La Vida A Prueba — David Attenborough / The Trials of Life: A Natural History of Animal Behavior by David Attenborough

Como Félix Rodríguez de la Fuente en España, Attenborough es sublime. Excelente examen del mundo natural y el comportamiento animal. La narrativa está bien organizada y analiza el comportamiento animal que comienza con el nacimiento y termina con ‘continuar la línea’ (comportamiento sexual). En el medio, hay una mirada a crecer, encontrar comida, cazar, hacer un hogar, vivir juntos, pelear, amigos y rivales, hablar y cortejar. Es una mirada fascinante a la gran variedad de animales y las adaptaciones que han hecho a su entorno. Este libro te deja maravillado por las maravillas del mundo animal.
‘La vida a prueba’ es otro excelente libro de Attenborough que analiza el comportamiento animal y vegetal que ayuda a su supervivencia. Como todos sus libros, su estilo es extremadamente fácil de leer y pronto se sentirá atraído por la fascinante vida de los diversos animales que describe. A lo largo del libro, obtienes una página de texto. Esto analiza el comportamiento de los animales en relación con la alimentación, la reproducción, la lucha, encontrar refugio, hacer amigos y una amplia gama de otros rasgos además. Como parte de la colección Attenborough, esto no se puede perder, pero vale la pena echarle un vistazo por derecho propio y es un par de días de lectura informativa y completamente fascinante. La maravilla de la naturaleza rara vez se ha presentado tan bien y, sin embargo, nos hemos acostumbrado a eso desde Attenborough y cualquier otra cosa sería una decepción. Esto más que está a la altura de este alto nivel.

Cita para recordar:
Todos los organismos están interesados en transmitir sus genes a la próxima generación. Eso, le parecería a un observador desapasionado y clínico, es el objetivo principal de su existencia. En el curso de lograrlo, deben enfrentar toda una sucesión de problemas a medida que avanzan en sus vidas. Estos problemas son fundamentalmente los mismos si los animales son arañas o ardillas, ratones o monos, llamas o langostas. Las soluciones desarrolladas por diferentes especies son muy variadas y a menudo asombrosas. Pero son aún más comprensibles y atractivos porque son las pruebas de la vida que también nos enfrentamos.

El yapok es un marsupial sudamericano nadador. Esta forma de vida puede parecer muy peligrosa para la vida de sus crías; pero en torno a la abertura del marsupio tiene un músculo que se contrae y cierra tan estrechamente que cuando se mete en el agua sus crías no corren peligro de ahogarse.
Los marsupiales vivientes mayores y más famosos, los canguros y walabies, como se sabe, son saltadores. Un canguro joven tendría pocas probabilidades de mantenerse montado en su madre mientras saltara si sólo pudiera agarrarse a un pezón. Pero la bolsa del canguro es muy profunda y se abre justo bajo el pecho. Un pequeño que esté dentro no corre peligro de salir lanzado por muy potentes que sean los saltos de su madre. Pero esta disposición implica que el embrión cuando sale de la abertura genital tiene que realizar una ardua travesía; desde el orificio genital hasta el borde del marsupio puede haber casi veinte centímetros. La madre no hace nada para ayudarlo; las patas anteriores tienen pequeñas uñas que le ayudan a agarrarse al pelo de su madre y avanza con decisión hacia adelante con un movimiento parecido a la natación en estilo crol, girando la cabeza de un lado para otro alternativamente. Puesto que ni los ojos ni los oídos están suficientemente desarrollados para ser funcionales en este estadio, probablemente se orienta hacia la bolsa por el olfato.
En cuanto encuentra un pezón, éste se hincha en su boca, de forma que la cría no podría soltarse ni aunque quisiera. Después de un mes más o menos, su cabeza se ha desarrollado lo suficiente como para permitirle abrir las mandíbulas, entonces puede desengancharse y moverse por la bolsa, pero dependerá de la leche materna hasta que tenga dieciocho meses.
Los mamíferos del hemisferio norte hacen las cosas de manera muy distinta. La leche sigue siendo un alimento vital para sus crías, pero éstas no salen del seno materno para tomarla hasta que están mucho más desarrolladas. El huevo de los mamíferos no contiene vitelo en absoluto, pero aun así las hembras pueden alimentar a sus vástagos muy efectivamente dentro del útero. Utilizan un sistema similar al de algunos reptiles vivíparos pero muchísimo más eficaz. El embrión crea una especie de almohadilla, la placenta, que se adhiere a la pared del útero. Ésta absorbe nutrientes de la sangre de la madre y los dirige a través de un tubo, el cordón umbilical, a la cría. Con una manera tan eficaz de abastecer a su prole, la madre los puede retener en su interior hasta que son tan grandes que su mero tamaño los convierte en una carga y la mecánica de sacarlos del cuerpo empieza a convertirse en un verdadero problema. Las crías de mamífero, cuando finalmente emergen al mundo exterior, todavía necesitan la leche de la madre para completar la construcción de su complejo organismo y pueden seguir mamando durante años.

