El Mapa De Los Afectos — Ana Merino / The Map Of Affections by Ana Merino (spanish book edition)

Me costó meterme en la piel de los personajes porque la historia no me interesa gran cosa. O tal vez su pluma no despierta mi curiosidad. En resumidas cuentas, aburrido. Quizás como casi siempre que se otorga un premio a una novela, espero más. Fue premio Nadal 2020.
El libro transcurre en el Medio Oeste norteamericano, donde vive y da clases desde 24 años, y plantea una novela abierta, con criaturas que entran y salen, que aparecen casi episódicamente al final de un capítulo y se adueñan del siguiente, y más tarde, de pasada en apariencia pero con toda la intención del mundo, reaparecen como si vinieran a cerrar enigmas, a completar disfunciones o habitar silencios que habían quedado por ahí, como algo abrupto y a menudo doloroso.

Nos comparte la visión de una catedrática de escritura creativa en Iowa, por un lado ofreciendo su oficio de escritora, por otro el hecho de ser ciudadana del medio oeste americano que será el escenario de la obra. La composición del texto en capítulos prácticamente independientes hace que sea muy fácil de leer a lo que ayuda el maduro uso del lenguaje, la economía de medios superfluos y la enorme base poética de la autora. La trama y los personajes permiten ofrecer un abanico de acciones y escenas donde cabe la vida y la muerte, el horror y la ternura. No es un libro sobre la bondad, más bien sobre la humanidad que contiene siempre un lado de luz y otro de sombra. Tampoco se puede decir que ganen los buenos, en eso se aleja del discurso manido de tanta cultura cinematográfica de masas y se acerca a la vida misma que, a mi criterio, dibuja con delicadeza y precisión. Creo que los lectores reconocerán a los numerosos personajes que les recordaran familiares, amigos o conocidos, además de encontrar en sus gestos o circunstancias vivencias propias similares.

Diana P. y su madre volvieron a casa con Feminismo, y los gatos y los otros dos galgos tuvieron que acostumbrarse a su presencia. Feminismo era un galgo enigmático y bueno al que los gatos siempre contemplaron con desconfianza. Era el más grande de todos, pero estaba tullido de una pata delantera que tenía una herida abierta purulenta y que al final tuvieron que amputarle. Aunque su porte era impresionante, le costaba mucho moverse y no podía correr. Le gustaba tumbarse en el porche y acompañar a la madre de Diana P., que se pasaba las horas trenzando cestas de mimbre. El animal vivió una vejez feliz en aquella granja pese a su desventurada juventud en las carreras y su pata amputada. Y Diana P., como ya había anticipado su progenitora, encontró trabajo en el periódico de la competencia y siguió escribiendo artículos y columnas. Nunca se atrevió a escribir el artículo sobre el falso feminismo”

A Aurora Altano le gustaba pasear por el barrio cuando sus vecinos se desprendían de la materialidad caótica de sus vidas anteriores. Las sacaban en cajas de cartón que solían oler a humedad por el reposo indefinido de las cosas olvidadas en los sótanos. Discos de vinilo, juegos de mesa, jarrones cilíndricos de cristal, medallas y copas que reflejaban la victoria en todo tipo de torneos, ropa pasada de moda, figuritas de cerámica desconchadas que fueron la razón de ser de alguna vitrina, libros de texto, juguetes de plástico viejo, y cómics, muchos cómics de superhéroes, que fueron el tesoro de algún hijo adolescente que ya se habría graduado en la universidad y no los echaba de menos. Como si la madurez implicara olvidarse de los superpoderes que evocaban aquellas páginas llenas de viñetas.
El gesto de todo lo que se vendía era un adiós definitivo a las cosas que un día tuvieron sentido. Para Aurora Altano, el devenir de la existencia humana no podía arrastrar todo el equipaje de los objetos que nos han acompañado, por eso había que desprenderse de ellos.
Las figuritas de cerámica aludían a las abuelas fallecidas, que no habían podido llevárselas a la tumba.

