La Piel — Sergio Del Molino / Skin by Sergio Del Molino (spanish book edition)

Este libro es una serie de postales del autor. La piel es un órgano muy importante para la vida. Sea lo que sea como en el “Perfume” Crea un perfume, el mejor sacado del olor de la piel. Pero, en este libro, se habla de eso, de la piel, como órgano que recubre el cuerpo humano. Me ha parecido un libro interesante donde el autor no defrauda.

¿Te ha quedado claro cómo reconocer a una bruja? Vamos a repasarlo otra vez. Su saliva es azul, pero eso no importa, ya que se cuidan de no escupir para que nadie vea su color. Llevan zapatos incómodos porque no tienen dedos en los pies y ningún modelo les encaja. También te puedes fijar en la anchura de sus fosas nasales o la niña de sus ojos, que refleja un fuego o un cielo, pero esos detalles pueden confundirte. Hay mujeres con ojos raros y narices grandes que no son brujas. Porque una bruja, recuerda, no es una mujer. Parece una mujer, pero es otro tipo de criatura, del mismo modo que un vampiro no es un hombre, sólo lo parece. Lo más importante para reconocerlas son los guantes y el pelo. Las brujas siempre usan guantes, incluso en casa, y se rascan la cabeza a menudo porque son calvas y llevan peluca que les irrita el cuero cabelludo, por eso tienen manchas de eccema. El eccema de la peluca, lo llaman. Los guantes son para ocultar las uñas, que tienen forma de garra, rematando unas manos rojas y alargadas. ¿Te ha quedado claro? ¿Reconocerás a las brujas cuando te las cruces por la calle?
Papá, te he dicho mil veces que las brujas no existen.
¿Cómo sabes que no existen?
Porque no existen, como no exixten los fantasmas, ni los hombres lobo, ni los vampiros.
Cuidado, a los hombres lobo no puedes negarlos. Acuérdate del año pasado en Galicia, cuando oíste el aullido del lobisomem…

Envejecer consiste en contarse, pero mi piel de monstruo no relata el pasado, sino el futuro. Se va muriendo para enseñarme lo que seré, no le interesa lo que he sido. Anticipa la degradación biológica, el regreso a una forma embrionaria, amorfa y sanguinolenta, que cierra el círculo de la vida y demuestra que nunca hubo ni habrá alma que me sublime: sólo células, escamas, polvo, sangre seca, cuerpo puro.
Para qué seguir desviándome y compadeciéndome. Los monstruos somos muy pesados, siempre gimoteando en nuestras torres y mazmorras, egocéntricos, doliéndonos del asco del mundo cuando el mundo ni siquiera se fija en nosotros. La bella y la bestia tienen en común que ambos se sienten observados. Por guapos o por feos, el narcisismo es idéntico.

Los padres dan besos cuneiformes, de significado indescifrable para los arqueólogos de nosotros mismos que seremos después. Los amantes dejan escrituras mucho más sofisticadas, aunque no siempre alfabéticas. Los primeros besos y las primeras desnudeces son jeroglíficos e ideogramas. Más tarde vienen palabras sueltas, sintagmas sin verbo emborronados por una saliva mal untada. Antes de alcanzar la mayoría de edad ya nos habrán escrito algún párrafo entero con cierto sentido y un puñado de poemas que nos avergonzarán pero no sabremos borrar. A los veinte nos escribirán varios cuentos, hasta que llegue ese amante con vocación de cónyuge, cuyos besos serán de tipómetro y linotipia, componiendo en la piel una novela rusa con portada al óleo de una mujer a punto de tirarse bajo las ruedas de una locomotora.

