De Cayetana A Cayetano — Cayetano Martínez De Irujo / From Cayetana To Cayetano by Cayetano Martínez De Irujo (spanish book edition)

Interesante lectura. Desnuda el alma humana, no sólo la propia sino la de las personas de las que anhela reconocimiento, cariño, compañía… Y quizá eso es lo interesante de las biografías para los que tenemos interés por el alma humana. Son ventanas a lo ignoto que se abren para contemplar y seguir aprendiendo.
Con todos sus errores, que reconoce, lo que más me llega de este relato es la tenacidad por conseguir comunicarse y salir del hoyo. Frente a gente que reacciona como el bicho bola, como el avestruz, algo tan común en su familia y en su clase social, él no para de romper barreras, expandir sus horizontes, de ser un niño que quiere saber, aprender, entender, ser reconocido, ser querido, comunicarse, que le expliquen… recibir las coordenadas que un niño necesita para vivir feliz y construir una identidad sana y sólida.

Pero pese a tanta introspección y búsqueda de autoconocimiento todavía veo en él puntos ciegos que creo necesita resolver. Incoherencias que comparte con otras personas que conozco.
Si has sufrido tanto por los blasones no puedes seguir idealizándolos, sufrir porque te apartan de ellos.
Si has sufrido tanto porque tu madre ponía una casa por delante de ti, no deberías sentir tanto que esa casa desaparezca de tu vida. Al final la casa es parte de la maldición y alejarte de ella y empezar de nuevo es curativo.
Si te quejas de que tu madre no se enteraba de que en su propia casa te pegaban palizas y tampoco se enteraba de que el hombre con el que se casó te maltrataba, no puedes luego repetir una y mil veces que tu madre era muy lista y enseguida calaba a los seres humanos.
Si presumes de que tu madre reconstruyó un palacio porque quería mantener el patrimonio histórico de la ciudad, para que pudiera ser estudiado y disfrutado por todos, no pones el grito en el cielo porque el palacio se abre al público.

Ya va siendo hora de derribar el falso discurso de “nos sacrificamos mucho renunciando a muchas cosas para mantener lo que es nuestra obligación histórica.” Discurso no solo de los Alba, sino de todos los aristócratas que conservan sus legados. Sí, es verdad, vendiendo todo eso se podrían comprar muchos yates, viajar mucho y a todo tren…pero no lo venden porque el pedestal blasonado les gusta mucho más que los yates. Porque sienten que sin pedestal blasonado ya no serían la reina en su trono, serían solo un nuevo rico más del montón. No lo venden porque ser alguien que vive sobre un pedestal blasonado es una parte esencial de su identidad sin la que no saben, ni quieren vivir. Un yate no da contenido a una vida, una misión sí. Como un escritor quiere pasar a la posteridad por sus obras, un noble quiere pasar a la historia como el quinto Duque que hizo tal o cual y conservó tal o cual. Solo que el escritor concibe su camino como uno individual, trazado por él y el noble no se concibe sino como un eslabón de una cadena. Creo que está claro cuál de las dos opciones es la más sana para la psique del individuo.

En cuanto a sus peripecias con el león, francamente, son envidiables la energía y vitalidad de este hombre vistas desde mi punto de vista, que ya solo viajar con un perro me parece imposible. A su lado siento que me ahogo en un vaso de agua.
Pero me temo que viajar o vivir con una persona así puede ser muy estresante.

Destaco el abrirse como lo ha hecho él y espero que a largo plazo tenga consecuencias positivas en su vida y, ojalá, ninguna negativa. Ojalá empiece a vivir instalado en el disfrute de lo mucho que sí tiene y la hemorragia de dolor por lo que no tuvo quede cerrada.
Quizás con tu catarsis ayudas un poco a que se produzcan catarsis que muchos otros necesitamos. Gracias por tu lucha, tu valor, tu constante evolución, gracias por tu sinceridad, humanidad…

