No Te Olvides De Mí: Yolanda González, El Crimen Más Brutal De La Transición — Carlos Fonseca / Don’t Forget Me: Yolanda González, The Most Brutal Crime Of The Spanish Transition by Carlos Fonseca (spanish book edition)

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Los hechos de este interesante libro ocurren el 2 de febrero de 1980 en plena Transición. Ese día fue hallado el cadáver de Yolanda González, militante de las Juventudes Socialistas y Troskista. Su asesino fue Emilio Hellín, un hombre vinculado a la extrema derecha. El asesinato de Yolanda no sólo conmovió a la sociedad de su tiempo sino que sigue haciéndolo casi 40 años después.

Dentro de la reciente Historia de España aún hay temas que siguen estando muy vigentes y en la memoria colectiva a pesar del tiempo transcurrido. Uno de ellos es el asesinato de Yolanda González.
A través del testimonio de sus amigos y familiares por lo que es, sin duda alguna, la más entrañable o sentimental ya que recaba en anécdotas algunas de las cuáles llaman la atención como que su novio, Alejandro, era sobrino de Camilo José Cela. Personalmente, me ha gustado leer y conocer esta parte más humana ya que deja que se conozca más quién fue Yolanda González.

Lo que más destaca de «No te olvides de mí: Yolanda González, el crimen más brutal de la Transición» es la labor documental que se ha llevado a cabo. Carlos Fonseca, además, realiza una investigación en la que en todo momento mantiene la objetividad. Él no juzga, tan sólo presenta los hechos dejando que sea el lector quién saque sus conclusiones. El libro está dividido en partes que nos permiten descubrir qué fue lo qué ocurrió. Desde el punto de vista puramente histórico, cumple todas las normas y aporta muchos datos que ayudan a completar lo que sabemos de la Transición y a conocerla mejor.

Unido a los documentos gráficos. Entre ellos sobresalen las fotografías privadas y familiares de Yolanda González así como los documentos relativos al caso. La verdad es que me ha gustado mucho esta lectura. Carlos Fonseca tiene un estilo muy ameno, los capítulos son cortos, en ellos abundan los diálogos y hay mucha intriga, En algunos momentos te da la sensación de que estás leyendo una novela pero en el buen sentido de la palabra, no como algo negativo.

Todo este peso político, social, histórico y judicial que tiene lo hacen imprescindible como lectura de referencia a la hora de estudiar la Transición. Más que el valor judicial, a destacar el histórico.

Habían recibido esa misma mañana una llamada de Emilio Hellín convocándolos para ejecutar el plan que habían concertado días atrás: colocar un pequeño artefacto explosivo en la puerta de las oficinas de la agencia Cinco Cero. Era el colofón a la campaña iniciada contra la revista Interviú con la quema en fechas precedentes de varios quioscos de prensa con la intención de que dejaran de vender la publicación.
Hacía una semana que una carta bomba atribuida a la ultraderecha había estallado en el Club de Amigos de la Unesco en Madrid, en la plaza de Tirso de Molina, cuando en torno a un centenar de personas estaba reunido para elegir al nuevo comité ejecutivo, cuya única candidatura encabezaba Joaquín Ruiz-Giménez. La violenta detonación había causado heridas de gravedad a dos personas. Ahora les tocaba a ellos.
Como sabéis, los criminales de ETA han asesinado esta mañana a seis guardias civiles en las Vascongadas y hay contraórdenes. Olvidaos de la colocación del petardo en la agencia Cinco Cero, porque tenemos que ir a interrogar a Yolanda González, la etarra de la que os hablé hace unos días.

El plan era a todas luces descabellado. Si en la vivienda de Tembleque 101 se escondía de verdad un comando de ETA, ¿por qué no dieron cuenta de ello a la Policía para que actuara? Descartada esta opción, que ni siquiera llegó a plantearse, ¿cómo tenían la certeza de que Yolanda estaría sola y no acompañada por los otros dos moradores de la casa e integrantes, según ellos, del mismo comando? Y, de ser cierto que solo pretendían interrogarla, ¿qué pensaban hacer una vez cumplida su misión?, ¿marcharse sin más dejándola libre para que alertara a sus compañeros de lo ocurrido?, ¿acaso no habría supuesto eso su inmediata fuga?, ¿de qué habría servido entonces su arriesgado cometido? Y aún más, ¿qué pensaban hacer con la información obtenida? ¿Se la iban a trasladar a la Policía?.
Los planes de Hellín eran, sin embargo, distintos, sin que sus declaraciones ante la Policía y el juez, ni las investigaciones incorporadas a la causa, aclaren si la decisión de llevarla a un descampado de San Martín de Valdeiglesias fue adoptada sobre la marcha o, por el contrario, el ultraderechista la había tomado con anterioridad. Tras unos minutos de un denso silencio, en tono corajudo se dirigió a Yolanda girándose ligeramente hacia atrás, pero sin llegar a cruzar sus ojos con los de la muchacha, que iba sentada justo detrás de él.

En Yolanda se ha querido escarmentar a todo el movimiento estudiantil, a todo el movimiento de masas. Y no es nuevo, porque hace tiempo en Atocha también mataron a cinco compañeros de la misma manera.

Su vehículo queda intervenido al amparo de la Ley de Medidas Especiales en relación con los delitos de terrorismo cometidos por grupos armados —le informó el policía al mando del dispositivo.
Aquellas palabras tuvieron un efecto demoledor en su destinatario que, sin tiempo para reponerse de la sorpresa, fue introducido en uno de los coches policiales y conducido a las dependencias de la Dirección General de Seguridad en la Puerta del Sol, mientras varios agentes practicaban un minucioso registro en el interior de su automóvil, en el que intervinieron un subfusil Kommando de 9 mm Parabellum, una granada de mano, una navaja automática, una porra de metal y doce cajas de cartuchos de distinto calibre. El ultraderechista guardaba también un frasco de un gramo de pentotal sódico, un anestésico conocido como el suero de la verdad, que, suministrado por vía intravenosa en cantidad adecuada, podía ser utilizado para interrogar a un detenido. En una bolsa de plástico ocultaba varios guantes de cirugía y una peluca, además de una chapela y una ikurriña, presumiblemente la que había arrancado de la habitación de Yolanda y Alejandro…
Curiosamente, el domicilio de Hellín y su familia, en el portal E, 2.º C, del inmueble donde fue detenido, no sería registrado hasta las diez de la mañana y las tres de la tarde del día siguiente, 8 de febrero.

¿Qué armas utilizaron para asesinar a Yolanda González?
—Yo utilicé la Walther e Ignacio disparó la Star. Luego se encargó él de volver a depositarlas en el sótano de Libertad. La Danton se la entregué a Félix, que no llegó a utilizarla.
La primera pista para indagar sobre el trasfondo del crimen la aportó el Gabinete Central de Identificación de la Policía en un informe en el que plasmaba el resultado del estudio realizado a las armas incautadas a los detenidos. Los agentes llevaron a cabo varias series de disparos con las siete pistolas, el revólver, el bolígrafo pistola y el subfusil intervenidos, utilizando para ello parte de la munición hallada y otros cartuchos de diversas marcas y fabricantes. El estudio comparativo entre las vainas recogidas en la galería de tiro y las halladas en el lugar del crimen permitió determinar sin margen de error que, tal y como Hellín y Abad habían declarado, las armas con las que dispararon contra Yolanda eran la pistola Walther modelo P-38 y la Star modelo D. Ambas tenían el número de serie borrado, lo que impedía saber quiénes eran sus propietarios legales y averiguar cómo habían llegado a manos de los asesinos. Sin embargo, los especialistas de balística forense consiguieron recomponer el de la pistola Star, que era el 13.937, lo que abría la posibilidad de seguir el rastro del arma.

Como en el caso de la matanza de Atocha, donde también intentamos averiguar quién había facilitado las armas, nos encontramos en un callejón sin salida. Ni en aquel proceso ni en el del asesinato de Yolanda conseguimos descubrir su origen», se lamenta José María Mohedano.
La decisión del juez Varón Cobos de dejar fuera de la causa a David Martínez Loza implicaba que el asesinato de Yolanda era obra de un grupo de incontrolados, comandado por Emilio Hellín, que habían actuado de forma autónoma y al margen del partido al que pertenecían, Fuerza Nueva. Ellos habían perpetrado los hechos y los habían reivindicado, y suyo era el arsenal de armas incautado.
Tras casi dos años de instrucción, el sumario por el asesinato de Yolanda González tocaba a su fin con la presentación por las partes de sus conclusiones provisionales, el paso previo a la celebración de la vista oral. Si la solicitud de procesamiento de David Martínez Loza por parte del fiscal había sido una sorpresa, más lo fue que calificase como asesinato lo que hacía menos de un año, en enero, consideraba tan solo homicidio. El escrito del representante del Ministerio Público asumía como ciertos los hechos relatados por Emilio Hellín en sus primeras declaraciones, de los que hacía un somero repaso, y consideraba a este, Ignacio Abad, Félix Pérez y José Ricardo Prieto miembros de «un grupo organizado y armado», al que se había «adherido» el policía Juan Carlos Rodas para interrogar a Yolanda González. Los textos de las conclusiones de enero de 1981 y las presentadas ahora, con fecha 4 de diciembre del mismo año, eran idénticos, con dos únicos añadidos para incluir al jefe nacional de Seguridad de Fuerza Nueva.

