Fracasología. España Y Sus Élites: De Los Afrancesados A Nuestros Días — María Elvira Roca Barea / Fracasology. Spain and its Elites: From the French Influence to Today by María Elvira Roca Barea (spanish book edition)

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* La autora lo ha vuelto a hacer, siguiendo la senda de ¨Imperiofobia¨ en cuanto a documentación, argumentos bien trazados, claros y me atrevería a decir que poco rebatibles, nos ilustra cómo las élites desde la guerra de sucesión hasta nuestros días, han dado la espalda al país, bien por convencimiento, interés, desidia e incluso estupidez, abocando al país y lo que es más importante a su legado al rincón de pensar.
* Ella misma resume este hecho de la siguiente y magnífica manera ¨ las élites subordinadas viven bien porque las élites siempre viven bien, otra cosa son los pueblos que las tienen que soportar¨, y es que, es prístino en el libro desde sus primeros capítulos como éstas han sucumbido a la propaganda extranjera empezando con la aceptación de la propaganda francesa urdida para debilitar a la poderosa monarquía compuesta que fue el imperio hispánico, para continuar con la inglesa y otras más, dejando que OTRAS NACIONES ESCRIBAN LA HISTORIA DE ESPAÑA, factor este capital y que puedo atestiguar tras dos grados universitarios realizados en España, en los cuales se beatificaba a Max Weber (excelente sin paliativos su capítulo) y otros autores extranjeros, dejando a los españoles de lado cuando éstos describen mejor los temas a tratar, desde por ejemplo la escuela de Salamanca hasta Ortega y Gasset, sustituido en muchos casos por el insulso Rawls por poner un ejemplo.

Se debe pensar que en España sea tan frecuente la figura del intelectual -o del que se da los aires de serlo- que tiene a gala denigrar la historia de España, pero nunca había sido capaz de encontrar otra explicación que fuera más allá de aquello de que «cuando un barco se hunde, las ratas son las primeras en saltar». Pues este libro nos viene a explicar por qué y desde cuándo los intelectuales españoles han abandonado su puesto en la defensa de España y se han pasado con armas y bagajes al enemigo. Es interesantísimo. Resulta que la traición arranca nada menos que en el cambio de la dinastía austracista a la borbónica y tiene que ver con una serie de factores, entre los que cabe destacar a la famosa «leyenda negra», al uso que de esa leyenda negra hicieron las élites borbónicas para desprestigiar todo el pasado de España y, de esta forma, presentarse como regeneradores que nos llevan a un futuro mejor, a la adopción que de ese discurso hicieron las élites españolas por su propio interés, y tiene que ver también con otros factores que se fueron añadiendo después y que han llegado a configurar el panorama actual. Un panorama que no tiene parangón en el resto de países occidentales y que no tiene que ver con una deficiencia intrínsecamente española, sino con una deficiencia de nuestras élites, que no han tenido reparo en aceptar privilegios, pero que no han cumplido con su deber de mantener un pensamiento crítico, de cuestionarse hasta qué punto son ciertas las acusaciones que nos ha hecho desde fuera, ni han tenido tampoco el valor de oponerse a las corrientes dominantes cuando, después de haber investigado con independencia, no se está de acuerdo con lo que sostienen esas corrientes.
Podrá gustar más o menos a unos y a otros, y se podrá estar más o menos de acuerdo con los planteamientos de la autora, pero creo que lo que no se puede negar es que todo lo que dice está muy bien argumentado y tiene mucho sentido.

La propaganda es una forma de gestionar la mentira que el español nunca ha podido aprender. No supo defenderse de ella en los siglos XVI y XVII y sigue sin saber en el siglo XXI. El asunto es de una gravedad difícilmente exagerable en los tiempos en que nos toca vivir, toda vez que la actividad propagandística se ha transformado en la creadora o destructora de realidades.
La propaganda francesa que logra sentar en el trono de España a un nieto de Luis XIV, o sea, a Luis XIV, es una pura genialidad. La idea básica es que el rey de Francia es el único monarca de Europa lo suficientemente poderoso como para mantener unidos los diversos territorios de la Monarquía Hispánica, lo que dista mucho de ser una consideración objetiva de la situación. Para empezar, y en lo inmediato, ha habido cuatro guerras con Francia, y esto solo durante el reinado de Carlos II.
París es la capital europea que ha asistido a más desfiles de ejércitos invasores a lo largo de su historia moderna. Los sustos que se pasaron en tiempos de Carlos I y después convencieron a los gobernantes franceses de que esta línea política era prioritaria.
El reinado de Carlos II duró de 1665 a 1700, esto es, treinta y cinco años. Su madre, Mariana de Austria, fue regente hasta la mayoría de edad del rey en 1675. Pero todo lo que ha quedado de este monarca es el episodio ridículo del hechizo y el exorcismo, que apenas duró unos días. ¿Quién lo promovió y quién acabó mandando a freír monas al fraile y su exorcismo? Esto es algo que debemos analizar con cuidado, puesto que de nuevo tenemos que un episodio marginal y poco importante oculta todo el resto.
Si algo llama la atención del último vástago de los Austrias españoles «es precisamente su auténtica preocupación por la monarquía que ha heredado y que debe legar, incólume a poder ser, con independencia y grandeza de ánimo tanto más chocantes cuanto que aherrojadas en un mundo de intrigas.

Todo lo que había existido antes de la llegada de Felipe V era un desastre, un imperio atrasado, decadente y arruinado. Y quien no repita con la necesaria convicción este mantra no sale en la foto. Literalmente. Es lo que le pasó a Oropesa, de quien no conservamos ni siquiera un retrato. El embajador Stanhope lo describió como el hombre más capaz que había conocido en España. Esta selección afectará no solo a la vida política, sino también al mundo intelectual y cultural. Desde este momento, mostrar desprecio por lo español y admiración por lo que está o viene de allende los Pirineos es un rite de passage que generación tras generación van a cumplir con puntualidad los hombres de la cultura española.

La acomodación en España de las ideas sobre nuestro país procedentes de la Ilustración francesa va en paralelo y acompañada de otro cambio importantísimo en la cultura europea: el nacimiento del intelectual como creador de opinión pública. En el siglo XVIII aparecen poetas, dramaturgos y escritores en general que ya no son solo poetas, dramaturgos y escritores. El conjunto de los que se dedican al oficio de la pluma, de una manera u otra, ha devenido en creadores de opinión con el nacimiento de las ideologías. Estas son ahora las productoras de moral, una vez que la religión ha dejado —o está dejando— de cumplir esta función social, como explica Habermas.
En la tradición del Siglo de Oro, los autores no son órganos generadores de opinión ni administran moral alguna. A partir del siglo XVIII, sí. El nudo gordiano aquí es que cuando se produce este cambio se está al mismo tiempo aclimatando en el país una corriente de pensamiento francesa que es profundamente hispanófoba por razones del todo comprensibles. Que los franceses hubieran hecho de los tópicos de la leyenda negra un lugar común en su cultura desde el siglo XVI es muy razonable y hasta sano (para ellos). Llevan más de un siglo luchando contra la hegemonía española. Lo irracional hubiera sido que se dedicaran a cantar las excelencias de España. Pero lo que necesita auténtica explicación es por qué, cuando España lucha contra la hegemonía francesa, por ejemplo, en el conflicto napoleónico, nos encontramos con que la situación es inversa, y aquí sí tenemos, y en grandes cantidades, élites que se dedican a cantar las excelencias de Francia y a contarnos que lo que hay que hacer es imitar a los franceses e incluso aceptar políticamente su dominio.
La conversión de la historia de España en un campo de batalla político es un logro de la Ilustración francesa. La condena de España en clave protestante, aunque hubiera prosperado dentro de España, no habría bastado, por mucha guerra santa que el protestantismo desencadenara contra el catolicismo, porque a cada uno lo sostenía su propia fe, pero los ilustrados franceses sabrán dar el golpe definitivo con la ayuda de una nueva dinastía y su maquinaria de autobombo. Ya no es en nombre de Dios, sino de la Ilustración, del progreso y de la ciencia. Ya no son argumentos demoniacos o teológicos, sino racionales. Se condena a España en nombre de la Humanidad, de la Razón, de la Civilización, de la Modernidad.

