Objetos Malditos. Guía De Juguetes Del Mal Y Lugares Condenados — Javier Arries / Cursed Objects. Guide of Evil Toys and Condemned Places by Javier Arries (spanish book edition)

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Interesante libro. Tiene bastantes historias que ya conocía y otras historias que no me sonaban en absoluto.
Para la gente que critica el libro porque ver que esta poco documentado, andáis bastante equivocados porque si que el libro esta bastante documentado.
Muñecos, sillones, piedras preciosas y casas malditas que nos muestran el mal en su esencia más pura. Un gran trabajo de documentación y recopilación por parte del autor, que nos regala uno de esos libros que te hacen ver las «cosas» de otra manera.

En el Renacimiento se desarrolló lo que se conocía como Magia Natural, a la que contribuyeron autores como Paracelso o Agrippa. Según los axiomas de la misma, cada objeto, cada material está regido por fuerzas invisibles, aunque naturales, que actúan sobre los organismos vivos, algunos de forma favorable, otros de forma perjudicial. En el caso del mundo mineral, por ejemplo, los lapidarios medievales recogían todo tipo de tradiciones y leyendas asociadas a gemas y minerales. A cada uno se le atribuían determinadas propiedades, incluso medicinales. Pero de otros se recomendaba no usarlos o hacerlo para perjuicio de otros porque se les suponían propiedades peligrosas para el ser humano. Un ejemplo de este tipo de objetos de los que estamos hablando son por ejemplo los ópalos, una gema a la que persigue la mala fama de traer mala suerte a sus portadores. Esmeraldas y perlas también tienen mala fama. Y muchos creen que ejercen una influencia perniciosa.

Muñecos y muñecas son algo tan antiguo como el ser humano. Los arqueólogos los han descubierto en Egipto. Entre los restos arqueológicos han aparecido muñecas de madera del siglo XXI a. C., consideradas por algunos como los juguetes más antiguos conocidos. En Roma y en Grecia existían muñecas articuladas que podían cambiar de postura, e incluso títeres con hilos para contribuir al entretenimiento de los más pequeños. Se hacían de los más diversos materiales: de marfil, de madera de boj, de trapo, de cera, de yeso. Y acompañaban a las niñas hasta el día de su boda, momento en el que iban al templo de Venus, donde las colgaban como ofrenda. Las casas de muñecas tampoco son una invención reciente y se pueden rastrear hasta al menos los primeros tiempos del cristianismo.
Pero a menudo las muñecas desempeñan un papel más importante que el del mero entretenimiento. A veces son algo más que juguetes. En algunas ocasiones, la muñeca actúa como recipiente, como receptáculo de espíritus malignos. Así es, por ejemplo, en la fiesta japonesa de Hina Matsuri, que literalmente significa «festival de las muñecas». Esta fiesta tiene lugar el 3 de marzo y antiguamente se celebraba en el tercer mes lunar. Una costumbre ancestral para librarse de malos espíritus era depositarlos en muñecas de papel o de otros materiales y desembarazarse de ellas arrojándolas a un río o al mar. Las muñecas son una trampa, una cárcel para atrapar espíritus dañinos.

