El Planeta Viviente — David Attenborough / The Living Planet by David Attenborough

Escrito por ‘David Attenborough’, ‘El Planeta Viviente: Un retrato de la tierra’, es el volumen complementario de su increíblemente exitosa serie documental sobre la naturaleza de la BBC de 1984, que retrata la diversa historia de la vida en nuestro planeta con asombrosos detalles. Esta serie documental y el libro son una continuación de su propia serie muy aclamada ‘Life on Earth’ de 1979, que investigó la historia de la evolución, y continúa con su estudio en profundidad sobre las formas intrincadas y sorprendentes en las que los animales la vida, y a menudo los seres humanos, se adapta a su entorno. Esta es una excelente manera de familiarizarse con los diversos hábitats y la vida que los rodea en nuestro planeta.
El objetivo principal del libro es inspeccionar de cerca los cambios que están ocurriendo en nuestro planeta de manera constante: los cambios físicos como el desgaste de las montañas por los ríos y los glaciares, los ríos que alteran sus cursos, los lagos se llenan de sedimentos convirtiéndolos en tierras pantanosas e incluso tierras llanas, derivas continentales, etc., y estudie cómo la vida animal y vegetal responde a estos cambios.
“La historia de la construcción de los Himalayas y su posterior colonización por animales y plantas es solo un ejemplo de los muchos cambios que están ocurriendo continuamente en todo nuestro planeta … Cada uno de estos cambios físicos exige una respuesta de la comunidad de plantas y animales que se someten eso. Algunos organismos se adaptarán y sobrevivirán. Otros no lo harán y desaparecerán.
Ambientes similares requerirán adaptaciones similares y producirán animales en diferentes partes del mundo que provienen de antepasados diferentes y silenciosos, pero que tienen un marcado parecido entre sí. Entonces, casi todos los rincones del planeta han adquirido su población de plantas y animales interdependientes. Es la naturaleza de estas adaptaciones, lo que ha permitido que los organismos vivos se extiendan tan ampliamente a través de nuestro variado planeta, ese es el tema de este libro “.

Attenborough no limita esta búsqueda a ningún punto geográfico específico en nuestro planeta; en su lugar, inspecciona una amplia variedad de entornos en todo el mundo y nos explica las formas en que las formas vivas se adaptan a estos cambios físicos con detalles microscópicos. El libro está segmentado en capítulos basados en los variados entornos que Attenborough inspecciona en busca de estas evidencias de adaptación.
En el capítulo titulado “Los hornos de la Tierra”, vemos un mundo que está en constante agitación y experimentando cambios físicos debido a actividades volcánicas e instancias de vida que se sostienen en tales “fuentes del infierno”.
Attenborough lleva al lector a las Islas Galápagos e introduce el curioso ecosistema que está prosperando en un fondo marino que hierve con los chorros químicos calientes formados por los volcanes submarinos que forman una cresta al sur de estas islas. En estas condiciones aparentemente no hospitalarias, grandes concentraciones de bacterias, inmensos gusanos tubulares, almejas enormes y extraños “cangrejos blancos ciegos” forman colonias de vida. En otro curioso caso de formas vivas que utilizan los cambios físicos en su hábitat, nos encontramos con las aves Maleo en la isla indonesia de Sulawesi, que utilizan las arenas volcánicas negras, que permanecen calientes tanto a través del vapor volcánico como del sol, en las playas como incubadoras artificiales. para incubar sus huevos.
El lector se familiarizará con varios de esos casos en los que la vida prospera en condiciones volcánicas o de calor extremo en este capítulo.

En el capítulo titulado “Los mares de hierba”, el lector obtiene un asiento de primera fila para las formas de vida, que viven, en armonía con los vastos hábitats abiertos proporcionados por llanuras abiertas cubiertas de hierba. En estos hábitats únicos, que están formados por las raíces enredadas, los tallos enmarañados y los grupos de hojas en crecimiento, nos encontramos con una variedad de pequeños habitantes como termitas, hormigas, gusanos, hoperos de hierba, etc. y una variedad de otros animales más grandes que prosperan en la hierba y raíces o en estos pequeños habitantes.
Mientras que las “hormigas cortadoras de hojas”, las sociedades animales más grandes y complejas de la Tierra, junto a los humanos, hacen uso de la hierba y las hojas para su supervivencia, otros animales como los osos hormigueros prosperan con estas hormigas e insectos. Luego están las formas de vida, que se entierran en estas praderas como “búhos excavadores”.
En los ricos pastizales de las praderas de América del Norte nos encontramos con el magnífico Bison y la increíble historia de ellos haciendo un fuerte regreso después de casi extinguirse.
En las sabanas de África, Attenborough nos presenta algunos ejemplos excelentes de grandes manadas de animales que migran de un lugar a otro en función de los cambios estacionales. Uno de los ejemplos a los que se refiere es el caso de un millón de manadas de ñus que migran a través del Serengeti.
El libro se compone de diez capítulos más como estos dos, que probamos, y la claridad y el gran detalle con el que están redactados hacen de este un volumen digno de perseguir.
Attenborough con su conocimiento integral, observación aguda, entusiasmo y curiosidad ilimitada es un gran éxito incluso cuando presenta temas complejos y evita los términos científicos técnicos siempre que sea posible y trata de hacer que lo que está narrando sea claro para su audiencia. Este es definitivamente uno de los mejores títulos de historia natural que he encontrado y es un excelente volumen introductorio, que familiarizará al lector con muchos detalles. Si eres un entusiasta de la naturaleza, esta narrativa bien investigada, limpia y nítida con su selección de excelentes fotografías te cautivará como lector.