El fallo no se hizo esperar. Tan solo tres días después de concluir la vista oral, el 29 de mayo, los cinco magistrados del tribunal condenaron a Emilio Hellín a 43 años y medio de prisión por un delito de asesinato con la agravante de nocturnidad, en concurso medial con un delito de allanamiento de morada y otro de detención ilegal (30 años), otro delito continuado de depósito de armas de guerra, defensa y tenencia de explosivos (13 años), y seis delitos de falsificación de documentos de identidad y uno de uso público de nombre supuesto (6 meses). Ignacio Abad fue condenado a 28 años, 8 meses y un día de reclusión, también como autor material del asesinato (26 años, 8 meses y un día), y de otro de tenencia ilícita de arma de fuego (2 años). Ambos debían, además, indemnizar a los padres de Yolanda con 6 millones de pesetas. Los otros dos integrantes del Grupo 41, Félix Pérez Ajero y José Ricardo Prieto, fueron considerados por el tribunal autores de un delito de allanamiento de morada violenta en concurso medial con uno de detención ilegal, por el que les imponía una pena de 4 años a cada de ellos, y 2 años adicionales por un delito de tenencia ilícita de arma de fuego, al primero, y como cómplice de un delito de tenencia de explosivos, al segundo. David Martínez Loza fue condenado también
a 6 años de prisión en concepto de autor por inducción de un delito de allanamiento de morada violento en concurso medial con uno de detención ilegal. Finalmente, Juan Carlos Rodas Crespo fue sentenciado a cumplir 3 meses de arresto mayor al estimar el tribunal que, aunque era también responsable del delito de allanamiento de morada y detención ilegal, le era de aplicación la reducción de la pena en dos grados por su colaboración con la Justicia.

La fuga del ultraderechista provocó una repulsa generalizada y acusaciones de connivencia entre algunos jueces y miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado con la ultraderecha. «La propensión de determinados jueces a favorecer a los terroristas de extrema derecha acusados o condenados por graves delitos de sangre ha sido evidente en los años de la Transición política y, a lo que parece, persisten en nuestros días —decía el editorial del diario El País del 28 de febrero de 1987—. Atrás queda la actuación del juez Gómez Chaparro otorgando el permiso carcelario que facilitó la fuga de Fernando Lerdo de Tejada, presunto asesino de los abogados de Atocha; la actitud benevolente del controvertido…
Supongo que Hellín vino a Paraguay con sus propios contactos, pero desconozco quiénes eran.
El 27 de junio Interviú publicó la primicia en su portada con el título «Descubrimos en Paraguay al asesino de Yolanda González», en la que daba cuenta de los negocios del ultraderechista en Asunción y de la protección que le habían prestado importantes personalidades del régimen. La revista desvelaba que se había separado de su mujer hacía unos meses y vivía con una joven paraguaya con la que tenía un hijo. Dos días después, el abogado José Mariano Benítez de Lugo solicitó a la Audiencia Nacional que reclamara al Ministerio de Justicia su extradición.
La orden de detención de Interpol llegó a manos de las autoridades paraguayas el 6 de julio, aunque para entonces Hellín ya había puesto tierra de por medio y comenzaba a especularse con la posibilidad de que hubiese buscado refugio en Chile.
A las 11.50 horas del viernes 21 de septiembre, un avión de Iberia con destino Madrid despegaba del aeropuerto internacional Silvio Pettirossi, como había sido «rebautizado» el hasta hacía unos meses aeropuerto Presidente Stroessner, con Emilio Hellín a bordo custodiado por los policías de Interpol España José Manuel Ledesma y José Andrés Martorel. Curiosamente, en ese mismo vuelo viajaba también el embajador de Paraguay en nuestro país, Rubén Adolfo Sapena Brugada, que por entonces gestionaba la primera visita oficial de los Reyes a Paraguay, que se llevaría a efecto un mes más tarde y serviría para dar un marchamo democrático al gobierno del general Andrés Rodríguez.
Tras su llegada a la capital, Hellín fue encarcelado durante unas horas en la prisión de Carabanchel hasta su traslado, la madrugada del domingo 23 de septiembre, a la cárcel de Zamora, de la que había huido, dando así por concluida una fuga que se había prolongado durante dos años y medio.