La infancia es una época acuciante. Para los padres es un largo período de obligaciones engorrosas durante el cual cargan con las crías que requieren ser alimentadas continuamente, que reducen su libertad de movimientos y que les obligan a exponerse al peligro con regularidad. Para las crías es un corto tiempo durante el que han de desarrollarse hasta alcanzar la fuerza y el tamaño de un adulto y aprender todas las habilidades que necesitarán para sobrevivir sin ayuda.
Pocos mamíferos crecen tan de prisa como la cría de elefante marino. Unos minutos después de escabullirse fuera del seno materno y de haberse liberado de las membranas del parto, encuentra el pezón y empieza a mamar la leche que su madre le proporciona. ¡Y qué leche! Es doce veces más rica en grasas y cuatro veces más rica en proteínas que la mejor leche de vaca de Jersey. La madre obtiene ese líquido transformando la capa de grasa que tiene bajo la piel, y la cría vuelve a transformarlo en grasa.

Los animales tienen que matar para comer. A diferencia de las plantas, no pueden construir su cuerpo únicamente a base de minerales tomados de la tierra y gases extraídos del aire. Tienen que comer plantas. Algunos las consumen directamente; otros lo hacen indirectamente, devorando a los animales que comen plantas. Ni las plantas ni los animales consienten que se les coma. Por lo tanto, para un animal, encontrar su alimento puede ser una dura y constante prueba.
Algunas plantas, especialmente hierbas, pueden consumirse sin mucha dificultad y con poco esfuerzo, pero muchas otras se defienden. Esto se hace muy evidente si uno se encuentra hambriento en una pluvisilva tropical. Está rodeado por el conjunto más abundante y variado de plantas del mundo, por lo que, aquí más que en ningún otro lugar, debería ser fácil recolectar una comida vegetariana. Pero los troncos y tallos del entorno están armados con tremendas espinas y garfios; las raíces están llenas de veneno; las hojas, repletas de pinchos. Entonces uno se da cuenta de que alimentarse a base de plantas puede requerir habilidad y conocimientos.

Muchos animales viven en comunidades, rebaños y manadas, bandadas y enjambres, vuelos de gansos y cuadrillas de monos. Las razones para ello son diversas. Los leones viven en familias y los lobos en jaurías, ya que su éxito en la caza depende de que trabajen todos juntos. Y las palomas pueden reunirse en bandadas por una razón tan simple como el hecho de que una gran cantidad de comida se encuentra frecuentemente en un área relativamente pequeña.
Pero sea cual sea la ventaja que pueda existir, la práctica crea problemas. Inevitablemente se producirán riñas por la comida, disputas sobre los lugares de nidificación, discusiones por la pareja. Para mayor provecho de cada individuo, estas disputas deben realizarse con el mínimo gasto de tiempo y energía, y si existen combates, por muy ritualizados que sean, no deben repetirse en cada nuevo encuentro. En pocas palabras, estas comunidades funcionan más eficientemente si tienen alguna forma de estructura social. Algunos agrupamientos son sólo temporales.
La ballena azul tiene unas características especiales de comunicación. A similitud del rorcual también canta, produciendo unos gemidos profundos y lúgubres, cada nota de los cuales puede durar medio minuto. Es el animal viviente más grande y crece hasta unos treinta metros de longitud. Con un cuerpo tan gigantesco, posee una laringe y pulmones enormes, y es capaz de producir unas notas realmente bajas y darles una intensidad titánica. Se han registrado trompetazos de 188 decibelios. Es el sonido más alto que un animal puede proferir. Éste supera con creces el umbral del dolor del oído humano y es comparable al rugido demoledor de un cohete que despide una lanzadera espacial. Las ballenas azules no poseen quizás un lenguaje muy extenso, pero son muy capaces de expresar lo que tienen que decir. Sus rugidos colosales resuenan a través del océano, de costa a costa y sus señales son oídas por los extraños a miles de kilómetros de distancia.

