Milicianas: Mujeres republicanas combatientes — Ana Martínez Rus / Militia: Republican Women Fighters by Ana Martínez Rus (spanish book edition)

Tenía muchas ganas de leer este libro. Se lee muy rápido, pero tengo que volver e investigar más. Un tema totalmente desconocido para mí, lo admito, y este libro me ha dado muchas ganas de seguir aprendiendo. Y luego tengo que escuchar que las mujeres no valen para ciertos trabajos. Y debido a que los hombres asustados no les permitieron hacer más, temieron su excesiva competencia. La misma vieja historia.

Desde la Guerra Civil hasta la actualidad se ha creado un extendido mito en torno a las milicianas, esas mujeres jóvenes con mono azul y pistolón en la cintura que en el verano del 1936 se echaron a las calles y a los frentes a defender a la República entre un aura de romanticismo y mística revolucionaria. Estas mujeres despertaron gran revuelo en las trincheras por su condición femenina y su actitud desafiante ante unos hombres que las vieron en su mayoría como rivales, objetos de deseo y acoso, o bellezas perturbadoras, y los menos como colegas fraternales.
Las mujeres vivieron una época dorada durante la Segunda República en comparación con la época anterior, la monarquía de la Restauración y, sobre todo, respecto al franquismo posterior. El sistema democrático republicano supuso una ampliación de derechos civiles y sociales para todos los ciudadanos y, en especial, para las mujeres que alcanzaron la plena ciudadanía política y social con el reconocimiento del sufragio y la igualdad jurídica. La tradicional situación subordinada de las mujeres en la sociedad se fundamentaba en la discriminación legal, la desigualdad de oportunidades en el acceso a la educación y en la segregación laboral. Los cambios legales republicanos modificaron esta condición secundaria en el ámbito público y sentaron las bases para alterar los roles sociales. El mayor logro para mejorar la condición femenina en España fue el establecimiento de la igualdad jurídica y política entre hombres y mujeres recogido por primera vez en la Constitución de 1931.
La elección de las tres primeras mujeres diputadas en el Parlamento español en las elecciones de junio de 1931: Clara Campoamor por el Partido Radical, Victoria Kent por el Partido Radical Socialista y Margarita Nelken por el Partido Socialista. Otro decreto de urgencia crucial fue el del ministro de Trabajo, Francisco Largo Caballero, el 26 de mayo, que establecía el Seguro de Maternidad, garantizando la baja maternal remunerada y la reintegración posterior al empleo. El objetivo era acabar con los partos en los centros de trabajo y con los habituales despidos sin indemnización en caso de embarazo, e incluso nada más contraer matrimonio.
En definitiva, hubo una mayor visibilidad y protagonismo de las mujeres en la sociedad republicana, patente en el trascendental hecho de votar, lo que les permitió salir del espacio doméstico para ejercer su derecho en un lugar público, y sacó incluso a las religiosas de sus conventos. De este modo, y como es propio de una democracia, las mujeres comenzaron a ocupar importantes puestos en la Administración. En cinco años de República en paz se contabilizaron 55 alcaldesas y 43 concejalas en todo el país, que se ampliaron a 6 alcaldesas y 62 concejalas durante la contienda.

Isabel Oyarzábal Smith también representaría a estas mujeres modernas y feministas de la República, que con su actuación transgredieron el papel tradicional, reservado a las féminas de entonces. Su bilingüismo, debido al origen escocés de su madre, la hizo muy especial en su Málaga natal, además de sus múltiples inquietudes, como la literatura o la interpretación. Asimismo, destacó por su lucha feminista y sus reivindicaciones laborales aunque, y debido a las contradicciones de la época, lo cierto es que era más conocida por su apellido de casada, De Palencia, aunque en otras ocasiones aparecía con los dos apellidos, el paterno y el del marido, Oyarzábal de Palencia. Su vida se consagró al periodismo, a la militancia política socialista, al feminismo y a la diplomacia. En 1933 se convirtió en la primera mujer inspectora de Trabajo en España por oposición y fue nombrada delegada en la Organización Internacional de Trabajadores. Tras su paso por la Sociedad de Naciones.
Mujeres que eran madres, jóvenes, de mediana edad, hijas, solteras, esposas o viudas, tuvieron una función relevante a lo largo de tres años por las necesidades y posibilidades que abrió un conflicto de esas características, pero también como consecuencia lógica del avance social, político y jurídico de la Segunda República, sin el que no se hubiera entendido. Lamentablemente, estas mujeres son desconocidas para la mayoría de la población española, como otras tantas mujeres de entonces que, por su trayectoria y actuación, merecen una página de oro en los libros de historia, copados mayoritariamente por hombres. Las olvidadas de la Edad de Plata de la ciencia y de la cultura españolas.

Las motivaciones para que estas mujeres se enrolaran en las milicias en los primeros de días de julio fueron múltiples: la búsqueda de aventuras, el entusiasmo juvenil, el deseo de acompañar a novios, maridos e hijos o el rechazo a ocupar una posición secundaria en la retaguardia. Además, influyó el compromiso político propio —o el de sus familias— y la conciencia de lo mucho que se jugaban si la República perdía la guerra: se arriesgaban a perder los derechos políticos y sociales que tanto había costado conseguir.
El compromiso y la lucha de muchas milicianas también respondieron a la violencia que militares, falangistas y marroquíes infligieron a las mujeres según avanzaban en las operaciones militares, y a la represión que siguió a las ocupaciones. De hecho, hay que atender a los significados y a los distintos repertorios del saqueo del cuerpo femenino, desde la violación física hasta el rapado de cabeza, pasando por las ingestas obligadas de aceite de ricino, como otras formas más de vencer y de humillar al enemigo. Las noticias de estas atrocidades se propagaron rápidamente por la prensa y oralmente entre los refugiados que huían. Por este motivo, hay que tener en cuenta las violencias sexuadas contra las mujeres republicanas durante la guerra en clave ideológica, antropológica y cultural.

Las milicianas representaban la mujer emancipada, moderna, comprometida, acorde con la ideología republicana de liberación. Tuvieron una gran repercusión dentro y fuera de las fronteras españolas porque se convirtieron en el reclamo de portadas de periódicos, de noticias radiofónicas y de fotografías de revistas. Es imposible cuantificar el número total de milicianas que participaron en la contienda por toda la geografía española. Aunque fueron una minoría respecto a las mujeres que se quedaron en la retaguardia, en los primeros meses fueron muchas las que se marcharon a luchar al frente. Y si no fueron más se debió a las trabas que las autoridades políticas y militares pusieron para impedir el enrolamiento de féminas a partir de octubre de 1936. El periodo de mayor presencia femenina en las trincheras fue de julio a diciembre del 36, aunque algunas continuaron a lo largo de 1937.
Antes de que ellas dieran incluso su vida, contamos con el eco de la socialista Juanita Rico, asesinada en Madrid por falangistas e inmortalizada por Rafael Alberti, y la comunista Aida Lafuente, La Libertaria, que murió durante octubre de 1934 en Asturias por ametralladoras de las tropas norteafricanas.
Además del ejemplo de las mujeres en las trincheras, también fue decisivo el papel de mujeres como la ministra Federica Montseny al arengar a los combatientes masculinos, así como los famosos discursos de las comunistas Dolores Ibárruri, M.ª Teresa León o Margarita Nelken.
Por otro lado, no debemos olvidar las mujeres extranjeras que llegaron a España durante la guerra por diferentes motivos: unas como deportistas para participar en las Olimpiadas Populares de Barcelona —réplica de los Juegos Olímpicos de Berlín—, otras como miembros de las Brigadas Internacionales o bien como fotógrafas y corresponsales. En este sentido cabe destacar el papel de Simone Weil, Elizaveta Parshina, Gerda Taro, que perdió la vida en la batalla de Brunete; Emilienne Morin, Martha Gellhorn, Giovanna Caleffi, María Luisa Berneri, Mary Low, Clara Thalmann, Colette Audry, Etta Federn (capitana de la 14.ª División), Mika Etchebéhère, Kati Horna o Tina Modotti, entre otras muchas.

Las milicianas fueron mujeres que decidieron luchar en los frentes como un soldado más para defender la democracia republicana y para preservar sus derechos políticos y jurídicos. Eran mujeres comprometidas ideológicamente que participaron en la guerra con gran coraje y valor. Muchas de ellas fueron heridas o incluso fallecieron durante la contienda, y las supervivientes fueron víctimas de la represión franquista siendo encarceladas o ejecutadas y además perdieron hijos en ese largo periplo judicial y carcelario. Pagaron muy cara su lucha antifascista y la defensa de una sociedad igualitaria. Sufrieron una doble represión como militantes políticas y como mujeres comprometidas. Ellas mismas encarnaban para los varones una intromisión en una actividad masculina secular: hacer la guerra.
Su imagen y su actitud transgresora para los cánones de la época provocaron que los mandos políticos y militares republicanos reaccionaran en su contra y promovieran la retirada de las mujeres de las trincheras. En este sentido emprendieron una feroz campaña de descrédito de las mujeres combatientes asimilándolas a prostitutas que propagaban enfermedades venéreas a los hombres. De este modo en la propaganda y en la prensa se pasó de elogiar a la heroína mujer que se batía en los campos de batalla a ensalzar a la madre y esposa que se ocupaba de tareas auxiliares y complementarias en la retaguardia.
Estas mujeres con pelo corto, pantalones o falda pantalón y fusil resultaron demasiado desafiantes para compañeros y superiores. Por este motivo, algunas ocultaron su feminidad, buscando que sus compañeros las trataran como a iguales. De hecho, muchas mujeres se quejaron de que en los frentes les asignaron únicamente tareas domésticas como lavar la ropa y cocinar, o bien de que tenían que compaginar estas funciones con las estrictamente militares. Otras se quejaron del acoso sexual que sufrieron, aunque también las hubo que se sintieron muy bien tratadas por sus compañeros de armas. En cualquier caso, estas mujeres fueron auténticas vanguardistas y transgresoras sociales.
Es imposible conocer el número exacto de mujeres que decidieron dejar sus ocupaciones y se lanzaron a la lucha militar, pero la mayor presencia femenina en los campos de batalla tuvo lugar en los primeros meses de guerra hasta principios de 1937.

¿La aparición de las milicianas fue solo una consecuencia natural de las políticas igualitarias de la República o más bien el fruto del colapso del Estado republicano en los primeros meses de la guerra?.

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I really wanted to read this book. I read it very quickly but I have to go back to it and investigate more. A totally unknown topic for me, I admit it, and this book has given me much desire to continue learning. And then I have to hear that women are not worth for certain jobs. And because the frightened males did not allow them to do more, they feared their excessive competition. The same old story.

From the Civil War to the present, an extended myth has been created around the militia, those young women with blue jumpsuits and pistols on the waist that in the summer of 1936 took to the streets and fronts to defend the Republic between an aura of romanticism and revolutionary mysticism. These women aroused great uproar in the trenches because of their feminine condition and their defiant attitude towards men who mostly saw them as rivals, objects of desire and harassment, or disturbing beauties, and the least as fraternal colleagues.
The women lived a golden age during the Second Republic compared to the previous era, the monarchy of the Restoration and, above all, with respect to later Francoism. The democratic republican system meant an extension of civil and social rights for all citizens and, especially, for women who achieved full political and social citizenship with the recognition of suffrage and legal equality. The traditional subordinate situation of women in society was based on legal discrimination, inequality of opportunities in access to education and labor segregation. Republican legal changes modified this secondary condition in the public sphere and laid the groundwork for altering social roles. The greatest achievement to improve the status of women in Spain was the establishment of legal and political equality between men and women for the first time in the 1931 Constitution.
The election of the first three women deputies in the Spanish Parliament in the elections of June 1931: Clara Campoamor for the Radical Party, Victoria Kent for the Socialist Radical Party and Margarita Nelken for the Socialist Party. Another crucial emergency decree was that of the Minister of Labor, Francisco Largo Caballero, on May 26, which established Maternity Insurance, guaranteeing paid maternity leave and post-employment reintegration. The goal was to end the deliveries in the workplace and the usual layoffs without compensation in case of pregnancy, and even after marriage.
In short, there was a greater visibility and prominence of women in republican society, patent in the transcendental act of voting, which allowed them to leave the domestic space to exercise their right in a public place, and even removed the religious from their convents In this way, and as is typical of a democracy, women began to occupy important positions in the Administration. In five years of the Republic in peace, 55 mayors and 43 councilors were counted throughout the country, which were extended to 6 mayors and 62 councilors during the contest.

Isabel Oyarzábal Smith would also represent these modern and feminist women of the Republic, who with their performance transgressed the traditional role, reserved for women of that time. His bilingualism, due to the Scottish origin of his mother, made it very special in his native Malaga, in addition to his many concerns, such as literature or interpretation. He also stood out for his feminist struggle and labor demands although, and due to the contradictions of the time, the truth is that he was best known for his married name, De Palencia, although on other occasions he appeared with the two last names, the paternal and that of the husband, Oyarzábal de Palencia. His life was devoted to journalism, socialist political militancy, feminism and diplomacy. In 1933 she became the first woman Labor inspector in Spain by opposition and was appointed as a delegate to the International Workers Organization. After passing through the League of Nations.
Women who were mothers, young, middle-aged, daughters, single, wives or widows, had a relevant function over three years because of the needs and possibilities that opened a conflict of these characteristics, but also as a logical consequence of social progress , political and legal of the Second Republic, without which it would not have been understood. Unfortunately, these women are unknown to the majority of the Spanish population, like many other women of that time who, due to their trajectory and performance, deserve a gold page in the history books, mostly covered by men. The forgotten of the Silver Age of Spanish science and culture.

The motivations for these women to enroll in the militias in the first days of July were multiple: the search for adventures, youth enthusiasm, the desire to accompany boyfriends, husbands and children or the refusal to occupy a secondary position in the rear. In addition, it influenced its own political commitment – or that of their families – and the awareness of how much they played if the Republic lost the war: they risked losing the political and social rights that had cost so much to achieve.
The commitment and struggle of many militias also responded to the violence that military, Falangists and Moroccans inflicted on women as they advanced in military operations, and the repression that followed the occupations. In fact, we must pay attention to the meanings and the different repertoires of the plundering of the female body, from the physical violation to the shaving of the head, through the forced intake of castor oil, as other ways to overcome and humiliate the enemy . News of these atrocities spread rapidly through the press and orally among fleeing refugees. For this reason, we must take into account sexual violence against Republican women during the war in an ideological, anthropological and cultural key.

The militias represented the emancipated, modern, committed woman, in keeping with the republican ideology of liberation. They had a great impact inside and outside the Spanish borders because they became the claim of newspaper covers, radio news and magazine photographs. It is impossible to quantify the total number of militiamen who participated in the contest throughout the Spanish geography. Although they were a minority with respect to the women who stayed behind, in the first months there were many who left to fight to the front. And if they were not more it was due to the obstacles that the political and military authorities put to prevent the enrollment of women from October 1936. The period of greater female presence in the trenches was from July to December of 36, although some continued throughout 1937.
Before they even gave their lives, we had the echo of the socialist Juanita Rico, murdered in Madrid by Falangists and immortalized by Rafael Alberti, and the communist Aida Lafuente, La Libertaria, who died during October 1934 in Asturias by machine guns of North African troops.
In addition to the example of women in the trenches, the role of women such as Minister Federica Montseny in haranguing male combatants, as well as the famous speeches of the communists Dolores Ibárruri, M.ª Teresa León or Margarita Nelken, was also decisive.
On the other hand, we must not forget foreign women who came to Spain during the war for different reasons: some as athletes to participate in the Popular Olympics in Barcelona – replica of the Berlin Olympics – others as members of the International Brigades or Well as photographers and correspondents. In this sense, it is worth mentioning the role of Simone Weil, Elizaveta Parshina, Gerda Taro, who lost her life in the battle of Brunete; Emilienne Morin, Martha Gellhorn, Giovanna Caleffi, María Luisa Berneri, Mary Low, Clara Thalmann, Colette Audry, Etta Federn (captain of the 14th Division), Mika Etchebéhère, Kati Horna or Tina Modotti, among many others.

The militias were women who decided to fight on the fronts as one more soldier to defend Republican democracy and to preserve their political and legal rights. They were ideologically engaged women who participated in the war with great courage and courage. Many of them were injured or even died during the contest, and the survivors were victims of Franco’s repression being imprisoned or executed and also lost children in that long judicial and prison journey. They paid dearly for their antifascist struggle and the defense of an egalitarian society. They suffered double repression as political militants and as committed women. They themselves embodied for men an intrusion into a secular male activity: waging war.
His image and his transgressive attitude to the canons of the time caused the Republican political and military leaders to react against him and promote the withdrawal of women from the trenches. In this sense they undertook a fierce campaign to discredit women combatants assimilating them to prostitutes who spread venereal diseases to men. In this way, the propaganda and the press went from praising the heroine woman who was beating on the battlefields to praising the mother and wife who was in charge of auxiliary and complementary tasks in the rear.
These women with short hair, pants or skirt, pants and rifle proved too challenging for partners and superiors. For this reason, some concealed their femininity, looking for their peers to treat them as equals. In fact, many women complained that they were assigned only household chores on the fronts such as washing clothes and cooking, or that they had to combine these functions with strictly military ones. Others complained about the sexual harassment they suffered, although there were also those who felt very well treated by their comrades in arms. In any case, these women were authentic avant-garde and social transgressors.
It is impossible to know the exact number of women who decided to leave their occupations and went into military struggle, but the greatest female presence on the battlefields took place in the first months of war until the beginning of 1937.

Was the appearance of the militias only a natural consequence of the egalitarian policies of the Republic or rather the fruit of the collapse of the Republican State in the first months of the war?

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