Blockchain. ¿Fuego Prometeico O Aceite De Serpiente? — Nicolás Boullosa Guerrero / Blockchain Promethean Fire or Snake Oil? by Nicolás Boullosa Guerrero (spanish book edition)

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Una lectura más que recomendable desde un punto de vista además filosófico.
Blockchain es un término muy repetido y poco entendido, pero su potencial es indudable.
Una de sus aplicaciones más prometedoras son las organizaciones autónomas descentralizadas, o DAO, las cuales automatizan tareas de gobernanza en asociaciones de cualquier naturaleza. Hay quien no comprende el valor de la autogestión efectiva en organizaciones descentralizadas. Estas usan contratos automatizados entre participantes para crear sistemas mutualistas.
La ventaja estratégica de la arquitectura blockchain engendra el que es, hasta el momento, su principal inconveniente: estas bases de datos distribuidas registran públicamente el histórico de todas las transacciones, y evitan así la edición de datos retroactiva (o «problema del doble gasto», en terminología de Satoshi Nakamoto). Ello obliga a un proceso de verificación que, en la práctica, se desarrolla con una frustrante lentitud y requiere demasiada capacidad computacional.
Cualquier participante en una infraestructura blockchain puede participar en la verificación de las transacciones demostrando informáticamente su buena fe a través de una prueba de trabajo (equivalente al vilipendiado sistema captcha en nuestro acceso cotidiano a servicios electrónicos); en la práctica, el nivel de desarrollo de este proceso equivale, a una escala de Internet.

Más allá de la fanfarria de la burbuja Bitcoin y del entusiasmo de quienes quieren solucionar todos los problemas del mundo con sistemas de contratos inteligentes en la plataforma Ethereum, será la propia comunidad quien, con su atención y acciones, deba reivindicar un nuevo estatuto que actualice su propio reconocimiento en tanto que participante activo de la infraestructura que usa, evolucionando desde mero «usuario pasivo» a ciudadano. Por sus características técnicas, descentralización e independencia de sistemas tradicionales de confianza e intermediación, la arquitectura de la cadena de bloques podría ayudar en este propósito.

Las posibilidades de la tecnología y alimenta ataques tan viscerales como poco informados. Quizá podamos contribuir a que la conversación en torno a blockchain gire menos en torno a las temáticas más sensacionalistas: la volatilidad de la cotización de las principales criptomonedas; su posible instrumentalización por el crimen organizado y por tiendas ilícitas de la dark Web.
Blockchain —la cadena de bloques— se ha convertido en uno de esos anglicismos que nadie comprende del todo pero que no está de más repetir, no sea que uno quede rezagado. Cuando llega el momento de investigar, los detalles técnicos de esta arquitectura distribuida de bases de datos causan cierta desconfianza entre el público: si hay algo menos popular que las funciones de hojas de cálculo, lo hemos encontrado en la intersección entre la criptografía —el cifrado de datos mediante algoritmos—, las matemáticas y el análisis de sistemas. Precisamente el epicentro desde donde blockchain ha decidido iniciar la cadena.
Técnicamente, el corazón de la tecnología se compone de un registro de transacciones entre usuarios, la cadena de bloques, que guarda paralelismos con el primer servicio P2P de intercambio de ficheros musicales, Napster, el cual contaba también con una lista de ficheros compartida.
En esencia, blockchain es la base de datos del futuro, o es al menos una de las principales arquitecturas contendientes: la sociedad contemporánea depende de métodos eficientes para almacenar y recuperar la información.

Blockchain es la iteración más reciente de una vieja aspiración, con raíces en la filosofía humanista y los movimientos sociales utópicos surgidos a partir de la Ilustración: la voluntad de armonizar el respeto de los derechos individuales con una necesidad más amplia de prosperidad y pertenencia a un colectivo. Pero las principales corrientes de cambio que querían romper con el Antiguo Régimen —libertinismo, liberalismo, sansimonismo, ludismo, socialismo utópico, anarquismo o socialismo revolucionario— se toparon con un problema recurrente: la imposibilidad de reducir a un individuo a su suma predecible de comportamientos. ¿Cómo armonizar las contradicciones del ser humano con el carácter predecible de las máquinas?.
Por primera vez, sucede algo remarcable: Blockchain ha transformado el escaso interés de las bases de datos entre el público, hasta el punto de convertir este elemento, analizado hasta ahora en función de su utilidad y discreción, en el principal elemento estratégico de lo que ve el usuario: la utilidad del front-end, materializada en forma de interfaz de acceso a una aplicación.
¿Por qué tanto revuelo entre el gran público por la arquitectura de un sistema de almacenamiento sistemático, si hasta ahora las bases de datos solo han suscitado interés en grandes instituciones burocráticas y sistemas empresariales?.

