Pandemia: Virus Y Miedo. Una Historia Desde La Gripe Española Hasta El Coronavirus Covid-19 — Mónica Müller / Pandemic: Virus And Fear. A History From The Spanish Flu To The Covid-19 Coronavirus by Mónica Müller (spanish book edition)

Este es un libro reeditado aprovechando la pandemia del covid-19. Es interesante para profundizar en otros libros más especializados.
El virus de 2009 atacó con mayor severidad a los niños y jóvenes, mientras que el Covid-19 parece afectar más a los mayores de 65 años con enfermedades preexistentes. Este comportamiento malthusiano no es un consuelo, pero es innegable que hace menos cruel al enemigo que tenemos por delante. Aún no es posible estimar con precisión su capacidad letal pero las primeras aproximaciones indican que es un poco mayor que la de la gripe estacional. Esa aparente benignidad de los virus más conocidos se disuelve por la enorme cantidad de contagios, por lo que finalmente suman entre 290.000 y 650.000 fallecimientos anuales.
La gripe A (H1N1) que atravesó el mundo durante 2009 despertó ese pavor atávico y provocó reacciones que fueron explotadas por políticos y comerciantes. Pero el virus existió y existe. Lo saben los médicos que diseñaron estrategias de salud pública y fueron poco o mal escuchados. Y los que trabajaron sin descanso para salvar a sus pacientes y no siempre lo lograron.
La pandemia de 1918 que se conoce como Gripe Española es el modelo temido que los epidemiólogos tienen presente cuando se habla de epidemias de gripe, y el que puso en alerta a gran parte del mundo médico en abril del año pasado.

Un virus es una incógnita. A pesar de todo lo que durante 2009 se aprendió sobre el A (H1N1) y sus efectos, nadie puede predecir sus próximos pasos, los que dará en el invierno de 2010 en el hemisferio sur. Su regreso, que los especialistas llaman la segunda oleada, tiene a los científicos de todo el mundo en suspenso, porque puede tener el ritmo de una suave marea o el ímpetu de un tsunami, como lo tuvo en 1918. Solo se puede asegurar que está lejos de haber terminado su trabajo entre nosotros.
Las crónicas de epidemias son un género en sí mismo. Su mayor valor está en la descripción de las consecuencias sobre la sociedad, más que sobre los cuerpos. Estamos viviendo la primera pandemia de este siglo y la única narrada online. Sus derivaciones se han analizado, discutido y transmitido en simultáneo en todo el mundo en tiempo real de modo que quien tenga acceso a un televisor, a un diario o a una computadora pueda ser un “epidemiólogo” con opiniones propias sobre el presente y el futuro de la enfermedad.
El primer brote documentado de enfermedad humana por el virus aviar A (H5N1) ocurrió en Hong Kong en 1997 y coincidió con casos de aves muertas por un virus altamente patogénico idéntico al que seis años después comenzó a aparecer en granjas y mercados de aves vivas. Los contagios cesaron en forma abrupta a partir del exterminio de toda la población de pollos de Hong Kong, estimada en un millón y medio de cabezas. Esto confirmó la causa de que los humanos se infectaran: el contacto directo con los animales enfermos. Algunos expertos opinan que esa medida pudo haber evitado entonces una pandemia.

Una zoonosis es una enfermedad propia de los animales que en forma accidental salta la barrera de las especies y contagia a un humano. No solo los pájaros: también los monos, los roedores y los murciélagos son portadores de virus y bacterias capaces de matar a una persona en pocos días y de diseminarse con rapidez entre los individuos de una comunidad hasta que la enfermedad se detecta y se ponen barreras al contagio.
La gripe aviar es solo una entre miles que tienen a nuestra especie bajo amenaza. La peste bubónica, la fiebre amarilla, el virus del Nilo, el ébola, la rabia, la psitacosis, el hantavirus, la tuberculosis bovina, la viruela de los monos, la enfermedad de Lyme y muchas cepas de gripe saltan con facilidad de otros animales al humano y pueden producir pequeños brotes o grandes epidemias de gravedad variable.
La esperanza de erradicar estas enfermedades acechantes es una utopía que se hace cada día más evidente.

