La Gran Manipulación: Cómo La Desinformación Convirtió A España En El Paraíso Del Coronavirus — Jano García / The Great Manipulation: How Misinformation Made Spain The Paradise Of The Coronavirus by Jano García (spanish book edition)

En este libro abundan los descalificativos a gran parte de la población léase “a la masa social que poco le importa ser humillada, vejada, insultada y engañada” para luego afirmar , “la sociedad española es inculta, paleta y alelada” (sic), como otrora dije, muy aventurado el aseverar tamaños comentarios, y esos son sólo parte de la conclusión, el libro está plagado de ellos, sobre todo a partir del tercer capítulo.
En los dos primeros habla de cómo se manipula a la masa desde tiempos pretéritos con datos cuanto menos mejorables, al igual que en el segundo, donde habla de China, y ojo, si hubiera buscado mejores fuentes estas arrojarían más puntos a favor para sus ideas. Donde el libro aporta es en el orden cronológico sobre el desarrollo de la pandemia, describiendo la forma de actuar del gobierno español y su relación con los medios de comunicación siendo la mejor parte del libro, otra cosa es, que todo lo ocurrido se deba a oscuros intereses e ideologías o corrupción, eliminando así de su teoría; incompetencia; estado de los mercados; sistema político español; peso específico de cada país en las RR.II, impredecibilidad del comportamiento del ente vírico…..
En definitiva, un ensayo mejorable, con un lenguaje que lejos de ser instructivo busca enfrentar al que opine diferente y sepultarlo en la idiotez, que aporta pocas novedades al tema general del libro (Cuando habla de TAIWÁN es de los pocos momentos donde sorprende).
Un análisis y crítica de la gestión de la crisis sanitaria provocada por el Covid-19 por parte del gobierno español a la luz de datos conocidos (y no tanto) por la población. Muestra la manipulación informativa a la que ha sido sometida la sociedad española a través de los medios de comunicación de masas y la censura del gobierno socialista. Además, hace un breve repaso histórico de la manipulación social en los régimenes totalitarios e incluye una útil cronología de los hechos trancurridos durante los meses críticos de la pandemia. Interesante, ameno y bien documentado, aunque, en ocasiones, falto de madurez. Un libro necesario.

Desde que la política comenzó a ser descrita, hay un componente que siempre la ha acompañado, la demagogia. Son muchos los autores que la han descrito de diferentes formas, pero el primero en utilizar dicho término fue Aristóteles. El filósofo griego aseguraba que la demagogia se centraba en la manipulación de los pobres para así ganarse su favor y, de esa forma, asegurarse el poder a través del sentimentalismo, promesas inviables, el miedo o la falsa esperanza.
Sin duda, uno de los mecanismos más utilizados para la manipulación de masas es buscar un culpable que no represente un porcentaje elevado de la población: aristócratas, ricos, empresarios, millonarios, razas minoritarias, ideologías con escaso seguimiento, minorías religiosas, etc. Calígula no inventó nada y su estrategia de manipulación se ha replicado durante siglos, como hizo Hitler, que supo utilizar también este mecanismo culpando a los judíos de todos los males de Alemania, a pesar de que solamente representaban el 1 por ciento de la población de la época. El espectacular ejercicio de manipulación de masas dirigido por el perverso genio Joseph Goebbels. El mayor genio de la propaganda política de la historia: Joseph Goebbels. Brillante a la par que malvado y perverso, aquel niño solitario y oscuro que pasaba sus horas encerrado en su pequeña habitación leyendo libros de religión e incluso comenzó a estudiar teología en la universidad, iba a cambiar para siempre la forma de manipular a las masas. Joseph Goebbels empezó a interesarse por la política cuando su fracaso profesional en la banca le hizo encontrar una salida a sus problemas en el mensaje del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, al que acabaría afiliándose en 1924. El lector ávido habrá podido comprender que Goebbels, como tantos otros, fue una víctima más del mecanismo de la manipulación de masas que apelaba a la búsqueda de culpables terceros para aliviar el sentimiento de autoculpa y centrar todo su odio en el capitalismo, la banca y, especialmente, en los judíos.
Goebbels se mofaba de sus adversarios consciente de su superioridad en la batalla de la información. Nacieron los «bulos», esa palabra que resulta tan familiar a los ciudadanos actualmente que creen haberlos descubierto ahora. Goebbels fue pionero en la difusión de las fake news, otro término con el que algunos se han familiarizado en los últimos tiempos, pero que llevan siglos en nuestras vidas. La diferencia es que el jefe de la propaganda nazi supo cómo hacer llegar de forma rápida a los ciudadanos las falsedades sobre conspiraciones de judíos capitalistas que trataban de atentar contra el Gran Reich Alemán. Una de sus mayores obras de manipulación la encontramos en el incendio del Reichstag (el Parlamento Alemán).

