El Entusiasmo: Precariedad y Trabajo Creativo En La Era Digital — Remedios Zafra / Enthusiasm: Precariousness and Creative Work in the Digital Age by Remedios Zafra (spanish book edition)

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Remedios Zafra ganó el Premio Anagrama de Ensayo en septiembre de 2017, con este tratado sobre el entusiasmo que hace una captura de la realidad, del día a día de todos aquellos jóvenes creativos o con una fuerte pulsión creadora que se dan de bruces contra las imposiciones del sistema para hacer de su pasión, su trabajo.
Es un libro extremadamente crítico con el sistema, que señala uno a uno los procesos que llevan a los creativos entusiastas a saborear la temida frustración, en un mundo gobernado por la popularidad en las redes sociales, donde ya todo parece estar inventado y triunfar es muchas veces copiar el modelo que ya se ha comprobado que funciona.
El deseo según Deleuze
Ya en la primera página encontramos la cita al concepto de “deseo”, que es clave en la obra de Gilles Deleuze, tanto que sirve como punto de apoyo al conjunto de su obra. Y es que hay algo en el fraseo de los primeros capítulos de la obra de Remedios Zafra, que de algún modo huele a Deleuze: las mismas estructuras narrativas, ese jugar con el lenguaje tan característico, la intención consciente de crear nueva realidad y nuevas teorías a partir de observarlas desde prismas nuevos…: si es cierto que creamos la realidad a partir de nombrar, ¿por qué no iba a ser posible dar lugar también a nuevas teorías cambiando la forma de nombrar o expresar las realidades?

Remedios Zafra deja fuera de este ensayo a toda esa gente que se enriquece con su obra creativa, de mayor o menor calidad artística. Creadores que por mil motivos han conseguido dar con la clave que les catapulte al éxito y así vender miles de libros, cobrar cantidades desorbitadas por un cuadro, vender ropa a los más ricos con diseños de precios inalcanzables, cobrar lo que un obrero cobra en toda una vida por una sola partitura, y así sucesivamente.
Continuamente se centra en el problema de la frustración, un sentimiento que desgasta y que es la forma de vida de un sector que ha visto cómo un trabajo precario que iba a ser tan solo el trampolín para conseguir sus sueños, se ha convertido en una inercia de la que resulta imposible escapar, porque no hay plan B y nada va a caer del cielo milagrosamente para pagar las facturas. Sueños frustrados por la guillotina del capitalismo hostil.

Entre líneas se percibe claramente la influencia que han tenido en la autora la maravillosa transgresión desvergonzada de Foucault y la narrativa contagiosa de Deleuze, que tiene la llave para abrir nuevas formas de pensamiento. Un vistazo a la bibliografía nos lo confirma.
La instrumentalización capitalista del entusiasmo
¿Cómo se valora el trabajo artístico? Veamos. Zafra deja a un lado a los que triunfan, como hemos dicho. Su objetivo es la denuncia de todo aquello que está mal, pero es que también huele a podrido en las galerías de arte que excluyen de forma consciente la obra de mujeres; en los coleccionistas que invierten en arte como puro objeto de capital; en el acceso reservado a determinados espacios artísticos elitistas; en el intrusismo, como pasa en casi todas las profesiones; en la proliferación de “bellartistas” titulados que no piden o se ganan sino que exigen su espacio en el mercado esgrimiendo títulos académicos como frágiles garantes de calidad, pero sin una obra sólida que les respalde y hable por ellos, etc.
En cuanto a la instrumentalización del entusiasmo, de forma repetida a lo largo de los capítulos podemos ver cómo Zafra denuncia el abuso real que existe hacia los creativos: la sociedad, en general, no valora el trabajo artístico por puro desconocimiento e incultura, y así sucede que se ofrece a músicos tocar en espacios sin cobrar, (recibiendo a cambio tan solo el acceder a una sala que les dé cierta publicidad), o a ilustradores a quienes se les piden diseños a cambio de nada, y así sucesivamente. Se entiende que, como es algo que se disfruta haciendo, no hay por qué hacer un pago añadido, en el goce creador el artista debe encontrar todo su pago, (no sabemos de qué manera se paga con eso el ticket de la compra, el alquiler de la vivienda o las facturas, etc).
La desigualdad de género va de la mano a la precariedad laboral, también en el sector artístico (o más especialmente si cabe): los trabajos creativos y los cuidados son tradicionalmente trabajos feminizados. Zafra denuncia que el sistema no evolucione en pos del bienestar de los individuos, sino que avance de una forma tan deshumanizante que tengan que ser las personas las que se adapten a los nuevos cambios para no acabar fuera del engranaje. La autora no se explica cómo los trabajadores, engañados, no se organizan para dinamitar el sistema, sino que se parapetan en nuevas formas de individualismo, no se dan por aludidos, y alimentan así una inercia que de momento les hace vivir peor a todos y que a la larga terminará por destruirles.

