Viviendo En El Futuro: Claves Sobre Cómo La Tecnología Está Cambiando Nuestro Mundo — Enrique Dans / Living in the Future: Keys to How Technology is Changing Our World by Enrique Dans (spanish book edition)

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Interesante exposición de hechos que nos empuja a un uso racional de los recursos disponibles para afrontar una emergencia climática prácticamente inevitable. Yo entiendo además quees un negocio con la pandemia gripe A. Invita al activismo y a la concienciación colectiva en beneficio de un estilo de vida y consumo saludables y, fundamentalmente, sostenibles. Debe leerse junto al libro «ComeOn!: Capitalismo, Cortoplacismo, Población y Destrucción del Planeta», comentado en el blog.
De lectura obligada para todos aquellos que, trabajado en el sector público, tienen responsabilidades directivas en el desarrollo de políticas públicas que, directa o indirectamente, afectan a la sociedad de alguna forma.

La tecnología ha sido utilizada por las sociedades humanas para obtener ventajas de muy diversos tipos, usos con mejores o peores intenciones que les permitiesen desde simplemente subsistir, hasta ser más ricas, más poderosas, más eficientes, más competitivas o más ambiciosas.
Cuando hablamos de tecnología e innovación, tenemos que plantear la conversación en esos términos históricos, porque así será como la planteen los hipotéticos estudiosos que pretendan extraer conclusiones sobre nuestras prácticas, usos y costumbres dentro de algunas décadas, suponiendo que un estudio así llegue a ser alguna vez posible: en cada época, los seres humanos han descubierto, desarrollado o utilizado las tecnologías que su creatividad o sus medios les han permitido poner en práctica de manera razonable, han adoptado aquellas que les ofrecían un balance supuestamente ventajoso con arreglo a la perspectiva que tenían en ese momento, y han aprovechado esas ventajas para poner en práctica procesos que les permitían alcanzar una mayor eficiencia, superando así esquemas anteriores.
Pero los efectos perniciosos asociados al uso de la tecnología tampoco son exclusivos de las sociedades capitalistas: todos los sistemas económicos, independientemente de su tipología, del sistema utilizado para la asignación de los recursos, de la propiedad de los medios de producción o de su ideología, han aplicado la tecnología de maneras que podrían calificarse de perniciosas, en algunas ocasiones por simple ignorancia acerca de sus efectos, pero en muchas otras por otros factores, justificados de formas variadas o incluso carentes de toda justificación. Cuando hablamos de tecnología debemos tener en cuenta que podemos incluir en ella desde desarrollos que han servido para salvar miles de millones de vidas, hasta las mismísimas bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki que aniquilaron a varios cientos de miles de personas a la vez en dos instantes concretos de agosto del año 1945.

La tecnología actual es, entrando en la segunda década del siglo XXI, un entorno que muchos perciben como intimidatorio. Con la excepción de las generaciones más jóvenes, una buena parte de la población actual del mundo nació y creció en un entorno que tendía a evolucionar lentamente, con escasos cambios capaces de generar eso que se ha dado en llamar «disrupción». Indudablemente, la innovación disruptiva existía como tal, surgían desarrollos tecnológicos que tenían un impacto sobre la vida de las personas, pero su adopción y popularización tomaba mucho más tiempo y, con algunas excepciones, lo habitual era que una persona pudiese, con los conocimientos acumulados durante las primeras etapas de su vida, subsistir sin demasiados problemas hasta el momento de su jubilación o de su muerte.
El miedo al cambio está prácticamente codificado en nuestro genoma. La especie humana ha provocado más cambios en el planeta que ninguna otra en un espacio de tiempo relativamente corto, pero las personas consideran las condiciones del entorno cuando nacen y adquieren cierto nivel de consciencia, como algo constante, como un contexto establecido, y los cambios que surgen posteriormente son habitualmente considerados como potenciales amenazas.
El uso de la tecnología define nuestro entorno y nuestro contexto, y cambia u obliga a evolucionar necesariamente las reglas que en muchos casos nos habíamos impuesto por consenso social.

