El Verdadero Origen De La Iglesia Católico Romana — José Andrés Cervantes López / The True Origin of the Roman Catholic Church by José Andrés Cervantes López (spanish book edition)

Interesante lectura. La mayoría de los que se autodenominan católicos desconocen la acepción de esta palabra, que en griego significa «universal»; mucho menos saben el verdadero origen de los ritos, dogmas y tradiciones de la religión que dicen profesar y que impregna de prácticas rituales la vida social del mundo occidental, rigiendo desde entonces los destinos de toda la América latina y gran parte de la humanidad.
En ese tenor, la Iglesia católico-romana trastoca los diez mandamientos de la Ley de Dios dados a Moisés en el monte Sinaí, ocultando el segundo y sustituyéndolo por uno nuevo, tendencioso y apócrifo. Esto, con el propósito velado de preservar las antiguas religiones politeístas que practicaron las primeras civilizaciones de la humanidad.
Ante la ingenua indiferencia de muchos, la complacencia de millones de feligreses alrededor del mundo y la connivencia de autoridades, la influencia y el poder de la Iglesia romana se deja sentir en todos los ámbitos de la vida comunitaria, principalmente, en los países menos desarrollados.
Lo verdaderamente sorprendente es que la Biblia, en el libro del Apocalipsis, los capítulos 17 y 18 nos revelan la existencia de una entidad que describe a la Iglesia de Roma como «la gran prostituta» que habrá de enfrentar el juicio divino al final de los tiempos.

La Iglesia católico-romana tiene una historia tan antigua como la Ciudad Eterna; se dice que Roma fue fundada en el año 753 a. C. y, desde su fundación, la religión jugó un papel determinante en la organización social y la gobernabilidad política, es decir, en el control de la gente.
Su segundo rey, Numa Pompilio, «el Piadoso», se encargó de organizar el culto de los numerosos dioses, instituyendo un colegio de sacerdotes llamados pontificios, que constituían un puente entre los dioses y los hombres. Entre ellos, el pontífice máximo, el papa de entonces, además de ser el superintendente encargado de preservar a las vírgenes sagradas, denominadas vestales en honor a la diosa Vesta, ejercía como custodio vitalicio de la religión de Estado y, consecuentemente, como la autoridad religiosa más importante.
Los dioses estaban muy ligados al desempeño de las actividades cotidianas y su influencia se hacía sentir desde el mismo día de su nacimiento; los colocaban en el piso para que los recibiera la diosa Terra. Lenona se hacía cargo del niño recién nacido; Cunina lo cuidaba en la cuna; Rumina era la deidad de las tetas; Potina los alimentaba; Penencia los resguardaba de los peligros, etc.
El Panteón romano hoy en día alberga uno de los más elitistas templos católico-romanos, denominado Santa María de los Mártires. Fue el primer edificio pagano de la antigua Roma en ser cristianizado por el papa Bonifacio IV, quien convenció al emperador romano, Focas, para consagrarlo a la Virgen María y a todos los santos el 13 de mayo del año 609.
De lo anteriormente expuesto se puede inferir lo equivocado que resulta denominar «panteones» a los cementerios, aunque esta confusión está de alguna manera justificada. La Iglesia católica romana continuó la antigua costumbre de sepultar a los grandes personajes en sus templos, convirtiéndolos en necrópolis, para que permaneciesen a buen recaudo espiritual «en la casa de todos los dioses».
La antigua religión romana, politeísta por excelencia, que predominó durante la mayor parte de la historia de Roma, toleró en un principio el cristianismo, que se había conformado en Judea (hoy Israel). Este reconocía a un solo Dios verdadero (monoteísta), pero con el tiempo el poder imperial romano lo llegó a combatir despiadadamente.
Constantino I el Grande, en el 313 d. C., firmó junto con el emperador de Oriente, Licinio Valeriano, el llamado Edicto de Milán, oficializando la libertad de cultos. Prepararon el camino para que, algunos años más tarde, se declarara el cristianismo como la religión oficial. Sin embargo, esta cristianización consistió, básicamente, en cambiar las imágenes de los dioses romanos y de los emperadores divinizados por las de los pontífices máximos y supuestos personajes bíblicos, pero conservando siempre sus dioses, sus símbolos y sus tradiciones. De este modo, la religión que había imperado en Roma por más de mil años se hizo llamar cristiana, pero sin convertirse al cristianismo verdaderamente.

