Listen To My Heart (Marie Fredriksson) — Helena Von Zweigbergk / Kärleken Till Livet by Helena von Zweigbergk

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Este libro realmente me conmovió en el alma, podemos ver cómo Marie Fredriksson creció y cómo descubrió su fantástica voz para cantar y su capacidad para cautivar a una audiencia, cómo se convirtió rápidamente en una gran y popular artista y, finalmente, cómo lo peor que podría pasar: un tumor cerebral la golpeó. Algunas de las peores cosas que le pueden pasar a un ser humano, pero, sin embargo, decidió sobrevivir, lo difícil, difícil o doloroso que sería en el camino: no estaba lista, sabía que su tiempo para abandonar la mortalidad aún no había terminado. Y contra viento y marea, sobrevivió y continuó su carrera, hasta ahora. Debemos seguir su pensamiento, sus recuerdos y su maldito abrazo y la lucha por la supervivencia.
Al igual que muchas autobiografías, no está escrito de la manera que muchas personas consideran profesional, sino más bien como una conversación de persona a persona donde una persona cuenta, y el lector es el que escucha. Pero lo que llama la atención y los toques es la fantástica manera de Marie de expresar cómo piensa y siente y el coraje que ha demostrado a lo largo de su vida.

Todo el escándalo de Expressen fue para nosotros una historia costosa y desagradable. Aún hoy seguimos pensando que Otto Sjöberg, por entonces redactor jefe del periódico Expressen, es la persona que más daño ha infligido a nuestra familia, y nunca ha intentado tampoco pedirnos disculpas por ello. Éramos una familia afectada por una enfermedad grave, conmocionada y abatida, y realmente sentíamos que no teníamos por qué ser utilizados para vender más periódicos.
Durante ese tiempo no estaba claro si iba a sobrevivir. Yo no quería pensar en ello y Micke trató de manejarlo lo mejor que pudo. Pero ningún maldito cáncer se había extendido por mi cuerpo. El microscópico hilo de esperanza que teníamos era lo único que nos permitía seguir funcionando. Quizá también por eso las mentiras de Expressen se volvieron tan insoportables. Sus mentiras me presentaban más enferma aún de lo que estaba y con ello se apagó por completo la esperanza de los que se preocupaban por nosotros.

Han llegado desde Dinamarca, Holanda, Argentina, España y desde otros muchos países. Previamente, durante la tarde, les pregunté a algunos de ellos por qué habían viajado desde tan lejos para ver el estreno de Marie y oírla cantar en un idioma que no entienden. Todos me han dado más o menos la misma respuesta. «Ella nos conmueve.» A pesar de que ninguno de ellos habla sueco, dicen que creen saber lo que Marie está cantando. Se trata de sentimientos. «Nadie sabe transmitirlos como ella», afirman.
Marie no se cansa de repetir lo mucho que le gustan los músicos que la acompañan. Lo mucho que la alientan y la animan, creen en ella y la consuelan cuando lo necesita.
Un reto para esta gira ha sido tener que aprenderse las viejas letras. Con su lesión neurológica es extremadamente difícil. Su hijo Oscar ha demostrado una paciencia infinita ayudándole a repasarlas. Estrofa a estrofa, verso a verso, Marie ha repetido las palabras una y otra vez. Solo una de sus canciones permanecía en su memoria desde el principio: «Ännu doftar kärlek» («Aún huele a amor»), que recuerda inmediatamente.

Fue duro para mis padres conseguir que nos alcanzara el dinero. A veces comíamos «sopas de leche». Me cuesta pronunciar esas palabras, me dan arcadas solo oírlas. No te imaginas cuánto las odiaba. Son sopas de pan duro con leche caliente, espolvoreadas con un poco de azúcar y canela. Solo comíamos fruta en Navidad, no podíamos permitirnos otra cosa. Y si había plátanos alguna vez, solo tocábamos a medio cada uno.
Nunca se sabía cómo le iba a caer a mi padre la bebida. A veces, se convertía en un alegre músico. Pero, a veces, se enfadaba e iba refunfuñando. Y, entonces, solía ser mi madre quien tenía la culpa. Lógicamente, a un niño no le gusta oír que su padre le diga a su madre que no vale para nada.