La energía será, sin duda, uno de los principales cambios que afectarán al planteamiento de nuestros hogares en el futuro. Durante la historia reciente de la humanidad, la energía ha sido una variable planteada en términos de escasez: durante mucho tiempo, disponer de la energía necesaria para iluminar una vivienda era interpretado como algo únicamente al alcance de los más ricos, del mismo modo que posteriormente ha ocurrido en muchos lugares del mundo con comodidades como el agua caliente, la calefacción o, más recientemente, el aire acondicionado. Acceder a la electricidad necesaria para poder disponer de electrodomésticos como una nevera, una cocina o una simple bombilla es aún, en determinadas zonas de África, un lujo que determina de manera brutal las circunstancias de la vida de las personas e incluso en ocasiones su salud y su esperanza de vida, mientras en otras zonas del mundo se da absolutamente por descontado. Sin embargo, todo indica que es precisamente esa circunstancia, la disponibilidad y el precio de la energía, la que de una manera más drástica va a condicionar los cambios en la forma en que viviremos en los próximos años.

En realidad, muchos de estos avances ni siquiera comenzaron en el campo de la medicina, sino en el del deporte: el nivel de información del que hoy dispone un simple aficionado a cualquier deporte, desde salir a correr o caminar hasta prácticamente cualquier otra actividad, es sencillamente apabullante, e incluye desde la distancia recorrida, el desnivel superado o la frecuencia cardíaca hasta estimaciones de gasto calórico o necesidades de hidratación en función del clima del momento. De repente, es como si todos los que practicamos algún deporte de manera ocasional pudiésemos saber tanto como los profesionales del mismo.
Los wearables se han convertido en la nueva frontera tecnológica, en los dispositivos que la industria de la electrónica de consumo utiliza para retarse a sí misma con el fin de obtener baterías cada vez más eficientes y duraderas, sensores cada vez más pequeños y de menor consumo, procesadores y memorias más rápidas o módulos de comunicaciones más versátiles. En realidad, prácticamente cualquier wearable de hoy es un ordenador en sí mismo, y apuntan ya a la siguiente frontera, como los dispositivos implantables o ingeribles, a modo de marcapasos o de pastilla equipada con cámaras o con testigos electrónicos…
Los avances de la electrónica de consumo, de la genética y de la ciencia médica en general definen un panorama clarísimo: el paso de una medicina curativa, que únicamente actúa cuando determinados síntomas ya se han hecho patentes, a una con vocación preventiva, que aspira a detectar esas enfermedades o trastornos antes de que se produzcan, y a tratar de ponerles remedio en esa fase temprana. A partir del análisis genético detallado, se podrá determinar el nivel de prevención y monitorización que es preciso mantener, y dotar a esa persona de los dispositivos necesarios para que pueda llevarla a cabo de manera periódica o, incluso, continua. Esto generará cantidades ingentes de datos que, lógicamente, no serán examinados por médicos en lo que supondría una tarea completamente exhaustiva e inabarcable, sino por algoritmos de machine learning que se irán alimentando de cada vez más datos para lograr diagnósticos cada vez más precisos.
¿Cómo cabe esperar que sea, por tanto, la salud del futuro? Fundamentalmente, preventiva. Dispondremos de una amplia serie de dispositivos, algunos de los cuales llevaremos puestos o incluso implantados, y otros a los que recurriremos en determinados contextos, y que tendrán como función evaluar una amplia gama de constantes vitales de manera rutinaria, para que una serie de algoritmos evalúen sus valores y evolución.