Sorprendentemente, este segundo mandamiento de la Ley de Dios ha sido ocultado por la Iglesia católico-romana por más de dos mil años, en virtud de que no está dispuesta a dejar su politeísmo. Este consiste en la adoración de un sinnúmero de imágenes y santos canonizados, además de una gran cantidad de Vírgenes que, según dice, representan a María en sus diferentes advocaciones.
Pero también trastoca el cuarto mandamiento de la Ley de Dios, que dice: «Santificarás el día de reposo», cambiándolo por «santificarás las fiestas», con el fin de adecuarlo a las necesidades de sus celebraciones patronales, que se realizan a la manera de las de los antiguos dioses romanos.
Por último, la Iglesia católico romana se inventa uno nuevo, el noveno mandamiento, que dice: «No consentirás pensamientos ni deseos impuros». Esto lo cometen para que se completen diez, con el fin de borrar nada menos que el segundo mandamiento de la Ley de Dios. Todo esto muy a pesar de la prohibición expresa de la escritura bíblica para quitar o añadir, estipulada en el Deuteronomio y replicada en el libro del Apocalipsis, que dicen:

«No añadiréis a la palabra que yo os mando ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno».
Libro de Deuteronomio, capítulo 4, versículo 2

Resulta de gran importancia considerar que si el monoteísmo, la creencia en un solo Dios verdadero, es el fundamento de la fe cristiana, cuando este se trastoca y se cambia, todo el edificio teológico cristiano se derrumba. Así sucede desde el momento en el que se oculta intencionalmente el segundo mandamiento de la Ley de Dios, inventando uno nuevo para que completen diez. Como ocurre también cada vez que las otras fuentes formales de la Iglesia católica romana (la tradición, las declaraciones de los concilios ecuménicos y de los romanos pontífices) se contraponen a lo estipulado en las Sagradas Escrituras, es decir, a la Biblia, la cual es considerada palabra de Dios. Al resultado de esa contradictoria combinación doctrinal católico-romana no se le puede llamar de ninguna manera cristiana.
A la pregunta de: ¿qué relación tiene la antigua religión romana con la cristiana?, la respuesta contundente es: NINGUNA.
Los romanos siempre estaban dispuestos a aceptar nuevos dioses, pero no a adoptar uno solo, que desechara e invalidara a todos los demás. Esto, a riesgo de derruir todo el edificio teológico romano. Por esta razón, los emperadores rechazaron reiteradamente, primero, el monoteísmo judío y, después, el monoteísmo cristiano, que en esencia se trata del mismo.
Los emperadores romanos, que mucho se complacían con la posibilidad de ser divinizados, tal como lo habían hecho con el mismísimo fundador de Roma, Rómulo, encontraron en la declaración de «un solo dios verdadero» una gran contrariedad para sus propósitos.
La cristianización no asimiló de ninguna manera el conocimiento de las Sagradas Escrituras, ya que la religión católico-romana nunca ha basado sus dogmas en lo asentado en el Antiguo y el Nuevo Testamento, sino en ritos y creencias provenientes tanto de la romana como de otras asimiladas en la antigüedad. De este modo, los emperadores romanos decían profesar la religión cristiana, pero sin conocer ni mucho menos obedecer los preceptos observados en las Sagradas Escrituras.
Prueba de ello es que el mismísimo emperador Teodosio fue deificado al tiempo que conservaban sus tradiciones ancestrales, que consistían en adorar y venerar tanto a la representación del Sol Invicto como a diversidad de imágenes de talla, tal como lo hace la Iglesia católica romana hasta los días que corren.
Los primeros evangelizadores no surgieron de Roma; prueba de ello es que a los discípulos se los llamó cristianos por primera vez en Antioquía (Hechos 11:28). Más de un milenio después, se implementó el adjetivo de «santísimo padre», el cual se remonta al siglo XII, en plena Edad Media.
El agua bendita un invento supuestamente del pontífice Alejandro I, ya se utlizaba en el templo de Apolo. Tiene todas las. características de provenir de un origen pagano (no cristiano).