Además de la música, he sentido desde pequeña un gran consuelo en la naturaleza. Siempre me han gustado los animales, las aves, el mar. Recoger flores. No recuerdo demasiados juguetes, yo jugaba mucho fuera de casa y me entretenía con lo que había allí. A mi madre le gustaba mucho el jardín. Siempre estaba cuidándolo y conseguía unas flores deslumbrantes. Mi amor por las flores seguro que lo he heredado de ella.

Marie le parece que el pie y con él el sentido del equilibrio empeoran cada día. Le ponen inyecciones de bótox en un nuevo intento de minimizar los calambres. Ella aún no sabe si van a dar algún resultado. Ninguno de los médicos que la han tratado sabe exactamente qué es lo que le pasa. Pero, probablemente, sea una secuela de la radiación masiva que su cerebro tuvo que soportar. La lesión le produce una hinchazón que presiona sobre determinadas zonas.
Varias mañanas, Marie me ha mirado con los ojos llenos de lágrimas preguntándose si será capaz de arreglárselas en esta gira.
«¿Qué pasa si no funciona? ¿Qué pasa si no aguanto? ¿Qué pasa si me caigo?…
Se me habían hinchado los dedos de las manos y la pierna a consecuencia de todos los medicamentos que tenía que tomar: cincuenta pastillas de diferentes tipos, que había que ingerir siguiendo el horario establecido.
Como se me hincharon los dedos, los anillos me apretaban mucho. Todo sucedió muy deprisa.

Realmente, solo hay una cosa que me arrepiento de no haber hecho. Antes de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992 me propusieron cantar a dúo con Plácido Domingo. Pero vivía entonces bajo una gran presión. Sabía lo que eso iba a significar en cuestión de viajes y de esfuerzo. No podía con todo. Pero lo lamento. Ahora, visto con perspectiva, me habría gustado hacerlo.
Pero durante el último periodo yo estaba harta de todo. Cuando miro mis diarios del año 2000 o 2001 encuentro conciertos, uno tras otro, que a mí me parecieron malos. En Seattle, en el año 2000, escribí: «¿Cuánto tiempo voy a aguantar esto?».
Me parecía que habíamos tocado fondo. Quizá fuera el tumor cerebral, que ya entonces se dejaba notar. Yo no tenía ganas de hacer nada que tuviera que ver con Roxette.
Justo antes de caer enferma, Per y yo acordamos hacer una pausa con Roxette. Yo llamé a todos para mantener una reunión en la que se tomó esa decisión. Per estaba de acuerdo, así que no fue nada grave ni supuso ningún cisma. Él también parecía aliviado. Necesitábamos separarnos por un tiempo. La idea era que íbamos a hacer la gira de Night of the Proms y después haríamos un alto. Night of the Proms sería una especie de punto final.
Pero nunca llegamos a hacerla, porque yo caí enferma.
Cuando la vida de estrella se volvió demasiado invasiva, se fue haciendo cada vez más necesario para nosotros crear una esfera privada.
Por ejemplo, cuando nos íbamos a casar, queríamos hacerlo solo con nuestras familias y los amigos de la infancia. Roxette ocupaba demasiado espacio en nuestras vidas.

No sentí absolutamente nada del tumor antes del día en que me caí al suelo en el cuarto de baño?
Eso es lo que se preguntan muchas personas. Y yo misma he pensado en ello.
Sé que estaba deprimida y que no me sentía yo misma realmente. No tenía fuerzas, ni alegría.