La radio permitió a Goebbels aumentar el adoctrinamiento de la población tras nacionalizar las emisoras alemanas y dotarlas de contenido político. No fue hace mucho tiempo, hay que recordar que gracias a su labor de manipulación los alemanes llegaron a ver con buenos ojos las Leyes de Núremberg, aprobadas el 15 de septiembre de 1935. Quiero dejar constancia del poder que tiene la manipulación de masas para que el lector pueda comprender hasta qué punto puede llegar el ser humano. En dichas leyes se incluyeron la «Ley de ciudadanía del Reich» y la «Ley para la protección de la sangre y el honor alemanes» que tenían artículos como:
Artículo 1.º
(1) Quedan prohibidos los matrimonios entre judíos y ciudadanos de sangre alemana o afín. Los matrimonios celebrados en estas condiciones son nulos, aun si hubieren sido celebrados en el extranjero a fin de evitar ser alcanzados por la presente ley.
(2) Únicamente el representante del ministerio público podrá elevar una demanda de nulidad.
Artículo 2.°
Queda prohibido el comercio carnal extramatrimonial entre judíos y ciudadanos de sangre alemana o afín.
Artículo 3.°
Los judíos no podrán emplear en su hogar a ciudadanas de sangre alemana o afín menores de 45 años.

Ningún medio ha tenido un impacto tan significativo como la televisión en la historia de la humanidad. La diferencia entre la televisión y la radio es considerable. La ventaja de la imagen visual sobre la transmisión radiofónica es que lo audible se convierte en una imagen visual con la ayuda de la imaginación del individuo que la recibe, pero no es posible mantener bajo control lo que puede llegar a imaginar el oyente. Con la televisión, la imaginación deja de existir. Lo que ves es la realidad, o al menos así lo capta tu cerebro. La televisión fue ganando fuerza y entrando en todos los hogares de los países desarrollados con el transcurso de los años.
La inmensa mayoría de los ciudadanos creen que son los políticos los que marcan la agenda. Lo cierto es que son los medios de comunicación más poderosos del país los que determinan los problemas que existen en España.
Sin embargo, hay algo que todavía es más peligroso que las televisiones: la fusión entre el poder político y el poder mediático. Ante esta realidad innegable que sufrimos en España, las televisiones decidieron obedecer el mensaje institucional. Pocos, muy pocos, se atrevieron a alzar la voz ante un peligro inminente.

En el mes de enero, mientras España no hacía nada para prepararse ante una más que posible pandemia que asolara nuestro país, la información que se tenía acerca de este virus era la siguiente:
– Se sabía que las cifras ofrecidas por China eran falsas.
– La posibilidad de estar infectado y ser asintomático era un peligro y, por ello, la realización de test era primordial.
– A falta de cura, era fundamental la pronta detección de casos para aislar a los infectados y evitar que propagaran el virus.
– La imperiosa necesidad de portar mascarillas para evitar la propagación del virus.
– La cancelación de vuelos provenientes de China era una medida clave para evitar la importación de casos.
– La desinfección del transporte público, estaciones y sitios de mayor tránsito ayudaba a contener la expansión del virus.
– La enfermedad era más grave de lo que algunos creían al principio.
– Todo apuntaba al que nuevo coronavirus era menos letal que el SARS (todavía faltaba por confirmarse este supuesto), pero sin embargo su capacidad de contagio era mayor.
– El periodo de incubación era de 14 días.
El mecanismo de recurrir a las masas de acoso se ha utilizado a lo largo de la historia en multitud de ocasiones. No siempre basta con controlar la información, para poder erradicar cualquier atisbo de lucidez entre la oscuridad de la ignorancia, se requiere un grupo de fanáticos convencidos por la causa, que se lancen contra todo aquel que se atreva a refutar con datos la opinión generalizada y difundida por los medios al servicio del poder político. ¿Cómo actúan esas masas de acoso? Desde tiempos lejanos, siempre se ha utilizado a parte de la población como propósito de acoso a todo aquel que se salía del guion marcado por los poderes fácticos. En primer lugar, se debe establecer bien claro quién es el enemigo. Los encargados de apuntar es el poder político, los encargados de disparar, en la actualidad, los medios de comunicación.
No es nada nuevo, apenas hay cosas novedosas en el mundo actual, incluso una pandemia es de las cosas más antiguas que se recuerdan y, fíjense, hasta la solución que hemos vivido (todos encerrados y prohibido salir) es más propia de la época medieval que de un mundo civilizado y evolucionado.
El poder de la manipulación mediática unido a las masas de acoso es brutal a la par de enormemente práctico. Evidentemente, el siglo XXI ha introducido cambios considerables, y uno de los más importantes, sin duda, ha sido la tecnología. En el mundo se calcula que hay alrededor de 7.700 millones de suscripciones a teléfonos móviles, es decir, hay más aparatos de este tipo que habitantes en el planeta Tierra. Por lo tanto, es lógico que estas prácticas tan violentas no puedan ser utilizadas debido a que cualquiera puede hacer uso de su dispositivo móvil y grabar las tropelías gubernamentales. Si a ello le sumamos las redes sociales, que permiten que puedan ser difundidas al mundo entero en tiempo real y que ese vídeo o fotografía llegue a miles de millones de ciudadanos, los amantes de la manipulación deben guardarse muy bien a la hora de poner en práctica su acoso al distinto.