Las islas Galápagos siguen siendo un país de las maravillas para estudiar animales y cómo se adaptan a sus hábitats. Me fascinaron especialmente los famosos pinzones de Galápagos; las islas tienen un vasto ecosistema y, por lo tanto, los pinzones se adaptaron para encajar en todos y cada uno. Todos los pinzones tienen grandes variaciones en los picos, en particular para la mejor cosecha de alimentos / recursos. Este tipo de cosas lleva tiempo para evolucionar, pero el libro describe esto en detalle. Siempre amé la naturaleza y me maravillé de su belleza. Pero después de leer esto, realmente sabes que todo tiene su lugar. Ninguna adaptación genética o sistema es extraño; incluso las (aparentes) plagas. Desafortunadamente, la invasión de la humanidad ha reducido el número de muchas especies o las ha exterminado por completo (como el dodo, la paloma mensajera, etc.).
Nueva Zelanda permaneció en gran parte prístina y madura con recursos naturales hasta hace poco más de mil años. Los maoríes primero se establecieron allí y trajeron algunos de sus propios animales. Esto comenzó el declive de ciertas especies. Los maoríes trajeron una rata Ploynesia (kiori) que comió gran parte de los huevos de los animales en la isla. Los maoríes también cazaban las grandes aves no voladoras, también los moas, disminuyendo su número. Los moa no volaban porque no tenían depredadores naturales antes que los colonos. Los europeos mostraron las cosas más tarde y lo empeoraron al traer otra especie de rata. Los europeos también trajeron ciervos, gatos y patos con ellos para “sentirse como en casa”. Por supuesto, esos idiotas no consideraron que esto arruinaría totalmente el ecosistema. Quizás estoy siendo duro aquí; Ahora sabemos mucho más sobre eso después de años de estudio científico.
Me sorprendió saber que el Sahara fue alguna vez fértil hace miles de años. Las pinturas rupestres de los Tassili (pastores que una vez vivieron allí) muestran un lugar muy diferente de lo que es ahora. El desierto puede parecer un páramo con pequeñas señales de vida, pero nada más lejos de la realidad. Incluso después de una breve lluvia, algunos organisims cobran vida. Muchas criaturas están ocultas hasta tal lluvia. Otros están ocultos hasta la noche y pueden buscar comida sin el calor opresivo. Cada planta y animal está específicamente diseñado para adaptarse a los extremos del clima y los depredadores. La mayoría de los animales y plantas también tienen un truco para frustrar a los depredadores naturales. El libro enumera muchos desde lo absurdo hasta lo alucinante. ¿Sabías que los árboles incluso tienen tales defensas? Si bajo el ataque de una cantidad inusualmente grande de insectos, el árbol produce tanino para que las hojas tengan un sabor amargo. Esto no mata a las alimañas directamente. En cambio, los insectos se deslizan a otra parte del árbol para encontrar hojas de mejor sabor. En el proceso, son recogidos y comidos por animales o pájaros que buscan una buena comida. Fascinante. Este proceso solo se realiza cuando es necesario; el árbol usa mucha energía para crear taninos y hacerlo todo el tiempo inhibiría el crecimiento y sería un uso terrible de los recursos. Entonces, la lección que podemos aprender de la naturaleza (bueno, creo que hay muchas): use su energía / recursos sabiamente 🙂 Los árboles incluso pueden alertar a los árboles vecinos de un ataque inminente de los insectos y esos árboles fabricarán rápidamente tanino antes de ser comidos. Eso es bastante increible.

Hay mucho más pero recomiendo este libro. Una ventaja es que ahora tengo mucha información para compartir e inspira mucho interés en la biología y la naturaleza. Esto es definitivamente algo que quiero fomentar. Fantástico libro y me alegro de tener este también. Me referiré a él nuevamente sin duda.