El único límite para la capacidad infectiva de un virus es su propia acción invasora. Cuando buena parte de la comunidad fue infectada por él (o inoculada con una vacuna de buena efectividad) y en consecuencia tiene inmunidad específica, los contagios se hacen esporádicos y el virus se repliega a un segundo plano hasta encontrar una nueva población susceptible. Eso se espera que ocurra con el virus A (H1N1) cuando curse su segunda oleada en el hemisferio sur. La primera contagió a un gran número de personas en todo el mundo, que estarán inmunizadas cuando regrese. Buscando esa protección, algunos excéntricos en Europa y los Estados Unidos promovieron fiestas de contagio en casas de amigos que tuvieron la suerte de enfermarse antes de que el virus mutara y el ánimo como para organizar una reunión social.
Aunque las pruebas en monos que se hicieron en la Universidad de Wisconsin mostraron que el virus A (H1N1) vive y se replica mil veces mejor en los pulmones que el de la gripe estacional, (14) hay dos buenas noticias: una es que durante este siglo los humanos hemos ido desarrollando cierta inmunidad en respuesta al contacto directo o indirecto con virus semejantes al de esta pandemia. La otra es que las sucesivas pandemias parecen estar decreciendo en severidad a lo largo del tiempo. Esto se debe en parte a los avances de la medicina y la salud pública, pero sobre todo refleja las elecciones evolutivas de la lógica viral. A ningún virus le conviene matar en poco tiempo a todos sus huéspedes porque se quedaría sin medios para existir. Si se lo permiten, la inteligencia viral siempre elige la mejor combinación: una capacidad de transmisión óptima con una mínima capacidad destructiva.
La primera mala noticia sobre los virus es que ningún medicamento los mata. Como son parásitos obligados, es decir que solo subsisten si están dentro de una célula, fuera de un organismo vivo se extinguen en pocas horas y es sencillo eliminarlos de una superficie mediante antisépticos o desinfectantes. Pero una vez que lograron entrar, la lucha se entabla en otros términos, salvo que uno repita el error de aquel preso que, después de oír la charla sobre prevención e higiene que un infectólogo dio en la cárcel, se tomó un vaso de lavandina con las espantosas consecuencias que no es necesario describir.
La segunda mala noticia, derivada de la primera, es que lo que conocemos como antivirales son drogas que no matan a los virus, sino que en el mejor de los casos hacen más lenta su replicación.

La OMS informó por medio de la prensa que seguía recomendando el empleo de antivirales como Tamiflu® o Relenza® para las personas enfermas de gripe A “que se encuentren graves, así como para aquellas con riesgo de complicaciones”. Ante las preguntas de los periodistas, la OMS aclaró que si bien se recomendaban los antivirales para los casos graves o de riesgo, no eran necesarios para individuos sanos con síntomas leves de gripe.
Los laboratorios Roche informaron que los efectos colaterales de Tamiflu® son conocidos, pero que este ha demostrado prevenir el contagio con virus de influenza y reducir tanto la duración como la severidad de la enfermedad.
En las conclusiones, el trabajo afirma que Tamiflu® no debería usarse en el control rutinario de la gripe común y que sus resultados tal vez no sean aplicables en la pandemia de gripe A (H1N1).
A raíz de estas dudas, la cadena de televisión británica Channel 4 News hizo una segunda investigación más exhaustiva en colaboración con la revista, en la que intervino un grupo de profesores de la Universidad de Birmingham, Inglaterra. En este trabajo también aparecieron serias dudas sobre la información que el laboratorio da sobre su producto. La conclusión es que aunque es posible que Tamiflu® disminuya el riesgo de una complicación como la neumonía, este beneficio podría ser escaso y sus efectos secundarios merecen ser bien evaluados antes de iniciar el tratamiento.

La llamaron La Dama Española, Peste Rusa, Influenza Alemana, Fiebre de Flandes, Gripe Española, Gripe Neumónica, Gripe Epidémica y otros muchos apodos que hacían referencia a los lugares donde se pensaba que se había originado o a sus características más salientes.
El continente europeo y Norteamérica fueron las regiones más afectadas, pero también en Samoa, Alaska, Brasil y la India hubo incontables víctimas. Todos los habitantes de algunos pueblos esquimales desaparecieron devorados por la enfermedad y en Samoa Oeste murió el veinte por ciento de la población. Pero son cifras estimadas: el aislamiento relativo de esos países en aquella época hizo que millones de víctimas quedaran para siempre en un limbo de incertidumbre porque las cifras oficiales no contabilizaron su existencia ni su muerte.
Entonces todavía no regía la norma de informar a las autoridades los casos de gripe. Solo después de 1918 ese registro se hizo rutina en los Estados Unidos. Antes de conocer los alcances de la epidemia y en pleno duelo por las consecuencias de la guerra, parecía un sinsentido preocuparse por algo tan insignificante como una gripe.
Para medir la magnitud de la pandemia es útil compararla con otras grandes causas de muerte masiva: entre 1348 y 1349 la peste negra mató a 30 millones de personas; durante la epidemia de cólera de 1900 murieron un millón de personas; la Primera Guerra Mundial costó 15 millones de vidas en el espacio de cuatro años, de las cuales 9,2 millones en combate; la segunda provocó en seis años 15,9 millones de muertos en combate y 60 millones en total, sumando civiles y militares.
En relación con esos hechos, la Gripe Española fue la causa del mayor número de muertos en el menor tiempo desde que existe el género humano.

Fabricar vacunas no es un proceso rápido ni sencillo y con frecuencia presenta dificultades adicionales que insume meses resolver. Para elaborar cada dosis con el método clásico se utiliza un huevo de gallina fecundado, donde el embrión vivo de pollo es infectado con el virus. En el caso de la anti A (H1N1) las cosas podían complicarse porque el embrión es susceptible a la fracción aviar del virus, que es letal para las aves. El desarrollo de nuevas tecnologías de cultivo celular, que no utilizan huevos, permite un proceso más rápido. Los virus gripales que se usan como base son obtenidos por recombinación genética. La OMS aprueba este tipo de vacunas, que resultan mucho más seguras. A mediados de agosto de 2009 ya estaba claro que la vacuna no pasaría por los ensayos que se deben aprobar para que un medicamento sea confiable. Una producción rigurosa no lleva nunca menos de 6 meses y según el CDC elaborar una vacuna contra la gripe insume entre 6 y 8 meses.
El nuevo virus fue identificado a principios de mayo de 2009, por lo tanto, si se hubieran cumplido los pasos clásicos la vacuna habría estado disponible con suerte en noviembre de 2010.
Motivos no faltan para poner la lupa sobre los funcionarios de la OMS. Se podría comenzar por Klaus Stöhr, que era su jefe de epidemiología durante los años de máximo alerta por la gripe aviar y pasó a ser un alto funcionario del laboratorio Novartis, y seguir por el holandés Albertus Dominicus Marcellinus Erasmus Osterhaus, al que sus amigos llaman Ab y sus admiradores doctor Gripe, dueño del currículum más impresionante como investigador en virología, asesor de la OMS en el tema influenza y del ministro de Salud de su país, al que aconsejó comprar 34 millones de dosis de vacunas anti A (H1N1) antes de que saliera a la luz que el 9,8 por ciento de las acciones de la compañía farmacéutica Viroclinics BV le pertenece.
¿Por qué sospechar de ellos? Porque es inimaginable que especialistas de tanto peso no hayan sido tentados por la industria de los medicamentos para favorecer sus intereses opinando e influyendo sobre médicos, gobiernos y opinión pública. Y porque son hombres, y los hombres son buenos pero si se los vigila son mejores, y es difícil que alguien se haya atrevido hasta ahora a vigilar a estos próceres intocables de la ciencia.

Jane Bürgermeister, dice que en su acusación presenta pruebas de los actos de bioterrorismo producidos por un grupo que opera en los Estados Unidos bajo la dirección de los banqueros internacionales que controlan la Reserva Federal, en combinación con la OMS, la ONU (Organización de las Naciones Unidas) y la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). El objetivo de esta banda es llevar a cabo un genocidio contra la población de los Estados Unidos mediante el uso de ingeniería genética, creando una pandemia de virus diseñados en laboratorio. Esta vasta operación criminal está respaldada por el cártel bancario y familias tradicionales como los Rothschild y los Rockefeller.
Según su autora, la demanda dice que existen leyes y decretos que permitirían a la ONU y la OMS hacerse cargo de Norteamérica en caso de pandemia y presenta evidencias de que los acusados —entre otros sobresalen los nombres de Barack Obama, presidente de los Estados Unidos; David Nabarro, coordinador del Sistema de las Naciones Unidas para la Gripe; Margaret Chan, directora general de la OMS; Kathleen Sibelius, secretaria del Departamento de Salud y Servicios Humanos; Janet Napolitano, secretaria del Departamento de Seguridad Interior; David de Rothschild, David Rockefeller y George Soros, banqueros; Werner Faymann, canciller de Austria, y Alois Stoger, ministro de Salud de Austria— están confabulados y son parte de un grupo internacional de empresas que ha desarrollado, almacenado y utilizado armas biológicas para eliminar a toda la población de los Estados Unidos y otros países para obtener beneficios políticos y financieros.
En los medios periodísticos de Alemania no salió nada de nada sobre su denuncia. Austria es un país delirante, pero la izquierda, aunque muy minoritaria, está bastante organizada (y bien nutrida de subsidios), por lo que me parece de lo más sospechoso que tampoco haya nada sobre ella en los foros alternativos. En otros sitios ponen en duda sus denuncias penales (que su página reproduce como pdf de una fotocopia, con sellito y todo) por estar plagadas de errores gramaticales y conceptuales. Me parece bastante verosímil una de las versiones que circula en esos foros: si bien no hay manera de contactar a la Bürgermeister y casi no se puede rastrear nada de su vida previa, en su página de Internet pide donaciones pagaderas con tarjeta de crédito. Lo más probable es que sea un cazabobos para gente que cree en las teorías conspirativas.
Si a pesar de tantas y tan burdas falacias alguien desea colaborar con esta mujer que enfrenta sola a las organizaciones más poderosas del mundo para iluminarnos y salvarnos, puede hacerlo entrando en su sitio.