La era de las redes sociales se ha llevado por delante el exhaustivo proceso de búsqueda de la verdad, que ya no parece importar a nadie, o más bien a casi nadie. Pocos son los que realmente muestran interés en informarse, investigar e invertir parte de su tiempo en obtener los datos necesarios para poder forjar una opinión mínimamente respetable. Si a eso le sumamos la falta de escrúpulos y ética de los nuevos medios de comunicación digitales, la combinación resulta mortífera. La degradación del debate político e intelectual ha propiciado el auge de panfletos sensacionalistas que han encontrado en el votante más inculto la forma de propagar el odio y a su vez llenarse los bolsillos. Enemigos de la razón que han convertido la mentira en una forma de vida. Medios digitales que viven del engaño y la manipulación.
Las redes sociales cuentan con la combinación perfecta para la manipulación de masas. La información viaja a una velocidad de vértigo, la mentira es leída por millones de usuarios a los que nunca les llegará el desmentido, el ciudadano anónimo e ignorante tiene el respaldo de los suyos, el mensaje es corto y directo, el sentimentalismo triunfa sobre la razón, y la inmediatez que persigue el usuario le hace querer estar informado sobre temas extremadamente complejos a golpe de tuit o publicaciones de apenas unos cientos de caracteres. Es difícil imaginar un nuevo sistema de información en el que todos estos aspectos estén reunidos y pueda permitir que el discurso falaz triunfe de forma tan rápida. Las redes sociales son el sumun de la manipulación de masas.
Observen la manipulación del lenguaje. Llaman «verificadores independientes» a los censores. Llaman «protectores de la verdad» a los artífices de la mentira. Llaman «mejor servicio posible» a utilizarte para ganar más dinero. Todo se resume, una vez más, en eso, en la básica dicotomía de lo bueno y lo malo.
Todo este proceso de descrédito y censura, debe hacerse con disimulo para evitar que la masa perciba la realidad de las redes sociales y limiten su alcance a un público ya convencido, por lo que, de momento, hasta no tener a todo el mundo con el cerebro lavado, se permite a la disidencia que pueda expresarse para mostrar una imagen de pluralidad y libertad.

Muchos son los que siguen manteniendo cierta confianza en estos organismos internacionales (OMS) que, en el fondo, no dejan de ser un club de inútiles burócratas llenos de intereses políticos y que son manejados por potencias para sus propios intereses.
Taiwán avisó por escrito a la OMS en diciembre de 2019 de la presencia del coronavirus de Wuhan y que se transmitía entre humanos. La alerta fue ignorada por Tedros Adhanom, debido a que Taiwán no es miembro de la OMS porque China vetó su entrada por los conflictos políticos que sostienen. Taiwán es un ejemplo de buena gestión, una pequeña isla de 24 millones de habitantes y una densidad de población tremenda, que consiguió detener el Covid-19 gracias a no fiarse, con buen criterio, de las informaciones de China y de la OMS, tomando medidas preventivas.
La OMS, por el contrario, es un ejemplo de mafia legalizada financiada con el dinero del contribuyente. Donald Trump ya ha anunciado que va a dejar de financiar al inútil y corrupto organismo. En esa línea, también se han pronunciado Alemania, Francia y Reino Unido, que ya van tomando posiciones estratégicas para el nuevo mundo que vamos a conocer y que supondría un nuevo eje económico mundial que dejaría fuera de la ecuación a China y, por supuesto, al director de la OMS. España, ni está ni se le espera.

