Desmontando El Crimen Perfecto — Mayka Navarro / Dismantling The Perfect Crime by Malka Navarro (spanish book edition)

Interesante pero el libro no me ha aportado nada nuevo con respecto a lo que se puede encontrar por ahí sobre el caso de esta asesina (se que eso sería imposible, pero al menos esperaba una visión diferente ).
Con respecto a la redacción del libro… Probablemente la autora sea buena redactando artículo pero este libro tiene una pobreza inmensa en la parte ficcionada. Diálogos simplones que cualquier estudiante de primaria habría sido capaz de desarrollar con más éxito.
Caso aparte para comentar algo que me ha molestado profundamente, el afán de algunos personajes femeninos (policías y periodistas) en destacar cada poco las bondades y atractivos de algunos especímenes masculinos. Me pregunto si hubiera sido esto al revés si se habría acusado de machismo…
En fin, mi conclusión es que el caso es muy interesante pero me ha dejado fría la manera de redactarlo.

Es una novela donde se pretende cometer, pues eso, el crimen perfecto. ¿Pero hay un crimen perfecto? En el principal caso a lo largo de la novela ya veremos que no.
La trama gira alrededor de un asesinato que desde el principio pone en jaque a los Mossos d’Esquadra de Barcelona.
Un equipo del grupo de homicidios se hará cargo del caso.
Ana María Páez Capitán, de 36 años de edad, aparece muerta en un apartamento de alquiler sin síntomas evidentes de violencia. Pero como hemos dicho antes no hay crimen perfecto y enseguida las pesquisas apuntarán a una conocida de la víctima Ángeles Molina Fernández, llamada Angi.
Al ser hechos reales, el libro se basa en la investigación, la búsqueda de pruebas, culpables, y solución del caso. Aunque no todo quedará resuelto. Veremos traiciones, desengaños, sexo, dinero y mucha emoción.
Mayka Navarro, autora de la obra y periodista, lo dio todo en su momento por esta noticia y por este libro. Hasta el punto de casi estar imputada por la jueza que dirigía el caso.
Con un buen trabajo de documentación, dota a este ensayo de una credibilidad que sin embargo no aporta gran cosa.

Con el tiempo, el entonces responsable de las investigaciones de los Mossos en Barcelona, Josep Lluís Trapero, contaría que aquella fue una de las ruedas de prensa más complicadas de la historia de la policía, que, al verse impotente, solicitaba a uno de los colectivos más vulnerables de la sociedad que tuviera mucho cuidado porque una asesina en serie sin identificar andaba suelta por las calles. A los pocos días, él mismo, junto al inspector Josep Montenys, detuvo a Remedios Sánchez cuando la descubrieron echando monedas en una máquina tragaperras de un salón recreativo del Eixample.

El forense había confirmado la ausencia de violencia, ni traumática, ni sexual. Aunque advertía estar a la espera de los resultados de unos estudios complementarios que confirmarían si la víctima había mantenido relaciones sexuales. Los informes del jefe del servicio de Patología Forense, el doctor Josep Castellà, tenían un sello muy particular: los redactaba para que se entendieran. Planteando por escrito cuestiones o dudas en torno a las causas de una muerte que en ocasiones ni él mismo podía responder, y así lo reconocía por escrito. En el caso de Ana María Páez, Castellà admitía la posibilidad de que la propia víctima se hubiera colocado y precintado la bolsa en la cabeza con la idea de suicidarse. Pero también advertía de que no era un método habitual y, como en su momento habían hecho los investigadores, no pasaba por alto que la falta de ropa y objetos de la mujer en el apartamento hacía pensar en la necesaria participación de alguna otra persona.
Tras dejar patente que era muy improbable la hipótesis del suicidio, el forense se preguntaba cómo era posible que una joven sana y fuerte, como entendía que había sido Ana, hubiera muerto asfixiada con una bolsa en la cabeza con la idea de suicidarse. Pero también advertía de que no era un método habitual y, como en su momento habían hecho los investigadores, no pasaba por alto que la falta de ropa y objetos de la mujer en el apartamento hacía pensar en la necesaria participación de alguna otra persona.
Finalizaba su informe concluyendo que se trataba de una muerte violenta, y advertía de que, pese a la ausencia de signos de violencia, el contexto sugería la participación de una o varias personas. Y fijaba la muerte en un intervalo de entre veinticuatro y setenta y dos horas antes del hallazgo del cuerpo.

Ana María Páez Capitán aparecía como jefa de diseño de la empresa, con una antigüedad desde mayo del 2000 y un sueldo bruto de 7.775 euros al mes. La nómina también había sido falsificada, y en su parte superior, estaba escrita la dirección de la trabajadora: el número 308 de la calle Balmes de Barcelona, otra vez. En la documentación que había facilitado al notario que validó la concesión del préstamo, Ana María Páez aparecía soltera y viviendo todavía, a sus treinta y cinco años y con ese sueldo, en casa de sus padres, propietarios del piso de Balmes. Por la gestión, el notario cobró una minuta de 46,54 euros.
Olivia mostró a la trabajadora del BBVA la imagen de Angi entrando en la sucursal de “la Caixa” de Mataró, y la mujer la identificó sin ningún género de duda.
—Por cierto, tuve que acosarla al teléfono para que pagara las primeras mensualidades del préstamo. Desde diciembre no ha vuelto a hacer efectiva la cuota.

La jueza Elena Carasol no solo quería interrogarme en su despacho. Había decidido prohibir a una serie de medios de comunicación que siguieran informando sobre el caso. La pareja de mossos adscrita ese fin de semana a la guardia en los juzgados se encargó de repartir en persona a los responsables de El Periódico de Catalunya, El País, la Cadena Ser y Catalunya Ràdio el mismo escrito.
No llevaba ni tres meses detenida, cuando María Ángeles Molina Fernández fue trasladada a la prisión de Brians. Durante los cuatro primeros años, Angi preparó con esmero junto a su letrado Carles Puig la estrategia que llevaría en el juicio que se celebraría en la Audiencia de Barcelona y que debía empezar el 10 de enero del 2012. La noche anterior, el abogado habló con ella por teléfono, le pidió que descansara y que «por favor» se presentara discreta en la sala para causar buena impresión al tribunal.
Nada más empezar la vista, Angi tomó la palabra y anunció su deseo de cambiar de letrado por «discrepancia en la estrategia de defensa».
La artimaña no le salió bien. El tribunal de la Sección Segunda de la Audiencia de Barcelona aplazó el juicio, dejó unos días para que la nueva letrada de la acusada se pusiera al corriente del caso, pero no dejó a Angi en libertad por el elevado riesgo de fuga. Finalmente, el juicio empezó un mes después de la fecha prevista, el 20 de febrero del 2012. El fiscal solicitaba veinticuatro años de cárcel por asesinato y la familia, treinta. La acusada se defendió como pudo.
La Audiencia de Barcelona no la creyó y la condenó a veintidós años de cárcel por el asesinato de Ana María Páez Capitán, a la que suplantó su identidad con el propósito de obtener un beneficio económico suscribiendo préstamos y seguros de vida por un importe superior al millón de euros. El tribunal concluyó que la acusada fue autora de un delito de asesinato con alevosía y otro de estafa. El crimen, según la sentencia, fue «especialmente perverso» ya que la víctima acudió al apartamento «bajo el señuelo de una cita para cenar». Angi fue condenada a indemnizar a la familia y a la pareja de Ana con doscientos mil euros.
En el 2017, Angi volvió a ser noticia. Un juez de San Bartolomé de Tirajana, en Gran Canaria, reabrió la investigación por el fallecimiento de Juan Antonio Álvarez, su primer marido, muerto el 22 de noviembre de 1996. La autopsia reveló que el empresario murió envenenado con ion fosfato, un tóxico presente en productos de limpieza y fertilizantes. La muerte se cerró como un suicidio. Pero casi veinte años después, el informe presentado por el criminólogo Félix Ríos aportó inquietantes indicios criminales contra la mujer y la policía trabajó de nuevo en el caso. Angi tuvo que declarar como investigada desde la cárcel y nuevamente negó todas las acusaciones. Un año después, el mismo juez decidió archivar provisionalmente la causa. Al cierre de este libro, en septiembre del 2019, la decisión está recurrida por al menos una hermana del empresario, que desde el asesinato de Ana María Páez Capitán lucha para que se investigue la muerte de Juan Antonio Álvarez.
Este último proceso judicial frenó las opciones de María Ángeles Molina de beneficiarse de sus primeros permisos penitenciarios.

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Interesting but the book has not brought me anything new regarding what can be found out there about the case of this murderer (I know that would be impossible, but at least I expected a different view).
With regard to the writing of the book … The author is probably good at writing an article but this book has immense poverty in the fictional part. Simplistic dialogues that any elementary student would have been able to develop more successfully.
Case apart to comment on something that has bothered me deeply, the desire of some female characters (police and journalists) to highlight the benefits and attractiveness of some male specimens. I wonder if this would have been the other way around if he would have been accused of machismo …
Anyway, my conclusion is that the case is very interesting but it has left me cold the way to write it.

It is a novel where the intention is to commit the perfect crime. But is there a perfect crime? In the main case throughout the novel we will see that no.
The plot revolves around a murder that from the beginning puts the Mossos d’Esquadra of Barcelona in check.
A team from the homicide group will take care of the case.
Ana María Páez Capitán, 36, appears dead in a rental apartment without obvious symptoms of violence. But as we have said before, there is no perfect crime and then the investigations will point to an acquaintance of the victim Ángeles Molina Fernández, called Angi.
Being real facts, the book is based on the investigation, the search for evidence, guilty parties, and solution of the case. Although not everything will be resolved. We will see betrayals, disappointments, sex, money and much emotion.
Mayka Navarro, author of the work and journalist, gave everything at the time for this news and for this book. To the point of being almost imputed by the judge who led the case.
With a good documentation work, it gives this essay a credibility that nevertheless does not contribute much.

Over time, the then responsible for the investigations of the Mossos in Barcelona, Josep Lluís Trapero, would say that this was one of the most complicated press conferences in the history of the police, which, being impotent, requested one of the most vulnerable groups in society to be very careful because an unidentified serial killer was on the streets. A few days later, he, along with the inspector Josep Montenys, arrested Remedios Sánchez when they discovered her throwing coins in a slot machine of an Eixample recreation room.

The coroner had confirmed the absence of violence, neither traumatic nor sexual. Although he warned that he was waiting for the results of complementary studies that would confirm whether the victim had had sex. The reports of the head of the Forensic Pathology service, Dr. Josep Castellà, had a very particular stamp: he wrote them for their understanding. Raising questions or doubts in writing about the causes of a death that sometimes he could not answer, and he recognized it in writing. In the case of Ana María Páez, Castellà admitted the possibility that the victim herself had placed and sealed the bag on her head with the idea of committing suicide. But he also warned that it was not a usual method and, as the investigators had done at the time, it was not overlooked that the lack of women’s clothing and objects in the apartment made one think of the necessary participation of some other person.
After making clear that the suicide hypothesis was very unlikely, the coroner wondered how it was possible that a healthy and strong young woman, as she understood that Ana had been, had died asphyxiated with a bag on her head with the idea of committing suicide. But he also warned that it was not a usual method and, as the investigators had done at the time, it was not overlooked that the lack of women’s clothing and objects in the apartment made one think of the necessary participation of some other person.
He concluded his report by concluding that it was a violent death, and warned that, despite the absence of signs of violence, the context suggested the participation of one or several people. And he set death at an interval between twenty-four and seventy-two hours before the body was found.

Ana María Páez Capitán appeared as head of the company’s design, with a seniority since May 2000 and a gross salary of 7,775 euros per month. The payroll had also been falsified, and at the top, the worker’s address was written: number 308 on Balmes Street in Barcelona, again. In the documentation that he had provided to the notary who validated the granting of the loan, Ana María Páez appeared single and still living, at thirty-five years of age and with that salary, at the home of her parents, owners of the Balmes apartment. For the management, the notary charged a minute of 46.54 euros.
Olivia showed the BBVA worker the image of Angi entering the branch of “la Caixa” in Mataró, and the woman identified her without any doubt.
“By the way, I had to harass her on the phone to pay the first monthly payments on the loan.” Since December the quota has not been effective again.

Judge Elena Carasol didn’t just want to interrogate me in her office. He had decided to ban a number of media outlets to continue reporting on the case. The couple of mossos assigned that weekend to the guard in the courts was responsible for delivering in person to those responsible for El Periódico de Catalunya, El País, Cadena Ser and Catalunya Ràdio the same letter.
She had not been detained for three months, when María Ángeles Molina Fernández was transferred to Brians prison. During the first four years, Angi carefully prepared with his lawyer Carles Puig the strategy that would take in the trial that would be held at the Audience of Barcelona and that should begin on January 10, 2012. The night before, the lawyer spoke with she on the phone, asked him to rest and “please” appear discreetly in the courtroom to make a good impression on the court.
As soon as the hearing began, Angi took the floor and announced his desire to change his lawyer for “discrepancy in the defense strategy.”
The ruse didn’t work out. The court of the Second Section of the Barcelona Hearing postponed the trial, left a few days for the defendant’s new lawyer to become aware of the case, but did not release Angi due to the high risk of escape. Finally, the trial began a month after the scheduled date, February 20, 2012. The prosecutor requested twenty-four years in prison for murder and the family, thirty. The defendant defended herself as she could.
The Barcelona Court did not believe her and sentenced her to twenty-two years in prison for the murder of Ana María Páez Capitán, to whom she impersonated her identity in order to obtain an economic benefit by signing loans and life insurance for an amount exceeding one million of euros. The court concluded that the defendant authored a crime of murder with alevosía and another of fraud. The crime, according to the sentence, was “especially perverse” since the victim went to the apartment “under the lure of a dinner date.” Angi was sentenced to indemnify Ana’s family and couple with two hundred thousand euros.
In 2017, Angi became news again. A judge from San Bartolomé de Tirajana, in Gran Canaria, reopened the investigation for the death of Juan Antonio Álvarez, her first husband, who died on November 22, 1996. The autopsy revealed that the businessman died poisoned with phosphate ion, a toxic present in cleaning products and fertilizers. Death closed as suicide. But almost twenty years later, the report presented by criminologist Félix Ríos brought disturbing criminal evidence against women and the police worked on the case again. Angi had to testify as investigated from prison and again denied all accusations. A year later, the same judge decided to provisionally file the case. At the close of this book, in September 2019, the decision is appealed by at least one sister of the businessman, who since the murder of Ana María Páez Capitán fights to investigate the death of Juan Antonio Álvarez.
This last judicial process restrained María Ángeles Molina’s options to benefit from her first prison permits.

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