Es un hecho aceptado que la literatura española en el siglo XVIII es pobre. Generaciones de profesores de literatura saltan del Barroco al Romanticismo con una breve parada, a veces, en Moratín o Cadalso, y poco más. Se hace así en la enseñanza media y también en la universidad, en muchísimas ocasiones. La literatura dieciochesca es aburrida. En realidad, no parece literatura y, como señala Juan Luis Alborg, hay que estar siempre defendiéndola[121].
Este es un fenómeno extraño, pero no ha despertado toda la curiosidad que debiera. El aparataje habitual de explicaciones no se sale del tópico de las modernizadoras reformas borbónicas frente al tradicionalismo estéril y decadente, del rechazo de la modernidad del español cerril, de ortodoxos frente a heterodoxos…
La literatura es un alimento espiritual necesario para el ser humano en todo tiempo y lugar. Existe con el lenguaje y no depende de la escritura. Es un hecho en extremo inquietante que, de pronto, una literatura cualquiera sufra un parón en seco. Podemos, claro está, considerar que era irremediable que hubiera un descenso después de los gloriosos Siglos de Oro. Y es verdad, pero no del todo, porque lo que sucede en el siglo XVIII no es solo un bajón, es una suerte de extrañamiento.
La lengua española ha tenido la literatura de tradición oral más potente de Occidente. Ninguna otra lengua de Europa ha mantenido vivos los restos de la épica medieval hasta casi ahora mismo en el romancero ni tampoco tiene viva una lírica que puede grabarse en discos, ciertamente, pero cuyo corazón latiente sigue siendo la oralidad y la experiencia personal: el flamenco. Desde que tenemos registros escritos, la literatura popular, de tradición predominantemente oral, y la literatura culta se han alimentado la una a la otra en español. Es cierto que esto no es un fenómeno exclusivo de la literatura española, pero en ninguna otra lengua del vecindario se da con la continuidad y la intensidad que este rasgo tiene en la literatura española, desde el marqués de Santillana a García Lorca.
Hemos pasado de una literatura que tiene un componente callejero importante a una literatura que vive en los salones. Esto se ve en el teatro de una manera muy clara. El teatro clásico español se desarrolla en espacios públicos abiertos: el corral de comedias, las escalinatas de las iglesias o catedrales, los templos mismos, las plazas… El teatro neoclásico se muda a otros ambientes. Moratín no encaja de ninguna manera en un espacio escénico en el que habían podido vivir perfectamente Lope de Vega o Calderón. Por cierto, el teatro del Siglo de Oro se sigue representando hoy; el dieciochesco no.
En España había unas cincuenta universidades a mediados del siglo XVIII. Las más viejas, como Palencia o Salamanca, tenían seis siglos de antigüedad y el promedio era de tres siglos. Había, por supuesto, mucha diferencia de calidad entre unas y otras, pero la mayoría tenía un profundo arraigo. Con seguridad necesitaban mejoras. Ahora también las necesitan, pero difícilmente se puede mejorar una institución académica si acabas con ella. Como resultado de la política educativa de Carlos III, España llegó al siglo XIX con solo diez universidades. El rey no tenía ningún plan para resolver los problemas que la expulsión de la Compañía provocó, en el sentido de abrir centros educativos, y la Iglesia tuvo que rellenar el hueco. Si el objetivo estratégico era reducir su poder, se hizo rematadamente mal: «Gran parte de la enseñanza siguió estando bajo control del clero, que en general poseía mejor preparación que el profesorado laico de la época. Por otra parte, el vacío dejado por los jesuitas vino a ser llenado por los escolapios, especialmente en los primeros niveles de instrucción». Hay papeles y más papeles sobre la educación de los pueblos, sobre lo bueno que es enseñar a los niños de las clases bajas, sobre las ventajas de una educación estatal, memoriales sobre educación hasta aburrir… Pero medidas concretas y eficaces, bastantes menos.
Para que se entienda el divorcio entre las élites y la gente que la literatura del XVIII denuncia sin posibilidad de disimulo, vamos a ir, a modo de parábola, a dos entierros ocurridos en la etapa previa a la llegada de los franceses, uno en París y otro en Madrid. Deben ser ambos sepelios punto de reflexión sobre el ambiente de libertad o la falta de ella en que se mueven poetas y artistas en Francia y España.

Lo escrito no pretende en absoluto demostrar que todo el siglo XVIII fuese un desastre y que haya que proceder urgentemente a su revisión y condena. Esto es lo que el siglo XVIII hizo con los anteriores y es mala política. Muy mala. Pero hay una especie de idealización de esta época que es necesario matizar, porque es en el siglo XVIII cuando nacen una serie de problemas autodestructivos que están vivos todavía: a saber, el rechazo del periodo Habsburgo y su consiguiente condena moral, y con ella, por efecto del afrancesamiento, viene la asunción del argumentario de la leyenda negra por una parte significativa de las élites españolas en los dos hemisferios.
Las páginas precedentes tienen por objeto explicar de qué exactamente murió el Imperio español. Esto no quiere decir que si no hubiera habido cambio de dinastía y otras variaciones estructurales internas, el imperio habría durado eternamente, ni siquiera mucho tiempo más. Cuando se llega a una cierta edad, hay que morirse. Entonces aparece una enfermedad que mata al organismo debilitado y envejecido. La vejez es la verdadera causa de la muerte y la enfermedad concreta (una caída, una infección de orina, un resfriado, etc.) es solo el agente ejecutor. Si no te mata una cosa, te matará otra y en no mucho tiempo. Quiere decirse que el Imperio español iba a morirse más pronto que tarde, porque ya no hay la capacidad de esfuerzo que hace falta para mantenerlo unido. Y esto no es extraño. Lo asombroso es que alguna vez la hubiera habido y que un imperio que tuvo durante la mayor parte de su existencia más de veinte millones de kilómetros cuadrados, con un océano en medio, durara tres siglos. No tiene parangón en la historia de la humanidad.
Es posible que los imperios, además de gigantescos fenómenos históricos, sean también ciclos biológicos encaminados a producir diversidad y a contrarrestar las tendencias endogámicas de los pequeños grupos. Los grandes mestizajes de razas en la historia humana se deben a los imperios.
España no era un desierto cultural ni en el siglo XVIII ni en el anterior. Pero el afrancesamiento injertó en España, junto con los tópicos de la leyenda negra, el complejo de inferioridad mentado, que dura hasta hoy, y el rechazo al periodo Habsburgo, cuya interpretación histórica tiene que ser necesariamente negativa para justificar las «reformas», el desprecio por la propia cultura y la minusvaloración de cualquier logro científico o cultural que aquí se produzca. En modo alguno era España un desierto cultural. El siglo XVIII también fue la época de las grandes expediciones científicas, el que vio nacer la Real Academia de la Lengua, el de Jorge Juan y Celestino Mutis, el que puso las bases de la arqueología científica para España y para el mundo en tiempos de Carlos III, el de la gramática comparada con Hervás y Panduro.

El espectáculo vergonzoso que las élites españolas dieron en la crisis napoleónica. La desconexión que se ha ido produciendo entre la gente corriente y las élites a lo largo del siglo XVIII ya no se puede disimular más.
No vamos a relatar ahora los acontecimientos con los que comenzó el 2 de mayo de 1808 la Guerra de la Independencia. Son muy conocidos y han sido narrados muchas veces, pero conviene detenerse en el hecho singular de que sean los alcaldes de Móstoles, de una localidad pequeña en la periferia de Madrid, los que llamen a las armas a la nación para defender su independencia frente al invasor. ¿Dónde están las élites españolas en trance tan amargo? Pues una parte muy significativa hace ya mucho que ha desertado, y porque lo había hecho fue necesario que dos alcaldes de pueblo asumieran obligaciones que no eran suyas.
Durante varios años, el continente entero estuvo pendiente de lo que pasaba en ella, y en lo que a la Pepa se refiere, su elaboración tuvo una gran influencia en el desarrollo del constitucionalismo europeo, hasta tal punto que la palabra «liberal», que se usa en varias lenguas del vecindario con sentido político, procede del español, aunque la mayor parte de los españoles cultos piensa que el liberalismo en España es, todo él, una importación.
En español, el término «liberal» existe desde mucho antes de que tuviera un significado político o económico. Es un cultismo que ingresa en el idioma con la gran oleada de traducciones del siglo XV. Procede del adjetivo latino liberalis-e, y tiene el mismo sentido: persona generosa. El Diccionario de Autoridades define «liberal» como «generoso, bizarro, y que sin fin particular, ni tocar en el extremo de la prodigalidad, graciosamente da y socorre, no solo a los menesterosos, sino a los que no lo son tanto, haciéndoles todo bien». El Universal Vocabulario en latín y romance de Alonso de Palencia de 1490 no recoge todavía el término.
La palabra es muy empleada por los autores del Siglo de Oro y así Cervantes titulará uno de sus relatos El amante liberal. Pero a raíz de las Cortes de Cádiz y de la repercusión que estas tuvieron en Europa, la palabra adquiere un nuevo sentido y se populariza.