Los medios de comunicación se jactaban de ser los que estaban informando correctamente, mientras que aquellos que alertábamos de las noticias que circulaban alrededor del mundo del Covid-19 y nos llevábamos las manos a la cabeza ante la pasividad del Gobierno éramos tachados de «alarmistas». Ridiculizar al mensajero y etiquetarlo, una vez más, era el objetivo de los medios de comunicación que, apoyándose en las redes sociales, hacían llegar un mensaje falso a la población española que continuaba, en su mayoría, viviendo ajena a la hecatombe que se avecinaba. Se conocía el riesgo de los asintomáticos, se sabía que el crecimiento de contagios era exponencial y, por supuesto, se sabía que las restricciones y controles en aeropuertos eran fundamentales para evitar la propagación del virus en nuestro país. A pesar de ello, el mensaje oficial repetido por los voceros del régimen consistía en tachar de locos a los pocos que tratábamos el tema.
Los medios cambian de táctica. En España ya no hay infectados, sino positivos, un sutil cambio en el lenguaje, pero mucho más cercano al objetivo deseado de generar tranquilidad a la población que a través de las redes sociales comienza a vislumbrar la catástrofe. No quedan exentas las redes sociales de la campaña contra la «coronahisteria».
Ahora la consigna es desviar la atención y de nuevo recurren a retorcer el lenguaje, para decir que Estados Unidos o Rusia cuentan con más muertos que España. Es lógico que un país como Estados Unidos, cuya población es de 326 millones de habitantes, va a tener más infectados y defunciones que España. Pero la comparación en números absolutos, para cualquiera que tenga un mínimo de raciocinio y no pertenezca a la masa aborregada, es estúpida y absurda. España cuenta con 591 muertos por millón de habitantes, mientras que, en Estados Unidos, la cifra es de 275. Es decir, España duplica, insisto, duplica, a Estados Unidos en víctimas.

El siglo XXI debería haber supuesto el fin de la manipulación de masas. El acceso a la información es más fácil que nunca y todos los ciudadanos cuentan con la mayor biblioteca de la historia de la humanidad en sus bolsillos (el teléfono móvil). Ni las fastuosas y extintas bibliotecas de Alejandría o la Imperial Constantinopla, ni las actuales, contaron jamás con tanta información como la que podemos adquirir nosotros desde el sofá de casa. Sin embargo, la necedad del ciudadano ha hecho que sea todo lo contrario y esa gran oportunidad la estamos desperdiciando.
España está viviendo un cambio de régimen encubierto por los medios de comunicación, esos embusteros que obedecen al que paga y que son activistas, no periodistas.
El confinamiento le ha servido al Gobierno para corroborar que el español es obediente y extender el totalitarismo déspota de los nuevos gobiernos que han encontrado una excusa perfecta para poder ampliar los límites de su poder y gozar prácticamente de poderes absolutos más propios del rey Luis XIV de Francia. Una sociedad atemorizada, cobarde, dócil y desinformada les permite erradicar los resquicios de libertad que tenemos en nuestro país.

La educación, un pilar fundamental en todo este proceso, es otro de los puntos en los que el español se encuentra atrapado. Solamente a un inculto le pueden asombrar los títulos universitarios, y desgraciadamente en España, son muchos los que creen ser gente formada y preparada por el mero hecho de haber estudiado una carrera universitaria.
Aceptar los dogmas vertidos por los medios de desinformación, las instituciones educativas públicas y los partidos políticos, conlleva la destrucción de una sociedad crítica, convirtiéndola en una sociedad enferma y fanática preparada para la manipulación de masas. Una situación que ya se dio a principios del siglo XX bajo los regímenes socialistas que aprovecharon esa situación para eliminar cualquier resquicio de libertad individual y recortar paulatinamente todos los derechos de los ciudadanos para convertirlos, como decía Mussolini, en una masa única. En esa peligrosa vorágine se encuentra nuestra sociedad. Más aún, cuando la sociedad española es profundamente inculta…
Decía Voltaire que cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable, y para la desgracia de mi amada España, me temo que estamos viviendo el ocaso.