La vida es algo más que matarse de estrés por tonterías. En la actualidad, renuncio a muchas cosas, a todo lo que me parece superfluo. Hay días en los que siento que me he vuelto increíblemente fuerte con todo lo que me ha pasado. He aprendido a reconocer qué es lo esencial. De qué hay que preocuparse y qué no es más que un montón de tonterías añadidas.
Han pasado trece años de mi vida bajo el estigma del dolor. Pero realmente nunca me di por vencida, a pesar de que estuve tan desolada y tan triste. Siempre he mantenido activo mi lado creativo. He pintado, compuesto, cantado.

…Cuando oigo a Marie cantar «Dangerous», recuerdo algo que ella me contó hace tiempo. Cuando, después de la última operación cerebral, estaba pasando por los momentos más difíciles, porque no recordaba las palabras y no podía hablar, lo primero que recordó fue la melodía de «Dangerous». Que la tarareó una y otra vez, y que finalmente recordó el texto y recuperó la canción.
Cuando otras formas de expresión la traicionaron, la música estaba ahí. La música sirvió de puente a las palabras, y las palabras se convirtieron en canciones.
La música y las canciones siempre han estado presentes en la vida de Marie como una fuente de energía y de consuelo. Hayamos hablado de lo que hayamos hablado, de las alegrías y de las penas de su infancia, de sus éxitos, de su soledad, de su lucha y de sus ganas de volver después de la enfermedad, la canción ha sido siempre la mano a la que se ha aferrado a lo largo de la vida.
Marie nunca soltará esa mano.

Descanse en paz Marie Fredriksson.

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This book really touched my soul, we can see how Marie Fredriksson grew up and how she discovered her fantastic voice to sing and her ability to captivate an audience, how she quickly became a great and popular artist and, finally, how the worst could happen: a brain tumor hit her. Some of the worst things that can happen to a human being, but, nevertheless, he decided to survive, how difficult, difficult or painful it would be on the road: he was not ready, he knew that his time to abandon mortality was not yet over. . And against all odds, he survived and continued his career, until now. We must follow his thoughts, his memories and his damn hug and the fight for survival.
Like many autobiographies, it is not written in the way that many people consider professional, but rather as a person-to-person conversation where a person counts, and the reader is the one who listens. But what attracts attention and touches is Marie’s fantastic way of expressing how she thinks and feels and the courage she has shown throughout her life.

The whole Expressen scandal was an expensive and unpleasant story for us. Even today we still think that Otto Sjöberg, then editor-in-chief of the Expressen newspaper, is the person who has inflicted the most damage on our family, and has never tried to apologize for it. We were a family affected by a serious, shocked and dejected illness, and we really felt that we didn’t have to be used to sell more newspapers.
During that time it was not clear if he was going to survive. I didn’t want to think about it and Micke tried to handle it as best he could. But no damn cancer had spread through my body. The microscopic thread of hope we had was the only thing that allowed us to continue functioning. Maybe that’s why Expressen’s lies have become so unbearable. His lies made me even sicker than I was and with that the hope of those who cared for us was completely extinguished.

They have arrived from Denmark, Holland, Argentina, Spain and from many other countries. Previously, during the afternoon, I asked some of them why they had traveled so far to see Marie’s premiere and hear her sing in a language they don’t understand. Everyone has given me more or less the same answer. «She moves us.» Although none of them speak Swedish, they say they think they know what Marie is singing. It’s about feelings. «Nobody knows how to transmit them like her,» they say.
Marie never tires of repeating how much she likes the musicians who accompany her. How much they encourage and encourage her, they believe in her and comfort her when she needs it.
A challenge for this tour has been to have to learn the old letters. With his neurological injury it is extremely difficult. His son Oscar has shown infinite patience by helping him review them. Stanza to stanza, verse by verse, Marie has repeated the words over and over again. Only one of his songs remained in his memory from the beginning: «Ännu doftar kärlek» («It still smells like love»), which he remembers immediately.

