El Salvaje — Guillermo Arriaga / The Wild One by Guillermo Arriaga

Me encontré con un libro demasiado largo, con múltiples tramas, saltos temporales, disquisiciones cultas para abrir capítulos, demasiado complejo para lo que realmente quiere decir.
Es un libro violento, como violenta es la vida, pero sobre todo es un libro sobre la muerte, donde la muerte es el gran protagonista:

“Los buenos muchachos no solo mataron a mi hermano, sino que su muerte reverberó como una piedra arrojada en un estanque. Las olas de la muerte provocando más muerte. La muerte invitando a la muerte invitando a la muerte invitando a la muerte.”

“Era el peso de tantos fantasmas aplastándome: un feto bamboleándose en un frasco de mayonesa, un hermano ahogado en un tinaco, uno ahorcado en un útero, unos padres volando hacia un precipicio, una abuela yéndose en silencio, unos asesinos libres, un infame comandante, Chelo sin aparecer, las chinchillas pudriéndose dentro de sus jaulas, unos periquitos temerosos de su libertad, una venganza en espera de cumplirse, la sangre de varios pulsando dentro de mis venas, la pierna sin sensibilidad, las cicatrices, todo ello concentrado en una vida: la de Colmillo.”

En más de una oportunidad estuve tentada a tomar un respiro en la lectura, pero proseguí, no es que me arrepienta, pero tampoco es un libro sublime, aunque está extraordinariamente bien escrito.
Esperaba mucho de El Salvaje. A fin de cuentas Arriaga es un autor que me gusta leer y que ha creado estilo en sus guiones cinematográficos. Es el rey de las historias paralelas que transcurren en lugares y momentos diferentes, que se tejen y se funden en una sola historia. Y El Salvaje empieza así. La primera mitad tiene ritmo, alternancia, tensión. Aunque el libro se anuncia largo, poco importa, porque su lectura es placentera. Resulta un poco visto y fatigante su recurso a tratados de antropología al final de cada capítulo, pero lo achacamos a la voluntad de mostrar su sabiduría, en línea con el personaje principal, que ha leído de todo, y siempre bueno. En un plano personal, la larga historia del cazador inuit en pos de un macho alfa lobo resulta pesada y no lleva a ninguna parte. Ya podemos imaginarnos que, de hecho, sí lleva, pero eso es otra cosa.
Pero cuando el autor decide que la venganza queda muy cinematográfica, pero poco moral, cuando le da por von Clausewitz y Sun Tzu, empezamos a derrapar. El personaje estaba demasiado forzado y le estallan las costuras, empiezan a aparecer personajes “buenos” y yo, pobre lector, esperando a ver cuándo lo traicionan. Y no, es que son buenos. El chico sufre un cambio radical en su modo de ver al mundo. Y lo mismo le pasa al maligno Humberto, ultra radical católico, asesino de quien se le ponga a tiro.
El final es angélico y uno echa en falta un centenar de violines.
Siempre disfruto leyendo ese maravilloso español de México, lleno de palabras tomadas de náhuatl o de palabras en desuso en España. Pero esta vez me quedé con las ganas.

Resumen: En la brutal Ciudad de México de la década de 1970, el joven Guillermo vive con el fantasma de su hermano gemelo, quien murió estrangulado durante el parto. Luego debe vivir con el mal final de su hermano mayor (un inconformista ante litteram de veinte años al frente de un fructífero tráfico de morfina y LSD, por lo tanto mal visto por la policía y los gángsters rivales, luego asesinado en absoluto silencio). La abuela, que falleció en el sofá sin que nadie se diera cuenta, y sus padres, los arquitectos y las víctimas de un accidente de tráfico trataron de poner fin a su dolor, vienen a hacerles compañía.

Hermosa preadolescencia, ¿eh, Guillermo?

Para mantener a flote a la protagonista son: Chelo, una chica vital apasionada por los penes; Rey, adorable perro cobarde; Avilés, domador de bestias feroces; y, en cierto sentido, Colmillo, un lobo que Guillermo decide domesticar en la casa, solo porque mantener al menos los muebles intactos, en la mala suerte general, probablemente lo chupó.
Mientras Guillermo intenta vengarse, el autor teje la historia del cazador Amaruq, el lobo Nujuaqtutuq (sic), el buen ingeniero / criador Mackenzie y otros personajes menores en setecientas cincuenta y dos páginas intensas.
Es una novela muy fuerte con su propio por qué. La narrativa ambientada en México parece creíble y convincente, Guillermo, es un protagonista al mismo tiempo duro y frágil, bien definido, así como válidos son los hombros Chelo y Avilés.

Sin embargo hay muchas pequeñas cosas que no vuelven a mí, pero más molesto, en general, es la sensación de que, después de una primera parte inspirada, Arriaga ha dejado de lado la inspiración y se ha confiado al frío puro, triste lógica para llegar a fin de mes y unir los dos hilos principales: las sangrientas aventuras de Guillermo y el respeto letal entre Amaruq y Nujuaqtutuq, que parece realmente forzado. Los capítulos dedicados a Mackenzie son anónimos, la voz narrativa es mediocre, el encuentro con el veterinario poco probable, Arriaga, que hace un esquema de las narraciones en una hoja y trata de entender qué inventar para que encajen. Es como cuando con el tema en clase pasé horas construyendo argumentos épicos, me di cuenta de que solo quedaban diez minutos y golpeé un cierre estreñido y apresurado para unir todas las piezas.
(Además, el final aquí es casi ofensivo en su banalidad).

Citas a destacar:

«Cualquiera que haya visto morir a un ser vivo sabe que la muerte no llega definitiva y totalmente. La muerte es una ola de pequeñas muertes. No somos individuos, sino la suma de células que se agrupan para dar forma a lo que creemos que es un individuo. La muerte no es más que la muerte de un grupo de múltiples seres vivos. Los tejidos no terminan repentinamente, sino que se van uno tras otro ».
Lo descubrió sacrificando a las chinchillas.

Según una tribu africana, los humanos contamos con dos almas: una ligera y una pesada. Cuando soñamos es el alma ligera que sale de nuestro cuerpo y deambula por las periferias de la realidad; cuando nos desmayamos es porque el alma ligera se ha ausentado de súbito; cuando se marcha y jamás retorna es cuando enloquecemos.
El alma ligera viene y va. El alma pesada, no. Solo emigra de nuestro cuerpo en el momento en que morimos. Como el alma pesada no ha salido al mundo exterior, ignora cuál camino conduce hacia los territorios de la muerte, aquellos donde residirá para siempre. Por esa razón, tres años antes de la muerte, el alma ligera emprende un viaje para buscarlos. Como no sabe hacia dónde dirigirse, trepa a un baobab, el primer árbol de la creación, y desde ahí escudriña el horizonte para determinar el rumbo. Luego visita a mujeres en menstruación. Durante unos días las menstruantes experimentan los límites de la vida y la muerte. Entre sangre y dolor pierden al ser que pudo ser y ya no será. Durante su periodo menstrual, las mujeres se tornan sabias. Bordean las fronteras entre el existir y el no existir, y por eso pueden señalarle al alma ligera hacia dónde se halla el abismo de la muerte.
El alma ligera echa a andar. Recorre valles, cruza desiertos, escala montañas. Luego de varios meses, arriba a su destino y se detiene al filo del brumoso precipicio. Lo contempla, azorada. Frente a sus ojos se manifiesta el gran misterio. Regresa, le narra con detalle al alma pesada lo que ha visto y firme la guía hacia la muerte.

Los vikingos no se casaban con vírgenes. Les parecía sospechoso que una mujer no hubiese sido deseada por otros hombres. Para ellos la virginidad era defecto, no virtud. Si en países de Medio Oriente se apedrea a una mujer por deshonrar a la familia con la pérdida de la virginidad, entre los vikingos la mujer se deshonraba a sí misma al no provocar los instintos masculinos. De seguro la virgen ocultaba vicios intolerables: mal carácter, aliento nauseabundo, falta de gracia, tontera. Por alguna retorcida causa su himen se había mantenido intacto. ¿Quién puede amar a una mujer que ha sido desdeñada por otros?.

Los aborígenes de una tribu australiana creen que cuando una persona muere viaja con dirección al oeste, hacia el Sol que desciende en el horizonte. En los rayos del atardecer transitan los muertos hacia su noche final, un puente entre la luz y la oscuridad. Excepto los niños. Los niños que fallecen son muertos antes de su tiempo y no merecen terminar en la oscura comarca de la muerte. Por ello permanecen indefinidamente en el limbo naranja del ocaso.
Cuando muere alguien que no debía morir, los niños salen del Sol crepuscular y guían al alma de quien pereció de regreso al cuerpo abandonado. El cadáver inhala el alma y se estremece al sentirla volver. El sacudimiento es muestra de que ha revivido. El niño mira al muerto que ha recobrado la vida y satisfecho regresa a su casa, el declinante Sol del atardecer.

Arriaga se nota que está muy influenciado por la cultura anglosajona. La forma de escribir está centrada en la acción, donde los diálogos tienen un peso importante, la historia de Juan Guillermo produce mucho deja vu de películas estilo “Erase una vez América” o “Una historia de Brooklin” de personas humildes que viven en entornos complicados – Arriaga cambia Hell´s Kitchen por un sitio que conoce mejor- y de como sobrevivir en ellos.
Resulta exasperante la manera anárquica en que están organizados los capítulos que provoca que una trama entretenida no tenga ritmo por la falta de continuidad. No tengo ningún problema en que las tramas no sean lineales pero lo de esta novela es inaudito.
Los personajes tanto los principales como los secundarios son creíbles, todos son supervivientes que todo lo han conseguido con un gran exfuerzo, el autor quiere que entendamos las motivaciones de los diferentes personajes. En apariencia Arriaga huye de un trato maniqueo de los personajes; pero, en el fondo el autor, toma partido por unos personajes en detrimento de otros. Yo no he conseguido sentirme identificado con ninguno de los personajes pues todos se enfrentan a situaciones extremas y con una inteligencia muy por encima de la media.
Es una novela excesivamente larga para lo que se cuenta. Con 200 o 250 páginas menos su lectura habría resultado mucho más placentera.

————–

I found a book that was too long, with multiple plots, temporary breaks, educated disquisitions to open chapters, too complex for what it really means.
It is a violent book, how violent is life, but above all it is a book about death, where death is the main protagonist:

“The good boys not only killed my brother, but his death reverberated like a stone thrown into a pond. The waves of death causing more death. Death inviting death inviting death inviting death inviting death.”

“It was the weight of so many ghosts crushing me: a fetus swaying in a jar of mayonnaise, a brother drowned in a tinaco (small wooden tub), one hanged in a womb, some parents flying towards a precipice, a grandmother going silently, some free killers, an infamous Commander, Chelo without appearing, the chinchillas rotting inside their cages, some parakeets fearful of their freedom, a revenge waiting to be fulfilled, the blood of several pulsing inside my veins, the leg without sensitivity, the scars, all concentrated on a life: that of Fang. ”

On more than one occasion I was tempted to take a break in reading, but I continued, it is not that I regret it, but it is not a sublime book, although it is extraordinarily well written.
I expected a lot from The Wild One. After all, Arriaga is an author that I like to read and that has created style in his film scripts. He is the king of parallel stories that take place in different places and moments, which are woven and merged into a single story. And The Wild starts like this. The first half has rhythm, alternation, tension. Although the book is long advertised, it matters little, because its reading is pleasant. His recourse to anthropology treaties at the end of each chapter is a bit seen and tiring, but we blame him for showing his wisdom, in line with the main character, who has read everything, and always good. On a personal level, the long history of the Inuit hunter after an alpha wolf male is heavy and leads nowhere. We can already imagine that, in fact, it does, but that is something else.
But when the author decides that revenge is very cinematic, but moral, when given by von Clausewitz and Sun Tzu, we begin to skid. The character was too forced and seams explode, “good” characters begin to appear and I, poor reader, waiting to see when they betray him. And no, they are good. The boy undergoes a radical change in his way of seeing the world. And the same happens to the evil Humberto, ultra radical Catholic, murderer who gets shot.
The ending is angelic and one misses a hundred violins.
I always enjoy reading that wonderful Spanish from Mexico, full of words taken from Nahuatl or words in disuse in Spain. But this time I felt like it.

Summary: In the brutal Mexico City of the 1970s, young Guillermo lives with the ghost of his twin brother, who died strangled during childbirth. Then he must live with the bad end of his older brother (a hipster in front of a twenty-year-old litteram in front of a fruitful traffic in morphine and LSD, therefore frowned upon by police and rival gangsters, then killed in absolute silence). The grandmother, who died on the couch without anyone noticing, and her parents, the architects and the victims of a traffic accident tried to end their pain, come to keep them company.

Beautiful preteen, huh, Guillermo?

To keep the protagonist afloat are: Chelo, a vital girl passionate about penises; King, adorable cowardly dog; Aviles, tamer of fierce beasts; and, in a sense, Fang, a wolf that William decides to tame in the house, just because keeping at least the furniture intact, in general bad luck, probably sucked him.
While Guillermo tries to take revenge, the author weaves the story of the hunter Amaruq, the wolf Nujuaqtutuq (sic), the good engineer / breeder Mackenzie and other minor characters in seven hundred fifty-two intense pages.
It is a very strong novel with its own why. The narrative set in Mexico seems credible and convincing, Guillermo, is a protagonist at the same time hard and fragile, well defined, as well as valid are the shoulders Chelo and Aviles.