El ultraderechista fue trasladado a la prisión de Jaén, donde, tras cinco años de reclusión, el 17 de julio de 1995, fue clasificado en tercer grado penitenciario o de semilibertad, que le permitía ir a la cárcel solo a dormir. Era el paso previo a la libertad condicional, que obtuvo en 1996. El licenciamiento definitivo, que supone la extinción de la condena, tuvo lugar el 6 de julio de 2000, tras el abono de 3.483 días de redención obtenidos durante su estancia en prisión y 905 más estando ya en libertad condicional, lo que redujo a 14 años su permanencia efectiva en la cárcel de los 43 a que había sido condenado.

El paso del tiempo diluyó el asesinato de Yolanda González en los márgenes de una Transición que se pretende modélica a fuerza de omitir, o quizá sea más preciso decir ocultar, las numerosas víctimas registradas en este periodo convulso de nuestra historia reciente.
En un reciente curriculum vitae (noviembre de 2017) el propio Hellín afirma que es «profesor de la Escuela de Policía de la Comunidad de Madrid, actualmente en baja voluntaria, e instructor de los cuerpos policiales de Guardia Civil, Policía Nacional y Ministerio de Defensa en materia de investigación de delitos informáticos y análisis de comunicaciones móviles y celulares», cargos estos últimos de los que asegura que se encuentra, igualmente, «en baja voluntaria». Hellín dice ser también «asesor y colaborador de magistrados y fiscales en sistemas de telecomunicaciones, informáticos, redes sociales, ataques a redes Wi-Fi y SITEL.

En definitiva, todos los intentos por arrojar luz sobre el caso han concluido en la papelera.

* La Transición política, que una mayoría de historiadores sitúan entre la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975 y la victoria del PSOE el 28 de octubre de 1982, no fue el periodo modélico que muchos políticos pregonan, sino una etapa tremendamente conflictiva y trágica en la que la dictadura no se terminaba de ir y la democracia no acababa de llegar. Tanto que las incipientes libertades estuvieron a punto de irse por el desagüe de la historia con el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, felizmente fracasado.
El franquismo no acabó de la noche a la mañana con la muerte del dictador, como tampoco todos los protagonistas del cambio que se inició a partir de entonces eran demócratas convencidos. Muchos procedían de las propias filas de un régimen en el que medraron sin rubor, mientras los opositores sufrían cárcel o exilio.
La Transición fue un afán colectivo, en el que decenas de personas perdieron la vida intentando asentar las frágiles libertades que comenzábamos a recuperar frente a quienes defendían la pervivencia de un franquismo sin Franco. Hombres y mujeres muertos en manifestaciones por «disparos al aire» de la Policía o vilmente asesinados por grupos de ultraderecha que actuaban con la impunidad de saberse respaldados por los sectores más involucionistas de las fuerzas de seguridad, el Ejército y la Justicia.
Yolanda González Martín, una estudiante bilbaína de 19 años, fue una de esas luchadoras anónimas sin las que es imposible explicar lo ocurrido en nuestro país en aquellos años de ilusiones, incertidumbre y miedo. Ni fue la primera ni sería la última víctima de aquel tiempo convulso, pero las circunstancias que rodearon su brutal asesinato la convirtieron en el símbolo de una generación de jóvenes idealistas que se echó a la calle decidida a cambiar el mundo. Carlos González (21 años), Arturo Ruiz (19), Mari Luz Nájera (20), Andrés García (18), Vicente Cuervo (22), Emilio Martínez (20) o José Luis Montañés (23)…

Libros del autor comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/11/16/tipos-infames-carlos-fonseca/

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The facts of this interesting book occur on February 2, 1980 in full Transition. That day the body of Yolanda González, a member of the Socialist and Troskista Youth was found. His murderer was Emilio Hellín, a man linked to the extreme right. Yolanda’s murder not only moved the society of his time but continues to do so almost 40 years later.

Within the recent History of Spain there are still issues that are still very valid and in the collective memory despite the time elapsed. One of them is the murder of Yolanda González.
Through the testimony of her friends and family for what is, without a doubt, the most endearing or sentimental since she collects in anecdotes some of which attract attention as her boyfriend, Alejandro, was Camilo José Cela’s nephew. Personally, I liked to read and know this more human part since it lets you know more about who Yolanda González was.

What stands out most about «Don’t forget about me: Yolanda González, the most brutal crime in the Transition» is the documentary work that has been carried out. Carlos Fonseca also conducts an investigation in which at all times he maintains objectivity. He does not judge, he only presents the facts, letting the reader draw his conclusions. The book is divided into parts that allow us to discover what happened. From a purely historical point of view, it meets all the standards and provides many data that help complete what we know about the Transition and get to know it better.

Attached to graphic documents. Among them stand out the private and family photographs of Yolanda González as well as the documents related to the case. The truth is that I really liked this reading. Carlos Fonseca has a very entertaining style, the chapters are short, there are many dialogues and there is a lot of intrigue. In some moments it gives you the feeling that you are reading a novel but in the good sense of the word, not as something negative.

All this political, social, historical and judicial weight that it has makes it essential as a reference reading when studying the Transition. More than the judicial value, to highlight the historical.

They had received that same morning a call from Emilio Hellín calling them to execute the plan they had concluded days ago: place a small explosive device at the door of the offices of the agency Cinco Cero. It was the culmination of the campaign initiated against Interviú magazine with the burning in previous dates of several newsagents with the intention that they stop selling the publication.
It had been a week since a bomb letter attributed to the extreme right had exploded at the Unesco Friends Club in Madrid, in Tirso de Molina square, when around a hundred people were gathered to elect the new executive committee, whose only candidacy headed Joaquín Ruiz-Giménez. The violent detonation had caused serious injuries to two people. Now it was their turn.
As you know, ETA criminals have murdered six civil guards in the Vascongadas this morning and there are counter orders. Forget about the placement of the firecracker in the agency Cinco Cero, because we have to go to interrogate Yolanda González, the Etarra of which I spoke to you a few days ago.

The plan was clearly far fetched. If an ETA command was really hiding in the Tembleque 101 home, why didn’t they give it to the police to act? Discarded this option, which did not even arise, how were they certain that Yolanda would be alone and not accompanied by the other two inhabitants of the house and members, according to them, of the same command? And, if it were true that they only wanted to interrogate her, what did they intend to do once their mission was accomplished? To leave without leaving her free to alert her classmates of what happened? Wouldn’t that have meant her immediate escape? what would have served then his risky mission? And even more, what did they plan to do with the information obtained? Were they going to transfer it to the police?
Hellín’s plans were, however, different, without his statements before the Police and the judge, nor the investigations incorporated into the case, clarifying whether the decision to take her to a field of San Martín de Valdeiglesias was adopted on the march or , on the contrary, the ultra-rightist had taken it before. After a few minutes of a dense silence, in a corajudo tone he turned to Yolanda turning slightly back, but without crossing his eyes with those of the girl, who was sitting just behind him.

In Yolanda, the entire student movement, the entire mass movement, has been wanted to be shattered. And it is not new, because five years ago in Atocha they also killed five companions in the same way.

His vehicle is intervened under the Special Measures Act in relation to terrorist crimes committed by armed groups – the policeman in charge of the device informed him.
Those words had a devastating effect on their addressee who, without time to recover from the surprise, was introduced into one of the police cars and taken to the offices of the General Directorate of Security at the Puerta del Sol, while several agents practiced a thorough registration inside your car, which involved a Kommando 9mm Parabellum submachine gun, a hand grenade, an automatic knife, a metal baton and twelve cartridges of different caliber cartridges. The ultra-rightist also kept a jar of one gram of sodium pentothal, an anesthetic known as the truth serum, which, given intravenously in adequate amounts, could be used to interrogate a detainee. In a plastic bag he concealed several surgical gloves and a wig, in addition to a chapela and an ikurriña, presumably the one that had torn from Yolanda and Alejandro’s room …
Curiously, the address of Hellín and his family, on portal E, 2nd C, of the property where he was detained, would not be registered until ten in the morning and three in the afternoon of the following day, February 8.

