¿Es Posible Una Cultura Sin Miedo? — Francisco Mora Teruel / Is A Culture Without Fear Possible? by Francisco Mora Teruel (spanish book edition)

Me ha encantado este libro. Es imprescindible conocer causas y consecuencias de esta emoción, y Mora ofrece la posibilidad de entender mejor las vicisitudes cerebrales para con el miedo.

Miedo es posiblemente una de las palabras, con sus infinitas acepciones, más utilizadas en el vocabulario universal. En cada idioma del mundo, en cada conversación, sea entre niños, jóvenes, adultos o viejos, sea de política, arte, ciencia o aventuras, sea sobre cine, lectura de libros, revistas o periódicos, sea en los medios radiofónico o televisivo, sea, en fin, a través de las redes sociales, la palabra miedo siempre aparece infiltrada. Sin duda, esto indica el valor y el significado que el concepto miedo tiene para el ser humano. De hecho, estamos viviendo, si es que no hemos vivido siempre en todas las culturas que se han sucedido desde que somos propiamente humanos, bajo el manto cultural del miedo.
Es una indiscutible realidad que el miedo preside nuestra cultura. El miedo es como un fantasma infiltrado en todos y cada uno de los aconteceres humanos de nuestros días en los que influye. En una sociedad en la que tanto hablamos de la libertad y por la que la humanidad ha luchado desde siempre y en tantos frentes, el miedo, también desde siempre, ha sido el freno oculto y poderoso de esa lucha. Es cierto que cada cultura ha creado sus propios miedos, pues cada cultura ha pintado el miedo con matices diferentes, con lecturas diferentes, con significados diferentes. Por eso es tan amplia y extensa la historia y la cultura del miedo.

Las emociones no solo son un mecanismo de nuestro cerebro puesto al servicio del individuo, sino también de los demás, es decir, son un poderoso instrumento de comunicación utilizado por casi todas las especies animales, incluido el hombre. De hecho, es el lenguaje de comunicación más primitivo que avisa de forma ruda, rápida e inconsciente del peligro, la existencia de comida, de la evitación de la lucha inútil entre individuos de la misma especie y tribu, etc.
La reacción conductual inconsciente de miedo es una emoción innata, universal, que poseen casi todos los animales y se expresa máximamente en los mamíferos, incluido el hombre. Está producida por una amenaza, un peligro para la supervivencia o evocada por el recuerdo de tales peligros y amenazas. En el hombre, esta emoción, gracias al cerebro y los mecanismos que generan la conciencia, se eleva a sentimiento. Es un sentimiento desagradable y, dependiendo de su intensidad, puede llegar a ser de terror, pánico y hasta paralizante. El ser humano siempre tiene una emoción de miedo básico en su conducta, desde que se levanta hasta que se acuesta.
Con todo, y aunque no lo parezca, miedo es un término impreciso, resbaladizo y aún mal definido en la literatura en general y en la científica en particular. Todo el mundo entiende su significado pero poca gente sabe propiamente a lo que refiere este concepto, según se hable de miedo en los animales o en las personas.
El término de miedo como el de ansiedad, es verdad que ambos refieren a esa reacción conductual, inconsciente primero y sentimiento consciente humano después, que todos reconocemos como miedo, sea intenso, vago, sutil y poco concreto. Miedos que ahí están y que son miedos cotidianos, de casi todos los días, miedos «sociales», miedos que atenazan, sujetan, roban la libertad, grande o pequeña, ante la toma personal de las mejores decisiones, sea en la familia, en el colegio, en el trabajo, en el «júbilo desamparado» del envejecimiento…

El miedo, el miedo del que hablamos todos, todos los días, es un sentimiento humano, es decir, un proceso por el cual una reacción emocional inconsciente ante una amenaza o peligro inminente se transforma en un proceso mental con el que el sujeto se da cuenta, «es consciente», de cuanto sucede, cosa que no ocurre en los animales.
El miedo es, pues, un sentimiento único para cada ser humano (y diferente al de otro ser), como único es el cerebro de cada individuo con su historia, sus vivencias, sus percepciones y memorias, sus pensamientos y razones. De modo que los matices y significados de situaciones de miedo, aun siendo en apariencia iguales, son «únicos» en cada persona.
El miedo no es un fenómeno cerebral, mental y conductual único, algo así como «se tiene o no se tiene hambre». Cuando se habla de miedo, se puede hacer referencia a varios tipos de miedo. Y cada uno de esos miedos es elaborado y procesado de distinto modo por vías y caminos neuronales diferentes del cerebro.
Los tres tipos de miedos, el miedo al dolor, el miedo a los depredadores y el miedo a nuestros congéneres, siguen caminos neuronales diferentes en el cerebro pero todos arrancan en su construcción neuronal con la activación de la amígdala, puerta de entrada al sistema límbico/emocional. La amígdala es una estructura compuesta de varios núcleos, entre ellos, y de modo destacado a los intereses de nuestro tema, el miedo, está el núcleo de la amígdala lateral.