Cualquiera que pase algún tiempo observando a los animales debe concluir que, por encima de todo, el propósito de la existencia de un animal es pasar alguna parte de sí mismo a la siguiente generación. Muchos lo hacen directamente.
De la misma manera que las herencias que los humanos dejan en testamento a la siguiente generación no sólo son genéticas sino, en el mismo grado, culturales, esto es también válido para el reino animal.
Para conseguir este fin, los animales, incluyéndonos a nosotros, soportan toda clase de adversidades y superan todo tipo de dificultades. Los depredadores son burlados, se consigue el alimento, se pelea con los rivales, se selecciona la pareja y se vencen las complejidades del apareamiento hasta que, al final, la siguiente generación es traída al mundo. Entonces llega su propio turno de transmitir los genes a través de un nuevo ciclo de la interminable prueba de la vida.

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Félix Rodríguez de la Fuente in Spain, Attenborough is sublime. Excellent examination of the natural world and animal behavior. The narrative is organized well and looks at animal behavior starting with birth and ending with ‘continuing the line’ (sexual behavior). In between, there’s a look at growing up, finding food, hunting, making a home, living together, fighting, friends and rivals, talking, and courting. It is a fascinating look at the wide variety of animals and the adaptations that they’ve made to their environment. This book leaves you in awe of the wonders of the animal world.
‘Trials of Life’ is another superb book by Attenborough looking at animal and plant behaviour that aids in their survival. Like all of his books his style is extremely easy to read and you are soon drawn in to the fascinating lives of the various animals he describes. Throughout the book you get one page of text. This looks at animal behaviour in relation to eating, reproduction, fighting, finding shelter, making friends and a whole range of other traits besides. As part of the Attenborough collection this can’t be missed, but it is well worth a look in it’s own right and makes for a couple days of informative and completely engrossing reading. The wonder of nature has rarely been so well presented, and yet we’ve become used to that from Attenborough and anything less would be a let down. This more than lives up to this high standard.

Quote to remember:
All organisms are ultimately concerned to pass on their genes to the next generation. That, it would seem to a dispassionate and clinical observer, is the prime objective of their existence. In the course of achieving it, they must face a whole succession of problems as they go through their lives. These problems are fundamentally the same whether the animals are spiders or squirrels, mice or monkeys, llamas or lobsters. The solutions developed by different species are hugely varied and often astounding. But they are all the more comprehensible and engaging for they are the trials of life that we also face ourselves.

Yapok is a South American swimming marsupial. This way of life can seem very dangerous for the life of their young; but around the opening of the pouch there is a muscle that contracts and closes so tightly that when it gets into the water its young are not in danger of drowning.
The oldest and most famous living marsupials, kangaroos and walabies, as they are known, are jumpers. A young kangaroo would have little chance of staying on its mother while jumping if it could only grab hold of one nipple. But the kangaroo pouch is very deep and opens just below the chest. A little boy who is inside is in no danger of being thrown, no matter how powerful his mother’s jumps are. But this arrangement implies that the embryo, when it comes out of the genital opening, has to make an arduous journey; From the genital opening to the edge of the pouch there may be almost eight inches. The mother does nothing to help him; The forelegs have small claws that help it grab onto its mother’s hair and it moves decisively forward with a movement similar to swimming in the crawl style, turning its head from one side to the other alternately. Since neither the eyes nor the ears are sufficiently developed to be functional at this stage, it is probably oriented towards the bag by smell.
As soon as she finds a nipple, it swells in her mouth, so that the baby could not let go even if she wanted to. After a month or so, your head has developed enough to allow you to open your jaws, so it can unhook and move around the bag, but it will depend on breast milk until you are eighteen months old.
Mammals in the northern hemisphere do things very differently. Milk remains a vital food for their young, but they do not leave the mother’s breast to drink until they are much more developed. Mammalian eggs contain no yolk at all, but females can still feed their offspring very effectively inside the uterus. They use a system similar to that of some viviparous reptiles but much more effective. The embryo creates a kind of pad, the placenta, that attaches to the wall of the uterus. It absorbs nutrients from the mother’s blood and directs them through a tube, the umbilical cord, to the baby. With such an effective way of supplying her offspring, the mother can hold them inside until they are so large that their mere size makes them a burden and the mechanics of removing them from the body begins to become a real problem. Mammal hatchlings, when they finally emerge to the outside world, still need the mother’s milk to complete the construction of their complex organism and can continue to nurse for years.