El azar había juntado a Adam con su maestra de preescolar. El curioso trazo de la vida los colocaba en un punto sorprendente del mapa del tiempo y el espacio. En ese reencuentro, en esos abrazos, en las explicaciones, en los recuerdos que evocaban al mirarse había un sedimento de bondad y genuino afecto.
La gente buena tiene un don para irradiar cariño, para producir campos de fuerza donde poder cobijar a los demás, y en parte gracias a esas personas y a la constancia de sus gestos amables, la humanidad todavía no se ha extinguido.

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I had trouble getting into the skin of the characters because the story doesn’t interest me much. Or maybe your pen doesn’t arouse my curiosity. In short, boring. Perhaps as almost always that a prize is awarded to a novel, I expect more. It was Nadal Prize 2020 award.
The book takes place in the North American Midwest, where he lives and teaches for 24 years, and poses an open novel, with creatures that come and go, that appear almost episodically at the end of a chapter and take over the next, and later, in passing in appearance but with all the intention of the world, they reappear as if they were coming to close riddles, to complete dysfunctions or to inhabit silences that had been out there, as something abrupt and often painful.

We share the vision of a professor of creative writing in Iowa, on the one hand offering her job as a writer, on the other the fact of being a citizen of the American Midwest that will be the scene of the work. The composition of the text in practically independent chapters makes it very easy to read which helps the mature use of language, the economy of superfluous media and the author’s enormous poetic base. The plot and the characters allow us to offer a range of actions and scenes where life and death, horror and tenderness fit. It is not a book about goodness, rather about humanity that always contains one side of light and one side of shadow. Nor can it be said that the good guys win, in that it moves away from the discouraged discourse of so much mass cinematographic culture and approaches life itself that, in my opinion, draws delicately and precisely. I believe that readers will recognize the numerous characters that will remind them of family, friends or acquaintances, as well as finding similar experiences in their gestures or circumstances.

Diana P. and her mother returned home with Feminism, and the cats and the other two greyhounds had to get used to their presence. Feminism was an enigmatic and good greyhound that cats always regarded with distrust. He was the greatest of all, but he was crippled with a front leg that had a purulent open wound and that in the end they had to amputate him. Although his bearing was impressive, he had a hard time moving and could not run. He liked to lie on the porch and accompany Diana P.’s mother, who spent hours braiding wicker baskets. The animal lived a happy old age on that farm despite his hapless youth in the races and his amputated leg. And Diana P., as her father had anticipated, found work in the competition newspaper and continued writing articles and columns. He never dared to write the article about false feminism ”

Aurora Altano liked to walk around the neighborhood when her neighbors got rid of the chaotic materiality of their previous lives. They were taken out in cardboard boxes that used to smell damp from the indefinite rest of things forgotten in basements. Vinyl records, board games, cylindrical glass vases, medals and cups that reflected victory in all kinds of tournaments, old-fashioned clothes, chipped ceramic figurines that were the raison d’être of a showcase, textbooks, toys of old plastic, and comics, many superhero comics, which were the treasure of some teenage son who had already graduated from college and did not miss them. As if maturity involves forgetting the super powers that evoked those pages full of bullets.
The gesture of everything that was sold was a definitive goodbye to the things that one day made sense. For Aurora Altano, the evolution of human existence could not drag all the luggage of the objects that have accompanied us, so we had to get rid of them.
The ceramic figurines alluded to the deceased grandmothers, who had not been able to take them to the grave.

Chance had joined Adam with his preschool teacher. The curious trace of life placed them at a surprising point on the map of time and space. In that reunion, in those hugs, in the explanations, in the memories they evoked when looking at each other, there was a sediment of goodness and genuine affection.
Good people have a gift to radiate affection, to produce force fields where they can shelter others, and partly thanks to those people and the constancy of their kind gestures, humanity has not yet died out.

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