Una Juventud Difícil — Taylor Caldwell / On Growing Up Tough: An Irreverent Memoir by Taylor Caldwell

Taylor Caldwell sigue siendo una escritora maravilloso. Hace muchos años leí y realmente disfruté sus novelas. Este libro está bien escrito como de costumbre. Simplemente no me gustaba su predicación. Supongo que debo ser demasiado liberal. Ella cayó sobre estas personas muy duro. Entonces, si esto era una memoria, ¿por qué no escribió más sobre su “crecimiento duro” y menos sobre los liberales “malvados”? Lo que ella dijo sobre su crecimiento lo disfruté aunque sentí que sus padres eran extremadamente duros con ella. Como dijo en su libro, su madre podría haber comenzado la liberación de las mujeres mucho antes de su tiempo. Apiló el trabajo sobre su hija, el trabajo de las mujeres y el trabajo de los hombres, no le importó a su madre.
Una gran perspectiva de la vida estadounidense vista a través de los ojos de una mujer más conservadora. La Sra. Cadwell hizo un gran trabajo al expresar sus puntos de vista sobre la vida en estos Estados Unidos.
Recuento de experiencias que todos tenemos al crecer y comprobar la doble moral con la cual nos educan, de tal manera que al “crecer” replicamos eso que tanto se preocuparon por enseñarmos. Janet, nombre de Taylor Cadwell, nos cuenta en 17 pequeñas historias que pasan durante su infancia y contrapone con su ya edad madura; en la primer historia aprende que la caridad es una pose para la tia botones que quitaba cada uno de los botones de la ropa que entregaba generosamente a los pobres. O cuando quizo ser una santa y fue a contar a su vecino que su esposa permitia la entrada de otros hombres a su casa, despues de escuchar a su madre decir ” que alguien decente le diga a ese pobre hombre la verdad”. Para terminar hablando de la sociedad de Estados Unidos de los ultimos años de los sesentas, describiendola como el resultado de falta de rigor en la educación de los niños, los cuales, según ella, terminan como hipies o delincuentes, o bien como mujeres liberadas que lo único que lograron fue hacer a los hombres unos atenidos. Increiblemente actual.

A Taylor Caldwell, por ejemplo, no le gustan NADA los hippies y los juzga muy duramente, pero en cierto modo es justo que ella sea así, porque sacó adelante a su hija y también a ella misma contra todo pronóstico, trabajando duramente y sin pedirle nada a nadie. Dice nunca fue a pedir ayuda al gobierno, porque se le caía la cara de vergüenza cuando era joven y tenía salud.
Con esto no digo que las personas en situaciones críticas no deban pedir ayuda, porque tampoco es mi situación afortunadamente, y sería muy fácil llegar y juzgar, pero… es lindo y útil leer historias reales, y aprender el lado de las cosas, y saber por qué las personas tienen una razón de ser, y abrazar con presencia lo que ha sido su propia ración de conocimiento. Porque Taylor Caldwell también vivió una vida y también sabe de lo que habla.
A mí esta autobiografía me gustó mucho. Seguramente ella era de esas señoronas habladoras que dan cátedra e irritan a todo el mundo, pero apuesto que en el fondo era una viejecilla dulce, de esas que hacen lo que sienten que debían ser. Yo sentí un verdadero aprecio, y sobre todo una verdadera compasión por ella. Me dio la impresión de que, al final, era una persona muy sola y más pena me dio después cuando investigué y vi que sus últimos años los pasó ciega y enferma, obligada a escribir por culpa de sus descendendientes que querían sacar aún más plata a costa de ella (ojalá estés mintiendo, internet). Ay, además leí que se hizo regresiones para comprobar que no existía la reencarnación pero que luego encontró que sí había tenido 11 vidas pasadas, jajaja. Eso no lo podemos saber con certeza, claro, pero ¿cómo no va a ser tierno? ¿Ir por una cosa y encontrar otra, y decirlo? Eso refleja una sincera búsqueda de la verdad.
Y además, su manera de escribir es una gozada.