Blockchain es, en esencia, un sistema mutualista protegido con criptografía asimétrica (con una clave doble: una parte privada; y la otra publicada junto al «sello» almacenado en el documento histórico compartido por todos que llamamos cadena de bloques) en el que todos los participantes han mostrado voluntariamente su inventario, generando una confianza «por diseño». La figura del intermediario es, por tanto, prescindible si así lo deciden todos los usuarios de la base de datos distribuida de manera segura. Una arquitectura P2P que mantendrá su integridad y evitará el fraude masivo siempre que los procesos lícitos de actualización de la cadena de bloques superen en número los ataques contra la integridad de la información (usando argucias como, por ejemplo, una bifurcación, o publicar una versión apócrifa de la cadena de bloques en la que una porción de los últimos bloques haya sido fabricada).

La década que ahora agotamos ha estado marcada por la abundancia digital aportada por la Internet ubicua, así como por sus excesos. En todos estos años, nos hemos acostumbrado a servicios maduros que nos han hecho olvidar problemas técnicos y dificultades de épocas pretéritas. Pero en estos años también hemos sido testigos de una tendencia en apariencia irrefrenable que, como el poder de atracción de cuerpos masivos en el universo, ha concentrado nuestro tiempo ante la pantalla en torno a un puñado de servicios, propiedad de un número reducido de empresas ubicadas hoy en los primeros puestos mundiales de capitalización bursátil.
Poco a poco, la credulidad e inocencia de los usuarios, quienes acceden a Internet a través de pantallas y objetos que se camuflan como relojes, altavoces o espejos51 para hacer ejercicio, muta hacia una mayor concienciación sobre el riesgo de confiar la información personal a empresas que controlan los repositorios centralizados donde se encuentran estos datos, así como los algoritmos que los combinan con la actividad del usuario y con lo que este ha decidido compartir públicamente con el mundo. En la última década, el efecto de red y la utilidad objetiva de las redes sociales lograron lo impensable apenas unos años atrás: convencer al tercio más conectado de la población mundial sobre el triunfo de la mentalidad de la transparencia digital. Esta transparencia, camuflada primero tras una aureola de supuesta colaboración y altruismo, mutó a mediados de la década, con el triunfo de Instagram y la función de grupos en redes sociales y mensajería, hacia un exhibicionismo en que solo los usuarios más populares, o influencers, reciben algo más a cambio que supuesta popularidad. La década se acerca a su fin ofreciendo los síntomas del agotamiento de un ciclo, y aportando la sensación de que, quizá, Facebook y sus competidores nos hayan hecho a todos partícipes del mayor estudio cognitivo jamás realizado, en el cual hemos cumplido, con buen ánimo e intachable motivación, con nuestro papel de cobayas humanas.
La pregunta del millón del llamado «efecto de red» consiste en saber si llega antes el huevo o la gallina: si hacen falta suficientes usuarios y suficientemente diversos para que un servicio llegue al gran público, o si su promoción exitosa atraerá al gran público, que dirimirá más tarde si concede o no una oportunidad a la aplicación. Si los servicios creados con Ethereum logran generar un efecto de red y popularizarse con rapidez, la revolución de la confianza habrá tenido lugar. Será entonces cuando la Internet concentrada de la actualidad muestre su estrategia ante los nuevos competidores: evolucionar para que sus servicios integren algunas de las buenas prácticas propuestas por blockchain… O poner todas las trabas a su alcance para evitar o ralentizar el éxito de Ethereum y posibles alternativas.
Desde su aparición formal en 2009 con el lanzamiento de Bitcoin, la estructura de bases de datos blockchain se ha convertido en blanco de todas las especulaciones: para unos, el proyecto es humo en forma de artículos, declaraciones de buenas prácticas y promesas; para otros, la cadena de bloques es el mal encarnado, una especie de Aleph negativo que, en vez de concentrar todos los puntos posibles del universo como el del cuento de Borges, es el reducto de todos los males, desde la nueva factoría virtual de canjeo de dinero negro y crimen cibernético hasta el origen o fin último de todos los desatinos de la Internet actual.
Blockchain no puede ser las dos cosas a la vez. O fraude en potencia a partir de una idea descabellada debido a sus constricciones técnicas y operativas (capacidad de procesamiento y energía consumida, dependencia de nodos que actualicen la cadena de bloques y, por tanto, creen una élite dentro del sistema, etc.); o peligro para el orden establecido (por su capacidad de propagación, o en tanto que alternativa al marco jurídico y técnico de Estados y organizaciones supranacionales, etc.).

