Un Año Para Maravillarse — Clemency Burton-Hill / Year of Wonder: Classical Music for Every Day by Clemency Burton-Hill

“… Creo que la música guarda el misterio de estar vivo. Estas piezas, algunas de las cuales duran solo unos minutos, pueden hacer mucho con tan poco. Se hacen amigos, se convierten en maestros, se convierten en alfombras mágicas. sentir, en compañía de la mejor música, reconocida, vista, sostenida. Motores de empatía, nos permiten viajar sin movernos a otras vidas, otras edades, otras almas “.
Clemency Buron-Hill

Obviamente, la música y la literatura tienen todo en común. Ambos son idiomas universales que cruzan cualquier frontera que se te ocurra.
Un año para maravillarse, cortesía de Clemency Burton-Hill, ofrece un tesoro de música curado a mano para todos los días del año; 366 obras de más de 240 compositores de medievalisistas hasta el siglo XXI.
Cuando abrí mi copia, Scott Joplin me ofreció alegremente el Trapo Gladiolo. Como un afroamericano que estuvo expuesto a la música clásica mínima cuando era niño y que ahora está cautivado por todo lo clásico, esto fue maravilloso para mí. Un año para maravillarse es el libro que necesito, de hecho es el libro para todos, aquellos que simplemente quieren sumergirse ocasionalmente y aquellos como yo que anhelan la inmersión.

No puedo recomendar Year of Wonder lo suficiente.
Clemency Burton-Hill es un ángel.
Deléitese con la música y la literatura y descubra la dicha.

“Un año para maravillarse: Música clásica para todos los días” presenta una pieza de música clásica para todos los días del año. Para cada día, la autora escribe un resumen o un reflejo de la pieza. A veces, la escritora ofrece un análisis musical de la pieza, mientras que otras veces escribe una reflexión personal.
Las piezas provienen de compositores famosos como W.A Mozart, J.S.Bach, L.V.Beethoven y otros, mientras que en otras ocasiones las piezas presentadas provienen de compositores menos famosos. Las piezas abarcan el espectro de la historia musical, desde el renacimiento hasta la actualidad.

El libro es bueno para expertos musicales, novatos y aquellos en el medio. La música clásica sigue siendo uno de los tesoros especiales de nuestro mundo. Este libro ayuda al lector a aprender más sobre este tesoro.

Somos una especie que crea música —siempre lo hemos sido y siempre lo seremos— y la capacidad de la música para analizar, expresar y entender lo humano sigue siendo uno de nuestros mayores dones colectivos. Además, somos una especie que intercambia música: venimos empleando la música para comunicarnos y relacionarnos desde el origen de los tiempos.
Vivimos en una época en que la música clásica ocupa un lugar cada vez más marginal en la cultura general, a pesar de lo cual seguimos teniendo la vaga conciencia de que «deberíamos» conocerla porque en cierto modo nos hará más inteligentes, más refinados y más civilizados. Creer esto no sirve de nada. Tampoco sirve el argumento de que es «superior» a otras formas de música —lo cual no es verdad— ni el de quienes creen que debe ser patrimonio de personas con cierto pedigrí, cierta educación o cierto color de piel, lo cual significa acaparar oportunidades del modo más repulsivo.

La expresividad espiritual de la Cavatina se siente como una música que llega a rincones que otras obras no habrían podido alcanzar nunca. Beethoven estaba ya completamente sordo y parece correr hacia los límites de lo que puede decirse con música, de lo que puede oírse. En mi opinión, la Cavatina explora en poco más de seis minutos los problemas más profundos de la fragilidad y la locura humanas, de la vida y el amor. En busca de las respuestas, alcanza una especie de elevada trascendencia.

25 enero día del bardo escocés Robert Burns. “My love is like a red, red rose”. Burns dijo que era «una sencilla canción de los antiguos escoceses que he recogido en el campo». Puede que sea sencilla, pero también es conmovedora y evocativa, y ha tenido un papel propio en la historia de la música: cuando se preguntó a Bob Dylan cuál había sido la fuente que más le había inspirado, respondió que la letra de esta canción le había impresionado más que ninguna otra en toda su vida.

