Mitos Y Realidades Del Estado Del Bienestar — Rafael Muñoz De Bustillo / Myths and Realities of the Welfare State by Rafael Muñoz De Bustillo (spanish book edition)

75049615-084B-4909-946A-8571BDBFBAB5
Sin duda los interesados en este asunto, este es un libro que debe ser leído. Con el término Estado de Bienestar (EB) se hace referencia a todo el entramado de actuaciones públicas dirigidas a proteger a los ciudadanos (o residentes) de un país de determinados riesgos o contingencias, principalmente el riesgo de desempleo, enfermedad o discapacidad, la pérdida de ingresos asociada a la jubilación o la carencia de ingresos (asistencia social). Junto a estas actuaciones, determinados EB han desarrollado programas para facilitar el acceso a la vivienda y compensar, siquiera parcialmente, el coste asociado a la crianza de los hijos.
Las transformaciones tecnológicas y el continuo rediseño de las instituciones sociales que conviven y modelan el mercado, han dado lugar con el paso del tiempo a formas relativamente distintas de capitalismo. Probablemente, una buena forma de acercarnos a dichas formas, y al papel que el EB tiene en su definición, sea volviendo a las primeras páginas de los antiguos manuales de economía que definía a esta como la disciplina que estudia la forma en la que las distintas sociedades se enfrentan con el problema económico de qué producir, cómo producirlo y para quién.

Algunos autores hayan llamado la atención sobre la necesidad de no confundir el Estado keynesiano con el EB, en el sentido de que el keynesianismo se puede poner en práctica mediante la potenciación del gasto en sectores, que como la defensa, poco o nada tienen que ver con el EB, como hiciera, por ejemplo, la administración Reagan-Bush en la década de los ochenta, todos los EB son en cierto modo keynesianos, en el sentido de que sería esta interpretación del funcionamiento de las economías de mercado la que contribuye, parcialmente al menos, a su legitimación, y la que pone en manos del sector público una capacidad de gasto que, de otra manera, tendrían que conseguir mediante la defensa de sus actividades caso a caso y proyecto a proyecto y en un ambiente intelectual hostil.

El pleno empleo y el EB mantienen vínculos importantes desde una esfera puramente material: una sociedad en el entorno del pleno empleo se encontrará mejor preparada para financiar el gasto social vinculado al EB, al tiempo que se reducirán las demandas de este (en políticas de empleo y de protección a los desempleados, por ejemplo). Sin embargo, desde una aproximación teórica e histórica, ambos conceptos (y políticas) tienen vida de forma independiente.
Los procesos de cambio institucional están fuertemente asociados a los momentos históricos y los contextos específicos en los que estos tienen lugar. Por esa razón es complejo generalizar sobre ellos. Sin embargo, la literatura sobre la materia y los estudios disponibles sobre las distintas experiencias nacionales de construcción del EB nos permiten señalar algunos factores de índole global que servirían para explicar cómo, en distintos países, los años centrales del siglo pasado son testigos de la creación de los mecanismos de protección que conocemos genéricamente como EB.
Por último, ese renacimiento del mercado también se habría dejado sentir en el debate sobre cuáles son las mejores formas de protegerse con respecto a los riesgos propios de la vida. En definitiva, ¿por qué no se van a utilizar los mismos mecanismos que han demostrado ser tan eficientes en la producción de ordenadores, vacaciones en cruceros o coches, para cubrir las necesidades otrora cubiertas por los programas del EB? Y todo ello en un contexto de una izquierda que, en gran parte embelesada por los cantos de sirena de los defensores del mercado y la economía convencional, no siempre ha sido capaz de construir discursos identitarios y alternativas de gobierno realmente diferentes a las conservadoras.