Fue un volcán indonésico el responsable de la erupción más catastrófica jamás registrada. En 1883, un islote de 7 km de longitud por 5 km de anchura, denominado Krakatoa y ubicado en el estrecho comprendido entre Sumatra y Java, empezó a emitir nubes de humo. Las erupciones aumentaron progresivamente en intensidad día tras día. Los barcos que navegaban cerca tuvieron que abrirse camino a través de balsas de piedra pómez que flotaban sobre la superficie del mar. Llovía ceniza sobre las cubiertas y salían chispas eléctricas de los aparejos de las naves. Día tras día, enormes cantidades de ceniza, piedra pómez y bloques de lava eran despedidos por el cráter, acompañados de explosiones ensordecedoras. La cámara subterránea de la que procedía todo este material se iba vaciando lentamente, hasta que el 28 de agosto, a las 10 de la mañana, el techo rocoso de dicha cámara no pudo soportar el peso del océano y de su lecho, al faltarle el apoyo de la lava, y se vino abajo. Millones de toneladas de agua cayeron encima de la lava fundida de la cámara, y dos tercios de la isla se derrumbaron sobre ella. El resultado fue un estruendo de tal magnitud que produjo el ruido más fuerte y persistente jamás registrado en la historia. Se oyó con bastante claridad a 3000 km de distancia, en Australia. En la pequeña isla de Rodríguez, a 5000 km, el comandante de la guarnición británica creyó que se trataba de un cañoneo lejano y se hizo a la mar. Se desencadenó un temporal de viento que dio 7 veces la vuelta a la Tierra hasta amainar lentamente. Pero aún más dramático fue que la explosión provocó en el mar una inmensa ola, que en su camino hacia la costa de Java se hizo tan alta como una casa de cuatro pisos.
El Krakatoa muestra lo ardua que puede ser la recuperación. Cincuenta años después de la catástrofe, una pequeña boca surgía del mar despidiendo fuego. La gente lo llamó Anak Krakatoa, es decir, el hijo del Krakatoa. Ahora está poblado por un bosque de casuarinas, y la caña de azúcar silvestre crece en sus vertientes. A unos 2 km de distancia, aproximadamente, se halla un resto de la antigua isla, llamado en la actualidad Rakata. Sus laderas, que un siglo atrás estaban desnudas, se hallan ahora cubiertas por un frondoso bosque tropical. Algunas de las semillas de las que surgió ese bosque debieron llegar por mar, otras fueron transportadas por el viento o en las patas o los estómagos de las aves. Ese bosque está habitado por muchos animales alados —pájaros, mariposas y otros insectos—, los cuales tuvieron pocas dificultades para llegar al islote a partir de tierra firme, situada tan sólo a 40 km de distancia. También han llegado a él serpientes, quizás en balsas flotantes de vegetación, que frecuentemente es barrida por los nos tropicales. No obstante, es fácil encontrar pruebas de la novedad del bosque y del cataclismo que le precedió. Las raíces de los árboles cubren la superficie del suelo mediante un entramado que mantiene la tierra junta, pero, aquí y allá, los arroyos han ido socavando el terreno, haciendo caer algún que otro árbol y revelando así la naturaleza suelta y disgregada del polvo volcánico.

No hay nada que pueda vivir permanentemente en las cimas del Himalaya o en cualquier otra de las grandes montañas del planeta. Estas cumbres son incesantemente batidas por los vientos más violentos de la Tierra, que a veces alcanzan velocidades de más de 300 km por hora, y son azotadas por fríos de una intensidad mortal.
Podría parecer una paradoja el que los puntos de la Tierra que están más próximos al Sol sean también los más fríos. No obstante, el calor del aire se debe a la acción de los rayos solares que lo atraviesan y proporcionan un aumento de energía a las moléculas de los gases atmosféricos, lo cual hace que éstas colisionen entre sí con mayor frecuencia. En cada una de esas colisiones se desprende calor. Cuanto más enrarecido está el aire, más esparcidos están los átomos que lo componen, y, por consiguiente, tanto menor es la probabilidad de colisión y más frío es ese aire.
El frío mata. Si penetra tanto en el interior de una planta o un animal que el líquido de sus células se congela, las paredes celulares se rompen, del mismo modo que estallan las cañerías domésticas, y los tejidos se destruyen. Pero el frío puede matar a los animales mucho antes de congelarlos. La mayoría de ellos, incluidos los insectos, los anfibios y los reptiles, obtienen el calor directamente a partir de su entorno, por lo que a veces se les llama «animales de sangre fría». Este término es engañoso, ya que su sangre suele estar caliente.
Los glaciares que fluyen en la Antártida llegan al mar y forman una plataforma maciza que se rompe periódicamente, dando lugar a inmensos icebergs tabulares que a veces llegan a medir 100 km de diámetro. Los icebergs van a la deriva por los mares antárticos durante varias décadas, hasta que, finalmente, llegan a aguas más cálidas, en las que poco a poco se derriten. En el Ártico, el borde del manto de hielo descansa en muchos sitios sobre tierra firme. En Groenlandia, la isla Ellesmere y las Spitzberg, forma prolongaciones y acantilados, de los cuales parten arroyos de agua, originada al fundirse el hielo. Al sur de este margen se extienden centenares de kilómetros de tundra, constituida por una desolada inmensidad de grava y guijarros, restos de rocas fragmentadas y trituradas, que fueron llevadas por el hielo en movimiento en épocas más frías y que ahora, al retirarse éste, quedan al descubierto.

En ningún sitio hay más luz, calor y humedad que en África Occidental, el Sudeste asiático, las islas del Pacífico occidental y Sudamérica desde Panamá hasta el sur de Brasil. A consecuencia de ello, estas tierras están pobladas por la cubierta vegetal más frondosa y rica de todo el mundo. Técnicamente se la designa con el nombre de pluviselva intertropical, pero es más conocida como selva.
Las condiciones aquí reinantes son radicalmente diferentes de las del bosque situado más al norte. Al estar cerca del ecuador, el tiempo de insolación diario es elevado y casi constante a lo largo del año. La variación de las precipitaciones de agua no tiene mucha importancia, pues sólo trae como consecuencia que la selva sea húmeda o muy húmeda. Es así desde hace tanto tiempo que, en comparación, todos los demás biomas, excepto el océano, parecen una mera fase temporal. Los lagos se llenan de barro y se convierten en pantanos en pocas décadas; las llanuras se vuelven desiertos al cabo de siglos, incluso las montañas son desgastadas por los glaciares después de milenios. Pero la selva, invariable, calurosa y húmeda, lleva existiendo sobre áreas circundantes al ecuador decenas de millones de años.
Esta estabilidad puede ser una de las causas de la casi increíble variedad de vida que existe actualmente en ella. Más de 600 especies de aves viven en la selva del Amazonas, y el número de las especies de insectos es casi imposible de calcular. En Panamá, los entomólogos recogieron en un solo árbol más de 950 especies distintas de escarabajos. Los científicos han estimado que existen unas 40 000 especies distintas de artrópodos en una sola hectárea de la selva sudamericana. Da la impresión de que los procesos evolutivos han actuado en este ambiente estable durante tantos millones de años con el fin de crear organismos apropiados para cada minúsculo nicho ecológico.
Sin embargo, la mayoría de esas criaturas viven en una parte de la selva que, hasta hace poco, estaba fuera de nuestro alcance y permanecía sin explorar de cerca: la bóveda de hojas situada a 40 o 50 metros sobre el suelo.
En la selva no hay estaciones bien definidas, por eso los árboles no reciben la señal climática precisa que les advierta que entonces se han de desprender de las hojas, como ocurre en otras latitudes. Esto no significa que todos los árboles pierdan y echen hojas continuamente a lo largo del año. Las distintas especies siguen su propio calendario. Algunas dejan caer sus hojas cada seis meses. Otras lo hacen después de un período que parece arbitrario e ilógico, por ejemplo, cada doce meses y veintiún días. Otras lo hacen a intervalos a lo largo del año, tocándole cada vez a una rama.
Las épocas de floración también varían, incluso de forma más misteriosa. Los ciclos de diez o catorce meses son comunes. De modo excepcional, ciertos árboles sólo florecen una vez cada diez años. Este proceso no se desarrolla completamente al azar, ya que todos los ejemplares de una especie existentes en un área amplia de selva florecen al mismo tiempo, como debe ocurrir si se tiene que llevar a cabo la fertilización cruzada; pero aún no se ha descubierto cuál es el estímulo que desencadena la floración.

La imagen convencional del desierto, sin embargo, no es ni el suelo pedregoso ni las montañas esculpidas por el viento, sino dunas de arena sin fin. De hecho, tales dunas sólo ocupan una pequeña porción de los desiertos del mundo, pero constituyen el ambiente más especializado de los mismos. La arena de la que están formadas procede de las rocas del desierto que, a lo largo de miles de años, han sido abrasadas por el Sol durante el día y enfriadas hasta el punto de congelación durante la noche. En tales condiciones, incluso el granito más resistente se agrieta y forma escamas. Lentamente, la roca se desintegra en los minerales que la componen, y cada grano, empujado repetidamente por el viento contra los riscos, batido sobre superficies de rocas planas y frotado con otros granos, se redondea y cubre de un barniz rojo de óxido de hierro. Los vientos que soplan con furia y forman remolinos a través del desierto arrastran esos granos y los depositan en grandes montones, que constituyen las dunas. Algunas llegan a medir 200 m de altura y un kilómetro de anchura.

El Amazonas, el mayor río del mundo, mide más de 6000 km de longitud. En cualquier momento, dos terceras partes del agua dulce del mundo fluye entre sus orillas. En su desembocadura, de 3000 km de anchura, se extiende un laberinto de canales e islas, una de las cuales es mayor que Suiza. Este río gigante mantiene su identidad incluso hasta después de haber abandonado la costa. En 1499, un capitán español que navegaba en dirección sur por los mares de la costa este de Sudamérica, pero tan lejos de ella que no se apreciaba, se dio cuenta de pronto que el agua que atravesaba no era salada, sino dulce. Viró al oeste y así fue el primer europeo que vio este inmenso río. Sólo cuando las aguas del mismo llegan a 180 km de distancia del borde del continente pierden su identidad y al fin se mezclan con las saladas del océano.
La mayor parte de nuestro planeta se halla cubierta por el agua, y ésta es tan abundante que si todas las montañas del mundo se derribaran y los cascotes resultantes se vertieran al mar, la superficie del globo quedaría enteramente sumergida bajo el agua a una profundidad de varios miles de metros. Las grandes cuencas oceánicas que albergan toda esa agua entre los continentes son más variadas topográficamente que la superficie emergida de la Tierra. El Everest, la montaña terrestre de mayor altura, encajaría en la parte más profunda del océano, la fosa de las Marianas, y su cima estaría aún a más de dos kilómetros de profundidad bajo la superficie. Por otra parte, las montañas marinas más altas tienen tal envergadura que se elevan sobre la superficie de las aguas y forman cadenas de islas. El Mauna Kea, el volcán hawaiano de mayor altura, mide, desde su base en el fondo oceánico, más de 10 000 m, por lo que en realidad es la montaña más alta del mundo.
Los mares se originaron cuando la Tierra se empezó a enfriar poco después de su formación y el vapor de agua se condensó sobre su superficie. Parte del agua también procedía de bocas volcánicas que manaban agua del interior del planeta. El agua de estos mares jóvenes no era como la de lluvia, sino que contenía cantidades significativas de cloro, bromo, yodo, boro y nitrógeno, así como cantidades muy pequeñas de otras muchas sustancias más raras. Desde entonces se han ido añadiendo otros ingredientes. A medida que las rocas continentales se desgastan y erosionan, liberan sales minerales que los ríos transportan en solución al mar. Así, a lo largo de milenios, el mar se ha ido volviendo cada vez más salado.
La vida surgió por primera vez en esta agua químicamente rica hace unos 3500 millones de años.
El mar, como la tierra firme, también tiene desiertos. Cerca de los márgenes de los continentes cubren los fondos marinos grandes extensiones de arena, las cuales, comparadas con las aguas superficiales, parecen completamente inertes. Las corrientes barren la arena y la trasladan de un lugar a otro, formando largas ondulaciones y dunas, igual que hacen los vientos en los desiertos terrestres. La arena carece de nutrientes, y las partículas orgánicas que se depositan entre los granos son llevadas lejos por esas corrientes, que ininterrumpidamente las criban y arrastran. No obstante, hay ciertos seres vivos que logran vivir aquí, como lo hacen en los fondos arenosos más cercanos a la costa.
También los hombres van en busca de estas fuentes de riqueza. Desde que se desarrolló la pesca como industria, los Grandes Bancos de Terranova son recorridos cada vez con más intensidad. Año tras año, los pescadores han ido aplicando nuevos procedimientos para localizar los cardúmenes —radar, sonar—, nuevos diseños de redes, nuevas técnicas para llevar a cabo capturas cada vez mayores. Pero incluso los Grandes Bancos no son inagotables. Actualmente hay muchas industrias pesqueras modernas, construidas hace pocos años cerca de la costa en la creencia de que esas grandes capturas iban a mantenerse siempre, que permanecen inactivas y vacías. Las capturas están fallando. La avaricia del hombre ha puesto en peligro hasta la supervivencia de la zona más rica y productiva del planeta.