Esa visión mágica de la muñeca como cuerpo artificial que sustituye al cuerpo físico, como receptáculo de fuerzas sobrenaturales y sombras de muertos, es la misma que la ha convertido en uno de los instrumentos más populares de la hechicería. Son los objetos malditos más antiguos que se conocen. Popularmente se las llama de forma errónea «muñecas vudú». Ya vimos en el capítulo anterior que no son exclusivas, ni siquiera características, del vudú ni de ninguna otra religión afrocaribeña. Hemos visto que se usaban en el antiguo Egipto, en Grecia, en Roma, en toda Europa. Entre los magos y brujos, las muñecas que se emplean en hechicería se conocen como dágidas, palabra derivada del griego dagos, «muñeca». También se las denomina volt, del latín vultus, «rostro», o voult, vocablo derivado del francés envouter, cuyo significado no es otro que «hechizar».
Los amantes del cine de terror probablemente conocerán una cinta de este género titulada Annabelle. La protagonista indirecta de este film es una muñeca de inquietante aspecto que alberga el espíritu de una joven satanista que tiempo atrás se había suicidado mientras sostenía a la muñeca. Lo que quizá muchos espectadores no sepan es que la terrorífica muñeca de esta película se basa en una muñeca real, una muñeca encerrada en una urna de madera con cristal a través del cual se la puede contemplar en el Museo Familiar de los Warren, célebre matrimonio de parapsicólogos que se encontraron con ella en 1970 en el transcurso de una investigación que ha llenado páginas de libros, periódicos y revistas desde que en 1980 el caso de Annabelle fuera descrito en la obra de Gerald Brittle The Demonologist: The Extraordinary Career of Ed and Lorraine Warren, que repasaba la carrera como parapsicólogos de los Warren.
Mandy es una muñeca de porcelana fabricada entre 1910 y 1920, quizá en Inglaterra o en Alemania; no se ha podido determinar de manera exacta su origen. En 1991 fue donada al Museo Quesnel de Canadá, en la Columbia Británica. Según informa el propio museo, la muñeca ya les llegó en mal estado, con la cabeza agrietada, desperfectos en el cuerpo y la ropa sucia. La historia de cómo Mandy llegó al museo se popularizó en la localidad gracias a un artículo aparecido el 25 de enero de 1995 en el Quesnel Advocate, un diario local. A raíz de aquel artículo, un centenar de personas fueron a visitar a la muñeca, y a partir de entonces su fama ha ido creciendo día tras día.
Según la encargada del museo, Ruth Stubbs, la mujer que se la entregó quería deshacerse de ella a toda costa, y mostraba una repulsa hacia la muñeca que le llamó la atención. En un primer momento dijo que la muñeca pertenecía a su abuela, y que la entregaba porque no quería que su hija jugara con una muñeca tan deteriorada. La propia Ruth no podía dejar de sentir cierta repulsa…

Son muchos los cuadros y las obras de arte que llevan asociada una leyenda, una historia que habla de vida en su interior, de cómo sus figuras nos miran, nos siguen, nos observan desde su balcón a otro mundo, a otro tiempo. El autor recuerda, por ejemplo, como si fuera ayer cierta visita cuando era un niño al Real Monasterio de Santa María de Guadalupe en la provincia de Cáceres. En una de las paredes de la Sacristía del monasterio está colgado cierto retrato pintado por el genial Francisco de Zurbarán. Es un cuadro de 1639, de y grandes proporciones, 235 cm de ancho por 290 cm de alto. El personaje que contempla a los visitantes desde el lienzo es fray Gonzalo de Illescas, el que fuera obispo de Córdoba. Pero la gente sencilla le conoce de otro modo. Le llaman «el guardián de la Sacristía», porque allá donde te muevas fray Gonzalo te sigue con la mirada y no te deja, atento a cada uno de tus pasos y de tus movimientos. Y no hay visitante al que no se le explique la historia y que, al igual que el niño que fui, no haga amagos para moverse de un lado a otro de la sacristía para tratar de escapar de la vigilante mirada del guardián… sin éxito. A muchos les da la sensación de que algo del fraile está allí, en el cuadro. Y el gesto, la mirada fija de fray Gonzalo es seria, austera, adusta y sobria, reprendedora como la de un maestro de gesto severo y riguroso, pero al menos no te maldice… creo.

Hay gemas y minerales que tienen una fama siniestra, como si en ellos residiera una sombra maligna capaz de atraer todo tipo de desgracias a aquellos que tienen la mala fortuna de tropezar con ellas. En el imaginario popular y mágico estas gemas actúan como fetiches naturales donde reside, invisible, una fuerza tan tóxica para la parte invisible del ser humano como el veneno de una cobra para el cuerpo. Y a menudo estas joyas, a las que la tradición atribuye esa esencia maligna capaz de traer discordia, ruina e incluso muerte, son gemas especialmente hermosas, como si esa belleza fuera una trampa mortal capaz de encantar a los que la miran. Tal es el caso de las perlas, aunque éstas, a decir verdad, no son minerales, sino excrecencias de origen animal; o los ópalos; o las hermosas y fascinantes esmeraldas que brillan con esa deslumbrante luz verde, y a la que muchos atribuyen todo tipo de tragedias y desgracias.
Pero hay joyas con nombre y apellidos que, además de ser de tal o de cual tipo de mineral, han nacido con fama de arrastrar una maldición consigo que ha consumido a aquellos que las han poseído o han estado de una u otra forma en contacto con ellas. En algunos casos la maldición es la consecuencia de un robo sacrílego. Esto es común en la mayoría de los diamantes procedentes de la India, por ejemplo, que a menudo son arrebatados de ídolos que representan a deidades hindúes; robo blasfemo que da comienzo a una serie de desgracias. En otros casos, como en del ópalo de Alfonso XII, la piedra ha sido maldecida adrede con el fin de matar a los que la lleven.
Cada año nada menos que seis millones de visitantes y curiosos que se detienen fascinados y a veces con cierto reverente temor ante una joya a la que rodea un aura de misterio mortal y maléfico… Nos referimos al Diamante Azul, el diamante Hope, que ostenta orgulloso el título de «el diamante más famoso del mundo».
La belleza de esta joya es directamente proporcional a la siniestra fama que le precede. A lo largo del tiempo ha recibido diferentes nombres, todos ellos muy sugerentes, todos ellos muy alejados de su siniestra reputación, hasta rayar en una ironía macabra… Diamante Azul, joya de la esperanza, joya del mar… Son casi 46 quilates, 45,52 para ser exactos; algo más de nueve gramos de diamante teñidos de un azul marino espectacular debido a sus impurezas de boro; y que bajo luz ultravioleta despide una extraña fosforescencia de tonos rojizos que asombra a los expertos que lo han estudiado.

El bosque de los suicidios
Aokigahara, el Mar de Árboles, así lo llaman. 35 kilómetros cuadrados de árboles quietos, silenciosos, oscuros, a los pies del monte Fuji en Japón. El Fuji es también un poderoso volcán. Dos torrentes de lava procedentes de la montaña sagrada, un lecho de roca volcánica…, ése es el suelo sobre el que ha crecido este bosque milenario donde no se oye el viento porque no puede penetrar en esa maraña de cipreses japoneses y pinos rojos. Dice la leyenda que los depósitos de hierro magnetizado de la roca hacen que ni brújulas ni GPS funcionen debidamente, y por eso es fácil que los viajeros se pierdan. Es este sombrío bosque un lugar que visitan muchos turistas a lo largo del año.

La casa que mata
La lista de lugares a los que se les supone una influencia nefasta, sobre los que se alza una maldición terrible, a menudo mortal, es interminable; pero hay sitios que se llevan la palma. Y uno de ellos es sin duda Ca’ Dario, o el Palazzo Dario, un palacio veneciano al que los habitantes de «La Serenísima», como llaman a la hermosa ciudad de los canales, denominan «la casa que mata».

La isla de los muertos
No podemos irnos de Venecia sin visitar la isla maldita, la isla de Poveglia, en la Laguna veneciana. Desde el siglo V la isla estuvo densamente poblada por gente que vivía en la costa y huía de las invasiones bárbaras. Con el tiempo la isla prosperó hasta la irrupción de la peste en el siglo XVI. En otra isla, la del Lazzaretto Nuovo, se construyó un hospital en el que se internaba a los que parecían haberse contagiado. Pero la de Poveglia, de apenas siete hectáreas, fue usada, y esto se repite hasta la saciedad en libros y páginas de internet, para amontonar los cadáveres que la peste negra iba dejando. Afirman los autores de tales textos que a veces las víctimas ni siquiera estaban muertas. Tanto los fallecidos como los sospechosos de haber contraído la terrible enfermedad eran dejados en las islas. Moribundos y cadáveres eran enterrados en enormes fosas comunes y eran quemados. Y al final empezó a ser conocida, dicen, como la isla de los muertos. Hay quien asegura que hasta un millón de personas murieron o fueron enterradas allí…, o ambas cosas.
Los autores que han dado pábulo a la leyenda negra de la isla aseguran que la cantidad de cenizas y huesos es tal que forman parte de la mitad del suelo de la isla, y que los pescadores venecianos la evitan por miedo a que entre sus aparejos de pesca en lugar de peces aparezcan huesos y restos humanos.

Madrid también cuenta con una «casa maldita», un bloque de tres plantas y piso bajo situado en el número 3 de la calle Antonio Grilo. La fama siniestra del edificio puede rastrearse hasta 1945. Vivía entonces en el primero derecha Felipe de la Breña Marcos, de cuarenta y ocho años, camisero de profesión. El día 8 de mayo encontraron su cadáver. Alguien le había asestado un golpe mortal con un candelabro, presuntamente para robarle. Llevaba cinco días muerto y aferraba un mechón de pelo, presumiblemente de su atacante, pero el crimen nunca se resolvió. La noticia apareció en la sección de sucesos del diario ABC.
La desgracia volvió a abatirse sobre el bloque el 2 de mayo de 1962.

La creencia en maldiciones, como todo lo que tiene que ver con los sustratos más profundos de nuestra psique, toma nuevas y proteicas formas, e incluso se vincula a nuestra aséptica tecnología. No hace mucho, me sorprendió ver un anuncio en eBay en el que se vendía un ordenador portátil maldito, según aseguraba el vendedor. Afirmaba en el anuncio que aparecían mensajes extraños en archivos que se creaban misteriosamente. Lo cierto es que cualquiera con unos mínimos conocimientos de programación podría simular este tipo de efectos. Pero lo realmente interesante es el hecho de que ni siquiera lo tecnológico se libra de ser objeto de maldiciones.
Y es que nada escapa al poder de la maldición, ni siquiera los teléfonos móviles.
Aún más sorprendente es encontrarse con una línea de teléfono móvil maldita. ¡Pues existe! Todos los abonados de la línea 359 888 888 888, que corresponde a Bulgaria, han fallecido de muerte violenta en el transcurso de diez años. Eso aseguran desde Mobiltel EAD, la empresa de aquel país que gestiona el número de marras, y la prensa que se ha hecho eco de tan singular noticia.
En los próximos años incluso es fácil que asistamos a la proliferación de aparatos y tecnología «malditos», del mismo modo que el televisor, la radio o las grabadoras acabaron convirtiéndose en medios de la llamada transcomunicación instrumental en el ámbito de la parapsicología. Estoy convencido de que seguirán surgiendo en la prensa o en portales como eBay todo tipo de objetos malditos «tradicionales», como muñecas, pinturas o muebles; pero tampoco me cabe duda de que asistiremos también al nacimiento de una nueva generación, por decirlo así, de maldiciones asociadas a la tecnología y a los nuevos tiempos. El pensamiento mágico no entiende de razones, irrumpe en nuestro mundo tecnológico adaptándose a él porque nos es innato.

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Interesting book. It has quite a few stories that I already knew and other stories that didn’t sound to me at all.
For the people who criticize the book because they see that it is poorly documented, you are quite wrong because the book is quite documented.
Dolls, armchairs, precious stones and damn houses that show us evil in its purest essence. A great work of documentation and compilation by the author, which gives us one of those books that make you see the «things» in another way.

During the Renaissance, what was known as Natural Magic was developed, to which authors such as Paracelsus or Agrippa contributed. According to its axioms, each object, each material is governed by invisible, though natural, forces that act on living organisms, some in a favorable way, others in a harmful way. In the case of the mineral world, for example, medieval lapidaries collected all kinds of traditions and legends associated with gems and minerals. Each one was attributed certain properties, including medicinal. But others recommended not using them or doing so to the detriment of others because they were supposed to be dangerous properties for the human being. An example of this type of objects that we are talking about are, for example, opals, a gem that the bad reputation of bringing bad luck to its bearers pursues. Emeralds and pearls also have a bad reputation. And many believe that they exert a pernicious influence.

Dolls and dolls are something as old as the human being. Archaeologists have discovered them in Egypt. Among the archaeological remains have appeared wooden dolls of the 21st century BC. C., considered by some to be the oldest known toys. In Rome and in Greece there were articulated dolls that could change positions, and even puppets with threads to contribute to the children’s entertainment. They were made of the most diverse materials: ivory, boxwood, rag, wax, plaster. And they accompanied the girls until their wedding day, at which time they went to the temple of Venus, where they hung them as an offering. Doll houses are also not a recent invention and can be traced to at least the early days of Christianity.
But dolls often play a more important role than mere entertainment. Sometimes they are more than toys. On some occasions, the doll acts as a vessel, as a receptacle for evil spirits. So it is, for example, at the Japanese party of Hina Matsuri, which literally means «doll festival.» This party takes place on March 3 and was formerly celebrated in the third lunar month. An ancestral custom to get rid of evil spirits was to deposit them in paper dolls or other materials and get rid of them by throwing them into a river or the sea. Dolls are a trap, a prison to catch harmful spirits.

That magical vision of the doll as an artificial body that replaces the physical body, as a receptacle of supernatural forces and shadows of the dead, is the same that has made it one of the most popular instruments of sorcery. They are the oldest cursed objects known. They are popularly called «voodoo dolls.» We saw in the previous chapter that they are not exclusive, or even characteristic, of voodoo or any other Afro-Caribbean religion. We have seen that they were used in ancient Egypt, in Greece, in Rome, throughout Europe. Among wizards and sorcerers, dolls used in sorcery are known as dágidas, word derived from the Greek dagos, «doll.» They are also called volt, from the Latin vultus, «face,» or voult, a word derived from the French envouter, whose meaning is none other than «spell.»
Horror movie lovers will probably meet a film of this genre titled Annabelle. The indirect protagonist of this film is a disturbing-looking doll that houses the spirit of a young Satanist who had long ago committed suicide while holding the doll. What many viewers may not know is that the terrifying doll of this film is based on a real doll, a doll enclosed in a wooden urn with glass through which it can be seen in the Warren Family Museum, celebrated marriage of parapsychologists who met her in 1970 during an investigation that has filled pages of books, newspapers and magazines since in 1980 Annabelle’s case was described in Gerald Brittle’s work The Demonologist: The Extraordinary Career of Ed and Lorraine Warren, who reviewed the career as parapsychologists of the Warren.
Mandy is a porcelain doll made between 1910 and 1920, perhaps in England or Germany; its origin could not be determined exactly. In 1991 it was donated to the Quesnel Museum of Canada, in British Columbia. According to the museum itself, the doll already arrived in disrepair, with a cracked head, damage to the body and dirty clothes. The story of how Mandy arrived at the museum became popular in the town thanks to an article appeared on January 25, 1995 in the Quesnel Advocate, a local newspaper. Following that article, a hundred people went to visit the doll, and since then his fame has been growing day after day.
According to the museum manager, Ruth Stubbs, the woman who handed it to her wanted to get rid of her at all costs, and showed a repulsion towards the wrist that caught her attention. At first he said that the doll belonged to his grandmother, and that he delivered it because he did not want his daughter to play with such a damaged doll. Ruth herself could not help feeling a certain repulsion …

There are many paintings and works of art that are associated with a legend, a story that speaks of life inside, how his figures look at us, follow us, observe us from their balcony to another world, at another time. The author remembers, for example, as if it were a certain visit yesterday when he was a child at the Royal Monastery of Santa María de Guadalupe in the province of Cáceres. On one of the walls of the Sacristy of the monastery there is a certain portrait painted by the great Francisco de Zurbarán. It is a picture of 1639, of great proportions, 235 cm wide by 290 cm high. The character who contemplates visitors from the canvas is Fray Gonzalo de Illescas, who was Bishop of Córdoba. But simple people know him differently. They call him «the guardian of the Sacristy,» because wherever you move, Brother Gonzalo follows you with his eyes and does not leave you, attentive to each one of your steps and your movements. And there is no visitor to whom the story is not explained and who, like the child I was, does not wander to move from one side of the sacristy to try to escape from the watchful look of the guardian … without success. Many people feel that something of the friar is there, in the picture. And the gesture, the gaze of Fray Gonzalo is serious, austere, stubborn and sober, reprimanding like that of a master of severe and rigorous gesture, but at least he does not curse you … I think.

There are gems and minerals that have a sinister fame, as if an evil shadow resides in them capable of attracting all kinds of misfortunes to those who have the bad fortune to stumble upon them. In the popular and magical imaginary, these gems act as natural fetishes where there lies, invisible, a force as toxic to the invisible part of the human being as the poison of a cobra to the body. And often these jewels, to which tradition attributes that evil essence capable of bringing discord, ruin and even death, are especially beautiful gems, as if that beauty was a deadly trap capable of enchanting those who look at it. Such is the case of pearls, although these, in fact, are not minerals, but excrescences of animal origin; or opals; or the beautiful and fascinating emeralds that shine with that dazzling green light, and to which many attribute all kinds of tragedies and misfortunes.
But there are jewels with name and surnames that, in addition to being of this or that type of mineral, have been born with a reputation of dragging a curse on them that has consumed those who have owned them or have been in one way or another in contact with they. In some cases the curse is the consequence of a sacrilegious robbery. This is common in most diamonds from India, for example, which are often taken from idols representing Hindu deities; Blasphemous robbery that begins a series of misfortunes. In other cases, as in the opal of Alfonso XII, the stone has been cursed on purpose in order to kill those who carry it.
Every year no less than six million visitors and curious people who are fascinated and sometimes with a certain reverent fear before a jewel that surrounds an aura of mortal and malefic mystery … We refer to the Blue Diamond, the Hope diamond, which boasts Proud the title of «the most famous diamond in the world.»
The beauty of this jewel is directly proportional to the sinister fame that precedes it. Over time he has received different names, all of them very suggestive, all of them very far from his sinister reputation, until scratching in a macabre irony … Blue Diamond, jewel of hope, jewel of the sea … They are almost 46 carats, 45.52 to be exact; just over nine grams of diamond dyed a spectacular navy blue due to its boron impurities; and that under ultraviolet light it emits a strange phosphorescence of reddish tones that amazes the experts who have studied it.

The forest of suicides
Aokigahara, the Sea of Trees, they call it. 35 square kilometers of quiet, silent, dark trees at the foot of Mount Fuji in Japan. Fuji is also a powerful volcano. Two lava streams from the sacred mountain, a bed of volcanic rock …, that is the ground on which this ancient forest has grown where the wind cannot be heard because it cannot penetrate that tangle of Japanese cypresses and red pines . The legend says that the rock magnetized iron deposits make neither compasses nor GPS work properly, and that is why it is easy for travelers to get lost. It is this gloomy forest a place that many tourists visit throughout the year.

The house that kills
The list of places that are supposed to have an ominous influence, upon which a terrible, often deadly curse is raised, is endless; but there are places that take the palm. And one of them is undoubtedly Ca ’Dario, or the Palazzo Dario, a Venetian palace that the inhabitants of« La Serenísima », as they call the beautiful city of the canals, call« the house that kills ».

The island of the dead
We cannot leave Venice without visiting the damn island, the island of Poveglia, in the Venetian Lagoon. Since the fifth century the island was densely populated by people who lived on the coast and fled from barbarian invasions. Over time the island prospered until the emergence of the plague in the sixteenth century. On another island, that of Lazzaretto Nuovo, a hospital was built in which those who appeared to have been infected were admitted. But that of Poveglia, of just seven hectares, was used, and this is repeated to satiety in books and internet pages, to pile up the corpses that the black plague was leaving. The authors of such texts affirm that sometimes the victims were not even dead. Both those who died and those suspected of contracting the terrible disease were left on the islands. Dying and dead bodies were buried in huge mass graves and burned. And in the end it began to be known, they say, as the island of the dead. Some say that up to a million people died or were buried there … or both.
The authors who have given the black legend of the island a great deal say that the amount of ashes and bones is such that they are part of the middle of the island’s soil, and that Venetian fishermen avoid it for fear that they will enter fish instead of fish appear bones and human remains.

Madrid also has a «damn house,» a three-story, low-floor block located at number 3 on Antonio Grilo Street. The sinister fame of the building can be traced until 1945. Then Felipe de la Breña Marcos, forty-eight, a professional shirtmaker, lived in the first right. On May 8 they found his body. Someone had dealt him a fatal blow with a candlestick, allegedly to steal. He had been dead for five days and was holding a lock of hair, presumably from his attacker, but the crime was never solved. The news appeared in the events section of the ABC newspaper.
Misfortune fell back on the block on May 2, 1962.

The belief in curses, like everything that has to do with the deepest substrates of our psyche, takes new and protein forms, and even links to our aseptic technology. Not long ago, I was surprised to see an ad on eBay selling a damn laptop, according to the seller. He claimed in the ad that strange messages appeared in files that were mysteriously created. The truth is that anyone with minimal programming knowledge could simulate this type of effects. But the really interesting thing is the fact that even the technological is not free from being cursed.
And nothing escapes the power of the curse, not even mobile phones.
Even more surprising is finding a damn mobile phone line. Well, it exists! All subscribers of line 359 888 888 888, which corresponds to Bulgaria, have died of violent death within ten years. That is assured from Mobiltel EAD, the company of that country that manages the number of marras, and the press that has echoed such singular news.
In the next few years it is even easy for us to attend the proliferation of «damn» devices and technology, just as the television, radio or recorders eventually became the means of the so-called instrumental transcommunication in the field of parapsychology. I am convinced that all kinds of «traditional» cursed objects such as dolls, paintings or furniture will continue to appear in the press or on portals such as eBay; but I also have no doubt that we will also attend the birth of a new generation, so to speak, of curses associated with technology and the new times. Magical thinking does not understand reasons, it breaks into our technological world adapting to it because it is innate to us.

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