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In this book, disqualifications abound to a large part of the population, read “the social mass that cares little about being humiliated, vexed, insulted and deceived” and then affirmed, “Spanish society is uneducated, palette and alelada” (sic), As I once said, it is very risky to assert sizes comments, and those are only part of the conclusion, the book is full of them, especially from the third chapter.
In the first two, he talks about how the mass has been manipulated since past times with data that could be improved, as in the second, where he talks about China, and beware, if he had looked for better sources, these would throw more points in favor of his ideas. . Where the book contributes is in the chronological order on the development of the pandemic, describing the way of acting of the Spanish government and its relationship with the media, being the best part of the book, another thing is, that everything that happened is due to obscure interests and ideologies or corruption, thus eliminating from his theory; incompetence; state of the markets; Spanish political system; specific weight of each country in the RR.II, unpredictability of the behavior of the viral entity …..
In short, an essay that can be improved, with a language that, far from being instructive, seeks to confront those who think differently and bury them in idiocy, which brings few new features to the general theme of the book (When he talks about TAIWAN it is one of the few moments where it surprises).
An analysis and criticism of the management of the health crisis caused by Covid-19 by the Spanish government in light of data known (and not so much) by the population. It shows the manipulation of information to which Spanish society has been subjected through the mass media and the censorship of the socialist government. In addition, it makes a brief historical review of social manipulation in totalitarian regimes and includes a useful chronology of the events that occurred during the critical months of the pandemic. Interesting, enjoyable and well-documented, although sometimes lacking in maturity. A necessary book.

Since politics began to be described, there has been a component that has always accompanied it, demagoguery. Many authors have described it in different ways, but the first to use this term was Aristotle. The Greek philosopher claimed that demagoguery focused on the manipulation of the poor in order to win their favor and, in this way, secure power through sentimentality, unfeasible promises, fear or false hope.
Undoubtedly, one of the most used mechanisms for mass manipulation is to find a culprit who does not represent a high percentage of the population: aristocrats, the wealthy, businessmen, millionaires, minority races, ideologies with little follow-up, religious minorities, etc. Caligula did not invent anything and his strategy of manipulation has been replicated for centuries, as did Hitler, who also knew how to use this mechanism, blaming the Jews for all the ills of Germany, despite the fact that they only represented 1 percent of the population of The time. The spectacular mass manipulation exercise led by the evil genius Joseph Goebbels. The greatest genius of political propaganda in history: Joseph Goebbels. Brilliant as well as wicked and perverse, that lonely and dark boy who spent his hours locked in his small room reading religious books and even started studying theology at university, was going to change the way of manipulating the masses forever. Joseph Goebbels became interested in politics when his professional failure in banking made him find a way out of his problems in the message of the German National Socialist Workers Party, which he would end up joining in 1924. The avid reader will have understood that Goebbels, like so many others, he was yet another victim of the mass manipulation mechanism that appealed to the search for guilty third parties to alleviate the feeling of self-blame and focus all his hatred on capitalism, banking and, especially, the Jews.
Goebbels scoffed at his adversaries aware of their superiority in the information battle. The “hoaxes” were born, that word that is so familiar to citizens today that they think they have discovered them now. Goebbels was a pioneer in spreading fake news, another term with which some have become familiar in recent times, but which have been in our lives for centuries. The difference is that the head of the Nazi propaganda knew how to quickly spread the falsehoods about conspiracies of capitalist Jews trying to attack the Great German Reich to the citizens. One of his greatest manipulation works is found in the Reichstag fire (the German Parliament).

The radio allowed Goebbels to increase indoctrination of the population after nationalizing German radio stations and endowing them with political content. It was not long ago, it must be remembered that thanks to their manipulation work, the Germans came to see the Nuremberg Laws, approved on September 15, 1935, with good eyes. I want to record the power that mass manipulation has to the reader can understand how far the human being can go. These laws included the “Reich Citizenship Law” and the “Law for the Protection of German Blood and Honor” which had articles such as:
Article 1.º
(1) Marriages between Jews and citizens of German or related blood are prohibited. Marriages celebrated in these conditions are void, even if they have been celebrated abroad in order to avoid being reached by this law.
(2) Only the representative of the public prosecutor may file a claim for annulment.
Article 2.
Extramarital carnal trade between Jews and citizens of German or related blood is prohibited.
Article 3. °
Jews may not employ citizens of German blood or related under 45 years of age in their homes.