Las grandes cuestiones en torno al desarrollo y evolución de Internet están ligadas a los efectos de la nueva tecnología, la imprenta de nuestro tiempo, sobre la propia condición humana en cada momento histórico: si la imprenta facilitó el surgimiento del periodismo, Internet ha provocado su mayor crisis y pone entredicho modelos de conocimiento basados en intermediarios tradicionales. Pero la propia fiebre de la sociedad del conocimiento —la cacofonía de la desinformación y los bulos, producidos por usuarios que son a la vez receptores y altavoces de todo tipo de información— parece querer producir sus propios anticuerpos: protocolos seguros, distribuidos y radicalmente democráticos que, como blockchain, asocian a cualquier transacción un histórico de registros no falsificable. Estos nuevos protocolos facilitarán el surgimiento de una sensación de corresponsabilidad en redes de usuarios en las que el propio objetivo individual se ajustará a la capacidad y salud general de un sistema interdependiente: la cadena de bloques alcanza consensos mediante la confirmación de las buenas prácticas.
A estas alturas, a lo sumo deberíamos ser precavidos al infravalorar las posibilidades de una tecnología o futuro protocolo de Internet por supuestas «razones de peso», como su carácter ininteligible, la acumulación de promesas falsas y/o vacuas, o por entusiasmar más a un atajo de empollones que al gran público y los grandes inversores. Como hemos comprobado, la propia Internet fue atacada públicamente debido a su amateurismo y charlatanería, la falta de rigor de sus proyectos con sospechoso tufo libertario y el desprecio de cualquier taxonomía operativa o inteligible.
Nuestro abuso del «búscalo en Google» o del «lo dice Google» puede tener consecuencias nefastas si, por ejemplo, el navegador se centra en mostrar los resultados económicamente más efectivos en lugar de ofrecer respuestas no tendenciosas a información acerca de teorías conspirativas, desinformación y agitación propagandística.

Bitcoin apareció como una compilación matemáticamente viable de conceptos que servían para crear un «ecosistema» donde residiera un nuevo tipo de dinero. En este ecosistema, equivalente al contexto del Ciclo troyano o las sagas nórdicas (el «universo» de tradiciones que permite el caldo de cultivo donde puede surgir algo nuevo, sea una obra literaria o una criptomoneda), unidades monetarias llamadas bitcoin (BTC) sirven para almacenar y transmitir valor entre participantes de la red Bitcoin. Pero, del mismo modo que las unidades surgidas del Ciclo troyano (los libros de Homero) crearían mucho más valor del que retienen, al permitir toda una tradición posterior, el «ecosistema» de Bitcoin tiene mayor potencial que el planeado inicialmente, y la propia infraestructura, blockchain, puede servir de base para plataformas de «contratos inteligentes» que creen aplicaciones de todo tipo, lo cual relativiza su uso inicial exclusivo como criptomoneda. Y, si las monedas bitcoin son las unidades de la saga blockchain, o los libros individuales de la Biblioteca de Babel, ese repositorio bibliográfico con un número incalculable de habitaciones, estantes y libros concebida por Jorge Luis Borges, ¿quién es el Homero de la cadena de bloques?…
En la cadena de bloques, la identidad no importa y no es necesario confiar en un personaje mesiánico, una empresa, una organización sin ánimo de lucro o una institución. Cualquiera puede inspeccionar el código y la referencia de las transacciones compartidas, y la infraestructura es supervisada por un «nadie» que equivale a la supervisión prorrateada de toda la red. A la larga, los servicios de la cadena de bloques deberán demostrar su viabilidad manteniendo lo que todos pueden ver (el histórico de transacciones) y lo que no pueden ver (la identidad real de los participantes). Una propuesta a la vez tan real y esquiva como el misterio en torno a su propio origen y a la identidad de su creador.

La noticia menos buena es que, más allá del éxito relativo de Bitcoin —todavía alejado del gran público y del mercado global del pago de transacciones en el mundo cotidiano— y de las promesas fundadas en torno a la plataforma de contratos inteligentes y aplicaciones Ethereum, el nuevo sector que promete propulsar la tercera oleada de innovación en Internet tiene poco que mostrar al gran público. Solo inversores y expertos en gestión de la cadena de suministros, trazabilidad de productos, y servicios financieros, muestran un apoyo incondicional del que carecen incluso los usuarios pioneros que no se hayan acercado a alguno de los servicios con tokens (derechos sobre futuras criptomonedas vendidos por proyectos en búsqueda de financiación a especuladores e inversores) y criptomonedas.
Kevin Werbach argumenta que «Bitcoin es una cucaracha. Y lo que quiero decir con ello es un halago». La principal criptomoneda y la arquitectura que simboliza ha demostrado su capacidad de resistencia conceptual, jurídica y técnica: ni errores de programación; ni infinidad de intentos de dejar inoperativa una mayoría de nodos —para así lograr el control sobre el consenso, con más del 50 % de nodos activos tratando de originar un «ataque de doble gasto»—; ni disputas de negocio y conflictos personales; ni siquiera la especulación con el valor de la criptomoneda —con escaladas y colapsos de su valor relativo con respecto a las principales monedas corrientes—; nada ha logrado poner en riesgo el proyecto. Más importante, nadie ha logrado tomar el control de la infraestructura distribuida, ni tampoco obtener los fondos, revelar la identidad de los participantes o hacer inoperativo el propio registro de transacciones.

Guste o no, la definición original de la arquitectura estará siempre asociada a su primer uso: un sistema de pago descentralizado y seguro mediante una moneda digital y sus derivados, en forma de token. Pero lo que surgió como sistema para asignar y transferir unidades monetarias (criptomonedas y token) entre participantes, en una red descentralizada y sin necesidad de intermediarios, se convirtió pronto en un fabuloso campo experimental para erigir servicios que transmitieran «valor» (actividad registrada) entre sus participantes, a través de una estructura esencial concebida desde la base hasta la cúpula, y no a la inversa: una red P2P, un registro de transacciones público y compartido, métodos para validar transacciones y emitir moneda, y un mecanismo para lograr un consenso en cada actualización del registro (prueba de trabajo, proof-of-work, PoW). He aquí los ingredientes esenciales que transformarán Internet.
El 20 de julio de 2016, en el bloque 1920000, la comunidad de Ethereum decidió proceder con una bifurcación radical o forzada (hard-fork) en la cadena de bloques de la plataforma para restituir así los fondos invertidos en The DAO al smart contract original. El acontecimiento creó una crisis de confianza tanto en Ethereum como en torno a blockchain: ¿cómo promover organizaciones mutuales capaces de crear servicios descentralizados si, a las primeras de cambio, una minoría de actores sacrificaban toda ética o responsabilidad?.

Ethereum Constantinople ofrece finalmente soporte al esperado protocolo de consenso PoS —prueba de participación—, más rápido y frugal con computación y energía usada. La novedad aparece en un momento estratégico, justo cuando surgen dudas acerca del uso desaforado de energía en el mecanismo de consenso más usado, PoW. El gobierno chino (recordemos, un régimen de partido único nominalmente «comunista», pese a su estatismo capitalista), especula con la posibilidad de prohibir el minado de criptomonedas debido al impacto energético de la actividad.
En Ethereum Constantinople (actualización del protocolo de la plataforma efectiva desde el 28 de febrero de 2019), los usuarios que participan en el mecanismo de consenso (prueba de participación, PoS), los servicios que permiten el intercambio de criptomoneda, y quienes facilitan un nodo en la red para que la máquina virtual de la plataforma —EVM— pueda operar, usan entornos de software desarrollados en distintos lenguajes. Esta diversidad del ecosistema propulsa la experimentación, pero, a la vez, diluye el impacto y replicación de cualquier iniciativa. Vitalik y sus colaboradores se esfuerzan en popularizar el lenguaje Solidity para diseñar smart contract. De momento, el cliente Geth (Go-Ethereum) está programado en Go; mientras que el otro cliente popular para mineros, mercados de cambio y nodos, Parity (Parity-Ethereum) ha sido desarrollado en Rust. Estas aplicaciones adicionales aportan a estos usuarios funcionalidades que aceleran procesos planeados por el protocolo Ethereum, pero incrementan la complejidad del entorno, por lo que Ethereum coordina su actualización con cada bifurcación radical.
Casper pretende asegurar que la alternativa al método de prueba de trabajo (proof-of-work, PoW) usado por Bitcoin, el esquema basado en la «reputación» de los usuarios planteado por Ethereum (prueba de participación, proof-of-stake, PoS) usa la menor cantidad posible de recursos y se produce con la mayor rapidez matemáticamente posible, todo un reto en ciencia computacional, al tratarse de una arquitectura abierta, orgánica y descentralizada.
La evolución desde la Internet social centralizada y comercial a una Red descentralizada y mutualista, en la cual cada usuario cobre por el uso (permitido) de sus datos, muestra su forma incipiente con servicios como Mastodon, un programa de mensajería descentralizado erigido sobre una estructura blockchain y con cualidades similares a Twitter.

Como ocurre en todas las sagas, el desarrollo en apariencia impredecible de los acontecimientos conduce a los acertijos ocultos en el origen de la historia. Esta saga, la de blockchain y la Web 3.0, no es una excepción.
Para comprender la evolución y potencial de blockchain una vez se extienda el uso de smart contract y DApp, hay que retornar al pecado original de su creación. En el bloque génesis de Bitcoin, su creador, Satoshi Nakamoto, inscribió un despacho en apariencia cotidiano que, sin embargo, evoca el sentido primigenio inspirador de la primera cadena de bloques: iniciar una revolución de autosuficiencia descentralizada, empezando por la parte más sensible y susceptible de financiar otras revoluciones subsiguientes de espíritu mutualista. La criptomoneda es la emancipación con respecto a los bancos centrales, a los agentes intermediarios y a los mecanismos que condicionen la tenencia e intercambio de un dinero que reside en una red descentralizada a prueba de falsificaciones, capaz de detectar el doble gasto y resistente a ataques a gran escala.
Para lograr esta emancipación mutualista, los impulsores y entusiastas de blockchain confían en Internet, y se limitan a añadir los protocolos que garanticen su descentralización y vuelta al origen: la radicalidad democrática, el derecho al anonimato y la autonomía con respecto a las instituciones tradicionales. Internet compite en complejidad con blockchain, pero ambas tecnologías guardan un paralelismo esencial. Conforman una arquitectura sostenida por capas de distinta función y naturaleza, que han requerido una mejoría y mantenimiento constantes.
Internet es el ensamblaje precario de cinco capas interdependientes, pero muy distintas entre sí: infraestructura física (cables, enrutadores, etc.), conexión de datos (Ethernet, Wifi, etc.), arquitectura de red (Protocolo de Internet), transporte de paquetes de datos (TCP, UDP), y, finalmente, aplicaciones (lo que vemos como usuario: HTTP para la Web, SMTP para el correo, FTP para transferir ficheros).

Del mismo modo que Neo es un troyano en The Matrix, blockchain podría constituir el troyano de los servicios monopolísticos de la Web 2.0.
Todos los comienzos son arduos. Blockchain se encuentra en su momento particular de problemas técnicos, cuellos de botella y escándalos que rozan el surrealismo, lo que aumentará la frivolidad periodística.
Al fin y al cabo, «La Red es para todos», concluye Tim Berners-Lee, «y colectivamente tenemos el poder para cambiarla. No será fácil. Pero si soñamos un poco y trabajamos mucho, lograremos la Web que queramos.

Libros sobre Blockchain comentados en mi blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/02/19/la-economia-de-blockchain-los-modelos-de-negocio-de-la-nueva-web-joaquin-lopez-lerida-jose-juan-mora-perez/

https://weedjee.wordpress.com/2018/01/20/blockchain-la-guia-completa-para-la-comprension-de-la-tecnologia-blockchain-miles-price-blockchain-the-complete-guide-to-understanding-blockchain-technology-by-miles-price/

https://weedjee.wordpress.com/2018/01/21/blockchain-la-revolucion-industrial-de-internet-alexander-preukschat-blockchain-the-industrial-internet-revolution-by-alexander-preukschat/

https://weedjee.wordpress.com/2018/09/11/todo-lo-que-querias-saber-sobre-bitcoin-criptomonedas-y-blockchain-y-no-te-atrevias-a-preguntar-carlos-domingo-everything-you-wanted-to-know-about-bitcoin-cryptocurrency-and-blockchain/

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A more than recommended reading from a philosophical point of view.
Blockchain is a very repeated and poorly understood term, but its potential is undoubted.
One of its most promising applications are the decentralized autonomous organizations, or DAO, which automate governance tasks in associations of any nature. There are those who do not understand the value of effective self-management in decentralized organizations. These use automated contracts between participants to create mutual systems.
The strategic advantage of blockchain architecture engenders what is, so far, its main drawback: these distributed databases publicly record the history of all transactions, and thus avoid retroactive data editing (or «double spending problem») , in terminology of Satoshi Nakamoto). This forces a verification process that, in practice, develops with frustrating slowness and requires too much computational capacity.
Any participant in a blockchain infrastructure can participate in the verification of transactions by demonstrating their good faith through proof of work (equivalent to the vilified system captcha in our daily access to electronic services); In practice, the level of development of this process is equivalent to an Internet scale.

Beyond the fanfare of the Bitcoin bubble and the enthusiasm of those who want to solve all the world’s problems with smart contract systems on the Ethereum platform, it will be the community itself who, with their attention and actions, must claim a new statute that updates his own recognition as an active participant of the infrastructure he uses, evolving from mere «passive user» to citizen. Due to its technical characteristics, decentralization and independence from traditional trust and intermediation systems, the blockchain architecture could help in this purpose.

The possibilities of technology and feeds attacks as visceral as little informed. Perhaps we can contribute to the conversation around blockchain turning less around the most sensational themes: the volatility of the price of the main cryptocurrencies; its possible instrumentalization by organized crime and by illicit stores of the dark Web.
Blockchain — the blockchain — has become one of those anglicisms that no one understands at all but that is worth repeating, lest one be left behind. When the time comes to investigate, the technical details of this distributed database architecture cause some distrust among the public: if there is something less popular than spreadsheet functions, we have found it at the intersection between cryptography – encryption of data using algorithms—, mathematics and systems analysis. Precisely the epicenter from which blockchain has decided to start the chain.
Technically, the heart of the technology is made up of a transaction log between users, the blockchain, which parallels the first P2P music file exchange service, Napster, which also had a shared file list.
In essence, blockchain is the database of the future, or it is at least one of the main competing architectures: contemporary society depends on efficient methods to store and retrieve information.

Blockchain is the most recent iteration of an old aspiration, with roots in humanist philosophy and the utopian social movements that emerged from the Enlightenment: the will to harmonize respect for individual rights with a broader need for prosperity and belonging to a collective. But the main currents of change that wanted to break with the Old Regime – libertinism, liberalism, sansimonism, ludism, utopian socialism, anarchism or revolutionary socialism – ran into a recurring problem: the impossibility of reducing an individual to his predictable sum of behaviors . How to harmonize the contradictions of the human being with the predictable character of the machines ?.
For the first time, something remarkable happens: Blockchain has transformed the low interest of databases among the public, to the point of turning this element, analyzed so far based on its usefulness and discretion, into the main strategic element of what the user sees: the utility of the front-end, materialized in the form of an access interface to an application.
Why such a stir among the public for the architecture of a systematic storage system, if so far the databases have only aroused interest in large bureaucratic institutions and business systems?

Blockchain is, in essence, a mutualistic system protected by asymmetric cryptography (with a double key: a private part; and the other published next to the «seal» stored in the historical document shared by all we call blockchain) in which all Participants have voluntarily displayed their inventory, generating trust «by design.» The figure of the intermediary is, therefore, expendable if so decided by all users of the securely distributed database. A P2P architecture that will maintain its integrity and prevent mass fraud provided that the legal processes of updating the blockchain outnumber attacks against the integrity of information (using arguments such as a fork, or publishing a version apocryphal of the blockchain in which a portion of the last blocks has been manufactured).

The decade that we are now running out has been marked by the digital abundance provided by the ubiquitous Internet, as well as its excesses. In all these years, we have become accustomed to mature services that have made us forget technical problems and difficulties of past times. But in these years we have also witnessed a seemingly unstoppable trend that, like the power of attraction of massive bodies in the universe, has concentrated our time before the screen around a handful of services, owned by a small number of companies located today in the first world positions of market capitalization.
Gradually, the credulity and innocence of the users, who access the Internet through screens and objects that are camouflaged as clocks, speakers or mirrors51 to exercise, mutates towards a greater awareness of the risk of entrusting personal information to companies that control the centralized repositories where these data are located, as well as the algorithms that combine them with the user’s activity and with what they have decided to share publicly with the world. In the last decade, the network effect and the objective utility of social networks achieved the unthinkable just a few years ago: to convince the most connected third of the world population about the triumph of the mentality of digital transparency. This transparency, camouflaged first after an aura of supposed collaboration and altruism, mutated in the middle of the decade, with the triumph of Instagram and the function of groups in social networks and messaging, towards an exhibitionism in which only the most popular users, or influencers , receive something more in return than supposed popularity. The decade is nearing its end by offering the symptoms of the exhaustion of a cycle, and providing the feeling that, perhaps, Facebook and its competitors have made us all participants in the largest cognitive study ever conducted, in which we have fulfilled, with good courage and impeccable motivation, with our role as human guinea pigs.
The million-dollar question of the so-called «net effect» is to know whether the egg or the chicken arrives before: if enough users are needed and sufficiently diverse for a service to reach the general public, or if its successful promotion will attract the general public, which will decide later whether or not to grant an opportunity to the application. If the services created with Ethereum manage to generate a network effect and become popular quickly, the trust revolution will have taken place. It will be then that the concentrated Internet of today shows its strategy to the new competitors: evolve so that its services integrate some of the good practices proposed by blockchain … Or put all the obstacles at its disposal to avoid or slow down the success of Ethereum and possible alternatives.
Since its formal appearance in 2009 with the launch of Bitcoin, the blockchain database structure has become the target of all speculation: for some, the project is smoke in the form of articles, statements of good practice and promises; for others, the blockchain is the evil incarnate, a kind of negative Aleph that, instead of concentrating all possible points of the universe like that of Borges’s story, is the redoubt of all evils, from the new virtual factory of redemption of black money and cybercrime until the origin or ultimate end of all the blunders of the current Internet.
Blockchain cannot be both at the same time. Or potential fraud from a crazy idea due to its technical and operational constraints (processing capacity and energy consumed, dependence on nodes that update the blockchain and, therefore, create an elite within the system, etc.); or danger to the established order (due to its propagation capacity, or as an alternative to the legal and technical framework of States and supranational organizations, etc.).

The big questions about the development and evolution of the Internet are linked to the effects of new technology, the printing press of our time, on the human condition itself in every historical moment: if the printing press facilitated the emergence of journalism, the Internet has caused greater crisis and questions knowledge models based on traditional intermediaries. But the fever of the knowledge society itself – the cacophony of misinformation and hoaxes, produced by users who are both receivers and speakers of all kinds of information – seems to want to produce their own antibodies: secure, distributed and radically democratic protocols. which, as a blockchain, associates a non-falsifiable record history with any transaction. These new protocols will facilitate the emergence of a sense of co-responsibility in user networks in which the individual objective itself will adjust to the overall capacity and health of an interdependent system: the blockchain reaches consensus by confirming good practices.
At this point, we should be cautious at the most when underestimating the possibilities of a future Internet technology or protocol for alleged «compelling reasons,» such as its unintelligible nature, the accumulation of false and / or empty promises, or for getting more excited about a shortcut of nerds that to the general public and the big investors. As we have verified, the Internet itself was publicly attacked due to its amateurism and quackery, the lack of rigor of its projects with a suspicious libertarian tufo and the contempt of any operational or intelligible taxonomy.
Our abuse of the «Google search» or «Google says» can have dire consequences if, for example, the browser focuses on showing the most economically effective results instead of offering non-biased responses to information about conspiracy theories, misinformation and propaganda agitation.

Bitcoin appeared as a mathematically viable compilation of concepts that served to create an «ecosystem» where a new type of money resided. In this ecosystem, equivalent to the context of the Trojan cycle or the Nordic sagas (the «universe» of traditions that allows the breeding ground where something new can arise, be it a literary work or a cryptocurrency), monetary units called bitcoin (BTC) serve to store and transmit value among participants of the Bitcoin network. But, just as the units that emerged from the Trojan Cycle (Homer’s books) would create much more value than they retain, by allowing a later tradition, the Bitcoin “ecosystem” has greater potential than initially planned, and the own Infrastructure, blockchain, can serve as a basis for “smart contracts” platforms that create applications of all kinds, which relativizes their exclusive initial use as a cryptocurrency. And, if the bitcoin coins are the units of the blockchain saga, or the individual books of the Babel Library, that bibliographic repository with an incalculable number of rooms, shelves and books conceived by Jorge Luis Borges, who is the Homer of the blockchain? …
In the blockchain, identity does not matter and it is not necessary to trust a messianic character, a company, a non-profit organization or an institution. Anyone can inspect the code and the reference of the shared transactions, and the infrastructure is supervised by a «nobody» that amounts to the prorated supervision of the entire network. In the long run, blockchain services should demonstrate their viability by maintaining what everyone can see (the transaction history) and what they cannot see (the real identity of the participants). A proposal both as real and elusive as the mystery surrounding its own origin and the identity of its creator.

The less good news is that, beyond the relative success of Bitcoin – still far from the general public and the global market for the payment of transactions in the everyday world – and the promises founded around the platform of smart contracts and Ethereum applications, The new sector that promises to propel the third wave of innovation on the Internet has little to show the general public. Only investors and experts in supply chain management, product traceability, and financial services, show unconditional support lacking even pioneer users who have not approached any of the services with tokens (rights on future cryptocurrencies sold by projects in search of financing to speculators and investors) and cryptocurrencies.
Kevin Werbach argues that «Bitcoin is a cockroach. And what I mean by that is a compliment ». The main cryptocurrency and the architecture that it symbolizes has demonstrated its capacity for conceptual, legal and technical resistance: no programming errors; nor countless attempts to render a majority of nodes inoperative – in order to gain control over consensus, with more than 50% of active nodes trying to originate a «double-spending attack» -; no business disputes and personal conflicts; not even speculation with the value of the cryptocurrency – with escalations and collapses of its relative value with respect to the main current currencies; Nothing has put the project at risk. More importantly, no one has managed to take control of the distributed infrastructure, nor obtain the funds, reveal the identity of the participants or render the transaction log itself inoperative.

Like it or not, the original definition of the architecture will always be associated with its first use: a decentralized and secure payment system using a digital currency and its derivatives, in the form of a token. But what emerged as a system to allocate and transfer monetary units (cryptocurrencies and token) between participants, in a decentralized network and without the need for intermediaries, soon became a fabulous experimental field to erect services that transmitted «value» (registered activity) among its participants, through an essential structure conceived from the base to the dome, and not vice versa: a P2P network, a public and shared transaction log, methods to validate transactions and issue currency, and a mechanism to achieve consensus on each registry update (proof of work, proof-of-work, PoW). Here are the essential ingredients that will transform the Internet.
On July 20, 2016, in block 1920000, the Ethereum community decided to proceed with a radical or forced fork (hard-fork) in the block chain of the platform to return the funds invested in The DAO to the original smart contract . The event created a crisis of confidence both in Ethereum and around blockchain: how to promote mutual organizations capable of creating decentralized services if, at the first exchange, a minority of actors sacrificed all ethics or responsibility?.

Ethereum Constantinople finally offers support to the expected PoS consensus protocol – participation test – faster and more frugal with computing and energy used. The novelty appears at a strategic moment, just when doubts arise about the uncontrolled use of energy in the most commonly used consensus mechanism, PoW. The Chinese government (remember, a nominally «communist» single party regime, despite its capitalist statism), speculates on the possibility of banning cryptocurrency mining due to the energy impact of the activity.
In Ethereum Constantinople (update of the effective platform protocol since February 28, 2019), users who participate in the consensus mechanism (participation test, PoS), the services that allow cryptocurrency exchange, and those who facilitate a node in the network so that the virtual machine of the platform —EVM— can operate, use software environments developed in different languages. This diversity of the ecosystem propels experimentation, but, at the same time, dilutes the impact and replication of any initiative. Vitalik and his collaborators strive to popularize the Solidity language to design smart contract. At the moment, the Geth client (Go-Ethereum) is programmed in Go; while the other popular client for miners, exchange markets and nodes, Parity (Parity-Ethereum) has been developed in Rust. These additional applications provide these users with functionalities that accelerate processes planned by the Ethereum protocol, but increase the complexity of the environment, so Ethereum coordinates its update with each radical fork.
Casper aims to ensure that the alternative to the proof-of-work (PoW) method used by Bitcoin, the scheme based on the «reputation» of users raised by Ethereum (proof of participation, proof-of-stake, PoS) uses the least possible amount of resources and occurs as quickly as possible mathematically, a challenge in computational science, as it is an open, organic and decentralized architecture.
The evolution from the centralized and commercial social Internet to a decentralized and mutualistic network, in which each user charges for the use (allowed) of their data, shows its incipient form with services such as Mastodon, a decentralized messaging program erected on a structure blockchain and with similar qualities to Twitter.

As in all sagas, the unpredictable development of events leads to riddles hidden in the origin of the story. This saga, that of blockchain and Web 3.0, is no exception.
To understand the evolution and potential of blockchain once the use of smart contract and DApp is extended, we must return to the original sin of its creation. In the Bitcoin genesis block, its creator, Satoshi Nakamoto, enrolled an office in everyday appearance that, however, evokes the original inspiring sense of the first blockchain: starting a decentralized self-sufficiency revolution, starting with the most sensitive and capable of financing other subsequent revolutions of mutualistic spirit. The cryptocurrency is the emancipation with respect to the central banks, the intermediary agents and the mechanisms that condition the possession and exchange of money that resides in a decentralized network forgery-proof, capable of detecting double spending and resistant to attacks on big scale.
To achieve this mutualist emancipation, blockchain drivers and enthusiasts rely on the Internet, and simply add the protocols that guarantee their decentralization and return to the origin: democratic radicalism, the right to anonymity and autonomy with respect to traditional institutions. Internet competes in complexity with blockchain, but both technologies keep an essential parallel. They make up an architecture supported by layers of different function and nature, which have required constant improvement and maintenance.
The Internet is the precarious assembly of five interdependent layers, but very different from each other: physical infrastructure (cables, routers, etc.), data connection (Ethernet, Wifi, etc.), network architecture (Internet Protocol), transport of packets of data (TCP, UDP), and finally, applications (what we see as a user: HTTP for the Web, SMTP for mail, FTP for transferring files).

In the same way that Neo is a Trojan in The Matrix, blockchain could constitute the Trojan of the monopolistic services of Web 2.0.
All beginnings are arduous. Blockchain is in its particular moment of technical problems, bottlenecks and scandals that touch surrealism, which will increase journalistic frivolity.
After all, «The Network is for everyone,» concludes Tim Berners-Lee, «and collectively we have the power to change it. It will not be easy. But if we dream a little and work hard, we will achieve the Web we want.

Books about Blockchain commented in my blog:

https://weedjee.wordpress.com/2017/02/19/la-economia-de-blockchain-los-modelos-de-negocio-de-la-nueva-web-joaquin-lopez-lerida-jose-juan-mora-perez/

https://weedjee.wordpress.com/2018/01/20/blockchain-la-guia-completa-para-la-comprension-de-la-tecnologia-blockchain-miles-price-blockchain-the-complete-guide-to-understanding-blockchain-technology-by-miles-price/

https://weedjee.wordpress.com/2018/01/21/blockchain-la-revolucion-industrial-de-internet-alexander-preukschat-blockchain-the-industrial-internet-revolution-by-alexander-preukschat/

https://weedjee.wordpress.com/2018/09/11/todo-lo-que-querias-saber-sobre-bitcoin-criptomonedas-y-blockchain-y-no-te-atrevias-a-preguntar-carlos-domingo-everything-you-wanted-to-know-about-bitcoin-cryptocurrency-and-blockchain/

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