Conforme el colágeno pierde elasticidad y los años suman arrugas, la piel se llena también de manchas, forúnculos y vellos incómodos, como un reflejo del desgaste que la edad ha provocado en toda la persona. Nos volvemos cínicos, tenemos suciedades, pecados y crímenes de los que no nos gusta hablar. Vivir es el proceso mediante el cual perdemos la pureza. Nacemos con ella y la vamos estropeando con cada pequeña traición, cada mentira, cada fracaso y cada rencor. Por eso la piel de los niños es pura y lisa, y la de los ancianos está llena de batallas y vergüenzas.
Un racista considera impura cualquier piel que encaje en las baldosas de Von Luschan que no son las suyas. Para otros, la impureza es la misma piel, sobre todo la femenina, por eso prohíben enseñarla. Desde un punto de vista antropológico —que es una forma tan literaria y banal de leer el mundo como cualquier otra novelería—, esto puede explicarse por la rareza de no tener vello. Los seres humanos somos unos de los poquísimos mamíferos terrestres que no tenemos el cuerpo cubierto de vello, y eso se debe a que sudamos mucho. Usamos el sudor para regular la temperatura interior del cuerpo, que necesitamos mantener constante en treinta y seis grados y medio. Sudar es una de las cosas que mejor sabemos hacer. No tener un pelaje que estorbe la sudoración es una gran ventaja que permite que ahorremos energía y seamos más eficientes.
Cada vez estamos más dispuestos a sacrificarnos por aparentar la pureza cutánea que nos exigen los líderes de Qumrán. Nos depilamos, nos exfoliamos, nos hacemos la manicura, nos metemos en cámaras de oxígeno y nos echamos cualquier crema que prometa reparación, juventud o bienestar. Lo puro y lo impuro marcan el ritmo de los hilos musicales de las perfumerías, que deberían tener forma de pilas bautismales para hacer honor a su función sacramental.
La venta de cremas, lociones y perfumes supone en mi país un negocio de casi siete mil millones de euros anuales. Frente a eso, los ciento cincuenta y siete millones que ingresan las clínicas de cirugía estética parecen poca cosa, pero el dinero que generan estas operaciones crece en torno a un nueve por ciento cada año (lo que, en términos financieros, es una barbaridad y hace de estas empresas una inversión muy lucrativa). Cientos de miles de puestos de trabajo dependen directamente del deseo de pureza de millones de personas que cada mañana le preguntan a su espejito mágico quién es la reina más bella. Y esto, sólo en España, donde hay un cirujano plástico por cada cincuenta mil habitantes (la quinta tasa más alta del mundo). En términos mundiales, el volumen de negocio marea y sofoca.

Querer bañarte y no saber nadar, en un mar como el Cantábrico, tan propenso al enfado y al azote, es un inconveniente que los ricos solucionaron como solucionan todos sus problemas: pagando a alguien pobre.

La mitología es la segunda costra que cubre la piel enferma. La única manera en que los leprosos pueden ver disculpada su condición es que tenga un origen heroico. A veces, no hace falta ni que el enfermo invente leyenda alguna, ya la inventan los cronistas por él.
Es fascinante la capacidad de reparación de la piel. Las células sanas sustituyen de inmediato a las enfermas, y allí donde hubo placas durante años no queda ni una impregnación fantasmal. Pero el carácter permanece. De algún modo que no sé explicar, sigo siendo un leproso con un cencerro atado al cuello que no debe alejarse mucho del lazareto. Creo que siempre lo seré, que jamás perderé del todo el hábito del camuflaje, que evitaré vestir camisas blancas y que guardaré una distancia huraña con el resto de la gente para que no descubran, al tocarme, que no soy digno de entrar en Qumrán. De la enfermedad sólo persistirá la vergüenza.
Seré una bruja de incógnito que renuncia a sus poderes, pero seguiré existiendo como bruja. Sin eccema, sin saliva azul, sin fuego en las pupilas.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/04/01/la-espana-vacia-viaje-por-un-pais-que-nunca-fue-sergio-del-molino/

https://weedjee.wordpress.com/2018/09/27/la-mirada-de-los-peces-sergio-del-molino-fishes-look-by-sergio-del-molino-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2019/02/14/lugares-fuera-de-sitio-viaje-a-las-fronteras-insolitas-de-espana-sergio-del-molino-by-sergio-del-molino-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2020/06/07/la-piel-sergio-del-molino-skin-by-sergio-del-molino-spanish-book-edition/

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This book is a series of postcards from the author. The skin is a very important organ for life. Whatever it is like in the “Perfume” Create a perfume, the best removed from the smell of the skin. But, in this book, we talk about it, about the skin, as an organ that covers the human body. I found it an interesting book where the author does not disappoint.

Is it clear to you how to recognize a witch? Let’s go over it again. Their saliva is blue, but that does not matter, since they are careful not to spit so that nobody sees their color. They wear uncomfortable shoes because they have no toes and no model fits them. You can also look at the width of his nostrils or the apple of his eyes, which reflects a fire or a sky, but those details can confuse you. There are women with weird eyes and big noses who are not witches. Because a witch, remember, is not a woman. It looks like a woman, but it is another type of creature, in the same way that a vampire is not a man, it only seems so. The most important thing to recognize them are the gloves and the hair. Witches always wear gloves, even at home, and often scratch their heads because they are bald and wear a wig that irritates their scalps, which is why they have eczema spots. The eczema of the wig, they call it. The gloves are to hide the nails, which are claw-shaped, finishing off long, red hands. Is it clear to you? Will you recognize witches when you meet them on the street?
Dad, I’ve told you a thousand times that witches don’t exist.
How do you know they don’t exist?
Because there are no ghosts, nor werewolves, nor vampires.
Be careful, you can’t deny werewolves. Remember last year in Galicia, when you heard the howl of the lobisomem …

Growing old is counting, but my monster skin tells not the past, but the future. He is dying to show me what I will be, he is not interested in what I have been. Anticipate biological degradation, the return to an embryonic, amorphous and bloody form, which closes the circle of life and shows that there was never and never will be a soul that sublimes me: only cells, scales, dust, dried blood, pure body.
Why keep going astray and feeling sorry for me. We monsters are very heavy, always whining in our towers and dungeons, self-centered, hurting us from the disgust of the world when the world doesn’t even notice us. Beauty and the beast have in common that they both feel watched. Whether handsome or ugly, narcissism is identical.

