Mitos Y Leyendas Inuit — Knud Rasmussen / Myter Og Sagan Fra Grønland e Inuit Fortæller (Eskimo Folk-Tales) by Knud Rasmussen

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Es un volumen interesante de historias de un grupo cultural que a menudo se pasa por alto. Según la introducción, los cuentos están destinados a ser una ‘colección popular’, en lugar de una histórica (o antropológica). Por lo tanto, algunos de los cuentos han sido alterados para el lector común, pero la introducción también remite al erudito a las obras originales (que no se publican, pero al menos solían estar disponibles para la consulta).
Este es definitivamente un volumen de cuentos para adultos. Contiene mucha violencia de cambio de esposa y al azar que no sería apropiada para audiencias más jóvenes. Y también descubrí que la prosa era bastante entrecortada y no hacía una lectura suave.
Hay una clara falta de ilustraciones, sobre las cuales la introducción se vuelve poética, por lo que la falta de ellas (y la colocación continua de los subtítulos en el texto) es realmente notable. Los números de página se dejan en el texto y también están misteriosamente hipervinculados a … ellos mismos.
Sin embargo, varias de las historias tienen notas al pie, que están correctamente vinculadas.

Tenía muchas ganas de disfrutar esto y lo hice hasta cierto punto. Debo admitir que me salté algunos mitos porque se volvieron un poco similares, lo que a su vez comenzó a aburrirme. Sobre todo me gustó el libro pero no lo volvería a leer. ¡Sin embargo, hay algunos mitos divertidos y aterradores!.

El 21 de diciembre de 1933 toda Dinamarca se vistió de luto. Acababa de perder a su último gran héroe; a un explorador polar que llevó a cabo una hazaña que presenció el mundo entero; a un hombre fascinante que tenía dos corazones —uno inuit y otro europeo— y que, ya adulto, regresó al paraíso perdido de la infancia en busca de una cultura que empezaba a apagarse; a Knud Rasmussen o, como lo llamaban, el hombre al que precedía su sonrisa.
Knud Rasmussen, que defendió hasta el final los intereses y los derechos del pueblo inuit, fue capaz de hacer aún dos expediciones más. En 1933, durante la Séptima Expedición Thule —en la que rodó un largometraje de ficción escrito por él mismo donde mostraba la vida de los groenlandeses—, contrajo una infección estomacal. En vista de que su estado se agravaba día a día, lo trasladaron a Dinamarca, donde permaneció dos meses ingresado en un hospital hasta que, tras complicarse la enfermedad con una neumonía, murió en el mes de diciembre, cuando empezaba ese invierno del que decía que quien no lo ama es porque no lo ha vivido.
Rasmussen era consciente de que nuestra civilización acabaría devorando la cultura inuit y trató de llevar a los groenlandeses hacia el futuro con la mayor suavidad posible. Sin embargo, estaba lejos de imaginar lo que ocurriría a su muerte. En 1937, Dagmar, su viuda, vendió la colonia de Thule al Estado danés, y en 1941, se estableció una base aérea norteamericana a tan solo diez kilómetros de la estación comercial y del poblado donde vivían los inuit polares. Más adelante se les dio la orden de trasladarse a un nuevo asentamiento situado más al norte y se les concedió un plazo de cuatro días para abandonar su poblado.