Con la llegada de internet y del mundo digital, el valor de la memorización en el proceso de aprendizaje quedó todavía más en entredicho: si antes podía valer la pena retener determinadas cosas en la memoria para evitar el coste de tener que ir a buscar esos conocimientos cuando se precisaba de ellos, ahora, con toda la información del mundo a un clic de distancia y buscadores rápidos para encontrarla, la idea de memorizarlo todo se convertía ya en algo directamente estúpido. De hecho, el recurso habitualmente utilizado para considerar a una persona como culta, que consistía en evaluar a grandes rasgos su capacidad para memorizar determinado tipo de conocimientos, citar determinados datos o meter en la conversación algunos comentarios ilustrados perdía completamente su sentido, y con ello, todo un conjunto de prácticas ineficientes.
Otra educación es posible, es una educación digital, basada en una digitalización real.

No cabe duda de que estamos avanzando rápidamente hacia una sociedad sin dinero en metálico, por razones de comodidad para quien hace los pagos, de economía y seguridad para quien los recibe, y de trazabilidad para unas autoridades interesadas en reducir el impacto de la economía informal. En ese contexto de evolución y difusión tecnológica, lo que muchos comerciantes están haciendo es simplemente dejarse llevar, y esperar, en algunos países, a que la cifra de negocio mediante pagos en metálico haya caído a un volumen escasamente significativo para decidirse a dar el paso y poner un cartel que diga «prohibido el pago en metálico».
Las pretensiones de Facebook, puestas rápidamente en el punto de mira por las autoridades monetarias de muchos países e instituciones internacionales, reflejan en realidad otro problema, relacionado con la naturaleza de esos servicios: que cada vez resultan más sencillos de proporcionar. El hecho de que cada vez más personas recurran a operadores no convencionales, tales como compañías fintech, operadores de bolsa, sistemas de inversión con toma de decisiones completamente automatizada o sistemas de pago creados por compañías tecnológicas para gestionar su dinero implica que lo que antes sólo un banco podía hacer, hoy se plantee como un negocio al alcance de cada vez más actores. La caída de la reputación de los bancos, su progresiva mala imagen, su inadaptación especialmente al público más joven y una operativa considerada por muchos como profundamente anticuada lleva cada vez a más personas a buscar soluciones alternativas, y a cada vez más actores a esforzarse por ofrecerlas. Entre esos nuevos actores hay pequeñas compañías especializadas en determinadas partes de la cadena de valor, como las transferencias de dinero, los préstamos, los pagos o la inversión que podrían, a pesar de su escaso tamaño relativo, generar una fuerte disrupción en la banca tradicional.
En realidad, el problema de la banca es que, como industria, tiene un absoluto desinterés en sus clientes. A un banco puedes pedirle muchas cosas, pero no que te ayude a ahorrar, a mantener unos buenos hábitos financieros, que te aconseje o que te asesore. Si le dejas tu dinero para intentar ahorrarlo en un plan de pensiones, tu banco se dedicará a dilapidarlo en inversiones mal hechas y te fundirá a comisiones, exactamente lo contrario que lo que hacen compañías especializadas como los robo-advisors.

Amazon tiene un gran camino avanzado de cara a convertirse en el gran almacén y en la tienda generalista de la web, pero también lo han logrado muchos retailers tradicionales que se han desplazado a internet con buenos resultados. Para el comercio tradicional que no intente o no tenga posibilidades de adaptarse, vienen malos tiempos: el progresivo cierre de los centros comerciales, sostenidos ya única y desigualmente por algunas cadenas de alta rotación, y de las tiendas de proximidad a pie de calle son, por el momento, tendencias que se anuncian en el mercado estadounidense, pero que no sería extraño ver replicadas en poco tiempo en otros países, incluso en aquellos que históricamente han mantenido hábitos diferentes sustentados por un clima benigno o por costumbres socialmente arraigadas.
Los establecimientos tradicionales cierran, y su espacio es ocupado por franquicias o grandes cadenas capaces de dotar a esos establecimientos con funciones de logística, puntos de recogida o devolución de mercancías, reorientados hacia espacios mixtos o incluso con cierto componente de ocio y destinados a ofrecer una experiencia determinada con el producto.

