Ciberleviatán. El Colapso De La Democracia Liberal Frente A La Revolución Digital — José María Lassalle / Cyberleviathan. The Collapse of Liberal Democracy Against the Digital Revolution by José María Lassalle (spanish book edition)

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Un muy buen ensayo. Como siglos atrás los luditas. Hoy en día, un temor parecido al de aquellos luditas comienza a extenderse en nuestras sociedades. Esta vez no es la máquina física sino la máquina informática la que amaga con dejar sin ocupación a millones de personas, cuyas labores se tornan innecesarias o irrelevantes debido a la creciente digitalización, al trabajo a distancia, a la economía colaborativa apoyada en la tecnología digital y, en el futuro inmediato, por la inteligencia artificial (IA).
La IA está reestructurando la vida humana de maneras inimaginables. Con ella, inclusive ciertas ocupaciones en las que damos por indispensable la capacidad intelectual y emocional humana terminarán por extinguirse, reemplazadas por sistemas increíblemente complejos capaces de emularla.
Nos hallamos ante un nuevo poder tecnocrático que aspira a la omnipresencia y la omnisciencia. Que decide por nosotros lo mismo en aspectos de nuestra vida personal que en el manejo de los asuntos públicos que la democracia deposita en cada ciudadano: «La técnica ha dejado de ser instrumental para convertirse en una hybris irrefrenable que altera ontológicamente al ser humano. Entra en su interior y lo resignifica, cambiando su disposición a encarar su existencia desde la confianza en sí mismo. Le hace vivir, como ya sabemos, una libertad asistida que lo devuelve a la infancia».
¿Seremos capaces de construir esa solución cuando las grandes potencias —Estados Unidos, China y Rusia— parecen enfilarse complacidas hacia esa distopía de absoluto control digital que cosifica al ser humano? La respuesta, una vez más, está en el liberalismo. En un liberalismo tecnológico.

Una figura destaca sobre el horizonte de incertidumbres, malestares y miedos que acompaña el comienzo del siglo XXI. Se trata por ahora de una silueta por definir. Una imagen que todavía no refleja con exactitud sus contornos pero que proyecta una inquietud en el ambiente que nos previene frente a ella. Su aparición delata un movimiento de alzada vigorosa, que lo eleva sobre la superficie de los acontecimientos que nos acompañan a lo largo del tránsito del nuevo milenio.
Un mundo de fibra óptica y tecnología 5G, dominado por una visión poshumana, que desbordará y marginará el concepto que hemos tenido del hombre desde la Grecia clásica a nuestros días.
El mundo evoluciona a lomos de la revolución digital hacia una nueva experiencia del hombre y del poder.
Avanzamos hacia una concentración del poder inédita en la historia. Una acumulación de energía decisoria que no necesita la violencia y la fuerza para imponerse, ni tampoco un relato de legitimidad para justificar su uso. Estamos ante un monopolio indiscutible de poder basado en una estructura de sistemas algorítmicos que instaura una administración matematizada del mundo.

Los datos son la nueva estructura del mundo y el vector de los cambios que produce la revolución digital. Configuran el alfabeto que luego los algoritmos, como gestores matemáticos de la información que circula por internet, frasean narrativamente. Con ellos se confecciona el relato de nuestro tiempo posmoderno y se escribe la historia que está cambiando radicalmente la fisonomía del planeta al plasmar no solo la deslocalización que impone el fenómeno global sino la modificación de todos los paradigmas que nos acompañan desde la Modernidad a nuestros días.
La política y la economía del siglo XXI son ya un producto de los datos. Lo hacen de manera desnuda sin grandes teorizaciones detrás.
El poder real ya es tecnológico y se basa en la soberanía de los datos. Es un poder que no necesita teorizarse porque, como ya aventuró Chris Anderson en la revista Wired, no se funda en marcos conceptuales sino en un conocimiento inductivo que se obtiene de correlaciones realizadas en grandes masas de datos.
Entre estas escombreras analógicas que está generando la transformación digital, el hombre es, por tanto, el epicentro del seísmo, pues, su capacidad de interpretar y proyectarse sobre el mundo se está modificando radicalmente debido a su relación con la tecnología. Primero, porque la experiencia de lo humano a partir de lo corpóreo está amenazada como consecuencia de la paulatina transformación virtual de la subjetividad. Y segundo, porque el hombre está perdiendo no solo el monopolio de interpretación del mundo, sino también el poder de decisión sobre él. Desplazado por la IA y los algoritmos, el ser humano está cayendo en desgracia ante sus propias criaturas tecnológicas, desbordado por sus efectos y sustituido por sus consecuencias.
A medida que la revolución digital progresa, el Homo digitalis va desarrollando la identidad que lo hará parte de las multitudes digitales que aclamarán el pacto social del que surja el Leviatán tecnológico y desde el que se reorganizará la arquitectura artificial de un poder concebido como un panóptico perfecto.

El Ciberleviatán avanza sin resistencias ofreciendo a la humanidad una zona de confort en medio de las incertidumbres que provoca el desvanecimiento de la solidez corpórea como referente de lo humano. Dentro del perímetro acristalado de las pantallas se ofrece orden y seguridad mediante un eterno presente, sin horizonte ni memoria, que se ilumina constantemente ante nuestros ojos mediante un flujo infinito de información que interpreta el mundo para nosotros, pero sin nosotros. Un flujo que nos succiona en forma de datos y nos reconfigura como parte de una soberanía tecnológica asentada sobre una mutación de nuestra identidad que nos hace renunciar a ser ciudadanos para convertirnos en un zoon elektronikón.

La libertad está desapareciendo como fundamento de la subjetividad humana entrado el siglo XXI. Porque se abre paso el triunfo de una razón calculadora que reinterpreta el mundo y a los hombres que lo habitan dentro de un cifrado matemático de datos que planifica una nueva forma de vida social: la sociedad de los comportamientos19. Y porque dentro de ella la subjetividad humana se pliega a su planificación debido a una dependencia tecnológica que no ofrece más libertad sino que la quita dentro de un universo virtual codificado al que hay que someterse sin réplica. De este modo, la esencia humana se desapodera dentro de una realidad aumentada que nos libera de la pesada carga de ser libres al crear la ficción algorítmica de que la plasmación plena de nuestra libertad está en su copia: en el simulacro de haber alcanzado una libertad perfecta al estar tecnológicamente asistida.

El futuro de la humanidad no viene marcado por la inevitabilidad del Ciberleviatán. A pesar de la enorme capacidad de seducción que proyectan sus profetas, sigue siendo vulnerable si logramos provocar una sublevación de la capacidad crítica de la inteligencia humana. Para ello hay que estimular el apetito de libertad que subyace en el inconsciente del hombre y defender con toda la fuerza de la imaginación que la humanidad se abra a la experiencia liberadora de una democracia que encuentre en la técnica una aliada y no su verdugo.
Debemos impulsar un humanismo tecnológico que siga manteniendo al hombre en el centro de la creación y de la interpretación del mundo. Un humanismo a cuyo servicio debe imaginar nuevas ideas un liberalismo que tiene la oportunidad de volver a reivindicarse como un motor de progreso, cambio y dignificación del ser humano. Un pensamiento renovado para el siglo XXI, dispuesto a seguir contribuyendo a que, gracias al liderazgo de este proyecto, Europa y América Latina puedan seguir siendo una espacio para la esperanza del conjunto de la humanidad.

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/10/14/contra-el-populismo-cartografia-de-un-totalitarismo-postmoderno-jose-maria-lassalle-against-populism-cartography-of-a-postmodern-totalitarianism-by-jose-maria-lassalle-spanish-book-edit/

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A very good essay. As centuries ago the Luddites. Today, a fear similar to those of Luddites begins to spread in our societies. This time it is not the physical machine but the computer machine that threatens to leave millions of people unoccupied, whose work becomes unnecessary or irrelevant due to the growing digitalization, distance work, the collaborative economy supported by digital technology and, in the immediate future, by artificial intelligence (AI).
AI is restructuring human life in unimaginable ways. With it, even certain occupations in which we consider human intellectual and emotional capacity to be indispensable, will eventually be extinguished, replaced by incredibly complex systems capable of emulating it.
We are faced with a new technocratic power that aspires to omnipresence and omniscience. That decides for us the same in aspects of our personal life that in the handling of public affairs that democracy deposits in each citizen: «The technique has ceased to be instrumental to become an uncontrollable hybris that alters the human being ontologically. He enters inside and resignifies him, changing his disposition to face his existence from self-confidence. It makes him live, as we know, an assisted freedom that returns him to childhood.
Will we be able to build that solution when the great powers – the United States, China and Russia – seem to be pleased to move towards that dystopia of absolute digital control that reifies human beings? The answer, once again, is in liberalism. In a technological liberalism.

