La Mayoría Silenciosa. Cómo Los Catalanes No Independentistas Tomaron Las Calles Y Derrotaron El Golpe — Joan López Alegre / The Silent Majority. How Non-Independent Catalans Took The Streets And Defeated The Coup (Procés) by Joan López Alegre (spanish book edition)

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Muy interesante el relato de los últimos años en Cataluña y el detalle de los contrarios a la independencia (qué merito tienen).
Recomiendo su lectura.
La premisa principal es que desde la pitada al Rey en la inauguración del Estadio Olímpico en el ’88, poco a poco el nacionalismo ejecutó su programa para ocupar todos los espacios económicos y sociales hasta conseguir su objetivo final: la independencia. Pero, ¿por qué millones de catalanes no nacionalistas permanecieron en silencio hasta el 8 de octubre de 2017? Pues porque aquél que no se adaptaba era condenado al ostracismo y porque aquellos que se atrevían a levantar la voz eran señalados y tachados de fascistas. La ostentación del poder y la capacidad de influencia social derivada del ejercicio del poder perenne por parte del nacionalismo llevó a la sociedad catalana no nacionalista al silencio como forma de supervivencia.
La nebulosa de la memoria juega a favor de la reconstrucción del relato que intenta el independentismo, basado en blanquear lo que realmente sucedió y en afirmar que es una exageración y una injusticia la prisión provisional que se decretó contra los políticos que, abusando de su poder, intentaron romper la legalidad vigente para implantar, por la fuerza, un nuevo Estado totalitario dado que los métodos usados para intentar crearlo no eran democráticos, porque, como dice el manifiesto fundacional de la asociación de juristas Llibertats: «No hay auténtica democracia fuera del Estado de derecho y el imperio de la ley».
Lo acaecido en Cataluña en 2017 no es un brote casual, fue el final de un plan premeditado para el que el independentismo estuvo preparándose durante medio siglo.

El nacionalismo jamás pensó en cohesionar la sociedad catalana. Todo lo contrario, trabajó y trabaja, cada día, denodadamente, para llegar a la separación por decantación natural. Y en otoño de 2017 estuvieron a punto de conseguirlo. Y, sin duda, volverán a intentarlo.
Tras la megamanifestación independentista del 11 de septiembre de 2013, la vicepresidenta del gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, afirmó que «El gobierno es también de los que se quedaron en casa». Había nacido el término mayoría silenciosa para referirse a los catalanes que no se manifestaban y asistían entre pasivos y atónitos a la espiral de acontecimientos que se sucedían en Cataluña, su, nuestra casa, nuestra tierra, nuestro hogar.
Desde la victoria de Pujol en 1980, su único objetivo fue crear las condiciones sociales adecuadas para separarse de España. El lema «Avui paciència, demà independència», coreado ya a finales de los setenta por las bases del catalanismo, sintetiza a la perfección la estrategia pujolista.
En la segunda década del siglo XXI no se les acabó la paciencia, para nada. Pero hay tres razones desencadenantes de lo sucedido en Cataluña en el tramo final y más tormentoso del procés:

– La primera es la convicción de Artur Mas de que Cataluña es «un sol poble» y que con gran docilidad le seguirá. Ese espejismo chocó con la realidad en las elecciones de noviembre de 2012, que Mas convocó para obtener mayoría absoluta y en las que, en cambio, se dejó doce escaños por el camino.
– La segunda es la crisis económica que azota a muchos países, pero en especial a España, y que permite que cale con mayor facilidad la idea de que solos, los catalanes dispondremos de más dinero para financiar nuestros servicios públicos o asistenciales porque no tendremos que compartirlos con extremeños o andaluces vagos. Es exactamente la misma idea simplona y demagógica que se usó en la campaña del brexit.
La tercera, quizá la de más peso, es el cerco inexorable que la justicia construye alrededor de los casos de corrupción que afloran en CiU pero que afectan muy especialmente a su familia real: los Pujol.

El nivel de detalle de los objetivos del Programa 2000 y cómo alcanzarlos es asombroso, y todavía es más sorprendente ver en perspectiva la tenacidad con la que los gobiernos Pujol, Mas, Maragall, Montilla, Puigdemont y Torra se han lanzado a su ejecución. Es casi un caso único en la historia contemporánea de cumplimiento de un programa de gobierno.
El Programa 2000 y su aplicación deja en ridículo los trabajos que años más tarde realizará el pomposamente autodenominado Consell Assessor per a la Transició Nacional, dirigido por un exvicepresidente del Tribunal Constitucional, Carles Vives Pi-Sunyer.
La obsesión con la educación y la lengua ocupan gran parte del documento, así, por ejemplo, se proponía «la creación de inspectores de forma que vigilen la correcta cumplimentación de la normativa sobre la catalanización de la enseñanza». En este punto es preciso destacar que tras el acuerdo de Pujol con Aznar en 1996.
No es casualidad que en el mismo 1990 naciera El Observador, un periódico impulsado por Lluís Prenafeta, mano de derecha de Pujol y años más tarde condenado por corrupción por el caso Pretoria, que tenía como objetivo ser el órgano pseudooficial del pujolismo y desbancar a La Vanguardia como medio de comunicación de mayor influencia en Cataluña. Tras enterrar millones de pesetas, tres años más tarde el periódico cerró y el nacionalismo cambió de estrategia, ya no se crearían más medios, simplemente se comprarían a golpe de dinero público los ya existentes.
A partir de ahí, no sólo TV3 y Catalunya Ràdio han sido herramientas al servicio de la creación de «conciencia nacional», sino que el reparto de subvenciones millonarias ha permitido aflorar y mantener a infinidad de medios de comunicación que copan las redes sociales y que sin las ayudas públicas simplemente no hubieran ni nacido. Son medios que se dedican al señalamiento del disidente, dirección postal incluida.

El mundial de Rusia de 2018 fue un intento de Putin de mostrar la nueva Rusia al mundo, y así podríamos hacer una inacabable lista, Alemania en los años treinta, el mundial de Italia también en esa década, el de Argentina en los setenta… Cataluña no ha estado exenta de este intento de manipulación.
En 2001, el Estadio Olímpico fue rebautizado como Lluís Companys, presidente de la Generalitat que proclamó la independencia efímera de Cataluña, como hizo Puigdemont. Companys fue encarcelado y fusilado por Franco, previa entrega por los nazis. Su presidencia se vio oscurecida por desmanes y firmas de sentencias de muerte que terminaron con la vida de 9.000 catalanes durante la Guerra Civil, pero eso no fue contado ni el día del rebautizo del estadio ni nunca.

Las elecciones del 16 de noviembre de 2003 otorgan una victoria insuficiente a Artur Mas, el delfín de Jordi Pujol. Pasqual Maragall, exalcalde cosmopolita y brillante transformador de Barcelona, se convierte en el primer presidente de la Generalitat presuntamente no nacionalista, pero con el apoyo de la ERC de Carod Rovira e ICV. Los tres partidos firman el llamado Pacte del Tinell, que incluye un acuerdo para que el PP no gobierne en ninguna institución catalana y su principal propuesta es una reforma del Estatuto de Autonomía.
El Maragall que llegará a la presidencia es absolutamente distinto del que ganó en 1999 a Pujol en votos pero perdió en escaños.
El apoyo socialista al Estatut y la tímida postura en contra del PP catalán, que hizo campaña con un cartel electoral con el eslogan «Digues no», donde la palabra digues era inmensa y el no casi invisible, dio alas a Ciutadans y les permitió entrar, afortunadamente, por primera vez en el Parlament de la mano del propio Rivera y dos históricos luchadores contra el nacionalismo y a favor del bilingüismo, Antonio Robles y José Domingo.
El 2006 es un año clave en el imaginario procesista y en el independentismo contemporáneo. Una vez que se ha consolidado la idea de que nacionalismo y Cataluña son una misma cosa, el paso a defender que el Parlament tiene derecho a aprobar el texto estatutario que le parezca, indistintamente de cuáles sean las competencias que la Constitución confiere a las comunidades autónomas, es un pequeño salto casi imperceptible para el gran público.
Montilla fue víctima de Marta Ferrusola, que en uno de los muchos tics supremacistas del nacionalismo, que ella ejemplifica mejor que casi nadie, dijo: «Me molesta que el presidente de la Generalitat sea un andaluz que tiene el nombre en castellano». En un plis plas Ferrusola verbalizó lo que todos ya sabíamos: los catalanes somos de dos categorías, los puros y, por lo tanto, nacionalistas, y el resto, los López, los García, los Martínez, los Fernández…

En marzo de 2008 nace La Voz de Barcelona, el primer diario digital combativo con el separatismo. Si ya hemos vivido el nacimiento de un partido como respuesta al nacionalismo, ahora asistimos a la creación de un medio.
Fundado por los hermanos Alejandro y Daniel Tercero, consiguió situarse como uno de los diarios de referencia entre los constitucionalistas, llegando a ser el sexto más leído en Cataluña en marzo de 2012.
La labor de los hermanos Tercero no era sólo de denuncia. El gran valor que tuvo La Voz de Barcelona como pionero fue que muchos medios digitales de ámbito nacional, como Elconfidencial.com o Libertaddigital.com, empezaron a usar a La Voz de Barcelona como medio de consulta e información sobre actualidad en Cataluña, así su labor se convirtió en fundamental para que lo que sucedía en Cataluña tuviera repercusión a nivel nacional.
La inexistencia de medios de comunicación absolutamente libres en Cataluña ha sido un elemento fundamental en la penetración social del nacionalismo. No se trata sólo de la línea editorial del medio o de la manifiesta manipulación de la realidad de España presentada como nación no democrática. Los medios catalanes subvencionados, y muy en especial los públicos, hablan deliberadamente de España como una realidad ajena.

Una idea fundamental para conseguir el objetivo de controlar la sociedad hasta el más mínimo rescoldo es el concepto no tan sólo de unidad, sino en especial de uniformidad. Ésta es una de las razones por las que el bilingüismo catalán-castellano molesta y es tan importante presentar al español como una lengua de conquista ajena a Cataluña.
El discrepante es un inadaptado y el que no es entusiasta resulta sospechoso. No sólo se exige la adhesión, debe ser inquebrantable. Basándose en esta premisa, el nacionalismo prepara el ambiente social para el momento en que el Tribunal Constitucional dictamine lo que sabe.
La tauromaquia es una parte fundamental en la cultura catalana, pero dado que se identifica con la cultura española, durante años el independentismo se refugió en el falso animalismo y trabajó para acabar con los toros en Cataluña. La decisión de prohibir los toros alegando el sufrimiento del animal es una manifestación cínica, dado que el mismo Parlament que ha prohibido la llamada fiesta nacional declaró patrimonio cultural los correbous y legisló su protección. El portavoz de CiU en aquella ocasión, Josep Rull, se justificó alegando que en el caso de los correbous el toro no muere.

Dolça Catalunya es la demostración de la doble moral impuesta en Cataluña. Al igual que en Irán —que este año celebra, por decir algo, el 40 aniversario de la Revolución islámica—, donde hay una policía moral que persigue a las mujeres que por la calle no lleven cubierta la cabeza o a las parejas que se besan en un parque, mientras esa misma policía en su casa celebra fiestas en las que se bebe Johnnie Walker y se viste ropa de marcas occidentales, en Cataluña todo el mundo está asimilado en el espacio público al sistema nacionalista, pero en casa la gente devora Dolça Catalunya buscando mantener viva la moral, ganar argumentos para soltar en el trabajo al día siguiente o simplemente no sentirse sola.

El 12 de junio de 2015, el Tribunal Constitucional declara ilegal la convocatoria del 9-N. A lo largo del procés, las resoluciones de diversos tribunales, no sólo del Tribunal Constitucional, sobre lo que estaba haciendo el gobierno catalán son constantes, reiterativas y no permiten alegar desconocimiento de la responsabilidad de los dirigentes políticos impulsores de la separación unilateral.
Hasta que no llegaron las encarcelaciones preventivas, fruto del riesgo de fuga y de la predisposición manifestada a la reiteración del presunto delito, los políticos independentistas hacían gala de menospreciar a la justicia, y el desafío a la ley se convirtió en un argumento político y electoral. Al conocer la decisión del Tribunal Constitucional sobre la jornada del 9-N, Junqueras manifestó: «Ningún tribunal podrá dictaminar que la voluntad de un pueblo es inconstitucional». La frase del líder republicano tiene muchas razones para la inquietud: sólo se considera pueblo a aquella parte de la población que comparte sus objetivos políticos, la decisión de una parte de la población no cuantificada prevalece por encima de lo que considere un tribunal en aplicación de la legislación vigente, no hay contrapoder alguno que pueda frenar la arbitrariedad.
El avance del procés generaba tensiones en todos los partidos y la coalición no estuvo exenta de estas crisis, como tampoco escaparon de los problemas los dos partidos que conformaban la coalición hasta entonces más estable del panorama político español.
CDC había tomado la decisión de liderar el procés hacia la independencia, no quería quedar atrás de ERC ni ceder espacio a la CUP, creían que la sociedad catalana estaba preparada para el gran salto y que la nueva centralidad era el soberanismo. Contaban con el poder, medios de comunicación públicos y privados, decenas de organizaciones preparadas para el asentimiento acrítico y nada les podía detener. Dado que dentro del partido nadie mostraba oposición a la nueva línea política, las dudas de Unió se convirtieron en un lastre en su estrategia. Josep Rull afirmó sin ambages que «la independencia sería un punto programático innegociable para CDC en las elecciones». Los pocos discrepantes acabaron saliendo de CDC, y junto a otros cuadros de UDC crearon Lliures, un partido de corte liberal catalanista…

El 14 de marzo de 2017, el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña condena a Mas, Ortega y Rigau por la organización del referéndum del 9-N. Mediante la ANC, el independentismo llama a la gente a que esté lista para defender las instituciones y Puigdemont declara solemnemente que «el pueblo indultará a Mas». No deja de ser otra de las muchas paradojas que la sentencia la haya dictado un tribunal que en el Estatut de 2006 que aprobó el Parlament se proponía que fuera la última instancia judicial en Cataluña.
Todas la sesiones del juicio se convirtieron en una romería del Parlament al cercano palacio de justicia, y en un modo de presión inaceptable a la administración de justicia que con el paso de los meses irá cada vez a más. La más grande de las contradicciones del argumentario independentista es que brama por la presunta politización de la justicia en España y a la vez exige al gobierno español que imponga criterios políticos a los tribunales.
La sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña será utilizada por el independentismo como palanca para presentar la convocatoria del nuevo referéndum como algo irremisible, algo parecido a una fatalidad.

Puigdemont y su gobierno pusieron de manifiesto que el referéndum y la fecha del 1 de octubre es sólo una etapa más en su objetivo de la separación. Por lo tanto, sin tener en cuenta ninguna de las irregularidades cometidas por ellos mismos —empezando por la ilegalidad de la convocatoria, así como la falta de cualquier garantía: no hay censo, interventores, etc.—, anuncian su victoria y el envío de los datos del referéndum al Parlament para que, según prevén las leyes aprobadas, también de forma ilegal, se proceda a la declaración de la independencia.
La mañana del lunes 2 de octubre —con la máquina de propaganda separatista en pleno rendimiento hablando prácticamente de un estado de sitio y de represión a gran escala a la vez que, de forma contradictoria, jactándose de los pocos colegios que han sido clausurados—, Rajoy muestra flaqueza, las imágenes policiales le han impactado y «llama a una reflexión conjunta de todas las fuerzas en el Congreso». Sánchez, que en el tema catalán da bandazos, en este caso pide negociación.
El discurso del rey fue seguido con emoción en millones de hogares de catalanes no independentistas que jamás habían oído la frase «no están solos ni lo estarán». Las palabras de Felipe VI fueron seguidas en esos hogares con emoción, positiva sorpresa por su claridad y en muchísimos casos con lágrimas en los ojos dado que la intervención del rey servía también para tomar conciencia de la situación absolutamente excepcional que estamos viviendo. Es terrible que se hubiera tenido que llegar a ese punto para que estas palabras retumbaran con toda la fuerza en los oídos de los catalanes independentistas y no independentistas.
La intervención del monarca también fue un antes y un después para el independentismo, su estrategia siempre fue la de forzar las cosas hasta un extremo en que el Gobierno y las instituciones del Estado estuvieran entre la espada y la pared y, por lo tanto, no tuvieran más remedio que claudicar mediante una negociación forzosa en la que tuvieran un papel destacado agentes internacionales. Ahora ya sabían que eso no iba a suceder, y visto lo que sucedió las semanas posteriores no tenían un plan B.

Con el procés todo cambió. El empresariado se vio contaminado por el mismo virus que afectaba al conjunto de Cataluña: independencia sí frente a independencia no. Muchos empresarios, en apariencia cada vez más, suspiraban por el pacto fiscal: más independencia económica, pero sin perder el privilegio que supone acceder, sin tener que salir de sus fronteras, a un mercado que ofrece más de 40 millones de personas con un buen nivel de renta. Así que el nivel de crítica a Mas y Puigdemont fue casi nulo, no hasta llegar al abismo, sino cuando ya se había dado el salto. Cuando el empresariado institucionalizado tenía que elegir entre el respeto a la seguridad jurídica que ofrecía Moncloa o la aventura que ofertaba la Generalitat, o bien tomaba partido por éstos, o, en el mejor de los casos, exigía que se escucharan las «justas demandas de Cataluña».
Habiendo sido de esta manera las relaciones entre poder político y poder económico, poderes que estaban cada vez más mezclados entre sí, es normal que el independentismo pensara que el empresariado tampoco ofrecería resistencia alguna al tránsito al nuevo Estado. Pero el drama que se había larvado durante todo este tiempo estaba a punto de empezar, y sus consecuencias se extenderán a lo largo de los años venideros.
Estas salidas suponen una pérdida de 100.000 millones en facturación, que es la suma de las ventas de las 5.100 empresas que movieron su sede social. Es una sangría sin precedentes en la historia reciente de Europa, de la que el independentismo culpará al gobierno de España y a las cargas policiales del 1-O, entre el silencio de los empresarios, que ya han hablado con las decisiones de sus consejos de administración extraordinarios. Se estima que es la mayor salida empresarial de un territorio sin que haya habido un enfrentamiento armado. Mientras, unas 200.000 personas han cambiado de empadronamiento para garantizarse que viven en España a todos los efectos pase lo que pase.

El encarcelamiento de los líderes de ANC y Òmnium puso, de nuevo, en mala situación a los catalanes no separatistas, que son constantemente interpelados sobre si creen que deben estar en prisión, y se crea un estado de opinión en el que la persona que no pida la libertad es señalada como intolerante, falto de piedad y empatía. Si no estás por la libertad, si no estás contra el Estado de derecho, si no apoyas la comisión de presuntos delitos graves y, por lo tanto, la libertad de los Jordis, eres mala persona.
Las claves de la acción de Rajoy son la intervención de los Mossos, la no intervención de la educación ni de TV3, al parecer a petición del PSC, y la convocatoria inmediata de elecciones para el 21 de diciembre. En aquel momento, esta última decisión fue muy acertada y muy bien recibida. Sólo un día antes, Puigdemont se había negado a convocar elecciones, tal como parecía anhelar gran parte de la sociedad catalana, incluida la independentista. Además, desde que la Audiencia Nacional había dictado prisión provisional para los Jordis, se había puesto en marcha una campaña contra la democracia española, así que la convocatoria electoral simultáneamente a la aplicación del artículo 155 suponía una descompresión de la tensión que se vivía en la sociedad catalana y disipaba cualquier duda sobre si el gobierno de «Madrid» pretendía obtener por vía legal y parlamentaria lo que no obtenía por las urnas. Fue el mejor momento de Rajoy, desconcertó al independentismo, señaló un camino de salida y lo hizo tras haber ofrecido al independentismo salidas y prórrogas para que aclarara la situación.

Los periodistas, miembros de lobbys, think tanks, eurodiputados y funcionarios europeos descubrieron atónitos la verdad, que dista de lo que se les había contado. Jamás nadie les había dicho que en Cataluña hay dos lenguas oficiales, que el catalán es además lengua vehicular en la enseñanza, lengua preeminente —cuando no única— en la administración, que en Cataluña hay medios de comunicación públicos y privados en catalán, que Cataluña tiene derecho civil propio y competencias plenas en materia educativa, de salud, justicia y competencias sobre impuestos clave, como el IRPF. Jamás en Bruselas se había contado cuál era la realidad de la descentralización de España. El independentismo había construido un falso relato de Estado posfranquista, poco tolerante con la diversidad y que ahora estaba pasando una factura grave a España en forma de caída de reputación.

La noche electoral todo el mundo sabía que Inés Arrimadas no sería la 131.a presidenta de la Generalitat, pero su victoria era una garantía de que una nueva DUI no sería comprendida por nadie en ningún lugar del mundo. El éxito de Cs acabó con la idea de que en Cataluña sólo podía gobernar el nacionalismo, y ofreció una imagen inédita para los catalanes y el resto de los españoles: el de una noche electoral sin gritos de independencia.
Los independentistas se consolaron con que junto a la CUP tenían mayoría absoluta y podrían seguir formando gobierno, pero la relación entre los seguidores de Puigdemont, esa noche eufóricos, y ERC, esa noche desolados, quedó maltrecha para siempre. Sólo la necesidad de detentar el poder y de levantar el 155 permitió el acuerdo de gobierno y la investidura de Quim Torra, un presidente que ha dejado escrito que parte de los catalanes, aquellos que hablan castellano, son bestias con forma humana y tienen un bache en su ADN.
Tabarnia fue la primera vez que una idea surgió primero desde la facción social no independentista. Tabarnia fue la primera iniciativa que obligó al independentismo a posicionarse sobre una iniciativa que no era suya, y lo encajaron fatal.
La idea desquicia al independentismo, que responde airadamente que Cataluña es indivisible. Caen en la trampa que de forma humorística plantea Boadella.
Pero tras la broma llega la parte fundamental: los tabarneses afirman que no quieren inventar historias ni generar confrontación. En su presentación, Tabarnia afirmó que llegará tan lejos en su propuesta como los independentistas quieran llegar con la suya.
Tabarnia sirvió para desdramatizar la situación, para quitar solemnidad impostada al independentismo, para viajar hasta las puertas de la casa de Waterloo donde Boadella propuso a Puigdemont la celebración de una cumbre «al más bajo nivel». Tabarnia fue un movimiento que puso de manifiesto que una parte considerable de la sociedad catalana jamás volvería a asistir silente ni pasiva al despropósito al que la había sometido el independentismo entre septiembre y octubre de 2017. Tabarnia fue la constatación definitiva de que como máquina de ingeniería social el Programa 2000 fue un fracaso.

Los catalanes necesitan un país y unos gobernantes que crean algo tan simple como: Cataluña es España, y Cataluña sólo será Cataluña formando parte de España. Más España es más Cataluña. La división genera confrontación, y ambas empobrecen. Alguien dijo alguna vez que «se puede amar a España en catalán», sin duda.
Sólo un proyecto común permitirá revertir esta situación y poder mirar al futuro con optimismo, hoy, lamentablemente, esto parece imposible.

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Very interesting the account of recent years in Catalonia and the detail of those opposed to independence (what merit they have).
I recommend the reading.
The main premise is that since the King was called at the inauguration of the Olympic Stadium in ’88, little by little, nationalism carried out its program to occupy all economic and social spaces until achieving its final objective: independence. But why did millions of non-nationalist Catalans remain silent until October 8, 2017? Well, because those who did not adapt were ostracized and because those who dared to raise their voices were singled out and branded as fascists. The ostentation of power and the capacity for social influence derived from the exercise of perennial power by nationalism led Catalan non-nationalist society to silence as a way of survival.
The memory nebula plays in favor of the reconstruction of the story that the independence movement tries, based on laundering what really happened and on affirming that it is an exaggeration and an injustice the provisional prison that was decreed against the politicians who, abusing their power , they tried to break the current legality to implant, by force, a new totalitarian State since the methods used to try to create it were not democratic, because, as the founding manifesto of the Llibertats association of jurists says: «There is no authentic democracy outside the Rule of law and the rule of law ».
What happened in Catalonia in 2017 is not a casual outbreak, it was the end of a premeditated plan for which independence was preparing for half a century.

Nationalism never thought of uniting Catalan society. On the contrary, he worked and works, every day, hard, to reach the separation by natural decantation. And in the fall of 2017 they were about to get it. And they will certainly try again.
After the independence mega-demonstration of September 11, 2013, the vice-president of the government, Soraya Sáenz de Santamaría, affirmed that «the government is also one of those who stayed at home.» The term silent majority had been born to refer to Catalans who did not demonstrate and attended, passive and astonished, the spiral of events that followed one another in Catalonia, their, our house, our land, our home.
Since Pujol’s victory in 1980, his sole objective was to create the right social conditions to separate from Spain. The motto «Avui paciència, demà Independència», chanted in the late seventies by the foundations of Catalanism, perfectly synthesizes the pujolista strategy.
In the second decade of the 21st century, their patience did not run out at all. But there are three triggering reasons for what happened in Catalonia in the final and most stormy section of the process:

– The first is Artur Mas’s conviction that Catalonia is «a poor sun» and that it will follow with great docility. That mirage collided with reality in the elections of November 2012, which Mas called to obtain an absolute majority and in which, instead, he left twelve seats along the way.
– The second is the economic crisis that plagues many countries, but especially Spain, and which makes it easier for the idea that alone, we Catalans will have more money to finance our public or welfare services because we will not have to share them with Extremadurans or lazy Andalusians. It is exactly the same simplistic and demagogic idea that was used in the Brexit campaign.
The third, perhaps the most weighty, is the inexorable fence that justice builds around the corruption cases that emerge in CiU but that especially affect their royal family: the Pujol.

The level of detail of the objectives of the 2000 Program and how to achieve them is astonishing, and it is even more surprising to see in perspective the tenacity with which the Pujol, Mas, Maragall, Montilla, Puigdemont and Torra governments have launched themselves into their execution. It is almost a unique case in the contemporary history of compliance with a government program.
The 2000 Program and its application ridicules the work that years later the pompously self-styled Consell Assessor per la Transició Nacional, led by a former vice president of the Constitutional Court, Carles Vives Pi-Sunyer.
The obsession with education and language occupy a large part of the document, for example, it was proposed «the creation of inspectors so that they supervise the correct fulfillment of the regulations on the Catalanization of teaching». At this point it should be noted that after the Pujol agreement with Aznar in 1996.
It is no coincidence that in the same 1990, El Observador was born, a newspaper promoted by Lluís Prenafeta, Pujol’s right-hand man and years later convicted of corruption by the Pretoria case, which aimed to be the pseudo-official organ of pujolismo and unseat La Vanguard as the most influential means of communication in Catalonia. After burying millions of pesetas, three years later the newspaper closed and nationalism changed its strategy, no more media would be created, simply existing ones would be bought at the cost of public money.
From there, not only TV3 and Catalunya Ràdio have been tools at the service of creating «national consciousness», but the distribution of million-dollar subsidies has allowed the emergence and maintenance of countless media that take over social networks and that without public aid they simply would not have been born. They are means that are dedicated to the identification of the dissident, including postal address.

The 2018 World Cup in Russia was an attempt by Putin to show the new Russia to the world, and thus we could make an endless list, Germany in the 1930s, the World Cup in Italy also in that decade, Argentina in the 1970s. Catalonia has not been exempt from this attempt at manipulation.
In 2001, the Olympic Stadium was renamed Lluís Companys, President of the Generalitat who proclaimed the ephemeral independence of Catalonia, as Puigdemont did. Companys was jailed and shot by Franco, after surrender by the Nazis. His presidency was overshadowed by excesses and death sentence signatures that ended the lives of 9,000 Catalans during the Civil War, but that was not counted on the day of the stadium’s rename or ever.

The elections of November 16, 2003 grant an insufficient victory to Artur Mas, Jordi Pujol’s dolphin. Pasqual Maragall, former cosmopolitan mayor and brilliant transformer of Barcelona, becomes the first president of the Generalitat, presumably not nationalist, but with the support of the ERC of Carod Rovira and ICV. The three parties sign the so-called Pacte del Tinell, which includes an agreement so that the PP does not govern in any Catalan institution and its main proposal is a reform of the Statute of Autonomy.
The Maragall who will reach the presidency is completely different from the one who won Pujol in 1999 in votes but lost in seats.
Socialist support for the Statute and the timid stance against the Catalan PP, which campaigned with an electoral poster with the slogan «Digues no», where the word digues was immense and the not nearly invisible, gave wings to Ciutadans and allowed them to enter Fortunately, for the first time in the Parliament by Rivera himself and two historical fighters against nationalism and in favor of bilingualism, Antonio Robles and José Domingo.
2006 is a key year in the processional imaginary and in contemporary independence. Once the idea that nationalism and Catalonia are one and the same thing has been consolidated, the step to defend that the Parliament has the right to approve the statutory text that it sees fit, regardless of what powers the Constitution confers on the autonomous communities It is a small leap almost imperceptible to the general public.
Montilla was the victim of Marta Ferrusola, who in one of the many supremacist tics of nationalism, which she exemplifies better than almost anyone, said: «It bothers me that the President of the Generalitat is an Andalusian who has the name in Castilian.» In a plis plas Ferrusola verbalized what we all already knew: the Catalans are of two categories, the pure and, therefore, nationalists, and the rest, the López, the García, the Martínez, the Fernández …

In March 2008 La Voz de Barcelona was born, the first combative digital newspaper with separatism. If we have already experienced the birth of a party as a response to nationalism, now we are witnessing the creation of a medium.
Founded by brothers Alejandro and Daniel Tercero, it managed to position itself as one of the leading newspapers among constitutionalists, becoming the sixth most widely read in Catalonia in March 2012.
The work of the Tercero brothers was not just a complaint. The great value that La Voz de Barcelona had as a pioneer was that many national digital media, such as Elconfidencial.com or Libertaddigital.com, began to use La Voz de Barcelona as a means of consultation and information on current affairs in Catalonia, as well as their This work became essential so that what was happening in Catalonia had repercussions at the national level.
The absence of absolutely free media in Catalonia has been a fundamental element in the social penetration of nationalism. It is not just about the editorial line of the medium or the manifest manipulation of the reality of Spain presented as a non-democratic nation. Subsidized Catalan media, and especially public media, deliberately speak of Spain as a foreign reality.

A fundamental idea to achieve the objective of controlling society to the slightest bit of embers is the concept not only of unity, but especially of uniformity. This is one of the reasons why Catalan-Spanish bilingualism bothers and it is so important to present Spanish as a language of conquest outside of Catalonia.
The dissenting person is a misfit and the non-enthusiast is suspicious. Not only is membership required, it must be unwavering. Based on this premise, nationalism prepares the social environment for the moment when the Constitutional Court rules what it knows.
Bullfighting is a fundamental part of Catalan culture, but given that it identifies with Spanish culture, for years the independence movement took refuge in false animalism and worked to end bullfighting in Catalonia. The decision to ban bulls alleging the suffering of the animal is a cynical manifestation, given that the same Parliament that has prohibited the so-called national holiday declared the Correbous cultural heritage and legislated its protection. The CiU spokesman on that occasion, Josep Rull, justified himself alleging that in the case of the Correbous the bull does not die.

Dolça Catalunya is the demonstration of the double standard imposed in Catalonia. As in Iran, which this year celebrates, to say the least, the 40th anniversary of the Islamic Revolution, where there is a moral police that persecutes women who do not wear head coverings on the street or couples who kiss in a park, while the same police at their house celebrate parties in which Johnnie Walker is drunk and dresses in western brands, in Catalonia everyone in the public space is assimilated to the nationalist system, but at home people devour Dolça Catalunya looking to keep morale alive, win arguments to drop at work the next day or just not feel alone.

On June 12, 2015, the Constitutional Court declared the calling of 9-N illegal. Throughout the process, the resolutions of various courts, not just the Constitutional Court, on what the Catalan government was doing are constant, repetitive and do not allow alleging ignorance of the responsibility of the political leaders behind unilateral separation.
Until preventive incarcerations arrived, as a result of the risk of flight and the predisposition manifested to the repetition of the alleged crime, the pro-independence politicians boasted of belittling justice, and the defiance of the law became a political and electoral argument . Upon learning of the decision of the Constitutional Court on the day of 9-N, Junqueras stated: «No court may rule that the will of a people is unconstitutional.» The phrase of the republican leader has many reasons for concern: only that part of the population that shares its political objectives is considered a people; the decision of a part of the population that is not quantified prevails over what a court considers in application of current legislation, there is no counter power that can curb arbitrariness.
The progress of the process generated tensions in all parties and the coalition was not exempt from these crises, nor did the two parties that made up the hitherto most stable coalition on the Spanish political scene escape from the problems.
CDC had made the decision to lead the process towards independence, it did not want to fall behind the ERC or give up space to the CUP, they believed that Catalan society was ready for the great leap and that the new centrality was sovereignty. They had power, public and private media, dozens of organizations prepared for uncritical assent and nothing could stop them. Since nobody within the party showed opposition to the new political line, Unió’s doubts became a drag on his strategy. Josep Rull stated unequivocally that «independence would be a non-negotiable programmatic point for CDC in the elections.» The few dissenting ones ended up leaving the CDC, and together with other UDC cadres they created Lliures, a Catalan-liberal party …

On March 14, 2017, the Superior Court of Justice of Catalonia condemns Mas, Ortega and Rigau for organizing the 9-N referendum. Through the ANC, the independence movement calls on the people to be ready to defend the institutions and Puigdemont solemnly declares that «the people will pardon Mas.» It is still one of the many paradoxes that the sentence has been handed down by a court that in the 2006 Statute that the Parliament approved, was proposed to be the last judicial instance in Catalonia.
All the sessions of the trial turned into a pilgrimage from the Parlament to the nearby courthouse, and into a mode of pressure unacceptable to the administration of justice, which over the months will grow more and more. The biggest contradiction in the independence argument is that it bellows at the alleged politicization of justice in Spain and at the same time demands that the Spanish government impose political criteria on the courts.
The ruling of the Superior Court of Justice of Catalonia will be used by the independence movement as a lever to present the call for the new referendum as something irremissible, something akin to a fatality.

Puigdemont and his government have revealed that the referendum and the date of October 1 is just one more stage in their goal of separation. Therefore, without taking into account any of the irregularities committed by themselves – starting with the illegality of the convocation, as well as the lack of any guarantee: there is no census, auditors, etc. -, they announce their victory and the sending of the data of the referendum to the Parliament so that, according to the approved laws, also illegally, the declaration of independence proceeds.
The morning of Monday, October 2 – with the separatist propaganda machine in full swing practically speaking of a state of siege and large-scale repression while, in a contradictory way, boasting of the few schools that have been closed down – Rajoy shows weakness, the police images have impacted him and «calls for a joint reflection of all the forces in Congress.» Sánchez, who is lurching on the Catalan issue, in this case asks for negotiation.
The king’s speech was followed with emotion in millions of Catalan non-independence homes that had never heard the phrase «they are not alone nor will they be.» The words of Felipe VI were followed in those homes with emotion, positive surprise for their clarity and in many cases with tears in their eyes since the intervention of the king also served to make us aware of the absolutely exceptional situation we are experiencing. It is terrible that it would have had to come to that point so that these words resounded with full force in the ears of the pro-independence and non-pro-independence Catalans.
The monarch’s intervention was also a before and after for the independence movement, his strategy was always to force things to an extent where the Government and the institutions of the State were between a rock and a hard place and, therefore, not they had no choice but to give in through forced negotiation in which international agents played a leading role. Now they knew that this was not going to happen, and given what happened the following weeks they did not have a plan B.

With the process everything changed. The business community was contaminated by the same virus that affected the whole of Catalonia: independence yes versus independence no. Many entrepreneurs, apparently more and more, yearned for the fiscal pact: more economic independence, but without losing the privilege of accessing, without having to leave their borders, a market that offers more than 40 million people with good income level. So the level of criticism of Mas and Puigdemont was almost nil, not until reaching the abyss, but when the jump had already been taken. When the institutionalized business community had to choose between respect for the legal security offered by Moncloa or the adventure offered by the Generalitat, it either took sides with them, or, in the best case, demanded that the «just demands of Catalonia».
Having thus been the relations between political power and economic power, powers that were increasingly mixed with each other, it is normal for the independence movement to think that the business community would not offer any resistance to the transit to the new state either. But the drama that had taken place during all this time was about to begin, and its consequences will extend throughout the years to come.
These leaks represent a loss of 100,000 million in turnover, which is the sum of the sales of the 5,100 companies that moved their headquarters. It is an unprecedented indentation in the recent history of Europe, of which the independence movement will blame the government of Spain and the police charges of 1-O, among the silence of the businessmen, who have already spoken with the decisions of their boards of directors. extraordinary. It is considered to be the largest business exit from a territory without an armed confrontation. Meanwhile, some 200,000 people have changed their registration to ensure that they live in Spain for all purposes no matter what happens.

The imprisonment of the ANC and Òmnium leaders put the non-separatist Catalans in a bad situation again, who are constantly questioned about whether they believe they should be in prison, and creates a state of opinion in which the person who does not ask for freedom is marked as intolerant, lacking in mercy and empathy. If you are not for freedom, if you are not against the rule of law, if you do not support the commission of alleged serious crimes and, therefore, the freedom of the Jordis, you are a bad person.
The keys to Rajoy’s action are the intervention of the Mossos, the non-intervention of education or TV3, apparently at the request of the PSC, and the immediate calling of elections for December 21. At that time, this last decision was very successful and very well received. Just a day earlier, Puigdemont had refused to call elections, as much of Catalan society, including the independence movement, seemed to yearn for. In addition, since the National Court had ordered provisional arrest for the Jordis, a campaign against Spanish democracy had been launched, so that the electoral call simultaneously with the application of article 155 supposed a decompression of the tension that existed in the Catalan society and dispelled any doubt about whether the government of «Madrid» intended to obtain by legal and parliamentary means what it did not obtain through the ballot box. It was the best moment for Rajoy, he baffled the independence movement, pointed out a way out and did so after having offered the independence movement exits and extensions to clarify the situation.

Journalists, lobbyists, think tanks, MEPs and European officials stunned the truth, which is far from what they had been told. No one had ever told them that in Catalonia there are two official languages, that Catalan is also a vehicular language in education, a pre-eminent – if not the only – language in the administration, that in Catalonia there are public and private media in Catalan, that Catalonia It has its own civil law and full powers in education, health, justice and key tax powers, such as personal income tax. In Brussels, the reality of the decentralization of Spain had never been told. The independence movement had constructed a false account of the post-Franco state, little tolerant of diversity and that was now passing a serious toll on Spain in the form of a fall in reputation.

On election night, everyone knew that Inés Arrimadas would not be the 131st President of the Generalitat, but her victory was a guarantee that a new DUI would not be understood by anyone anywhere in the world. Cs’s success put an end to the idea that in Catalonia only nationalism could govern, and offered an unprecedented image for the Catalans and the rest of the Spanish: that of an electoral night without cries of independence.
The independentistas consoled themselves that together with the CUP they had an absolute majority and could continue forming a government, but the relationship between Puigdemont’s followers, euphoric that night, and ERC, that desolate night, was battered forever. Only the need to hold power and raise the 155 allowed the government agreement and the inauguration of Quim Torra, a president who has written that part of the Catalans, those who speak Spanish, are human-shaped beasts and have a bump in your DNA.
Tabarnia was the first time that an idea first emerged from the non-independence social faction. Tabarnia was the first initiative that forced the independence movement to position itself on an initiative that was not theirs, and they fitted it fatally.
The idea deranges independence, which angrily responds that Catalonia is indivisible. They fall into the trap that Boadella humorously poses.
But after the joke comes the fundamental part: the tabanese affirm that they do not want to invent stories or generate confrontation. In his presentation, Tabarnia affirmed that he will go as far in his proposal as the independentistas want to get their way.
Tabarnia was the first time that an idea first emerged from the non-independence social faction. Tabarnia was the first initiative that forced the independence movement to position itself on an initiative that was not theirs, and they fitted it fatally.
The idea deranges independence, which angrily responds that Catalonia is indivisible. They fall into the trap that Boadella humorously poses.
But after the joke comes the fundamental part: the tabanese affirm that they do not want to invent stories or generate confrontation. In his presentation, Tabarnia affirmed that he will go as far in his proposal as the independentistas want to get their way.
Tabarnia served to de-dramatize the situation, to remove solemnity imposed on independence, to travel to the gates of the House of Waterloo where Boadella proposed to Puigdemont to hold a summit «at the lowest level». Tabarnia was a movement that revealed that a considerable part of Catalan society would never again attend, silently or passively, the nonsense to which the independence movement had subjected it between September and October 2017. Tabarnia was the definitive confirmation that as an engineering machine Social Program 2000 was a failure.

Catalans need a country and rulers who create something as simple as: Catalonia is Spain, and Catalonia will only be Catalonia as part of Spain. More Spain is more Catalonia. The division generates confrontation, and both impoverish. Someone once said that «you can love Spain in Catalan», without a doubt.
Only a common project will make it possible to reverse this situation and to be able to look to the future with optimism, today, unfortunately, this seems impossible.

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