No parece que la crisis haya supuesto un cambio del esfuerzo relativo en gasto social, sino todo lo contrario. En todo caso, como acabamos de indicar, en presencia de caídas del PIB de ello no se sigue necesariamente que haya aumentado el gasto social, sino que su
reducción habría sido menos intensa que el PIB.
Sin embargo, la ausencia de una reducción del esfuerzo en protección social durante la crisis y la poscrisis no nos debe llevar a ser complacientes con respecto al futuro del EB. La Gran Recesión ha dejado un paisaje económico caracterizado por un aumento muy importante de la deuda pública, que para el conjunto de la UE pasa del 57% en 2007 al 82% en 2017, con incrementos mucho mayores en países como Grecia, Irlanda o Portugal. El caso de España es muy revelador a este respecto. En 2007 España tenía una deuda pública equivalente al 35,6% del PIB, diez años más tarde, como consecuencia de la crisis, alcanzaba el 98%. Aunque la crisis no haya afectado al esfuerzo relativo en protección social, no hay duda de que el alto nivel de endeudamiento ha dejado a la economía española, y al EB, en una situación más débil con respecto al futuro. Hasta el momento, la existencia de unos tipos de interés muy bajos, gracias a la política monetaria expansiva del BCE, ha permitido que el alto nivel de deuda no se traduzca en niveles también altos de servicio de la deuda, aunque así y todo, en 2018 se dedicaba en 2,8% del PIB al pago de intereses sobre la deuda. Unos recursos que no pueden dedicarse a otros menesteres.

Una de las críticas habituales y más añejas al EB: su escaso éxito en la lucha contra la desigualdad como resultado del planteamiento universal de muchos de sus programas. Por ejemplo, Le Grand (1982), tras estudiar la estrategia seguida por el EB en su lucha contra la desigualdad mediante la provisión de servicios públicos universales en el Reino Unido, señala que «el gasto público en salud, educación, vivienda y transporte ha favorecido sistemáticamente a los que tiene más dinero, y por lo tanto contribuye a incrementar la desigualdad en renta final». En ese mismo sentido se expresa Barry (1990), al afirmar que las leyes de pobres estaban diseñadas para transferir ingresos de unas clases sociales a otras, mientras que el «EB generalmente transfiere dinero dentro de los mismos estratos de renta».
Aunque el objetivo directo de las políticas del EB no era reducir la desigualdad y la pobreza, su praxis ha tenido como resultado su reducción. Esta caída ha sido tanto más intensa cuando más se ha desarrollado el EB. Hemos visto también cómo de la misma manera que el desarrollo del EB había afectado positivamente a la reducción de la desigualdad, la desigualdad, por distintos caminos, podía hacer más difícil la puesta en marcha de políticas sociales redistributivas. Tanto por facilitar que las clases medias se identifiquen con las clases elevadas, dificultándose la creación de coaliciones a favor del EB, como por la menor voz que tienen las clases menos adineradas a la hora de transmitir y presionar para que sus preferencias sean transformadas en acciones de gobierno. Mayor desigualdad de ingresos significa también mayor voz para los más adinerados.
Esta serie de constataciones se enfrentan a una última cuestión que tiene que ver con la importancia de la desigualdad. En definitiva, ¿debería preocuparnos el aumento de la desigualdad? La respuesta es afirmativa por tres razones distintas y complementarias. La primera de ellas tiene que ver con razones de tipo intrínseco, porque desde muchas posiciones filosóficas la definición de la buena sociedad incluye la reducción de las diferencias de poder económico entre la población. Desde esta perspectiva, la preocupación por la desigualdad no necesita de mayor justificación que la prohibición de la esclavitud o la mutilación genital femenina, simplemente se hace porque es lo justo.
En segundo lugar, algo que frecuentemente es ajeno al discurso económico más miope, las personas no solo se preocupan por las magnitudes absolutas (más es mejor que menos), sino también por la forma en la que se distribuyen las ganancias de renta.
En tercer lugar, la literatura más reciente sobre desarrollo económico ha identificado la existencia de numerosos vínculos entre reducción de la desigualdad y actividad económica (caída de la conflictividad e inestabilidad social, aumento de la demanda efectiva, reducción de la delincuencia, etc.), que hacen que las mejoras en la distribución contribuyan a mayor crecimiento económico. Todo ello convierte a la distribución en una variable central a la hora de evaluar los sistemas económicos, tan importante como pueda ser el crecimiento.

El peso de la protección social en la decisión de emigrar sería de segundo orden, existiendo otros factores de mayor importancia, como el diferencial de renta, la situación del mercado de trabajo o la presencia de redes de apoyo de familiares o compatriotas en el lugar de destino que faciliten la adaptación de los inmigrantes a su llegada. En palabras de Giulietti: «Los datos no respaldan la hipótesis de que el gasto social sea un imán potente para los inmigrantes».

Los distintos EB han dado respuestas a estas nuevas necesidades de diferente manera. En algunos casos, mediante el apoyo a las familias de forma que estas tengan mayores grados de libertad a la hora de decidir una mayor o menor participación en el mercado laboral. En otros casos, se han desarrollado políticas para favorecer, ya sea directa o indirectamente, el aumento de la provisión de servicios de mercado que favorezcan la conciliación de las exigencias familiares y laborales. En todos los casos se ha recurrido a la regulación laboral, con mayor o menor intensidad, con la finalidad de compatibilizar maternidad (y en su caso paternidad) con el trabajo, aunque esta se siga considerando en gran medida un problema privado (y social) y no un problema empresarial. Cuando no se ha hecho así, la sociedad ha acudido a mecanismos informales, fundamentalmente familiares (cuidados por parte de los abuelos) pero también mediante el aumento del empleo doméstico muy vinculado a la inmigración. Esta estrategia, sin embargo, se puede enfrentar en el futuro a problemas en la medida en que se reduzcan los flujos de inmigración y cambien las circunstancias de las abuelas/os, con una mayor tasa de actividad…
¿De qué manera ha afectado la crisis al EB español? Después de hacer un, necesariamente breve y selectivo, repaso sobre el impacto de la crisis en tres ámbitos: pensiones, sanidad y dependencia, estamos en condiciones de plantear algunas consideraciones finales a modo de cierre. En primer lugar, aunque en los años más duros de la crisis no faltaban indicadores que apuntaban a que los recortes en gastos sociales, la recesión económica y el aumento del desempleo podían suponer el principio del fin de un EB ya de por sí débil, con los datos disponibles creo que el mensaje debe ser matizado. A pesar de los recortes, a pesar de las reformas, España sigue contando con un EB muy parecido al que tenía antes de la crisis. El Armagedón del bienestar no se ha producido, al menos no todavía. Aunque la combinación de reducción de la financiación, recesión y aumento del desempleo haya deteriorado la gran mayoría de las prestaciones, la estructura del EB sigue en pie. Eso si no supone estar fuera de peligro en tiempos futuros.

En definitiva, el proceso de integración europea, que ha avanzado de forma importante en materia de integración económica, ha dejado en un segundo plano, en la práctica, que no en la retórica (el «Modelo Social Europeo»), la integración en materia de protección social. Existe un mercado único, unas reglas fiscales compartidas, un único Banco Central Europeo, pero poco se ha avanzado en materia de integración del EB. Entre otras muchas razones, hay dos que hacen especialmente compleja esta integración. Por un lado, como se ha visto, el EB tiene un fuerte componente redistributivo, y la creación de una política social europea ambiciosa también generaría redistribución de recursos entre países. Algo difícil de llevar a cabo dada la aversión existente al desarrollo de políticas redistributivas de ámbito europeo. Por otro lado, la fuerte diversidad de EB de la UE refleja la existencia de distintas formas de entender la política social, y su papel en el desarrollo de una «buena sociedad». Tener una política social europea, financiada también mediante el presupuesto de la UE, más ambiciosa que la actualmente vigente, exigiría ponerse de acuerdo en qué tipo de política social se quiere. La consideración de estos dos factores es suficiente para intentar avanzar en esta vía.
Para concluir se da la existencia de múltiples formas e intensidades de llevar a cabo ese papel de aseguramiento social, con resultados también muy distintos en términos de distribución de la renta y de las condiciones de vida, pobreza y exclusión. Todos ellos en economías de mercado plenamente operativas.

———————

No doubt those interested in this matter, this is a book that should be read. The term Welfare State (EB) refers to the entire network of public actions aimed at protecting citizens (or residents) of a country from certain risks or contingencies, mainly the risk of unemployment, illness or disability, loss of income associated with retirement or lack of income (social assistance). Together with these actions, certain EBs have developed programs to facilitate access to housing and even partially compensate for the cost associated with raising children.
The technological transformations and the continuous redesign of the social institutions that coexist and shape the market, have given rise over time to relatively different forms of capitalism. Probably, a good way to approach these forms, and the role that the EB has in its definition, is to return to the front pages of the old economy manuals that defined this as the discipline that studies the way in which the different societies face the economic problem of what to produce, how to produce it and for whom.

Some authors have drawn attention to the need not to confuse the Keynesian state with the EB, in the sense that Keynesianism can be put into practice by strengthening spending in sectors, which, like defense, have little or nothing to do with with the EB, as the Reagan-Bush administration did, for example, in the 1980s, all EBs are somewhat Keynesian, in the sense that it would be this interpretation of the functioning of market economies that contributes, partially at least, to its legitimacy, and the one that puts in the hands of the public sector an ability to spend that, otherwise, they would have to achieve by defending their activities on a case-by-case and project-by-project basis and in a hostile intellectual environment.

Full employment and the EB maintain important links from a purely material sphere: a society in the context of full employment will be better prepared to finance social spending linked to EB, while reducing its demands (in employment policies and protection for the unemployed, for example). However, from a theoretical and historical approach, both concepts (and policies) have life independently.
The processes of institutional change are strongly associated with historical moments and specific contexts in which they take place. For that reason it is complex to generalize about them. However, the literature on the subject and the available studies on the different national experiences of EB construction allow us to point out some global factors that would serve to explain how, in different countries, the central years of the last century are witnesses of the creation of the protection mechanisms that we know generically as EB.
Finally, this market renaissance would also have been felt in the debate about what are the best ways to protect yourself from the risks of life. In short, why are not going to use the same mechanisms that have proven to be so efficient in the production of computers, cruise vacations or cars, to meet the needs once covered by EB programs? And all this in a context of a left that, largely emboldened by the siren songs of the defenders of the market and the conventional economy, has not always been able to build identity discourses and government alternatives really different from the conservative ones.

It does not seem that the crisis has meant a change in the relative effort in social spending, but quite the opposite. In any case, as we have just indicated, in the presence of GDP falls, it does not necessarily follow that social spending has increased, but that its
reduction would have been less intense than GDP.
However, the absence of a reduction in social protection efforts during the crisis and post-crisis should not lead us to be complacent about the future of EB. The Great Recession has left an economic landscape characterized by a very significant increase in public debt, which for the EU as a whole goes from 57% in 2007 to 82% in 2017, with much greater increases in countries such as Greece, Ireland or Portugal . The case of Spain is very revealing in this regard. In 2007 Spain had a public debt equivalent to 35.6% of GDP, ten years later, as a result of the crisis, it reached 98%. Although the crisis has not affected the relative effort in social protection, there is no doubt that the high level of indebtedness has left the Spanish economy, and EB, in a weaker situation with respect to the future. So far, the existence of very low interest rates, thanks to the ECB’s expansive monetary policy, has allowed the high level of debt not to translate into also high levels of debt service, although this and everything, in 2018 was dedicated at 2.8% of GDP to the payment of interest on debt. Some resources that cannot be dedicated to other needs.

One of the usual and more old criticisms of the EB: its little success in the fight against inequality as a result of the universal approach of many of its programs. For example, Le Grand (1982), after studying the strategy followed by the EB in its fight against inequality through the provision of universal public services in the United Kingdom, points out that “public spending on health, education, housing and transport has systematically favored those who have more money, and therefore contributes to increasing inequality in final income ». In the same vein, Barry (1990) expresses, stating that the laws of the poor were designed to transfer income from one social class to another, while «EB generally transfers money within the same income strata.»
Although the direct objective of EB policies was not to reduce inequality and poverty, its practice has resulted in its reduction. This fall has been all the more intense when the EB has developed more. We have also seen how in the same way that the development of the EB had positively affected the reduction of inequality, inequality, in different ways, could make the implementation of redistributive social policies more difficult. Both for facilitating the middle classes to identify with the upper classes, making it difficult to create coalitions in favor of the EB, as for the lesser voice that the less wealthy classes have when transmitting and pressing for their preferences to be transformed into actions of government. Higher income inequality also means more voice for the wealthy.
This series of findings face a final issue that has to do with the importance of inequality. In short, should we be concerned about the increase in inequality? The answer is yes for three different and complementary reasons. The first one has to do with intrinsic reasons, because from many philosophical positions the definition of good society includes the reduction of differences in economic power among the population. From this perspective, the concern for inequality does not need more justification than the prohibition of slavery or female genital mutilation, it is simply done because it is fair.
Second, something that is often alien to the most myopic economic discourse, people not only care about absolute magnitudes (more is better than less), but also about the way in which income gains are distributed.
Third, the most recent literature on economic development has identified the existence of numerous links between reduction of inequality and economic activity (fall of conflict and social instability, increase in effective demand, reduction of crime, etc.), which make improvements in distribution contribute to greater economic growth. All this makes distribution a central variable when evaluating economic systems, as important as growth can be.

The weight of social protection in the decision to emigrate would be second order, there being other factors of greater importance, such as the income differential, the situation of the labor market or the presence of support networks of relatives or compatriots in the place of destination that facilitates the adaptation of immigrants upon arrival. In Giulietti’s words: «The data does not support the hypothesis that social spending is a powerful magnet for immigrants.»

The different EBs have responded to these new needs in a different way. In some cases, by supporting families so that they have greater degrees of freedom when deciding a greater or lesser participation in the labor market. In other cases, policies have been developed to favor, either directly or indirectly, the increase in the provision of market services that favor the reconciliation of family and work demands. In all cases, labor regulation has been resorted to, with greater or lesser intensity, in order to make maternity (and, if necessary, paternity) compatible with work, although this is still largely considered a private (and social) problem. And not a business problem. When this has not been done, society has resorted to informal, fundamentally familiar mechanisms (care by grandparents) but also by increasing domestic employment closely linked to immigration. This strategy, however, may face problems in the future as immigration flows are reduced and the circumstances of grandmothers change, with a higher activity rate …
How has the crisis affected the Spanish EB? After making a, necessarily brief and selective, review of the impact of the crisis in three areas: pensions, health and dependency, we are able to raise some final considerations as a way of closing. In the first place, although in the toughest years of the crisis there were no indicators that suggested that cuts in social spending, economic recession and rising unemployment could be the beginning of the end of an already weak EB, with The available data I think the message should be nuanced. Despite the cuts, despite the reforms, Spain still has a EB very similar to what it had before the crisis. The Armageddon of well-being has not occurred, at least not yet. Although the combination of reduced funding, recession and increased unemployment has deteriorated the vast majority of benefits, the structure of the EB remains. That is not supposed to be out of danger in future times.

In short, the process of European integration, which has advanced significantly in terms of economic integration, has left in the background, in practice, not in rhetoric (the «European Social Model»), integration in the field of social protection. There is a single market, shared tax rules, a single European Central Bank, but little progress has been made in terms of EB integration. Among many other reasons, there are two that make this integration especially complex. On the one hand, as we have seen, the EB has a strong redistributive component, and the creation of an ambitious European social policy would also generate redistribution of resources between countries. Something difficult to carry out given the existing aversion to the development of European redistributive policies. On the other hand, the strong EB diversity of the EU reflects the existence of different ways of understanding social policy, and its role in the development of a «good society». Having a European social policy, also financed through the EU budget, more ambitious than the current one, would require agreeing on what kind of social policy you want. The consideration of these two factors is sufficient to try to advance in this way.
To conclude there is the existence of multiple ways and intensities of carrying out this social insurance role, with very different results in terms of income distribution and living conditions, poverty and exclusion. All of them in fully operational market economies.

* EB is Welfare State or Estado del Bienestar in spanish.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.