. Cuando hacemos esto, nos encontramos con nuestros acompañantes de un modo en que no lo habíamos hecho hasta ahora; los vemos con nuevos ojos y nos sentimos muy cercanos los unos de los otros.

Nadar en aguas abiertas puede servir de ayuda para volver a ponernos en contacto con nuestro yo esencial. Nos recuerda que todo cuanto hacemos en este planeta tiene importancia, y que todo el mundo debería tener acceso al agua limpia, y no solo para beber y para la agricultura. A todos nos vendrá bien alguna de las saludables propiedades de esa agua en la que nadar, saltar, con la que salpicar a nuestros amigos y junto a la que sentarnos a reflexionar sobre la vida. Una vez sintamos por nosotros mismos los enormes beneficios que obtenemos al estar cerca del agua en su entorno natural, nos percataremos de que es algo por lo que merece la pena luchar.

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A nice book, written in a really fluid and engaging style. As someone who’s very new to wild open water swimming I found the tips and mindfulness techniques absolutely amazing. Love this book and the ‘further reading’ book recommendations at the end that Tessa makes look great too!.
A truly beautiful book which will make you want to race down to the water’s edge and hurl yourself in. Tessa Wardley manages to evoke the delicious skin-tingling sensation of swimming in lakes, rivers and the ocean, while giving lively, practical advice on how to slow down the mind and revel in the simple joy of wild swimming.

Swimming is the most perfect physical exercise. The body, supported by the dense medium of water, receives its cardiovascular training without the wear and tear of exercise on dry land, and you develop flexibility and strength by having to work against the weight of the water. The rhythmic nature of strokes encourages regular breathing, improves lung performance in terms of both the volume of air in and out of each breath and assimilated oxygen, and is great for those with asthma. With swimming the whole body is exercised: the abdomen, glutes, shoulders and hamstrings are worked. In addition to that, swimming rejuvenates.
However, swimming is not only good for the body, it is also good for the spirit.
In our developed societies the incidence of mental health problems and social and cultural dysfunctions is increasing, but research has shown that spending time outdoors is beneficial in decreasing anxiety and increasing well-being, and the importance is finally being recognized of green areas in urban centers. Those same investigations reveal that being outdoors by the water has an even greater beneficial effect. And it does not end there: there is overwhelming evidence that immersing yourself in water is good for the body and mind, and that it has profound healing effects. Swimmers are older and live happier, even, than those who are dedicated to walking and running.

Getting to the water is part of the experience. Make it conscious. Do not jump straight into the water as soon as you hang up a mobile call on the shore: take a moment and enjoy the transition. Recreate yourself in expectation and turn the preparations into a valuable ritual. Think about the reasons why you have made the decision to swim and the steps you have taken to open a gap in your agenda for this adventure. Think about your journey there. Spend a moment on the journey of water to that place: sea currents, river channels …
As you begin to focus on the experience, take a second to notice the breath. Breathing is one of the most natural and automatic actions carried out by our body — inside, outside; inside, outside— ten to twenty cycles per minute. However, breathing is one of the most important acts to master for meditation and swimming. The first instinct of our body when entering open water is to put itself in tension; Breathing becomes shallow and irregular, and sometimes we even forget to breathe for a moment. While this might seem like a negative reaction to water, it means that we are already aware of our breathing.

After swimming, you should start feeling swollen, engulfed in an avalanche of positive feelings. The endorphins generated during exercise will travel through your body and will convert that previous anguish and without apparent cause into a post-exercise muscle relaxation. You may find yourself feeling positive, well-being, and even euphoric as you stretch on the shore. Remember these emotions; try to keep them as long as possible, but be aware that whenever you swim you will leave the water feeling better than when you arrived. Just knowing that those positive feelings are a splash away can be immensely reassuring.
Neuroscience has discovered a phenomenon called «pruning» that occurs in the brain when it undergoes a major spring cleaning. Superfluous information is removed to make room for all new experiences to come. Pruning occurs throughout our lives, but it occurs more extensively in three key moments: in the first two or three years of life, in adolescence and towards the end of the 1940s and beginning of the 1950s. In these stages, our brain is at its lightest point and looks for new experiences that fill it again. These specific periods are characterized by episodes of emotional instability and surprising decisions: we know very well the tantrums of young children, the typical irrational and grumpy teenager, and the fifty-year-old who buys a sports car. It is really the perfect time to diversify and expand your horizons: create new synapses.
The time to swim alone is the opportunity to discover more about yourself and the variety of waters available for this type of activity. Getting out into the water universe and taking that step alone in nature develops the creativity and independence of the person.
The buoyancy and density of water change the way we move. When we are in the water, we have a physical lift; the movements we make against the weight of the liquid become slow and fluid, even if we try to make them abrupt and fast. Muscle tension is reduced. It is difficult to maintain anger and aggressiveness when we are submerged in water, which absorbs the necessary physical responses. Water is a great painkiller in many ways; There can be no quieter and happier place to be with family and friends.
Taking on a new challenge is a wonderful experience; Tackling excitement and euphoria, pitfalls, and accomplishments with others is a great way to get to know someone in a new setting. When we do this, we meet our companions in a way that we have not done before; We see them with new eyes and we feel very close to each other.

Swimming in open water can help us get back in touch with our essential selves. It reminds us that everything we do on this planet is important, and that everyone should have access to clean water, and not just for drinking and agriculture. All of us will benefit from some of the healthy properties of that water in which to swim, jump, with which to splash our friends and next to which we sit down to reflect on life. Once we feel for ourselves the enormous benefits we get from being near water in its natural environment, we will realize that it is something worth fighting for.

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