El término «afrancesado» tiene un uso muy anterior al de las guerras napoleónicas. Aparece ya en el Diccionario de la RAE de 1770 con la definición de persona que «imita con afectación costumbres o modas de los franceses». Tras la Guerra de la Independencia adquiere un sentido nuevo que mantiene y amplía el anterior, el de partidario de los franceses y, en consecuencia, traidor. La valoración de los afrancesados ha estado vinculada, como era de esperar, a los vaivenes de las ideologías, en la medida en que la historia de España, con rechazo o admiración, es un campo de batalla desde que con la llegada de la nueva dinastía se decretó la damnatio memoriae del periodo Habsburgo. Durante el siglo XIX hay algunos ejemplos de una visión favorable de los afrancesados, aunque el recuerdo de la guerra está todavía demasiado presente como para que resulte mayoritario. Pero en el siglo XX se ha consolidado ya una corriente historiográfica reivindicativa de ellos.
La diferencia entre los autores del Siglo de Oro y los del siglo XVIII es que a los primeros no les importaba mayormente qué era lo que se llevaba al otro lado de los Pirineos para ponerse corriendo a imitarlo. Y cuando lo hacían, como Garcilaso con la poesía italiana, sabían darle vida propia y auténtica. Por eso fueron tan originales y crearon su propio teatro clásico y la novela moderna, sin la cual no sabemos cuál habría sido el devenir de la literatura occidental. Pero las élites dieciochescas no tienen otro horizonte que el servicio al poder que las sostiene. La imitación tiene siempre un exceso en el matiz que carga las tintas, por inseguridad e inautenticidad, más allá de lo necesario, y es esta carga la que los lleva a convertirse en puros reaccionarios desde el punto de vista estético. Y no solo estético.

Mientras el Imperio español se fragmenta, se produce una expansión europea que desde Londres, París o Ámsterdam se irradiará por todo el mundo. Es lo que llamamos «colonialismo» y es curioso que pocos hayan puesto en relación ambas oleadas, la que feudaliza el Imperio español y la que transforma a varios países de Europa en potencias coloniales que se extenderán por varios continentes. Conviene que nos detengamos un poco en este expansionismo del siglo XIX y en las élites que lo dirigieron para que establezcamos, con conocimiento de causa, las oportunas diferencias con las élites que condujeron el Imperio español a su fragmentación y luego han dirigido los destinos de las partes fragmentadas a ambos lados del Atlántico.
No se insistirá nunca lo suficiente en la importancia que tiene la historiografía del siglo XIX en la versión de la historia de España que se estudia en los colegios, o sea, en la versión de la historia de España que hemos aprendido durante generaciones y que forma parte del acervo común. No una, sino varias investigaciones de gran calado hacen falta aquí, empezando por la aplicación sistemática y crítica de eso que últimamente se llama la «teoría de la recepción» de los textos historiográficos según iban de su versión en inglés, francés y alemán a su acomodación entre los historiadores españoles, que ya no dudan de que todo lo que ha pasado es lo que están contando. Y no dudan porque lo que esa historiografía del triángulo Francia-Alemania-Inglaterra dice no es falso, pero no cuenta toda la verdad. Calla unos hechos, destaca otros y, sistemáticamente, desenfoca los contextos a su favor.
En el siglo XIX ya está asumido dentro y fuera de España que la Inquisición ha sido una atrocidad y la culpable de un fenómeno bestial de intolerancia religiosa sin parangón en Europa. La Inquisición singulariza la historia de España. Parece como si solo en la historia de España hubiera un fenómeno de intolerancia religiosa de tal envergadura. No es así. La Inquisición no causa la intolerancia religiosa. Es una consecuencia de ella. Y esa intolerancia existe en Europa desde Gibraltar a Cabo Norte, porque nadie, ni danés ni portugués ni inglés, cree que tenga que tolerar al que es de otra religión. Por eso los católicos persiguen a los protestantes, los protestantes a los católicos y las sectas protestantes se persiguen entre sí. El fenómeno es idéntico de norte a sur y de este a oeste. Pero lo que es propio de estos siglos, lo característico de la época, pasa a considerarse un hecho singular en la historia de España. Singular y atroz.

Con el 98 se instala durante décadas la idea del desastre. No hay problemas en España como los hay en cualquier otro sitio. España es el problema. El intelectual español se sitúa fuera de él, lo analiza y lo estudia, pero, obviamente, nunca se considera parte integrante del problema. Es una suerte de Dios trascendente. Hay poca o ninguna afición a la historia comparada. Lo que está fuera (Europa) es un mundo de virtud y progreso, un canon de perfección al que España solo puede aspirar pero no alcanzar. Conforme el pensamiento católico absorbe más y más complejos, los librepensadores de cultura católica, asombrosamente, también lo harán. Estas ideas están bien vivas.
No hay reacción en firme desde dentro a esta situación de subordinación cultural que se manifiesta, entre otros muchos síntomas, no solo en una falta de respeto hacia la propia historia, sino en la historia usada como arma arrojadiza de unos contra otros. Hace tiempo ya que la historia de España es res nullius. Pocos la cuidan y menos la aprecian. Por eso, cuando se vuelve a desatar otro proceso de falsificación, desenfoque y ocultación, como está sucediendo, por ejemplo, con el descubrimiento de América y Cristóbal Colón en Estados Unidos en general y en California en particular, hay poca o ninguna reacción, ni política ni intelectual.
La educación española durante la parte última del siglo XIX y comienzos del XX está dominada por un magno intento de renovación pedagógica que se conoce como «krausismo», por el nombre de su inspirador Karl Christian Friedrich Krause (1781-1832). Este pensador post-kantiano es una figura mucho más conocida en España que en Alemania. Su importancia en nuestro país se debe a que después de un siglo largo de afrancesamiento y como este, después del descalabro napoleónico, quedó muy de capa caída, nuestras élites encontraron en él un faro alemán (o sea, prestigio) para la nueva propuesta de salvación nacional: la germanización. Krause fue alumno de Fichte y Schelling, o sea, un producto clásico, aunque un tanto menor, del idealismo alemán.
La germanización como oferta para el porvenir de España no nace con Julián Sanz del Río, sino que es una idea que ronda ya entre las élites políticas e intelectuales españolas desde la primera mitad del siglo XIX. De hecho, Sanz del Río no va a Alemania por casualidad, sino que es enviado allí en 1843 por Pedro Gómez de la Serna, político vinculado al general Espartero y en ese momento ministro de la Gobernación.
El problema fundamental del krausismo es que nace ya desfasado, como casi toda la germanización española, o sea, cree que está a la última lo que ya no está de moda, como Moratín con el teatro. El krausismo es una mística indigesta que afortunadamente leyó muy poca gente. Sanz del Río llama al krausismo «filosofía novísima».

El nacionalismo se alimenta principalmente de la atención desmesurada que se le presta. En las últimas décadas se ha desarrollado in crescendo un morbo social que se parece a esas heridas que a veces terminan matando a las irreflexivas gallinas, que cuando tienen una llaga pequeñita se ponen a picotear en ella una y otra vez, de tal manera que la herida es cada vez más grande y mayor el daño y, entonces, en vez de estarse quietas para que se cure, picotean más y más hasta producirse un auténtico boquete. Más picotean, más les molesta y, como más les molesta, más picotean. Un auténtico círculo vicioso.
Los nacionalismos periféricos comienzan a manifestarse en España a finales del siglo XIX como un rechazo al Estado liberal y al nuevo concepto de soberanía nacional que había nacido con la Constitución de Cádiz. Tiene desde el principio cuatro características muy claras, digamos, que cuatro fuentes de alimentación:
— Es racista.
— Se nutre de la leyenda negra.
— Reclama privilegios.
— Habla en nombre del territorio que coloniza, no de sí mismo.

El problema que España padece con los nacionalismos periféricos es viejo. Existe al menos desde la última década del siglo XIX de una manera abierta y manifiesta. Hay que entender aquí nacionalismo como la impugnación de España y de su manifestación a través de un Estado en dos vertientes: o bien directamente considera que la región X no forma parte de España y defiende su independencia política del Estado del que no se considera parte integrante, o bien pretende mantener con dicho Estado una relación particular y única que los nacionalistas de la región X deben establecer en función de sus criterios particulares, pues ellos son los únicos y verdaderos interlocutores como cuerpo sacerdotal de la pequeña nación maltratada y oprimida por España. El asunto lleva mucho tiempo coleando sin que haya habido grandes dosis de creatividad desde sus primeras manifestaciones.