Se nos ha dicho hasta la saciedad que el papa heredó un trono para gobernar la Iglesia: el de san Pedro. Lo extraño es que en las Sagradas Escrituras nunca se menciona ninguno para los Apóstoles de Cristo, sino al contrario. Jesucristo les dijo claramente que debían comportarse más bien como servidores los unos de los otros cuando disputaban acerca de sus futuras jerarquías (Marcos 9:33 al 35). Los que sí detentaron un «trono» fueron algunas de las deidades más importantes de Roma, como Júpiter, padre de dioses y de hombres y del cual emanaba la autoridad del Estado y el orden social.
A Minerva, diosa de la sabiduría, también se le atribuye uno, desde donde ejercía su poder en el ámbito de su competencia. En Grecia, Hades y Perséfone, soberanos del Inframundo (el primero, dios de la muerte, de la fertilidad y de la abundancia; la segunda, reina de los Infiernos), eran representados juntos sentados en el suyo. Luego, podemos dilucidar que el supuesto trono de san Pedro no es más que una transposición mitológica grecorromana adaptada a la figura del Apóstol Pedro, quien, según la doctrina católica romana, se trata del legatario absoluto de la autoridad pontificia.
Respecto a las llaves de san Pedro, efectivamente: Jesucristo prometió a Simón Pedro, por haber contestado que él era el Mesías y el hijo del Dios viviente, adelantándose a sus condiscípulos, que le daría las llaves del reino de los Cielos (Mateo 16:19). Lo interesante de esta escritura es que, en el contexto bíblico, no se asemejan a las del escudo vaticano, pues, como el caso del Dios bíblico, tampoco se pueden representar. No son ni de níquel ni de bronce, como las que usted utiliza para abrir su casa. Más bien se trata de dos llaves espirituales que en ese momento Pedro no tenía ni era capaz de imaginar, ni tampoco los hechos que habrían de acontecer. Resultan las dos Epístolas Universales de Pedro, en las cuales, de acuerdo a las Sagradas Escrituras, está contenida toda la doctrina necesaria para entrar al reino de los Cielos; pero de ningún modo se le dio a Pedro el monopolio del poder para administrar la entrada a dicho reino, como pretende hacer creer la Iglesia católica romana.
La Cibeles o Magna Mater fue una diosa de origen sirio que llegó a Roma importada de Grecia, siendo sumamente venerada. Sus festejos duraban siete largos días y no resulta casualidad, sino una herencia mitológica. Hoy podemos admirar sus esculturas monumentales tanto en Madrid, de la que es símbolo distintivo, como en la Ciudad de México, tradicionalmente, dos de las capitales «más católicas» del mundo.
Conduciendo una carroza tirada por dos leones, se ve a la diosa impasible y orgullosa, portando una corona persa; sujeta en la mano izquierda, una gigantesca llave, y en la derecha, una especie de azote o disciplina. La corona de la diosa es igual a la del escudo vaticano, excepto porque la del papa se muestra aún más ostentosa, pues reproduce tres. Se puede apreciar que la llave de Cibeles resulta idéntica a las del escudo vaticano.

Por cierto, la palabra «fornicación» proviene del latín fornicus, que significa «arcos»: era el lugar donde se ubicaban las prostitutas en la antigua Roma. Pero lo grave para la ley bíblica consistía en que la prostitución casi siempre estaba relacionada con algún culto pagano, es decir, se practicaba como un acto de servicio y adoración a alguna deidad. De ahí su condena reiterada en las Sagradas Escrituras.

La Iglesia católico-romana no solo inventa sus propios mandamientos, también sus símbolos, ritos iniciáticos y hasta virtudes teologales. Ya no son la fe, la esperanza y el amor, como sugiere el Apóstol Pablo en la Primera Carta a los corintios, capítulo 13, versículo13. Al amor lo sustituye la caridad; a la fe, la esperanza; y a las tres virtudes las festejan como santas, con todo y su día de fiesta el primero de agosto. Además, proponen las cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza, extraídas del capítulo 8, versículo 7 del libro de la Sabiduría de los Deuterocanónicos.
Respecto a la autenticidad y eficacia de sus principales símbolos o señales, resulta casi ocioso comentar que realizar la señal de la cruz de ninguna manera es garantía para obtener la protección o el conocimiento del evangelio de Jesucristo. Este tipo de simbolismos los usaron muy diversas culturas a lo largo de los siglos mucho antes de que Jesús naciera; su origen religioso es pagano11 y, consecuentemente, ajeno a las Sagradas Escrituras.
Los antiguos egipcios, por ejemplo, usaban una cruz ansada o ankh; se trataba de un jeroglífico común en las inscripciones funerarias.
Por cierto, hay un gran parecido entre la manera en la que se sitúa esta sobre la cruz egipcia con la figura redonda que sostiene en cada mano Ishtar, la diosa de los sumerios, de donde muy probablemente procede la primera. Por otra parte, parece plausible que esa figura ovoide y su significado de «la vida que no tiene fin» hayan sido el punto de partida para que John Wallis inventara el símbolo del infinito hace trescientos cincuenta y siete años; semeja más que factible que, con la unión de dos ovoides de la cruz egipcia, se conformara este.
Debido a la gran influencia de la cruz egipcia como representación fundamental para la vida de ultratumba, se la identificó indebidamente, en los primeros siglos del cristianismo, con la cruz del Gólgota, atribuyéndole poderes mágicos.

Tanto la cruz como el crucifijo, como símbolos e imágenes, constituyen un concepto antibíblico que, además de violentar el segundo mandamiento de la Ley de Dios, evoca en general a los amuletos mágicos, tan comunes en las culturas paganas, que analizaremos más adelante.
La Iglesia católico-romana llega al extremo de venerar la cruz, para lo cual se instituyó su día de fiesta el 3 de mayo. Como dice Octavio Paz: «El signo se vuelve objeto», y el objeto, deidad.
Debemos enfatizar que lo importante no es el símbolo de la cruz (o de «cualquier representación», como dice la Biblia), sino el significado del sacrificio de Jesús y lo que su Evangelio dice y ofrece. Para comprender esto, resulta necesario leer las Sagradas Escrituras y conocer la historia bíblica. Por lo tanto, no hay necesidad de colgar cruces o crucifijos, que por sí mismos nada explican.