Alfonso Díez, el tercer marido de la duquesa, es un caballero, un hombre inteligente y sensible que cubrió de felicidad los últimos años de su mujer. Colaboró generosamente con Cayetano hasta conseguir que la duquesa dispusiera la sucesión de su herencia en vida, evitando futuros conflictos familiares y tensiones innecesarias. Sabía ella que el hijo que más se le parecía era Cayetano y no tengo duda. (Luis María Anson)

Mi madre Cayetana era una mujer versátil: en la calle, la duquesa amable, generosa, festiva, rompedora, era la Cayetana abierta y comprensiva, capaz de encandilar a la gente en cualquier escenario; en casa, sin embargo, se mostraba implacable, se transformaba en una mujer dura, que no toleraba un error o una actitud contraria a la suya, actuaba como las emperatrices de las películas.
Cayetana Alba no fue una madre al uso, ella es una figura histórica y fue un personaje de novela. En las crónicas de nuestra familia, ocupa uno de los puestos de cabeza, junto al gran duque Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, el mejor general de su época, gobernador de los Países Bajos (donde asustan a los niños recordando su figura) y protector del poeta Garcilaso de la Vega. Con tanto impacto social, aunque una figura radicalmente opuesta, fue la otra gran duquesa, María Teresa de Silva Álvarez de Toledo, la duquesa que pintó Goya, capaz de adoptar una niña negra (que de haber vivido habría sido duquesa de Alba) y retar con sumo ingenio a la reina de España, María Luisa de Parma. El tercer gran personaje es mi madre, XVIII duquesa de Alba por su gran obra: la reconstrucción del palacio de Liria y salvaguardar el patrimonio.

Era duro vivir maltratado por una mujer horrible y saber que Nana, a quien tanto he querido, estaba tan cerca. He adorado toda mi vida a Marga Cayarga la nanny que arrancaron de mi lado. Era puericultora en la maternidad de O’Donnell y la sacaron de allí para ayudar en los partos de los hijos de la duquesa Cayetana. Nana era la mejor, por eso la eligieron: «Usted se tiene que ir a trabajar con la duquesa de Alba», le dijeron. No hubo opción, así eran antes las cosas. Llegó a la casa con sus títulos de matrona, practicante y enfermera puericultora en 1948, un poco antes de nacer Carlos, cuando mis padres aún vivían en el piso de la calle Princesa lindando al palacio, que continuaba en obras. Nana me contaba cosas de entonces, como el momento en que enterraron la placenta del nacimiento de Carlos en el jardín. Ella se ocupó de los seis hermanos durante los primeros años; cuando íbamos creciendo, pasábamos bajo la tutela de una nanny inglesa (o de Santander, como Fernando y yo). Incluso atendió en los embarazos fracasados de mi madre, que fueron varios. Nana era educadora, consejera y, en mi caso, mi segunda madre. Con Eugenia también mantuvo una gran complicidad.
Margarita Cayarga era una mujer inteligente, fuerte, de personalidad bien marcada, humana, cercana, inteligente, guapísima. Una señora impresionante. Nunca pude renunciar a Nana. Cuando salió de Liria, me escapaba a su casa, luego me traía su marido medio a escondidas de vuelta al palacio. Hasta su muerte ha seguido teniendo un papel fundamental en mi vida: Nana pasaba temporadas en la finca de Las Arroyuelas. Su casa de la plaza de San Miguel ha sido siempre mi refugio. Aparecía allí como los huérfanos que buscan un hogar o el animal que regresa a su guarida. Nunca dejé de visitarla, de ir a comer con ella y dormir una siesta en el sofá cogido de su mano como cuando era pequeño, unos momentos que vivía en paz.
Ni antes ni después de la muerte de mi padre los pequeños participábamos en la vida social de la Casa. Hasta cumplidos los quince, si se celebraba alguna cena importante en el palacio, nos sacaban a saludar vestidos con el pijama y una bata de cuadros escoceses: «Niños, decid buenas noches». Obedientes, deseábamos las buenas noches y los invitados nos daban palmadas en la cabeza, como a los monos titi.
La anormalidad, la rareza en la que estábamos inmersos los habitantes de Liria, la reconfirmé cuando empecé a ir a fiestas a los domicilios de otros amigos, ya con catorce años. Nosotros vivíamos aislados, encerrados tras las verjas del palacio, sin cariño, sin apoyos, sin ayudas emocionales. Nos maltrataban sin saber por qué, elegían hasta el color del jersey que debíamos usar, decidían todas y cada una de las horas de nuestra vida.