Mis padres estaban meditando en ese prudente principio de «nunca viene mal un bofetón», así que hice una rápida reverencia y regresé a mi dormitorio, donde pasaba casi todo el tiempo.
Cuando me preguntan: «¿Por qué odia tanto al liberalismo?», contesto invariablemente:
—He sufrido por su culpa experiencias muy dolorosas, muy amargas. No es sólo una cuestión ideológica. Como persona pacífica, estoy siempre dispuesta a vivir y dejar vivir. Pero el liberal, si puede evitarlo, no dejará que vivas en paz. Y, si hemos de ser sinceros, no te dejará que vivas en absoluto.
A partir de 1932, el liberal se apoderó de la dirección de los medios de comunicación públicos, con raras excepciones. Cómo se las arregló para hacerlo tan discretamente, no lo sé. Sin duda debía estar escondido bajo la superficie de nuestra vida nacional.
El liberal está a favor de la prensa libre…, lo que quiere decir libre para sus amos. Pero no libre para todos los norteamericanos. Muchos son los escritores, famosos hace treinta años, que ya no son leídos, ni siquiera conocidos aunque yo los recuerdo. Se negaron a formar parte de la conspiración contra los Estados Unidos, se negaron a pedir una segunda guerra mundial, se negaron a seguir la línea liberal comunista. Así que fueron desapareciendo en silencio de la conciencia de los lectores.

Los psicólogos infantiles, y los sentimentales en general, no están de acuerdo conmigo. El niño, aseguran, entra en el mundo completamente puro, un santo en realidad; no corrompido, sin herencia de los instintos salvajes de sus antepasados. Cuando he contado a esos estúpidos lo de la Logia Púrpura, se han mostrado escandalizados o desdeñosos. Los niños de ahora, afirman apasionadamente, son distintos. Llegan en estado angélico, no contaminados, inmaculados. Están «por naturaleza» llenos de amor, ansiosos de cooperar y compartir, anhelantes de justicia y paz, y beatíficos. En una palabra: los adoradores de los niños son muy poco realistas. Por eso son tan diestramente utilizados por los repelentes niños. Y todos los niños nacen repelentes y humanos, y cargados con el Pecado Original.

«La pobreza es un estado de la mente». Pero no lo es del alma que rehúsa considerarse pobre, y tiene la fortaleza de trabajar por lo que come y lo que bebe.
Los realmente pobres son aquéllos sin ambición, orgullo y determinación. No podemos dejarlos morir de hambre… Sin embargo, debiera hacérseles entender que la caridad es sólo temporal —y escasa— y que de ellos depende el levantarse y caminar como hombres. Al menos eso es lo que la caridad debiera decirles. Y la caridad que no obra así es mala, ya sea pública o privada.
Yo no debo nada a nadie; ni dinero, ni educación, ni oportunidades. Era muy joven, pero había entendido desde mi primera infancia que debíamos manejárnoslas solas, o perder nuestras almas. Para las gentes de mi generación es un orgullo saber que luchamos con el mundo con ayuda de Dios, y que salimos triunfantes.

Hubo un tiempo, que incluso yo recuerdo, en que los hombres norteamericanos eran varoniles, cabezas de su familia y respetados por su mujer e hijos. Eran toscos y tercos y no criados entre algodones. Un ladrón era un ladrón para ellos, y no una criatura «subprivilegiada, menoscabada y privada de cultura». He visto a hombres que golpeaban al que intentaba robarle el bolso a una mujer en la calle, o al que le daba una patada a un perro, o pegaba a un niño.
Naturalmente, los hombres exigían ser respetados, y no «amados». Los hombres que en otros tiempos se enorgullecían de su raza y de su país, sonríen ahora a la vista de la bandera, bajan la cabeza con embarazo cuando se menciona la religión, y huyen a la vista de un inocente atacado: les aterroriza verse complicados. Dejan el gobierno en manos de despreciables políticos. ¿Qué resistencia pueden ofrecer tales inútiles al comunismo interno y externo?
Los europeos se ríen de ese deseo de los norteamericanos «de ser amados», y estoy segura de que todos hemos oído esa general y significativa risa. «¿Por qué son tan fanáticos los norteamericanos de esa necesidad de que los amen? —Han preguntado en artículos y en discursos—. ¿Es un signo de debilidad?». Ya lo creo que lo es.