23 febrero. Este día de 1990 Cinema Paradiso, el clásico posmoderno de Giuseppe Tornatore, se estrenó en Estados Unidos, donde acabó llevándose el Óscar a la mejor película extranjera. La cinta cuenta la historia de un niño que se hace amigo del proyeccionista del cine de su pueblo y acaba siendo un gran cineasta. La música fue compuesta por Morricone y su hijo Andrea. Conmovedor e incorregiblemente sentimental, el tema refleja a la perfección la premisa principal del film de Tornatore, a saber, que el arte es importante; que la dirección cinematográfica es importante; que el cine, como experiencia colectiva que establece vínculos entre las generaciones, por encima del tiempo y el espacio, es importante. Lo mismo podría decirse de la música.

Somewhere, West Side Story. Bernstein aprovecha aquí pasajes tanto de Beethoven (una frase del adagio del concierto «Emperador», cuyo primer movimiento oímos en mayo) como de Tchaikovski (de su ballet El lago de los cisnes). Esta canción se oye por primera vez durante una secuencia de baile; y la retoma la conmocionada María cuando su amado Tony muere en sus brazos. Bernstein y su letrista Stephen Sondheim explotan el argumento más sencillo que existe pero también el más desgarrador —hoy no, amor mío, pero algún otro día, en algún otro lugar, podremos estar juntos— y lo enmarcan con una música tan directa y con la que es tan fácil identificarse que nos hace pedazos.
No es de extrañar que esta canción haya cobrado vida fuera del teatro y las salas de conciertos: la ha cantado todo el mundo, desde las Supremes (que la interpretaron como un himno por los derechos civiles) hasta la mismísima y única Barbra Streisand.

Canción de cuna (cradle song) Berkeley ha dicho que su música tiene «un fuerte contenido emocional al que reaccionan los oyentes». Este breve villancico para soprano es un ejemplo conmovedor. Berkeley dice que se sintió muy atraído por la «devota sencillez» de la letra (que es de «Balulalow», que se publicó en 1567 como traducción de un villancico de Martín Lutero a cargo de John, Robert y James Wedderburn, tres hermanos escoceses de aquel siglo). El efecto, según Berkeley, es el de una «agradable canción de cuna».

30 diciembre. El largo día termina (the long day closes) Arthur Sullivan fue un dotado y prolífico compositor de canciones a capela, es decir, canciones para varias voces, con y sin acompañamiento instrumental. Hacían furor en la Inglaterra victoriana, donde las sociedades corales de aficionados surgieron y se multiplicaron como los champiñones, y las familias y los amigos se reunían para cantar juntos y pasárselo en grande.
Esta que presento, con sus armonías quejumbrosas y sentimiento conmovedor, me parece particularmente encantadora. La letra es de Henry Fothergill Chorley, crítico de arte, escritor, editor, poeta (y chismoso profesional), y evoca un humor meditabundo.

31 diciembre Polka del champán. Johann Strauss II era miembro de una familia de compositores —sin nada que ver con Richard y Franz— que definió una forma de sonido de la Viena del siglo xix. Compuso más de quinientos valses y otros géneros de música bailable, de aquí que lo llamaran «el rey del vals». Parece que cuando escribió esta espumosa polka pensaba en los taponazos de las botellas de champán cuando se descorchan: de hecho se oyen nada más empezar la pieza y creo que es el preludio musical perfecto para las celebraciones de esta noche.

—————

” . . .I believe that music holds the mystery of being alive. These pieces, some of which are just a few minutes long, can do so much with so little. They become friends, they become teachers, they become magic carpets. I feel, in the company of the greatest music, recognized, seen, held. Engines of empathy, they allow us to travel without moving into other lives, other ages, other souls.”
Clemency Buron-Hill

Obviously, music and literature have everything in common. They are both universal languages that travel across any border you could come up with.
Year of Wonder, courtesy of Clemency Burton-Hill provides a hand curated treasury of music for every day of the year; 366 works by more than 240 composers from medievalists to the twenty-first century.
When I opened my copy, I was joyously offered up the Gladiolus Rag by Scott Joplin. As an African American who was exposed to minimal classical music as a child and who is now enraptured by all things classical, this was wondrous for me. Year of Wonder is the book I need, indeed it is the book for everyone, those who merely want to dip in occasionally and those like me who long for immersion.

I cannot recommend Year Of Wonder highly enough.
Clemency Burton-Hill is an angel.
Revel in music and literature and discover bliss.

“Year of Wonder: Classical Music for Every Day” features a classical music piece for every day of the year. For each day, the author writes a summary or a reflection of the piece. At times, the writer offers a musical analysis of the piece, while at other times she writes a personal reflection.
The pieces come from famous composers such as W.A Mozart, J.S. Bacch, L.V. Beethoven and others, while at other times the featured pieces come from less famous composers. The pieces span the spectrum of musical history – from the renaissance to the present day.