Vivíamos mucha gente en el palacio, pero cada uno mascaba su propia existencia en soledad. Todos y cada uno de los habitantes de Liria negociábamos con nosotros mismos anhelos, proyectos o desesperanzas. El ambiente es muy duro. La calidez afectiva, la filantropía o la intimidad son conceptos incompatibles con el transcurrir de la vida en los salones. Liria, además, es el símbolo de los Alba-Berwick, como Buckingham lo es de los Windsor. Nosotros no somos familia real pero estamos sacudidos por la impronta inglesa de rigor y exigencia.
Liria es muy duro y mi madre era dura. No pretendo que se entienda como un reproche, porque no lo es. Simplemente constato una realidad. A Cayetana Alba le construyeron un palacio. Rematarlo y mantenerlo indemne hasta el siglo XXI ha sido su obra y el objetivo primordial de su vida: el destino, su padre o seiscientos años de historia sobre los hombros le encomendaron una misión que ella ejecutó espléndidamente. Su meta vital consistió en defender el patrimonio y mantener el orgullo de pertenencia a la Casa de Alba. Aunque hayan quedado tantos jirones esparcidos.

El entonces alcalde de Madrid, Enrique Tierno, sentenció el espacio, la vitalidad de Madrid, con un «Bendito sea el caos, porque es síntoma de libertad». Mi caos fue solo síntoma del desarraigo y la desesperanza. A mí me salvaron el deporte y mi fuerza de voluntad para seguir levantándome cada día. También la peste equina, que me obligó a salir de España.
Sé que he tenido una carrera deportiva con altibajos, pero para llegar y consolidarte en la élite, no solo precisas formación, entrenamiento y técnica, es fundamental equilibrio emocional y eso es lo que me faltaba.
Recuerdo las palabras de una psiquiatra que me estuvo tratando al volver de Inglaterra, tras los años sumido en la locura de la noche: «Si tú no llegas a tener el deporte, habrías sido irrecuperable». Entras en esa vorágine en la que yo anduve y acabas en una cuneta. Solo podía escapar del inmenso hoyo en el que estaba sumido con una actividad tan importante y comprometida como es el deporte.

La vida me ofrecía la oportunidad de volver a vivir la infancia y la adolescencia a través de ellos y ofrecerles experiencias opuestas a las mías. La decisión de convertirme en padre llevaba implícita la de formar una pareja con Genoveva. Aunque luego he tardado veinte años en aprender, estábamos decidiendo formar una familia, intentar vivir juntos. En ningún momento nos planteamos ser padres y vivir cada uno por su lado.
Permanecimos separados durante los meses de embarazo. Yo no quería que Genoveva estuviese en España con una cuadrilla de fotógrafos persiguiéndola cada vez que se asomara a la calle.

El comienzo del siglo XXI estuvo marcado en mi vida por dos hechos antagónicos. El 11 de mayo de 2001 murió Jesús Aguirre, el marido de mi madre, la persona que más sufrimiento me había provocado en mi adolescencia, el hombre que vivió en Liria durante veintitrés años y cuya personalidad estaba plagada de claroscuros. Un par de meses más tarde, el 25 de julio, nacieron mis hijos Amina y Luis. Su llegada a este mundo es lo mejor que me ha ocurrido, con ellos empezó a brillar la luz en mi interior.
El final del marido de mi madre fue muy triste. Una fuerte depresión minó su carácter unos siete años antes del fallecimiento. Los últimos cinco fueron terroríficos. Había abandonado cualquier actividad intelectual y sus compromisos con la Academia de Bellas Artes y la Real Academia Española y el consejo de administración de PRISA.
Un suceso nada anecdótico marcó el punto de inflexión en la bajada a los infiernos de Aguirre. Fue cuando el entonces alcalde andalucista de Sevilla, Alejandro Rojas Marcos, le destituyó como comisario de la Expo92: «¿Quién es el responsable del comunicado difundido por la comisaría de la ciudad para 1992 que me acusaba de una lamentable falta de conocimientos culturales?», preguntó el regidor. Con sus galones de duque de Alba, Berwick y el resto de títulos nobiliarios que tanto le emocionaban, le respondió: «Yo, de la cruz a la fecha». Naturalmente supuso la destitución inmediata. La soberbia y la petulancia habían sido su distintivo.