La evolución de la privacidad es uno de esos temas que claramente demuestran que sólo una ciudadanía bien informada puede plantearse ser dueña de sus destinos. Sigue leyendo. Infórmate más. Hazte activista. Aprende a diferenciar lo que sabes que es bueno de aquello que simplemente te dicen que es bueno. Piensa por ti mismo.

La alternativa a la tasación de los robots puede plantearse como el incremento de la progresividad de los impuestos; el que una fábrica que emplea robots pase a tener, como parece lógico, un beneficio mayor derivado de la necesidad de pagar menos nóminas, de una mayor productividad o de una calidad más elevada llevaría simplemente a pasar a un tramo impositivo más elevado, con el fin de que esa recaudación adicional de impuestos pudiese financiar elementos que evitasen el desequilibrio social y la exclusión, planteables posiblemente como una renta básica universal o incondicional.
El problema no es tan sencillo como poner un impuesto a los robots: el problema va bastante más allá, y tiene consecuencias mucho más importantes de lo que parece, consecuencias que muchos tenderían a considerar problemas imposibles de resolver, como la posibilidad de plantear un mundo sin fronteras o sometido a leyes comunes. La discusión sobre esta cuestión merece un nivel de atención mucho mayor y más profundo, más allá de ideas simples y soluciones puntuales. Si alguien pensó que el mundo no había cambiado, que vaya volviendo a pensarlo.

¿Qué ha llevado a que los políticos sean, en una gran proporción, completos iletrados en todo lo referente a tecnología e innovación, y a que se comporten como auténticos y pavorosos ignorantes en todo lo relacionado con ello? ¿Cómo puede una sociedad pretender aprovechar los beneficios y oportunidades que ofrece el desarrollo tecnológico si quienes la dirigen no se interesan por ello y se muestran incapaces de entenderlo? ¿Son los políticos el reflejo de la sociedad, y simplemente hemos llegado a un punto en el que la mayoría de las personas utilizan la tecnología para muchas cosas, pero no tienen, en realidad, ni la menor idea de lo que están haciendo?
Y si esta desconexión tiene lugar a nivel de la mayoría de los países, las instituciones internacionales como el Parlamento Europeo o las Naciones Unidas son peores aún: caracterizados en muchos casos como los auténticos cementerios de elefantes de los partidos a escala nacional, ese tipo de organismos suelen verse tan constreñidos por la necesidad de alcanzar consensos en muchas ocasiones imposibles, que prácticamente todo aquello que legislan o sobre lo que intentan influir tiende a estar mal hecho, a ser de aplicación imposible o a no servir…
El activismo de los ciudadanos es, sin duda, el elemento necesario para lograr que los políticos actuales se planteen la necesidad de cambiar las cosas, se sientan respaldados para cambiar.

A considerar:
En primer lugar, el cambio generacional. Las generaciones más jóvenes, más educadas en el respeto al conocimiento científico y más preocupadas, lógicamente, por el futuro, protagonizan cada vez más manifestaciones, protestas y presión ciudadana en general para exigir cambios en la gestión de los recursos. Demandan que sus gobiernos les digan la verdad… (aunque no lo tengo tan claro).
El segundo es el cambio en los patrones de consumo. Cada vez más consumidores optan por «votar con su bolsillo», y prefieren opciones a menudo incluso de precio más elevado si éstas les ofrecen un compromiso de sostenibilidad mayor.
El tercero es la acción de filántropos y multibillonarios: sea la Fundación Rockefeller, cuya riqueza se originó paradójicamente gracias al petróleo, magnates desde Michael Bloomberg a Bill Gates y muchos otros, o incubadoras como Y Combinator que financian proyectos que retiran dióxido de carbono de la atmósfera o por variadas iniciativas más, estamos ante ejemplos que no van a ser capaces por sí solos de salvar el mundo, pero que al menos, llevan el tema constantemente a los titulares de prensa e incrementan el nivel de conocimiento y de sensibilización.
En cuarto lugar, la concienciación en torno al problema demográfico. El crecimiento de la especie humana nos ha convertido, como ya hemos comentado anteriormente, en la auténtica plaga del planeta.