What weapons were used to kill Yolanda González?
«I used the Walther and Ignacio fired the Star. Then he took care of putting them back in the basement of Libertad.» The Danton handed it to Felix, who didn’t use it.
The first clue to investigate the background of the crime was provided by the Central Police Identification Cabinet in a report that reflected the results of the study carried out on weapons seized from detainees. The agents carried out several series of shots with the seven guns, the revolver, the pistol pen and the submachine gun intervened, using part of the ammunition found and other cartridges of various brands and manufacturers. The comparative study between the pods collected in the shooting gallery and those found at the scene of the crime allowed us to determine without margin of error that, as Hellin and Abad had declared, the weapons with which they fired at Yolanda were the Walther model gun P-38 and the Star model D. Both had the serial number erased, which prevented them from knowing who their legal owners were and finding out how they had reached the killers. However, forensic ballistics specialists were able to recompose that of the Star pistol, which was 13,937, which opened the possibility of following the trail of the weapon.

As in the case of the Atocha massacre, where we also tried to find out who had provided the weapons, we found ourselves in a dead end. Neither in that process nor in Yolanda’s murder did we discover its origin, ”laments José María Mohedano.
Judge Varón Cobos’ decision to leave David Martínez Loza out of the case implied that Yolanda’s murder was the work of a group of uncontrolled people, commanded by Emilio Hellín, who had acted autonomously and outside the party to which they belonged, New Force They had perpetrated the events and claimed them, and theirs was the arsenal of weapons seized.
After almost two years of instruction, the summary for the murder of Yolanda González came to an end with the presentation by the parties of their provisional findings, the step prior to holding the oral hearing. If David Martínez Loza’s request for prosecution by the prosecutor had been a surprise, it was more so that he described as murder what he did less than a year ago, in January, he considered only homicide. The brief of the representative of the Public Ministry assumed as true the facts reported by Emilio Hellín in his first statements, of which he made a brief review, and considered this, Ignacio Abad, Félix Pérez and José Ricardo Prieto members of «an organized group and armed ”, to which the policeman Juan Carlos Rodas had“ joined ”to interrogate Yolanda González. The texts of the January 1981 conclusions and those presented now, dated December 4 of the same year, were identical, with only two additions to include the National Chief of New Force Security.

The ruling was swift. Just three days after concluding the oral hearing, on May 29, the five magistrates of the court sentenced Emilio Hellín to 43 and a half years in prison for a crime of murder with the aggravating nocturnality, in a medial contest with a crime of search of residence and other illegal detention (30 years), another continuing crime of deposit of weapons of war, defense and possession of explosives (13 years), and six crimes of falsification of identity documents and one of public use of alleged name (6 months). Ignacio Abad was sentenced to 28 years, 8 months and one day of imprisonment, also as a material author of the murder (26 years, 8 months and one day), and another for illegal possession of a firearm (2 years). Both should also compensate Yolanda’s parents with 6 million pesetas. The other two members of Group 41, Félix Pérez Ajero and José Ricardo Prieto, were considered by the court to be the perpetrators of a crime of raiding a violent residence in a medial contest with one of illegal detention, for which they imposed a penalty of 4 years to each of them, and an additional 2 years for a crime of illegal possession of a firearm, the first, and as an accomplice of a crime of possession of explosives, the second. David Martínez Loza was also convicted
to 6 years in prison as an author for the induction of a crime of violent break-in in a medial contest with one of illegal detention. Finally, Juan Carlos Rodas Crespo was sentenced to serve 3 months of major arrest when the court considered that, although he was also responsible for the crime of raid and illegal detention, the reduction of the penalty by two degrees was applicable for his collaboration with justice officials.