The book is good for musical experts, novices and those in between. Classical music remains one of the special treasures of our world. This book helps the reader to learn more about this treasure.

We are a species that creates music – we have always been and always will be – and the ability of music to analyze, express and understand the human remains one of our greatest collective gifts. In addition, we are a species that exchanges music: we have been using music to communicate and interact from the beginning of time.
We live in a time when classical music occupies an increasingly marginal place in general culture, despite which we continue to have the vague awareness that we “should” know it because in a way it will make us more intelligent, more refined and more civilized Believing this is no use. Nor is the argument that it is “superior” to other forms of music – which is not true – nor that of those who believe it should be the heritage of people with a certain pedigree, a certain education or a certain skin color, which means monopolizing opportunities. in the most repulsive way.

The spiritual expressiveness of Cavatina feels like music that reaches corners that other works could never have achieved. Beethoven was already completely deaf and seems to run to the limits of what can be said with music, of what can be heard. In my opinion, Cavatina explores in more than six minutes the deepest problems of human fragility and madness, of life and love. In search of the answers, it reaches a kind of high importance.

January 25 day of the Scottish bard Robert Burns. “My love is like a red, red rose”. Burns said it was “a simple song of the ancient Scots that I have collected in the field.” It may be simple, but it is also touching and evocative, and has had a role in the history of music: when Bob Dylan was asked what had been the source that had inspired him most, he replied that the lyrics of this song He had impressed more than any other in his life.

February 23 This day in 1990 Cinema Paradiso, Giuseppe Tornatore’s postmodern classic, premiered in the United States, where he ended up taking the Oscar to the best foreign film. The film tells the story of a boy who befriends the cinema projectionist of his town and ends up being a great filmmaker. The music was composed by Morricone and his son Andrea. Touching and incorrigibly sentimental, the theme perfectly reflects the main premise of Tornatore’s film, namely that art is important; that the cinematographic direction is important; that cinema, as a collective experience that establishes links between generations, over time and space, is important. The same could be said of music.

Somewhere, West Side Story. Bernstein here uses passages from both Beethoven (a phrase from the adage of the “Emperor” concert, whose first movement we heard in May) and Tchaikovski (from his ballet Swan Lake). This song is heard for the first time during a dance sequence; and Mary is shocked when her beloved Tony dies in her arms. Bernstein and his lyricist Stephen Sondheim exploit the simplest argument that exists but also the most heartbreaking — no, my love, but some other day, somewhere else, we can be together — and frame it with such direct music and with the that it is so easy to identify that it makes us pieces.
It is not surprising that this song has come to life outside the theater and concert halls: it has been sung by everyone, from the Supremes (who interpreted it as a hymn for civil rights) to the very same and unique Barbra Streisand.

(cradle song) Berkeley has said that his music has “a strong emotional content to which listeners react.” This short Christmas carol for soprano is a moving example. Berkeley says he was very attracted to the “devout simplicity” of the lyrics (which is “Balulalow”, which was published in 1567 as a translation of a carol by Martin Luther by John, Robert and James Wedderburn, three Scottish brothers of that century). The effect, according to Berkeley, is that of a “nice lullaby”.

December 30 (the long day closes) Arthur Sullivan was a gifted and prolific composer of capela songs, that is, songs for several voices, with and without instrumental accompaniment. They were all the rage in Victorian England, where choral fan societies emerged and multiplied like mushrooms, and families and friends gathered to sing together and have a great time.
This one that I present, with its whining harmonies and touching feeling, seems particularly charming to me. The lyrics are from Henry Fothergill Chorley, art critic, writer, editor, poet (and gossip professional), and evokes a meditative mood.

31 December Polka of champagne. Johann Strauss II was a member of a family of composers – with nothing to do with Richard and Franz – that defined a form of nineteenth-century Vienna sound. He composed more than five hundred waltzes and other genres of dance music, hence they called him “the king of the waltz.” It seems that when he wrote this sparkling polka he thought about the bottle caps of champagne when they are uncorked: in fact they are heard as soon as the piece starts and I think it is the perfect musical prelude for tonight’s celebrations.

Un pensamiento en “Un Año Para Maravillarse — Clemency Burton-Hill / Year of Wonder: Classical Music for Every Day by Clemency Burton-Hill

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .