Una Comida En Invierno — Hubert Mingarelli / A Meal In Winter by Hubert Mingarelli

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Esta es una novela. Puedes leerla en una noche. Pero deja huella muy por encima de su extensión. Me dicen que una comida en invierno se publicará como una pequeña tapa dura magnífica, pero leí la prueba, una prueba muy monótona también lo era, y por alguna razón, incluso antes de leer una página, tuve la noción de que esto fue una obra redescubierta, muy parecida a la obra de Irène Némirovsky. Para agravar aún más mi suposición, mientras leía, recordé a Primo Levi, a Beckett, a Camus.

Pero este no es un trabajo redescubierto. Aunque está ambientado en la Segunda Guerra Mundial y se lee como si hubiera sido escrito durante o poco después de la guerra, se escribió en los últimos años y ahora está disponible en inglés y ha sido traducido del francés. Y este hecho por sí solo lo convertiría en un trabajo asombroso. Pero esto es sólo el comienzo. En 144 páginas, el autor Hubert Mingarelli desmantela la Segunda Guerra Mundial para que se pare ante nosotros tiritando en ropa interior. Y lo que es sorprendente, a pesar de que ha reducido algo tan inimaginablemente enorme y complicado en algo tan pequeño y finamente forjado, logra evitar trivializar los horrores de ese horrible período con su reducción.

Acompañamos a tres soldados alemanes mientras viajan al invierno polaco bajo cero en busca de judíos fugitivos. Estamos al tanto de su conversación. Participamos en sus intentos de permanecer vivos y cuerdos. Nos vemos obligados a aceptar su humanidad. Y debido a esto, cuando logran capturar a un judío escondido, nos acercamos incómodamente a una verdad que todos intentamos evitar

En un nivel, esta es una novela exquisitamente discreta y muy convincente, que cuenta una historia simple, resonante con complejos dilemas morales, de un día en la vida de tres soldados alemanes, miembros de un escuadrón de la muerte de las SS. Casi podría ser un juego de dos actos en su economía de acción. La novela es narrada por uno de estos hombres y nos dicen que todos están hartos de matar y tienen pesadillas todas las noches. Para salir del deber de ejecución, abandonan los cuarteles una mañana temprano para cazar a los judíos escondidos sin esperar encontrar ninguno en los congelados bosques nevados. Sin embargo, encuentran a un joven solitario escondido en un agujero. Luego encuentran una casa abandonada y comienzan a cocinar.

La novela despliega algunos motivos de conexión bien ejecutados y dispositivos literarios para revelar rastros de humanidad en estos monstruos banales. También despliega la ironía para reunir sus conflictos morales: para crear una atmósfera de hogar, destruyen un hogar, utilizando cada mueble de madera como leña; un polaco antisemita virulento que llega a la casa enfurece al prisionero judío que ellos mismos han ignorado con estudiada indiferencia.

En otro nivel, sin embargo, puede parecer una presunción enorme por parte del autor que él pertenece a dar vida ficticia a estos hombres con cualquier nivel de comprensión. Esta es la banalidad del mal en su forma más banal pero también en su forma más malvada. Estos eran los hombres en la primera línea de la locura nazi. Todos hemos visto imágenes de hombres, mujeres y niños desnudos disparados en fosas y estoy seguro de que todos nos hemos preguntado cómo hicieron esos hombres con las armas lo que hicieron y cómo vivieron con ellos mismos. ¿Eran psicópatas o eran ovejas patéticas “simplemente siguiendo órdenes”? Pero tal vez porque todos hemos visto esas imágenes, esta novela no es tan autónoma como debería ser una novela. Traemos esas imágenes a nuestra lectura de la historia. Y en este nivel, los motivos y los recursos literarios del autor pueden parecer triviales. La conciencia se representa como refrigerada, reflejada por el hielo y por las altas acumulaciones de nieve del paisaje. El narrador revela que solo es posible matar si a las víctimas se les niega cualquier vestigio de humanidad. Una vez más, hace este punto con un bonito motivo: el narrador imagina que el copo de nieve bordado en el sombrero del judío fue un acto de amor por parte de la madre del niño. ¿Pero no acabamos de rozar la superficie aquí? Pesadillas, conciencia congelada, nostalgia por el hogar, deshumanización para facilitar el asesinato. No importa cuán sutilmente se dramaticen estos motivos, ¿no son, en el fondo, clichés huecos?.