El doctor Juan Carlos David, un veterano epidemiólogo de la provincia de Santa Fe. Acerca de la vacuna y de los antivirales dijo: “Es un negoción increíble cuyo dueño del Tamiflu se llamaba Donald Rumsfeld, ministro de Defensa del nunca bien ponderado Bush”. “Cerrar la escuela es un absurdo porque a los chicos les va a pasar algo muy peligroso: van a ser más brutos de lo que tendrían que ser. Nosotros tenemos que promocionar que vayan a la escuela.” Después de insistir en el cuidado de las medidas de higiene, ante las preguntas del periodista sobre el riesgo de compartir un mate, el doctor David se despide de sus oyentes con una frase optimista y positiva: “Besar trae alegría y la alegría evita las enfermedades!.

Estamos condenados a compartir el planeta con los virus. En el caso del A (H1N1) es tan tonto tenerle miedo como desestimar su potencial de daño.

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This is a reissued book taking advantage of the covid-19 pandemic. It is interesting to delve into other more specialized books.
The 2009 virus more severely attacked children and young people, while Covid-19 appears to affect more than 65 years and older with pre-existing diseases. This Malthusian behavior is not a consolation, but it is undeniable that it makes the enemy ahead less cruel. It is not yet possible to accurately estimate its lethal capacity, but initial estimates indicate that it is slightly higher than that of seasonal influenza. This apparent benignity of the best-known viruses is dissolved by the enormous number of infections, so that they finally total between 290,000 and 650,000 deaths annually.
The A (H1N1) flu that crossed the world during 2009 awoke that atavistic dread and provoked reactions that were exploited by politicians and merchants. But the virus existed and exists. Doctors who designed public health strategies and were little or poorly understood know this. And those who worked tirelessly to save their patients and did not always succeed.
The 1918 pandemic known as the Spanish Flu is the feared model that epidemiologists have in mind when talking about influenza epidemics, and the one that alerted much of the medical world in April last year.

A virus is an unknown quantity. Despite all that was learned in 2009 about A (H1N1) and its effects, no one can predict its next steps, which it will take in the winter of 2010 in the southern hemisphere. His return, which specialists call the second wave, has scientists around the world on hold, because he may have the rhythm of a gentle tide or the momentum of a tsunami, as he did in 1918. It can only be assured that he is far from having finished his work between us.
Chronicles of epidemics are a genre in itself. Its greatest value is in the description of the consequences on society, rather than on bodies. We are experiencing the first pandemic of this century and the only one narrated online. Their referrals have been analyzed, discussed and broadcast simultaneously worldwide in real time so that whoever has access to a television, a newspaper or a computer can be an “epidemiologist” with their own opinions about the present and the future of the illness.
The first documented outbreak of human disease from avian virus A (H5N1) occurred in Hong Kong in 1997 and coincided with cases of birds killed by a highly pathogenic virus identical to the one that six years later began to appear on live bird farms and markets. The infections stopped abruptly after the extermination of the entire chicken population in Hong Kong, estimated at 1.5 million heads. This confirmed the cause of humans becoming infected: direct contact with sick animals. Some experts believe that this measure could have prevented a pandemic then.