Recordad esto: el signo más claro de la decadencia de una nación es el afeminamiento en los hombres y la masculinización en las mujeres. Es notable que, en las naciones comunistas, las mujeres son alentadas y obligadas a hacer lo que tradicionalmente ha sido labor de los hombres. Las norteamericanas, algunas al menos, se sienten triunfantes por haber derribado las «barreras» entre el trabajo de los sexos.
Espero que ningún hombre se sienta compasivo con ellas, aunque estén embarazadas, y les diga groseramente que eso no es excusa para faltar un día a un trabajo pesado, y que deberían ser como las rusas. Espero que se sientan orgullosas cuando los tribunales les exijan el mantenimiento de maridos «delicados» durante toda la vida, y que les paguen una pensión. Espero que, cuando se miren al espejo, se sientan felices al ver rostros exhaustos y amargados, y que se consuelen con los cheques de su paga.
La decadencia y ruina de una nación siempre ha estado en manos de sus mujeres. Lo mismo la vida y la fuerza, su reverencia por la belleza, su piedad y amabilidad. Y, sobre todo, sus hombres.

Hubo un tiempo en que los padres enseñaban a sus hijos varones a ser hombres, orgullosos y valientes, trabajadores. Les enseñaban a amar al Señor nuestro Dios, y a ir a la iglesia. Les enseñaban a honrar y reverenciar a su país; les enseñaban que sólo los más viles no alzan alegremente los ojos hacia la bandera, que sólo los traidores no son patriotas. Los «ricos ociosos» eran despreciados, no por envidia sino por el honrado disgusto ante su poca valía. Y el dinero fácil era mirado con desprecio. La mendicidad era intolerable y vergonzosa.
Pero ¿qué son hoy la mayoría de nuestros muchachos? Afeminados, cínicos sintéticos, casi sin sexo en su semejanza plástica. Hay muy poco que alabar en ellos; ni autoridad ni masculinidad. Sus padres los alejan del auténtico conocimiento de la vida, y los mantienen en un ambiente artificial hasta que se han graduado en la universidad. Se les dice que son «niños» cuando ya son lo bastante mayores para tener hijos a su vez. Y siguen siendo «jóvenes» hasta la madurez. Están rodeados de inanimados o de animados sintéticos y con forma humana. Y pretenden continuar esos sueños sintéticos en sus relaciones adultas. Sus esposas han de seguir siendo «jóvenes y atractivas» hasta muy pasados los cincuenta. Y deben estar «animadas», por dura que haya sido la jornada luchando con los niños. En resumen: sus esposas deben ser imágenes soñadas de un mundo falso, de un mundo de luces de neón.

Desde el mismo amanecer de la historia ha habido «víctimas» de esto o de aquello, todas ellas lacrimosas y dependientes; todas, sin fallar, acudiendo a nosotros, las auténticas «víctimas», en busca de ayuda, de pan, de oro, y de la sangre de nuestros hijos y nietos. Si no han sido «víctimas» de tiranos, han sido «víctimas» de misteriosas enfermedades, todas ellas muy costosas. No es que nos quejemos de ayudar a una auténtica víctima, digamos del comunismo, o de los excesos de nuestro propio gobierno.
Hemos sido víctimas de decenas de millones de «víctimas» de todo el mundo, que ahora están gordos y prósperos, y nos odian. Washington nos amenaza ahora con un aumento de impuestos para «diferir la inflación», y los que ya somos de mediana edad, o viejos, seguimos trabajando desesperadamente para salir adelante. Pero de nuevo nos veremos estafados —otra vez— y nuestros nietos tendrán que sufrir más guerras.
De vez en cuando —pero no por desgracia con frecuencia— las víctimas se hartan de las «víctimas». Entonces sucede algo, algo que no tendría por qué haber sucedido si aquéllos no hubieran permitido que sus gobiernos los acogotaran durante demasiado tiempo. «Cuídate de la cólera del hombre paciente», dice el viejo aforismo. ¿Sería posible que, con la ayuda de Dios, nosotros, las víctimas, nos enfureciéramos al fin?.

(Hippies) La mayoría de ellos ni siquiera pueden escribir una simple frase explicativa. Son estúpidos y torpes. Se deja de lado a los estudiantes brillantes con objeto de cuidar de los inferiores y hacerlos avanzar. La inteligencia resulta sospechosa. Los estudiantes torpes se muestran inquietos en clase, desordenados, insolentes e insultantes. No se les puede echar la culpa, en realidad. Se aburren mortalmente con temas que jamás podrán dominar. Por lo tanto piensan que es culpa de la educación.
Lo sorprendente no es que tengamos tantos hippies organizando disturbios, sino que aún queden tantos jóvenes decentes trabajando industriosamente en buenos oficios, o estudiando de firme —cuando se les permite hacerlo— en colegios y universidades. Lo milagroso es que hayan escapado a la corrupción nacional. Pero resulta difícil comprender que la gran mayoría de los ciudadanos norteamericanos cumplidores de la ley no protestaran ante esa universal e insidiosa degradación, aceptada sin la menor discusión durante tantas décadas.
De cualquier forma el astuto hippy es un desarraigado; su sitio no está en las universidades, ni está tampoco realmente en la sociedad ordenada, industriosa, normal. Jamás llegará a ser un buen ciudadano, ni un hombre responsable o razonable. Jamás llegará a ser nada. Y él lo comprende, en su corazón corrupto e inferior. De ahí su lucha contra la sociedad íntegra que él llama absurda, la sociedad de los hombres y mujeres civilizados y que se respetan a sí mismos.
Quizás hemos corrompido a nuestros hijos y nuestros nietos con el dinero dado sin tasa, y la falta de hombría. Hemos puesto en manos de los jóvenes más dinero y libertad de lo que su juventud sabe administrar. Hemos fallado al inculcarles siniestras ideologías y falsos valores, al permitirles que, niños aún, hablaran con descaro a los superiores y desafiaran la autoridad debidamente constituida; y al no castigarlos rápida y prudentemente cuando transgredían; al mimarlos y protegerlos de niños, frente a un mundo que es muy peligroso… y que siempre lo fue, y que siempre lo será. No les dimos armas morales, ni armadura espiritual.

Libros de la autora comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2018/09/16/la-columna-de-hierro-taylor-caldwell-a-pillar-of-iron-a-novel-of-ancient-rome-by-taylor-caldwell/

https://weedjee.wordpress.com/2020/01/23/la-tierra-del-senor-gengis-khan-el-poderoso-emperador-de-los-mogoles-taylor-caldwell-the-earth-is-the-lords-a-tale-of-the-rise-of-genghis-khan-by-taylor-caldwell/

https://weedjee.wordpress.com/2020/05/28/una-juventud-dificil-taylor-caldwell-on-growing-up-tough-an-irreverent-memoir-by-taylor-caldwell/

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Taylor Caldwell is still a wonderful writer. Many years ago I read and really enjoyed her novels. This book is well written as usual. I just didn’t like her preachiness. I guess I must be too much of a Liberal. She came down on these people really hard. So, if this was a memoir, why didn’t she write more about her “growing up tough” and less about the “evil” Liberals. What she did say about her growing up I enjoyed even though I felt her parents were extremely rough on her. As she said in her book, her mother could have started women’s lib way before her time. She piled the work on her daughter, women’s work as well as men’s work, it made no difference to her mother.
A great perspective on American life as seen through the eyes of a more conservative woman. Ms. Cadwell did a great job expressing her views on life in these United States.
Count of experiences we all have as we grow and check the double standards with which we are educated, so that by “growing up” we replicate what we were so concerned about teaching. Janet, named after Taylor Cadwell, tells us in 17 little stories that happen during her childhood and contrasts with her already mature age; In the first story he learns that charity is a pose for the aunt buttons that removed each of the buttons of the clothes that generously gave to the poor. Or when she wanted to be a saint and went to tell her neighbor that his wife allowed the entry of other men into her house, after hearing her mother say “someone decent tell that poor man the truth.” To finish talking about the society of the United States of the last years of the sixties, describing it as the result of lack of rigor in the education of children, which, according to her, end up as hipies or criminals, or as liberated women who The only thing they managed to do was to make some men attentive. Incredibly current.