No medium has had such a significant impact as television in human history. The difference between television and radio is considerable. The advantage of the visual image over radio transmission is that the audible is converted into a visual image with the help of the imagination of the receiving individual, but it is not possible to keep under control what the listener can imagine. With television, the imagination ceases to exist. What you see is reality, or at least that’s how your brain captures it. Television gained strength and entered every home in developed countries over the years.
The vast majority of citizens believe that it is the politicians who set the agenda. The truth is that it is the most powerful media in the country that determine the problems that exist in Spain.
However, there is something that is still more dangerous than televisions: the fusion between political power and media power. Faced with this undeniable reality that we suffer in Spain, television stations decided to obey the institutional message. Few, very few, dared to raise their voices in the face of imminent danger.

In the month of January, while Spain did nothing to prepare for a more than possible pandemic that ravaged our country, the information that was available about this virus was as follows:
– The figures provided by China were known to be false.
– The possibility of being infected and being asymptomatic was a danger and, therefore, the performance of tests was paramount.
– In the absence of a cure, early case detection was essential to isolate the infected and prevent them from spreading the virus.
– The urgent need to wear masks to prevent the spread of the virus.
– The cancellation of flights from China was a key measure to avoid importing cases.
– Disinfection of public transport, stations and places of greater traffic helped to contain the spread of the virus.
– The disease was more serious than some believed at first.
– Everything pointed to the fact that the new coronavirus was less lethal than SARS (this assumption had yet to be confirmed), but nevertheless its contagion capacity was greater.
– The incubation period was 14 days.
The mechanism of resorting to bullying masses has been used throughout history on many occasions. It is not always enough to control the information, in order to eradicate any hint of lucidity in the darkness of ignorance, it requires a group of fans convinced by the cause, who launch themselves against anyone who dares to refute with data the general opinion and spread by the media at the service of political power. How do these bullying masses act? Since ancient times, part of the population has always been used as a purpose of harassment for anyone who left the script marked by the powers that be. First, it must be made clear who the enemy is. Those in charge of targeting is the political power, those in charge of shooting, currently, the media.
It’s nothing new, there are hardly any new things in today’s world, even a pandemic is one of the oldest things that is remembered and, notice, even the solution that we have lived (all locked up and prohibited from leaving) is more typical of medieval times than from a civilized and evolved world.
The power of media manipulation coupled with the bullying masses is brutal as well as enormously practical. Obviously, the 21st century has introduced considerable changes, and one of the most important, without a doubt, has been technology. In the world it is calculated that there are around 7,700 million subscriptions to mobile phones, that is, there are more devices of this type than inhabitants on planet Earth. Therefore, it stands to reason that such violent practices cannot be used because anyone can use their mobile device and record government outrages. If we add to this the social networks, which allow them to be broadcast to the entire world in real time and that this video or photograph reaches billions of citizens, lovers of manipulation must be very careful when putting in practice your harassment of the different.

The era of social networks has carried the exhaustive process of searching for the truth ahead, which no longer seems to matter to anyone, or rather almost no one. Few are the ones who really show interest in finding out, researching and investing part of their time in obtaining the necessary data to be able to forge a minimally respectable opinion. If we add to this the lack of scruples and ethics of the new digital media, the combination is deadly. The degradation of the political and intellectual debate has led to the rise of sensational pamphlets that have found in the most uneducated voter how to spread hate and in turn fill their pockets. Enemies of reason that have turned lying into a way of life. Digital media that lives on deception and manipulation.
Social media has the perfect combination for mass manipulation. Information travels at breakneck speed, the lie is read by millions of users who will never get the denial, the anonymous and ignorant citizen has the support of their own, the message is short and direct, sentimentality triumphs over Reason, and the immediacy that the user pursues makes him want to be informed about extremely complex topics at the touch of tweets or publications of just a few hundred characters. It is difficult to imagine a new information system in which all these aspects are brought together and can allow fallacious discourse to succeed so quickly. Social media is the core of mass manipulation.
Observe the manipulation of language. They call the censors “independent verifiers.” They call the creators of the lie “protectors of the truth.” They call “best possible service” to use you to earn more money. Everything is summed up, once again, in that, in the basic dichotomy of good and bad.
All this process of discredit and censorship, must be done with disguise to prevent the mass from perceiving the reality of social networks and limiting their reach to an already convinced public, so, for the moment, until everyone has the brainwashed, dissent is allowed to express itself to show an image of plurality and freedom.