The parents give cuneiform kisses, of indecipherable meaning for the archaeologists of ourselves that we will be later. Lovers leave much more sophisticated script, though not always alphabetical. The first kisses and the first nudities are hieroglyphics and ideograms. Later come single words, non-verb phrases smeared by a badly smeared saliva. Before they come of age they will have already written us a whole paragraph with a certain sense and a handful of poems that will embarrass us but we will not know how to erase them. At twenty they will write us several stories, until that lover with the vocation of a spouse arrives, whose kisses will be of typometer and linotype, composing on the skin a Russian novel with an oil cover of a woman about to throw herself under the wheels of a locomotive .

As the collagen loses elasticity and the years add wrinkles, the skin also fills with spots, boils and uncomfortable hairs, as a reflection of the wear that age has caused in the whole person. We become cynical, we have filth, sins and crimes that we don’t like to talk about. Living is the process by which we lose purity. We are born with it and we spoil it with each little betrayal, each lie, each failure and each rancor. So the skin of children is pure and smooth, and that of the elderly is full of battles and shame.
A racist considers any skin that fits on Von Luschan tiles that is not their own to be impure. For others, impurity is the same skin, especially the female, so they forbid teaching it. From an anthropological point of view – which is as literary and banal a way of reading the world as any other novelty – this can be explained by the rarity of not having hair. Human beings are one of the very few land mammals that do not have a body covered in hair, and that is because we sweat a lot. We use sweat to regulate the interior temperature of the body, which we need to keep constant at thirty-six and a half degrees. Sweating is one of the things we do best. Not having a coat that hinders sweating is a great advantage that allows us to save energy and be more efficient.
We are increasingly willing to sacrifice ourselves to appear the purity of the skin that the leaders of Qumran demand of us. We shave, we exfoliate, we do manicures, we get into oxygen chambers and we put on any cream that promises repair, youth or well-being. The pure and the impure set the rhythm of the musical lines of the perfume shops, which should take the form of baptismal fonts to honor their sacramental function.
The sale of creams, lotions and perfumes in my country represents a business of almost seven billion euros per year. Faced with that, the one hundred and fifty-seven million that the cosmetic surgery clinics enter seem little, but the money generated by these operations grows by around nine percent each year (which, in financial terms, is outrageous and makes these companies a very lucrative investment). Hundreds of thousands of jobs depend directly on the desire for purity of millions of people who ask their magic mirror every morning who is the most beautiful queen. And this, only in Spain, where there is one plastic surgeon for every fifty thousand inhabitants (the fifth highest rate in the world). In global terms, the volume of business tides and suffocates.

Wanting to bathe and not knowing how to swim, in a sea like the Cantabrian Sea, so prone to anger and scourging, is a problem that the wealthy solved as they solve all their problems: paying someone poor.

Mythology is the second scab that covers the diseased skin. The only way for lepers to see their condition excused is for it to be of heroic origin. Sometimes, the patient does not need to invent any legend, the chroniclers have already invented it for him.
The repair ability of the skin is fascinating. Healthy cells immediately replace sick ones, and where there were plaques for years there is not even a ghostly impregnation. But the character remains. In some way that I don’t know how to explain, I am still a leper with a cowbell tied around his neck that should not be far from the lazaretto. I think I always will be, that I will never completely lose the habit of camouflage, that I will avoid wearing white shirts and that I will keep a sullen distance with the rest of the people so that they do not discover, by touching me, that I am not worthy to enter Qumran. Of the disease only shame will persist.
I will be an incognito witch who renounces her powers, but I will continue to exist as a witch. Without eczema, without blue saliva, without fire in the pupils.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/04/01/la-espana-vacia-viaje-por-un-pais-que-nunca-fue-sergio-del-molino/

https://weedjee.wordpress.com/2018/09/27/la-mirada-de-los-peces-sergio-del-molino-fishes-look-by-sergio-del-molino-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2019/02/14/lugares-fuera-de-sitio-viaje-a-las-fronteras-insolitas-de-espana-sergio-del-molino-by-sergio-del-molino-spanish-book-edition/

https://weedjee.wordpress.com/2020/06/07/la-piel-sergio-del-molino-skin-by-sergio-del-molino-spanish-book-edition/

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