En pocos años, Cristóbal Colón ha pasado a ser el enemigo público número uno. Detrás de California va a ir medio mundo, porque este discurso se hará dominante en Estados Unidos y, por tanto, en la anglosfera, y de ahí pasará al resto. Por supuesto, una parte de nuestras élites ha comenzado ya (nunca dejó de hacerlo en realidad) a comprar el discurso dominante. Se supone que este relato es progresista, como lo era en el caso del afrancesamiento. En absoluto esto es así. Es un discurso reaccionario, porque es conformista y acomodaticio con respecto al poder dominante, el que sea. Cuando ese poder era francés, el discurso de buena parte de nuestras élites se afrancesó. Y si ese poder hubiera sido de Marte, se hubiera marcianizado. Ahora, el discurso que vende el poder dominante se llama indigenismo y nuestras élites lo van a copiar también. Obsérvese que cuando el discurso hispanófobo francés promociona los tópicos de la España destructora de las Indias y de la España inventora de la Inquisición, ese discurso fomentado por las élites francesas nunca trata de la Francia destructora de las Indias, porque también Francia tuvo un Imperio americano, ni de la Francia inquisitorial, aunque también Francia tuvo una Inquisición. Ahora sucede exactamente lo mismo.
La mentira no se combate con la verdad, sino entendiendo las razones por las cuales esa mentira ha sido dicha y actuando en consecuencia. Sin el proceso de comprensión y de reflexión sobre los mecanismos que sustentan y que se apoyan en esa falsificación no hay reacción útil. Reduciendo todo a lo básico tal vez se podría sustanciar la cuestión en lo siguiente: ¿cui prodest?, ¿quién sale beneficiado con esa mentira, o fake news, o como la queramos llamar? Esto es lo principal, porque nada existe por nada. Los hechos, porque no vamos a romper ahora con veinticinco siglos de tradición aristotélica. En lo que sigue vienen algunas verdades sobre lo que en realidad pasó con las poblaciones indígenas en esa California donde hoy le quitan estatuas a Colón y calles a fray Junípero Serra porque, al parecer, tienen la culpa de no se sabe qué genocidios que sucedieron mucho después de haber muerto ambos.
La historia de California ha estado mezclada con la de España durante siglos, empezando por su propio nombre. No sabemos de quién fue la idea de llamar así a esa región del mundo, posiblemente de algún explorador español del entorno de Hernán Cortés. La palabra procede de Las sergas de Esplandián, de Garci Rodríguez de Montalvo. Conservamos la edición de 1510, pero posiblemente vio la luz antes, en torno a 1495, aunque no tenemos ningún ejemplar de esta.
California era una región de México hasta el Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848, que puso fin a la guerra entre Estados Unidos y México, que pierde el 52 % de su territorio. En la época de fray Junípero, California forma parte del virreinato de la Nueva España y la actividad de los franciscanos se desarrolla bajo gobierno virreinal mexicano. Forma, por tanto, parte de la historia de México.
En el tratado se establece la protección de los derechos civiles y de propiedad de los mexicanos que permanecieron en el nuevo territorio estadounidense. Pero cuando el Senado de Estados Unidos ratificó el tratado en inglés, eliminó el artículo 10, el cual garantizaba la protección de los derechos de propiedad dados tanto por los gobiernos virreinales como por el México independiente. También modificó el artículo 9, que garantizaba los derechos ciudadanos de la población preexistente.
La población indígena de California desaparece no durante la época de las misiones franciscanas, sino tras la incorporación del territorio a Estados Unidos de América.
Cuando los WASP (White, Anglo-Saxon Protestant) ocupan California, hay en ella una numerosa población hispanomestiza que fue en su tiempo nombrada en inglés con el término «californio», el cual todavía se usa, aunque menos que hace un siglo. La inefable Wikipedia en inglés lo define así: «Is a term for a Hispanic person native of California, who is culturally or genetically descended from the Spanish-speaking community that existed in the Californias since 1683, of varying Criollo Spaniard, Mestizo, and Indigenous Californian origen. Alongside Tejanos and Neomexicanos, Californios are parte of the largest Chicano/Mexican/American/Hispano community of the United States which have lived in the American Southwest (also known as Aztlán) since 16th Century».

El hambre fue una de las formas más eficaces para diezmar a las poblaciones indias en las reservas. El 3 de marzo de 1853, el senador de Arkansas William Sebastian explica ante el Senado de los Estados Unidos: «El superintendente ha recibido información digna de toda credibilidad de que quince mil [indios de California] han perecido de absoluta inanición durante esta estación». Madley afirma que esto sucedió principalmente porque los tratados no fueron respetados, de tal forma que las condiciones de vida en las reservas llevaban a la muerte. Al mismo tiempo, la violencia, con apoyo estatal, llevó a los indios a refugiarse en las zonas más pobres, donde había poca comida, y, además, en esas áreas tenían que mantenerse en constante movimiento para evitar los ataques. Esto evidentemente les impedía cualquier forma de agricultura.
Todo esto es para que quede claro que el exterminio de la población indígena fue una política de Estado practicada por las autoridades de los Estados Unidos de América con pleno conocimiento de causa.
Todo esto es para que quede claro que el exterminio de la población indígena fue una política de Estado practicada por las autoridades de los Estados Unidos de América con pleno conocimiento de causa. Basta leer el capítulo de Madley titulado «Rise of the Killing Machine».
La profesión de cazar indios se transformó en una actividad lucrativa. Algunos se hicieron muy famosos y ricos, aunque esto no lo cuenta el western, que ofrece una versión de la conquista del oeste muy épica y hermosa.
Ingleses, franceses y holandeses suelen atribuirse mutuamente el dudoso honor de haber popularizado el arranque de cabelleras y haberlo convertido en un negocio. En cualquier caso, lo que está claro es que no fueron los indios los que convirtieron esta aberración en una actividad popular y rentable.
Hace algunos años se rodó una serie de dibujos animados que se llamó Conquista-Dora, que creo que no se ha visto en España, pero sí en los colegios de Estados Unidos. Servía y sirve para enseñar a los niños cómo los españoles mataban, saqueaban y violaban. La serie es una especie de remedo de Dora la Exploradora. En Conquista-Dora se contaba cómo los españoles utilizaron mantas contaminadas de viruela para exterminar a los indios. Probablemente porque sus creadores conocían el episodio de las mantas de Ford Pitt y debieron pensar que esto lo había hecho todo el mundo. O quizá sea la muestra de una auténtica paranoica de transferencia de la culpa, lo cual no debería extrañar que anidara en el fondo de la mentalidad puritana. El asunto de las mantas sucedió realmente, pero en Pittsburgh (entonces Ford Pitt) en 1763.

En Estados Unidos, la pérdida de la hegemonía se va a producir irremisiblemente y mucho antes de lo que se pensaba. No por reacomodación de los equilibrios de poder que rigen en Occidente desde el tratado de Westfalia. China aprende que fagocitarse a sí misma no es solución ni sistema que pueda durar mucho más tiempo, y en pocas décadas se convierte en un gigante económico. Este es el gran competidor del Imperio estadounidense, tanto más duro y difícil de vencer cuanto imposible de comprender. La occidentalización de los chinos es superficial y no afecta al núcleo duro de su mentalidad y su cultura. Nosotros no los entendemos a ellos, pero ellos a nosotros sí. Perfectamente.
Es el enemigo de la hegemonía estadounidense, pero, cuando uno se siente en peligro, reacciona poniendo en marcha los mecanismos de autodefensa que tiene escritos en su ADN cultural. Cuando aumenta la inseguridad en el propio poder, parece que todos los enemigos crecen, incluso aquellos que son poco o nada agresivos, como es el mundo hispano. En cualquier caso, siempre conviene activar el modo dual de autoafirmación. Y ese modo, en el mundo WASP, como en todos los territorios que tienen escrito en sus mitos fundacionales el demonio español, consiste en reeditar por cualquier procedimiento el mecanismo generador de endorfinas supremacistas que es atacar el Imperio español, sus logros y símbolos. Y de camino se genera autosatisfacción, se contribuye de manera muy activa a que el mundo hispano, todo él, permanezca en su situación de inferioridad asumida.