Many are those who continue to maintain some confidence in these international organizations (WHO), which, at bottom, are still a club of useless bureaucrats full of political interests and managed by powers for their own interests.
Taiwan notified the WHO in writing in December 2019 of the presence of the Wuhan coronavirus and that it was transmitted between humans. The alert was ignored by Tedros Adhanom, because Taiwan is not a member of the WHO because China vetoed its entry due to the political conflicts that they maintain. Taiwan is an example of good management, a small island of 24 million inhabitants and a tremendous population density, which managed to stop Covid-19 thanks to not knowingly relying on information from China and the WHO, taking preventive measures.
The WHO, by contrast, is an example of a legalized mafia financed with taxpayer money. Donald Trump has already announced that he will stop financing the useless and corrupt body. In this line, Germany, France and the United Kingdom have also spoken, which are already taking strategic positions for the new world that we are going to know and that would suppose a new world economic axis that would leave China out of the equation and, of course, to the WHO director. Spain is neither here nor expected.

Mass media boasted that they were reporting correctly, while those of us who alerted to the news that circulated around the world of the Covid-19 and put our hands to our heads in the face of the passivity of the Government were branded as “alarmists” . Ridiculing the messenger and labeling him, once again, was the objective of the media, which, leaning on social networks, sent a false message to the Spanish population, who continued, for the most part, to live outside the coming catastrophe. . The risk of asymptomatic patients was known, the growth of infections was known to be exponential and, of course, it was known that restrictions and controls at airports were essential to prevent the spread of the virus in our country. Despite this, the official message repeated by the spokespeople of the regime was to dismiss as crazy the few who dealt with the subject.
The media change tactics. In Spain there are no longer infected, but positive, a subtle change in language, but much closer to the desired objective of generating tranquility for the population that through social networks begins to glimpse the catastrophe. The social networks of the campaign against the “coronahisteria” are not exempt.
Now the slogan is to divert attention and again they resort to twisting the language, to say that the United States or Russia have more deaths than Spain. It is logical that a country like the United States, whose population is 326 million inhabitants, will have more infected and deaths than Spain. But the comparison in absolute numbers, for anyone who has a minimum of reasoning and does not belong to the abhorred mass, is stupid and absurd. Spain has 591 deaths per million inhabitants, while in the United States the figure is 275. In other words, Spain doubles, I insist, doubles, the United States in victims.

The 21st century should have brought an end to mass manipulation. Access to information is easier than ever and all citizens have the largest library in human history in their pockets (the mobile phone). Neither the lavish and extinct libraries of Alexandria or Imperial Constantinople, nor the current ones, ever had so much information as that which we can acquire from the sofa at home. However, the foolishness of the citizen has made it the opposite and we are wasting that great opportunity.
Spain is undergoing a regime change covered up by the media, those liars who obey the one who pays and who are activists, not journalists.
The confinement has served the Government to corroborate that the Spanish is obedient and to extend the despotic totalitarianism of the new governments that have found a perfect excuse to be able to extend the limits of their power and to enjoy practically absolute powers more characteristic of King Louis XIV of France. A fearful, cowardly, docile and uninformed society allows them to eradicate the remnants of freedom that we have in our country.

Education, a fundamental pillar in this whole process, is another of the points in which Spanish is trapped. Only an uneducated person can be amazed by university degrees, and unfortunately in Spain, many believe that they are people formed and prepared by the mere fact of having studied a university degree.
Accepting the dogmas spread by the disinformation media, public educational institutions and political parties, entails the destruction of a critical society, turning it into a sick and fanatical society prepared for mass manipulation. A situation that already occurred at the beginning of the 20th century under the socialist regimes that took advantage of that situation to eliminate any remnant of individual freedom and gradually cut all the rights of citizens to convert them, as Mussolini said, into a single mass. In that dangerous whirlpool is our society. Furthermore, when Spanish society is deeply uneducated …
Voltaire said that when fanaticism has gangrene the brain, the disease is almost incurable, and to the disgrace of my beloved Spain, I fear that we are experiencing the decline.

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