Si los hombres queremos controlar el mundo de forma sensata y eficaz, debemos decidir cuáles son nuestros objetivos en las gestiones a emprender. Hay tres organizaciones internacionales que tienen esta misión: la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el Programa Ambiental de las Naciones Unidas y la Fundación para la Vida Salvaje en el Mundo. Estas organizaciones se guían por tres principios básicos que todos nosotros deberíamos seguir.
Primero, no debemos explotar agrupaciones naturales de animales y plantas de modo tan intensivo que no se puedan renovar y acaben por desaparecer. Esto es tan evidente que parece superfluo exponerlo. Sin embargo, los cardúmenes de anchoveta han sufrido una sobrepesca, los arenques han sido desplazados de sus áreas reproductoras en aguas europeas y hay muchas clases de ballenas que aún están siendo capturadas a pesar que se encuentran en verdadero peligro de extinción.
Segundo, no debemos cambiar tan radicalmente la faz de la Tierra de modo que interfiramos los procesos básicos que mantienen la vida: si continuamos destruyendo la cubierta forestal del planeta es posible que dificultemos la renovación del oxígeno en la atmósfera, y si continuamos utilizando los océanos como un vertedero de venenos comprometemos su fertilidad futura.
Y tercero, debemos hacer lo imposible por mantener la diversidad de animales y plantas sobre la Tierra. No sólo porque dependamos de muchos de ellos para nuestra alimentación, ni porque todavía sepamos muy poco acerca de ellos o del valor práctico que puedan tener en el
futuro, sino porque es una cuestión moral que se fundamenta en que los hombres carecemos del derecho a exterminar definitivamente los seres vivos con que compartimos este planeta.
Por lo que sabemos hasta ahora, parece que nuestro planeta es el único lugar de la oscura inmensidad del Universo donde existe vida. Estamos solos en el espacio, y la continuidad de esa vida está en nuestras manos.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/05/03/la-vida-a-prueba-david-attenborough-the-trials-of-life-a-natural-history-of-animal-behavior-by-david-attenborough/

https://weedjee.wordpress.com/2020/05/03/el-planeta-viviente-david-attenborough-the-living-planet-by-david-attenborough/

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Written by ‘David Attenborough’, ‘The Living Planet: A Portrait of the Earth’, is the companion volume to his incredibly successful BBC nature documentary series from 1984, which portrays the diverse history of life on our planet in staggering detail. This documentary series and the book is a follow up to his own much acclaimed series ‘Life on Earth’ from 1979 – which investigated the story of evolution – and carries on with his in-depth study in to the intricate and amazing ways in which animal life – and often human beings – adapts to their surroundings. This is a great way to get acquainted with the various habitats and the life that surround them on our planet.
The main focus of the book is to closely inspect the changes that are happening on our planet on a constant basis – the physical changes like mountains getting worn down by rivers and glaciers, rivers altering their courses, Lakes getting filled up with sediments converting them to marsh lands and even plain lands, continental drifts etc – and study how the animal and plant life respond to these changes.
“The story of the building of the Himalayas and their subsequent colonization by animals and plants is only one example of the many changes that are proceeding continuously all over our planet… Each of these physical changes demands a response from the community of plants and animals undergoing it. Some organisms will adapt and survive. Others will fail to do so and disappear.
Similar environments will call for similar adaptations and produce animals in different parts of the world which comes from quiet different ancestors, but which bear a marked resemblance to one another. So almost every corner of the planet has acquired its population of interdependent plants and animals. It is the nature of these adaptations, that have enabled living organisms to spread so widely through our varied planet, that is the theme of this book”.