El Imperio español es una realidad histórica enorme que necesita ser estudiada y comprendida más allá de todos los prejuicios que sobre él se acumulan. Y esto, para empezar, por puro afán de conocimiento. La historia del Imperio español no es historia de España, es historia del mundo. De la misma manera que la historia de Roma no pertenece a los italianos, la historia del Imperio español no pertenece a España. Ahora bien, la historia deformada de ese imperio pesa sobre España y las naciones hispanas de hoy como una losa. Es el argumentario principal del ajuste de cuentas perpetuo que traba a todos los países que nacieron del extinto Imperio español y es, en consecuencia, un factor de primer orden en el problema de subordinación cultural e inferioridad moral asumida que afecta a todo el mundo hispano. Este es un hecho que debería haber sido comprendido y estudiado por nuestros intelectuales hace mucho tiempo. En lugar de eso se eligió mirar para otro lado.

Sobre el problema territorial que España tiene ahora mismo. Decíamos que no se hallan soluciones porque se buscan donde no están. El problema no es que existan en España tendencias balcanizantes. Esto es bastante común. El problema es que las fuerzas políticas no balcanizantes, que son mayoritarias y dicen que constitucionalistas, han sido incapaces de ofrecer un frente común que neutralice la balcanización y le impida seguir destruyendo el ordenamiento constitucional. Una democracia no puede integrar cualquier tendencia que surja en el horizonte y, desde luego, no puede sostenerse en un Estado que alimenta estructuras que trabajan para su propia destrucción. Nuestras élites políticas hoy y en la Transición ignoran las lecciones de la historia. Que la Primera República acabó en un fenómeno de cantonalización esperpéntico y peligroso, y que a la Segunda República, entre otros factores, la llevó a una situación insostenible el secesionismo catalán. Pero todavía Azaña tuvo arrestos para hacer lo que no hizo Rajoy en idéntica coyuntura.
La idea de las autonomías comienza a cobrar prestigio en España con una serie de artículos que publica Ortega entre noviembre de 1927 y febrero de 1928.

La Constitución de 1978 necesita principalmente tres modificaciones:
1. Resolver la desigualdad que consagra en su articulado al referirse a «regiones y nacionalidades» (artículo 2) y al conceder en la Disposición Adicional I derechos históricos a los territorios forales. Esto en la práctica ha llevado a la confederación asimétrica. Solo hay un régimen autonómico capaz de estabilizarse: el que garantice igualdad entre todos los españoles. Lo contrario es seguir sembrando vientos.
2. La reforma constitucional debe ir en el sentido del Estatuto Único para todos los territorios, con un marco competencial establecido en la propia Constitución e inamovible, de tal manera que sea imposible comprar investiduras y apoyo parlamentario para los Gobiernos que no tengan mayoría suficiente, sean de derechas o de izquierdas, con paquetes de transferencias, o sea, con millones de euros.
3. El Estado tiene que recuperar competencias esenciales, principalmente la educación. Hace más de veinticinco años que en España se educa de forma abierta en colegios e institutos a los niños y adolescentes para que no sean españoles. Es imperativo desmantelar las estructuras en el exterior que han ido creando una autonomía tras otra. La política exterior tiene que ser exclusiva del Gobierno central.
El debilitamiento de España es el de todas sus partes, aunque los señoríos ahora gozosamente establecidos en sus pequeñas taifas autonómicas estén en ellas muy a gusto. Es el común de los mortales, el sufrido contribuyente, el que padecerá las consecuencias de la debilidad del Estado en cuanto vengan mal dadas.
Resulta casi imposible que los partidos políticos acometan una reforma en firme del Estado autonómico tal y como está planteado por la sencilla razón de que tienen colocados a la mayor parte de su personal en él. Y hay mucha gente que colocar, porque la política en España se ha transformado en una actividad no solo chillona y falta de elegancia, sino llena de gente que no sabe ganarse la vida en otra cosa.

Citando a Raymond Aron, la relación entre los Estados se basa en que unos son capaces de imponer su voluntad a otros. Esto es solo un ejemplo de lo que puede ir sucediendo en el futuro en asuntos más graves y más serios a España, o sea, a las partes de España, que con el cerebro comido por las termitas de la balcanización creen que el debilitamiento de España no es el suyo también.

Libros de la autora comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/02/15/fracasologia-espana-y-sus-elites-de-los-afrancesados-a-nuestros-dias-maria-elvira-roca-barea-fracasology-spain-and-its-elites-from-the-french-influence-to-today-by-maria-elvira-roca-ba/

https://weedjee.wordpress.com/2017/08/07/imperiofobia-y-leyenda-negra-maria-elvira-roca-barea/

https://weedjee.wordpress.com/2018/11/02/6-relatos-ejemplares-6-elvira-roca-barea-6-exemplary-stories-6-by-elvira-roca-barea-spanish-book-edition/

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* The author has done it again, following the path of ¨Imperiophobia¨ in terms of documentation, well-drawn, clear arguments and I would dare to say that little refutable, illustrates how the elites from the war of succession to the present day, have turned its back on the country, either for conviction, interest, neglect or even stupidity, leading the country and what is most important to its legacy to the corner of thinking.
* She herself summarizes this fact in the following and magnificent way «subordinate elites live well because elites always live well, another thing is the people who have to endure them», and that is, it is pristine in the book since its first chapters as they have succumbed to foreign propaganda beginning with the acceptance of the French propaganda warned to weaken the powerful compound monarchy that was the Hispanic empire, to continue with the English and others, letting OTHER NATIONS WRITE THE HISTORY OF SPAIN, a factor this capital and that I can testify after two university degrees in Spain, in which Max Weber (excellent without palliative his chapter) and other foreign authors were beatified, leaving the Spaniards aside when they best describe the issues to be treated, from for example the school of Salamanca to Ortega y Gasset, replaced in many cases by the bland Rawls for example.

It must be thought that in Spain the figure of the intellectual is so frequent – or of which the air of being is given – that he has to denigrate the history of Spain, but he had never been able to find another explanation that went beyond that of that «when a ship sinks, the rats are the first to jump.» Well, this book tells us why and since when Spanish intellectuals have abandoned their position in the defense of Spain and have passed weapons and baggage to the enemy. It is very interesting. It turns out that the betrayal starts no less than in the change from the Australian dynasty to the Bourbon and has to do with a number of factors, among which the famous «black legend», the use of that black legend made the Bourbon elites to discredit the entire past of Spain and, in this way, present themselves as regenerators that lead us to a better future, to the adoption that Spanish elites made of that discourse in their own interest, and also has to do with other factors which were added later and have come to configure the current landscape. A panorama that is unparalleled in the rest of Western countries and that has nothing to do with an intrinsically Spanish deficiency, but with a deficiency of our elites, who have had no qualms about accepting privileges, but who have not fulfilled their duty to to maintain a critical thought, to question to what extent the accusations he has made from outside are true, nor have they had the courage to oppose the dominant currents when, after having investigated independently, he does not agree with what They hold those currents.
You may like each other more or less, and you may more or less agree with the author’s approach, but I think that what you cannot deny is that everything you say is very well argued and makes perfect sense.

Propaganda is a way of managing the lie that Spanish has never been able to learn. He did not know how to defend himself against it in the 16th and 17th centuries and still does not know in the 21st century. The matter is of a gravely exaggerated gravity in the times in which we have to live, since the propaganda activity has become the creator or destroyer of realities.
The French propaganda that manages to sit on the throne of Spain a grandson of Louis XIV, that is, Louis XIV, is a pure genius. The basic idea is that the king of France is the only monarch in Europe powerful enough to hold together the various territories of the Hispanic Monarchy, which is far from being an objective consideration of the situation. For starters, and immediately, there have been four wars with France, and this only during the reign of Charles II.
Paris is the European capital that has attended more parades of invading armies throughout its modern history. The scares that were passed in the time of Carlos I and later convinced the French rulers that this political line was a priority.
The reign of Carlos II lasted from 1665 to 1700, that is, thirty-five years. His mother, Mariana of Austria, was regent until the king came of age in 1675. But all that has remained of this monarch is the ridiculous episode of the spell and exorcism, which lasted only a few days. Who promoted it and who ended up sending monks to the friar and his exorcism? This is something that we must analyze carefully, since again we have that a marginal and unimportant episode hides all the rest.
If something catches the attention of the last offspring of the Spanish Habsburgs, «it is precisely his real concern for the monarchy that he has inherited and that he must bequeath, includes himself to being, with independence and greatness of mind, all the more shocking as he was in a world of intrigues

All that had existed before the arrival of Felipe V was a disaster, a backward, decadent and ruined empire. And who does not repeat with the necessary conviction this mantra does not appear in the photo. Literally. It is what happened to Oropesa, of whom we do not even keep a portrait. Ambassador Stanhope described him as the most capable man he had ever met in Spain. This selection will affect not only political life, but also the intellectual and cultural world. From this moment, showing contempt for the Spanish and admiration for what is or is beyond the Pyrenees is a rite of passage that generation after generation will be punctually fulfilled by the men of Spanish culture.