A zoonosis is a disease typical of animals that accidentally jumps the barrier of species and infects a human. Not only birds, but also monkeys, rodents, and bats are carriers of viruses and bacteria capable of killing a person in a few days and spreading rapidly among individuals in a community until the disease is detected and barriers are put in place. to contagion.
Avian influenza is only one among thousands that have our species under threat. Bubonic plague, yellow fever, Nile virus, Ebola, rabies, psittacosis, hantavirus, bovine tuberculosis, monkeypox, Lyme disease, and many influenza strains easily jump from other animals. to humans and can cause small outbreaks or large epidemics of varying severity.
The hope of eradicating these lurking diseases is a utopia that is becoming more evident every day.

The only limit to the infective capacity of a virus is its own invasive action. When a good part of the community was infected by it (or inoculated with a vaccine of good effectiveness) and consequently it has specific immunity, the infections become sporadic and the virus folds into the background until a new susceptible population is found. This is expected to occur with the A (H1N1) virus when it makes its second wave in the southern hemisphere. The first one infected a large number of people around the world, who will be immunized when I return. Seeking that protection, some eccentrics in Europe and the United States promoted contagion parties at the homes of friends who were lucky enough to get sick before the virus mutated and the spirit to organize a social gathering.
Although monkey testing at the University of Wisconsin showed that the A (H1N1) virus lives and replicates a thousand times better in the lungs than seasonal influenza, (14) there is two good news: one is that during This century, humans have developed a certain immunity in response to direct or indirect contact with viruses similar to that of this pandemic. The other is that successive pandemics appear to be decreasing in severity over time. This is due in part to advances in medicine and public health, but above all it reflects the evolutionary choices of viral logic. It is not convenient for any virus to kill all its hosts in a short time because it would run out of means to exist. If allowed, viral intelligence always chooses the best combination: optimal transmission capacity with minimal destructive capacity.
The first bad news about viruses is that no medicine kills them. As they are obligate parasites, that is, they only subsist if they are inside a cell, outside a living organism they become extinct in a few hours and it is easy to remove them from a surface using antiseptics or disinfectants. But once they managed to get in, the fight started in other terms, unless one repeated the mistake of that prisoner who, after hearing the talk on prevention and hygiene that an infectious disease specialist gave in prison, had a glass of bleach with the dire consequences that need not be described.
The second bad news, derived from the first, is that what we know as antivirals are drugs that do not kill viruses, but rather slow their replication at best.

The WHO reported through the press that it continued to recommend the use of antivirals such as Tamiflu® or Relenza® for people with influenza A “who are seriously ill, as well as for those at risk of complications”. When asked by journalists, the WHO clarified that although antivirals were recommended for serious or risky cases, they were not necessary for healthy individuals with mild flu symptoms.
Roche Labs reported that the side effects of Tamiflu® are known, but that Tamiflu® has been shown to prevent spread with influenza viruses and to reduce both the duration and severity of the disease.
In the conclusions, the work affirms that Tamiflu® should not be used in the routine control of common influenza and that its results may not be applicable in the influenza A (H1N1) pandemic.
Following these doubts, the British television channel Channel 4 News carried out a second more exhaustive investigation in collaboration with the magazine, in which a group of professors from the University of Birmingham, England, intervened. In this work, serious doubts also appeared about the information that the laboratory gives about its product. The conclusion is that although Tamiflu® may decrease the risk of a complication such as pneumonia, this benefit may be low and its side effects deserve to be well evaluated before starting treatment.

They called it The Spanish Lady, Russian Plague, German Influenza, Flanders Fever, Spanish Flu, Pneumonic Flu, Epidemic Flu and many other nicknames that made reference to the places where it was thought to have originated or to its most salient features.
The European continent and North America were the most affected regions, but also in Samoa, Alaska, Brazil and India there were countless victims. All the inhabitants of some Eskimo villages disappeared, devoured by the disease, and in West Samoa twenty percent of the population died. But they are estimated figures: the relative isolation of those countries at that time made millions of victims remain in a limbo of uncertainty because the official figures did not account for their existence or death.
The rule of reporting flu cases to the authorities did not yet apply then. Only after 1918 did that registration become routine in the United States. Before knowing the scope of the epidemic and mourning the consequences of the war, it seemed pointless to worry about something as insignificant as the flu.
To measure the magnitude of the pandemic, it is useful to compare it with other major causes of mass death: between 1348 and 1349 the black plague killed 30 million people; during the 1900 cholera epidemic one million people died; World War I cost 15 million lives in the space of four years, of which 9.2 million in combat; the second caused in six years 15.9 million deaths in combat and 60 million in total, adding civilians and military.
In relation to these events, the Spanish Flu was the cause of the highest number of deaths in the shortest time since the human race existed.

Making vaccines is not a quick or easy process and often presents additional difficulties that take months to resolve. To make each dose with the classic method, a fertilized chicken egg is used, where the live chicken embryo is infected with the virus. In the case of anti A (H1N1) things could get complicated because the embryo is susceptible to the avian fraction of the virus, which is lethal to birds. The development of new cell culture technologies, which do not use eggs, allows for a faster process. The influenza viruses used as a base are obtained by genetic recombination. The WHO approves these types of vaccines, which are much safer. By mid-August 2009 it was already clear that the vaccine would not go through the trials that must be passed for a drug to be reliable. Rigorous production never takes less than 6 months, and according to the CDC, developing a flu vaccine takes 6 to 8 months.
The new virus was identified in early May 2009, so if the classical steps had been followed the vaccine would have been hopefully available in November 2010.
There is no shortage of reasons to put the magnifying glass on WHO officials. It could start with Klaus Stöhr, who was his chief epidemiologist during the peak years of bird flu and became a top official at the Novartis laboratory, and follow with the Dutch Albertus Dominicus Marcellinus Erasmus Osterhaus, whom his friends call Ab and his admirers Dr. Flu, owner of the most impressive curriculum as a researcher in virology, adviser to the WHO on the subject of influenza and the Minister of Health of his country, who advised him to buy 34 million doses of anti-A (H1N1) vaccines before that it was revealed that 9.8 percent of the shares of the pharmaceutical company Viroclinics BV belongs to it.
Why suspect them? Because it is unimaginable that specialists of such weight have not been tempted by the drug industry to favor their interests by giving their opinion and influencing doctors, governments and public opinion. And because they are men, and men are good but if they are watched they are better, and it is difficult for anyone to have dared until now to watch over these untouchable heroes of science.

Jane Bürgermeister says that in her accusation she presents evidence of the acts of bioterrorism produced by a group that operates in the United States under the leadership of international bankers who control the Federal Reserve, in combination with the WHO, the UN (Organization of the United Nations) and NATO (North Atlantic Treaty Organization). The objective of this gang is to carry out a genocide against the population of the United States by using genetic engineering, creating a pandemic of laboratory-designed viruses. This vast criminal operation is backed by the bank cartel and traditional families like the Rothschilds and Rockefellers.
According to its author, the lawsuit says that there are laws and decrees that would allow the UN and the WHO to take over North America in the event of a pandemic and presents evidence that the accused —among others, the names of Barack Obama, president of the United States— stand out. ; David Nabarro, coordinator of the United Nations Flu System; Margaret Chan, WHO Director-General; Kathleen Sibelius, Secretary, Department of Health and Human Services; Janet Napolitano, secretary of the Department of Homeland Security; David de Rothschild, David Rockefeller and George Soros, bankers; Austrian Chancellor Werner Faymann and Austrian Minister of Health Alois Stoger – are in conspiracy and part of an international group of companies that has developed, stored and used biological weapons to eliminate the entire population of the United States and other countries to obtain political and financial benefits.
Nothing came out of the complaint in the German media. Austria is a delusional country, but the left, although very minority, is quite organized (and well nourished by subsidies), so it seems to me most suspicious that there is nothing about it in the alternative forums either. In other places they question their criminal complaints (which their page reproduces as a pdf of a photocopy, with a stamp and everything) for being riddled with grammatical and conceptual errors. It seems to me quite plausible one of the versions that circulates in those forums: although there is no way to contact the Bürgermeister and almost nothing can be traced from her previous life, on her website she asks for donations payable by credit card. Chances are it’s a goofball for people who believe in conspiracy theories.
If, in spite of so many and so gross fallacies, someone wants to collaborate with this woman who alone confronts the most powerful organizations in the world to enlighten and save us, she can do so by entering her site.

Dr. Juan Carlos David, a veteran epidemiologist from the province of Santa Fe. About the vaccine and antivirals said: “It is an incredible deal whose owner of the Tamiflu was named Donald Rumsfeld, Defense Minister of the never well-weighted Bush.” “Closing school is absurd because something very dangerous is going to happen to the boys: they are going to be more gross than they should be. We have to promote that they go to school. ” After insisting on taking care of hygiene measures, when asked by the journalist about the risk of sharing a mate, Dr. David says goodbye to his listeners with an optimistic and positive phrase: “Kissing brings joy and joy prevents illness!

We are condemned to share the planet with viruses. In the case of A (H1N1) it is as foolish to be afraid of it as to underestimate its potential for harm.

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