El mundo detrás de una pequeña pantalla p.114 “Un niño mueve los dedos pulgar e índice de su mano derecha sobre el cristal de la ventanilla de un coche. Está sentado en el asiento de atrás y sus juguetes electrónicos se han quedado sin batería. El niño intenta ampliar la imagen de una vaca que pasta en el campo de afuera. Lo hace como si el cristal fuera su pantalla y la imagen real asible y manipulable, como si el mundo real estuviera allí representado y tocarlo le permitiera lograr un primer plano del animal. Desde que nuestro mundo viene cada vez más mediado por pantallas y los animales reales e imaginarios confluyen, allí donde un marco encuadra una escena móvil, late con fuerza la duda».
Avatares que exigen ser actualizados, redes sociales hambrientas de contenido nuevo, una pantalla en todo momento delante de nuestras caras. ¿Hacia dónde nos lleva esto? Volviendo al trabajo creativo, a través de Internet se ha dado la vuelta a la tortilla, y mientras hace unos años unos pocos creaban para todos, ahora cualquiera, casi todos, creamos para todos, ya que nuestra obra digitalizada y expuesta on-line es capaz de llegar a cualquier lugar del mundo que tenga conexión a Internet.
Las personas creativas han canalizado su entusiasmo para dar forma a nuevos modos de crear en Internet y vivir de ello; el ejemplo de los youtubers como profesión nueva que hace unos pocos años no solo no existía sino que era impensable. Basta con tener una cámara y conexión a la red, ni siquiera hace falta bagaje cultural. Mucha gente triunfa grabando su día a día, exponiendo a su familia e incluyendo a menores (hay quien publica las grabaciones de sus partos y a partir de ahí, absolutamente todo). Las marcas se pelean por ellos, suben los cachés, vida de eventos y farándula, etc. Es solo cuestión de exponer tu privacidad hasta pasar el límite de lo ético y tener cierta gracia frente al objetivo.

Zafra incluye en este libro interesantes cuestiones tangencialmente relacionadas con el motivo de su ensayo. Por ejemplo, el arte utilizado por la masa aborregada como herramienta de evasión. Ella misma, como autora, ha vivido el momento en que sus lectores le piden que escriba libros que les entretengan y no les hagan pensar, algo que no por habitual deja de resultar desesperante.
Esa masa, que es la mayoría, son eternos adolescentes que no se enfrentan a su realidad y que sólo se dejan llevar por la inercia, sin hacer ningún esfuerzo por su crecimiento personal, como bien explicó Recalcati en su maravillosa obra “El complejo de Telémaco”, de esta misma Colección Argumentos. Zafra defiende a ultranza el trabajo creativo como medio para sacudir y crear conciencias, no tan sólo para entretener, y propone que se lleven a cabo nuevas formas de gestionar los procesos creativos para que el trabajo artístico no desaparezca, porque es absolutamente necesario para dar forma a una sociedad de la que podamos presumir.

Ante una falsa promesa de éxito, los «entusiastas» regalan su esfuerzo, ponen buena cara en sus selfies y luchan dentro de un sistema que se aprovecha de ellos, y los desecha por no considerarlos «productivos».
Una de esas lecturas que te hace removerte incómoda, dejar el libro y volver a cogerlo. Releer y pasar de largo aquello para lo que aun no estás preparado.
Me gustó mucho su mezcla de novela y ensayo. Creo que ayuda muchísimo a comprender mejor un contenido tan complejo. Aun así, no es una lectura sencilla.
Este ensayo desprende muy buenas ideas, tiene imágenes muy poéticas y el argumento es extremadamente actual.
El gran defecto es la falta de rigor y de estudio de la realidad, sin ningún tipo de justificación ni argumento estadístico, económico o documental que respalde los argumentos. Si lo que pretendía el ensayo es denunciar la precariedad, el trabajo de investigación era imprescindible.
La ansiedad que provoca el ver y el deseo se compensan mínimamente pudiendo «poseer» digitalmente (descargar, archivar) frente a una aplazada profundización en las cosas. Mientras nos llega «el tiempo» optamos por guardar, como esas personas que acumulan y acumulan por defecto, pero con variantes más cercanas a lo que preconizaba el Diógenes clásico defensor de la privación y la independencia de «lo material». Porque ahora es «lo digital» lo que guardamos. Y en la dimensión a la que esta práctica apunta observaremos que sí requiere «lugar». Por ello, así como ampliamos habitaciones, ahora cambiamos gigas por teras, y discos duros por nubes para acumular y acumular por defecto, por si acaso. Otra cosa es el tiempo, donado al consumo y a la producción entusiasta de datos e, indirectamente, a «hacernos datos».