Sin duda, el «miedo humano» ha sido el arma más poderosa y perversa con la que el hombre ha esclavizado a los otros hombres, desde el poderoso al débil, del rico al pobre, del que sabe al ignorante, del superdotado al mediocre, del creyente al ateo. El ser humano en nuestras sociedades vive lanzándose esos miedos que como dardos hieren a unos y otros. Y con ello construyen redes que cubren todas las relaciones sociales humanas. Redes a veces sutiles, a veces ensangrentadas, miedo en cualquier caso que cercena la espontaneidad, la franqueza, el brillo limpio y honesto en la mirada. Miedo que se guarda en ese cofre secreto que llamamos intimidad y que tantas veces nos lleva a ver «al otro» como un ser lejano, ajeno, amenazante y a su vez generador de miedos. Y la sociedad misma, en el seno de su propia cultura, genera miedos a través de ideas que se transforman en herramientas que atenazan a los demás. El miedo, así, se diluye, como un vapor, un gas impreciso, una atmósfera que respiramos sin darnos cuenta, todos los días.
Y son estos últimos miedos los que, de manera perversa, se han convertido en la fuente de sufrimiento más importante para el ser humano.
Lo cierto es que ese indefinido que es el miedo cubre todo el extenso arco de la vida social del hombre y su cultura. Y es en nuestra cultura que el miedo se infiltra de forma sutil por los medios de comunicación, sea la televisión, la radio o los medios sociales por los que deslizan amenazas constantes procedentes de gentes de todo tipo, que hacen manipulable al hombre en sociedad haciéndolo menos crítico y cercenando también en él ese don tan genuinamente humano que es el de la creatividad. El miedo, sin duda, es el instrumento menos costoso con el que se puede domeñar el espíritu de los demás. El miedo, así, se convierte en ese maligno que media todas las transacciones humanas. Estos son los miedos que hay que destruir en una sociedad que sueña con crear una cultura sin miedo.
En cualquier caso, es posible que no seamos capaces nunca de erradicar el miedo de nuestra cultura, pero es también posible que conociendo su significado y cómo se elabora este en el cerebro podamos alcanzar una nueva actitud frente a él.
Es más, yo personalmente pienso que será una cultura que vendrá de la mano de esa nueva cultura que se ha denominado neurocultura y que nos está llevando a una reevaluación de las humanidades a través del conocimiento de cómo funciona el cerebro y con ellas de las relaciones humanas. Nueva cultura que consistirá en seguir andando el camino siempre hacia delante, construyendo entre pensamientos y nuevos conocimientos científicos, entre aciertos y errores, entre acciones y repeticiones, un ser humano cada vez más crítico y creativo, más abierto, más honesto, siempre en lucha contra la mentira y el miedo.

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I loved this book. It is essential to know the causes and consequences of this emotion, and Mora offers the possibility of understanding brain vicissitudes better with fear.

Fear is possibly one of the words, with its infinite meanings, most used in the universal vocabulary. In every language of the world, in every conversation, be it between children, young people, adults or old people, be it about politics, art, science or adventures, be it about cinema, reading books, magazines or newspapers, whether it is radio or television be, finally, through social networks, the word fear always appears infiltrated. Undoubtedly, this indicates the value and meaning that the fear concept has for the human being. In fact, we are living, if we have not always lived in all cultures that have happened since we are properly human, under the cultural mantle of fear.
It is an indisputable reality that fear presides over our culture. Fear is like a ghost infiltrated in each and every human event of our day that it influences. In a society in which we talk so much about freedom and for which humanity has always fought and on so many fronts, fear, also since always, has been the hidden and powerful brake of that struggle. It is true that each culture has created its own fears, because each culture has painted fear with different nuances, with different readings, with different meanings. That is why the history and culture of fear is so wide and extensive.