The accommodation in Spain of ideas about our country from the French Enlightenment goes in parallel and accompanied by another very important change in European culture: the birth of the intellectual as the creator of public opinion. In the eighteenth century there are poets, playwrights and writers in general who are no longer just poets, playwrights and writers. The group of those who dedicate themselves to the craft of the pen, in one way or another, has become opinion makers with the birth of ideologies. These are now the producers of morals, once religion has stopped – or is leaving – fulfilling this social function, as Habermas explains.
In the Golden Age tradition, the authors are not opinion-generating bodies or administer any morals. From the 18th century, yes. The Gordian knot here is that when this change takes place, a current of French thought is being acclimatized at the same time in the country, which is deeply Spanish-speaking for reasons that are completely understandable. That the French had made the topics of the black legend a common place in their culture since the 16th century is very reasonable and even healthy (for them). They have been fighting Spanish hegemony for more than a century. The irrational thing would have been for them to sing the excellence of Spain. But what needs real explanation is why, when Spain fights against French hegemony, for example, in the Napoleonic conflict, we find that the situation is reversed, and here we do have, and in large numbers, elites who are dedicated to sing the excellence of France and tell us that what you have to do is imitate the French and even politically accept their dominance.
The conversion of the history of Spain into a political battlefield is an achievement of the French Enlightenment. The condemnation of Spain as a Protestant, even if it had prospered within Spain, it would not have been enough, for much holy war that Protestantism unleashed against Catholicism, because each one was supported by their own faith, but the French enlightened will know how to take the final blow with the help of a new dynasty and its self-pomp machinery. It is no longer in the name of God, but of the Enlightenment, of progress and of science. They are no longer demonic or theological arguments, but rational. Spain is condemned in the name of Humanity, of Reason, of Civilization, of Modernity.

It is an accepted fact that Spanish literature in the 18th century is poor. Generations of literature teachers jump from the Baroque to Romanticism with a brief stop, sometimes in Moratín or Cadalso, and little else. It is done this way in secondary education and also in university, on many occasions. The eighteenth-century literature is boring. Actually, it does not look like literature and, as Juan Luis Alborg points out, we must always be defending it [121].
This is a strange phenomenon, but it has not aroused all the curiosity it should. The usual apparatus of explanations does not leave the topic of modernizing Bourbon reforms in the face of sterile and decadent traditionalism, of the rejection of the modernity of Spanish Cerril, of Orthodox versus heterodox …
Literature is a spiritual food necessary for the human being at all times and places. It exists with language and does not depend on writing. It is an extremely disturbing fact that, suddenly, any literature suffers a dry break. We can, of course, consider that it was irremediable that there was a decline after the glorious Golden Age. And it is true, but not quite, because what happens in the eighteenth century is not just a downturn, it is a sort of estrangement.
The Spanish language has had the most powerful oral tradition literature in the West. No other language in Europe has kept the remains of the medieval epic alive until almost right now in the romance, nor does it have a lyric that can be recorded on records, certainly, but whose heart is still oral and personal experience: flamenco . Since we have written records, popular literature, predominantly oral tradition, and cultured literature have fed each other in Spanish. It is true that this is not an exclusive phenomenon of Spanish literature, but in no other language of the neighborhood does it occur with the continuity and intensity that this feature has in Spanish literature, from the Marquis of Santillana to García Lorca.
We have moved from a literature that has an important street component to a literature that lives in the classrooms. This is seen in the theater in a very clear way. The Spanish classical theater takes place in open public spaces: the corral of comedies, the steps of the churches or cathedrals, the temples themselves, the squares … The neoclassical theater moves to other environments. Moratín does not fit in any way in a scenic space where Lope de Vega or Calderón could have lived perfectly. By the way, the theater of the Golden Age is still represented today; The eighteenth not.
In Spain there were about fifty universities in the mid-18th century. The oldest, such as Palencia or Salamanca, were six centuries old and the average was three centuries. There was, of course, a lot of quality difference between them, but most of them had deep roots. Surely they needed improvements. Now they need them too, but you can hardly improve an academic institution if you end it. As a result of the educational policy of Carlos III, Spain reached the nineteenth century with only ten universities. The king had no plan to solve the problems that the expulsion of the Company caused, in the sense of opening educational centers, and the Church had to fill the gap. If the strategic objective was to reduce their power, it was done badly: “Much of the teaching remained under the control of the clergy, who generally had better training than the lay teachers of the time. On the other hand, the emptiness left by the Jesuits came to be filled by the Piarists, especially in the first levels of instruction. There are papers and more papers about the education of the people, about how good it is to teach children in the lower classes, about the advantages of a state education, memorials on education until boring … But concrete and effective measures, much less .
So that the divorce between the elites and the people that the literature of the XVIII denounces without possibility of dissimulation is understood, we will go, as a parable, to two burials that occurred in the stage prior to the arrival of the French, one in Paris and another in Madrid. Both burials should be a point of reflection on the environment of freedom or the lack of it in which poets and artists move in France and Spain.

The writing does not intend at all to prove that the entire 18th century was a disaster and that its revision and condemnation must be urgently required. This is what the eighteenth century did with the previous ones and it is bad politics. Very bad. But there is a kind of idealization of this era that is necessary to clarify, because it is in the eighteenth century when a series of self-destructive problems are still alive: namely, the rejection of the Habsburg period and its consequent moral condemnation, and with it, due to the effect of Frenchness, comes the assumption of the argument of the black legend by a significant part of the Spanish elites in the two hemispheres.
The preceding pages are intended to explain what exactly the Spanish Empire died of. This does not mean that if there had been no dynasty change and other internal structural variations, the empire would have lasted forever, not even much longer. When you reach a certain age, you have to die. Then a disease appears that kills the weakened and aged organism. Old age is the true cause of death and the specific disease (a fall, a urine infection, a cold, etc.) is only the executing agent. If one thing doesn’t kill you, another will kill you and in not much time. It means that the Spanish Empire was going to die sooner rather than later, because there is no longer the capacity of effort needed to keep it together. And this is not strange. The amazing thing is that there once would have been and that an empire that had for most of its existence more than twenty million square kilometers, with an ocean in between, would last three centuries. It is unparalleled in the history of mankind.
It is possible that empires, in addition to gigantic historical phenomena, are also biological cycles aimed at producing diversity and counteracting the inbreeding tendencies of small groups. The great miscegenations of races in human history are due to empires.
Spain was not a cultural desert neither in the 18th century nor in the previous one. But the French-speaking graft in Spain, together with the topics of the black legend, the complex of inferiority undermined, which lasts until today, and the rejection of the Habsburg period, whose historical interpretation must necessarily be negative to justify the «reforms», the contempt for the culture itself and the undervaluation of any scientific or cultural achievement that occurs here. In no way was Spain a cultural desert. The eighteenth century was also the time of the great scientific expeditions, which saw the birth of the Royal Academy of Language, that of Jorge Juan and Celestino Mutis, which laid the foundations of scientific archeology for Spain and for the world in times of Carlos III, that of grammar compared to Hervás and Panduro.

The shameful spectacle that the Spanish elites gave in the Napoleonic crisis. The disconnection that has taken place between ordinary people and elites throughout the eighteenth century can no longer be hidden.
We are not going to relate now the events with which the War of Independence began on May 2, 1808. They are well known and have been narrated many times, but it is worth stopping at the singular fact that it is the mayors of Móstoles, from a small town on the outskirts of Madrid, who call the nation to arms to defend their independence against the invader. Where are the Spanish elites in such a bitter trance? For a very significant part has long since defected, and because he had done so it was necessary for two village mayors to assume obligations that were not his.
For several years, the entire continent was aware of what was happening in it, and as far as Pepa is concerned, its elaboration had a great influence on the development of European constitutionalism, to such an extent that the word «liberal», which It is used in several languages of the neighborhood with political sense, it comes from Spanish, although most of the Spanish cults think that liberalism in Spain is, all of it, an import.
In Spanish, the term «liberal» exists long before it had a political or economic significance. It is a cultism that enters the language with the great wave of translations of the fifteenth century. It comes from the Latin adjective liberalis-e, and has the same meaning: generous person. The Dictionary of Authorities defines «liberal» as «generous, bizarre, and that without particular end, nor touching at the extreme of prodigality, graciously gives and helps, not only to the needy, but to those who are not so, making them all good». The Universal Vocabulary in Latin and Romance of Alonso de Palencia from 1490 does not yet contain the term.
The word is widely used by the authors of the Golden Age and so Cervantes will title one of his stories The liberal lover. But as a result of the Cortes of Cádiz and the repercussion they had in Europe, the word acquires a new meaning and becomes popular.

