El Fraude Del Siglo. Cómo Un Joven Empresario Logró Estafar Más De 5 Mil Millones De Dólares Justo Debajo De Las Narices De La Industria Financiera Mundial — Tom Wright & Bradley Hope / Billion Dollar Whale: The Man Who Fooled Wall Street, Hollywood, and the World by Tom Wright & Bradley Hope

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Roba un poco y te lanzan a la cárcel.
Roba mucho y te hacen rey.
BOB DYLAN, “Sweetheart Like You”

¡Increíble! Si te gusta el verdadero crimen, el gran atraco, este es el más grande. Si está interesado en las manipulaciones de las altas finanzas, la avaricia de los bancos de inversión de Wall Street, cómo se oculta y manipula el dinero en las cuentas en el extranjero, esta es su historia. Si presta atención a la corrupción y la mala conducta del gobierno, será difícil encontrar un caso más atroz. Si te gustan las fiestas increíbles, elige este libro. Si te gusta seguir a las celebridades, el set de Hollywood, están aquí: Leonardo DiCaprio, Jamie Fox, Paris Hilton y muchos, muchos más. Y esta historia no ha terminado. Muchos involucrados han sido atrapados, otros se han deslizado, algunos están escondidos y, sin duda, todavía están tirando de los hilos.
Nuestro autor, Jho Low, es un malasia de origen chino bastante poco notable, nacido en una familia de riqueza moderada. Su padre empresario invierte en él enviándolo a la Harrow School en Inglaterra, donde puede codearse con los niños de los ricos de todo el mundo. A partir de ahí, estudia en Wharton en los EE. UU., Donde pasa el tiempo principalmente con el conjunto internacional haciendo más contactos con hijos de padres influyentes. Atrapar a los influyentes se convierte en su modus operandi, ya que su deseo de riqueza y estatus, la descarada de sus esquemas, la astucia de sus métodos, su habilidad para encontrar y cultivar relaciones con conspiradores que controlan grandes cantidades de dinero, lo hacen Uno de los criminales más notables de nuestro tiempo.
No estropearé este libro entrando en detalles, pero las consecuencias continúan. Justo hoy (24/02/2020) Reuters publicó un artículo sobre las consecuencias financieras mientras Malasia busca $ 7,5 mil millones en reparaciones de Goldman Sachs. El autor Tom Wright acaba de tuitear sobre la protección del gobierno tailandés de Jho Low, que está causando una considerable consternación en ese país. Según los informes, ahora se está escondiendo en China. El libro me dejó con una sensación incómoda sobre cómo los manipuladores maestros como Jho Low pueden subvertir tan fácilmente las instituciones globales y las poderosas figuras del gobierno ofreciéndoles una parte de la acción. Jho Low hizo un daño significativo a la economía de todo un país. Ahora que Estados Unidos está liderado por un promotor inmobiliario amoral que controla a su fiscal general como un perro entrenado, las posibilidades de travesuras similares en los Estados Unidos apenas parecen descabelladas.

No estaba muy familiarizado con el escándalo de 1MDB. Había escuchado un poco en las noticias sobre el primer ministro de Malasia, Najib Razak, pero no había prestado mucha atención. Los detalles de este libro son increíbles y sirven como una prueba enloquecedora del poder de la codicia en este mundo. Jho Low engaña a todos, desde banqueros hasta políticos y celebridades de primer nivel, todo porque quieren probar sus riquezas. Nunca le preguntan demasiado acerca de dónde o cómo obtuvo todo su dinero, eso arruinaría la diversión. De alguna manera fue un poco deprimente leer este libro, especialmente en estos tiempos, porque me hizo sentir cada vez más frustrado con el estado del mundo. Sin embargo, creo que es importante saber más sobre este tipo de fraudes, ya que abren los ojos a la forma en que se puede comprar a las personas y hasta qué punto pueden mentir. Me sorprendió la facilidad con que la gente miraba (y se regocijaba) el bajo gasto de cientos de millones en cosas frívolas y estúpidas, básicamente tirando el dinero del pueblo de Malasia en bebidas alcohólicas y juegos de azar. Simplemente muestra que siempre debemos cuestionar lo que las personas a cargo están vendiendo como la verdad y que debe haber más transparencia en la banca, los gobiernos y el movimiento de dinero en todo el mundo.
El libro está estructurado muy bien y se lee como un thriller financiero. (Bueno, quizás un poco confundido por algunas de las maniobras financieras). Me recordó mucho en tono y género a otra lectura reciente, Bad Blood. Mi único deseo sería que hubiera un poco más de información sobre Malasia en general y sobre las personas afectadas cada día por este fraude, pero eso probablemente habría sido para otro libro completo. Definitivamente recomiendo a los fanáticos de la no ficción, esto no es solo una aburrida lectura comercial / financiera.

Este libro trata sobre la cleptocracia más grande que el mundo haya visto. Miles de millones de dólares desviados de la pequeña economía de Malasia (y más de préstamos garantizados por el país) a cuentas bancarias falsas establecidas en paraísos fiscales, llegando finalmente a los bolsillos de unos pocos seleccionados, entre los cuales, el (ex) primer ministro de Malasia.
El gran arquitecto: un hombre chino joven y redondo con una sonrisa infantil (que algunos dicen que parece un panda). Un hombre cuya vida está rodeada de opulencia y estrellato, que organiza fiestas que avergüenzan a los asiáticos ricos locos, que juega con millones en la mesa, que vive un estilo de vida inaudito, todo a expensas de las futuras generaciones de un país , a quienes se pagará uno de los mayores agujeros negros financieros jamás causados … por una estafa.
Este libro también muestra cómo el sistema financiero global está dispuesto a corroborar el fraude financiero a esta escala (disfrazado de oportunidades de negocio en los países en desarrollo), siempre y cuando genere grandes beneficios. Están dispuestos a hacer la vista gorda sobre cómo sus acciones victimizan a millones de ciudadanos de una nación en desarrollo, y cómo elimina cualquier posibilidad que estas personas tengan de construir mejores vidas para ellos mismos.
El mundo no es un lugar justo; No es que no lo supiéramos ya.

* Ivanhoe (productor de Crazy Rich Asians) ha adquirido los derechos para convertir esta historia real en una película de Hollywood. Con suerte, donarían parte de sus ganancias a Malasia.

En 2015 empezamos a informar sobre un fondo soberano de inversión, justo después de que empezaran a acumularse rumores respecto a sus crecientes deudas y tratos sospechosos. Era una historia intrigante. Goldman Sachs obtuvo ganancias inconmensurables al ayudarle a dicho fondo a recolectar dinero, y el escándalo subsecuente alrededor del destino de los recursos amenazaba con derrocar al primer ministro de Malasia. Sin embargo, no se trataba de un caso ordinario de corrupción en otro país en desarrollo. Los reportes de los medios y de las fuentes con las que empezamos a conversar sugerían que Jho Low, un hombre poco conocido de 27 años, socio del primer ministro, había tomado el dinero. Se hablaba de tal vez cientos de millones de dólares, si no es que miles, que el hombre usó para fundar una empresa productora en Hollywood, encargar uno de los yates más grandes del mundo y ofrecer salvajes y decadentes fiestas por todo el planeta.
¿Pero quién era Jho Low? ¿Y cómo surgió de la oscuridad para convertirse en la supuesta mente maestra de un fraude de miles de millones de dólares realizado en las narices del ámbito financiero? Nos dispusimos a develar su verdadera identidad, y lo que descubrimos fue asombroso. Detrás de la apariencia llana y los agradables modales de este individuo había un fabulista serial que había descifrado cómo funcionaba el mundo en realidad. Era amigo de todos, pero muy pocos lo conocían más allá de la reputación que tenía como uno de los mayores despilfarradores de dinero que la clase del jet-set había visto en toda una generación. No se trataba nada más de una loca historia que involucraba a banqueros de Wall Street, celebridades y un estafador con labia. El mero éxito de Low, en esencia, estaba profundamente arraigado en los fracasos de la economía mundial del siglo XXI. Su capacidad para robar tanto, engañar a los bancos de Wall Street, a los auditores y los reguladores; su éxito para aprovechar una riqueza incalculable y usarla para ir comprando la amistad de los actores y modelos más famosos del mundo; y la facilidad con que hacía creer a todos que pertenecía a ese ámbito: todo esto hace evidente que Low era producto de una sociedad preocupada por la riqueza y el glamour.
En 2005, para cuando terminó el último año de la universidad, Low ya tenía un plan en mente: regresar a Malasia y buscar maneras de hacer negocios con sus contactos de Wharton y Harrow. Ahora que era un joven practicante de las finanzas y tenía su propia empresa, su ambición creció, sin embargo necesitaba encontrar un respaldo influyente en casa.
Afortunadamente, gracias a la inversión en bienes raíces que hizo su padre en Londres, ya tenía uno: la poderosa familia de Najib Razak.

Después de que le negaron una comisión como corredor en el trato territorial Iskandar, Low comenzó a buscar otras maneras de obtener ganancias. Empezó tratando de ser un gestor de negocios tradicional e intentó encontrar una posición que le permitiera cobrar una comisión por haber traído a Mubadala a la inversión, pero lo bloquearon. Ahora, para obtener la recompensa que creía merecer y poder pagarle al embajador Otaiba, estaba dispuesto a hacer lo que fuera.
Así fue como diseñó una estratagema enrevesada pero brillante. Los planes de Mubadala para el colosal proyecto Iskandar tenían a Malasia sumida en el bullicio. Los planos indicaban que se necesitarían nuevas carreteras, casas, centros comerciales y desarrollos industriales, y por lo tanto los constructores competirían para ganar los lucrativos contratos. En ese tiempo Low se enteró de que dos empresas constructoras malayas estaban a la venta. ¿Podría comprarlas a precio bajo y luego ganar contratos para participar en el desarrollo Iskandar? Para financiar el multimillonario precio de compra, necesitaba solicitar más préstamos, pero ante los bancos seguía siendo un don nadie, un hombre de negocios de bajo nivel con antecedentes insuficientes. Para darle lustre a su imagen y poder echarle las manos al dinero de los bancos, volvió a recurrir a sus amigos poderosos.
Con el propósito de realizar la compra, estableció una entidad en las Islas Vírgenes británicas llamada Abu Dabi-Kuwait-Malasia Investment Company y les regaló acciones al embajador Otaiba y a otros aristócratas menores de Kuwait y Malasia. Estaba creando la impresión de que individuos importantes estaban detrás de la empresa. Ahora que contaba con un respaldo así de ilustre, ya no le costaría trabajo persuadir a los bancos malayos de que le prestaran decenas de millones de dólares. Usó parte de la deuda para fondear la adquisición de las constructoras por parte del grupo de inversión. Al mismo tiempo, una subsidiaria de Wynton, la empresa de Low, solicitó más préstamos para financiar la compra de una participación minoritaria en el proyecto territorial Iskandar junto con Mubadala. En lugar de recibir una comisión como corredor, Low se convirtió en coinversionista.

(2012) En la opinión de muchos de los asistentes, Low era un individuo misterioso. Venía de Malasia, un pequeño país del Sudeste Asiático que a muchos occidentales les costaría trabajo señalar en un mapa. Usaba lentes y tenía un rostro redondo con rasgos aniñados, mejillas rojizas y apenas algún rastro de vello. Su ordinaria apariencia iba bien con su torpeza y esa dificultad para conversar que las hermosas mujeres que lo rodeaban confundían con timidez. Era educado y amable, siempre parecía estar ausente del momento y con frecuencia interrumpía una conversación para tomar una llamada en alguno de sus seis celulares.
La estrategia de Low involucró la compra de empresas en pisos, amistades con la gente más célebre del planeta, encuentros amorosos con mujeres de belleza extraordinaria e incluso una visita a la Casa Blanca. Pero más que nada, involucró una extraordinaria y compleja manipulación de las finanzas mundiales. Mientras se escribe este libro, el FBI sigue tratando de aclarar qué sucedió realmente. Miles de millones de dólares del gobierno malayo generados con ayuda de Goldman Sachs desaparecieron en un laberinto bizantino de cuentas bancarias, sociedades en el extranjero y otras estructuras financieras sumamente complejas. Cuando la estrategia empezó a desmoronarse en torno a los involucrados, el primer ministro de Malasia le dio la espalda a la democracia en un intento por aferrarse al poder y Low se desvaneció en el aire cuando el FBI lo buscó para interrogarlo.
La historia de Jho Low encarna el impactante poder de aquellos que aprenden a manejar las palancas de las finanzas internacionales en el siglo XXI.

A finales de 2009, Low tenía más acceso a más dinero líquido que casi cualquier otra persona sobre la faz de la tierra, y no lo gastaba con discreción. Desde antes de conseguir su gran botín ya había visitado Nueva York y Las Vegas para gastar exorbitantes sumas de efectivo, producto del trato Iskandar, pero en el otoño de 2009, armado con cantidades casi infinitas de dinero, se embarcó en un periodo de fiestas incesantes y de trabajo en redes. Después de pagarles a Obaid y a los otros, en la cuenta de Good Star que controlaba en Suiza todavía le quedaron cientos de millones de dólares para usarlos como más le pareciera conveniente porque no había accionistas ni coinversionistas.
Su estratagema no era un esquema Ponzi como el de Bernie Madoff que usaba dinero nuevo para pagarles “ganancias” a los primeros inversionistas. El fraude de Madoff produjo pérdidas de al menos 1 800 millones, pero lo que se llevó era solamente una fracción de eso porque las “ganancias” se repartían entre otros inversionistas. Para cuando el esquema estalló, a finales de 2008, Madoff había amasado una fortuna en papel por 800 millones de dólares, pero la mayor parte era el valor de su negocio para crear mercados. La cantidad que robó personalmente sólo era una fracción de la cantidad perdida. La marca de Low, la poco conocida 1MDB, el fondo gubernamental malayo, no le pedía a nadie que devolviera, y así seguiría mientras pudiera controlarlo a través de sus representantes.
Su esquema era para el siglo XXI, era una hazaña verdaderamente global que no producía nada, un cambio de dinero en efectivo que salió de un fondo estatal mal controlado de un país en desarrollo, para desviarse hacia los opacos rincones de un sistema financiero mal vigilado del cual puede decirse cualquier cosa, excepto que está estropeado.
En privado, Low menospreciaba las coberturas periodísticas de sus fiestas como si comportarse de esa manera irresponsable no tuviera importancia. “No soy estúpido, conozco los problemas con los medios y ya estoy lidiando con eso”, le dijo a Patrick Mahony de PetroSaudi en un mensaje de BlackBerry. Con tanto dinero en los bolsillos y un grupo de celebridades como amigos, Low empezó a creer que nunca lo atraparían.
A algunos de sus aliados, sin embargo, no fue tan sencillo aplacarlos, y eso provocó que los desacuerdos se extendieran entre los cómplices.

Patrick Mahony, director de inversiones de PetroSaudi, también visitó a Low en la clínica en ese tiempo. En la habitación privada del malayo, Mahony discutió con Leissner y Low la posibilidad de invertir en una refinería estadounidense. Para hacerlo, sin embargo, se necesitaría otra infusión de dinero al fondo. Mahony quería que Low consiguiera que Najib estuviera de acuerdo en que 1MDB invirtiera todavía más dinero estatal en el negocio conjunto. Leissner sugirió incluir en el negocio a TPG, una fuerte empresa de capital privado con base en California. Tim Dattels, presidente de TPG en Asia, había trabajado en Goldman y era amigo cercano de Leissner.
La adquisición de la refinería no se llevó acabo, y tampoco la inversión en TPG, pero Low y Mahony siguieron diseñando estrategias para otros negocios posibles. A pesar de que no había un plan sólido para sus siguientes acciones, Low persuadió a Najib de que invirtiera más dinero en el negocio conjunto con el argumento de que era necesario mantener feliz al príncipe Turki y garantizar los vínculos amistosos con Arabia Saudita.
Al Qubaisi, director de IPIC, se quedó lívido, y una vez más, Low necesitó otro trato para aplacar a un socio furibundo. Para compensar la pérdida, el malayo tenía la esperanza de involucrar a sus nuevos amigos de Abu Dabi en su más grande estratagema hasta la fecha, una que serviría para chuparle todavía más dinero a 1MDB, y para ayudar a pagar por DiCaprio, Scorsese y el presupuesto de producción de El lobo de Wall Street.
En compañía de sus ambiciosos nuevos colaboradores, Low empezó a alejarse del socio original de 1MDB: PetroSaudi. Sin embargo, había una peligrosa división en la empresa que amenazaba con provocar el desplome de aquel castillo de naipes.

BSI se convirtió en el banco preferido de Low gracias a una pelea. Tiempo atrás, a finales de 2009, Hanspeter Brunner se había enojado con sus empleadores: Coutts International, una subsidiaria extranjera con base en Zúrich de este banco privado británico de 300 años de antigüedad que, por cierto, tiene oficinas en la avenida Strand, y entre cuyos clientes está la reina Isabel. Brunner era un banquero privado de cincuenta y tantos años con cabello cortado al ras y complexión rubicunda, la cual era consecuencia de un gusto de toda la vida por los vinos tintos antiguos. A los 15 años, en lugar de acabar la preparatoria e ir a la universidad, Brunner realizó una pasantía bancaria en su natal Suiza. El banquero pasó un cuarto de siglo en Credit Suisse, donde aprendió lo esencial sobre la banca privada, una industria que invierte el dinero a nombre de individuos con más de un millón de dólares en activos líquidos.
Para la década de los noventa los bancos privados estaban tratando de extenderse en Asia debido a que era un continente de rápido crecimiento económico, y por esta razón Brunner se mudó para dirigir los asuntos de Coutts en Singapur.
Low había encontrado a su banquero perfecto: rudo pero dispuesto a no hacer preguntas. Cuando Yak le habló sobre su decisión de irse a BSI, que era una institución más oscura que Coutts, el malayo decidió mover sus cuentas también. Brunner, extasiado por este logro, le presumió a un periodista de Bloomberg sus planes de triplicar los activos de BSI en solamente cinco años bajo la administración en Asia.
Yak ya había demostrado que era maleable, por lo que Low sintió que BSI no le ocasionaría problemas, en especial si ayudaba a Brunner a realizar su sueño canalizando miles de millones de dólares al banco. Esta estrategia era parte de un sistema que Low estaba desarrollando para identificar instituciones con un gobierno débil y usar esto a su favor.
Low esperaba que la Oferta Pública Inicial, planeada para los activos energéticos de 1MDB, estabilizara el fondo y ocultara los cada vez más comunes robos, pero era una estrategia arriesgada, por decir lo menos. El malayo, sin embargo, no se preocupaba mucho por el futuro. Finalmente, sólo era dinero del gobierno, y él todavía contaba con la confianza de Najib, quien tenía el poder para eliminar la deuda de los libros.
Desde otra perspectiva, Low había repuesto su inventario de capital, y ahora tenía el poder de artillería para insistir e impulsar un imperio en Hollywood. Estaba a punto de entrar al periodo más intenso de su joven vida.

Low siempre había sido amable con las estrellas de cine y los ídolos musicales cuando les pagaba por sus servicios, pero ahora el equilibrio del poder empezaba a cambiar. En abril de 2013, a menos de que se cumpliera un año del trato de EMI, Low estaba pasando el rato en Jungle City Studios, en Chelsea, el vecindario de Manhattan. Jay-Z, Rihanna, Nicki Minaj y muchas otras estrellas habían grabado canciones en ese lugar. Él estaba ahí para grabar su propia canción por diversión, una versión de la conmovedora balada “Void of a Legend”.
El dinero sucio de 1MDB se convirtió en una poderosa arma para el primer ministro en las elecciones de 2013. El día de las votaciones se acercaba, y mientras tanto, Low manejaba la cuenta y desviaba cientos de millones de dólares a los aliados del primer ministro en todo el país. También bombardeaba a Joanna Yu con mensajes de BlackBerry en los que le ordenaba mover más cantidades de dinero de la cuenta de Najib a las cuentas de políticos del partido gobernante. Como a ella le frustraba y le molestaba tener que hacer cientos de cheques, empezó a referirse a Low como “Fats” (gordo) sin que él lo supiera. Parte del dinero les llegaba a los políticos a través de la cuenta privada de Nazir Razak, otro de los hermanos del primer ministro, y presidente del banco CIMB.
Low tenía cientos de millones de dólares en un lugar muy seguro, pero todavía quedaba un activo todavía más portátil que el arte: la joyería. Para mantener a Rosmah feliz, y tal vez incluso para atraer a una mujer famosa y conservar su nuevo estatus, Low se embarcó en una racha desenfrenada de compras de joyería.
Sus planes de construir un imperio corporativo iban por buen camino. Nadie sabía la verdad respecto a él: ni los más importantes desarrolladores inmobiliarios de Nueva York, ni los banqueros ni los abogados. Low y Al Qubaisi siguieron actuando como si el dinero de las empresas que manejaban fuera de su propiedad pero, ya cerca del cierre del trato del Park Lane, surgió un imprevisto que amenazó con dar fin abruptamente a su estratagema.

Low parecía estar acumulando prestigio, y por eso ya no tenía que colocarse entre gente formidable como la que conoce el secreto de cómo funciona realmente el mundo. Se había convertido en una de esas personas por derecho propio. Salía con una supermodelo, hacía tratos de negocios, y el primer ministro malayo y su esposa eran cada vez más cercanos a él. La gente que pasaba tiempo con Low, en el Super Bowl o durante alguna cena, seguía chismeando respecto a su dinero. Algunos tenían la vaga noción de que estaba vinculado con el primer ministro de Malasia, y les resultaba lógico que en un país lejano como Asia, ese tipo de relación pudiera representar ventajas económicas.
No obstante, cualquiera que hubiera prestado atención habría notado un altísimo grado de inquietud en la frenética agenda de Low, la cual lo hacía viajar por todo el mundo sin parar.

Las conexiones de Low con las empresas chinas propiedad del gobierno le sirvieron de otra manera. El escándalo de 1MDB destrozó la relación de Najib con Abu Dabi y con Arabia Saudita. El procurador general había tratado de hacer pasar el dinero que Najib recibió en sus cuentas secretas, como una donación de Arabia Saudita, pero los sauditas se negaron a confirmar públicamente esta ficción a pesar de las peticiones. El ministro de relaciones exteriores del reino sólo dijo que Najib no había hecho nada malo y que sí hubo una especie de donación a Malasia, pero no se comprometió completamente con la historia falsa presentada.
Lo que necesitaba ahora el primer ministro era encontrar la forma de rellenar el agujero negro financiero de 1MDB. El fondo tenía más de 13 mil millones de dólares en deuda y necesitaba pagarle a Abu Dabi por rescatarlo, pero sus activos no valían esta cantidad de ninguna manera. En el marco de una serie de tratos, algunas empresas chinas gubernamentales tomaron la decisión de adquirir el paquete de activos de 1MDB: terrenos en Kuala Lumpur y plantas de energía. Si llegaban a completarse, estos tratos servirían para recaudar 4 mil millones de dólares, lo cual, aunque estaba demasiado lejos de servir para eliminar la deuda de 1MDB, al menos era un principio para solucionar el desastre.
Los problemas de 1MDB le ofrecieron a China la oportunidad perfecta para suplantar a Estados Unidos en Malasia, señal del declive del poder americano en la región.
El primer ministro siguió infundiéndoles miedo a sus oponentes políticos. En abril, por ejemplo, la policía arrestó a un líder de la oposición que consiguió el reporte del Departamento Nacional de Auditoría, el cual mostraba miles de millones de dólares del dinero de 1MDB que no estaban debidamente justificados. Se le sentenció a 18 meses en la cárcel por violar la Ley de Secretos Oficiales. Cuando The Journal hizo un reporte sobre este documento secreto, Najib amenazó al periódico con demandarlo. Un líder de las protestas Bersih también fue detenido por violar una nueva ley que supuestamente fue promulgada para luchar contra el terrorismo.
Como se intimidó a quienes participaron en las investigaciones del fondo 1MDB e incluso hubo un asesinato, la gente estaba asustada. No obstante, algunos malayos patriotas conservaron la esperanza de que las autoridades del exterior continuaran averiguando. En la Comisión Malaya Anticorrupción que recomendó el arresto del primer ministro, la orden de darle carpetazo a la investigación sólo sirvió para que la ira se acumulara.
Por todo lo anterior, un grupo de investigadores empezó a enviar información al FBI en secreto. El equipo de agentes de McMurry llevaba meses desenmarañando los flujos de dinero. Para julio de 2016 la gente del Departamento de Justicia estuvo lista para actuar y lo hizo de una manera que le permitiera tomar por sorpresa a Low, a Najib y a los otros coludidos.

Los sucesos eran una especie de vaso medio lleno y medio vacío, pero, ¿acaso el sistema de revisiones y balances de los bancos no falló en la detección de las actividades ilícitas de Jho Low durante siete años debido a la codicia de los banqueros? ¿El culpable no estaba todavía libre y disfrutando de una vida cómoda en residencias de cinco estrellas en China y Tailandia, en los departamentos St. Regis en Bangkok o en su superyate atracado en Phuket? Por otra parte, la posición de Najib en Malasia parecía sólida. ¿Y qué sanciones tuvieron que enfrentar los involucrados, de Al Qubaisi a Leissner, pasando por todos los banqueros de BSI?
Lo que todavía estaba por verse era si el gobierno de Estados Unidos, Singapur, Suiza y Abu Dabi harían acusaciones o echarían a andar procesos legales contra quienes participaron en el fraude. La iniciativa contra la cleptocracia de Estados Unidos inició una demanda civil para tratar de recuperar bienes, pero para evitar realmente este tipo de fraudes internacionales se necesitaría meter a la gente a la cárcel, y no solamente darle palmaditas en la mano y confiscarle bienes.

Jho Low era el centro de la investigación del gobierno estadounidense. No era claro si los otros involucrados como Riza Aziz, Al Qubaisi, Al Husseiny y Jasmine Loo también eran parte de las pesquisas, pero el Departamento de Justicia siguió investigando el papel de Leissner en los sucesos. A pesar de que la crisis financiera provocada por el sector inmobiliario dejó a millones de personas sin empleo e hizo que el nivel de vida disminuyera dramáticamente, en casi una década sólo uno de los banqueros de Wall Street, ejecutivo de Credit Suisse, terminó en prisión. Más de mil banqueros fueron declarados culpables por su papel en las crisis estadounidenses de ahorro y préstamos de las décadas de los ochenta y los noventa. En 2006, una corte declaró culpable de fraude a Ken Lay, antiguo director ejecutivo de Enron. Desde la crisis, sin embargo, el Departamento de Justicia evitó señalar a individuos por crímenes de cuello blanco, y prefirió llegar a acuerdos con los bancos para diferir los procesos a cambio de la aplicación de fuertes multas.
En 2016 Goldman aceptó pagar hasta 5 mil millones de dólares en un acuerdo civil con los fiscales federales de Estados Unidos para resolver las demandas provenientes de la venta de valores inmobiliarios defectuosos a inversionistas durante la crisis. Los bancos de Wall Street, entre ellos Bank of America y J. P. Morgan, pagaron en total más de 40 mil millones de dólares en acuerdos. Los críticos señalaron que Wall Street veía estas multas solamente como lo que tenían que pagar por hacer negocios, pero que no servían para cambiar los comportamientos.
Ahora el Departamento de Justicia estaba tratando de determinar si Goldman tuvo razones para creer que el dinero que recaudó para 1MDB estaba siendo usado de mala manera, lo cual podría conducir a una fuerte penalización de acuerdo con la Ley de Secreto Bancario, por posiblemente una cantidad similar a los 2 mil millones que J. P. Morgan pagó por no evitar el esquema Ponzi de Madoff. La Reserva Federal, la Comisión de Bolsa y Valores, y el Departamento de Servicios Financieros del estado de Nueva York, también estaban examinando algunas de las acciones del banco.
A pesar de todo, sólo algunos de los observadores del escándalo estaban a la expectativa de lo que sucedería porque en el Estados Unidos del siglo XXI, los banqueros de Wall Street normalmente no terminaban en prisión.

En 2016, tras la publicación de los Panama Papers, los documentos que detallaban la manera en que los ultramillonarios usaban las empresas fantasma para ocultar la propiedad de activos, surgió un fuerte debate a nivel mundial respecto al anonimato en la compra de bienes por miles de millones de dólares. Estados Unidos estaba tomando otras medidas para impedir el lavado de dinero a través del sector de los bienes raíces. El Departamento del Tesoro lanzó un programa piloto ese mismo año para forzar a toda la gente que comprara con efectivo propiedades de lujo en Manhattan y Miami, a revelarle su identidad al gobierno de Estados Unidos. Las reglas se enfocaban en propiedades compradas por empresas fantasma que valieran más de un millón en Miami y más de tres millones en Manhattan. A las empresas de títulos de seguros involucradas en la mayoría de los tratos de bienes raíces, se les ordenó realizar la verificación de estos datos.
A más de un cuarto de todas las compras de casas realizadas en un periodo de más de seis meses se les señaló como sospechosas, lo que condujo al Departamento del Tesoro a lanzar el programa en Los Ángeles y en otras áreas urbanas. El objetivo era implementar regulaciones nuevas y permanentes.

El 27 de marzo de 2016 Yeo Jiawei, el experto en fondos a quien Low le había encargado que ocultara los flujos monetarios, llegó a una reunión en el Swiss Club de Singapur. Se trataba de un club privado que anteriormente fue una mansión colonial británica encalada de dos pisos con persianas de color rojo brillante. Cuando Yeo atravesó las puertas del lugar y se dirigió al café en la terraza de atrás, estaba frenético.
Ahí lo esperaba Kevin Swampillai, su antiguo jefe en BSI, el hombre con quien conspiró para sustraer dinero de 1MDB. Mientras estuvieron sentados en el café contemplando los exuberantes jardines del Swiss Club, Yeo le dijo a Swampillai que la policía lo había arrestado recientemente en Singapur, pero luego lo dejó en libertad bajo fianza.
Como Yeo temía pasar tiempo en la cárcel, diseñó un plan de acción. Él y Swampillai deberían decirles a las autoridades de Singapur que el dinero de 1MDB que habían recibido en sus cuentas personales de banco, en realidad era una inversión de otro financiero, pero Swampillai no quiso comprometerse.
Falcon Bank, propiedad del fondo Aabar de Abu Dabi, también estaba bajo investigación por actividades ilícitas en Suiza. Al igual que Brunner, Eduardo Leeman, el director ejecutivo de Falcon que se quejó con Jho Low respecto a los cientos de millones de dólares en pagos riesgosos que de todas maneras autorizó en 2013, también se retiró en 2016. A diferencia de BSI, a Falcon se le permitió continuar operando, pero tuvo que devolver 2.5 millones de dólares en ganancias ilegales.
Mark Branson, director ejecutivo de la Autoridad Suiza de Supervisión Financiera, reguladora del sector, comentó públicamente que le preocupaba que los bancos suizos se estuvieran volviendo más vulnerables al lavado del dinero debido a que ahora tenían más clientes acaudalados provenientes de los mercados emergentes. “El lavado de dinero es un crimen que también tiene víctimas. Les permite a los criminales beneficiarse cuando violan la ley, y facilita la corrupción, así como el abuso del poder y de los privilegios”, señaló Branson.
Al igual que en Estados Unidos y en Singapur, la seriedad de Suiza en el combate de los crímenes de cuello blanco dependería de los procesos legales a los que se sometiera a los banqueros suizos, no de la retórica.

Efectivamente, la influencia de Estados Unidos era limitada. Al preparar su caso criminal, el Departamento de Justicia se enfocó en Jho Low, objetivo principal de sus investigaciones. Pero como el malayo estaba cómodamente escondido en Bangkok y Shanghái y tenía al Equanimity atracado de forma segura en aguas cercanas, parecía también estar fuera del alcance de la justicia estadounidense.
Para alguien tan gregario, sin embargo, resulta inadecuado para llevar una vida subterránea. Tal vez pagó suficientes sobornos para sobrevivir un poco más en China. Tal vez Beijing consideró que Low podía ser una ficha para negociar y por eso le ofreció un refugio. Pero por si acaso, el malayo volvió al mar. Presionó a Jesselynn Chuan para que lo reencontrara en el prestigioso Royal Hong Kong Yatch Club, y para que actuara como su pantalla mientras él negociaba la compra de un yate de casi 40 metros que, evidentemente, no sería como el Equanimity en absoluto. La redada policiaca se acercaba, y él por fin parecía haberse quedado sin opciones.

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Steal a little and they throw you in jail
Steal a lot and they make you king
BOB DYLAN, “Sweetheart Like You”

Incredible! If you are into true crime, the big heist, this is the biggest. If you are interested in the manipulations of high finance, the greed of Wall Street investment banks, how money is hidden and manipulated in offshore accounts, this is your story. If you pay attention to government corruption and malfeasance, you’ll be hard put to find a more egregious case. If you are into over the top, unbelievable parties, pick up this book. If you like to follow the celebrities, the Hollywood set, they are here: Leonardo DiCaprio, Jamie Fox, Paris Hilton and many, many more. And this story isn’t over. Many involved have been caught, others have slid by, some are in hiding and undoubtedly still pulling strings.
Our perpetrator, Jho Low, is a rather unremarkable looking Malaysian of Chinese ethnicity, born into a family of moderate wealth. His businessman father invests in him sending him to the Harrow School in England where he can rub shoulders with children of the wealthy from around the world. From there he studies at Wharton in the U.S., where he hangs out mostly with the international set making more contacts with children of influential parents. Ensnaring the influential becomes his modus operandi as his all-consuming desire for wealth and status, the brazenness of his schemes, the craftiness of his methods, his ability to find and cultivate relationships with co-conspirators who control huge amounts of money, make him one of the most remarkable criminals of our time.
I won’t spoil this book by getting into details, but the aftermath continues. Just today (2/24/2020) Reuters ran an article regarding the financial fallout as Malaysia seeks $7.5 billion in reparations from Goldman Sachs. The author Tom Wright just tweeted about the Thai government’s protection of Jho Low which is causing considerable consternation in that country. He has been reported to be hiding out in China now. The book left me with a queasy feeling about how master manipulators like Jho Low can so easily subvert global institutions and powerful government figures by offering them a piece of the action. Jho Low did significant damage to the economy of an entire country. With the United States now being led by an amoral real estate promoter who controls his attorney general like a trained dog, the chances of similar shenanigans in the U.S. hardly seem farfetched.

I was not super familiar with the 1MDB scandal. I had heard a little bit in the news about the Malaysian prime minister, Najib Razak, but hadn’t paid too close attention. The details of this book are unbelievable and serve as further maddening proof of the power of greed in this world. Jho Low dupes everyone, from bankers to politicians to A-list celebrities, all because they want a taste of his riches. They never ask too much about where or how he got all his money, that would spoil the fun. In some ways it was a little depressing to read this book, especially in these times, because it just made me more and more frustrated with the state of the world. I think it’s important to know more about these types of frauds, though, because they open your eyes to the way people can be bought and the extent to which they can lie. I was appalled by how easily people watched (and took joy in) Low spending hundreds of millions on frivolous, stupid things – basically throwing the Malaysian people’s money away on booze and gambling. It just shows that we should always question what the people in charge are selling as the truth and that there should be more transparency in banking, governments, and the movement of money across the globe.
The book is structured very well and reads like a financial thriller.(Ok, maybe a little confused by some of the financial maneuvers). It reminded me a lot in tone and genre of another recent read, Bad Blood. My only wish would be that there was a little more information about Malaysia in general and the every day people affected by this fraud, but that would’ve made for another whole book probably. I definitely recommend to fans of nonfiction, this is not just a boring business/financial read.

This book is about the biggest kleptocracy the world has ever seen. Billions of dollars siphoned from the small economy of Malaysia (and more from loans guaranteed by the country) into fake bank accounts established in tax havens, eventually reaching the pockets of a select few, amongst which, the (ex) prime minister of Malaysia.
The grand architect – a young, round chinese man with a boyish grin (who some say looks like a panda). A man who’s life is surrounded by oppulence and stardom, who throws parties that puts Crazy Rich Asians to shame, who gambles with millions at the table, who lives a lifestyle that is unheard of, all at the expense of the future generations of a country, whom will be straddled to pay down one of the biggest financial black holes ever caused…. by a scam.
This book also shows how the global financial system is willing to corroborate financial fraud at this scale (disguised as business opportunities in developing countries), as long as it profits handsomely. They are willing to turn a blind eye to how their actions victimises millions of citizens of a developing nation, and how it eliminates any possibility these people have of building better lives for themselves.
The world isn’t a fair place; not that we did not know it already.

*Ivanhoe (producer of Crazy Rich Asians) have acquired the rights to turn this true story into a Hollywood film. Hopefully they would donate some of their proceeds to Malaysia.

In 2015 we began reporting on a sovereign investment fund, just after rumors began to accumulate regarding their growing debts and suspicious treatment. It was an intriguing story. Goldman Sachs made immeasurable profits by helping the fund collect money, and the subsequent scandal around the fate of the resources threatened to overthrow the Malaysian prime minister. However, it was not an ordinary case of corruption in another developing country. Reports from the media and sources with which we began to talk suggested that Jho Low, a 27-year-old little-known man, a prime minister’s partner, had taken the money. There was talk of perhaps hundreds of millions of dollars, if not thousands, that the man used to found a production company in Hollywood, commission one of the world’s largest yachts and offer wild and decadent parties all over the planet.
But who was Jho Low? And how did it emerge from the darkness to become the supposed mastermind of a billions of dollars fraud in the noses of the financial sphere? We set out to reveal his true identity, and what we discovered was amazing. Behind the flat appearance and pleasant manners of this individual was a serial fabulist who had deciphered how the world really worked. He was friends with everyone, but very few knew him beyond the reputation he had as one of the biggest waste of money that the jet-set class had seen in a whole generation. It was nothing more than a crazy story involving Wall Street bankers, celebrities and a swindler. The mere success of Low, in essence, was deeply rooted in the failures of the global economy of the 21st century. Your ability to rob so much, fool the Wall Street banks, auditors and regulators; its success to take advantage of an incalculable wealth and use it to buy the friendship of the most famous actors and models in the world; and the ease with which he made everyone believe that he belonged to that area: all this makes it clear that Low was the product of a society concerned with wealth and glamor.
In 2005, by the end of the last year of college, Low already had a plan in mind: to return to Malaysia and look for ways to do business with his Wharton and Harrow contacts. Now that he was a young practitioner of finance and had his own company, his ambition grew, however he needed to find an influential support at home.
Fortunately, thanks to the investment in real estate that his father made in London, he already had one: the powerful family of Najib Razak.

After he was denied a commission as a broker in the Iskandar territorial deal, Low began looking for other ways to make a profit. He started trying to be a traditional business manager and tried to find a position that would allow him to charge a commission for bringing Mubadala to the investment, but they blocked him. Now, to get the reward he thought he deserved and be able to pay Ambassador Otaiba, he was willing to do whatever it was.
That’s how he designed a convoluted but brilliant ploy. Mubadala’s plans for the colossal Iskandar project had Malaysia in the hustle and bustle. The plans indicated that new roads, houses, shopping centers and industrial developments would be needed, and therefore the builders would compete to win the lucrative contracts. At that time Low learned that two Malaysian construction companies were for sale. Could you buy them at a low price and then win contracts to participate in the Iskandar development? To finance the billionaire purchase price, he needed to apply for more loans, but before the banks he was still a nobody, a low-level businessman with insufficient background. To luster his image and to get his hands on the money from the banks, he turned to his powerful friends again.
In order to make the purchase, he established an entity in the British Virgin Islands called Abu Dhabi-Kuwait-Malaysia Investment Company and gave shares to Ambassador Otaiba and other minor aristocrats from Kuwait and Malaysia. I was creating the impression that important individuals were behind the company. Now that he had such illustrious support, it would no longer cost him to persuade the Malaysian banks to lend him tens of millions of dollars. He used part of the debt to fund the acquisition of the construction companies by the investment group. At the same time, a subsidiary of Wynton, Low’s company, requested more loans to finance the purchase of a minority stake in the Iskandar territorial project together with Mubadala. Instead of receiving a commission as a broker, Low became a co-investor.

(2012) In the opinion of many of the attendees, Low was a mysterious individual. He came from Malaysia, a small country in Southeast Asia that many Westerners would have a hard time pointing to on a map. He wore glasses and had a round face with boyish features, reddish cheeks and hardly a trace of hair. His ordinary appearance went well with his clumsiness and that difficulty in conversation that the beautiful women around him confused with shyness. He was polite and friendly, always seemed to be absent from the moment, and frequently interrupted a conversation to take a call on one of his six cell phones.
Low’s strategy involved buying apartment companies, friendships with the most famous people on the planet, love encounters with women of extraordinary beauty, and even a visit to the White House. But more than anything, it involved an extraordinary and complex manipulation of world finance. As this book is being written, the FBI continues to try to clarify what really happened. Billions of Malaysian government dollars generated with the help of Goldman Sachs disappeared into a Byzantine maze of bank accounts, foreign companies and other highly complex financial structures. When the strategy began to crumble around those involved, Malaysia’s prime minister turned his back on democracy in an attempt to cling to power and Low vanished into thin air when the FBI sought him out for questioning.
Jho Low’s story embodies the shocking power of those who learn to wield the levers of international finance in the 21st century.

In late 2009, Low had more access to more liquid money than almost anyone else on the face of the earth, and he did not spend it discreetly. He had already visited New York and Las Vegas to spend exorbitant amounts of cash from the Iskandar deal before getting his big booty, but in the fall of 2009, armed with almost infinite amounts of money, he embarked on a period of incessant partying. and working in networks. After paying Obaid and the others, he still had hundreds of millions of dollars in the Good Star account he controlled in Switzerland to use as he saw fit because there were no shareholders or co-investors.
His ploy was not a Ponzi scheme like Bernie Madoff’s that used new money to pay «profits» to early investors. The Madoff fraud produced losses of at least 1.8 billion, but what he took was only a fraction of that because the «profits» were shared among other investors. By the time the scheme exploded in late 2008, Madoff had amassed a paper fortune of $ 800 million, but most of it was the value of his business to create markets. The amount he personally stole was only a fraction of the amount lost. Low’s brand, the little-known 1MDB, the Malaysian government fund, did not ask anyone to return, and would continue to do so as long as it could control it through its representatives.
His scheme was for the 21st century, it was a truly global feat that produced nothing, a change of cash that came from a poorly controlled state fund in a developing country, to divert to the opaque corners of a poorly monitored financial system of which anything can be said, except that it is broken.
Privately, Low looked down on the journalistic coverage of his parties as if behaving in such an irresponsible manner didn’t matter. «I’m not stupid, I know the issues with the media and I’m dealing with it already,» he told PetroSaudi Patrick Mahony in a BlackBerry message. With so much money in his pockets and a group of celebrities and friends, Low began to believe that he would never be caught.
For some of their allies, however, it was not so easy to appease them, and that caused disagreements to spread among the accomplices.

Patrick Mahony, PetroSaudi investment director, also visited Low at the clinic at that time. In Malay’s private room, Mahony discussed with Leissner and Low the possibility of investing in an American refinery. To do so, however, another infusion of money would be needed to the fund. Mahony wanted Low to get Najib to agree that 1MDB would invest even more state money in the joint venture. Leissner suggested including TPG, a strong private equity company based in California, in the business. Tim Dattels, president of TPG in Asia, had worked at Goldman and was a close friend of Leissner.
The acquisition of the refinery was not carried out, nor was the investment in TPG, but Low and Mahony continued to design strategies for other possible businesses. Although there was no solid plan for his next actions, Low persuaded Najib to invest more money in the joint venture on the grounds that it was necessary to keep Prince Turki happy and ensure friendly ties with Saudi Arabia.
Al Qubaisi, director of IPIC, was livid, and once again, Low needed another deal to placate a furious partner. To compensate for the loss, the Malaysian hoped to involve his new friends in Abu Dhabi in his biggest ploy to date, one that would serve to suck even more money at 1MDB, and to help pay for DiCaprio, Scorsese and the production budget of The Wolf of Wall Street.
In the company of his ambitious new collaborators, Low began to move away from the original 1MDB partner: PetroSaudi. However, there was a dangerous division in the company that threatened to cause the house of cards to collapse.

BSI became Low’s favorite bank thanks to a fight. Long ago, at the end of 2009, Hanspeter Brunner had become angry with his employers: Coutts International, a Zurich-based foreign subsidiary of this 300-year-old British private bank that, incidentally, has offices on Strand Avenue, and Among whose clients is Queen Elizabeth. Brunner was a private banker in his fifties with flush hair and ruddy complexion, which was the result of a lifelong taste for ancient red wines. At age 15, instead of finishing high school and going to college, Brunner completed a bank internship in his native Switzerland. The banker spent a quarter of a century at Credit Suisse, where he learned the essentials about private banking, an industry that invests money on behalf of individuals with more than $ 1 million in liquid assets.
By the 1990s, private banks were trying to expand in Asia because it was a continent of rapid economic growth, and for this reason Brunner moved to address Coutts affairs in Singapore.
Low had found his perfect banker: rude but willing not to ask questions. When Yak told him about his decision to go to BSI, which was a darker institution than Coutts, the Malaysian decided to move his accounts as well. Brunner, ecstatic about this achievement, boasted to a Bloomberg journalist his plans to triple the assets of BSI in just five years under the administration in Asia.
Yak had already shown that it was malleable, so Low felt that BSI would not cause him problems, especially if he helped Brunner realize his dream by channeling billions of dollars to the bank. This strategy was part of a system that Low was developing to identify institutions with weak government and use this in their favor.
Low hoped that the Initial Public Offering, planned for the energy assets of 1MDB, would stabilize the fund and hide the increasingly common thefts, but it was a risky strategy, to say the least. The Malay, however, did not care much for the future. Finally, it was only government money, and he still had the confidence of Najib, who had the power to eliminate the debt from the books.
From another perspective, Low had replenished his capital inventory, and now he had the artillery power to insist and drive an empire in Hollywood. He was about to enter the most intense period of his young life.

Low had always been kind to movie stars and musical idols when he paid them for their services, but now the balance of power began to change. In April 2013, unless one year of the EMI deal was over, Low was hanging out at Jungle City Studios in Chelsea, the Manhattan neighborhood. Jay-Z, Rihanna, Nicki Minaj and many other stars had recorded songs there. He was there to record his own song for fun, a version of the touching ballad «Void of a Legend».
The dirty money of 1MDB became a powerful weapon for the prime minister in the 2013 elections. Voting day was approaching, and in the meantime, Low managed the account and diverted hundreds of millions of dollars to the prime minister’s allies in all the country. He also bombarded Joanna Yu with BlackBerry messages in which he was ordered to move more amounts of money from Najib’s account to the political accounts of the ruling party. As she was frustrated and bothered to have to make hundreds of checks, he began to refer to Low as «Fats» (fat) without him knowing. Some of the money came to politicians through the private account of Nazir Razak, another of the prime minister’s brothers, and president of the CIMB bank.
Low had hundreds of millions of dollars in a very safe place, but there was still an asset even more portable than art: jewelry. To keep Rosmah happy, and perhaps even to attract a famous woman and retain her new status, Low embarked on a rampant streak of jewelry shopping.
His plans to build a corporate empire were on track. No one knew the truth about him: neither the most important real estate developers in New York, nor the bankers nor the lawyers. Low and Al Qubaisi continued to act as if the money of the companies they drove outside their property but, near the closing of the Park Lane deal, an unforeseen issue arose that threatened to abruptly end their ploy.

Low seemed to be accumulating prestige, and so he no longer had to place himself among formidable people like the one who knows the secret of how the world really works. He had become one of those people in his own right. He dated a supermodel, made business deals, and the Malay Prime Minister and his wife were getting closer to him. People who spent time with Low, in the Super Bowl or during some dinner, kept gossiping about their money. Some had the vague notion that it was linked to the Malaysian prime minister, and it was logical that in a distant country like Asia, that kind of relationship could represent economic advantages.
However, anyone who had paid attention would have noticed a very high degree of restlessness in Low’s frantic agenda, which made him travel all over the world without stopping.

Low’s connections with Chinese government-owned businesses served him differently. The 1MDB scandal shattered Najib’s relationship with Abu Dhabi and with Saudi Arabia. The attorney general had tried to pass the money that Najib received into his secret accounts, as a donation from Saudi Arabia, but the Saudis refused to publicly confirm this fiction despite requests. The foreign minister of the kingdom only said that Najib had done nothing wrong and that there was a kind of donation to Malaysia, but he did not fully commit to the false story presented.
What the prime minister needed now was to find a way to fill the financial black hole of 1MDB. The fund had more than $ 13 billion in debt and needed to pay Abu Dhabi to rescue him, but his assets were not worth this amount in any way. Within the framework of a series of deals, some Chinese government companies made the decision to acquire the 1MDB asset package: land in Kuala Lumpur and power plants. If they were completed, these deals would serve to raise 4 billion dollars, which, although it was too far from serving to eliminate the debt of 1MDB, at least it was a principle to solve the disaster.
The problems of 1MDB offered China the perfect opportunity to supplant the United States in Malaysia, a sign of the decline of American power in the region.
The prime minister continued to instill fear in his political opponents. In April, for example, the police arrested an opposition leader who got the report from the National Audit Department, which showed billions of dollars of 1MDB money that were not properly justified. He was sentenced to 18 months in jail for violating the Law on Official Secrets. When The Journal made a report on this secret document, Najib threatened the newspaper to sue him. A leader of the Bersih protests was also arrested for violating a new law that was allegedly enacted to fight terrorism.
When The Journal made a report on this secret document, Najib threatened the newspaper to sue him. A leader of the Bersih protests was also arrested for violating a new law that was allegedly enacted to fight terrorism.
As those who participated in the 1MDB fund investigations were intimidated and there was even a murder, people were scared. However, some Malaysian patriots hoped that foreign authorities would continue to find out. In the Malaysian Anti-Corruption Commission that recommended the arrest of the prime minister, the order to give a binder to the investigation only served to build up the anger.
For all the above, a group of investigators began to send information to the FBI in secret. McMurry’s team of agents had been unraveling the money flows for months. By July 2016, the people of the Department of Justice were ready to act and did so in a way that allowed them to take Low, Najib and the other colluded by surprise.

The events were a kind of half-full and half-empty glass, but didn’t the bank review and balance system fail to detect Jho Low’s illegal activities for seven years due to the greed of the bankers? Was the culprit not yet free and enjoying a comfortable life in five-star residences in China and Thailand, in St. Regis apartments in Bangkok or in his superyacht docked in Phuket? On the other hand, Najib’s position in Malaysia seemed solid. And what sanctions did those involved have to face, from Al Qubaisi to Leissner, going through all the BSI bankers?
What remained to be seen was whether the government of the United States, Singapore, Switzerland and Abu Dhabi would make accusations or launch legal proceedings against those who participated in the fraud. The initiative against the US kleptocracy initiated a civil lawsuit to try to recover property, but to really avoid this type of international fraud, people would need to be put in jail, and not just patted and confiscated property.

Jho Low was the center of the investigation of the American government. It was not clear whether the others involved such as Riza Aziz, Al Qubaisi, Al Husseiny and Jasmine Loo were also part of the investigations, but the Justice Department continued to investigate Leissner’s role in the events. Although the financial crisis caused by the real estate sector left millions of people unemployed and caused the standard of living to decrease dramatically, in almost a decade only one of the Wall Street bankers, Credit Suisse executive, ended up in prison . More than a thousand bankers were found guilty for their role in the US savings and loan crises of the 1980s and 1990s. In 2006, a court found Ken Lay, former Enron executive director guilty of fraud. Since the crisis, however, the Department of Justice avoided targeting individuals for white collar crimes, and preferred to reach agreements with banks to defer processes in exchange for heavy fines.
In 2016 Goldman agreed to pay up to $ 5 billion in a civil agreement with federal prosecutors in the United States to resolve claims arising from the sale of defective real estate securities to investors during the crisis. Wall Street banks, including Bank of America and J. P. Morgan, paid a total of more than $ 40 billion in agreements. Critics pointed out that Wall Street saw these fines only as what they had to pay to do business, but that they did not serve to change behaviors.
Now the Justice Department was trying to determine if Goldman had reason to believe that the money he raised for 1MDB was being used badly, which could lead to a heavy penalty under the Bank Secrecy Act, for possibly an amount similar to the 2 billion JP Morgan paid for not avoiding Madoff’s Ponzi scheme. The Federal Reserve, the Securities and Exchange Commission, and the New York State Department of Financial Services were also examining some of the bank’s actions.
In spite of everything, only some of the observers of the scandal were in expectation of what would happen because in the United States of the 21st century, Wall Street bankers normally did not end up in prison.

In 2016, after the publication of the Panama Papers, the documents detailing the way in which the billionaires used the ghost companies to hide the ownership of assets, a strong worldwide debate arose regarding the anonymity in the purchase of goods for thousands of millions of dollars. The United States was taking other measures to prevent money laundering through the real estate sector. The Treasury Department launched a pilot program that same year to force all people to buy luxury properties in Manhattan and Miami with cash, to reveal their identity to the US government. The rules focused on properties purchased by ghost companies worth more than one million in Miami and more than three million in Manhattan. Insurance title companies involved in most real estate deals were ordered to verify this data.
More than a quarter of all home purchases made over a period of more than six months were identified as suspicious, which led the Treasury Department to launch the program in Los Angeles and other urban areas. The objective was to implement new and permanent regulations.

On March 27, 2016 Yeo Jiawei, the fund expert who Low had commissioned to hide the cash flows, arrived at a meeting at the Swiss Club of Singapore. It was a private club that was previously a two-story whitewashed British colonial mansion with bright red shutters. When Yeo went through the doors of the place and went to the cafe on the back terrace, he was frantic.
There was expected by Kevin Swampillai, his former head at BSI, the man with whom he conspired to steal money from 1MDB. While they were sitting in the cafe contemplating the lush gardens of the Swiss Club, Yeo told Swampillai that the police had recently arrested him in Singapore, but then released him on bail.
As Yeo feared spending time in jail, he designed an action plan. He and Swampillai should tell the Singapore authorities that the 1MDB money they had received in their personal bank accounts, was actually an investment from another financier, but Swampillai did not want to commit.
Falcon Bank, owned by the Abu Dhabi Aabar fund, was also under investigation for illegal activities in Switzerland. Like Brunner, Eduardo Leeman, the Falcon executive director who complained to Jho Low about the hundreds of millions of dollars in risky payments he authorized in 2013, also withdrew in 2016. Unlike BSI, a Falcon was allowed to continue operating, but had to return 2.5 million dollars in illegal profits.
Mark Branson, executive director of the Swiss Financial Supervisory Authority, regulator of the sector, commented publicly that he was worried that Swiss banks were becoming more vulnerable to money laundering because they now had more wealthy clients from emerging markets. “Money laundering is a crime that also has victims. It allows criminals to benefit when they break the law, and facilitates corruption, as well as abuse of power and privileges, ”said Branson.
As in the United States and Singapore, the seriousness of Switzerland in combating white collar crimes would depend on the legal processes to which Swiss bankers were subjected, not rhetoric.

Indeed, the influence of the United States was limited. In preparing his criminal case, the Department of Justice focused on Jho Low, the main objective of his investigations. But since Malay was comfortably hidden in Bangkok and Shanghai and had Equanimity safely docked in nearby waters, it also seemed to be beyond the reach of American justice.
For someone so gregarious, however, it is inappropriate to lead an underground life. Maybe he paid enough bribes to survive a little longer in China. Maybe Beijing felt that Low could be a token to negotiate and that’s why he offered him a shelter. But just in case, the Malay returned to the sea. He pressed Jesselynn Chuan to find him again at the prestigious Royal Hong Kong Yatch Club, and to act as his screen while he negotiated the purchase of a nearly 40-meter yacht that would obviously not be like Equanimity at all. The police raid was approaching, and he finally seemed to have run out of options.

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