La Era Del Enfrentamiento. Del Storytelling A La Ausencia Del Relato — Christian Salmon / L’Ere Du Clash (The Clash Era) by Christian Salmon

Este es el título del ensayo con el que Christian Salmon regresa en 2019 para calificar la nueva era de comunicación en la que cree que hemos entrado. Si la era de la narración había llegado a su apogeo con el advenimiento de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos, es el advenimiento de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos lo que revela la entrada en el ” era del choque “.
Tres fechas principales, según el autor, prepararon el advenimiento de esta nueva era:
– 2001, con el ataque al World Trade Center, que también marcó la aparición en el escenario de tesis de conspiración con la aparición de falsas víctimas e historias delirantes de todo tipo sobre la organización de los ataques;
– 2005, con la aparición de las redes sociales;
– 2008, con la crisis financiera de alto riesgo y el rescate de los bancos que, según el autor, ha arruinado el crédito a la ideología ultraliberal en vigor en Europa y los Estados Unidos.
Para caracterizar la era del choque, Christian Salmon comienza con una observación impresionante, extraída de un comentario de 2013 de Eric Schmidt, presidente de Alphabet, la empresa matriz de Google. Esto indica que tomaría una capacidad de 5 exabytes (o 5 mil millones de bytes) para registrar todas las palabras que los seres humanos han hablado desde el origen hasta 2003. En 2011, se generó 5 exabytes de contenido cada dos días y en 2013, se generó la misma cantidad cada dos o tres horas. La era del choque se caracteriza por una gran cantidad de datos e información, que todos experimentan a diario.
Luego, especifica que esta nueva “secuencia” se caracteriza por el final de historias grandes y pequeñas, seguida de una comunicación política marcada por trastornos en reemplazo de discursos lineales, con un comienzo, un medio y un final. En otras palabras, hay una secuencia errática de líneas punzantes sin orden, con el único propósito de hacer ruido durante los enfrentamientos virales; Las historias se pelean de manera anárquica con el único propósito de radicalizar las palabras de sus autores para ser escuchadas. La viralidad y la rivalidad van de la mano, así como la virulencia y la violencia. “Choque y asombro”: las tácticas militares implementadas en Irak en 2003 y destinadas a paralizar al enemigo por el poder del fuego, fueron adoptadas por Steve Bannon, el estratega de Donald Trump en la ocasión de la campaña presidencial estadounidense de 2016 durante la cual Donal Trump dio permiso a la figura del narrador y dio paso a la del bufón que difunde “noticias falsas”. Según el autor, el nuevo régimen de información imita la lógica de los mercados financieros, que son igualmente erráticos frente a los rumores y los efectos de la multitud.
Para Christian Salmon, esta lógica está pulverizando la narrativa de la política: el momento sería de sorpresa, de irrupción, de carnaval. El tiempo transcurre sin incidentes, pero se divide en una sucesión de momentos puntuados por el aumento de los mensajes en las redes sociales: tomando una fórmula de Hamlet, cree que el tiempo está “fuera de lugar”. Consecuencia: la posibilidad de que el Estado actúe en este nuevo texto parece comprometida. Aplastado por la gran crisis de 2008, el estado quedaría atrapado en un flujo de información errático y permanente. Según una expresión del autor, el mundo ya no se vuelve gobernable sino “sujeto” por propagación mimética.
En última instancia, este ensayo muy estimulante centrado en el primer análisis sobre el régimen de comunicación cuya era de choque constituye el resultado provisional también puede leerse como un punto de vista original sobre el fenómeno de la despolitización contemporánea en el momento de GAFA. Este ensayo también invita a meditar nuevamente la famosa frase de Hannah Arendt, tomada del libro “El sistema totalitario”: “El sujeto ideal del reinado totalitario no es ni los nazis convencidos, ni los comunistas convencidos, sino el hombre para quienes la distinción entre realidad y ficción y la distinción entre verdadero y falso ya no existe”.

El Palacio de los Sueños tiene como único objetivo conjurar la incertidumbre. Se trata de un costoso dispositivo concebido para lograr una transparencia total en el espacio y en el tiempo. Prever el futuro. Prevenirse contra él. Rizar lo posible sobre sí mismo. No solo controlar, sino neutralizar la experiencia. El Palacio de los Sueños es un nuevo tipo de prisión: la prisión de lo Posible.
Las temibles GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon) son las sucesoras de los inspectores del Palacio de los Sueños de Ismail Kadaré. Sin embargo, no tienen rostro humano y son mucho más eficaces en su trabajo de inventario. Registrar y analizar permanentemente el inconsciente individual y colectivo es, desde hace diez años, el meollo de su proyecto. Consideran que la acumulación de cantidades enormes de datos brutos (guardados en hileras de servidores ubicados en almacenes, los llamados datawarehouses) permitirá modelizar con toda precisión, como nunca se ha hecho antes, todos los comportamientos y comprobar la pertinencia de sus modelos gracias al poderío de los algoritmos, lo que debería conducir a una modelización perfecta: una modelización que determine con el mínimo margen de error posible la interacción entre el individuo y las máquinas que lo acompañan, una modelización que asegure una fiabilidad de la máquina superior a la del individuo.

La victoria de Donald Trump no solo constituyó una derrota electoral para los demócratas, sino que cogió desprevenidos a todos los sistemas de previsión y alerta, y arruinó la credibilidad de los analistas y los comentaristas. Se percibió como una anomalía política, un acontecimiento ilógico que no se plegaba a la victoria anunciada de la «primera presidenta de Estados Unidos».
Los medios de información estadounidenses han forjado la expresión post-truth politics, política de la posverdad, para designar ese empleo político de la mentira. Conforme a sus análisis, las redes sociales han creado un nuevo contexto y un nuevo régimen de verdad, caracterizado por la aparición de burbujas informativas independientes entre sí: «silos» de informaciones, a imagen y semejanza de la configuración de Facebook. A partir de ahora, los individuos pueden escoger sus fuentes de información en función de sus opiniones y de sus prejuicios sin temor a la contradicción, en una especie de cerrazón informativa propicia a los rumores más descabellados, al conspiracionismo y a la mentira, nunca desmentida en el interior de su burbuja. Su espacio informativo es inaccesible al fact-checking (contrastación con los hechos) de la prensa y de los medios de inspiración periodística.

A mediados de la década de 1990 hacen su aparición internet y los nuevos medios de información electrónicos. La CNN ya no es la única cadena de información 24 horas; en la red por cable se le unen nuevas cadenas, como Fox News. Internet, abierta al gran público y a los usos comerciales, se convierte en un medio de comunicación de masas, y la televisión, que continúa siendo de lejos la principal fuente de información de los estadounidenses, es un sector absorbido progresivamente por los gigantes de la industria del ocio, como Disney, Viacom y Time Warner. El nuevo sistema de información ininterrumpida favorece una versión anecdótica de los acontecimientos. Desempeñará un papel decisivo en la presentación de las informaciones, la cobertura de los casos y de los escándalos. Vehicula una representación en blanco y negro de la actualidad, sin matices, el Bien frente al Mal, que contribuye como nunca a difuminar la frontera entre la realidad y la ficción.
El Gobierno de George W. Bush no inventó el nuevo entorno mediático en el que se insertó, a menudo designado con el neologismo de infotainment (infotenimiento), cuando accedió al poder en 2001.
El poder no está donde se piensa. Ahora las cosas ya no ocurren tal como estaba previsto, conforme a un plan o a una historia. El presidente de Estados Unidos (POTUS) ya no es lo que era. En junio de 2018, Bill Clinton publicó una novela coescrita con el autor de novela policíaca James Patterson, que será objeto de una adaptación televisiva. El título es elocuente: The President is Missing. El presidente ha desaparecido.
La política se abole en su narración, como puro simulacro, con lo que revela su impotencia frente a los grandes retos económicos, sociales y ecológicos. Se ha rizado el rizo del storytelling político. Sin embargo, el storytelling vuelve a cobrar impulso en otras partes. Desconectado del poder político, liberado de sus usos estratégicos, ha sido investido con los poderes casi mágicos que ha perdido la política. Lejos de ser una simple técnica de comunicación en manos de los spin doctors, ahora se presenta como el único poder verdadero, un poder en sí, una potencia que se ha independizado de la política y que se ha liberado de ella tras ser su servidora.