Por eso, si queremos tener un futuro, tenemos que tener en cuenta un factor fundamental: el futuro es para quien lo trabaja. Quedarnos quietos sin hacer nada y esperando a que los políticos, los billonarios filántropos o las empresas nos saquen de este lío es una receta segura para que no cambie nada, o para que no cambie a tiempo.


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Interesting presentation of facts that pushes us to a rational use of available resources to face a virtually inevitable climate emergency. I also understand that it is a business with the influenza pandemic A. It invites activism and collective awareness for the benefit of a healthy and, fundamentally, sustainable lifestyle and consumption. An additional book coludirse be «Come On!: Capitalism, Short-termism, Population and the Destruction of the Planet» commented in the blog.
A must-read for all those who, working in the public sector, have directive responsibilities in the development of public policies that, directly or indirectly, affect society in some way.

Technology has been used by human societies to obtain advantages of many different types, uses with better or worse intentions that would allow them to simply subsist, to be richer, more powerful, more efficient, more competitive or more ambitious.
When we talk about technology and innovation, we have to raise the conversation in those historical terms, because that is how the hypothetical students who intend to draw conclusions about our practices, uses and customs within a few decades will pose, assuming that such a study becomes once possible: in each era, human beings have discovered, developed or used the technologies that their creativity or their means have allowed them to reasonably implement, they have adopted those that offered them a supposedly advantageous balance according to the perspective that they had at that time, and have taken advantage of those advantages to put into practice processes that allowed them to achieve greater efficiency, thus overcoming previous schemes.
But the pernicious effects associated with the use of technology are not exclusive to capitalist societies either: all economic systems, regardless of their typology, the system used for the allocation of resources, the ownership of the means of production or their ideology , they have applied the technology in ways that could be described as pernicious, sometimes due to simple ignorance about its effects, but in many others due to other factors, justified in varied ways or even lacking any justification. When we talk about technology we must take into account that we can include it from developments that have saved billions of lives, to the very atomic bombs of Hiroshima and Nagasaki that annihilated several hundred thousand people at once in two moments concrete of August of the year 1945.

Current technology is, entering the second decade of the 21st century, an environment that many perceive as intimidating. With the exception of the younger generations, a good part of the current population of the world was born and grew up in an environment that tended to evolve slowly, with few changes capable of generating what has been called «disruption.» Undoubtedly, disruptive innovation existed as such, technological developments emerged that had an impact on people’s lives, but their adoption and popularization took much longer and, with some exceptions, it was customary for a person to be able, with accumulated knowledge During the early stages of your life, subsist without too much trouble until your retirement or death.
The fear of change is practically codified in our genome. The human species has caused more changes on the planet than any other in a relatively short space of time, but people consider the conditions of the environment when they are born and acquire a certain level of consciousness, as something constant, as an established context, and changes that arise later are usually considered as potential threats.
The use of technology defines our environment and our context, and changes or forces us to necessarily evolve the rules that in many cases we had imposed by social consensus.

Energy will undoubtedly be one of the main changes that will affect the approach of our homes in the future. During the recent history of mankind, energy has been a variable posed in terms of scarcity: for a long time, having the energy needed to illuminate a home was interpreted as something only available to the richest, just as later It has happened in many places in the world with amenities such as hot water, heating or, more recently, air conditioning. Access to the electricity necessary to have appliances such as a refrigerator, a kitchen or a simple light bulb is still, in certain areas of Africa, a luxury that brutally determines the circumstances of people’s lives and sometimes even their health and his life expectancy, while in other areas of the world he is absolutely taken for granted. However, everything indicates that it is precisely that circumstance, the availability and the price of energy, that in a more drastic way will condition the changes in the way we will live in the coming years.

In fact, many of these advances did not even begin in the field of medicine, but in the field of sports: the level of information available to a simple fan of any sport, from running or walking to virtually any other activity, It is simply overwhelming, and includes from the distance traveled, the unevenness overcome or the heart rate to estimates of caloric expenditure or hydration needs depending on the weather of the moment. Suddenly, it is as if everyone who practices a sport occasionally could know as much as the professionals of it.
The wearables have become the new technological frontier, in the devices that the consumer electronics industry uses to challenge itself in order to obtain increasingly efficient and durable batteries, increasingly smaller and lower consumption sensors , faster processors and memories or more versatile communications modules. In fact, practically any wearable of today is a computer in itself, and they already point to the next frontier, such as implantable or ingestible devices, as a pacemaker or tablet equipped with cameras or with electronic witnesses …
The advances in consumer electronics, genetics and medical science in general define a very clear picture: the passage of a curative medicine, which only acts when certain symptoms have already become apparent, to one with a preventive vocation, which aspires to detect those diseases or disorders before they occur, and to try to remedy them at that early stage. From the detailed genetic analysis, it will be possible to determine the level of prevention and monitoring that needs to be maintained, and provide that person with the necessary devices so that he can carry it out periodically or even continuously. This will generate huge amounts of data that, logically, will not be examined by doctors in what would be a completely exhaustive and unattainable task, but by machine learning algorithms that will be fed more and more data to achieve increasingly accurate diagnoses.
How can we expect it to be, therefore, the health of the future? Fundamentally, preventive. We will have a wide range of devices, some of which we will wear or even implanted, and others that we will use in certain contexts, and that will have the function of evaluating a wide range of vital signs in a routine way, so that a series of algorithms Evaluate your values and evolution.

With the advent of the internet and the digital world, the value of memorization in the learning process was even more questioned: if before it could be worth retaining certain things in memory to avoid the cost of having to go looking for that knowledge when they were needed, now, with all the information in the world a click away and quick search engines to find it, the idea of memorizing everything became already something directly stupid. In fact, the resource usually used to consider a person as a cult, which consisted of broadly evaluating their ability to memorize certain types of knowledge, cite certain data or put in the conversation some illustrated comments completely lost their meaning, and with it , a whole set of inefficient practices.
Another education is possible, it is a digital education, based on a real digitalization.

There is no doubt that we are moving rapidly towards a society without cash, for reasons of comfort for the person who makes the payments, of economy and security for those who receive them, and of traceability for some authorities interested in reducing the impact of the informal economy . In this context of technological evolution and diffusion, what many merchants are doing is simply getting carried away, and waiting, in some countries, for the turnover through cash payments to have fallen to a barely significant volume to decide to take the plunge. and put a sign that says «payment in cash prohibited.»
Facebook’s claims, quickly put in the spotlight by the monetary authorities of many countries and international institutions, actually reflect another problem, related to the nature of those services: which are increasingly easier to provide. The fact that more and more people turn to unconventional operators, such as fintech companies, stock traders, investment systems with fully automated decision-making or payment systems created by technology companies to manage their money, implies that what only before A bank could do, today it is considered as a business available to more and more actors. The fall in the reputation of the banks, their progressive bad image, their maladjustment especially to the younger public and an operation considered by many as deeply outdated leads more and more people to look for alternative solutions, and more and more actors to strive to offer them . Among these new actors there are small companies specialized in certain parts of the value chain, such as money transfers, loans, payments or investment that could, despite their small relative size, generate a strong disruption in traditional banking .
In reality, the problem of banking is that, as an industry, it has an absolute disinterest in its customers. You can ask a bank for many things, but not to help you save, to maintain good financial habits, to advise you or to advise you. If you leave your money to try to save it in a pension plan, your bank will be dedicated to squandering it in badly made investments and will melt you into commissions, exactly the opposite of what specialized companies like robo-advisors do.