The escape of the ultra-rightist led to a widespread rejection and accusations of collusion between some judges and members of the State Security Forces and Corps with the extreme right. «The propensity of certain judges to favor the extreme right-wing terrorists accused or convicted of serious blood crimes has been evident in the years of the political Transition and, it seems, they persist in our days,» said the editorial of the newspaper El Country of February 28, 1987—. Gonez Gómez Chaparro’s performance is behind, granting the prison permit that facilitated the escape of Fernando Lerdo de Tejada, the alleged murderer of Atocha’s lawyers; the benevolent attitude of the controversial …
I guess Hellin came to Paraguay with his own contacts, but I don’t know who they were.
On June 27, Interviú published the scoop on its cover with the title «We discovered the murderer of Yolanda González in Paraguay», in which he gave an account of the businesses of the ultra-rightist in Asunción and of the protection that important personalities of the regime had lent him. The magazine revealed that he had separated from his wife a few months ago and lived with a young Paraguayan woman with whom he had a son. Two days later, lawyer José Mariano Benítez de Lugo asked the National Court to claim his extradition from the Ministry of Justice.
Interpol’s arrest warrant came to the Paraguayan authorities on July 6, although by then Hellin had already laid land in the middle and was beginning to speculate on the possibility that he had sought refuge in Chile.
At 11.50 on Friday, September 21, an Iberia plane bound for Madrid took off from the Silvio Pettirossi international airport, as it had been «renamed» until a few months ago Presidente Stroessner airport, with Emilio Hellín on board guarded by the Interpol police Spain José Manuel Ledesma and José Andrés Martorel. Interestingly, on that same flight the ambassador of Paraguay also traveled in our country, Rubén Adolfo Sapena Brugada, who then managed the first official visit of the Kings to Paraguay, which would take place a month later and would serve to give a march democratic to the government of General Andrés Rodríguez.
After his arrival in the capital, Hellín was imprisoned for a few hours in the Carabanchel prison until his transfer, on the morning of Sunday, September 23, to the Zamora prison, from which he had fled, thus ending a leak that was It had lasted for two and a half years.

The ultra-rightist was transferred to Jaén prison, where, after five years of imprisonment, on July 17, 1995, he was classified in the third degree of penitentiary or semi-freedom, which allowed him to go to jail only to sleep. It was the previous step to probation, which he obtained in 1996. The final licensing, which supposes the termination of the sentence, took place on July 6, 2000, after the payment of 3,483 days of redemption obtained during his stay in prison and 905 more being already on probation, which reduced to 14 years his effective stay in the prison of 43 to which he had been sentenced.

The passage of time diluted the murder of Yolanda González on the margins of a Transition that is intended to be exemplary by force of omitting, or perhaps more precise to say, hiding, the numerous victims recorded in this convulsive period of our recent history.
In a recent curriculum vitae (November 2017) Hellín himself states that he is «Professor of the Community Police School of Madrid, currently on voluntary leave, and instructor of the Civil Guard, National Police and Ministry of Defense police bodies in the field of investigation of computer crimes and analysis of mobile and cellular communications ”, the latter charges of which it assures that it is also“ on voluntary leave ”. Hellín says he is also «advisor and collaborator of magistrates and prosecutors in telecommunications systems, computer science, social networks, attacks on Wi-Fi networks and SITEL.

In short, all attempts to shed light on the case have concluded in the bin.

* The political Transition, which a majority of historians place between the death of Franco on November 20, 1975 and the victory of the PSOE on October 28, 1982, was not the model period that many politicians proclaim, but a tremendously conflicting and tragic in which the dictatorship did not end and the democracy did not end. So much so that the incipient freedoms were about to go down the drain of history with the coup d’etat of February 23, 1981, happily failed.
The Franco regime did not end overnight with the death of the dictator, nor were all the protagonists of the change that began thereafter were convinced Democrats. Many came from the ranks of a regime in which they measured without blushing, while the opponents suffered jail or exile.
The Transition was a collective eagerness, in which dozens of people lost their lives trying to establish the fragile freedoms that we began to recover against those who defended the survival of a Franco-free Franco regime. Men and women killed in demonstrations by «shooting into the air» of the Police or vilely killed by ultra-right groups who acted with impunity knowing that they were backed by the most involved sectors of the security forces, the Army and Justice.
Yolanda González Martín, a 19-year-old Bilbao student, was one of those anonymous fighters without whom it is impossible to explain what happened in our country in those years of illusions, uncertainty and fear. It was neither the first nor the last victim of that turbulent time, but the circumstances surrounding her brutal murder made her the symbol of a generation of young idealists who took to the streets determined to change the world. Carlos González (21 years old), Arturo Ruiz (19), Mari Luz Nájera (20), Andrés García (18), Vicente Cuervo (22), Emilio Martínez (20) or José Luis Montañés (23) …

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2015/11/16/tipos-infames-carlos-fonseca/

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