Las Notas Del Argonauta — Víctor San Juan / The Notes of the Argonaut by Víctor San Juan (spanish book edition)

Estas son una serie de breves artículos de tema naútico y donde destaco la ironía. Interesantes para pasar un rato.
Lo verdaderamente importante del casco no es el material del que esta hecho, al fin y al cabo un tema circunstancial, sino sus formas, o, en otras palabras, la manera en que ese volumen parcialmente sumergido interacciona con la masa de mar para permitir la flotabilidad, evolución y rápido desplazamiento. Todos estos extremos, tachados por el común culto y racional como de simple perogrullada, son normalmente ignorados por el ilusionado armador que compra un barco —en realidad, no compra sino un casco con accesorios— y que piensa que su adquisición es algo nuevo y fuera de lo común que le proporcionará libertad, placer y tiempo libre.
Nada más alejado de la realidad. Un casco sólo proporciona garantía de flotabilidad (y éso, con todos los grifos de fondo cerrados).
Sin duda que el ingenio del hombre no conoce límites, pero, si el casco ya no es obligatorio, navegar, me temo, acabará siendo una simple y virtual entelequia, tan solo verificable a nivel de maqueta, o ¡cómo no!, por la insoslayable vía del Internet.

Justo en medio de la cubierta de nuestro velero, allá donde la proa quebranta su planicie para iniciar la colina del tambucho, se alza soberbio, vertical, sobrio y espigado el componente —excluido el casco— más importante del barco: el palo, también llamado mástil por los espíritus con pretensiones enciclopédicas. Es el elemento que caracteriza al velero como tal, pues, sin él, las velas jamás podrían izarse al encuentro del viento, quedando reducidas a lo que realmente son, es decir, manteles de mesa camilla tejidos con materiales más o menos exóticos.
Por la simple existencia del palo, las velas, de burdos lienzos, pasan a ser enormes motores de flujo laminar, potentes captadores de viento y planos de sustentación que, a los navegantes más arrebatados, se les antojan sus propias alas.
Los veleros modernos tienen la gran virtud de que, con una buena planificación y periódicas revisiones, apenas necesitan preocuparse por el palo. Malograr este progreso por un supuesto snobismo, o espectaculares demostraciones de fuerza en un deporte de riesgo, no mejorará sustancialmente nuestras condiciones de navegación.

Mas no es el motor, como pudiera pensarse, el que ha ensuciado las regatas a vela de altura, sino la gentuza que, ignorantes del arte de la navegación a vela, y poco amantes del esfuerzo honrado, prefieren dedicarse a intentar ganar a toda costa. En el fondo, es el problema de la naútica deportiva actual: los que les gusta navegar y a los que sólo les gusta ganar, cada uno, con su credo correspondiente. Pues bien, tan noble es el motor, que hasta para los que no saben tiene buen uso: ¿cúantos de ellos se atreverían a salir a la mar con su PER o Patrón de Yate recién sacado, y fiados únicamente a su pericia y destreza naútica con las velas? Para ellos el motor, como un hermano mayor, o un buen y fiel amigo, es el verdadero motor de la ilusión.

Desde luego, la imagen clásica del yachtmen, señoritos bien vestidos y mejor cuidados descendiendo elegantemente por la pasarela, se habrá hecho trizas, jirones —o grumos— la basura está muy presente.

La ligazón y convivencia de los delfines con el hombre viene de tiempos ancestrales; aparecen dibujados en los frescos micénicos, retratados en estatuas griegas y romanas, continuamente mencionados en nuestra literatura y obras de arte, hasta que, por fin, llegó la película, la serie Flipper, que trataba de la amistad entre el delfín de este nombre y un niño; lo cierto es que, desde que el hombre se aventuró en la mar, los delfines estuvieron allí para acompañarlo y existe la leyenda de que marcan el camino a la ciega proa de los barcos, porque ningún delfín nada junto al que navega hacia los arrecifes. En la costa de África, los delfines cazan en colaboración con los hombres desde tiempos inmemoriales, acorralando los bancos de peces contra la orilla y las redes de los pescadores. Son depredadores natos.
La cualidad más sorprendente de los delfines es su capacidad de aparecer para prestar ayuda; se han descrito casos de nadadores y pescadores salvados por los delfines.

Lo que el viento se llevó; amigos, tal vez lo mejor sea no dejarse llevar por la melancolía y aferramos al presente. Es lo único que tenemos.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2018/05/17/extranos-sucesos-navales-victor-san-juan-strange-naval-events-by-victor-san-juan-spanish-book-edition/

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These are a series of brief articles of nautical theme and where I highlight the irony. Interesting to hang out.
What is really important about the hull is not the material from which it is made, after all a circumstantial issue, but its forms, or, in other words, the way in which this partially submerged volume interacts with the sea mass to allow buoyancy, evolution and rapid displacement. All these extremes, crossed out by the common cult and rational as of simple perogrullada, are normally ignored by the illustrious shipowner who buys a ship – in fact, does not buy but a helmet with accessories – and who thinks that its acquisition is something new and out of the common that will provide freedom, pleasure and free time.
Nothing further from reality. A helmet only provides buoyancy guarantee (and that, with all the bottom taps closed).
Undoubtedly, the ingenuity of man knows no limits, but, if the helmet is no longer mandatory, sailing, I fear, will end up being a simple and virtual entelechy, just verifiable at the model level, or how not! Insoslayable via the Internet.

Right in the middle of the deck of our sailboat, where the bow breaks its plain to start the hill of the drum, stands up superb, vertical, sober and spiky the component – excluding the hull – most important of the ship: the stick, also called mast by the spirits with encyclopedic pretensions. It is the element that characterizes the sailboat as such, because, without it, the sails could never be raised to meet the wind, being reduced to what they really are, that is, table cloth stretchers woven with more or less exotic materials.
By the simple existence of the stick, the sails, of crude canvases, become enormous laminar flow motors, powerful wind collectors and lift planes that, to the most raptured sailors, crave their own wings.
Modern sailboats have the great virtue that, with good planning and periodic reviews, they hardly need to worry about the stick. To spoil this progress by a supposed snobbery, or spectacular demonstrations of strength in a risk sport, will not substantially improve our sailing conditions.

But it is not the engine, as one might think, that has dirtied the tall sailing regattas, but the crowd that, ignorant of the art of sailing, and little lovers of honest effort, prefer to devote themselves to trying to win at all costs . Basically, it is the problem of the current sports nautical: those who like to sail and those who only like to win, each one, with their corresponding creed. Well, so noble is the engine, which even for those who do not know has good use: how many of them would dare to go out to sea with their PER or Yacht Patron just taken out, and trusted only to their expertise and nautical skills with the candles? For them the engine, like an older brother, or a good and faithful friend, is the true engine of illusion.

Of course, the classic image of the yachtmen, well-dressed and better-groomed gentlemen descending elegantly down the catwalk, will have been shredded, tattered – or lumpy – the garbage is very present.

The connection and coexistence of dolphins with man comes from ancient times; they appear drawn in the Mycenaean frescoes, portrayed in Greek and Roman statues, continually mentioned in our literature and works of art, until, finally, the film arrived, the Flipper series, which dealt with the friendship between the dolphin of this name and child; the truth is that, since the man ventured into the sea, the dolphins were there to accompany him and there is a legend that they mark the way to the blind bow of the ships, because no dolphin swims next to the one that sails towards the reefs. On the coast of Africa, dolphins hunt in collaboration with men since time immemorial, cornering the schools of fish against the shore and the nets of fishermen. They are born predators.
The most amazing quality of dolphins is their ability to appear to help; cases of swimmers and fishermen saved by dolphins have been described.

Gone With the Wind; Friends, perhaps it is best not to get carried away by melancholy and we hold on to the present. It is the only thing we have.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2018/05/17/extranos-sucesos-navales-victor-san-juan-strange-naval-events-by-victor-san-juan-spanish-book-edition/

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