No hay parte alguna en las Sagradas Escrituras en la que se haga una sola mención sobre la supuesta asunción a los Cielos de la madre de Jesús, ni de su naturaleza divina, ni de su función corredentora. Todo lo contrario: las Sagradas Escrituras nos muestran el verdadero carácter de María, como sierva de Dios.

Salve» es, por cierto, un saludo romano que, equívocamente, se utiliza como verbo cuando dice «Dios te salve, reina y madre». Esto constituye un verdadero despropósito, pues si María ejerce como reina, madre y, además, «abogada nuestra», ¿por qué tendría que ser salvada por Dios? Y repite de nuevo: «¡Dios te salve!». Difiere de la oración modelo que Jesucristo enseñó a sus discípulos, el padrenuestro.
Podemos percibir mucha similitud en la estructura y en el estilo, es decir, en la forma, pero también en el fondo o contenido de las oraciones católicas romanas actuales con las que se rezaban a los antiguos dioses romanos:
En la letanía de los santos, se reza:

«Nosotros, pecadores te rogamos que nos oigas, que nos perdones, que nos seas indulgente, que te dignes conducirnos a verdadera penitencia»; a lo que se contesta reiteradamente: «Te rogamos, Señor».
Pág. 175, El libro de mis oraciones.

Estas prácticas de continua oración por los difuntos tienen como resultado una perenne esclavitud espiritual. La Iglesia católico-romana instituyó el 2 de noviembre desde 998 como el día en que «se reza, se hacen limosnas y se ofrecen misas por los fieles difuntos» (fieles a la Iglesia romana), con el fin de ayudarlos a salir de su proceso de purificación. Según esta doctrina, al morir los fieles, no están limpios del pecado venial, que es poco grave, por lo que permanecen en el Purgatorio.
Para celebrar este acontecimiento, en el México atrasado y rural se tocan las campanas ¡veinticuatro horas continuas! Para honrar a los difuntos, desde el mediodía del primero al dos de noviembre, por ejemplo, en Atltzayanca, Tlaxcala, sin que la autoridad se inmute.
Tampoco resulta una casualidad que esta celebración haya sido promovida por un prominente monje originario de la Galia, fundador de monasterios y famoso por su taumaturgia. ¿Sería también un mago?, o ¿simplemente honraba una vieja tradición del fin de año celta, en la que el 31 de octubre se esperaba la visita de los espíritus de los muertos?, ¿cuál sería su verdadera motivación para invocar a los difuntos?…
El objetivo del mago es el arte de la transformación y, para lograr su correcto desarrollo, entra en contacto con entidades invisibles tales como: dioses, espíritus, duendes, difuntos, etc. Pero en última instancia, la meta del mago consiste en la resurrección de los muertos y la inmortalidad, exactamente lo mismo que ofrece Jesucristo.
Pero surge una pregunta: ¿qué es el misticismo espiritual? Ya comentamos que la palabra «místico» significa «lo oculto». Pero entonces, ¿por qué tanta insistencia en exaltar lo místico por parte de la religión católico-romana, donde se dice que la liturgia sirve para acercar a los creyentes a los misterios?.

Por cierto, «Carmen» deriva del nombre de Carmenta, diosa romana del parto y de la profecía; significa también «oráculo», un equivalente de «adivino». Sin embargo, la Iglesia católica le encontró un origen bíblico; según ella, proviene del monte Carmelo (Hakkarmel, en hebreo), ubicado en Tierra Santa.
La reiterada invocación «por las almas de los difuntos» en las misas y plegarias de la Iglesia católica romana también resulta una herencia del culto a los difuntos que practicaban tanto en Grecia como en Roma. Los manes eran las almas de los fallecidos convertidos en genios tutelares de la familia y de la casa.

La mitología romana nos legó una leyenda, o mejor dicho, una típica historia mitológica romana, respecto al nacimiento de Venus, que refuerza nuestra tesis sobre la verdadera identidad de María:

La ninfa Egeria, que habitaba en las cavernas y que se hizo confidente y compañera de Numa, segundo rey de Roma, a la muerte de este lloró tanto que la diosa Diana se apiadó de ella y la convirtió en fuente de aguas perpetuas. Las ninfas del agua son tres: las oceánides, que habitan en el océano; las nereidas, en el mar profundo; y las náyades, de los cuerpos de agua dulce, como fuentes, pozos, etc. Las oceánidas (con «a») son unas diosas fluviales que gobiernan los ríos y siempre están cuidando de los negocios de la diosa madre de los romanos. Estos númenes permanecen cerca de las sucesoras de la diosa Venus: las Vírgenes católicas romanas.
Por esta razón, cada vez que una Virgen hace una misteriosa aparición, por regla general, ocurre en una gruta, cerca de un pozo de agua dulce, en un río o de plano surge de la espuma del mar; se rememora el nacimiento de la diosa Venus, tal como fue inmortalizada en el Quattrociento italiano.
Esa concha, la de la diosa Venus, es la misma que lleva el sombrero que le endilgaron a Santiago el Mayor. Este, supuestamente, se trata del apóstol que mencionan los Evangelios y de quien idearon un nuevo culto a su persona allá en Galicia (España); ahí, en tiempos de los romanos, se erigía un importante templo de Júpiter. A este apóstol, en atención a los intereses católicos romanos, lo convirtieron en Matamoros porque, supuestamente, mataba a los moros.
La historia de cómo adquirió la concha que porta en su sombrero resulta digna de mención por mostrar el absurdo y lo anacrónico de la fábula que le dio origen: cuenta la leyenda que, después de que Santiago el Apóstol fuera asesinado por el rey Herodes en Judea (como lo relata el libro de los Hechos, cap. 12, versículos 1 y 2), sus dicípulos robaron su cuerpo para que descansase en Galicia, lugar donde había predicado.
Cuando la barca que llevaba su cuerpo se aproximó a un sitio denominado Bouzas, advirtieron que se celebraba una boda. Al participar el novio en alguna difícil competición, en la que tenía que lanzar y atrapar una caña a caballo a todo galope, cayó al agua con todo y cabalgadura, por lo cual lo dieron por ahogado. Pero al aproximarse la embarcación de Santiago, de repente, por obra de un milagro, el novio resurgió del mar sano y salvo, cubierto de conchas hasta el sombrero. ¡Asombroso e increíble prodigio!, motivo por el cual la concha de vieira pasó a ser símbolo de Santiago.
Ahora bien, ¿cómo supieron que sus restos descansan en Santiago de Compostela, ya que falleció en Jerusalén? Después de que sus discípulos lo sepultaran, su cuerpo fue encontrado ocho siglos después de forma portentosa y providencial por un eremita de nombre Pelayo. Este vislumbró unas luces como estrellas en un campo junto a un sepulcro y escuchó unos cánticos, de ahí el nombre Compostela («campo de la stella o de la estrella»). Interrumpió su riguroso silencio eremítico para anunciar, primero, al obispo y, después, al rey Alfonso II su increíble hallazgo. Desde entonces, se proveyó por la necesidad de hacer peregrinaciones para venerar sus reliquias, tomando en cuenta que todo peregrino debe llevar una concha consigo durante el trayecto.

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Interesting reading. Most of those who call themselves Catholics are unaware of the meaning of this word, which in Greek means “universal”; much less know the true origin of the rites, dogmas and traditions of religion that they claim to profess and that permeates the social life of the Western world with ritual practices, since then ruling the destinies of all of Latin America and much of humanity.
In that tenor, the Roman Catholic Church disrupts the ten commandments of the Law of God given to Moses on Mount Sinai, hiding the second and replacing it with a new, biased and apocryphal one. This, with the veiled purpose of preserving the ancient polytheistic religions that practiced the first civilizations of mankind.
Given the naive indifference of many, the complacency of millions of parishioners around the world and the connivance of authorities, the influence and power of the Roman Church is felt in all areas of community life, mainly in less developed countries .
The really surprising thing is that the Bible, in the book of Revelation, chapters 17 and 18 reveal to us the existence of an entity that describes the Church of Rome as “the great prostitute” that will face the divine judgment at the end of the time.

The Catholic-Roman Church has a history as old as the Eternal City; It is said that Rome was founded in 753 BC. C. and, since its foundation, religion played a decisive role in social organization and political governance, that is, in the control of the people.
His second king, Numa Pompilio, “the Pious One”, was in charge of organizing the cult of the numerous gods, establishing a college of priests called pontifical, which constituted a bridge between the gods and men. Among them, the maximum pontiff, the pope of that time, in addition to being the superintendent in charge of preserving the sacred virgins, called vestals in honor of the goddess Vesta, served as the life guardian of the state religion and, consequently, as the authority Most important religious.
The gods were closely linked to the performance of daily activities and their influence was felt from the day of their birth; they were placed on the floor for the goddess Terra to receive. Lenona took care of the newborn child; Cunina looked after him in the crib; Rumina was the deity of the tits; Potina fed them; Penencia protected them from danger, etc.
The Roman Pantheon today houses one of the most elitist Catholic-Roman temples, called Santa Maria de los Mártires. It was the first pagan building in ancient Rome to be Christianized by Pope Boniface IV, who convinced the Roman emperor, Seals, to consecrate it to the Virgin Mary and all saints on May 13, 609.
From the above we can infer how wrong it is to call cemeteries “pantheons”, although this confusion is somehow justified. The Roman Catholic Church continued the ancient custom of burying the great characters in their temples, turning them into a necropolis, so that they remained safely spiritual “in the house of all gods.”
The ancient Roman religion, polytheistic par excellence, which predominated during most of the history of Rome, initially tolerated Christianity, which had been formed in Judea (today Israel). He recognized only one true (monotheistic) God, but over time the Roman imperial power came to fight him mercilessly.
Constantine I the Great, in 313 AD. C., signed together with the Emperor of the East, Licinio Valeriano, the so-called Edict of Milan, formalizing the freedom of worship. They prepared the way for some years later to declare Christianity as the official religion. However, this Christianization consisted, basically, in changing the images of the Roman gods and the divinized emperors with those of the maximum pontiffs and supposed biblical characters, but always retaining their gods, their symbols and their traditions. In this way, the religion that had prevailed in Rome for over a thousand years was called Christian, but without truly converting to Christianity.