Desde la crisis de 2008, todos los Gobiernos padecen el mismo descrédito. Se esfuerzan en controlar, día tras día, una opinión pública rebelde, bajo la mirada suspicaz de las agencias de calificación. ¿Cómo satisfacer a esas agencias, que determinan el coste de la deuda, sin decepcionar las esperanzas de los electores que les han confiado el poder? En Europa ha habido dos hombres que han probado a realizar ese difícil ejercicio, y para ello han apelado a la «magia» del storytelling: Matteo Renzi en Italia (2014-2016) y después Emmanuel Macron en Francia (2017-…). Uno quería «cambiar el storytelling de Italia» y tuvo que dimitir al cabo de dos años. El otro pretendía encarnar una presidencia más fuerte, «jupiterina», y «reconstruir un heroísmo político». En menos de dieciocho meses ha batido récords de impopularidad…
Cuanto más difícil demuestra ser el ejercicio del poder en un mundo cambiante y complejo, más se endurecen, más se virilizan las características que se esperan de un dirigente político: mandíbula cuadrada, mentón prominente, discurso marcial. Es el espectáculo que ofrece el poder un poco por todo el mundo desde hace algunos años y algunos meses. Las posturas marciales intentan colmar una demanda de autoridad, un deseo de protección que es la otra cara de la soberanía perdida. Teatralizan la falta de soberanía con una personalización y una «virilización» de los gobernantes. Es el triunfo de las posturas marciales y de los golpes de mentón. Emmanuel Macron también padece esa peculiaridad. Para él, la sociedad es algo que hay que forzar, a toda costa y por cualquier medio, sin límites a priori. Hay que forzarla ofreciendo el espectáculo de su forzamiento para que el «pueblo» le coja gusto. Ahí está el secreto del macronismo puesto al descubierto.

Las causas profundas de la crisis democrática de la Unión Europea residen en la arquitectura de las instituciones europeas. Los Gobiernos elegidos se han visto privados de las palancas del poder, mientras que las nuevas instituciones europeas han quedado desligadas de toda representatividad. Los Estados-nación de Europa han perdido su soberanía democrática y la Unión Europea no ha sabido recrear una nueva. Europa es un continente en piloto automático, entregado a la mano invisible pero muy real de los mercados…

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This is the title of the essay with which Christian Salmon returns in 2019 to qualify the new era of communication in which he believes we have entered. If the era of the narrative had reached its peak with the advent of Barack Obama as president of the United States, it is the advent of Donald Trump as president of the United States that reveals the entry into the “era of shock.”
Three main dates, according to the author, prepared the advent of this new era:
– 2001, with the attack on the World Trade Center, which also marked the appearance on the stage of conspiracy thesis with the appearance of false victims and delusional stories of all kinds about the organization of the attacks;
– 2005, with the emergence of social networks;
– 2008, with the high-risk financial crisis and the rescue of the banks that, according to the author, have ruined the credit for the ultra-liberal ideology in force in Europe and the United States.
To characterize the era of the shock, Christian Salmon begins with an impressive observation, drawn from a 2013 comment by Eric Schmidt, president of Alphabet, the parent company of Google. This indicates that it would take a capacity of 5 exabytes (or 5 billion bytes) to record all the words that humans have spoken from the source until 2003. In 2011, 5 exabytes of content was generated every two days and in 2013, the same amount was generated every two to three hours. The era of shock is characterized by a large amount of data and information, which everyone experiences daily.
Then, it specifies that this new “sequence” is characterized by the end of large and small stories, followed by a political communication marked by disorders replacing linear discourses, with a beginning, a middle and an end. In other words, there is an erratic sequence of sharp lines without order, with the sole purpose of making noise during viral confrontations; The stories are fought in an anarchic way with the sole purpose of radicalizing the words of their authors to be heard. Virality and rivalry go hand in hand, as well as virulence and violence. “Shock and amazement”: military tactics implemented in Iraq in 2003 and intended to paralyze the enemy by the power of fire, were adopted by Steve Bannon, the strategist at Donald Trump on the occasion of the 2016 US presidential campaign during which Donal Trump gave permission to the narrator and gave way to the jester who spreads “fake news”. According to the author, the new information regime mimics the logic of financial markets, which are equally erratic in the face of rumors and the effects of the crowd.
For Christian Salmon, this logic is pulverizing the narrative of politics: the moment would be of surprise, of irruption, of carnival. Time passes without incident, but it is divided into a succession of moments punctuated by the increase in messages on social networks: taking a formula from Hamlet, he believes that time is “out of place.” Consequence: the possibility of the State acting in this new text seems compromised. Crushed by the great crisis of 2008, the state would be trapped in an erratic and permanent flow of information. According to an expression of the author, the world no longer becomes governable but “subject” by mimetic propagation.
Ultimately, this very stimulating essay focused on the first analysis of the communication regime whose era of shock constitutes the provisional result can also be read as an original point of view on the phenomenon of contemporary depoliticization at the time of GAFA. This essay also invites to meditate again the famous phrase of Hannah Arendt, taken from the book “The totalitarian system”: “The ideal subject of the totalitarian reign is neither the convinced Nazis, nor the convinced communists, but the man for whom the distinction between reality and fiction and the distinction between true and false no longer exists”.

The Palace of Dreams has the sole objective of conjuring uncertainty. It is an expensive device designed to achieve total transparency in space and time. Foresee the future. Prevent against him. Curl as much as possible about yourself. Not only control, but neutralize the experience. The Palace of Dreams is a new type of prison: the prison of the Possible.
The fearsome GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon) are the successors of the inspectors of the Palace of Dreams of Ismail Kadaré. However, they have no human face and are much more effective in their inventory work. Registering and analyzing the individual and collective unconscious permanently is, for ten years, the heart of your project. They consider that the accumulation of huge amounts of raw data (stored in rows of servers located in warehouses, the so-called datawarehouses) will allow to model with all precision, as never before, all behaviors and check the relevance of their models thanks to the power of the algorithms, which should lead to a perfect modeling: a modeling that determines with the minimum possible margin of error the interaction between the individual and the accompanying machines, a modeling that ensures a machine reliability superior to that of the individual .

The victory of Donald Trump not only constituted an electoral defeat for the Democrats, but he took all the forecasting and warning systems off guard, and ruined the credibility of analysts and commentators. It was perceived as a political anomaly, an illogical event that did not bend to the announced victory of the “first president of the United States.”
The American media have forged the expression post-truth politics, politics of post-truth, to designate that political use of lies. According to their analysis, social networks have created a new context and a new regime of truth, characterized by the appearance of informational bubbles independent of each other: «silos» of information, in the image and likeness of the Facebook configuration. From now on, individuals can choose their sources of information based on their opinions and prejudices without fear of contradiction, in a kind of informational closure conducive to the most crazy rumors, conspiracy and lies, never denied in The inside of your bubble. Its informative space is inaccessible to the fact-checking (contrast with the facts) of the press and the media of journalistic inspiration.

In the mid-1990s, the Internet and the new electronic information media made their appearance. CNN is no longer the only 24-hour information chain; new networks, such as Fox News, join the cable network. The Internet, open to the general public and commercial uses, becomes a means of mass communication, and television, which remains by far the main source of information for Americans, is a sector progressively absorbed by industry giants of leisure, like Disney, Viacom and Time Warner. The new uninterrupted information system favors an anecdotal version of events. It will play a decisive role in the presentation of information, coverage of cases and scandals. It conveys a black and white representation of today, without nuances, Good versus Evil, which contributes as never before to blur the border between reality and fiction.
The Government of George W. Bush did not invent the new media environment in which he was inserted, often designated with the neologism of infotainment, when he came to power in 2001.
Power is not where you think. Now things do not happen as planned, according to a plan or a story. The president of the United States (POTUS) is no longer what he was. In June 2018, Bill Clinton published a novel co-written with the author of police novel James Patterson, which will be the subject of a television adaptation. The title is eloquent: The President is Missing.
Politics is abolished in its narration, as a pure simulation, which reveals its impotence in the face of the great economic, social and ecological challenges. The curl of political storytelling has been curled. However, storytelling regains momentum elsewhere. Disconnected from political power, freed from its strategic uses, it has been vested with the almost magical powers that politics has lost. Far from being a simple communication technique in the hands of spin doctors, it now presents itself as the only true power, a power in itself, a power that has become independent of politics and has freed itself from it after being its servant.

Since the 2008 crisis, all governments suffer the same discredit. They strive to control, day after day, a rebellious public opinion, under the suspicious gaze of the rating agencies. How to satisfy those agencies, which determine the cost of debt, without disappointing the hopes of the voters who have entrusted them with power? In Europe there have been two men who have tried to perform that difficult exercise, and for this they have appealed to the “magic” of storytelling: Matteo Renzi in Italy (2014-2016) and then Emmanuel Macron in France (2017- …). One wanted to “change the storytelling of Italy” and had to resign after two years. The other sought to embody a stronger presidency, “Jupiterine,” and “rebuild a political heroism.” In less than eighteen months he has broken unpopularity records …
The more difficult it proves to be the exercise of power in a changing and complex world, the more they harden, the more the characteristics expected of a political leader are virilized: square jaw, prominent chin, martial discourse. It is the show that offers power a little for everyone for some years and some months. Martial positions try to fill a demand for authority, a desire for protection that is the other side of lost sovereignty. They dramatize the lack of sovereignty with a personalization and a “virilization” of the rulers. It is the triumph of martial postures and chin strikes. Emmanuel Macron also suffers from that peculiarity. For him, society is something that must be forced, at all costs and by any means, without limits a priori. You have to force it by offering the show of its forcing so that the “people” will like it. There is the secret of macronism exposed.

The root causes of the democratic crisis in the European Union lie in the architecture of the European institutions. The elected governments have been deprived of the levers of power, while the new European institutions have been detached from all representativity. The nation-states of Europe have lost their democratic sovereignty and the European Union has failed to recreate a new one. Europe is a continent in autopilot, delivered to the invisible but very real hand of the markets …

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