¡La abuela se casa! Los nietos estaban muy alejados de lo que ocurría en palacio con la boda de la abuela. Necesitaba casarse. Se enfrentó a todo y a todos. Hizo cruz y raya a aquellos que cuestionaron la boda.
Alfonso se integró muy bien en Liria. Con mi madre viva no era difícil acostumbrarse a vivir en Liria o en Las Dueñas. Es un hombre muy simpático, muy educado con todo el mundo, muy humano: la antítesis de Jesús, que era solitario, frío y maquiavélico.
Al resto de la familia nos aportaba simpatía y armonía en unas relaciones humanas tan deterioradas como las nuestras: él nos acercaba y relajaba tensión en los almuerzos. Es un hombre positivo en todos los ámbitos. Nunca se metió en los asuntos de la Casa y debíamos hacer muchos cambios para situarla en el siglo XXI . Y si somos agradecidos y reconocemos la realidad, todos nosotros hemos de agradecer a Alfonso Díez o a las moiras que guiaron su destino, que se cruzase con mi madre.

Ahora sé que mis innumerables conquistas no debían ser motivo de orgullo solo por el hecho de anotar un número más en la lista. Mi actitud era producto del descalabro emocional que ya he relatado: el abandono, las palizas, el calvario y el miedo. Todos esos sentimientos negativos me los habían provocado diferentes mujeres. Solo he sabido relacionarme con ellas desde el amor y el odio, la pasión y el miedo, el deseo y más miedo; mucho miedo a que me abandonasen de nuevo. He querido mucho a algunas, pero las he querido mal. Desconocía que se puede trazar un camino conjunto.
Ahora lo sé, soy capaz de estar con una mujer y sentirla a mi lado como compañera. Ahora es cuando puedo mantener una relación equilibrada con Bárbara Mirján.

Después de mucho dolor, tras las experiencias vividas con la salud, he logrado desvincularme de mis tres hermanos mayores. He aceptado que no me quieren, me lo han demostrado con creces. Estaba moribundo, pero Jacobo no vino a visitarme al hospital. Si le pasa algo a él yo acudiría, sin duda. Alfonso me visitó en una ocasión, después de mandarle un mensaje. Carlos hacía la visita institucional, un duque de Alba siempre está presente en entierros, funerales y actos de ese cariz. Fernando y Eugenia sí vinieron, menos de lo que me hubiera gustado, pero les sentí cerca a ambos.
Mis hermanos mayores tienen una gran limitación educacional. Como yo. La diferencia es que he estado durante cuarenta años quitándome la armadura por partes, saliendo de agujeros, y no he parado hasta averiguar los motivos por los que me hundía. A ellos les falta el sentimiento de culpa por comportarse de ese modo.
Cada día, yo sigo trabajando mucho conmigo mismo. He pagado un alto precio para encontrar mi yo más profundo. Me ha costado mucho esfuerzo ser un hombre valorado de forma objetiva y justa. Gracias al tratamiento seguido en Estados Unidos pude afrontar la muerte de mi madre y lo que vino después. Confío en que mi imagen esté virando y comience a primar lo importante: mi trayectoria de deportista en la alta competición. La hípica es un deporte difícil, hacerse un hueco, muy complicado, y llegar y mantenerse en la élite es muy complejo.
El mayor defecto del ser humano es que no se atreve a mirarse al espejo y ver con honestidad la imagen que este devuelve. Si hay una virtud de la que me sienta orgulloso es esa: hasta que no he sido yo y he mejorado para llegar a alcanzar el mínimo que me exigía, no he parado de buscar e investigar y hallar soluciones. Ahí sí me doy una gran medalla. La medalla de la vida.