VENUS

Había una vez un anciano que aguardaba sobre el hielo a que las focas subieran al respiradero para coger aire. Pero no lejos de él, en tierra firme, un gran grupo de niños jugaba en una quebrada y le espantaban las focas una y otra vez en el preciso momento en que se disponía a arponearlas.
Al final el anciano, enfurecido con quienes perturbaban su caza, gritó:
—¡Encierra, quebrada, a quienes mi caza espantan!
Y de inmediato la quebrada se cerró, atrapando a los niños que jugaban. A uno de ellos, que llevaba en brazos a otro más pequeño, le desgarró las ropas.
Al ver que no podían salir, todo fueron gritos dentro de la quebrada; nadie podía tampoco llevarles comida, pero derramaron un poco de agua por una fina grieta que se abría en la roca y los niños la lamieron por la piedra.
Al final murieron todos de hambre.
La roca de la que hablamos se encuentra en Illuluarsuit, cerca de Neqi, y se llama Quussullukkiit.
Las gentes se abalanzaron sobre el anciano que había hechizado la quebrada para encerrar a los niños, pero este huyó corriendo y todos salieron tras él.
Sin embargo, de pronto el viejo empezó a brillar y ascendió por el firmamento, donde aún continúa en forma de enorme estrella. La vemos por el oeste cuando empieza a volver la luz tras la gran oscuridad, pero muy baja, nunca sube demasiado. La llamamos Naalassartoq, la que escucha. Es un nombre en recuerdo del anciano que escuchaba sobre el hielo el aliento de las focas.

PIOJOS

Nuestros antepasados prohibieron a las mujeres recién paridas llamar al piojo por su nombre y quejarse cuando causa comezón.
Había una vez una parturienta con el hombro asaeteado por los piojos.
—Es curioso —dijo— que un bichejo tan pequeño y desdentado muerda con tanta fuerza.
Pero al mirar de reojo hacia su hombro vio unas fauces terribles llenas de dientes enormes. Era el piojo, que, molesto por sus palabras, había tomado la forma de un monstruo.
La mujer se asustó tanto que murió.
Después de este episodio se prohibió a las parturientas que llamasen al piojo por su nombre.
Esto sucedió en tiempos de nuestros antepasados, los tiempos en que una lengua imprudente podía engendrar monstruos que traían grandes desgracias.
Ahora, por lo general, los piojos tienen miedo a las personas, como demuestra la siguiente historia:
En cierta ocasión, conversaban dos piojos.
—¡Pásame las manoplas que cuelgan de ese poste! —dijo el piojo.
Vivían en una piel de reno y el piojo llamaba postes a los pelos.
—¡Ay, no! ¡Mejor quédate conmigo! —exclamó la pioja—. Los hombres te matarán.
—No quiero que te inquietes —replicó el piojo—, pero algo tendré que comer. Lo único que me preocupa es que me caigan encima dos icebergs y me chafen; si eso me ocurriese no volvería nunca. Pero rara vez sucede.
El piojo llamaba icebergs a las uñas de los hombres.
—Si me comen —continuó—, les saldré otra vez por el culo, no temas por mí; me quedaré algo escaldado y bastante rojo cuando pase por su estómago, pero eso es todo.
La pioja se quedó tranquila y le dio al fin las manoplas.
—Bueno, ¡me voy en busca de un rico sobaco! —dijo el piojo, y se esfumó.
Pasó mucho tiempo fuera, y a su regreso traía todo el cuerpo encarnado.
Esta historia le sucedió a Avovang cuando en su transmigración fue piojo. Por él conocemos las vidas de todos los animales.

LA CARRERA DEL PIOJO Y EL GUSANO PARA LLEGAR HASTA EL HOMBRE

Cuentan que nuestros antepasados —¡dichosos ellos!— no tenían piojos. Pero ocurrió que un buen día un hombre se echó a dormir en el suelo ante la atenta mirada del gusano y el piojo.
El gusano, que se creía muy ágil de pies, le dijo al piojo:
—¡Mira eso! ¡Un hombre! A ver quién llega antes hasta él.
Echaron a correr tan rápido como podían, pero el gusano se cayó y el piojo llegó primero.
—Los hombres no saben bien. ¡La tierra sí que está rica! —gritó el gusano al caer—. Yo prefiero ser piojo terrestre.
El piojo, en cambio, corrió hasta el hombre y en él halló morada y comida.
Y desde entonces los hombres tienen piojos.

EL HOMBRE QUE SE CASÓ CON UN ZORRO

Había una vez un hombre que tenía muchas ganas de casarse con un zorro. Podía haberse buscado una mujer de verdad, pero se había enamorado de un zorro con apariencia humana porque era muy bonito. Tenía la carita muy pequeña y unos cabellos soberbios que llevaba recogidos en un moño grande y denso, por eso se casó con él. Ni siquiera sospechaba que se trataba de un zorro. Después vivieron felices hasta que el hombre un buen día, notando que olía a zorro, gritó:
—¿Qué será este olor tan repugnante?
Al oírlo, su mujer se enfureció y se marchó de la casa. El hombre corrió tras ella y al salir comprobó para su asombro que su esposa se había vuelto un zorro y subía a la carrera por la montaña; ahora entendía aquel moño grande y pesado. Era la cola.
Salió tras el animal, pero el zorro se escabulló por una grieta y por más que su marido le rogó y le suplicó, no hubo manera de hacer que saliera, de modo que tuvo que volverse a su casa con las manos vacías. Volvió a la grieta más tarde, pero el zorro ya no estaba. Así perdió a su mujer.

LA LARVA

Una mujer adoptó una larva y la amamantó; así logró que creciera. Al final se hizo muy grande, y cada vez que salía, su madre tenía que dejarla atada al banco.
Era una larva peluda y con un aspecto terrible.
Un día, sin embargo, al oír los gritos de unos niños se soltó de sus cadenas, escapó, salió tras ellos y devoró a un pequeñín.
Las gentes del lugar quedaron horrorizadas, pero la mujer se negaba a darle muerte, porque era su hija.
Finalmente, los hombres se emboscaron junto a la boca del pasadizo que conducía a su casa e hicieron gritar a los niños. Cuando la larva salió corriendo, la mataron. Le habían cogido miedo por comerse a un niño.

CUANDO LOS CUERVOS HABLABAN

Hubo un tiempo, hace muchos, muchos años, en que los cuervos hablaban.
Pero lo más curioso del lenguaje de los cuervos era que sus palabras querían decir lo contrario. Cuando deseaban dar las gracias, reñían, y de la misma manera siempre decían lo contrario de lo que pensaban.
Eran tales mentirosos que un buen día un anciano les quitó con un hechizo el don del habla, por eso los cuervos ahora ya solo saben graznar.
Pero siempre conservaron su naturaleza, y hoy por hoy los cuervos son pájaros irascibles, mentirosos y ladrones.

LOS DOS AMIGOS QUE QUISIERON VER EL MUNDO

Un día dos hombres sintieron el deseo de ver el mundo para luego contar a los demás cómo era.
Corrían los tiempos en que aún había muchas personas y todas las tierras estaban habitadas. Ahora cada vez quedamos menos. La enfermedad y la desgracia nos han alcanzado. Ya ves la vida que arrastro, sin poder tenerme en pie.
Los dos futuros viajeros acababan de casarse y aún no tenían hijos. En un par de cuernos de buey almizclero tallaron sendos vasos, uno cada uno y de la misma cabeza, y partieron después cada uno por su lado para reencontrarse algún día. Iban en trineo y solían asentarse cuando llegaba el verano.
Tardaron mucho tiempo en recorrer todo el mundo. Tuvieron hijos y envejecieron, y sus hijos también se hicieron viejos; llegó un día en que los padres se volvieron tan ancianos que ya no podían andar y los llevaban sus hijos.
Finalmente se encontraron y de sus cuernas no quedaban sino las asas, tantas veces habían bebido en el camino y rozado los cuernos contra la tierra al ir a llenarlos.
—Es grande el mundo —dijeron al reencontrarse.
Eran jóvenes el día que partieron y ahora ya eran ancianos que tenían que caminar con ayuda de sus hijos.
¡Sí, el mundo es grande!.

EL ESPÍRITU DEL ESTIÉRCOL

Empezaré hablando de Tutuatui, el espíritu del estiércol. Aparecía solamente de noche y siempre estaba cubierto de porquería. Del pelo le colgaban excrementos humanos secos; vivía en una casa que estaba en el estercolero.
En una ocasión, una niña jugaba con unos animalitos tallados en colmillo de morsa cuando el espíritu se acercó y le gritó por la ventana:
—¡Sal y ven conmigo a Avigaq! ¡Y trae tus juguetes!
La pequeña se metió en la casa del espíritu. Este tomó asiento y le dijo amablemente:
—Ven, que te despiojo.
Sin embargo, cuando la niña apoyó la cabeza en su regazo, el espíritu la atravesó con una aguja y la mató; después escondió el cadáver debajo del banco.
Otro día, el espíritu del estiércol engatusó a otra pequeña, pero al meterla en su casa descubrió que la niña llevaba un abrigo y unas botas que le quedaban muy grandes.
—¿De quién son esas botas que llevas puestas? —le preguntó.
—¡De mi padre! —contestó ella.
—¿Y las pieles?
—¡De mi madre!
—Entonces vuelve a tu casa —dijo el espíritu—, que tus padres no tardarán en echar en falta sus cosas.
Y así fue como no mató a la niña, pues le dio lástima privar de sus ropas a sus ancianos padres.
Pero antes de que se fuera, le enseñó por un agujerito el cadáver de la otra chiquilla que había matado.
Cuando la niña volvió a su casa contó lo que había visto, y ese es el origen de la historia del espíritu del estiércol.

LOS INDIOS

Una niña tuerta salió a buscar agua en Alángorteq.
Al otro lado del lago vio de repente gran cantidad de cabezas que asomaban. Se apresuró entonces a llenar el balde y salió corriendo a todo correr en dirección al poblado.
Al llegar a casa contó lo que había visto, pero nadie la creyó.
—Eso es porque eres tuerta —dijeron.
Al ver que no la creían, rogó y suplicó que alguien la llevara hasta la otra orilla, hasta las tierras de Orqua. Finalmente, un joven se apiadó de ella y la llevó en su kayak.
Ambos se quedaron en Orqua a pasar la noche. Al oscurecer oyeron un gran alboroto que venía de las tierras que estaban en la otra orilla. Era ruido de perros y de personas. ¡Muchos, muchísimos!
El estruendo se prolongó durante muchas horas, pero al fin se hizo el silencio.
Al día siguiente, cuando clareó, la niña y su acompañante vieron a dos personas que ascendían por el valle de un glaciar hacia los hielos perpetuos. Una de ellas avanzaba con ayuda de un bastón y cojeaba. Estaba herida.
Eran cuanto quedaba de los vecinos del poblado que había en la otra orilla. Todos los demás habían sido asesinados.

EL GIGANTE

Había una vez un gigante; tan grande era que a los osos polares los llamaba zorros.
Un día vio cinco kayaks y, como le entraron ganas de usar a sus tripulantes como amuletos, los pescó con su manaza, los llevó a su casa y los puso en un estante, bajo la lámpara.
Después devoró un oso y parte de una ballena, y se quedó dormido.
Era tan enorme que en vez de piojos tenía zorros.
Cuando, al cabo de un rato, se colaron unos zorros, y empezaron a roerle la cabeza, el gigante gruñó:
—¡No me echéis encima el hollín de la lámpara!
Y es que creía que eran los hombres de los kayaks, que andaban toqueteando la lámpara; los pobres temblaban de miedo.
Decididos a escapar, se fueron descolgando lentamente por unas correas de piel de foca.
De repente el gigante empezó a hablar en sueños:
—¡Pisad la lámpara! —rezongó. Los hombres sintieron un escalofrío.
Finalmente llegaron hasta el suelo y corrieron hacia la puerta, pero el umbral era tan alto que a punto estuvieron de no lograr rebasarlo.
Cuando al fin se vieron libres, corrieron a sus kayaks y escaparon.
Al despertar, el gigante descubrió que habían huido y gritó apesadumbrado:
—¡Lástima no haberles arrancado los ojos!.

EL COMILÓN

Había una vez un gran cazador de renos que salía a cazar muy a menudo, y siempre que lo hacía se ceñía bien el vientre con correas para ser más ágil y ligero de piernas.
Cuando volvía, se desataba el vientre, hervía la carne y daba cuenta de ella solo y bien solo, y tanto comía que al final tenía que excavar un agujero en el suelo para que le cupiera la panza, que le crecía sin parar. Cuando pasaba alguien, gritaba:
—¡Cuidado con mi tripa, cuidado con mi tripa!
Porque le daba miedo que la pisaran.
Cuando la carne se terminaba, volvía a salir de caza y siempre regresaba con muchos renos.
Engullía sin descanso y si no podía con algo, lo enterraba. Jamás daba nada a nadie.
Esta es la historia de Narrajana, el gran comilón.