Attenborough doesn’t limit this search to any specific geographical spot on our planet; instead he inspects a wide variety of environments across the globe and explains to us the ways in which the living forms adapt to these physical changes with microscopic detail. The book is segmented into chapters based on the varied environments that Attenborough inspects for these evidences of adaptation.
In the chapter titled ‘The furnaces of the Earth’ we see a world that is in constant upheaval and undergoing physical changes due to volcanic activities and instances of life sustaining in such ‘fountains of hell’.
Attenborough takes the reader to the Galapagos Islands and introduces the curious ecosystem that is thriving in a sea floor that is boiling with the hot chemical jets formed by the underwater volcanoes that form a ridge south of these Islands. In these seemingly non-hospitable conditions great concentrations of bacteria’s, immense tubeworms, huge clams and strange ‘blind white crabs’ form colonies of life. In another curious case of living forms utilizing the physical changes in their habitat, we meet the Maleo birds in the Indonesian island of Sulawesi, which utilize the black volcanic sands – which remain heated both through volcanic steam and sunshine – at the beaches as artificial incubators for hatching their eggs.
The reader will get familiarized with a number of such instances where life thrives in volcanic or extreme hot conditions in this chapter.

In the chapter titled ‘The seas of grass’, the reader gets a ringside seat to life forms, which live, in harmony with the vast open habitats provided by open plains covered with grass. In these unique habitats, which are formed by the tangled roots, matted stems and clumps of growing leaves we meet a variety of small inhabitants like termites, ants, worms, grass hopers etc and a variety of other bigger animals which thrive either on the grass and roots or on these small inhabitants.
While ‘leaf-cutter ants’ – the largest and most complex animal societies on Earth, next to humans – make use of the grass and leaves for their survival, other animals like anteaters, thrive on these ants and insects. Then there are life forms, which burrow into these grasslands like ‘burrowing owls’.
In the rich grasslands of North American Prairies we meet the magnificent Bison and the amazing story of them making a strong come back after getting almost extinct.
In the savannahs of Africa, Attenborough introduces us to some great instances of large herds of animals migrating from one location to another based on seasonal changes. One of the examples that he refer is the case of a million strength herd of wildebeests that migrate across the Serengeti.
The book composes of ten more chapters like these two, which we sampled, and the clarity and great detail with which they are drafted makes this a worthy volume to pursue.
Attenborough with his comprehensive knowledge, keen observation, eagerness and unlimited curiosity is a huge success even while presenting complex topics and he avoids technical scientific terms whenever possible and try to make what he is narrating crystal clear for his audience. This is definitely one of the best natural history titles I have come across and is an excellent introductory volume, which will get the reader familiar with a lot of details. If you are a nature enthusiast, then this well researched, clean and crisp narrative with its selection of superb photographs will captivate you as a reader.

The Galapagos islands remain a wonderland for studying animals and how they adapt to their habitats. I was especially fascinated by the famous finches of the Galapagos; the islands have a vast ecosystem and thus finches adapted to fit into each and every one. The finches are all have great variations in beaks in particularto best harvest food/resources. This sort of thing takes time to evolve but the book described this in detail. I have always loved nature and marveled at its beauty. But after reading this you truly know that everything has it’s place. Not one genetic adaptation or crature is extraneous; even the (seeming) pests. Unfortunately the encroachment of mankind has thinned the numbers of many species or exterminated them altogether (like the dodo, passenger pigeon, etc).
New Zealand remained largely pristine and ripe with natural resources until a little over a thousand years ago. The Maori first settled there and brought some of their own animals. This started the decline of certain species. The Maori brought a Ploynesian rat (kiori) that ate much of the eggs of the animals on the island. Maori also hunted the large flightless birds, the moa as well , diminishing their number. Moa were flightless because they had no natural predators before the settlers. The europeans showed up things later on and made it worse by brining another species of rat. Europeans also brought deer, cats and ducks with them in order to ‘feel at home’. Of course those idiots didn’t consider that this would totally mess up the eco system. Perhaps I’m being harsh here; we know much more about that thing now after years of scientific study.
I was amazed to learn that the Sahara was once fertile thousands of years ago. Rock paintings from the Tassili (herders once lived there) show a very different place than it is now. The desert might seem to be a wasteland with little signs of life but nothing could be further from the truth. Even after a brief rain fall certains organisims spring to life. Many creatures are hidden until such a rainfall. Others are hidden until the night and they can forage for food without the oppresive heat. Every plant and animal is specifically designed to adapt to extremes in weather and predators. Most every animal and plant also have a trick to thwart natural predators. The book lists many from the absurd to the mind boggling. Did you know trees even have such defenses? If under attack by an unusually large amount of insects the tree makes tannin to make the leaves taste bitter? This doesn’t kill the vermin directly. Instead the insects scutter to another part of the tree to find better tasting leaves. In the process they are picked off and eaten by animals or birds looking for a good meal. Fascinating. This process is only done when needed; the tree uses much energy to create tannin and to do so all the time would inhibit growth and be a terrible use of resources. So the lesson we can learn from nature (well there are many I think) : Use your energy/resources wisely:) Trees can even alert neighboring trees of an impending attack from insects and those tress will hastily manufacture tannin in anticipation of being eaten. That’s pretty incredible.

There is so much more but I recommend this book. A bonus is that now I have a lot of information to share and it inspires a lot of interest in biology and nature. This is definitely something I want to foster. Fantastic book and I am glad I own this one too. I’ll refer to it again no doubt.

It was an Indonesian volcano that was responsible for the most catastrophic eruption ever recorded. In 1883, an islet 7 km long by 5 km wide, called Krakatoa and located in the strait between Sumatra and Java, began to emit clouds of smoke. The eruptions progressively increased in intensity day after day. Boats sailing nearby had to make their way through pumice rafts that floated above the sea surface. Ash rained down on the decks and electric sparks came out of the rigging of the ships. Day after day, huge amounts of ash, pumice and lava blocks were fired by the crater, accompanied by deafening explosions. The underground chamber from which all this material came was being emptied slowly, until on August 28, at 10 in the morning, the rocky ceiling of said chamber could not support the weight of the ocean and its bed, lacking the support of lava, and fell apart. Millions of tons of water fell on top of the molten lava from the chamber, and two thirds of the island collapsed on it. The result was a roar of such magnitude that it produced the loudest and most persistent noise ever recorded in history. It was heard quite clearly 3,000 km away in Australia. On the small island of Rodríguez, 5,000 km away, the commander of the British garrison believed that it was a distant gunship and went to sea. A wind storm was triggered that circled Earth 7 times until it slowly abated. But even more dramatic was that the explosion caused an immense wave into the sea, which on its way to the Java coast grew as high as a four-story house.
Krakatoa shows how hard recovery can be. Fifty years after the catastrophe, a small mouth emerged from the sea giving off fire. People called him Anak Krakatoa, that is, the son of the Krakatoa. Now it is populated by a forest of casuarinas, and the wild sugar cane grows in its slopes. About 2 km away, approximately, is a rest of the old island, now called Rakata. Its slopes, which a century ago were bare, are now covered in lush tropical forest. Some of the seeds from which this forest emerged must have arrived by sea, others were transported by the wind or on the legs or stomachs of the birds. This forest is inhabited by many winged animals – birds, butterflies and other insects – which had little difficulty in reaching the islet from the mainland, located only 40 km away. Snakes have also come to him, perhaps in floating rafts of vegetation, which is frequently swept by the tropical nos. However, it is easy to find evidence of the novelty of the forest and the cataclysm that preceded it. The roots of the trees cover the soil surface by means of a lattice that holds the earth together, but here and there the streams have undermined the terrain, causing the occasional tree to fall and thus revealing the loose and disaggregated nature of volcanic dust.

There is nothing that can live permanently on the peaks of the Himalayas or in any other of the great mountains of the planet. These peaks are incessantly beaten by the most violent winds on Earth, which sometimes reach speeds of more than 300 km per hour, and are hit by colds of deadly intensity.
It might seem paradoxical that the points on Earth that are closest to the Sun are also the coldest. However, the heat of the air is due to the action of the solar rays that pass through it and provide an increase in energy to the molecules of the atmospheric gases, which makes them collide with each other more frequently. In each of those collisions, heat is released. The more rarefied the air, the more scattered are the atoms that compose it, and consequently, the lower the probability of collision and the colder that air is.
The cold kills. If it penetrates into the interior of a plant or an animal so much that the liquid in its cells freezes, the cell walls break, just as domestic pipes burst, and tissues are destroyed. But the cold can kill animals long before freezing them. Most of them, including insects, amphibians, and reptiles, get heat directly from their environment, which is why they are sometimes called “cold-blooded animals.” This term is misleading, since their blood is usually hot.
The glaciers flowing in Antarctica reach the sea and form a solid platform that breaks periodically, giving rise to huge tabular icebergs that sometimes measure up to 100 km in diameter. Icebergs drift through the Antarctic seas for several decades, until they finally reach warmer waters, where they gradually melt. In the Arctic, the edge of the ice sheet rests in many places on dry land. In Greenland, Ellesmere Island and the Spitzbergs form extensions and cliffs, from which streams of water flow, originating from melting ice. Hundreds of kilometers of tundra extend to the south of this margin, constituted by a desolate immensity of gravel and pebbles, remains of fragmented and crushed rocks, which were carried by the moving ice in colder times and which now, when it retired, are exposed.

Nowhere is there more light, heat and humidity than in West Africa, Southeast Asia, the islands of the western Pacific and South America from Panama to southern Brazil. As a result, these lands are populated by the richest and most leafy vegetation cover in the world. Technically it is designated with the name of intertropical rain forest, but it is better known as jungle.
The conditions prevailing here are radically different from those of the northernmost forest. Being close to the equator, the daily insolation time is high and almost constant throughout the year. The variation in rainfall is not very important, as it only results in the jungle being humid or very humid. This has been the case for so long that, by comparison, all other biomes except the ocean seem like a mere time phase. The lakes fill with mud and become swamps in a few decades; the plains become deserts after centuries, even the mountains are worn down by glaciers after millennia. But the jungle, invariable, hot and humid, has existed on areas surrounding the equator for tens of millions of years.
This stability may be one of the causes of the almost incredible variety of life that currently exists in it. More than 600 species of birds live in the Amazon jungle, and the number of insect species is almost impossible to calculate. In Panama, entomologists collected more than 950 different species of beetles from a single tree. Scientists have estimated that there are some 40,000 different arthropod species on a single hectare in the South American jungle. It seems that evolutionary processes have operated in this stable environment for so many millions of years in order to create appropriate organisms for every tiny ecological niche.
However, most of these creatures live in a part of the jungle that, until recently, was out of our reach and remained unexplored up close: the leaf vault 40 or 50 meters above the ground.
In the jungle there are no well-defined seasons, so the trees do not receive the precise climatic signal that warns them that they must then detach from the leaves, as occurs in other latitudes. This does not mean that all trees lose and continually drop leaves throughout the year. The different species follow their own calendar. Some drop their leaves every six months. Others do so after a period that seems arbitrary and illogical, for example, every twelve months and twenty-one days. Others do it at intervals throughout the year, each time touching a branch.
Flowering times also vary, even more mysteriously. Ten or fourteen month cycles are common. Exceptionally, certain trees only bloom once every ten years. This process is not carried out completely at random, since all the specimens of a species existing in a wide area of jungle bloom at the same time, as should happen if cross-fertilization is to be carried out; but the stimulus that triggers flowering has not yet been discovered.