Surprisingly, this second commandment of the Law of God has been hidden by the Roman Catholic Church for more than two thousand years, because it is not willing to leave its polytheism. This consists in the adoration of countless images and canonized saints, as well as a large number of Virgins who, he says, represent Mary in her different advocations.
But it also disrupts the fourth commandment of the Law of God, which says: «You will sanctify the Sabbath», changing it to «sanctify the holidays», in order to adapt it to the needs of its patron celebrations, which are carried out in the manner of those of the ancient Roman gods.
Finally, the Roman Catholic Church invents a new one, the ninth commandment, which says: “You will not consent to impure thoughts or desires.” This is committed so that ten are completed, in order to erase nothing less than the second commandment of the Law of God. All this very much despite the express prohibition of biblical writing to remove or add, stipulated in Deuteronomy and replicated in the book of Revelation, which say:

“You shall not add to the word that I command you nor diminish from it, so that you may keep the commandments of Jehovah your God that I command you.”
Book of Deuteronomy, chapter 4, verse 2

It is of great importance to consider that if monotheism, the belief in only one true God, is the foundation of the Christian faith, when it is disrupted and changed, the entire Christian theological building collapses. This is the case from the moment when the second commandment of the Law of God is intentionally hidden, inventing a new one to complete ten. As also happens every time the other formal sources of the Roman Catholic Church (the tradition, the declarations of the ecumenical councils and the Roman pontiffs) contradict the provisions of the Holy Scriptures, that is, the Bible, which It is considered the word of God. The result of that contradictory Catholic-Roman doctrinal combination cannot be called in any Christian way.
To the question of: what is the relationship between the ancient Roman religion and the Christian religion? The blunt answer is: NONE.
The Romans were always willing to accept new gods, but not to adopt only one, that would discard and invalidate all others. This, at the risk of demolishing the entire Roman theological building. For this reason, the emperors repeatedly rejected, first, Jewish monotheism and, later, Christian monotheism, which in essence is about it.
The Roman emperors, who were very pleased with the possibility of being divinized, just as they had done with the very founder of Rome, Romulus, found in the declaration of “one true god” a great contradiction to their purposes.
Christianization did not assimilate in any way the knowledge of the Holy Scriptures, since the Catholic-Roman religion has never based its dogmas on what is established in the Old and New Testaments, but on rites and beliefs from both the Roman and other assimilated in antiquity. In this way, the Roman emperors said they professed the Christian religion, but without knowing much less obeying the precepts observed in the Holy Scriptures.
Proof of this is that the Emperor Theodosius himself was deified while preserving their ancestral traditions, which consisted of worshiping and venerating both the representation of the Undefeated Sun and a diversity of images of stature, as does the Roman Catholic Church until running days
The first evangelizers did not arise from Rome; Proof of this is that the disciples were first called Christians in Antioch (Acts 11:28). More than a millennium later, the adjective “Holy Father” was implemented, which dates back to the twelfth century, in the middle of the Middle Ages.
The holy water an invention supposedly of the pontiff Alexander I, was already used in the temple of Apollo. It has all. characteristics of coming from a pagan (non-Christian) origin.

We have been told to the full that the Pope inherited a throne to rule the Church: that of St. Peter. The strange thing is that in the Sacred Scriptures none is ever mentioned for the Apostles of Christ, but on the contrary. Jesus Christ told them clearly that they should behave rather like servants of one another when they disputed about their future hierarchies (Mark 9:33 to 35). Those who did hold a “throne” were some of the most important deities in Rome, such as Jupiter, father of gods and men and from which emanated the authority of the State and the social order.
Minerva, goddess of wisdom, is also credited with one, from where she exercised her power in the area of her competence. In Greece, Hades and Persephone, rulers of the Underworld (the first, god of death, fertility and abundance; the second, queen of Hell), were represented together sitting in his. Then, we can elucidate that the supposed throne of St. Peter is nothing more than a Greco-Roman mythological transposition adapted to the figure of the Apostle Peter, who, according to Roman Catholic doctrine, is the absolute legatee of the papal authority.
Regarding the keys of St. Peter, indeed: Jesus Christ promised Simon Peter, for having replied that he was the Messiah and the son of the living God, anticipating his fellow disciples, that he would give him the keys of the kingdom of Heaven (Matthew 16: 19). The interesting thing about this writing is that, in the biblical context, they do not resemble those of the Vatican shield, because, as in the case of the biblical God, they cannot be represented either. They are neither nickel nor bronze, like the ones you use to open your home. Rather, these are two spiritual keys that at that time Peter did not have, nor was he able to imagine, nor the events that were to happen. The two Universal Epistles of Peter result, in which, according to the Holy Scriptures, all the doctrine necessary to enter the kingdom of Heaven is contained; but in no way was Peter given the monopoly of power to administer the entrance to that kingdom, as the Roman Catholic Church intends to believe.
The Cibeles or Magna Mater was a goddess of Syrian origin who arrived in Rome imported from Greece, being highly revered. Their celebrations lasted seven long days and it is no accident, but a mythological inheritance. Today we can admire his monumental sculptures both in Madrid, which is a distinctive symbol, and in Mexico City, traditionally, two of the “most Catholic” capitals in the world.
Driving a float pulled by two lions, the impassive and proud goddess is seen, wearing a Persian crown; held in the left hand, a gigantic key, and in the right, a kind of scourge or discipline. The crown of the goddess is equal to that of the Vatican shield, except that the pope’s is even more ostentatious, because it reproduces three. It can be seen that the Cibeles key is identical to those of the Vatican shield.

By the way, the word “fornication” comes from the Latin fornicus, which means “arches”: it was the place where prostitutes were located in ancient Rome. But the serious thing for the biblical law was that prostitution was almost always related to some pagan cult, that is, it was practiced as an act of service and worship of some deity. Hence his repeated condemnation in the Holy Scriptures.

The Roman Catholic Church not only invents its own commandments, its symbols, initiation rites and even theological virtues. They are no longer faith, hope and love, as the Apostle Paul suggests in the First Letter to the Corinthians, chapter 13, verse13. Love is replaced by charity; to faith, hope; and to the three virtues they celebrate them as saints, with everything and their holiday on the first of August. In addition, they propose the cardinals: prudence, justice, strength and temperance, taken from chapter 8, verse 7 of the book of Wisdom of the Deuterocanonics.
Regarding the authenticity and effectiveness of its main symbols or signs, it is almost idle to comment that making the sign of the cross is in no way a guarantee to obtain the protection or knowledge of the gospel of Jesus Christ. These types of symbolisms were used by many different cultures throughout the centuries long before Jesus was born; its religious origin is pagan11 and, consequently, oblivious to the Holy Scriptures.
The ancient Egyptians, for example, used a thick cross or ankh; It was a common hieroglyph in funeral inscriptions.
By the way, there is a great resemblance between the way in which this is situated on the Egyptian cross with the round figure that Ishtar, the goddess of the Sumerians, holds in each hand, where the first one most likely comes from. On the other hand, it seems plausible that this ovoid figure and its meaning of “life that has no end” were the starting point for John Wallis to invent the infinity symbol three hundred and fifty-seven years ago; it seems more than feasible that, with the union of two ovoids of the Egyptian cross, this will be formed.
Due to the great influence of the Egyptian cross as a fundamental representation for the afterlife, it was unduly identified, in the first centuries of Christianity, with the cross of Golgotha, attributing magical powers.

Both the cross and the crucifix, as symbols and images, constitute an unbiblical concept that, in addition to violating the second commandment of the Law of God, evokes in general the magical amulets, so common in pagan cultures, which we will analyze later.
The Roman Catholic Church reaches the point of venerating the cross, for which its holiday was instituted on May 3. As Octavio Paz says: «The sign becomes an object», and the object, deity.
We must emphasize that the important thing is not the symbol of the cross (or “any representation,” as the Bible says), but the meaning of Jesus’ sacrifice and what his Gospel says and offers. To understand this, it is necessary to read the Holy Scriptures and know the biblical story. Therefore, there is no need to hang crosses or crucifixes, which by themselves explain nothing.

There is no part in the Sacred Scriptures in which only one mention is made of the supposed assumption to the Heavens of the mother of Jesus, of her divine nature, or of her co-redemptive function. On the contrary: the Holy Scriptures show us the true character of Mary, as a servant of God.

Hail »is, by the way, a Roman greeting that, equivocally, is used as a verb when it says” God save you, queen and mother. ” This constitutes a true nonsense, because if Mary acts as queen, mother and, in addition, “our lawyer,” why would she have to be saved by God? And repeat again: “God save you!” It differs from the model prayer that Jesus Christ taught to his disciples, the Our Father.
We can perceive much similarity in structure and style, that is, in form, but also in the background or content of the current Roman Catholic prayers with which they prayed to the ancient Roman gods:
In the litany of the saints, it is said:

“We sinners beg you to listen to us, to forgive us, to be forgiving us, to deign to lead us to true penance”; to which he answers repeatedly: “We beg you, Lord.”
Page 175, The book of my prayers.

These practices of continuous prayer for the dead result in a perennial spiritual slavery. The Catholic-Roman Church instituted on November 2 since 998 as the day that “they pray, alms are made and masses are offered for the faithful departed” (faithful to the Roman Church), in order to help them out of their purification process According to this doctrine, when the faithful die, they are not clean of venial sin, which is not very serious, so they remain in Purgatory.
To celebrate this event, bells are played in backward and rural Mexico, twenty-four hours continuously! To honor the deceased, from noon from the first to the two of November, for example, in Atltzayanca, Tlaxcala, without the authority being immuted.
Nor is it a coincidence that this celebration was promoted by a prominent monk from Gaul, founder of monasteries and famous for his thaumaturgy. Would he also be a magician? Or did he simply honor an old tradition of the end of the Celtic year, in which the visit of the spirits of the dead was expected on October 31? What would be his real motivation to invoke the dead? ? …
The objective of the magician is the art of transformation and, in order to achieve its correct development, he comes into contact with invisible entities such as: gods, spirits, goblins, deceased, etc. But ultimately, the magician’s goal is the resurrection of the dead and immortality, exactly the same as Jesus Christ offers.
But a question arises: what is spiritual mysticism? We have already commented that the word “mystic” means “the hidden.” But then, why such insistence on exalting the mystical on the part of the Roman Catholic religion, where it is said that the liturgy serves to bring believers closer to mysteries?.

By the way, “Carmen” derives from the name of Carmenta, Roman goddess of childbirth and prophecy; it also means “oracle,” an equivalent of “fortune teller.” However, the Catholic Church found a biblical origin; According to her, it comes from Mount Carmel (Hakkarmel, in Hebrew), located in the Holy Land.
The repeated invocation “for the souls of the dead” in the masses and prayers of the Roman Catholic Church is also an inheritance of the cult of the deceased who practiced both in Greece and in Rome. The manes were the souls of the deceased turned into guardian geniuses of the family and the house.

Roman mythology bequeathed us a legend, or rather, a typical Roman mythological story, regarding the birth of Venus, which reinforces our thesis on the true identity of Mary:

The nymph Egeria, who lived in the caverns and who became confidant and companion of Numa, second king of Rome, to the death of this one cried so much that the goddess Diana took pity on her and made her a source of perpetual waters. The water nymphs are three: the oceánides, that inhabit the ocean; the nereids, in the deep sea; and naiades, of freshwater bodies, such as fountains, wells, etc. The oceánidas (with “a”) are river goddesses that govern the rivers and are always taking care of the business of the Roman mother goddess. These numbers remain close to the successors of the goddess Venus: the Roman Catholic Virgins.
For this reason, every time a Virgin makes a mysterious appearance, as a rule, it occurs in a grotto, near a well of fresh water, in a river or plane emerges from the foam of the sea; the birth of the goddess Venus is remembered, as it was immortalized in the Italian Quattrociento.
That shell, that of the goddess Venus, is the same one that wears the hat that Santiago el Mayor was dubbed. This, supposedly, is about the apostle mentioned in the Gospels and who devised a new cult of his person there in Galicia (Spain); there, in Roman times, an important temple of Jupiter was erected. This apostle, in attention to Roman Catholic interests, was turned into Matamoros because, supposedly, he killed the Moors.
The story of how he acquired the shell he wears in his hat is noteworthy for showing the absurd and anachronistic fable that gave rise to it: the legend tells that, after Santiago the Apostle was killed by King Herod in Judea (As the book of Acts, chap. 12, verses 1 and 2 tells), his disciples stole his body to rest in Galicia, where he had preached.
When the boat carrying his body approached a place called Bouzas, they noticed that a wedding was taking place. When the boyfriend participated in some difficult competition, in which he had to throw and catch a cane on horseback at full gallop, he fell into the water with everything and riding, so they took him for drowned. But when Santiago’s boat approached, suddenly, by work of a miracle, the groom resurfaced from the safe and sound sea, covered with shells to the hat. Amazing and incredible prodigy !, which is why the scallop shell became a symbol of Santiago.
Now, how did you know that his remains rest in Santiago de Compostela, since he died in Jerusalem? After his disciples buried him, his body was found eight centuries later in a portentous and providential way by a hermit named Pelayo. He glimpsed lights like stars in a field next to a sepulcher and heard some songs, hence the name Compostela (“stella or star field”). He interrupted his rigorous hermitic silence to announce, first, to the bishop and then to King Alfonso II his incredible discovery. Since then, it was provided by the need to make pilgrimages to venerate his relics, taking into account that every pilgrim must carry a shell with him during the journey.

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