El Arte De No Callar: Autobiografía Entre El Silencio Y La Impunidad — Thelma Fardin / The Art of No Silence: Autobiography Between Silence and Impunity by Thelma Fardin (spanish book edition)

Un libro muy interesante además que valiente por parte de la actriz argentina. El feminismo latinoamericano es una revolución unida e imparable, sin vacuna contra el virus que busca que cada chica se acueste con quien quiera sin ser juzgada y no sea tocada por nadie que no quiera, que no le enseñen más a callar o a agradar más de lo que cada una desea agradar y merece gozar. Es una revolución latina.
Y allí está la piel tierra, la piel transparente, la piel que mira más allá de la mirada: la piel que refleja que el silencio no puede carcomer la mirada.

La desigualdad que vivimos en nuestra sociedad es como un péndulo que durante muchos muchos años estuvo suspendido de un lado, sostenido por la fuerza patriarcal. Gracias a la búsqueda de la igualdad, el péndulo ahora va en dirección al punto medio, al equilibrio. Y, como es natural, lo hace con cierta fuerza. Esa fuerza ejercida por el impulso feminista era necesaria para vencer la resistencia que lo sostenía. Sumada a la caída por el propio peso de lo insostenible, la velocidad adquirida, colateral pero necesaria, genera errores, arrebatos e impulsividad. Sin impulso, no hay caída. Se nos pide que demos esta lucha sin errores, con paz y templanza, y aunque es lo que intentamos y predicamos, es verdaderamente arduo y agotador ver y sentir que la pared que empujamos constantemente a favor de todas las personas (incluidas quienes integran la resistencia) es un muro rígido de negación, desinformación y egoísmo. Hoy, la equidad en el mundo no existe. Eso es un hecho. La fuerza que busca calibrar esa igualdad se llama feminismo.

Hablar por hablar no es una solución. La crítica destructiva no lleva a nada. Estemos de acuerdo o no, de un lado se empuja para mejorar e intentar salvar vidas, se empuja para condenar a los injustos y victimarios; del otro, se busca desprestigiar ese accionar, se busca lastimar desde la comodidad de la inacción.

…Durante 9 años lo anulé para poder seguir adelante, hasta que hace unos meses escuché a otra chica acusar a la misma persona y eso fue un cachetazo para mí. En el año 2009 estaba de gira con un programa infantil muy exitoso, tenía 16 años, era una nena. El único actor adulto que viajaba con nosotros tenía 45 años. Una noche comenzó a besarme el cuello y yo le dije que no. Me agarró la mano, me hizo que lo tocara y me dijo «Mirá cómo me ponés», haciéndome sentir su erección. Yo seguía diciendo que no. Me tiró en la cama, me corrió el shorcito y empezó a practicarme sexo oral. Yo seguía diciendo que no. Me metió los dedos. Yo seguía diciendo que no. Le dije: «Tus hijos tienen mi edad». No le importó. Se subió encima mío y me penetró. En ese momento, alguien tocó la puerta y yo pude salir de esa habitación. Gracias a que alguien habló, yo hoy puedo hablar, y cuando lo dije me encontré rodeada de personas que estaban dispuestas a acompañarme, a cuidarme y, sobre todo, a darme mucho amor.

La prensa es todo un universo. Las entrevistas, los productores contactándose, los periodistas con la cámara que aparecen de un momento a otro en la calle, a la salida del teatro o del subte. Es un arma de doble filo; puede ayudarte a dar un mensaje para que lo escuche todo un país y a la vez, de manera voraz, ser hostil y despiadada. Son dos caras de una misma moneda. Los medios tienen un poder que a veces supera el de la justicia, porque en los medios todo lo que digas puede ser y será usado en tu contra. La mayoría de las veces no les importa lo que tengas para decir, simplemente les importa que digas algo jugoso y que ese algo les sirva a ellos para llamar la atención, que lo que les des —o te saquen— sea capitalizable para su beneficio. Lo que sea.
El periodismo, los medios y las redes son un océano de incertidumbres que conectados invitan al caos y, contradictoriamente, a la desinformación. Es muy favorable tener un equipo de gente que haga tu imagen y comunicación, que te maneje la prensa y te diga qué decir, cómo y a quién.
Cuando decidimos recorrer el camino de la liberación, de la rotura del pacto, del quiebre del silencio, decidimos meternos en este laberinto rebuscado, mal armado y levantado con tantos errores que hacen inverosímil que se siga sosteniendo. Pero la trampa es esa. El laberinto de la justicia tiene paredes tan altas que la gente que lo ve de afuera mira para arriba y no ve el final. Mucho menos puede ver la totalidad de lo que pasa dentro de sus paredes. Pero su altura, su longevidad y el cartel idealista y utópico colgado en la puerta de entrada son pruebas suficientes para el observador promedio. Defender el laberinto es fácil cuando no tenés que cruzarlo.
Otra paradoja que encontramos es que las personas que somos o fuimos más vulnerables ahora debemos ser las más fuertes, las más instruidas, las más preparadas y resistentes; de otra manera, no durás en el laberinto. Decisión tomada, con los recursos que haya, entramos. En el interior del laberinto, no dejamos de sorprendernos. Mientras más te adentrás, más perpleja te deja el panorama. Son más los caminos que te traen de vuelta que los que te conducen a la puerta de salida. Hasta los agresores tienen preferencia.

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A very interesting book that is also brave by the Argentine actress. Latin American feminism is a united and unstoppable revolution, without a vaccine against the virus that seeks for every girl to sleep with whoever she wants without being judged and not touched by anyone she doesn’t want, to not be taught more to shut up or please more than she likes. that each one wishes to please and deserves to enjoy. It is a Latin revolution.
And there is the earth skin, the transparent skin, the skin that looks beyond the gaze: the skin that reflects that silence cannot eat away the gaze.

The inequality that we live in our society is like a pendulum that for many years was suspended on one side, sustained by the patriarchal force. Thanks to the search for equality, the pendulum now goes in the direction of the middle point, the equilibrium. And, naturally, it does so with some force. That force exerted by the feminist impulse was necessary to overcome the resistance that sustained it. Added to the fall by the weight of the unsustainable, the speed acquired, collateral but necessary, generates errors, outbursts and impulsivity. Without momentum, there is no fall. We are asked to give this fight without errors, with peace and temperance, and although it is what we try and preach, it is truly arduous and exhausting to see and feel that the wall we constantly push in favor of all people (including those who integrate the resistance ) is a rigid wall of denial, misinformation and selfishness. Today, equity in the world does not exist. That’s a fact. The force that seeks to gauge that equality is called feminism.

Talking by talking is not a solution. Destructive criticism leads to nothing. Whether we agree or not, on the one hand it pushes to improve and try to save lives, it pushes to condemn the unjust and victimizers; on the other, it seeks to discredit that action, it seeks to hurt from the comfort of inaction.

… For 9 years I canceled it to be able to move on, until a few months ago I heard another girl accuse the same person and that was a slap for me. In 2009 I was on tour with a very successful children’s program, I was 16, I was a girl. The only adult actor who traveled with us was 45 years old. One night he started kissing my neck and I said no. He grabbed my hand, made me touch him and said, “Look how you put me,” making me feel his erection. I kept saying no. He threw me on the bed, ran the shorcito and started practicing oral sex. I kept saying no. He stuck my fingers. I kept saying no. I said: “Your children are my age.” He does not care about me. He climbed on top of me and penetrated me. At that moment, someone knocked on the door and I was able to leave that room. Thanks to someone speaking, I can speak today, and when I said it I was surrounded by people who were willing to accompany me, take care of me and, above all, give me a lot of love.

The mass media is a whole universe. Interviews, producers contacting, journalists with the camera that appear from one moment to another in the street, at the exit of the theater or subway. It is a double-edged sword; It can help you give a message for a whole country to hear and at the same time, voraciously, be hostile and ruthless. They are two sides of the same coin. The media have a power that sometimes exceeds that of justice, because in the media everything you say can be and will be used against you. Most of the time they don’t care what you have to say, they just care that you say something juicy and that that something helps them to get attention, that whatever you give them – or get you out – is capitalizable for their benefit. Whatever is.
Journalism, media and networks are an ocean of uncertainties that connected invite chaos and, contradictorily, misinformation. It is very favorable to have a team of people who make your image and communication, who handle the press and tell you what to say, how and to whom.
When we decided to travel the path of liberation, of the breaking of the pact, of the breaking of silence, we decided to get into this labyrinth that was elaborate, poorly armed and raised with so many errors that make it unlikely that it will continue to be sustained. But the trap is that. The labyrinth of justice has walls so high that people who see it from the outside look up and do not see the end. Much less can you see the totality of what goes on inside your walls. But its height, its longevity and the idealistic and utopian poster hanging at the entrance are sufficient evidence for the average observer. Defending the maze is easy when you don’t have to cross it.
Another paradox we find is that the people we are or were most vulnerable should now be the strongest, the most educated, the most prepared and resilient; otherwise, do not last in the maze. Decision taken, with the resources there are, we enter. Inside the labyrinth, we keep surprising ourselves. The more you enter, the more perplexed the panorama leaves you. There are more roads that bring you back than those that lead you to the exit door. Even bullies have preference.

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