Esta novela me hizo cuestionar los límites de la ficción. Se podría decir que esta novela es tanto un triunfo como un fracaso de la imaginación. Como si la imaginación solo pudiera llevarnos tan lejos. Quizás una de las razones por las que el personaje de Ralph Fiennes en la Lista de Schindler es tan abominablemente poderoso es porque no hay ningún intento de entenderlo, de ver su punto de vista. No estoy seguro de lo que se puede ganar haciendo que estos hombres sean comprensibles. ¿No es ese el comienzo de exonerarlos? ¿No es mejor simplemente odiarlos y todo lo que representaron?.

Cuando uno termina el libro, nunca un trozo de salchichón fue un suculento manjar.

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This is a novella. You can read it in a night. But it punches well above its weight. A Meal in Winter, I am told, will be published as a gorgeous little hardcover but I read the proof, a very drab looking proof is was too, and for some reason, even before I read a page, I had the notion that this was a rediscovered work, much like the work of Irène Némirovsky. To further compound my assumption, as I read, I was reminded of Primo Levi, of Beckett, of Camus.

But this is not a rediscovered work. Though it is set in WWII and reads like it was written during or shortly after the war, A Meal in Winter was written in the last few years and is now available in English having been translated from the French. And this fact alone would make it an astonishing work. But this is just the start. In 144 pages, author Hubert Mingarelli strips the Second World War down so that it stands before us shivering in its underwear. And what is surprising, even though he has reduced something so unimaginably huge and complicated into something so small and finely wrought, he manages to avoid trivialising the horrors of that awful period by his reduction.

We accompany three German soldiers as they journey out into the sub-zero Polish winter in search of fugitive Jews. We are privy to their conversation. We take part in their attempts to remain alive, and sane. We are forced to accept their humanity. And because of this, when they do manage to capture a hiding Jew, we are brought uncomfortably close to a truth we all try hard to avoid

On one level this is an exquisitely understated, very compelling novella, which tells a simple story, resonant with complex moral dilemmas, of a day in the life of three German soldiers, members of a SS death squad. It could almost be a two act play in its economy of action. The novella is narrated by one of these men and we are told they are all sick of killing and have nightmares every night. To get out of execution duty they leave the barracks early one morning to hunt for hiding Jews with no expectation of finding any in the freezing snow-clad forests. However they do find a solitary young boy hiding in a hole. They then find an abandoned home and set about cooking a meal.

The novella deploys a few well-executed connecting motifs and literary devices to reveal traces of humanity in these banal monsters. It also deploys irony to muster up its moral conflicts: to create an atmosphere of home they destroy a home, using every piece of wooden furniture as firewood; a virulent anti-semite Pole who arrives at the house rages at the Jewish prisoner they themselves have ignored with studied indifference.

On another level, however, it can seem a huge conceit on the part of the author that he pertains to bring to fictional life these men with any level of understanding. This is the banality of evil at its most banal but also at its most evil. These were the men at the front line of Nazi insanity. We’ve all seen images of naked men, women and children being shot in pits and I’m sure we’ve all wondered how those men with the guns did what they did and how they lived with themselves. Were they psychopaths or were they pathetic sheep “merely following orders”? But perhaps because we’ve all seen those images this novel isn’t as self-contained as a novel should be. We bring those images into our reading of the story. And on this level the author’s motifs and literary devices can seem trite. Conscience is depicted as refrigerated, reflected by the ice and packed high drifts of snow of the landscape. It’s revealed by the narrator that it’s only possible to kill if the victims are denied any vestige of humanity. Again he makes this point with a nice motif: the narrator imagines the snowflake embroidered on the Jew’s hat was an act of love on the part of the boy’s mother. But aren’t we just prettily skimming the surface here? Nightmares, conscience in deep freeze, nostalgia for home, dehumanising to facilitate murder. No matter how subtly these motifs are dramatised aren’t they, at bottom, hollow clichés?

This novella made me question the limits of fiction. You could say this novel is both a triumph and a failure of imagination. As if imagination can only take us so far. Perhaps one of the reasons the Ralph Fiennes character in Schindler’s List is so abominably powerful is because there’s no attempt to understand him, to see his point of view. I’m not sure what there is to be gained from making these men in any way comprehensible. Isn’t that the beginning of exonerating them? Isn’t it better to simply carry on loathing them and everything they stood for?.

When one finished the book, a piece of sausage was never a succulent delicacy.

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