A figure stands out on the horizon of uncertainties, discomforts and fears that accompanies the beginning of the 21st century. It is for now a silhouette to be defined. An image that still does not accurately reflect its contours but that projects a restlessness in the environment that prevents us from facing it. Its appearance betrays a vigorous rise movement, which elevates it on the surface of the events that accompany us along the transit of the new millennium.
A world of fiber optic and 5G technology, dominated by a posthuman vision, that will overwhelm and marginalize the concept we have had of man from classical Greece to the present day.
The world evolves on the back of the digital revolution towards a new experience of man and power.
We are moving towards a concentration of unprecedented power in history. An accumulation of decisive energy that does not need violence and force to impose itself, nor a legitimacy account to justify its use. We are facing an indisputable monopoly of power based on a structure of algorithmic systems that establishes a mathematical administration of the world.

Data is the new structure of the world and the vector of the changes produced by the digital revolution. They configure the alphabet that then the algorithms, as mathematical managers of the information circulating on the internet, phrase narratively. With them the story of our postmodern time is made and the story is written that is radically changing the physiognomy of the planet by not only translating the relocation imposed by the global phenomenon but the modification of all the paradigms that accompany us from Modernity to the present day .
The politics and economy of the 21st century are already a product of the data. They do it in a naked way without great theorizations behind.
The real power is already technological and is based on the sovereignty of the data. It is a power that does not need to be theorized because, as Chris Anderson already ventured in Wired magazine, it is not based on conceptual frameworks but on inductive knowledge that is obtained from correlations made in large masses of data.
Among these analogue dumps that digital transformation is generating, man is, therefore, the epicenter of the earthquake, because his ability to interpret and project himself on the world is being radically modified due to his relationship with technology. First, because the experience of the human from the corporeal is threatened as a consequence of the gradual virtual transformation of subjectivity. And second, because man is losing not only the monopoly of interpretation of the world, but also the power of decision over him. Displaced by AI and algorithms, human beings are falling out of favor with their own technological creatures, overwhelmed by their effects and replaced by their consequences.
As the digital revolution progresses, Homo digitalis develops the identity that will make it part of the digital multitudes that will enlighten the social pact from which the technological Leviathan arises and from which the artificial architecture of a power conceived as a panoptic will be reorganized perfect.

Cyberleviatán advances without resistance offering humanity a comfort zone amidst the uncertainties caused by the fading of corporeal solidity as a reference for the human. Within the glazed perimeter of the screens, order and security are offered through an eternal present, without horizon or memory, which is constantly illuminated before our eyes through an infinite flow of information that interprets the world for us, but without us. A flow that sucks us in the form of data and reconfigures us as part of a technological sovereignty based on a mutation of our identity that makes us give up being citizens to become a zoon elektronikón.

Freedom is disappearing as the foundation of human subjectivity entered the 21st century. Because the triumph of a calculating reason that reinterprets the world and the men who inhabit it within a mathematical data encryption that plans a new form of social life: the society of behaviors19. And because within it human subjectivity folds to its planning due to a technological dependence that offers no more freedom but removes it within a coded virtual universe to which one must submit without replication. In this way, the human essence becomes deprived within an augmented reality that frees us from the heavy burden of being free by creating the algorithmic fiction that the full expression of our freedom is in its copy: in the simulation of having achieved freedom Perfect to be technologically assisted.

The future of humanity is not marked by the inevitability of Cyberleviathan. Despite the enormous capacity of seduction projected by his prophets, he remains vulnerable if we manage to provoke an uprising of the critical capacity of human intelligence. For this we must stimulate the appetite for freedom that underlies the unconscious of man and defend with all the force of the imagination that humanity opens to the liberating experience of a democracy that finds an ally in the technique and not its executioner.
We must promote a technological humanism that continues to keep man at the center of creation and interpretation of the world. A humanism at whose service new ideas must be imagined, a liberalism that has the opportunity to reclaim itself as an engine of progress, change and dignification of the human being. A renewed thought for the 21st century, ready to continue contributing so that, thanks to the leadership of this project, Europe and Latin America can continue to be a space for the hope of humanity as a whole.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2019/10/14/contra-el-populismo-cartografia-de-un-totalitarismo-postmoderno-jose-maria-lassalle-against-populism-cartography-of-a-postmodern-totalitarianism-by-jose-maria-lassalle-spanish-book-edit/

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