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Eskimo Folk-Tales is an interesting volume of stories from an oft-overlooked cultural group. According to the introduction, the tales are meant to be a ‘popular collection’, rather than a historical (or anthropological) one. Thus some of the tales have been altered for the common reader, but the introduction also refers the scholar back the original works (which are not published, but at least used to be available for the asking).
This is definitely a volume of tales for adults. It contains lots of wife-switching and random violence that would not be appropriate for younger audiences. And also I found that the prose was rather choppy and did not make for a smooth read.
There is a distinct lack of illustrations, which the introduction waxes poetical about, so the lack of them (and the continued placement of the captions in the text) is really noticeable. The page numbers are left in the text, and are also mysteriously hyper-linked to…themselves.
However, several of the stories have foot-notes, which are all properly linked.

I really wanted to enjoy this and i did to a point. I must admit i skipped a few myths because they got a little similar which in turn started to bore me. Over all i liked the book but i wouldn’t read it again. Some funny and scary myths in there though!.

On December 21, 1933, all of Denmark dressed in mourning. He had just lost his last great hero; to a polar explorer who performed a feat that witnessed the entire world; to a fascinating man who had two hearts – one Inuit and one European – and who, as an adult, returned to the lost paradise of childhood in search of a culture that was beginning to fade; to Knud Rasmussen or, as they called him, the man who preceded his smile.
Knud Rasmussen, who defended the interests and rights of the Inuit people to the end, was able to make two more expeditions. In 1933, during the Seventh Thule Expedition – in which he shot a fiction feature film written by himself showing the life of the Greenlanders – he contracted a stomach infection. Since his condition worsened day by day, he was transferred to Denmark, where he remained hospitalized for two months until, after complicating the disease with pneumonia, he died in December, when he began that winter of which he said that who does not love him is because he has not lived it.
Rasmussen was aware that our civilization would end up devouring the Inuit culture and tried to bring Greenlanders into the future as smoothly as possible. However, he was far from imagining what would happen at his death. In 1937, Dagmar, his widow, sold the Thule colony to the Danish state, and in 1941, an American air base was established just ten kilometers from the commercial station and the town where the polar Inuit lived. Later they were given the order to move to a new settlement located further north and were granted a period of four days to leave their village.

VENUS

Once upon a time there was an old man waiting on the ice for the seals to go up to the vent to catch air. But not far from him, on the mainland, a large group of children played in a ravine and the seals frightened him again and again at the precise moment he was preparing to harpoon them.
In the end the old man, enraged with those who disturbed his hunting, shouted:
«Enclose, broken, whom my fighter scares!»
And immediately the creek closed, trapping the children who played. One of them, who was carrying another smaller one, tore his clothes.
Seeing that they could not leave, they were all screams inside the creek; nobody could bring them food either, but they spilled some water by a thin crack that opened in the rock and the children licked it by the stone.
In the end they all starved.
The rock we are talking about is in Illuluarsuit, near Neqi, and is called Quussullukkiit.
The people pounced on the old man who had bewitched the ravine to lock the children, but he ran away and they all went after him.
However, suddenly the old man began to shine and ascended the sky, where he still continues in the form of a huge star. We see it from the west when the light begins to return after the great darkness, but very low, it never rises too much. We call her Naalassartoq, the one who listens. It is a name in memory of the old man who heard the breath of the seals on the ice.