The term «French» has a use much earlier than that of the Napoleonic wars. It appears already in the Dictionary of the RAE of 1770 with the definition of a person who «imitates with affectation customs or fashions of the French.» After the War of Independence, it acquires a new meaning that maintains and expands the previous one, that of the French supporter and, consequently, traitor. The valuation of the Frenchmen has been linked, as expected, to the ups and downs of ideologies, to the extent that the history of Spain, with rejection or admiration, is a battlefield since the arrival of the new dynasty the Damnatio memoriae of the Habsburg period was decreed. During the nineteenth century there are some examples of a favorable vision of the Frenchmen, although the memory of the war is still too present to be a majority. But in the twentieth century, a historiographic current has been consolidated, claiming them.
The difference between the authors of the Golden Age and those of the eighteenth century is that the former did not care much what it was that took the other side of the Pyrenees to run to imitate it. And when they did, like Garcilaso with Italian poetry, they knew how to give it their own authentic life. That is why they were so original and created their own classical theater and modern novel, without which we do not know what the future of Western literature would have been. But the eighteenth-century elites have no other horizon than the service to power that sustains them. The imitation always has an excess in the hue that loads the inks, due to insecurity and inauthenticity, beyond what is necessary, and it is this charge that leads them to become reactionary cigars from the aesthetic point of view. And not only aesthetic.

While the Spanish Empire fragments, there is a European expansion that from London, Paris or Amsterdam will radiate throughout the world. It is what we call «colonialism» and it is curious that few have put in relation both waves, the one that feudalizes the Spanish Empire and the one that transforms several countries of Europe into colonial powers that will spread across several continents. It is convenient that we pause a little in this nineteenth-century expansionism and in the elites that directed it so that we establish, with good knowledge, the appropriate differences with the elites that led the Spanish Empire to its fragmentation and then have directed the destinies of the fragmented parts on both sides of the Atlantic.
The importance of nineteenth-century historiography in the version of the history of Spain that is studied in schools, that is, in the version of the history of Spain that we have learned for generations and how part of the common acquis. Not one, but several major investigations are needed here, starting with the systematic and critical application of what is lately called the «reception theory» of historiographical texts as they went from their English, French and German version to their accommodation among Spanish historians, who no longer doubt that everything that has happened is what they are telling. And do not doubt because what that historiography of the France-Germany-England triangle says is not false, but does not tell the whole truth. Shut up some facts, highlight others and systematically blur the contexts in your favor.
In the nineteenth century it is already assumed inside and outside Spain that the Inquisition has been an atrocity and the culprit of a bestial phenomenon of religious intolerance unparalleled in Europe. The Inquisition singles out the history of Spain. It seems as if only in the history of Spain there was a phenomenon of religious intolerance of such magnitude. It’s not like that. The Inquisition does not cause religious intolerance. It is a consequence of her. And that intolerance exists in Europe from Gibraltar to the North Cape, because nobody, neither Danish nor Portuguese nor English, believes that he has to tolerate the one from another religion. That is why Catholics persecute Protestants, Protestants Catholics and Protestant sects persecute each other. The phenomenon is identical from north to south and from east to west. But what is typical of these centuries, the characteristic of the time, is considered a unique event in the history of Spain. Singular and heinous.

With the 98 the idea of disaster is installed for decades. There are no problems in Spain as there are anywhere else. Spain is the problem. The Spanish intellectual stands out of it, analyzes it and studies it, but obviously, it is never considered an integral part of the problem. It is a kind of transcendent God. There is little or no fondness for history compared. What is outside (Europe) is a world of virtue and progress, a canon of perfection to which Spain can only aspire but not achieve. As Catholic thought absorbs more and more complex, freethinkers of Catholic culture, surprisingly, will too. These ideas are very much alive.
There is no firm reaction from within to this situation of cultural subordination that manifests itself, among many other symptoms, not only in a lack of respect for one’s own history, but in the history used as a throwing weapon against each other. It’s been a while since the history of Spain is res nullius. Few care for her and less appreciate her. Therefore, when another process of falsification, blurring and concealment is unleashed again, as is happening, for example, with the discovery of America and Christopher Columbus in the United States in general and in California in particular, there is little or no reaction, nor political or intellectual
Spanish education during the last part of the 19th century and the beginning of the 20th century is dominated by a great attempt at pedagogical renewal known as «Krausism», by the name of its inspiring Karl Christian Friedrich Krause (1781-1832). This post-Kantian thinker is a much better known figure in Spain than in Germany. Its importance in our country is due to the fact that after a long century of Frenchering and, like this one, after the Napoleonic collapse, it was very doldrums, our elites found in it a German lighthouse (that is, prestige) for the new proposal of National salvation: Germanization. Krause was a student of Fichte and Schelling, that is, a classic product, although somewhat smaller, of German idealism.
Germanization as an offer for the future of Spain is not born with Julián Sanz del Río, but it is an idea that is already among Spanish political and intellectual elites since the first half of the 19th century. In fact, Sanz del Río does not go to Germany by chance, but is sent there in 1843 by Pedro Gómez de la Serna, a politician linked to General Espartero and at that time Minister of the Interior.
The fundamental problem of Krausism is that it is born already outdated, like almost all Spanish Germanization, that is, it believes that what is no longer fashionable, like Moratín with the theater, is up to date. Krausism is an indigestible mystic who fortunately read very few people. Sanz del Río calls Krausism «new philosophy».

Nationalism feeds primarily on the excessive attention given to it. In the last decades a social morbidity has developed in crescendo that resembles those wounds that sometimes end up killing the thoughtless hens, that when they have a tiny sore they get to peck on it again and again, so that the The wound is getting bigger and bigger the damage and, then, instead of standing still so that it heals, they peck more and more until a real gap is produced. The more they peck, the more it bothers them and, the more it bothers them, the more they peck. A true vicious circle.
Peripheral nationalisms begin to manifest in Spain at the end of the 19th century as a rejection of the liberal state and the new concept of national sovereignty that was born with the Constitution of Cádiz. It has from the beginning four very clear characteristics, say, that four power supplies:
– It’s racist.
– It draws on the black legend.
– Claim privileges.
– Speak in the name of the territory it colonizes, not about itself.

The problem that Spain suffers with peripheral nationalisms is old. It exists at least since the last decade of the 19th century in an open and manifest way. We must understand here nationalism as the challenge of Spain and its manifestation through a State in two aspects: either directly considers that region X is not part of Spain and defends its political independence from the State of which it is not considered an integral part , or it intends to maintain with that State a particular and unique relationship that the nationalists of the region X must establish according to their particular criteria, since they are the only true interlocutors as the priestly body of the small nation mistreated and oppressed by Spain. The matter has been kicking for a long time without having been large doses of creativity since its first manifestations.

