Contra Amazon — Jorge Carrión / Against Amazon by Jorge Carrión

933A031D-E9AD-4C38-8C74-6AF09AE579D2
Me ha gustado bastante el libro del autor y coincido con el autor, la comodidad del gigante fundado por Bezos te hace perder la esencia de muchas cosas con sus trampas comerciales.

I. PORQUE NO QUIERO
SER CÓMPLICE DE UNA EXPROPIACIÓN
SIMBÓLICA
II. PORQUE TODOS SOMOS CÍBORGS,
PERO NO ROBOTS
Todos llevamos implantes.
Todos dependemos de esa prótesis: nuestro teléfono móvil.
Todos somos cíborgs: bastante hombres, un poco máquinas.
Pero no queremos ser robots.
El trabajo que deben realizar los empleados de Amazon es robótico. Lo ha sido desde el principio: en 1994, cuando eran cinco personas trabajando en el garaje de la casa de Jeff Bezos en Seattle, ya estaban obsesionados con la rapidez. Lo ha sido durante veinte años, llenos de historias de estrés laboral y de acoso y de trato inhumano para lograr la maldita eficiencia extrema que sólo es posible si eres una máquina.
Ahora los amazonians son auxiliados por robots Kiva, capaces de levantar 340 kilos de peso y de moverse a metro y medio por segundo. Sincronizados con los trabajadores humanos a través de un algoritmo, se ocupan de elevar los estantes para facilitar la recogida de los productos. Una vez se han reunido los productos que el cliente ha comprado, otra máquina, llamada Slam, con su gran cinta transportadora, se encarga de escanearlos y empaquetarlos.
Kiva y Slam son los productos de años de investigación.
III. PORQUE RECHAZO LA HIPOCRESÍA
La librería Europa de Barcelona fue cerrada por, entre otros delitos, incitar al odio, pero Amazon no. Pese a que en muchos países donde actúa sea delito negar el holocausto.
Amazon defiende que no cree en la censura. Por eso mantuvo en venta, pese al clamor en contra, The Pedophile’s Guide to Love and Pleasure: a Child-lover’s Code of Conduct, de Phillip R. Graves, aunque finalmente tuvo que retirarlo. Antes ocurrió algo similar con Understanding Loved Boys and Boylovers, de David L. Riegel. Abogó por la posibilidad de que sus clientes accedan a esos libros que defienden el amor sensual a los niños, como lo hacen los que promueven las ideas nazis, porque supuestamente no desea censurar. Sin embargo, lo cierto es que censura o privilegia los libros según le interesa.
IV. PORQUE NO QUIERO
SER CÓMPLICE DEL NEOIMPERIO
En Amazon no hay libreros. La prescripción humana fue eliminada por ineficaz. Por torpedear la rapidez, el único valor de la empresa. La prescripción está en manos de un algoritmo. El algoritmo es el colmo de la fluidez. La máquina convierte al cliente en prescriptor. Los clientes que compraron este producto también compraron. La autoedición deja el proceso en manos del productor. Amazon elimina a los intermediarios o los hace invisibles (equivalentes a robots). Parece una máquina de ordenar. Aspira a ser tan fluida que parezca invisible. Eliminando los gastos de envío, regateando con sus grandes clientes para conseguir el menor precio posible para el cliente individual, Amazon parece barato. Muy barato. Pero ya sabemos que lo barato sale caro. Muy caro. Porque la invisibilidad es un camuflaje: todo es tan rápido, tan transparente, tan fluido, que parece que no hay intermediación. Pero sí la hay. La pagas en dinero y en datos.
V. PORQUE NO QUIERO QUE ME
ESPÍEN MIENTRAS LEO.
VI.PORQUE DEFIENDO LA LENTITUD
ACELERADA, LA RELATIVA PROXIMIDAD
Ha llegado nuestro momento.
Amazon se apropió de nuestros libros. Nosotros nos apropiaremos de la lógica Amazon.
Primero, convenciendo al resto de lectores de la necesidad del tiempo dilatado. El deseo no puede ser inmediatamente colmado, porque entonces deja de ser deseo. Necesitamos las librerías de cada día para que sigan generando las cartografías de todas esas lejanías que nos permiten ubicarnos en el mundo.
VII. PORQUE NO SOY INGENUO
No: no lo soy.
No soy ingenuo. Veo series de Amazon. Compro libros que no se pueden conseguir de otro modo en IberLibro.com, que pertenece a AbeBooks.com, que en 2008 fue comprada por Amazon. Busco constantemente información en Google. Y le regalo constantemente mis datos, más o menos maquillados.
Sé que son los tenores de la globalización.
Sé que su música es la del mundo.
Pero creo en la resistencia mínima y necesaria. En la preservación de ciertos rituales. En la conversación, que es arte del tiempo; en el deseo, que es tiempo hecho arte. En silbar, mientras paseo entre mi casa y una librería.

Las grandes librerías del mundo son librerías pequeñas. En cada país, en cada ciudad tengo algunas librerías favoritas a las que siempre vuelvo. En Madrid, la librería Antonio Machado; pero me gustan también mucho las librerías de libros de segunda mano, hay una en la calle de Prado, otra cerca de la plaza de la Ópera. Me importa siempre esa relación con el librero. Y hay una distinción importante. Las librerías de libros nuevos frente a las de libros usados. Yo prefiero las librerías de libros usados, me gustan los libros con biografía, me gusta descubrir a viejos amigos y encontrar obras relacionadas con los libros que ya conocía. Obviamente entre los libros nuevos siempre hay cosas que a uno le sorprenden, sobre todo en el área del ensayo, el ensayo literario ha encontrado un auge en este tiempo y me encantan esos ensayos inauditos, sobre la historia del cabello o libros sobre los transportes públicos, cosas así, inesperadas. Es cierto que en muchos lugares las librerías han desaparecido. Nueva York, que era una ciudad de librerías, ha sufrido una auténtica extinción; pero hay unas pocas librerías que sobreviven, como reliquias de un tiempo que ha pasado.

Las preguntas que plantea una librería no son intercambiables, sino personales. Cada lector tiene sus propias librerías, su propia colección, sus propios recuerdos. Porque sin las primeras librerías no existirían las otras. Si no te convertiste de joven en un amante de las librerías, en un yonqui libresco, es improbable que después te dediques a perseguirlas en tus viajes y a investigar sus historias y sus mitos y –⁠en fin⁠– a leerlas.

«En el siglo X, en Persia, el gran visir al-Sahib ibn Abbad al-Qasim, con el fin de no separarse de su colección de 17.000 volúmenes durante sus viajes», nos cuenta Alberto Manguel en Una historia de la lectura, «se la hacía transportar por una caravana de cuatrocientos camellos adiestrados para caminar en orden alfabético.»
Desde la biblioteca de Alejandría hasta nuestros días el ser humano no ha cesado de imaginar, construir, poblar, destruir, salvar, quemar, recrear, reconstruir y hasta defender con uñas y dientes sus bibliotecas. Animales coleccionistas, adictos al archivo, otro nombre posible para el Homo sapiens sapiens podría haber sido el de Homo bibliotecario.

¿Por qué no ha existido una iniciativa por parte de Planeta, RBA o Penguin Random House? ¿Por qué la industria del libro no ha apostado por una defensa de las librerías como templos emocionales de los lectores? Amazon.es –⁠que en octubre comenzó a vender alimentos⁠– sigue sin dar cifras de sus ventas. En ellas, supongo, está una de las razones de por qué no ha existido la campaña «Benditas librerías».
Para Coca-Cola cada botella o lata tiene el mismo valor. Para las grandes editoriales hay dos categorías de libros: los extras, que son legión, y un selecto grupo de actores y actrices protagonistas.
De los 46 productos que se anuncian en la página principal de Amazon, sólo seis son libros. Eso sí, son los primeros y más visibles. Paradójicamente, en una época en que supuestamente las librerías no inspiran consumo masivo, el supermercado virtual más poderoso del mundo se apropia del prestigio libresco. No sólo eso: abre una librería física ese gesto y se convierte inmediatamente en una noticia global, que nos hace olvidar que también vende batidoras, televisores o comida congelada; o que Internet Bookshop Italia, que lleva casi veinte años en el mercado online, se convirtió en 2012 en una cadena de librerías, con sedes por todo el país, algunas tan espectaculares como la de la via Nazionale de Roma. Los medios de comunicación publicitan incansablemente la expansión de Amazon mientras insisten en la extinción de las librerías.