LICE

Our ancestors forbade newly born women to call the louse by name and complain when itching.
Once upon a time there was a parturient with a shoulder crawled by lice.
«It’s funny,» he said, «that such a small and toothless bug bites so hard.»
But looking sideways at his shoulder he saw terrible jaws full of huge teeth. It was the louse, who, annoyed by his words, had taken the form of a monster.
The woman was so scared that she died.
After this episode, parturients were forbidden to call the louse by name.
This happened in the time of our ancestors, the times when a reckless tongue could breed monsters that brought great misfortunes.
Now, lice are generally afraid of people, as the following story shows:
On one occasion, two lice talked.
«Pass me the mittens that hang on that post!» Said the louse.
They lived in reindeer skin and the louse called hair poles.
-Oh no! Better stay with me! Said the lice. Men will kill you.
«I don’t want you to worry,» the louse replied, «but I’ll have to eat something.» The only thing that worries me is that two icebergs fall on me and chafen me; If that happened to me I would never come back. But it rarely happens.
The louse called men’s nails icebergs.
«If they eat me,» he continued, «I will leave them in the ass again, fear not for me;» I will remain somewhat scalded and quite red when it passes through your stomach, but that’s it.
The lice stayed calm and finally gave him the mittens.
«Well, I’m looking for a rich tobacco!» Said the louse, and vanished.
He spent a lot of time outside, and on his return he brought the whole incarnate body.
This story happened to Avovang when he was a louse in his transmigration. Through him we know the lives of all animals.

THE CAREER OF THE LICE AND THE WORM TO ARRIVE TO MAN

They tell us that our ancestors – blessed they! – had no lice. But it happened that one day a man went to sleep on the floor at the watchful eye of the worm and the louse.
The worm, who believed himself very agile of feet, told the louse:
-Check it out! A man! Let’s see who comes before him.
They ran as fast as they could, but the worm fell and the louse came first.
«Men don’t know well.» The land is rich! The worm shouted as it fell. I prefer to be a land louse.
The louse, on the other hand, ran to the man and found lodging and food in it.
And since then men have lice.

THE MAN WHO MARRIED A FOX

Once upon a time there was a man who wanted to marry a fox. He could have looked for a real woman, but he had fallen in love with a human-looking fox because he was so pretty. He had a very small face and magnificent hair that he had collected in a large and dense bun, so he married him. I didn’t even suspect it was a fox. Then they lived happily until the man one day, noticing that he smelled like a fox, shouted:
«What will this disgusting smell be?»
When he heard it, his wife became enraged and left the house. The man ran after her and when he left he found to his amazement that his wife had become a fox and climbed into the mountain race; Now I understood that big and heavy bun. It was the tail.
She left after the animal, but the fox slipped through a crack and no matter how much her husband begged and begged her, there was no way to get her out, so she had to go home empty-handed. He returned to the crack later, but the fox was gone. Thus he lost his wife.

THE LARVA

A woman adopted a larva and nursed her; This is how he got it to grow. In the end it became very large, and every time she left, her mother had to leave her tied to the bank.
It was a hairy larva and looking terrible.
One day, however, upon hearing the cries of some children, he let go of his chains, escaped, went out after them and devoured a little boy.
The local people were horrified, but the woman refused to kill him, because she was his daughter.
Finally, the men ambushed by the mouth of the passage leading to their house and made the children shout. When the larva ran, they killed her. They had been afraid of eating a child.

WHEN THE CROWS SPEAKED

There was a time, many, many years ago, when crows talked.
But the most curious thing about the language of the crows was that their words meant the opposite. When they wanted to thank, they quarreled, and in the same way they always said the opposite of what they thought.
They were such liars that one day an old man took the gift of speech with a spell, so the crows now only know how to squawk.
But they always preserved their nature, and today ravens are irascible birds, liars and thieves.

THE TWO FRIENDS WHO WANTED TO SEE THE WORLD

One day two men felt the desire to see the world and then tell others how it was.
There were times when there were still many people and all the lands were inhabited. Now we get less and less. Disease and misfortune have reached us. You see the life that I drag, without being able to have me on my feet.
The two future travelers had just married and still had no children. On a pair of musk ox horns they carved two glasses, one each and of the same head, and then left each one by their side to meet again one day. They were sledding and used to settle when summer came.
It took a long time to travel around the world. They had children and grew old, and their children also grew old; There came a day when parents became so old that they could no longer walk and were brought by their children.
Finally they found each other and their horns were nothing but the handles, so many times they had drunk on the road and brushed their horns against the earth as they filled them.
«The world is great,» they said when they met again.
They were young the day they left and now they were old people who had to walk with the help of their children.
Yes, the world is big!