The conventional image of the desert, however, is neither the stony ground nor the mountains sculpted by the wind, but endless sand dunes. In fact, such dunes only occupy a small portion of the world’s deserts, but they constitute the most specialized environment of them. The sand from which they are formed comes from desert rocks that, over thousands of years, have been scorched by the Sun during the day and cooled to freezing at night. In such conditions, even the toughest granite cracks and flakes. Slowly, the rock disintegrates into the minerals that compose it, and each grain, repeatedly pushed by the wind against the cliffs, beaten on flat rock surfaces and rubbed with other grains, is rounded and covered in a red iron oxide varnish . The winds that blow furiously and swirl across the desert drag these grains and deposit them in large heaps, which constitute the dunes. Some grow to 200 meters high and one kilometer wide.

The Amazon, the largest river in the world, is over 6,000 km long. At any time, two thirds of the world’s fresh water flows between its banks. At its mouth, 3000 km wide, there is a maze of channels and islands, one of which is larger than Switzerland. This giant river maintains its identity even after leaving the coast. In 1499, a Spanish captain who was sailing south through the seas on the east coast of South America, but so far from it that it was not appreciated, he suddenly realized that the water he was passing was not salty, but sweet. He turned west and thus was the first European to see this huge river. Only when its waters reach 180 km from the edge of the continent do they lose their identity and finally mix with the salty ocean.
Most of our planet is covered by water, and it is so abundant that if all the world’s mountains were toppling and the resulting rubble was dumped into the sea, the surface of the globe would be entirely submerged underwater at a depth of several thousand meters. The great ocean basins that house all that water between the continents are more topographically varied than the emerged surface of the Earth. Everest, the highest land mountain, would fit into the deepest part of the ocean, the Mariana Trench, and its summit would still be more than two kilometers below the surface. On the other hand, the highest marine mountains are so large that they rise above the surface of the waters and form island chains. Mauna Kea, the highest Hawaiian volcano, measures, from its base on the ocean floor, more than 10,000 m, making it actually the highest mountain in the world.
The seas originated when the Earth began to cool shortly after its formation and the water vapor condensed on its surface. Some of the water also came from volcanic mouths that poured water from the interior of the planet. The water in these young seas was not like rain, but contained significant amounts of chlorine, bromine, iodine, boron, and nitrogen, as well as very small amounts of many other rarer substances. Since then other ingredients have been added. As continental rocks wear out and erode, they release mineral salts that rivers transport in solution to the sea. Thus, over millennia, the sea has become increasingly salty.
Life first emerged in this chemically rich water about 3.5 billion years ago.
The sea, like the mainland, also has deserts. Near the margins of the continents, large stretches of sand cover the seabed, which, compared to surface waters, appear completely inert. The currents sweep the sand and move it from one place to another, forming long ripples and dunes, just as winds do in land deserts. The sand lacks nutrients, and the organic particles that settle between the grains are carried away by these currents, which continuously screen and drag them. However, there are certain living beings that manage to live here, as they do in the sandy bottoms closest to the coast.
Men too go in search of these sources of wealth. Since fishing was developed as an industry, the Grand Banks of Newfoundland have been visited with increasing intensity. Year after year, fishermen have been applying new procedures to locate schools – radar, sonar -, new net designs, new techniques to carry out increasing catches. But even the Big Banks are not inexhaustible. Today there are many modern fishing industries, built a few years ago near the coast in the belief that these large catches were to be maintained forever, to remain dormant and empty. Catches are failing. The greed of man has endangered even the survival of the richest and most productive area on the planet.

If we men want to control the world sensibly and effectively, we must decide what our objectives are in the steps to be taken. There are three international organizations that have this mission: the International Union for Conservation of Nature, the United Nations Environmental Program and the Foundation for Wild Life in the World. These organizations are guided by three basic principles that all of us should follow.
First, we must not exploit natural groupings of animals and plants so intensively that they cannot be renewed and eventually disappear. This is so evident that it seems superfluous to expose it. However, schools of anchovy have been overfished, herrings have been displaced from their spawning areas in European waters, and there are many classes of whales that are still being caught even though they are in real danger of extinction.
Second, we should not so radically change the face of the Earth so that we interfere with the basic processes that sustain life: if we continue to destroy the planet’s forest cover we may make it difficult to renew oxygen in the atmosphere, and if we continue to use the oceans as a poison dump we compromise your future fertility.
And third, we must do the impossible to maintain the diversity of animals and plants on Earth. Not only because we depend on many of them for our food, or because we still know very little about them or the practical value they may have in the
future, but because it is a moral question that is based on the fact that men do not have the right to definitively exterminate the living beings with which we share this planet.
From what we know so far, it seems that our planet is the only place in the dark vastness of the Universe where life exists. We are alone in space, and the continuity of that life is in our hands.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/05/03/la-vida-a-prueba-david-attenborough-the-trials-of-life-a-natural-history-of-animal-behavior-by-david-attenborough/

https://weedjee.wordpress.com/2020/05/03/el-planeta-viviente-david-attenborough-the-living-planet-by-david-attenborough/

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