Taylor Caldwell, for example, does NOT like ANY hippies and judges them very harshly, but in a way it is fair that she be like that, because she brought her daughter forward and herself against all odds, working hard and not asking Nothing to anyone. He says he never went to the government for help, because his face fell ashamed when he was young and healthy.
With this I do not say that people in critical situations should not ask for help, because neither is my situation fortunately, and it would be very easy to get and judge, but … it is nice and useful to read real stories, and learn the side of things, and know why people have a reason for being, and embrace with presence what has been their own ration of knowledge. Because Taylor Caldwell also lived a life and also knows what he is talking about.
I liked this autobiography a lot. Surely she was one of those talkative ladies who give a chair and annoy everyone, but I bet she was basically a sweet old woman, one of those who do what they feel they should be. I felt a true appreciation, and above all a true compassion for her. I had the impression that, in the end, I was a very lonely person and I felt more sorry afterwards when I investigated and saw that his last years were blind and sick, forced to write because of his descendants who wanted to get even more money from coast of her (hopefully you’re lying, internet). Oh, I also read that there were regressions to verify that there was no reincarnation but then found that he had had 11 past lives, hahaha. We cannot know that for sure, of course, but how can it not be tender? Go for one thing and find another, and say it? That reflects a sincere search for truth.
And besides, his way of writing is a joy.

My parents were meditating on that prudent principle of “a slap never hurts,” so I made a quick bow and returned to my bedroom, where I spent most of the time.
When asked: “Why do you hate liberalism so much?” I invariably answer:
“I have suffered very painful experiences, very bitter.” It is not just an ideological issue. As a peaceful person, I am always willing to live and let live. But the liberal, if he can avoid it, will not let you live in peace. And, if we are to be honest, it won’t let you live at all.
From 1932, the liberal seized the direction of the public media, with rare exceptions. How he managed to do it so discreetly, I don’t know. No doubt it must be hidden under the surface of our national life.
The liberal is in favor of the free press …, which means free for their masters. But not free for all Americans. Many are the writers, famous thirty years ago, that are no longer read, not even known although I remember them. They refused to be part of the conspiracy against the United States, refused to request a second world war, refused to follow the communist liberal line. So they disappeared in silence from the readers’ conscience.

Child psychologists, and sentimentalists in general, disagree with me. The child, they say, enters the completely pure world, a saint in reality; uncorrupted, without inheritance of the wild instincts of their ancestors. When I have told those stupid about the Purple Lodge, they have been scandalized or dismissive. The children of now, they affirm passionately, are different. They arrive in an angelic state, uncontaminated, immaculate. They are “by nature” full of love, eager to cooperate and share, yearning for justice and peace, and beatific. In a word: children’s worshipers are very unrealistic. That is why they are so skillfully used by repellent children. And all children are born repellents and humans, and loaded with Original Sin.

“Poverty is a state of mind.” But it is not of the soul that refuses to consider itself poor, and has the strength to work for what it eats and what it drinks.
The really poor are those without ambition, pride and determination. We cannot let them starve to death … However, they should be made to understand that charity is only temporary – and scarce – and that it is up to them to get up and walk like men. At least that’s what charity should tell them. And charity that doesn’t work like that is bad, whether public or private.
I owe nothing to anyone; No money, no education, no opportunities. I was very young, but I had understood from my early childhood that we should handle them alone, or lose our souls. For the people of my generation it is a pride to know that we fight with the world with God’s help, and that we are triumphant.

There was a time, which I even remember, when American men were manly, heads of their family and respected by their wife and children. They were coarse and stubborn and not raised among cottons. A thief was a thief to them, and not a creature “underprivileged, undermined and deprived of culture.” I’ve seen men who beat whoever tried to steal a woman’s bag in the street, or who kicked a dog, or beat a child.
Naturally, men demanded to be respected, and not “loved.” The men who once prided themselves on their race and their country, now smile at the sight of the flag, lower their heads in pregnancy when religion is mentioned, and flee in view of an innocent attacked: they are terrified of being complicated . They leave the government in the hands of despicable politicians. What resistance can such useless offer to internal and external communism?
Europeans laugh at that desire of Americans “to be loved,” and I am sure we have all heard that general and meaningful laugh. «Why are Americans so fond of that need to be loved? “They have asked in articles and speeches.” Is it a sign of weakness? I believe that it is.

Remember this: the clearest sign of a nation’s decline is effeminacy in men and masculinization in women. It is notable that, in communist nations, women are encouraged and forced to do what has traditionally been the work of men. The Americans, some at least, feel triumphant for having broken down the “barriers” between the work of the sexes.
I hope that no man feels compassionate towards them, even if they are pregnant, and rudely tells them that this is no excuse for missing a day of heavy work, and that they should be like the Russians. I hope they feel proud when the courts require them to maintain “delicate” husbands throughout their lives, and to be paid a pension. I hope that, when you look in the mirror, you will feel happy to see exhausted and bitter faces, and that you will be comforted by your paychecks.
The decay and ruin of a nation has always been in the hands of its women. The same life and strength, his reverence for beauty, his piety and kindness. And, above all, his men.