Emotions are not only a mechanism of our brain placed at the service of the individual, but also of others, that is, they are a powerful communication tool used by almost all animal species, including man. In fact, it is the most primitive communication language that warns in a rough, fast and unconscious way of danger, the existence of food, of the avoidance of useless struggle between individuals of the same species and tribe, etc.
The unconscious behavioral reaction of fear is an innate, universal emotion, which almost all animals possess and is maximally expressed in mammals, including man. It is produced by a threat, a danger to survival or evoked by the memory of such dangers and threats. In man, this emotion, thanks to the brain and the mechanisms that generate consciousness, rises to feeling. It is an unpleasant feeling and, depending on its intensity, it can become terror, panic and even paralyzing. The human being always has an emotion of basic fear in his behavior, from when he gets up until he goes to bed.
However, although it may not seem like it, fear is an imprecise, slippery and even poorly defined term in literature in general and in scientific literature in particular. Everyone understands its meaning but few people know exactly what this concept refers to, depending on whether they speak of fear in animals or in people.
The term fear as anxiety, it is true that both refer to that behavioral reaction, first unconscious and human conscious feeling later, that we all recognize as fear, be intense, vague, subtle and little concrete. Fears that are there and that are everyday fears, almost every day, “social” fears, fears that hold, hold, steal freedom, big or small, in the face of personal decision-making, whether in the family, in school, at work, in the “helpless joy” of aging …

Fear, the fear of which we all talk, every day, is a human feeling, that is, a process by which an unconscious emotional reaction to an imminent threat or danger is transformed into a mental process with which the subject is given account, “is aware” of what happens, something that does not happen in animals.
Fear is, then, a unique feeling for each human being (and different from that of another being), as unique is the brain of each individual with its history, its experiences, its perceptions and memories, its thoughts and reasons. So the nuances and meanings of fear situations, even though they appear to be the same, are “unique” in each person.
Fear is not a unique brain, mental and behavioral phenomenon, something like “you are hungry or not.” When talking about fear, reference can be made to various types of fear. And each of these fears is elaborated and processed differently by different neuronal pathways and pathways of the brain.
The three types of fears, the fear of pain, the fear of predators and the fear of our congeners, follow different neural pathways in the brain but they all start in their neuronal construction with the activation of the tonsil, gateway to the limbic system /emotional. The amygdala is a structure composed of several nuclei, among them, and in a prominent way to the interests of our subject, fear, is the nucleus of the lateral tonsil.

Undoubtedly, “human fear” has been the most powerful and perverse weapon with which man has enslaved other men, from the powerful to the weak, from the rich to the poor, from the one who knows the ignorant, from the gifted to the mediocre, From the believer to the atheist. The human being in our societies lives by throwing those fears that hurt each other as darts. And with that they build networks that cover all human social relationships. Sometimes subtle networks, sometimes bloody, fear in any case that curtails spontaneity, openness, clean and honest shine in the eyes. Fear that is kept in that secret chest that we call intimacy and that so often leads us to see “the other” as a distant, alien, threatening and in turn generating fear. And society itself, within its own culture, generates fears through ideas that become tools that grip others. Fear, thus, is diluted, like a vapor, an imprecise gas, an atmosphere that we breathe without realizing it, every day.
And it is these last fears that, perversely, have become the most important source of suffering for the human being.
The truth is that this indefinite fear is that covers the entire arc of man’s social life and culture. And it is in our culture that fear is subtly infiltrated by the media, be it television, radio or social media through which constant threats from people of all kinds slide, which make man in society manipulable by making it less critical and also cutting off in him that gift so genuinely human that is that of creativity. Fear, without a doubt, is the least expensive instrument with which the spirit of others can be tamed. Fear, thus, becomes that evil one that mediates all human transactions. These are the fears that must be destroyed in a society that dreams of creating a culture without fear.
In any case, we may never be able to eradicate the fear of our culture, but it is also possible that knowing its meaning and how it is elaborated in the brain we can reach a new attitude towards it.
Moreover, I personally think that it will be a culture that will come from the hand of that new culture that has been called neuroculture and that is leading us to a reevaluation of the humanities through the knowledge of how the brain works and with them of relationships human. New culture that will consist in continuing to walk the road always forward, building between thoughts and new scientific knowledge, between successes and mistakes, between actions and repetitions, an increasingly critical and creative human being, more open, more honest, always in struggle against lies and fear.

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