Cristóbal Colón. Diario De A Bordo — Christian Duverger / Columbus. Captain’s Log by Christian Duverger

Muy buen libro que releo cada cierto tiempo. ¿En verdad Colón, como se ha repetido tantas veces, buscaba una nueva ruta para llegar a las Indias y murió convencido de haberla encontrado? ¿Cómo pudo encontrar, sin titubeos, la ruta de regreso; seguía acaso indicaciones previas? ¿Por qué las referencias a Asia sólo aparecen en la versión de Las Casas? ¿Por qué, a lo largo de su diario, se empeña en describir las islas descubiertas como si fueran una extensión de España? ¿A qué se debe la parquedad de su tono, la evidente y desconcertante falta de sorpresa?.
A su regreso a España, Colón lleva su bitácora a Barcelona, donde se reúne con los soberanos. El Descubridor, confirmado en sus títulos de Almirante, Virrey y Gobernador de las Islas descubiertas, entrega su Diario de a bordo al rey Fernando de Aragón. Para Colón, es un préstamo; pero el rey ya está determinado a conservarlo de manera definitiva. Encomienda a dos escribanos elaborar una copia del importantísimo documento. A la muerte de Colón, en 1506, el manuscrito a dos manos pasa a ser propiedad de su hijo Diego. A la muerte de éste, veinte años después, la copia del Diario cae en manos de su medio hermano, Hernando.
Después de la muerte de los dos hijos del Almirante, Diego y Hernando, aparece en el escenario colombino un personaje extraño, a la vez sobresaliente y oscuro: el padre Bartolomé de las Casas. Conocido como defensor de los indios, el obispo de Chiapas se dedicó, al final de su vida, a redactar la historia de las Indias, a su manera, polémica y antiespañola. Denunció la violencia de la Conquista, la esclavitud.

Lo que escribe Colón es un libro de bitácora, bien encuadernado. Desde el inicio, lo llena día tras día y lo que está escrito no se puede borrar. Recordemos: el documento constituirá la prueba del viaje de descubrimiento. Esta peculiaridad obliga al navegante a pujar de manera permanente sus propias alabanzas.
La primera isla encontrada, San Salvador, «es bien grande, y muy llana, y de árboles muy verdes, y muchas aguas, y una laguna en medio muy grande, sin ninguna montaña, y toda ella verde, que es placer de mirarla». Unos días después, descubre la isla Fernandina (Long Island) y Colón escribe: “Crean vuestras Altezas que es esta tierra la mejor e más fértil…”.
El documento colombino nos transmite otra información de primer orden: pone en evidencia los límites de la navegación de aquella época. Todo lo que se ha escrito sobre la revolución técnica en la construcción de embarcaciones de finales del siglo XV no resiste la lectura de Colón. Se esfuma la idea que sostiene que el descubrimiento de América sería la consecuencia del perfeccionamiento de las técnicas de navegación. El lector puede asistir a los esfuerzos permanentes del navegante para salir de tal puerto o para avanzar contra el viento.
Se ha repetido mil veces que Colón estaba buscando las Indias y que murió persuadido de que las había encontrado. Sin embargo, no es la impresión que se impone con la lectura del Diario. El Descubridor no milita mucho a favor de esta idea. Nunca afirma rotundamente haber encontrado las Indias, nunca expresa certeza a ese respecto. Con cierta prudencia, cita una vez Cathay, dos veces Quinsay —reminiscencias de Marco Polo—. Y el texto de su hijo borra por completo esas referencias. Cuando habla de Cipango, emplea el modo condicional: “Quisiera hoy partir para la isla de Cuba, que creo que debe ser Cipango…”

Los misterios de la Carta a Santángel se esfuman si se toma en cuenta la afirmación de varios cronistas de la época —Bartolomé de las Casas, Francisco López de Gómara, Gonzalo Fernández de Oviedo, Garcilaso de la Vega—, quienes afirman que Colón se habría beneficiado de la información proporcionada por un piloto que habría muerto en su casa. Este informante no sólo le habría revelado la existencia de la Española, sino que le habría revelado el secreto de la ruta de regreso. De hecho, no vemos al Almirante titubear en su jornada; a la ida, toma la trayectoria ideal a lo largo de la línea divisora entre aguas portuguesas y españolas antes de desviarse hacia el suroeste de último momento para llegar directamente a las Lucayas (hoy Bahamas). Tampoco se equivoca en la ruta de regreso: espera el viento del sur y toma el rumbo del norte hasta conectarse con la Corriente del Golfo que lo conduce por la vía corta a las Azores. Colón aprovecha un saber; no experimenta, como hubiera sido normal en una primera vez.
El hecho de no llevar ropa en su cargamento es un indicio muy firme que aboga a favor del conocimiento previo de la situación prevaleciente en las Islas: los textiles son de poca consideración en un mundo donde todos andan desnudos. Al contrario, el éxito del metal, incluso en forma de desechos, y la fascinación por el vidrio, incluso piezas rotas, no era de preverse. ¡Si lleva el Almirante cargamentos como éstos, es porque sabe que podrá intercambiar clavos por oro!.

Señor, porque sé que habréis placer de la gran victoria que nuestro señor me ha dado en mi viaje, vos escribo ésta, por la cual sabréis como en veinte días pasé a las Indias con la armada que los ilustrísimos Rey y Reina nuestros señores me dieron, donde yo hallé muy muchas islas pobladas con gente sin número; y de ellas todas he tomado posesión por sus altezas con pregón y bandera real extendida, y no me fue contradicho.

A la primera que yo hallé puse nombre Sant Salvador a conmemoración de su alta majestad, el cual maravillosamente todo esto ha dado; los indios la llaman Guanaham; a la segunda puse nombre la isla de Santa María de Concepción; a la tercera Ferrandina; a la cuarta la Isla bella; a la quinta la isla Juana, y así a cada una nombre nuevo.

La Spañola es maravilla; las sierras y las montañas y las vegas y las campiñas, y las tierras tan hermosas y gruesas para plantar y sembrar, para criar ganados de todas suertes, para edificios de villas y lugares. Los puertos de la mar aquí no habría creencia sin vista, y de los ríos muchos y grandes, y buenas aguas, los más de los cuales traen oro. En los árboles y frutos y hierbas hay grandes diferencias de aquellas de la Juana. En ésta hay muchas especierías, y grandes minas de oro y de otros metales.
Y no conocían ninguna secta ni idolatría salvo que todos creen que las fuerzas y el bien es en el cielo, y creían muy firme que yo con estos navíos y gente venía del cielo, y en tal catamiento me recibían en todo cabo, después de haber perdido el miedo. Y esto no procede porque sean ignorantes…

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Very good book that I reread every so often. In truth, Columbus, as has been repeated so many times, was looking for a new route to reach the Indies and died convinced to have found it? How could he find, without hesitation, the return route; Did he follow previous directions? Why do references to Asia only appear in the Las Casas version? Why, throughout your diary, do you insist on describing the discovered islands as if they were an extension of Spain? To what is due the parkiness of its tone, the evident and disconcerting lack of surprise?
Upon his return to Spain, Columbus takes his blog to Barcelona, where he meets with the sovereigns. The Discoverer, confirmed in his titles of Admiral, Viceroy and Governor of the discovered Islands, delivers his on-board Diary to King Fernando of Aragon. For Columbus, it is a loan; but the king is already determined to keep it definitively. Entrust two scribes to prepare a copy of the most important document. At the death of Columbus, in 1506, the two-handed manuscript becomes the property of his son Diego. Upon his death, twenty years later, the newspaper’s copy falls into the hands of his half-brother, Hernando.
After the death of the Admiral’s two sons, Diego and Hernando, a strange character appears at the Colombian stage, both outstanding and obscure: Father Bartolomé de las Casas. Known as the defender of the Indians, the bishop of Chiapas dedicated himself, at the end of his life, to writing the history of the Indies, in his own way, controversial and antispañola. He denounced the violence of the Conquest, slavery.

What Columbus writes is a well-bound logbook. From the beginning, it fills it day after day and what is written cannot be deleted. Remember: the document will be the proof of the voyage of discovery. This peculiarity forces the navigator to permanently bid his own praises.
The first island found, San Salvador, «is very large, and very flat, and with very green trees, and many waters, and a lagoon in the middle very large, without any mountains, and all of it green, which is pleasure to look at» . A few days later, discover Fernandina Island (Long Island) and Columbus writes: “Create your Highnesses that this land is the best and most fertile …”.
The Colombian document transmits us other first-order information: it highlights the limits of navigation at that time. Everything that has been written about the technical revolution in the construction of boats from the end of the 15th century does not resist the reading of Columbus. The idea that the discovery of America would be the consequence of the improvement of navigation techniques vanishes. The reader can attend the navigator’s permanent efforts to leave such a port or to advance against the wind.
It has been repeated a thousand times that Columbus was looking for the Indies and that he died persuaded that he had found them. However, it is not the impression that is imposed with the reading of the Journal. The Discoverer does not militate much in favor of this idea. He never flatly claims to have found the Indies, never expresses certainty in that regard. With some caution, he quotes once Cathay, twice Quinsay – reminiscences of Marco Polo. And your child’s text completely erases those references. When he talks about Cipango, he uses the conditional mode: “I would like to leave today for the island of Cuba, which I think should be Cipango …”

The mysteries of the Letter to Santángel disappear if one takes into account the affirmation of several chroniclers of the time – Bartolomé de las Casas, Francisco López de Gómara, Gonzalo Fernández de Oviedo, Garcilaso de la Vega -, who affirm that Columbus would have benefited from the information provided by a pilot who would have died at home. This informant would not only have revealed the existence of the Spanish, but would have revealed the secret of the return route. In fact, we do not see the Admiral falter in his day; On the way out, take the ideal path along the dividing line between Portuguese and Spanish waters before turning off to the southwest at the last minute to arrive directly at the Lucayas (now Bahamas). Nor is he wrong on the return route: he waits for the south wind and takes the north heading until he connects with the Gulf Stream that leads him by the short route to the Azores. Columbus takes advantage of knowledge; Do not experiment, as it would have been normal for the first time.
The fact of not wearing clothes in their cargo is a very strong indication that advocates for prior knowledge of the situation prevailing in the Islands: textiles are of little consideration in a world where everyone is naked. On the contrary, the success of metal, even in the form of waste, and the fascination with glass, even broken pieces, was not to be expected. If the Admiral carries cargoes like these, it is because he knows that he can exchange nails for gold!

Lord, because I know that you will have pleasure in the great victory that our lord has given me on my trip, I write this one, by which you will know how in twenty days I went to the Indies with the army that the illustrious King and Queen our lords gave me , where I found many islands populated with people without numbers; and of them all I have taken possession by their highnesses with proclamation and extended royal flag, and it was not contradicted to me.

At the first one I found, I named Sant Salvador in commemoration of his high majesty, which wonderfully all this has given; the Indians call it Guanaham; to the second I named the island of Santa María de Concepción; to the third Ferrandina; to the fourth the beautiful Island; to the fifth the island Juana, and thus to each new name.

Spañola is wonderful; the mountains and mountains and las vegas and the countryside, and the lands so beautiful and thick to plant and sow, to raise cattle of all kinds, for buildings of villas and places. The seaports here would be no belief without sight, and many large rivers, and good waters, most of which bring gold. In the trees and fruits and herbs there are great differences from those of Juana. In this one there are many specierías, and great mines of gold and other metals.
And they did not know any sect or idolatry except that everyone believes that the forces and good is in heaven, and believed very firm that I with these ships and people came from heaven, and in such tasting they received me in every place, after having lost the fear And this does not apply because they are ignorant …

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