Con Fina Desobediencia. Atlas De Rugby Con Olor A Cerveza Y Barro — Fermín De La Calle / With Fine Disobedience. Rugby Atlas With Smell Of Beer And Mud by Fermín De La Calle (spanish book edition)

48FF1A84-05AC-41B3-A18B-378E7F374C93
Con una introducción muy interesante de Michael Robinson quién fuese delantero del Liverpool, detalla que el rugby football fue creado para premiar la solidaridad entre caballeros. Y lo consiguieron. Los estudiantes de Rugby lograron hacer unas reglas que rozaban la perfección, pero tal vez su mayor desliz fue el tanteo. Por ejemplo, el ensayo (try, en inglés) no fue premiado ni siquiera con un solo punto. El hecho de posar el balón daba la oportunidad al equipo atacante de sumar puntos pateando a los palos. Por eso se llamaba try (intento), porque te daba la opción de intentar sumar puntos al patear a palos. Entonces era la única manera de lograrlo.
Antes de que el rugby europeo se convirtiera en una actividad profesional, me preguntaron en el diario AS que si prefería que mi hijo fuese el 9 en la selección inglesa de fútbol o el 9 en el xv de la Rosa. Contesté de forma instantánea: «¡Claramente el 9 en el xv de la Rosa!». La razón es que un caballero que haya defendido su país en el campo de rugby será respetado para siempre como un gladiador y visto como un pilar de la sociedad.
Cada vez que me encuentro delante de un jugador de rugby me produce un respeto enorme, porque sé que sabe lo que significa ser compañero; no solo en el campo de rugby, sino por donde pisa en la vida.

El rugby, deporte litúrgico y disciplinado como pocos, resulta ser hijo de la desobediencia y la rebeldía. Según sostiene la versión oficial, y reza en la placa fundacional situada en el colegio de Rugby, «en 1823 William Webb Ellis tomó la pelota en las manos y, con fina desobediencia de las reglas de fútbol, echó a correr anotando un gol y dando así origen al juego del rugby». Aquel gesto provocó una fractura entre quienes apoyaron su maniobra y quienes la rechazaron.
La figura de Webb Ellis no dejó de crecer con el paso de los años. Los años fueron transcurriendo entre honores continuos hacia la figura de Ellis, hasta que Gordon Rayner publicó un artículo en The Sunday Telegraph que reproducía unas palabras de Thomas Hughes, otro exalumno de Rugby que, en 1851, había publicado la primera descripción detallada conocida del rugby en su obra Tom Brown’s Schoolday. «Un alumno escocés llamado James Mackie fue el primero en correr con la pelota en las manos, en 1838», afirmaba Hughes.
¿Quién era ese tal James Mackie? En primer lugar, era la antítesis de William Webb Ellis. Este último pasaba por ser un estudiante ejemplar, discreto hasta el aburrimiento.
En 1923 celebraron el Partido del Centenario del nacimiento del rugby entre un combinado de jugadores de Escocia e Irlanda y otro de Inglaterra y Gales, estos últimos con un vínculo que el inglés John Kendall-Carpenter definió así: «Nuestra relación con los galeses se basa en la confianza y el entendimiento: ellos no confían en nosotros y nosotros no les entendemos a ellos».
Sea como fuere, el mito de Webb Ellis, que para su mayor gloria da nombre al trofeo de la Copa del Mundo (conocido popularmente como Bill), ha sobrevivido con victoriana salud ante el escepticismo de quienes le consideran «un impostor». Y aunque Inglaterra ha convertido al discreto clérigo en el pionero de este deporte, una legión de rugbiers sigue alzando sus pintas en los terceros tiempos en memoria de aquel indómito escocés al que su mala prensa en el colegio le negó lo que muchos sospechan: que con Mackie empezara todo.

Richard Lindon, un zapatero cuyo establecimiento estaba situado a escasos metros del colegio de Rugby. En los primeros años, la forma, el tamaño y el peso de las pelotas variaban notablemente. Por no hablar de la necesidad de usar botones que durante el juego podían resultar molestos. Lindon solucionó el problema usando vejigas de cerdo, que conferían esa forma a los balones. La Big-Side Match Ball —que así se llamó este diseño— fue reconocida como la primera pelota de rugby oficial y fabricada con enorme éxito por Richard Lindon y su hijo John durante 50 años. Sin embargo, los Lindon cometieron un error imperdonable: no la patentaron.
Otro zapatero de la zona, William Gilbert, que fundó su compañía en el emblemático 1823, decidió hacer competencia a los Lindon. El diseño anterior se inflaba soplando la vejiga del cerdo, con el consiguiente riesgo de contraer enfermedades pulmonares si el animal estaba enfermo. De hecho, la mujer de Lindon, madre de 17 hijos, falleció a causa de ello. Gilbert perfeccionó sus balones y presentó su creación en la Exposición de Industria de Londres de 1851. La acogida fue tan positiva que, hoy en día.

En 1885, durante el Home Nations, el Cuatro Naciones, se produjo un punto de inflexión cuando Escocia se negó a jugar contra Inglaterra porque quería imponer sus normas. Irlanda, Escocia y Gales se reunieron en Dublín en 1886 para acordar unas normas comunes y fundaron la International Rugby Football Board. Finalmente, Inglaterra se incorporó a la IRFB en 1890.
El rugby se dividió pronto en dos vertientes. Desde Londres, donde 21 clubes fundaron la Rugby Football Union, se concibió como una forma de esparcimiento, preservando la esencia con la que había nacido en los colegios más elitistas. Por tanto, se apostó por mantener su espíritu amateur, alejándolo del profesionalismo y evitando, según ellos, que el dinero erosionara el alma del deporte. En el norte, sin embargo, el rugby cuajó entre la clase obrera, de modo que los clubes del norte defendían que los rugbiers ganaran dinero para compensar lo que dejaban de percibir en las fábricas a causa de sus compromisos deportivos. La situación llegó a un punto crítico en la asamblea general de la RFU de 1893, donde los clubes del sur, que controlaban la mayoría de los votos, tumbaron con 282 votos en contra y 136 a favor la posibilidad de que los jugadores cobraran lo que técnicamente se llamaba «pagos de tiempo interrumpido». Sin embargo, se abrió una brecha que nunca ha llegado a cerrarse.

En 1883, en la localidad de Melrose, en el corazón de los Borders escoceses, un carnicero llamado David Sanderson y su joven aprendiz, Ned Haig, sugirieron a la comunidad organizar un torneo deportivo para recaudar dinero. Una de las disciplinas elegidas fue el rugby, pero propusieron una versión abreviada con siete jugadores, lo que facilitaba notablemente la formación de equipos. Aunque Haig haya quedado en la memoria colectiva como el fundador de la disciplina, la idea fue de Sanderson, a quien se le ocurrió después de haber jugado un partido mientras trabajaba al sur de la frontera.
La idea tuvo un éxito instantáneo como atestigua, pese a su tono apolillado, la crónica del 2 de mayo de 1883 del Border Telegraph: «Con motivo del torneo se reunió una gran multitud de espectadores. Se fletaron trenes especiales desde Galashiels y Hawick y se vendieron alrededor de 1600 entradas durante el día. La competición se esperaba con ansias, ya que los clubes de rugby más importantes de la región competirían por una copa de plata presentada por las damas de Melrose».
El rugby se convirtió a finales del xix en una particular y eficiente herramienta para expandir el colonialismo británico. Si miramos los participantes en los Mundiales actuales, esa huella todavía es perceptible. El rugby llegó al hemisferio sur en las bodegas de los barcos, acompañando al medio millón de británicos que desembarcaron en las antípodas a mediados del siglo xix. En un principio, las poblaciones originarias debieron mirar con curiosidad aquel artefacto oval. Pero, paradojas de la vida, en muchos casos han llegado a dominarlo mejor que quienes se lo enseñaron, especialmente cuando hablamos de Nueva Zelanda, Sudáfrica y Australia.

Durante el viaje de ida de los All Blacks a Europa se produjo un episodio intrascendente para la historia pero muy significativo para el rugby español. Y más concretamente para el canario, históricamente maltratado desde la península. El escritor Lloyd Jones lo cuenta así en El libro de la fama:
Tenerife. Tierra bendita. Desembarcamos en Santa Cruz para jugar una pachanga. Freddy Roberts persuadió a un puñado de vendedores árabes de higos para que formaran una fila y pudiéramos practicar el line-out y el touch. Cunningham pegó un buen salto y blocó una buena bola…

Podemos afirmar, por tanto, que la primera actuación deportiva de los All Blacks en suelo europeo se produjo en el puerto de Santa Cruz.

Cada selección de rugby tiene sus propios himnos, como ocurre con Swing Low, Sweet Chariot en Inglaterra. De hecho, en el repertorio inglés también se encuentra Jerusalem. En Irlanda, por su parte, las preferidas son Danny Boy, Cockles and Mussels y Molly Malone. En las gradas galesas las canciones más entonadas son Cwm Rhondda (también conocida como Bread of Heaven), Delilah (de Tom Jones) y el As Long as we Beat the English (de Stereophonics). En Escocia se entona con especial cariño Scotland the Brave, himno alternativo de los caledonios. Y las hordas australianas siempre llevan su Waltzing Matilda allá donde compiten.

En el año 2000 comenzó a fraguarse una competición entre los clubes de las naciones celtas. Una liga que complementaba sus torneos domésticos para ganar competitividad ante los rivales ingleses y franceses. Con el paso de los años ha acabado convirtiéndose en una competición con una idiosincrasia peculiar.
Si la Premier inglesa siempre ha sido competitiva y la más física de las ligas, y el Top 14 francés era un pozo de inspiración que con el paso de los años ha metalizado su mandíbula con la llegada de los jugadores isleños, la Liga Celta es la más divertida por la heterogeneidad de sus participantes. La ortodoxia del rugby escocés, la audacia galesa y la irreductibilidad de los irlandeses se mezclan creando un mejunje sabroso.
Para muchos aficionados esta liga guarda las esencias del rugby clásico y el sabor más auténtico de la vieja Europa tras la profesionalización del rugby y la llegada masiva de jugadores foráneos a Francia e Inglaterra. Además, mantiene con vida algunos de los estadios más entrañables.

El empresario Mourad Boudjellal quiso llevar al Toulon Rugby Union a la cima de Europa. Y para ello, el dueño de la editorial de cómics Soleil Productions no dudó en abrir su talonario y seducir a las grandes estrellas del rugby para construir un equipo al que bautizaron como Disneylandia. Boudjellal, visceral y controvertido en sus declaraciones, deslumbró a Francia con el fichaje de Tana Umaga en 2006. Y un año después dejó boquiabierta a la sociedad rugbística con la contratación del australiano George Gregan, de los neozelandeses Andrew Mehrtens y Anton Oliver y del sudafricano Victor Matfield. Toulon se convertía en una selección mundial a la que se fueron sumando jugadores como George Smith, Sonny Bill Williams, Jonny Wilkinson, Steffon Armitage, Leigh Halfpenny, Juan Martín Fernández Lobbe, Matt Giteau, Drew Mitchell, Mathieu Bastareaud, Bakkies Botha, Bryan Habana…
El millonario editor de cómics cumplió su promesa y Toulon se proclamó campeón de Europa al conquistar la Champions Cup en las temporadas 2013, 2014 y 2015.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/06/11/all-blacks-la-leyenda-del-mejor-equipo-de-la-historia-fermin-de-la-calle-all-blacks-the-legend-of-the-best-history-rugby-team-by-fermin-de-la-calle-spanish-book-edition/

——————–

With a very interesting introduction by Michael Robinson who was a Liverpool striker, he details that rugby football was created to reward solidarity between gentlemen. And they got it. Rugby students managed to make rules that touched perfection, but perhaps their biggest slip was the score. For example, the try, in English was not awarded even with a single point. The fact of posing the ball gave the attacking team the opportunity to score points by kicking the sticks. That’s why it was called try, because it gave you the option of trying to score points by kicking sticks. Then it was the only way to achieve it.
Before European rugby became a professional activity, I was asked in the newspaper AS that if I preferred my son to be 9 in the English football team or 9 in the XV of the Rose. I replied instantly: «Clearly 9 in the xv of the Rose!» The reason is that a gentleman who has defended his country in the rugby field will be respected forever as a gladiator and seen as a pillar of society.
Every time I find myself in front of a rugby player, it gives me enormous respect, because I know he knows what it means to be a partner; not only in the rugby field, but where he walks in life.

Rugby, liturgical sport and disciplined as few, turns out to be the son of disobedience and rebellion. According to the official version, and prays on the foundational plaque located at Rugby College, «in 1823 William Webb Ellis took the ball in his hands and, with fine disobedience of soccer rules, ran running scoring a goal and giving thus origin to the game of rugby ». That gesture caused a fracture between those who supported his maneuver and those who rejected it.
The figure of Webb Ellis did not stop growing over the years. The years passed between continuous honors towards the figure of Ellis, until Gordon Rayner published an article in The Sunday Telegraph that reproduced a few words of Thomas Hughes, another former Rugby student who, in 1851, had published the first detailed detailed description of rugby in his work Tom Brown’s Schoolday. «A Scottish student named James Mackie was the first to run with the ball in his hands, in 1838,» Hughes said.
Who was that James Mackie? First, it was the antithesis of William Webb Ellis. The latter happened to be an exemplary student, discreet to boredom.
In 1923 they celebrated the Centennial Party of the birth of rugby between a team of players from Scotland and Ireland and another from England and Wales, the latter with a link that the Englishman John Kendall-Carpenter defined thus: «Our relationship with the Welsh is based in trust and understanding: they don’t trust us and we don’t understand them ».
Be that as it may, the myth of Webb Ellis, which for its greatest glory gives its name to the World Cup trophy (popularly known as Bill), has survived with Victorian health at the skepticism of those who consider him «an imposter.» And although England has turned the discreet cleric into the pioneer of this sport, a legion of rugbiers continues to raise their pints in the third times in memory of that untamed Scottish man whose bad press at school denied him what many suspect: that with Mackie will start everything.

Richard Lindon, a shoemaker whose establishment was located a few meters from Rugby College. In the early years, the shape, size and weight of the balls varied markedly. Not to mention the need to use buttons that during the game could be annoying. Lindon solved the problem using pig bladders, which conferred that shape on the balls. The Big-Side Match Ball – which was called this design – was recognized as the first official rugby ball and manufactured with enormous success by Richard Lindon and his son John for 50 years. However, the Lindons made an unforgivable mistake: they didn’t patent it.
Another shoemaker in the area, William Gilbert, who founded his company in the iconic 1823, decided to compete with the Lindons. The previous design was inflated by blowing the bladder of the pig, with the consequent risk of contracting lung diseases if the animal was sick. In fact, Lindon’s wife, mother of 17 children, died because of it. Gilbert perfected his balls and presented his creation at the London Industry Exhibition of 1851. The reception was so positive that, today.

In 1885, during the Home Nations, the Four Nations, there was a turning point when Scotland refused to play against England because it wanted to impose its rules. Ireland, Scotland and Wales met in Dublin in 1886 to agree on common rules and founded the International Rugby Football Board. Finally, England joined the IRFB in 1890.
Rugby was soon divided into two slopes. From London, where 21 clubs founded the Rugby Football Union, it was conceived as a form of recreation, preserving the essence with which it was born in the most elite schools. Therefore, he opted to maintain his amateur spirit, away from professionalism and avoiding, according to them, that money eroded the soul of sport. In the north, however, rugby was among the working class, so that the clubs in the north defended that the rugbiers earn money to compensate for what they no longer receive in the factories because of their sports commitments. The situation reached a critical point in the general assembly of the RFU of 1893, where the southern clubs, which controlled the majority of the votes, knocked down 282 votes against and 136 in favor of the possibility of players charging what technically it was called «interrupted time payments». However, a gap opened that has never been closed.

In 1883, in the town of Melrose, in the heart of the Scottish Borders, a butcher named David Sanderson and his young apprentice, Ned Haig, suggested that the community organize a sports tournament to raise money. One of the disciplines chosen was rugby, but they proposed a shortened version with seven players, which greatly facilitated the formation of teams. Although Haig has remained in the collective memory as the founder of the discipline, the idea was of Sanderson, who came up with having played a game while working south of the border.
The idea was an instant success as witnessed, despite its stabbed tone, the chronicle of May 2, 1883 of the Border Telegraph: «On the occasion of the tournament a large crowd of spectators gathered. Special trains were chartered from Galashiels and Hawick and around 1600 tickets were sold during the day. The competition was eagerly awaited, as the most important rugby clubs in the region would compete for a silver cup presented by the ladies of Melrose ».
Rugby became at the end of the nineteenth century a particular and efficient tool to expand British colonialism. If we look at the participants in the current World Cups, that mark is still noticeable. Rugby reached the southern hemisphere in the wineries of ships, accompanying half a million Britons who landed in the antipodes in the mid-nineteenth century. Initially, the original populations had to look curiously at that oval device. But, paradoxes of life, in many cases they have come to dominate it better than those who taught it, especially when we talk about New Zealand, South Africa and Australia.

During the outward journey of the All Blacks to Europe there was an inconsequential episode for history but very significant for Spanish rugby. And more specifically for the Canary, historically mistreated from the peninsula. The writer Lloyd Jones tells it like this in The Book of Fame:
Tenerife Holy ground. We disembarked in Santa Cruz to play a pachanga. Freddy Roberts persuaded a handful of Arab fig sellers to form a line and we could practice line-out and touch. Cunningham made a good jump and blocked a good ball …

We can say, therefore, that the first All Blacks sports performance on European soil occurred in the port of Santa Cruz.

Each rugby team has its own hymns, as with Swing Low, Sweet Chariot in England. In fact, Jerusalem is also in the English repertoire. In Ireland, meanwhile, Danny Boy, Cockles and Mussels and Molly Malone are preferred. In the Welsh stands the most intoned songs are Cwm Rhondda (also known as Bread of Heaven), Delilah (by Tom Jones) and As Long as we Beat the English (by Stereophonics). In Scotland, Scotland the Brave, an alternative hymn of the Caledonians, is intoned with special affection. And Australian hordes always carry their Waltzing Matilda wherever they compete.

In the year 2000, a competition began between the clubs of the Celtic nations. A league that complemented their domestic tournaments to gain competitiveness against English and French rivals. Over the years it has ended up becoming a competition with a peculiar idiosyncrasy.
If the English Premier has always been competitive and the most physical of the leagues, and the French Top 14 was a well of inspiration that over the years has metallized its jaw with the arrival of the island players, the Celtic League is the more fun for the heterogeneity of its participants. The orthodoxy of Scottish rugby, Welsh audacity and the irreducibility of the Irish mix together creating a tasty mix.
For many fans this league keeps the essences of classic rugby and the most authentic flavor of old Europe after the professionalization of rugby and the massive arrival of foreign players to France and England. In addition, it keeps alive some of the most endearing stadiums.

The businessman Mourad Boudjellal wanted to take the Toulon Rugby Union to the top of Europe. And for this, the owner of the comic publishing house Soleil Productions did not hesitate to open his booklet and seduce the great stars of rugby to build a team they named Disneyland. Boudjellal, visceral and controversial in his statements, dazzled France with the signing of Tana Umaga in 2006. And a year later he left the rugged society speechless with the hiring of the Australian George Gregan, the New Zealanders Andrew Mehrtens and Anton Oliver and the South African Victor Matfield Toulon became a world team to which players such as George Smith, Sonny Bill Williams, Jonny Wilkinson, Steffon Armitage, Leigh Halfpenny, Juan Martín Fernández Lobbe, Matt Giteau, Drew Mitchell, Mathieu Bastareaud, Bakkies Botha, Bryan Habana were added …
The millionaire comic book publisher fulfilled his promise and Toulon was proclaimed champion of Europe by winning the Champions Cup in the 2013, 2014 and 2015 seasons.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/06/11/all-blacks-la-leyenda-del-mejor-equipo-de-la-historia-fermin-de-la-calle-all-blacks-the-legend-of-the-best-history-rugby-team-by-fermin-de-la-calle-spanish-book-edition/

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.