Bunkitsu en Japón logra ser económicamente sostenible cuestionando una verdad consensuada (pura inercia o herencia): ¿curiosear en una librería tiene que ser gratis?… Esa adaptación no sólo la están llevando a cabo las nuevas librerías independientes de Japón: Tsutaya se expande reinventando las grandes superficies. La empresa nació en 1983 y se dedicó durante más de dos décadas sobre todo al comercio y al préstamo online –⁠en paralelo a Amazon o a Netflix⁠–; pero en esta década ha abierto enormes librerías físicas en varias ciudades del país, en alianza ni más ni menos que con Starbucks. Sus libreros también son denominados «conserjes», porque el modelo es aspiracional, que el lector se sienta en un hotel cinco estrellas.
Las dos más impresionantes tal vez sean la de los dos barrios más exclusivos de Tokio: Daikanyama y Ginza.
Como la numismática o la filatelia, la bibliofilia es una afición más propia del museo que de la vida. Es un anacronismo que transporta a una época en que la lectura era patrimonio exclusivo de una élite.
Y lo cierto es que si eres amante de los libros, aunque no te gastes una fortuna en ejemplares únicos ni en volúmenes exóticos, no dejas de comprar otros libros, libros de bolsillo, novedades, libros de segunda mano, porque la pulsión es tiranía. Si eres amante de los libros las paredes de tu casa se van a ir revistiendo de anaqueles, hasta cubrirlas por completo. Si eres amante de los libros con el tiempo irás olvidando que tu casa tenía paredes. Si eres amante de los libros, en fin, estás condenado a ser anacrónico, porque el precio del metro cuadrado no permite las bibliotecas infinitas. Pero ¿podemos acaso los seres humanos no vivir en constante estado de contradicción?…

—————

0B5ABC88-09D8-447D-A911-B69AC11096D3
I really liked the author’s book and I agree with the author, the comfort of the giant founded by Bezos makes you lose the essence of many things with their commercial traps.

I. BECAUSE I DON’T WANT
BE COMPLIANCE OF AN EXPROPIATION
SYMBOLIC
II. BECAUSE WE ARE ALL CIBORGS,
BUT NOT ROBOTS
We all carry implants.
We all depend on that prosthesis: our mobile phone.
We are all cyborgs: quite men, a little machines.
But we don’t want to be robots.
The work that Amazon employees must do is robotic. It has been since the beginning: in 1994, when there were five people working in the garage of Jeff Bezos’s house in Seattle, they were already obsessed with speed. It has been for twenty years, full of stories of workplace stress and harassment and inhuman treatment to achieve the damn extreme efficiency that is only possible if you are a machine.
Now the Amazonians are helped by Kiva robots, capable of lifting 340 kilos of weight and moving to a meter and a half per second. Synchronized with human workers through an algorithm, they take care of raising the shelves to facilitate the collection of products. Once the products that the customer has bought have been assembled, another machine, called Slam, with its large conveyor belt, is responsible for scanning and packaging them.
Kiva and Slam are the products of years of research.
III. BECAUSE I REJECT HYPOCORESY
The Europa bookstore in Barcelona was closed for, among other crimes, inciting hatred, but Amazon did not. Although in many countries where it acts it is a crime to deny the holocaust.
Amazon defends that it does not believe in censorship. That is why he kept the sale, despite the clamor against, The Pedophile’s Guide to Love and Pleasure: a Child-lover’s Code of Conduct, by Phillip R. Graves, although he eventually had to withdraw it. Something similar happened before with Understanding Loved Boys and Boylovers, by David L. Riegel. He advocated the possibility that his clients access those books that defend sensual love for children, as do those who promote Nazi ideas, because he supposedly does not want to censor. However, the truth is that he censures or privileges books as he is interested.
IV. BECAUSE I DO NOT WANT TO
BE A COMPLIANCE OF THE NEOIMPERY
In Amazon there are no booksellers. The human prescription was eliminated as ineffective. For torpedoing speed, the only value of the company. The prescription is in the hands of an algorithm. The algorithm is the height of fluency. The machine turns the customer into a prescriber. Customers who bought this product also bought. Self-publishing leaves the process in the hands of the producer. Amazon eliminates intermediaries or makes them invisible (equivalent to robots). It looks like an ordering machine. It aspires to be so fluid that it seems invisible. Eliminating shipping costs, haggling with its large customers to get the lowest possible price for the individual customer, Amazon seems cheap. Very cheap. But we already know that cheap is expensive. Very expensive. Because invisibility is a camouflage: everything is so fast, so transparent, so fluid, that there seems to be no intermediation. But there is. You pay it in money and in data.
V. BECAUSE I DON’T WANT ME
SPY WHILE I’M READING.
VI.DEFENDING THE LENTITURE
ACCELERATED, THE RELATIVE PROXIMITY
Our time has come.
Amazon appropriated our books. We will appropriate the Amazon logic.
First, convincing the rest of the readers of the need for long time. The desire cannot be immediately filled, because then it ceases to be desire. We need the bookstores every day to continue generating the cartographies of all those distances that allow us to locate ourselves in the world.
VII. BECAUSE I AM NOT INGENUOUS
No: I am not.
I am not naive. I watch Amazon series. I buy books that cannot be obtained otherwise at IberLibro.com, which belongs to AbeBooks.com, which in 2008 was purchased by Amazon. I constantly search for information on Google. And I constantly give you my data, more or less makeup.
I know they are the tenors of globalization.
I know your music is that of the world.
But I believe in the minimum and necessary resistance. In the preservation of certain rituals. In conversation, which is the art of time; in desire, which is time made art. In whistling, while I walk between my house and a bookstore.

The world’s great bookstores are small bookstores. In each country, in each city I have some favorite bookstores to which I always return. In Madrid, the Antonio Machado bookstore; but I also like second-hand book libraries, there is one in Prado Street, another near the Opera Square. I always care about that relationship with the bookseller. And there is an important distinction. New book libraries versus used books. I prefer used book libraries, I like books with biography, I like to discover old friends and find works related to the books I already knew. Obviously among the new books there are always things that surprise you, especially in the area of the essay, the literary essay has found a boom in this time and I love those unprecedented essays, about the history of hair or books on public transport , things like that, unexpected. It is true that in many places libraries have disappeared. New York, which was a city of bookstores, has suffered a real extinction; but there are a few bookstores that survive, like relics of a time that has passed.

The questions posed by a bookstore are not interchangeable, but personal. Each reader has their own libraries, their own collection, their own memories. Because without the first libraries the others would not exist. If you did not become a bookshop lover as a young man, a book junkie, it is unlikely that you will pursue them on your travels and investigate their stories and myths and – in short – read them.

«In the 10th century, in Persia, the great vizier al-Sahib ibn Abbad al-Qasim, in order not to separate from his collection of 17,000 volumes during his travels», Alberto Manguel tells us in A History of Reading, « He was transported by a caravan of four hundred camels trained to walk in alphabetical order.
From the library of Alexandria to the present day, the human being has not ceased to imagine, build, populate, destroy, save, burn, recreate, rebuild and even defend his libraries with nails and teeth. Collector animals, file addicts, another possible name for Homo sapiens sapiens could have been that of Homo librarian.

Why has there not been an initiative by Planeta, RBA or Penguin Random House? Why has the book industry not opted for a defense of bookstores as emotional temples of readers? Amazon.es – which began selling food in October – still does not give figures for its sales. In them, I suppose, is one of the reasons why the «Blessed Bookstores» campaign has not existed.
For Coca-Cola each bottle or can has the same value. For large publishers there are two categories of books: the extras, which are legion, and a select group of actors and leading actresses.
Of the 46 products advertised on the Amazon homepage, only six are books. Of course, they are the first and most visible. Paradoxically, in a time when bookstores supposedly do not inspire mass consumption, the world’s most powerful virtual supermarket appropriates bookish prestige. Not only that: it opens a physical library that gesture and immediately becomes a global news, which makes us forget that it also sells blenders, televisions or frozen food; or that Internet Bookshop Italia, which has been in the online market for almost twenty years, became a chain of bookstores in 2012, with offices all over the country, some as spectacular as the Via Nazionale de Roma. The media tirelessly advertise Amazon’s expansion while insisting on the extinction of bookstores.

Bunkitsu in Japan manages to be economically sustainable by questioning a consensus truth (pure inertia or inheritance): Does browsing a bookstore have to be free? … That adaptation is not only carried out by the new independent libraries in Japan: Tsutaya expands Reinventing the large surfaces. The company was born in 1983 and dedicated itself for more than two decades, especially to online commerce and loans – in parallel to Amazon or Netflix -; but in this decade it has opened huge physical libraries in several cities of the country, in alliance neither more nor less than with Starbucks. Their booksellers are also called «janitors», because the model is aspirational, that the reader sits in a five star hotel.
The two most impressive may be the two most exclusive neighborhoods in Tokyo: Daikanyama and Ginza.
Like numismatics or philately, bibliophilia is a hobby more typical of the museum than of life. It is an anachronism that transports to a time when reading was the exclusive heritage of an elite.
And the truth is that if you are a book lover, even if you do not spend a fortune on single copies or exotic volumes, you do not stop buying other books, paperback books, novelties, second-hand books, because the drive is tyranny. If you are a book lover, the walls of your house will be covered with shelves, until they are completely covered. If you are a book lover over time you will forget that your house had walls. If you are a book lover, in short, you are doomed to be anachronistic, because the price of the square meter does not allow infinite libraries. But can we human beings not live in a constant state of contradiction? …

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.