THE SPIRIT OF THE STIERCOL

I will start by talking about Tutuatui, the spirit of manure. It appeared only at night and was always covered in crap. Dry human droppings hung from his hair; I lived in a house that was in the manure.
On one occasion, a girl played with animals carved from walrus fang when the spirit approached and shouted at her through the window:
«Come out and come with me to Avigaq!» And bring your toys!
The little girl got into the house of the spirit. He sat down and said kindly:
«Come, I take your leave.»
However, when the girl put her head on her lap, the spirit pierced her with a needle and killed her; Then he hid the body under the bench.
Another day, the spirit of the manure coaxed another little girl, but when she put it in her house she discovered that the girl was wearing a coat and boots that were very large.
«Whose boots are you wearing?» He asked.
-Of my father! She replied.
«What about the skins?»
-Of my mother!
«Then go back to your house,» said the spirit, «that your parents will soon be missing their things.»
And that’s how he didn’t kill the girl, because he felt sorry for depriving his elderly parents of their clothes.
But before he left, he showed him by a little hole the body of the other girl he had killed.
When the girl returned home she told what she had seen, and that is the origin of the manure spirit story.

THE INDIANS

A one-eyed girl went out to look for water in Alángorteq.
On the other side of the lake, he suddenly saw a large number of heads sticking out. He hurried to fill the bucket and ran at full speed in the direction of the village.
When he got home he told what he had seen, but no one believed it.
«That’s because you’re one-eyed,» they said.
Seeing that they didn’t believe her, she begged and begged someone to take her to the other shore, to the lands of Orqua. Finally, a young man took pity on her and took her in his kayak.
Both stayed in Orqua for the night. At dusk they heard a great uproar coming from the lands that were on the other shore. It was noise of dogs and people. Many, many!
The din went on for many hours, but finally there was silence.
The next day, when he cleared up, the girl and her companion saw two people ascending through the valley of a glacier towards the perpetual ice. One of them advanced with the help of a cane and limped. She was hurt.
They were all that remained of the neighbors of the town that was in the other shore. Everyone else had been killed.

THE GIANT

Once upon a time there was a giant; so big it was that polar bears were called foxes.
One day he saw five kayaks and, as he wanted to use his crew as amulets, he caught them with his flock, took them home and put them on a shelf, under the lamp.
Then he devoured a bear and part of a whale, and fell asleep.
It was so huge that instead of lice it had foxes.
When, after a while, some foxes sneaked in, and began to gnaw at his head, the giant growled:
«Don’t throw the lamp soot over me!»
And I thought they were the men of the kayaks, who were touching the lamp; The poor were trembling with fear.
Determined to escape, they slowly lifted off the seal skin straps.
Suddenly the giant began to speak in dreams:
«Step on the lamp!» He roared. The men felt a chill.
Finally they reached the ground and ran towards the door, but the threshold was so high that they almost failed to pass it.
When they were finally free, they ran to their kayaks and escaped.
Upon waking, the giant discovered that they had fled and shouted sorry:
«Too bad they didn’t rip their eyes off!»

THE GUZZLER

Once upon a time, there was a great reindeer hunter who went out to hunt very often, and whenever he did, he wore his belly tightly with straps to be more agile and lighter legs.
When he returned, his belly was unleashed, the meat boiled and he realized it alone and well alone, and he ate so much that in the end he had to dig a hole in the ground to fit his belly, which grew steadily. When someone passed by, he shouted:
«Watch out for my gut, watch out for my gut!»
Because she was afraid of being stepped on.
When the meat was over, he went hunting again and always returned with many reindeer.
He swallowed relentlessly and if he couldn’t do something, he would bury him. He never gave anything to anyone.
This is the story of Narrajana, the great feast.

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