It was hard for my parents to get us the money. Sometimes we ate «milk soups.» I find it hard to say those words, they give me arches just to hear them. You can’t imagine how much I hated them. They are hard bread soups with hot milk, sprinkled with a little sugar and cinnamon. We only ate fruit at Christmas, we couldn’t afford anything else. And if there were ever bananas, we only played half each.
You never knew how my drink would fall for my father. Sometimes, he became a cheerful musician. But sometimes he got angry and was grumbling. And then it used to be my mother who was to blame. Logically, a child does not like to hear his father tell his mother that it is worthless.

In addition to music, I have felt great comfort in nature since I was little. I’ve always liked animals, birds, the sea. Pick flowers. I don’t remember too many toys, I played a lot outside the house and entertained myself with what was there. My mother really liked the garden. I was always taking care of him and getting dazzling flowers. My love for flowers has surely inherited it from her.

Marie thinks that the foot and with it the sense of balance get worse every day. Botox injections are given in a new attempt to minimize cramping. She still doesn’t know if they will give any results. None of the doctors who have treated her know exactly what is wrong with her. But, probably, it is a sequel to the massive radiation that his brain had to endure. The lesion causes swelling that presses on certain areas.
Several mornings, Marie has looked at me with her eyes full of tears wondering if she will be able to cope with this tour.
«What happens if it doesn’t work? What happens if I can’t stand it? What happens if I fall? …
My fingers and legs had swollen as a result of all the medications I had to take: fifty pills of different types, which had to be ingested following the established schedule.
As my fingers swelled, the rings squeezed me a lot. It all happened very fast.

Actually, there is only one thing that I regret not having done. Before the Olympic Games in Barcelona in 1992 I was proposed to sing a duet with Plácido Domingo. But he lived then under great pressure. I knew what that was going to mean in terms of travel and effort. I couldn’t with everything. But I’m sorry. Now, seen with perspective, I would have liked to do it.
But during the last period I was fed up with everything. When I look at my diaries of the year 2000 or 2001, I find concerts, one after another, that seemed bad to me. In Seattle, in 2000, I wrote: «How long will I endure this?»
It seemed to me that we had hit bottom. Maybe it was the brain tumor, which was then noticeable. I didn’t feel like doing anything that had to do with Roxette.
Just before falling ill, Per and I agreed to pause with Roxette. I called everyone to hold a meeting where that decision was made. Per agreed, so it was nothing serious or assumed any schism. He also seemed relieved. We needed to separate for a while. The idea was that we were going to do the Night of the Proms tour and then we would stop. Night of the Proms would be a kind of end point.
But we never got to do it, because I fell ill.
When the star life became too invasive, it became increasingly necessary for us to create a private sphere.
For example, when we were getting married, we wanted to do it only with our families and childhood friends. Roxette took up too much space in our lives.

I felt absolutely nothing of the tumor before the day I fell on the floor in the bathroom?
That is what many people ask. And I have thought about it myself.
I know I was depressed and I didn’t really feel myself. He had no strength, no joy.

Life is more than killing yourself from stress due to nonsense. At present, I give up many things, everything that seems superfluous. There are days when I feel that I have become incredibly strong with everything that has happened to me. I have learned to recognize what is essential. What to worry about and what is nothing but a lot of added nonsense.
Thirteen years of my life have passed under the stigma of pain. But I never really gave up, even though I was so desolate and so sad. I have always kept my creative side active. I have painted, composed, sung.

… When I hear Marie sing «Dangerous», I remember something she told me a long time ago. When, after the last brain operation, I was going through the most difficult moments, because I couldn’t remember the words and couldn’t speak, the first thing I remembered was the melody of «Dangerous.» That he hummed it again and again, and that he finally remembered the text and recovered the song.
When other forms of expression betrayed her, the music was there. Music served as a bridge to words, and words became songs.
Music and songs have always been present in Marie’s life as a source of energy and comfort. We have talked about what we have talked about, the joys and sorrows of his childhood, his successes, his loneliness, his struggle and his desire to return after illness, the song has always been the hand to the that has clung throughout life.
Marie will never let go of that hand.

Rest in peace Marie Fredriksson.

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