There was a time when parents taught their sons to be men, proud and brave, workers. They taught them to love the Lord our God, and to go to church. They taught them to honor and revere their country; they were taught that only the most vile do not cheerfully raise their eyes to the flag, that only the traitors are not patriots. The “idle rich” were despised, not for envy but for the honest disgust at their little worth. And easy money was looked down on. Begging was intolerable and shameful.
But what are most of our boys today? Shattered, synthetic cynics, almost without sex in their plastic similarity. There is very little to praise in them; Neither authority nor masculinity. Their parents take them away from the authentic knowledge of life, and keep them in an artificial environment until they have graduated from university. They are told that they are “children” when they are old enough to have children in turn. And they remain “young” until maturity. They are surrounded by inanimate or synthetic and human-shaped animals. And they intend to continue those synthetic dreams in their adult relationships. Their wives must remain “young and attractive” until the fifties. And they must be “animated”, however hard the day has been fighting with the children. In short: their wives must be dream images of a false world, of a world of neon lights.

Since the dawn of history there have been “victims” of this or that, all of them tearful and dependent; all, without fail, turning to us, the real “victims”, in search of help, bread, gold, and the blood of our children and grandchildren. If they have not been “victims” of tyrants, they have been “victims” of mysterious diseases, all of them very expensive. It is not that we complain about helping a true victim, say of communism, or the excesses of our own government.
We have been victims of tens of millions of “victims” around the world, who are now fat and prosperous, and hate us. Washington now threatens us with a tax increase to “defer inflation,” and those of us who are already middle-aged, or old, are still working desperately to get ahead. But again we will be cheated – again – and our grandchildren will have to suffer more wars.
From time to time – but not unfortunately often – victims get fed up with “victims.” Then something happens, something that should not have happened if they had not allowed their governments to embrace them for too long. “Take care of the anger of the patient man,” says the old aphorism. Would it be possible that, with God’s help, we, the victims, would be enraged at last?

(Hippies) Most of them can’t even write a simple explanatory phrase. They are stupid and clumsy. Bright students are set aside in order to take care of the inferiors and move them forward. Intelligence is suspicious. Clumsy students are restless in class, disorderly, insolent and insulting. You can’t blame them, really. They are mortally bored with themes that they can never master. Therefore they think it is the fault of education.
The surprising thing is not that we have so many hippies organizing riots, but that there are still so many decent young people working industriously in good offices, or studying hard — when they are allowed to do so — in colleges and universities. The miraculous thing is that they escaped national corruption. But it is difficult to understand that the vast majority of law-abiding US citizens will not protest against this universal and insidious degradation, accepted without the slightest discussion for so many decades.
Anyway, the cunning hippy is uprooted; Its place is not in the universities, nor is it really in the orderly, industrious, normal society. He will never become a good citizen, nor a responsible or reasonable man. It will never become anything. And he understands it, in his corrupt and inferior heart. Hence his fight against the whole society that he calls absurd, the society of civilized men and women and that respect themselves.
Perhaps we have corrupted our children and grandchildren with the money given without a fee, and the lack of manhood. We have placed more money and freedom in the hands of young people than their youth knows how to manage. We have failed to instill sinister ideologies and false values, by allowing them, even children, to speak boldly to superiors and challenge duly constituted authority; and by not punishing them quickly and prudently when they transgressed; by pampering them and protecting them from children, in the face of a world that is very dangerous … and always was, and always will be. We did not give them moral weapons, nor spiritual armor.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2018/09/16/la-columna-de-hierro-taylor-caldwell-a-pillar-of-iron-a-novel-of-ancient-rome-by-taylor-caldwell/

https://weedjee.wordpress.com/2020/01/23/la-tierra-del-senor-gengis-khan-el-poderoso-emperador-de-los-mogoles-taylor-caldwell-the-earth-is-the-lords-a-tale-of-the-rise-of-genghis-khan-by-taylor-caldwell/

https://weedjee.wordpress.com/2020/05/28/una-juventud-dificil-taylor-caldwell-on-growing-up-tough-an-irreverent-memoir-by-taylor-caldwell/

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