Abandonarse a lo virtual supone crearse un mundo donde el control es mucho mayor, sin riesgo de enfermedad, accidente, ni contagio. Sin rubor ni pudor ante lo que se está mirando (todo a nuestra disposición), ante lo que nos está mirando (todo escondido a voluntad). Con un margen de posproducción que permite que la imagen a compartir o publicar pueda ser filtrada y mejorada, llevada hacia el perverso reino del canon. Hasta el punto de que las «imágenes creadas del cuerpo» pueden paralizar no pocos encuentros físicos por miedo a decepcionar y a no encajar esas imágenes prefabricadas con las de los cuerpos materiales, siempre imperfectos y cargados de taras, tics e inseguridades. Esta vida retroalimenta la reclusión del cuerpo de los entusiastas en la casa conectada, allí donde siempre se puede pulsar este o aquel otro botón que nos permite salir, cambiar de programa, de red, de juego, de amigos; «salir sin demasiadas consecuencias», abrir, cerrar, abrir, cerrar, apagar, reiniciar.

No hay nobleza ni dignidad en una sociedad que precariza y desecha a las personas, a algunas personas. Es esta una forma de mutilar una sociedad promoviendo que los trabajos más vulnerables, los que pronto se hacen prescindibles, sigan siendo de los pobres o de las mujeres, que los trabajos públicos se privaticen y precaricen, que la «generalización de lo descartable» sea en este inicio de siglo lo que más inadvertido nos pasa.
Como si la obsolescencia de las cosas hubiera sido solo un paso hacia la obsolescencia del sujeto en sus formas de trabajo.

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Remedios Zafra won the Anagram Essay Prize in September 2017, with this treatise on the enthusiasm that captures reality, the day-to-day life of all those creative young people or with a strong creative drive that they face against impositions of the system to make your passion your job.
It is an extremely critical book with the system, which points out one by one the processes that lead creative enthusiasts to savor the dreaded frustration, in a world governed by popularity in social networks, where everything seems to be invented and succeed is many Sometimes copy the model that has already been proven to work.
The wish according to Deleuze
Already on the first page we find the quotation to the concept of “desire”, which is key in the work of Gilles Deleuze, so much that it serves as a point of support for the whole of his work. And there is something in the phrasing of the first chapters of the work of Zafra Remedies, which somehow smells like Deleuze: the same narrative structures, that play with such characteristic language, the conscious intention to create new reality and new theories from observing them from new prisms …: if it is true that we create reality from naming, why would it not be possible to also give rise to new theories by changing the way of naming or expressing realities?

Remedios Zafra leaves out of this essay all those people who enrich themselves with their creative work, of greater or lesser artistic quality. Creators who for a thousand reasons have managed to find the key that catapults them to success and thus sell thousands of books, collect exorbitant amounts for a painting, sell clothes to the richest with unattainable price designs, collect what a worker charges in all one life for a single score, and so on.
It continually focuses on the problem of frustration, a feeling that wears out and that is the way of life of a sector that has seen how a precarious job that was going to be just the springboard to achieve their dreams, has become an inertia from which it is impossible to escape, because there is no plan B and nothing will miraculously fall from the sky to pay the bills. Dreams frustrated by the guillotine of hostile capitalism.

Between the lines one can clearly perceive the influence that Foucault’s wonderful shameless transgression and Deleuze’s contagious narrative have had on the author, who has the key to open new ways of thinking. A look at the bibliography confirms this.
The capitalist instrumentalization of enthusiasm
How is artistic work valued? Let’s see. Zafra puts aside those who succeed, as we have said. Its objective is the denunciation of everything that is wrong, but it also smells rotten in art galleries that consciously exclude the work of women; in collectors who invest in art as a pure object of capital; in reserved access to certain elitist artistic spaces; in intrusion, as in almost all professions; in the proliferation of «Bellartistas» graduates who do not ask for or earn but demand their space in the market by using academic titles as fragile guarantors of quality, but without a solid work that supports them and speaks for them, etc.
As for the instrumentalization of enthusiasm, repeatedly throughout the chapters we can see how Zafra denounces the real abuse that exists towards creatives: society, in general, does not value artistic work by pure ignorance and lack of culture, and thus It happens that musicians are offered to play in spaces without charge, (receiving only access to a room that gives them some publicity), or illustrators who are asked for designs in exchange for nothing, and so on. It is understood that, as it is something that is enjoyed doing, there is no reason to make an additional payment, in the creative enjoyment the artist must find all his payment, (we do not know how to pay with that the purchase ticket, the rental of housing or bills, etc).
Gender inequality goes hand in hand with job insecurity, also in the artistic sector (or more especially if possible): creative works and care are traditionally feminized works. Zafra denounces that the system does not evolve in pursuit of the well-being of individuals, but that it advances in such a dehumanizing way that people have to adapt to the new changes so as not to end up out of the gear. The author does not explain how the workers, deceived, do not organize to dynamit the system, but rather parapete themselves in new forms of individualism, do not take them for granted, and thus feed an inertia that at the moment makes them all live worse and which will eventually destroy them.

The world behind a small screen p.114 “A child moves the thumb and index fingers of his right hand on the window of a car. He is sitting in the back seat and his electronic toys have run out of battery. The boy tries to enlarge the image of a cow grazing in the field outside. He does it as if the glass were his screen and the real image was asible and manipulable, as if the real world were represented and touching it allowed him to achieve a close-up of the animal. Since our world comes increasingly mediated by screens and real and imaginary animals come together, where a frame frames a moving scene, doubt beats strongly. ”
Avatars that demand to be updated, social networks hungry for new content, a screen at all times in front of our faces. Where does this lead us? Returning to creative work, the Internet has turned around the tortilla, and while a few years ago a few created for everyone, now anyone, almost everyone, created for everyone, since our work digitized and exhibited online is able to reach anywhere in the world that has an Internet connection.
Creative people have channeled their enthusiasm to shape new ways to create on the Internet and live on it; the example of youtubers as a new profession that not only did not exist a few years ago but was unthinkable. Just have a camera and network connection, cultural baggage is not even necessary. Many people succeed recording their day to day, exposing their family and including minors (there are those who publish the recordings of their deliveries and from there, absolutely everything). The brands fight for them, up the caches, event life and entertainment, etc. It is only a matter of exposing your privacy to the limit of ethics and having a certain grace against the objective.

Zafra includes in this book interesting questions tangentially related to the reason for his essay. For example, the art used by the abhorred mass as an evasion tool. She herself, as the author, has lived the moment when her readers ask her to write books that entertain them and do not make them think, something that does not usually stop being desperate.
That mass, which is the majority, are eternal teenagers who do not face their reality and only get carried away by inertia, without making any effort for their personal growth, as Recalcati explained in his wonderful work “The Telemachus complex ”, From this same Arguments Collection. Zafra defends creative work as a means to shake and create awareness, not only to entertain, and proposes that new ways of managing creative processes be carried out so that artistic work does not disappear, because it is absolutely necessary to shape to a society that we can boast about.

Faced with a false promise of success, «enthusiasts» give their effort, put a good face on their selfies and fight within a system that takes advantage of them, and discards them for not considering them «productive.»
One of those readings that makes you uncomfortable, leave the book and pick it up again. Reread and ignore what you are not ready for yet.
I really liked your mix of novel and essay. I think it helps a lot to better understand such complex content. Even so, it is not a simple read.
This essay gives off very good ideas, has very poetic images and the argument is extremely current.
The great defect is the lack of rigor and study of reality, without any justification or statistical, economic or documentary argument that supports the arguments. If what the essay intended was to denounce the precariousness, the research work was essential.
The anxiety caused by seeing and desire is minimally compensated by being able to «own» digitally (download, archive) in the face of a postponed deepening of things. While «time» arrives, we choose to keep, like those people who accumulate and accumulate by default, but with variants closer to what the classic Diogenes advocated for the deprivation and independence of «the material». Because now it is «digital» that we keep. And in the dimension to which this practice aims we will observe that it does require «place.» Therefore, as we expand rooms, now we change gigs for teras, and hard drives for clouds to accumulate and accumulate by default, just in case. Another thing is time, donated to consumption and enthusiastic production of data and, indirectly, to «make us data».

Abandoning the virtual means creating a world where control is much greater, without risk of disease, accident, or contagion. Without blush or modesty at what you are looking at (all at our disposal), at what you are looking at us (all hidden at will). With a margin of postproduction that allows the image to be shared or published can be filtered and improved, taken to the perverse kingdom of the canon. To the point that the «created images of the body» can paralyze not a few physical encounters for fear of disappointing and not fitting those prefabricated images with those of material bodies, always imperfect and loaded with tares, tics and insecurities. This life feeds the confinement of the body of the enthusiasts in the connected house, where you can always press this or that other button that allows us to exit, change the program, network, game, friends; «Exit without too many consequences», open, close, open, close, shut down, restart.

There is no nobility or dignity in a society that precarious and discards people, some people. This is a way of mutilating a society by promoting that the most vulnerable jobs, those that soon become expendable, remain of the poor or of women, that public works be deprived and precarious, that the «generalization of the disposable» be At this beginning of the century, the most unnoticed happens to us.
As if the obsolescence of things had only been a step towards the obsolescence of the subject in his ways of working.

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