Amazon has a great advanced path in order to become the department store and the general store of the web, but many traditional retailers who have moved to the internet with good results have also achieved it. For the traditional commerce that does not try or does not have possibilities to adapt, bad times are coming: the progressive closing of the shopping centers, sustained already uniquely and unevenly by some high-rotation chains, and of the proximity stores at street level are, At the moment, trends that are announced in the US market, but that it would not be strange to see replicated in a short time in other countries, even in those that have historically maintained different habits supported by a benign climate or by socially entrenched customs.
Traditional establishments close, and their space is occupied by franchises or large chains capable of providing those establishments with logistics functions, collection points or return of goods, redirected to mixed spaces or even with a certain leisure component and intended to offer a determined experience with the product.

The evolution of privacy is one of those issues that clearly demonstrates that only a well-informed citizen can consider owning their destinations. Keep reading. Learn more Become an activist. Learn to differentiate what you know is good from what they simply tell you is good. Think by yourself.

The alternative to the valuation of robots can be considered as increasing the progressivity of taxes; the fact that a factory that uses robots will have, as it seems logical, a greater benefit derived from the need to pay less payrolls, higher productivity or higher quality would simply lead to a higher tax bracket, with the so that this additional tax collection could finance elements that avoid social imbalance and exclusion, possibly considered as a universal or unconditional basic income.
The problem is not as simple as putting a tax on robots: the problem goes much further, and has much more important consequences than it seems, consequences that many would tend to consider problems impossible to solve, such as the possibility of raising a world Without borders or subject to common laws. The discussion on this issue deserves a much higher and deeper level of attention, beyond simple ideas and specific solutions. If someone thought that the world had not changed, let them think again.

What has led politicians to be, in a large proportion, completely illiterate in everything related to technology and innovation, and to behave as authentic and dreadful ignorant in everything related to it? How can a society pretend to take advantage of the benefits and opportunities offered by technological development if those who run it are not interested in it and are unable to understand it? Are politicians the reflection of society, and we have simply reached a point where most people use technology for many things, but do not really have the slightest idea of what they are doing?
And if this disconnection takes place at the level of most countries, international institutions such as the European Parliament or the United Nations are even worse: characterized in many cases as the authentic cemeteries of elephants of national parties, that kind of organisms tend to be so constrained by the need to reach consensus on many impossible occasions, that practically everything that they legislate or what they try to influence tends to be badly done, to be of impossible application or not to serve …
Citizen activism is undoubtedly the necessary element to make current politicians consider the need to change things, feel supported to change.

To consider:
First, the generational change. The younger generations, more educated in respect for scientific knowledge and more logically concerned about the future, are increasingly starring in demonstrations, protests and citizen pressure in general to demand changes in resource management. They demand that their governments tell them the truth … (although I am not so clear).
The second is the change in consumption patterns. More and more consumers choose to «vote with their pocket», and often prefer higher-priced options if they offer them a greater sustainability commitment.
The third is the action of philanthropists and billionaires: the Rockefeller Foundation, whose wealth originated paradoxically thanks to oil, magnates from Michael Bloomberg to Bill Gates and many others, or incubators such as Y Combinator that finance projects that remove carbon dioxide from the Atmosphere or by various other initiatives, we are facing examples that are not going to be able to save the world by themselves, but at least, constantly bring the issue to the headlines and increase the level of knowledge and awareness.
Fourth, awareness about the demographic problem. The growth of the human species has made us, as we have said before, the true plague of the planet.

Therefore, if we want to have a future, we have to take into account a fundamental factor: the future is for those who work for it. Standing still without doing anything and waiting for politicians, billionaire philanthropists or companies to get us out of this mess is a sure recipe for nothing to change, or for it not to change in time.

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