Childhood is a pressing time. For parents, it is a long period of cumbersome obligations during which they bear the offspring that require continuous feeding, which reduce their freedom of movement and force them to expose themselves to danger regularly. For the young it is a short time during which they have to develop until they reach the strength and size of an adult and learn all the skills they will need to survive without help.
Few mammals grow as fast as the baby elephant seal. A few minutes after sneaking out of the womb and freeing herself from the labor membranes, she finds the nipple and begins to suckle the milk her mother provides. And what milk! It is twelve times richer in fat and four times richer in protein than Jersey’s best cow’s milk. The mother obtains this liquid by transforming the layer of fat under her skin, and the baby turns it back into fat.

Animals have to kill to eat. Unlike plants, they cannot build their bodies solely on the basis of minerals taken from the earth and gases extracted from the air. They have to eat plants. Some consume them directly; others do it indirectly, devouring animals that eat plants. Neither plants nor animals consent to being eaten. Therefore, for an animal, finding its food can be a hard and constant test.
Some plants, especially herbs, can be consumed without much difficulty and with little effort, but many others defend themselves. This becomes very evident if one is hungry in a tropical rain forest. It is surrounded by the world’s most abundant and diverse array of plants, so collecting more vegetarian food here should be easier than anywhere else. But the trunks and stems of the environment are armed with tremendous thorns and hooks; the roots are full of poison; the leaves, full of skewers. Then you realize that plant-based eating can take skill and knowledge.

Many animals live in communities, herds and herds, flocks and swarms, flights of geese, and monkey gangs. The reasons for this are diverse. Lions live in families and wolves in packs, as their success in hunting depends on their working together. And pigeons can flock together for a reason as simple as the fact that a large amount of food is frequently found in a relatively small area.
But whatever the advantage may be, practice creates problems. Inevitably there will be fights over food, disputes over nesting places, arguments by the couple. To the best advantage of each individual, these disputes must be carried out with the minimum expenditure of time and energy, and if there are combats, no matter how ritualized they are, they should not be repeated in each new encounter. In short, these communities function more efficiently if they have some form of social structure. Some groupings are only temporary.
The blue whale has special communication characteristics. Like the fin whale, it also sings, producing deep and gloomy moans, each note of which can last half a minute. It is the largest living animal and grows to about thirty meters in length. With such a gigantic body, it has a huge larynx and lungs, and is capable of producing really low notes and giving them a titanic intensity. Trumpets of 188 decibels have been recorded. It is the loudest sound an animal can utter. It far exceeds the threshold of human ear pain and is comparable to the devastating roar of a rocket launched by a space shuttle. Blue whales may not have very extensive language, but they are very capable of expressing what they have to say. Its colossal roars echo across the ocean, from coast to coast, and its signals are heard by strangers thousands of miles away.

Anyone who spends some time observing animals must conclude that, above all else, the purpose of an animal’s existence is to pass some part of itself to the next generation. Many do it directly.
In the same way that the inheritances that humans leave in testament to the next generation are not only genetic but, to the same degree, cultural, this is also valid for the animal kingdom.
To achieve this end, animals, including us, endure all kinds of adversity and overcome all kinds of difficulties. Predators are mocked, food is obtained, fights with rivals, mates are selected, and the complexities of mating are overcome until, in the end, the next generation is brought into the world. Then it is his own turn to pass the genes on through a new cycle of endless testing of life.

3 pensamientos en “La Vida A Prueba — David Attenborough / The Trials of Life: A Natural History of Animal Behavior by David Attenborough

    • Te doy la razón a mi los gurús es algo que me da miedo en estos tiempos pero sus documentales en la BBC y sus libros tienen un interesante pensamiento. Un saludo y ánimo en estos días

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