—————-

Interesting reading. Undress the human soul, not only its own but that of the people of whom it yearns for recognition, affection, company … And perhaps that is the interesting thing about biographies for which we have an interest in the human soul. They are windows to the unknown that open to contemplate and continue learning.
With all his mistakes, which he recognizes, what comes most to me from this story is the tenacity to communicate and get out of the hole. In front of people who react like the ball bug, like the ostrich, something so common in his family and in his social class, he keeps breaking down barriers, expanding his horizons, being a child who wants to know, learn, understand, be recognized, loved, communicate, explain … receive the coordinates that a child needs to live happily and build a healthy and solid identity.

But despite so much introspection and search for self-knowledge, I still see in him blind spots that I think he needs to solve. Inconsistencies that he shares with other people I know.
If you have suffered so much for the blazons you cannot continue to idealize them, suffer because they take you away from them.
If you have suffered so much because your mother put a house ahead of you, you should not feel so much that that house disappears from your life. In the end the house is part of the curse and getting away from it and starting over is healing.
If you complain that your mother did not find out that she was beaten in her own house and she did not find out that the man she married abused you, you can not repeat once and a thousand times that your mother was very smart and Immediately pumpkin to humans.
If you presume that your mother rebuilt a palace because she wanted to maintain the historical heritage of the city, so that it could be studied and enjoyed by everyone, you don’t scream in the sky because the palace opens to the public.

It is time to tear down the false discourse of “we sacrifice a lot by giving up many things to maintain what is our historical obligation.” Speech not only of the Alba, but of all the aristocrats who retain their legacies. Yes, it is true, selling all that you could buy many yachts, travel a lot and at all trains … but they don’t sell it because the emblazoned pedestal they like much more than the yachts. Because they feel that without emblazoned pedestal they would no longer be the queen on their throne, they would be just a new rich man over the bunch. They don’t sell it because being someone who lives on a emblazoned pedestal is an essential part of their identity without which they don’t know, nor want to live. A yacht does not give content to a life, a mission does. As a writer wants to go to posterity for his works, a nobleman wants to go down in history as the fifth Duke who did this or that and kept this or that. Only the writer conceives his way as an individual, traced by him and the noble is only conceived as a link in a chain. I think it is clear which of the two options is the healthiest for the individual’s psyche.

As for his adventures with the lion, frankly, the energy and vitality of this man seen from my point of view are enviable, since traveling alone with a dog seems impossible to me. At his side I feel that I drown in a glass of water.
But I’m afraid that traveling or living with such a person can be very stressful.

I emphasize opening as he has done and I hope that in the long term it will have positive consequences in his life and, hopefully, no negative. Hopefully he begins to live installed in the enjoyment of how much he does have and the bleeding of pain so he did not have it closed.
Perhaps with your catharsis you help a little to produce catharsis that many others need. Thank you for your struggle, your courage, your constant evolution, thank you for your sincerity, humanity …

Alfonso Díez, the third husband of the duchess, is a gentleman, an intelligent and sensitive man who covered his wife’s last years with happiness. He generously collaborated with Cayetano until the duchess arranged for the inheritance of his inheritance in life, avoiding future family conflicts and unnecessary tensions. She knew that the son who looked most like him was Cayetano and I have no doubt. (Luis María Anson)

My mother Cayetana was a versatile woman: in the street, the kind, generous, festive, groundbreaking duchess was the open and understanding Cayetana, capable of dazzling people on any stage; At home, however, she was relentless, transformed into a tough woman, who did not tolerate a mistake or an attitude contrary to her own, acted as the empresses of the films.
Cayetana Alba was not a mother to use, she is a historical figure and was a novel character. In the chronicles of our family, he occupies one of the leading positions, next to the great Duke Fernando Álvarez de Toledo and Pimentel, the best general of his time, governor of the Netherlands (where they scare children remembering his figure) and protector of the poet Garcilaso de la Vega. With so much social impact, although a radically opposite figure, was the other great duchess, María Teresa de Silva Álvarez de Toledo, the duchess who painted Goya, capable of adopting a black girl (who had lived if she had been Duchess of Alba) and challenged with great ingenuity to the queen of Spain, María Luisa de Parma. The third great character is my mother, XVIII Duchess of Alba for her great work: the reconstruction of the palace of Liria and safeguarding the heritage.

It was hard to live battered by a horrible woman and to know that Nana, whom I loved so much, was so close. I have loved Marga Cayarga the nanny all my life that they ripped from my side. She was a pioneer in the motherhood of O’Donnell and was taken from there to help with the births of the children of Duchess Cayetana. Nana was the best, so they chose her: “You have to go to work with the Duchess of Alba,” they told her. There was no choice, that’s how things were before. He arrived at the house with his titles as a midwife, practitioner and child nurse in 1948, shortly before Carlos was born, when my parents still lived on the floor of Princess Street, bordering the palace, which was still under construction. Nana was telling me about things from then, like the moment they buried the placenta of Carlos’s birth in the garden. She took care of the six brothers during the first years; When we were growing up, we were under the tutelage of an English nanny (or Santander, like Fernando and me). He even attended my mother’s failed pregnancies, which were several. Nana was an educator, counselor and, in my case, my second mother. With Eugenia he also maintained great complicity.
Margarita Cayarga was an intelligent, strong woman, with a well-marked personality, human, close, intelligent, beautiful. An awesome lady. I could never give up on Nana. When she left Liria, she escaped me to her house, then she brought me half her husband secretly back to the palace. Until his death he has continued to play a fundamental role in my life: Nana spent seasons at the estate of Las Arroyuelas. His house in the Plaza de San Miguel has always been my refuge. It appeared there as orphans looking for a home or the animal that returns to its lair. I never stopped visiting her, going to eat with her and taking a nap on the sofa holding her hand like when I was little, a few moments I lived in peace.
Neither before nor after the death of my father did the little ones participate in the social life of the House. Until the fifteenth birthday, if there was an important dinner in the palace, they would take us out to greet dressed in pajamas and a plaid robe: “Children, say good night.” Obedient, we wished good night and the guests patted us on the head, like the titi monkeys.
The abnormality, the rarity in which the inhabitants of Liria were immersed, I reconfirmed when I started going to parties at the homes of other friends, already fourteen years old. We lived in isolation, locked behind the gates of the palace, without love, without support, without emotional aids. They mistreated us without knowing why, they chose even the color of the jersey we should wear, they decided each and every hour of our life.

We lived a lot of people in the palace, but each one chewed his own existence alone. Each and every one of the inhabitants of Liria negotiated with ourselves longings, projects or despair. The environment is very hard. Affective warmth, philanthropy or intimacy are concepts incompatible with the passing of life in the classrooms. Liria, in addition, is the symbol of the Alba-Berwick, as Buckingham is of the Windsor. We are not a royal family but we are shaken by the English imprint of rigor and demand.
Liria is very hard and my mother was tough. I do not pretend to be understood as a reproach, because it is not. I simply verify a reality. Cayetana Alba was built a palace. Topping it off and keeping it undamaged until the 21st century has been her work and the primary objective of her life: fate, her father or six hundred years of history on her shoulders entrusted her with a mission she splendidly executed. His vital goal was to defend the heritage and maintain the pride of belonging to the House of Alba. Although there have been so many tattered scattered.

The then mayor of Madrid, Enrique Tierno, sentenced the space, the vitality of Madrid, with a “Blessed be chaos, because it is a symptom of freedom.” My chaos was only a symptom of uprooting and despair. They saved my sport and my willpower to continue getting up every day. Also the African plague, which forced me to leave Spain.
I know that I have had a sporting career with ups and downs, but to arrive and consolidate in the elite, not only do you need training, training and technique, it is fundamental emotional balance and that is what I needed.
I remember the words of a psychiatrist who was treating me when I returned from England, after the years mired in the madness of the night: “If you did not get to have the sport, you would have been unrecoverable.” You enter that maelstrom in which I walked and end up in a ditch. He could only escape the immense hole in which he was mired in an activity as important and committed as sports.

Life offered me the opportunity to relive childhood and adolescence through them and offer them opposite experiences to mine. The decision to become a father implied that of forming a couple with Genoveva. Although then it took me twenty years to learn, we were deciding to start a family, try to live together. At no time do we consider being parents and living each one by his side.
We remained separated during the months of pregnancy. I did not want Genoveva to be in Spain with a gang of photographers chasing her every time she appeared on the street.

The beginning of the 21st century was marked in my life by two antagonistic facts. On May 11, 2001, Jesús Aguirre, my mother’s husband, died, the person who suffered the most suffering in my adolescence, the man who lived in Liria for twenty-three years and whose personality was plagued with chiaroscuros. A couple of months later, on July 25, my children Amina and Luis were born. His arrival in this world is the best thing that has happened to me, with them the light began to shine inside me.
The end of my mother’s husband was very sad. A strong depression undermined his character about seven years before his death. The last five were terrifying. He had abandoned any intellectual activity and his commitments to the Academy of Fine Arts and the Royal Spanish Academy and the board of directors of PRISA.
An anecdotal event marked the turning point in the descent to the hells of Aguirre. It was when the then Andalusian mayor of Seville, Alejandro Rojas Marcos, dismissed him as curator of the Expo92: «Who is responsible for the statement issued by the city police station for 1992 that accused me of an unfortunate lack of cultural knowledge?» asked the alderman. With his gallons of Duke of Alba, Berwick and the rest of the noble titles that so excited him, he replied: “I, from the cross to date.” Naturally it meant immediate dismissal. Pride and petulance had been his hallmark.

Grandma is getting married! The grandchildren were very far from what happened in the palace with the grandmother’s wedding. I needed to get married. He faced everything and everyone. He made a cross and line to those who questioned the wedding.
Alfonso was very well integrated in Liria. With my mother alive it was not difficult to get used to living in Liria or Las Dueñas. He is a very nice man, very polite with everyone, very human: the antithesis of Jesus, who was lonely, cold and Machiavellian.
The rest of the family gave us sympathy and harmony in human relationships as deteriorated as ours: he brought us closer and relaxed tension at lunch. He is a positive man in all areas. He never got into the affairs of the House and we had to make many changes to place it in the 21st century. And if we are grateful and recognize reality, all of us have to thank Alfonso Díez or the moiras that guided his destiny, to cross my mother.

Now I know that my countless conquests should not be a source of pride just for the fact of writing down one more number on the list. My attitude was a product of the emotional breakdown I have already reported: abandonment, beatings, ordeal and fear. All these negative feelings had been caused to me by different women. I have only known how to relate to them from love and hate, passion and fear, desire and more fear; very afraid of being abandoned again. I have loved some very much, but I have loved them badly. I did not know that a joint path can be traced.
Now I know, I am able to be with a woman and feel her by my side as a partner. Now is when I can maintain a balanced relationship with Barbara Mirján.

After much pain, after the experiences with my health, I have been able to disassociate myself from my three older brothers. I have accepted that they do not love me, they have proved it to me. I was dying, but Jacobo didn’t come to visit me at the hospital. If something happens to him I would go, no doubt. Alfonso visited me once, after sending him a message. Carlos made the institutional visit, a Duke of Alba is always present at funerals, funerals and acts of that kind. Fernando and Eugenia did come, less than I would have liked, but I felt close to both of them.
My older brothers have a great educational limitation. Like me. The difference is that I have been taking parts armor for forty years, coming out of holes, and I have not stopped until I find out the reasons why I was sinking. They lack the feeling of guilt for behaving that way.
Every day, I continue to work hard with myself. I have paid a high price to find my deepest self. It has taken me a lot of effort to be an objectively and fairly valued man. Thanks to the treatment followed in the United States, I was able to face the death of my mother and what came next. I trust that my image is turning and the important thing begins to prevail: my career as an athlete in high competition. Horse riding is a difficult sport, getting a hole, very complicated, and reaching and staying in the elite is very complex.
The greatest defect of the human being is that he does not dare to look in the mirror and see honestly the image he returns. If there is one virtue that I am proud of, it is that: until it has not been me and I have improved to reach the minimum required, I have not stopped looking for and investigating and finding solutions. There I give myself a great medal. The medal of life.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .