Apuntes Sobre Un Planeta Estresado — Matt Haig / Notes on a Nervous Planet by Matt Haig

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Un libro irregular. Lectura rápida y aunque el autor aborda algunos temas importantes relacionados con la depresión, sentí que el libro seguía siendo bastante superficial. Sus puntos de vista sobre el aumento de la individualidad y la soledad, la ansiedad debido a la conexión y la aversión general hacia dónde se dirige nuestra cultura no son inspiradores ni convincentes. Principalmente porque ya había leído todo en este libro en otro lugar, pero mejor.
Libros como este abordan la necesidad de desconectarse de Internet y las redes sociales con mucha más urgencia. Y hay muchos libros sobre la vida consciente que lo cubren de manera más convincente. Las personas que aman a este autor o están luchando con la depresión y la agorafobia en este momento necesitan leer este libro. Probablemente reconocerán muchas de las luchas de los autores.

¿Qué está causando toda esta distopía mental global? Descúbrelo aquí. Probablemente ya lo sepa … Noticias las 24 horas, redes sociales echo chambers et al. Supuestamente este libro te dice cómo ser más feliz a pesar de todo esto.
Este libro está bien para la primera mitad, un poco de observación original (ish). Pero luego se convierte en retórica cliché sobre estar en el presente y apreciar las cosas pequeñas y amarte a ti mismo y no compararte con los demás, bla, bla, bla … todo dicho en otro lugar ya y con un mejor estilo.
Así que aquí está el dilema: ¿escribo una crítica adversa de un libro de un autor que, según él mismo, es mentalmente frágil y no puede manejar las críticas fácilmente o no escribo la crítica y permito tantas críticas positivas para dar a los lectores potenciales una impresión sesgada? ¿del valor del libro? ¿Cuántas críticas negativas han quedado sin escribir, me pregunto? Bueno, creo que voy a tener que seguir adelante y escribir lo que pienso sobre la base de que si alguien hace su trabajo, tiene que aceptar que no a todos les gustará.
Creo que el libro habría sido un excelente artículo de revista. Creo que Haig tiene cosas muy interesantes que decir sobre los efectos de la tecnología y el consumo en nuestra salud mental. También ofrece algunas estrategias útiles para aquellos que necesitan ayuda con sus adicciones en estas áreas. Es una pena que haya tenido que incluir este artículo de la revista en un libro. ¡Prepárate para muchas listas y espacios en blanco! El mensaje se repite una y otra vez, incrustado en mucha más información de la que me hubiera gustado sobre sus propios problemas de salud mental y ataques de ansiedad. Se sintió más que un poco indulgente para mí. Por supuesto, puede ser de gran ayuda saber que alguien ha experimentado una sensación similar a la suya, pero sentí que el propósito de estas divagaciones era que él expresara sus sentimientos como una forma de liberación. Encontré que es más probable que el libro refuerce los sentimientos de ansiedad y depresión en lugar de aliviarlos, y no encontré nada que ya no se hubiera cubierto varias veces en la primera mitad.

No cabe la menor duda de que: a) nuestra vida cada vez es más tecnológica, y b) nuestra tecnología está cambiando a una velocidad cada vez mayor.
Y al igual que la tecnología siempre ha sido la raíz más profunda de los cambios sociales, este ritmo vertiginoso de los cambios tecnológicos está desencadenando otros cambios. Nos dirigimos hacia numerosas singularidades alternas. Numerosos puntos de no retorno. Puede que hayamos pasado por delante de algunos sin tan siquiera darnos cuenta.

No se nos alienta a vivir en el presente. Se nos prepara para vivir en otro lugar: el futuro. Nos llevan a la guardería o a preescolar, cuya naturaleza intrínseca nos recuerda lo que está a punto de golpearnos: la escuela de verdad. Y una vez allí, desde una edad cada vez más temprana, se nos alienta a trabajar con ahínco para aprobar controles. Estos controles acaban siendo exámenes, que sabemos que determinarán cosas importantes en el futuro, como si seguimos estudiando o decidimos buscar empleo a los dieciséis o dieciocho años.
Quizá la felicidad no gire en torno a nosotros como individuos. Quizá no sea algo que nos llegue. Quizá la felicidad sea más un punto de partida que de llegada. Quizá la felicidad no gire en torno a lo que merecemos porque lo valemos. Quizá la felicidad gire en torno a lo que ya tenemos. Quizá la felicidad gire en torno a lo que podemos dar. Quizá la felicidad no sea una mariposa que podemos atrapar con una red. Quizá no haya una forma determinada de ser feliz.
Somos demasiado conscientes del tiempo numérico y no lo bastante del tiempo natural.

Como escribió Tolstói en 1894, en El reino de Dios está en vosotros:
«Cuanto más saciados estén los hombres, cuantos más telégrafos, teléfonos, libros, periódicos y revistas haya, más medios habrá para difundir mentiras contradictorias e hipocresías, y más desunidos estarán los hombres —y por ello más desgraciados serán—, como sucede actualmente.»
Y todo está sucediendo demasiado deprisa para que podamos formarnos una opinión al respecto antes de decidir qué hacer. Sin duda, más deprisa que en la época de Tolstói.
El problema no es que el mundo sea un caos, sino que esperamos que no lo sea. Se nos transmite la idea de que tenemos control. De que podemos ir a donde queramos y ser lo que queramos. Que, como existe el libre albedrío en un mundo lleno de opciones, deberíamos poder elegir no sólo adónde ir en internet, o qué ver en televisión.
Existe una paradoja sobre las sociedades de consumo modernas, tecnológicamente avanzadas: dan la impresión de fomentar el individualismo, pero no promueven —a decir verdad nos prohíben— que pensemos como individuos. Nos disuaden de que nos apartemos de sus distracciones, como han de hacer los adictos recalcitrantes si quieren recuperar su vida, y nos preguntamos: ¿qué estoy haciendo? ¿Por qué lo sigo haciendo si no me hace feliz?.

– Concienciación. Sé consciente de la cantidad de tiempo que pasas pegado al teléfono, de hasta qué punto las noticias interfieren con tu cerebro, de cómo está cambiando tu actitud hacia el trabajo, de la presión que sientes, de cuánta de esa presión tiene su origen en problemas de la vida moderna, de estar conectado al sistema nervioso del mundo. La concienciación se convierte en la solución.
– Totalidad. Las deficiencias que te hacen sentir, que la sociedad parece que quiere que sientas, no tienes por qué sentirlas. Naciste como se supone que tienes que ser.
– El mundo es real, pero tu mundo subjetivo.
– Menos es más. Un planeta sobrecargado lleva a un cerebro sobrecargado.
– Evidentemente las cosas que te importan son las que echarías de menos si desapareciesen.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2018/10/15/razones-para-seguir-viviendo-matt-haig-reasons-to-stay-alive-by-matt-haig/

https://weedjee.wordpress.com/2018/10/17/el-chico-que-salvo-la-navidad-matt-haig-a-boy-called-christmas-by-matt-haig/

https://weedjee.wordpress.com/2018/10/17/los-humanos-matt-haig-the-humans-by-matt-haig/

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Quick read and while the author addresses some big subjects relating to depression I felt the book remained quite shallow. His views on the increasing individuality and loneliness, anxiety because of connectedness and general dislike of where our culture is heading is not inspiring or that convincing. Mostly because I had read everything in this book already somewhere else, but better.
Books like the shallows address the need to disconnect from internet and social media much more urgently. And there are plenty of books about mindful living that cover it more convincingly. People who love this author or are struggling with depression and agoraphobia right now do need to read this book. They’ll probably recognize a lot of the authors struggles.

Whats causing all this global mental dystopia? Find out here. You probably already know…24 hour news, social media echo chambers et al. Allegedly this book tells you how to be happier despite all this.
This book is fine for the first half, a nice bit of original (ish) observation. But then it lapses into cliche rhetoric about being in the present and appreciating the small stuff and loving yourself and not comparing yourself to others blah blah blah…all said elsewhere already and in a better style.
So here’s the dilemma: do I write an adverse review of a book by an author who by his own admission is mentally fragile and cannot handle criticism easily or do I not write the review and allow so many positive reviews to give potential readers a skewed impression of the book’s worth? How many negative reviews have remained unwritten, I wonder? Well, I think I’m going to have to go ahead and write what I think on the basis that if someone puts their work out there, they have to accept that not everyone will like it.
I think the book would have made an excellent magazine article. I think Haig has very interesting things to say about the effects of both technology and consumerism on our mental health. He also offers some helpful strategies for those who need help with their addictions in these areas. It’s just a shame that he had to pad out this magazine article into a book. Prepare yourself for lots of lists and white space! The message is repeated over and over again, embedded in far more information than I would have liked about his own mental health problems and anxiety attacks. It felt more than a little self-indulgent to me. Of course it can be enormously helpful to know that someone has experienced feeling similar to one’s own but I felt like the purpose of these rambling accounts was for him to express his feelings as a form of release. I found the book more likely to reinforce feelings of anxiety and depression rather than relieve them and not finding anything that hadn’t already been covered several times over in the first half.

There is no doubt that: a) our life is increasingly technological, and b) our technology is changing at an increasing rate.
And like technology has always been the deepest root of social changes, this dizzying pace of technological changes is triggering other changes. We are heading towards numerous alternate singularities. Numerous points of no return. We may have passed some without even realizing it.

We are not encouraged to live in the present. It prepares us to live in another place: the future. They take us to kindergarten or preschool, whose intrinsic nature reminds us of what is about to hit us: the real school. And once there, from an increasingly early age, we are encouraged to work hard to approve controls. These controls end up being exams, which we know will determine important things in the future, as if we continue studying or decide to look for employment at sixteen or eighteen.
Perhaps happiness does not revolve around us as individuals. It may not be something that comes to us. Perhaps happiness is more a point of departure than of arrival. Maybe happiness does not revolve around what we deserve because we are worth it. Maybe happiness revolves around what we already have. Maybe happiness revolves around what we can give. Maybe happiness is not a butterfly that we can catch with a net. There may not be a certain way to be happy.
We are too aware of numerical time and not enough of natural time.

As Tolstoy wrote in 1894, in The kingdom of God is in you:
“The more satiated the men are, the more telegraphs, telephones, books, newspapers and magazines there are, the more means there will be to spread contradictory lies and hypocrisies, and the more disjointed the men will be – and therefore the more unfortunate they will be -, as is the case today. »
And everything is happening too fast so we can form an opinion about it before deciding what to do. Without a doubt, faster than at the time of Tolstoy.
The problem is not that the world is chaos, but we hope it is not. We get the idea that we have control. That we can go where we want and be what we want. That, as there is free will in a world full of options, we should be able to choose not only where to go on the internet, or what to watch on television.
There is a paradox about modern, technologically advanced consumer societies: they give the impression of fostering individualism, but they do not promote – in fact, forbid us – that we think as individuals. They discourage us from turning away from their distractions, as recalcitrant addicts must do if they want to recover their life, and we ask ourselves: what am I doing? Why do I keep doing it if it doesn’t make me happy?

– Awareness. Be aware of the amount of time you spend stuck on the phone, how much the news interferes with your brain, how your attitude towards work is changing, the pressure you feel, how much of that pressure has its origin in problems of modern life, of being connected to the nervous system of the world. Awareness becomes the solution.
– Totality. The deficiencies that make you feel, that society seems to want you to feel, you don’t have to feel them. You were born as you are supposed to be.
– The world is real, but your subjective world.
– Less is more. An overloaded planet leads to an overloaded brain.
– Obviously the things that matter to you are the ones you would miss if they disappeared.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2018/10/15/razones-para-seguir-viviendo-matt-haig-reasons-to-stay-alive-by-matt-haig/

https://weedjee.wordpress.com/2018/10/17/el-chico-que-salvo-la-navidad-matt-haig-a-boy-called-christmas-by-matt-haig/

https://weedjee.wordpress.com/2018/10/17/los-humanos-matt-haig-the-humans-by-matt-haig/

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