However, there are many small things that do not come back to me, but more annoying, in general, is the feeling that, after an inspired first part, Arriaga has put aside the inspiration and has entrusted himself to the pure cold, sad logic for make ends meet and unite the two main threads: William’s bloody adventures and the lethal respect between Amaruq and Nujuaqtutuq, which seems really forced. The chapters dedicated to Mackenzie are anonymous, the narrative voice is mediocre, the encounter with the unlikely veterinarian, Arriaga, who makes an outline of the narratives on a sheet and tries to understand what to invent to fit. It’s like when I spent hours building epic arguments with the subject in class, I realized that there were only ten minutes left and hit a constipated and hurried closure to join all the pieces.
(In addition, the end here is almost offensive in its banality).

Appointments to highlight:

«Anyone who has seen a living being die knows that death does not come definitively and totally. Death is a wave of small deaths. We are not individuals, but the sum of cells that group together to shape what we believe is an individual. Death is nothing more than the death of a group of multiple living beings. The tissues do not end suddenly, but leave one after another.
He discovered it by sacrificing the chinchillas.

According to an African tribe, we humans have two souls: one light and one heavy. When we dream it is the light soul that leaves our body and wanders through the peripheries of reality; when we faint it is because the light soul has suddenly absent; when he leaves and never returns it is when we go crazy.
The light soul comes and goes. The heavy soul, no. Just migrate from our body the moment we die. Since the heavy soul has not gone out into the outside world, it ignores which path leads to the territories of death, those where it will reside forever. For that reason, three years before death, the light soul embarks on a journey to look for them. As he does not know where to go, he climbs a baobab, the first tree of creation, and from there he searches the horizon to determine the direction. Then visit women in menstruation. For a few days, menstruators experience the limits of life and death. Between blood and pain they lose the being that could be and will no longer be. During their menstrual period, women become wise. They border the boundaries between existing and non-existent, and so they can point the light soul to where the abyss of death lies.
The light soul walks. Walk valleys, cross deserts, climb mountains. After several months, he arrives at his destination and stops at the edge of the misty precipice. He contemplates it, embarrassed. The great mystery is manifested in front of his eyes. Come back, tell the heavy soul in detail what you have seen and sign the guide to death.

The Vikings did not marry virgins. It seemed suspicious that a woman had not been desired by other men. For them virginity was defect, not virtue. If a woman is stoned in Middle Eastern countries for dishonoring the family with the loss of virginity, among the Vikings the woman dishonored herself by not provoking the male instincts. Surely the virgin hid intolerable vices: bad character, foul breath, lack of grace, silly. For some twisted cause his hymen had remained intact. Who can love a woman who has been scorned by others?

The aborigines of an Australian tribe believe that when a person dies they travel westward, towards the Sun that descends on the horizon. In the rays of the sunset the dead move towards their final night, a bridge between light and darkness. Except the children. Children who die are dead before their time and do not deserve to end up in the dark region of death. That is why they remain indefinitely in the orange limbo of sunset.
When someone who should not die dies, the children leave the twilight sun and lead the soul of those who perished back to the abandoned body. The body inhales the soul and shudders to feel it return. The shaking is a sign that he has revived. The boy looks at the dead man who has regained his life and satisfied returns to his house, the declining Sun of sunset.

Arriaga shows that he is very influenced by the Anglo-Saxon culture. The way of writing is focused on the action, where the dialogues have an important weight, the story of Juan Guillermo produces a lot of “Once upon a time America” or “A Brooklin story” style of humble people living in environments complicated – Arriaga exchanges Hell´s Kitchen for a place that he knows best – and how to survive in them.
The anarchic way in which the chapters are organized that causes an entertaining plot to have no rhythm due to the lack of continuity is exasperating. I have no problem that the plots are not linear but that of this novel is unheard of.
The main and secondary characters are credible, they are all survivors who have achieved everything with great effort, the author wants us to understand the motivations of the different characters. Apparently Arriaga flees from a Manichaean treatment of the characters; but, deep down, the author takes sides with some characters to the detriment of others. I have not managed to feel identified with any of the characters because they all face extreme situations and with an intelligence well above the average.
It is an excessively long novel for what is told. With 200 or 250 pages less your reading would have been much more pleasant.

Un pensamiento en “El Salvaje — Guillermo Arriaga / The Wild One by Guillermo Arriaga

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