In a few years, Christopher Columbus has become the number one public enemy. Behind California, half the world will go, because this discourse will become dominant in the United States and, therefore, in the Anglosphere, and from there it will pass to the rest. Of course, a part of our elites has already begun (never really stopped doing so) to buy the dominant discourse. This story is supposed to be progressive, as it was in the case of the French. Not at all this is so. It is a reactionary discourse, because it is conformist and accommodative with respect to the dominant power, whatever. When that power was French, the speech of many of our elites became French. And if that power had been of Mars, it would have been martyred. Now, the discourse that sells the dominant power is called indigenismo and our elites will copy it too. Note that when the French hispanophobic discourse promotes the topics of the destructive Spain of the Indies and the inventor Spain of the Inquisition, that discourse promoted by the French elites never deals with the destructive France of the Indies, because France also had an American Empire , nor of inquisitorial France, although France also had an Inquisition. Now the exact same thing happens.
The lie is not fought with the truth, but by understanding the reasons why that lie has been told and acting accordingly. Without the process of understanding and reflection on the mechanisms that support and rely on this falsification there is no useful reaction. Reducing everything to the basics, the question could be substantiated in the following: ¿cui prodest ?, Who benefits from this lie, or fake news, or what do we want to call it? This is the main thing, because nothing exists for nothing. The facts, because we are not going to break now with twenty-five centuries of Aristotelian tradition. In what follows there are some truths about what actually happened with the indigenous populations in that California where today they take statues from Columbus and streets to Fray Junipero Serra because, apparently, they are to blame for not knowing what genocides that happened a lot after both died.
The history of California has been mixed with that of Spain for centuries, starting with its own name. We do not know whose idea it was to call that region of the world, possibly from a Spanish explorer from Hernán Cortés. The word comes from Las sergas de Esplandián, by Garci Rodríguez de Montalvo. We keep the edition of 1510, but possibly saw the light before, around 1495, although we have no copies of it.
California was a region of Mexico until the Treaty of Guadalupe Hidalgo in 1848, which ended the war between the United States and Mexico, which lost 52% of its territory. In the time of Fray Junipero, California is part of the Viceroyalty of New Spain and the activity of the Franciscans takes place under the Mexican viceregal government. It is, therefore, part of the history of Mexico.
The treaty establishes the protection of civil and property rights of Mexicans who remained in the new US territory. But when the United States Senate ratified the treaty in English, it eliminated Article 10, which guaranteed the protection of property rights given by both viceregal governments and independent Mexico. It also amended article 9, which guaranteed the citizens’ rights of the pre-existing population.
The indigenous population of California disappears not during the time of the Franciscan missions, but after the incorporation of the territory to the United States of America.
When the WASP (White, Anglo-Saxon Protestant) occupy California, there is a large Spanish-speaking population that was named in English under the term «Californium», which is still used, although less than a century ago. The ineffable Wikipedia in English defines it this way: «Is a term for a Hispanic person native of California, who is culturally or genetically descended from the Spanish-speaking community that existed in the Californias since 1683, of varying Criollo Spaniard, Mestizo, and Indigenous Californian origin. Alongside Tejanos and Neomexicanos, Californios are part of the largest Chicano / Mexican / American / Hispano community of the United States which have lived in the American Southwest (also known as Aztlán) since 16th Century».

Hunger was one of the most effective ways to decimate Indian populations in reserves. On March 3, 1853, Arkansas Senator William Sebastian explains to the United States Senate: «The superintendent has received credible information that fifteen thousand [California Indians] have perished from starvation during this season.» . Madley states that this happened mainly because the treaties were not respected, so that the living conditions in the reserves led to death. At the same time, the violence, with state support, led the Indians to take refuge in the poorest areas, where there was little food, and, in addition, in those areas they had to keep moving constantly to avoid the attacks. This evidently prevented them from any form of agriculture.
All this is to make it clear that the extermination of the indigenous population was a State policy practiced by the authorities of the United States of America with full knowledge of the cause.
All this is to make it clear that the extermination of the indigenous population was a State policy practiced by the authorities of the United States of America with full knowledge of the cause. Just read Madley’s chapter entitled «Rise of the Killing Machine.»
The Indian hunting profession became a lucrative activity. Some became very famous and rich, although this is not told by the western, which offers a very epic and beautiful version of the conquest of the west.
English, French and Dutch usually attribute to each other the dubious honor of having popularized the start of hair and turned it into a business. In any case, what is clear is that it was not the Indians who turned this aberration into a popular and profitable activity.
A few years ago a cartoon series was filmed called Conquista-Dora, which I think has not been seen in Spain, but in schools in the United States. It served and serves to teach children how the Spaniards killed, looted and raped. The series is a kind of shake of Dora the Explorer. Conquista-Dora told how the Spaniards used contaminated smallpox blankets to exterminate the Indians. Probably because its creators knew the episode of the Ford Pitt blankets and should have thought that this was done by everyone. Or perhaps it is the sign of an authentic paranoid of fault transfer, which should not be surprising that it nested at the bottom of the Puritan mentality. The matter of the blankets really happened, but in Pittsburgh (then Ford Pitt) in 1763.

In the United States, the loss of hegemony will occur irremissibly and much sooner than previously thought. Not by rearranging the balances of power that govern the West since the Westphalia treaty. China learns that phagocycling itself is not a solution or system that can last much longer, and in a few decades it becomes an economic giant. This is the great competitor of the American Empire, both harder and harder to overcome as impossible to understand. The Westernization of the Chinese is superficial and does not affect the hard core of their mentality and culture. We do not understand them, but they do. Perfectly.
He is the enemy of American hegemony, but, when one feels in danger, he reacts by putting in place the mechanisms of self-defense that he has written in his cultural DNA. When insecurity in their own power increases, it seems that all enemies grow, even those that are little or not at all aggressive, as is the Hispanic world. In any case, it is always convenient to activate the dual self-assertion mode. And that way, in the WASP world, as in all the territories that have written in their foundational myths the Spanish demon, consists in reediting by any procedure the generating mechanism of supremacist endorphins that is to attack the Spanish Empire, its achievements and symbols. And on the way, self-satisfaction is generated, it contributes very actively to the Hispanic world, all of it, remaining in its situation of assumed inferiority.

The Spanish Empire is a huge historical reality that needs to be studied and understood beyond all the prejudices that accumulate on it. And this, for starters, out of pure desire for knowledge. The history of the Spanish Empire is not history of Spain, it is history of the world. In the same way that the history of Rome does not belong to the Italians, the history of the Spanish Empire does not belong to Spain. Now, the warped history of that empire weighs on Spain and the Hispanic nations of today as a slab. It is the main argument of the perpetual adjustment of accounts that locks all the countries that were born from the extinct Spanish Empire and is, therefore, a leading factor in the problem of cultural subordination and assumed moral inferiority that affects the entire Hispanic world. This is a fact that should have been understood and studied by our intellectuals a long time ago. Instead he chose to look the other way.

On the territorial problem that Spain has right now. We said that there are no solutions because they look where they are not. The problem is not that there are balkanizing tendencies in Spain. This is quite common. The problem is that non-Balkan political forces, which are majority and say that constitutionalists, have been unable to offer a common front that neutralizes Balkanization and prevents it from continuing to destroy the constitutional order. A democracy cannot integrate any tendency that arises on the horizon and, of course, cannot sustain itself in a State that feeds structures that work for its own destruction. Our political elites today and in the Transition ignore the lessons of history. That the First Republic ended in a phenomenon of spermic and dangerous cantonalization, and that the Second Republic, among other factors, led to an unsustainable situation of Catalan secessionism. But still Azana had arrests to do what Rajoy did not do at the same juncture.
The idea of autonomy begins to gain prestige in Spain with a series of articles published by Ortega between November 1927 and February 1928.

The 1978 Constitution mainly needs three modifications:
1. Resolve the inequality enshrined in its articles by referring to «regions and nationalities» (Article 2) and by granting in Historic Provision I historical rights to the territorial territories. This in practice has led to asymmetric confederation. There is only one autonomous regime capable of stabilization: the one that guarantees equality among all Spaniards. The opposite is to continue sowing winds.
2. The constitutional reform must be within the meaning of the Single Statute for all territories, with a competency framework established in the Constitution itself and immovable, so that it is impossible to buy investiture and parliamentary support for governments that do not have a sufficient majority, either right or left, with transfer packages, that is, with millions of euros.
3. The State has to recover essential skills, mainly education. For more than twenty-five years in Spain, children and adolescents are openly educated in schools and institutes so that they are not Spanish. It is imperative to dismantle structures abroad that have created one autonomy after another. Foreign policy must be exclusive to the central government.
The weakening of Spain is that of all its parts, although the manors now joyfully established in their small regional taifa reign are very comfortable in them. It is the common of mortals, the suffering taxpayer, who will suffer the consequences of the weakness of the State as soon as they come badly given.
It is almost impossible for political parties to undertake a firm reform of the autonomous State as it is posed for the simple reason that they have placed most of their personnel in it. And there are many people to place, because politics in Spain has become an activity not only squeaky and lack of elegance, but full of people who do not know how to make a living in something else.

Quoting to Raymond Aron, the relationship between states is based on the fact that some are able to impose their will on others. This is just an example of what may happen in the future in more serious and more serious matters to Spain, that is, to the parts of Spain, which with the brain eaten by the termites of the Balkanization believe that the weakening of Spain It is not yours too.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2020/02/15/fracasologia-espana-y-sus-elites-de-los-afrancesados-a-nuestros-dias-maria-elvira-roca-barea-fracasology-spain-and-its-elites-from-the-french-influence-to-today-by-maria-elvira-roca-ba/

https://weedjee.wordpress.com/2017/08/07/imperiofobia-y-leyenda-negra-maria-elvira-roca-barea/

https://weedjee.wordpress.com/2018/11/02/6-relatos-ejemplares-6-elvira-roca-barea-6-exemplary-stories-6-by-elvira-roca-barea-spanish-book-edition/

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