En El Último Azul — Carmen Riera / In The Last Blue by Carmen Riera

Esta novela de excelente narrativa nos lleva al corazón de un grupo de Judíos Mallorquines en su intento infructuoso de escapar de las garras de la Inquisisión. Cada personaje esta bien llevado y cobra vida a medida que se desarrolla la trama. Sus temores y miedos viven en cada página y nos recuerdan que todo esto puede volver a ocurrir, ya sea bajo una dictadura civil o militar o bajo una dictadura religiosa. A pesar del tema tan triste y duro es de lectura absorbente, Después de la primera página no se puede dejar de leer.
Uno de los mejores escritos sobre los cripto judíos de España y sobre los últimos grandes juicios inquisitoriales. Ambientada en el siglo XVII, la novela se basa, lamentablemente, en hechos reales que tuvieron lugar en Palma de Mallorca. Un grupo de xuetes (nombre por el cual se conocía burlonamente a los descendientes de judíos mallorquines) se prepara para huir hacia Leghorn por mar, con su promesa azul de libertad. Una novela que representa la intransigencia religiosa de una época, pero que también sirve como una reflexión sobre las actitudes actuales. Una excelente novela, bellamente escrita. Algunos lectores dicen que es muy aburrida… no es mi caso.

La primera parte se desarrolla en 1687 en “Ciutat” de Mallorca gobernada por Antonio Nepomuceno, virrey algo permisivo con los judíos de cuyo compromiso con la Iglesia duda el inquisidor Rodríguez Fermosino sirviéndose de la rivalidad de los padres Ferrando y Amengual por ocupar una rectoría, para perseguirlos.

La espita se enciende a los diez años de una historia similar cuya parte erótica escuchada por el marino Joao Peres en boca del capitán Harts, intenta repetir acudiendo al lugar donde aquél era recibido con los ojos vendados en los aposentos de una misteriosa dama, pero antes de conseguirlo escucha unos gritos y acude en auxilio de Aina Cortés a quien encuentra ensangrentada cerca de su amante herido y de un muchacho —su hermano—con el sexo dañado.

El tío de Aína, el orfebre Rafael Cortés, apodado Costura, que desde que murió su joven esposa se pasa las noches en la azotea vigilando La Calle —donde moran los judíos supuestamente conversos— lo ha visto y no duda en acudir al padre de ésta —otro Rafael Cortés apodado Cap de Trons—porque imagina que es el causante. Costura, que a diferencia de su primo, solo busca los beneficios de no ser judío, pretende delatarle ante el Padre Ferrando a fin de que influya en su favor por el encargo de una custodia, pero camino de la Iglesia es abordado por Valls que para conminarlo a retirar la denuncia lo invita a comer en su huerto en compañía de otros judíos a quien se dice que alecciona. Costura acepta porque piensa que el Rabí es el único que podría evitar perder una deuda de su primo si este fuera condenado, y de paso retiene algunos hechos punibles que actúen a su favor como sacar agua en domingo o las conversaciones —algunas disparatadas— de Josep Tarongí apodado “el Cónsul”, de Pere Onofre Aguiló o del propio Valls que se da cuenta y mirándole a los ojos se lamenta de que no exista una máquina capaz de grabar con exactitud todo lo que se habla para que nadie pueda tergiversarlo.

Ya a solas, recuerdan la historia de Harts. El Cónsul cree que se fracasó por culpa de Blanca Mª Pires. Valls no piensa igual y ahora con ella en Livorno —ciudad condescendiente y próspera—, vela por sus intereses en la isla, ya que al fallecer su marido Andreu Sampol, compró sus posesiones antes que fueran incautadas. Recuerda un triste episodio de asedio que de niño le llenó de furia y cree que ha llegado el momento de intentar una nueva fuga porque de lo contrario, el tema de Costura y Cap de Trons se volverá contra ellos.

Este tema también se debate en la Iglesia de Montesión donde cada semana se reúnen en aburridas tertulias los dos jesuitas, el cronista Angelat, el Juez de Bienes Jaume Llabrés, y el sobrino letrado del virrey Sebastiá Palou. Al Juez de Bienes le encantan los “quartos embatumats” de las monjas clarisas pero no le gusta que el Padre Ferrando hable bien de Costura ensalzando su papel delator. El Padre Amengual solo está interesado en su cursi obra sobre la vida de sor Noreta —sobrina de la virreina a la que su marido aborrece pensando en los bailes de sus esclavas moritas. Sebastía Palou se burla abiertamente de las frases rimbombantes del padre Amengual y el cronista Angelat alude que su papel —a diferencia de los poetas— es contar la verdad sin añadir ni quitar punto. Aparece Costura llorando porque su primo se muere y el Padre Ferrando insta al malsín a sacarle más cosas antes de que fallezca.

El virrey, informado por su sobrino, dice que hablará con Valls en cuyo huerto se ha refugiado Costura herido por unas pedradas. El Rabí, hospitalario, lo atenderá tras hablar con Pere Onofre Aguiló —único con salvoconducto para entrar y salir de la isla—instándole a que acuda a Blanca en busca de dinero para poder pagar la huida porque hay “celo inquisitorial” y Sebastiá Palou, de paso, le entrega unos pergaminos perfumados. De regreso a Mallorca con el dinero de la viuda de Sampol en el pecho, Aguiló recuerda su amistad y sus diferencias con Valls pero ahora coincide en que el Mesías está por venir y desea que Jacob Mohasé, Rabí de Livorno, se decante por el hijo de Blanca, con cuyos ojos —según su mujer Esther Vives— encandila a los hombres.

En el ínterin, el inquisidor Fermosino ha recibido la carta de Costura de manos del Padre Ferrando a quien considera un “insecto repulsivo” largándolo sin aclarar lo que hará. Tampoco Amengual le gusta pero al menos no le molesta con sus vidas de santos. Aunque sabe, por muchos casos que hojee —como el de los tratos carnales del Obispo con “la coixa”, la más prestigiosa prostituta del burdel—, que el de la delación es el único que llenará sus arcas vacías.

La segunda parte empieza con el intento de fuga de un grupo de judíos acaudillados por Gabriel Valls que envenenó a Costura con una dosis tan escasa que le dio tiempo de delatar antes de morir. El grupo salió de Ciutat como cualquier domingo después de escuchar la misa cristiana, hasta llegar al jabeque patroneado por el capitán Willis que los escondió en la bodega conminándoles a que no rezaran hasta alcanzar “el último azul”, pero el mal tiempo les impidió zarpar, el bebé de Aína se ahoga, Valls empieza a sentirse culpa y tienen que regresar antes del cierre de puertas. En Ciutat, la loca Caterina Bonnín —suegra de Valls— ha vociferado que Madó Grossa se ha llevado a su hija alarmando al alguacil y su ayudante que se topan con los grupos separados en hombres por un lado y mujeres y niños por otro. A uno de ellos se le escapa decir que vienen de un jabeque y son llevados a la “Casa Negra” donde comparecen ante el Juez de Bienes y ante el escribano encargado de relacionar los bienes confiscados, como las casas que inmediatamente son cerradas con maderas y listones paseando a sus ex dueños por delante de ellas.

El Rabí en su celda cree que si interrogan a Willis están perdidos, pero mantiene la esperanza en su hijo Rafael a quien aconsejó esconderse en el burdel y se anima recordando a Blanca y sus conversaciones acerca de Cristo, Dios o Adonay y otra con Aguiló asegurándole que Joao Peres trabaja para ella.

Su hijo es ayudado por Beatriu Más, “la coixa” que le cayó bien desde el principio atendiéndolo en todas las facetas, tanto humanas como las propias de su profesión, procurándole un hábito de monje para salir del burdel.

En la tertulia de Montesión, el padre Ferrando duda de la lealtad de Sebastiá Palou que intenta disculpar a Gabriel Valls mientras que el padre Amegual se ofrece a escribir una nueva obra de la que solo posee el título: “Cánticos a favor de la fe triunfante”. El cronista Angelat anima a los dos jesuitas envueltos en su pelea de gallos a que trabajen juntos: uno basándose en datos de los presos y el otro con el ornato de la pluma.

En la calle, una turba capitaneada por el líder de los “bandejats”, Sen Boiet, se levanta bramando contra los judíos y de paso protestando contra el virrey por el precio del trigo. Rafael Valls vestido de monje aprovecha la contienda para salir de Ciutat pensando en su madre, en su prometida y en “la coixa”, pero cuando va a atender a un moribundo que resulta ser Sen Boiet, es descubierto por la ausencia de coronilla en la cabeza.

En la Catedral, llena incluso por los familiares de los fugitivos, el sermón del Obispo está repleto de calamidades infernales, calderas hirvientes y agradecimientos al “viento insuflado por la boca de Cristo” que impidió la huida de los herejes y “que salvó a los fugitivos de morir en el mar concediéndoles la posibilidad de ver el cielo”. En la oratoria, el propio virrey se siente aludido y piensa que las moritas —a las que un día de borrachera agredió sexualmente— han cantado y por eso la Iglesia le persigue, a pesar de saber de buena mano que las revueltas fueron instigadas precisamente por ella.

La tercera parte empieza en Livorno. Los cuarenta días que tarda en presentarse de vacío el capitán Willis, hacen dudar a Blanca y Aguiló de la verdad de sus explicaciones pero éste se siente responsable y decide volver a Mallorca donde han comenzado las declaraciones. Primero niños y mujeres a las que como hembras consideran poco capacitadas, y después los hombres. Los tormentos van consiguiendo su objetivo. Algunos niños dan detalles de su estancia en el jabeque y María Pomar con los brazos descoyuntados, admite que Costura tenía razón y que Valls les enseñó el padrenuestro judaico. Madó Grossa se los recoloca y en su celda recibe los cuidados de la visionaria Sara dels Olors que la trata como su “virgencita” y de “la coixa” que se gana su amistad tras los primeros recelos, sobre todo cuando a cambio de algunos favores sexuales al alcaide, consigue que éste permita a su prometido Rafael—detenido con el hábito de monje— visitarla unas horas con la discreta presencia de sus amigas. Su padre, Gabriel Valls que también consiguió verlo un rato, se pregunta en la oscuridad y silencio de su celda, por la suerte de su mujer María Aguiló a la que ama como una imposición a sí mismo y no puede evitar compararla con la inolvidable viuda de Sampol que jamás hubiera acudido como ella, sumisa y triste al embarque. Valls sigue con su sentimiento de culpa y sus reflexiones, hasta creer que Adonay y el Dios cristiano solo están en la tozudez humana, mientras el Padre Ferrando desiste de hacerle razonar y es relevado por Amegual que se limita a leerle textos de autores anti judíos.

Desde que el virrey volviera de Madrid donde acudió en busca de apoyo con la excusa de concretar detalles de una próxima visita real, y mosqueado por la presencia de un cura que le miraba mal junto a la Reina Mariana de Austria, los poderes eclesiásticos y cívicos en la isla están cada vez más distanciados. El fiscal Llabrés pretende acelerar los procesos “talando todo árbol sano por mucho fruto que dé” aun a costa de arruinar Mallorca y Sebastiá le dice a su tío que le van a relevar y que él se va a casar con la fea y devota hermana de la virreina Onofrina porque a su prometida le han confiscado los bienes.
Mientras tanto, Aguiló sufre un accidente con la yegua que le transportaba y convencido de que el destino lastrará su culpa de por vida se hunde en la melancolía. Blanca toma las riendas mientras reflexiona sobre los misterios de su origen y el posible parentesco con Joao Peres a quien enviará en sustitución de aquél con la esperanza de llegar a tiempo de realizar pactos mercantiles porque los “bandejats”, según le escribió Sepastiá Palou, odian a los judíos.

Valls, insiste en que le interroguen para presentarse como único culpable o se dejará morir en la celda y en una tensa disputa verbal con el fiscal niega ser apóstata aunque nunca renunciará a ser judío porque “no puede dejar de serlo”. El inquisidor le recuerda sus conversaciones en el huerto apuntando que no hay salvación fuera de la religión católica y que habrá tormento para hacerle entrar en razón.

Las sentencias solo libran a los niños, a “la coixa” por seguir su causa abierta, y a unos pocos con penas de 15 años a perpetua. El resto, excepto Isabel Tarongí y Gabriel Valls que serán quemados vivos, han aceptado la religión cristiana y por tanto tendrán la suerte de pasar por el garrote antes de la hoguera.

Cuando llega Joao, Ciutat es una fiesta. Habla con Sebastiá en la misma casa donde Blanca recibió al capitán Harts intentando aclarar lo que entonces sucedió, para concluir que ahora ya es demasiado tarde y ni el dinero ni el anillo con sus iniciales hubieran hecho cambiar al tribunal. Joao, a cierta distancia pero intentando que Valls descubra en sus ojos una muestra de gratitud y comprensión, observa cómo finalmente mirando al mar se retuerce entre las llamas.

* Los hechos históricos en los que se basa En el último azul sucedieron en Ciutat de Mallorca entre los años 1687 y 1691. El 7 de marzo de 1687 un grupo de judíos conversos mallorquines, temerosos de que se les abriesen procesos a causa de las delaciones de un malsín, decidieron embarcarse en la nave del capitán Vuillis (¿Willis?) rumbo a tierras de libertad. El mal tiempo frustró que el jabeque zarpara. Los fugitivos tuvieron que desembarcar y, de regreso a sus casas, fueron apresados. La detención se produjo, al parecer, de manera casual. Los gritos de una pobre loca, cuya familia había intentado huir, alteraron La Calle y atrajeron la atención de la ronda. Sin querer, ella fue quien preparó la trampa donde cayeron todos cuantos habían participado en el fracasado embarque. En la noche del 7 de marzo de 1687, el alguacil mayor les condujo hasta las cárceles del palacio de la Inquisición, llamado por los mallorquines la Casa Negra, donde inmediatamente todos sus bienes les fueron confiscados.
Las causas abiertas en marzo de 1687 no fueron cerradas hasta 1691. A lo largo de este año se celebraron cuatro autos de fe (7 de marzo, 1 de mayo, 6 de mayo y 2 de julio). Treinta y siete personas fueron condenadas al brasero. Tres de ellas, Rafel Valls y los hermanos Caterina y Rafel Benet Tarongí, como no quisieron abjurar de su religión, fueron quemadas vivas.

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This excellent narrative novel takes us to the heart of a group of Mallorcan Jews in their unsuccessful attempt to escape the clutches of the Inquisition. Each character is well taken and comes to life as the plot unfolds. Their fears and terrors live on every page and remind us that all this can happen again, either under a civil or military dictatorship or under a religious dictatorship. Although the subject is so sad and hard it is absorbing reading, After the first page you can not stop reading.
One of the best ever written about the crypto-Jews of Spain and about the last great Inquisitorial trials. Set in the 17th century, the novel is based on, sad to say, real events which took place in Palma de Mallorca. A group of xuetes (name by which the descendants of Mallorcan Jews were derisively known) prepares to flee toward Leghorn by sea, with its blue promise of liberty. A novel which depicts the religious intransigence of an era, but which also serves as a reflection on current attitudes. An excellent novel, beautifully written. Any readers commented about a bored book. To my way of thinkin’ … nop!

The first part takes place in 1687 in “Ciutat” of Mallorca governed by Antonio Nepomuceno, a somewhat permissive viceroy with the Jews whose commitment to the Church doubts the inquisitor Rodríguez Fermosino using the rivalry of Ferrando and Amengual parents to occupy a rectory, to chase them

The spigot is lit at the age of ten of a similar story whose erotic part heard by sailor Joao Peres in the mouth of Captain Harts, tries to repeat going to the place where he was received blindfolded in the rooms of a mysterious lady, but before If he does, he hears some shouts and comes to the aid of Aina Cortés, whom he finds bloody near his wounded lover and a boy – his brother – with damaged sex.

The uncle of Aína, the goldsmith Rafael Cortés, nicknamed Costura, who since he died his young wife spent the nights on the roof watching the street – where the supposedly converted Jews dwell – has seen him and does not hesitate to go to her father —Other Rafael Cortés nicknamed Cap de Trons — because he imagines he is the cause. Sewing, which unlike his cousin, only seeks the benefits of not being Jewish, intends to betray him before Father Ferrando so that he influences in his favor by the commission of a custody, but the way of the Church is addressed by Valls who stops to ask him to withdraw the complaint invites him to eat in his garden in the company of other Jews whom he is said to teach. Seam accepts because he thinks that the Rabbi is the only one who could avoid losing a debt of his cousin if he were convicted, and incidentally retains some punishable acts that act in his favor such as taking water on Sunday or the conversations – some crazy – of Josep Tarongí nicknamed “the Consul”, by Pere Onofre Aguiló or Valls himself who realizes and looking into his eyes he laments that there is no machine capable of accurately recording everything that is spoken so that no one can misrepresent it.

Alone, remember the story of Harts. The Consul believes that he failed because of Blanca Mª Pires. Valls does not think the same and now with her in Livorno – a patronizing and prosperous city -, she watches over her interests on the island, since when her husband Andreu Sampol died, she bought her possessions before they were seized. Remember a sad episode of siege that filled him with rage as a child and he believes that the time has come to try a new escape because otherwise, the theme of Sewing and Cap de Trons will turn against them.

This issue is also debated in the Church of Montesión where the two Jesuits, the chronicler Angelat, the Judge of Property Jaume Llabrés, and the nephew of Viceroy Sebastiá Palou meet in boring gatherings every week. The Judge of Property loves the “quartos embatumats” of the Poor Clares nuns but does not like that Father Ferrando speaks well of Sewing extolling his telltale role. Father Amengual is only interested in his cheesy work on the life of Sister Noreta – niece of the viceroy whom her husband hates thinking about the dances of her morite slaves. Sebastía Palou openly mocks the bombastic phrases of Father Amengual and the chronicler Angelat alludes that his role – unlike poets – is to tell the truth without adding or removing a point. Seam appears crying because his cousin dies and Father Ferrando urges the bag to get more things out before he dies.

The viceroy, informed by his nephew, says he will talk to Valls in whose garden he has taken refuge. The Rabbi, hospitable, will assist him after talking with Pere Onofre Aguiló – only one with a safe pass to enter and leave the island – urging him to go to Blanca in search of money to pay for the flight because there is “inquisitorial zeal” and Sebastiá Palou, incidentally, he delivers scented scrolls. On his way back to Mallorca with Sampol’s widow’s money on his chest, Aguiló recalls his friendship and his differences with Valls but now agrees that the Messiah is coming and wishes that Jacob Mohasé, Rabbi of Livorno, opts for the son de Blanca, with whose eyes – according to his wife Esther Vives – dazzles men.

In the meantime, the inquisitor Fermosino has received the letter of Sewing from Father Ferrando whom he considers a “repulsive insect” leaving him without clarifying what he will do. Amengual doesn’t like it either but at least it doesn’t bother him with their lives of saints. Although he knows, in many cases that he leafs through – like the one of the carnal treatment of the Bishop with “la coixa”, the most prestigious prostitute of the brothel – that the delation is the only one that will fill his empty coffers.

The second part begins with the attempt to escape a group of Jews led by Gabriel Valls who poisoned Costura with such a low dose that he gave him time to give away before he died. The group left Ciutat like any Sunday after listening to the Christian mass, until they reached the jabeque patronized by Captain Willis who hid them in the cellar, asking them not to pray until they reached “the last blue”, but the bad weather prevented them from leaving , Aína’s baby drowns, Valls starts feeling guilty and they have to go back before the doors close. In Ciutat, the crazy Caterina Bonnín – mother of Valls – has shouted that Madó Grossa has taken her daughter alarming the sheriff and his assistant who run into groups separated into men on the one hand and women and children on the other. One of them escapes saying that they come from a jabeque and are taken to the “Black House” where they appear before the Judge of Assets and before the notary in charge of relating the confiscated property, such as houses that are immediately closed with wood and slats walking their former owners ahead of them.

The Rabbi in his cell believes that if they interrogate Willis they are lost, but he maintains hope in his son Rafael whom he advised to hide in the brothel and is encouraged by remembering Blanca and her conversations about Christ, God or Adonay and another with Aguiló assuring him that Joao Peres works for her.

His son is helped by Beatriu Más, “la coixa” who liked him from the beginning, taking care of him in all facets, both human and those of his profession, procuring a monk’s habit to get out of the brothel.

In the Montesión gathering, Father Ferrando doubts the loyalty of Sebastiá Palou who tries to excuse Gabriel Valls while Father Amegual offers to write a new work of which he only has the title: “Chants in favor of triumphant faith ” The chronicler Angelat encourages the two Jesuits involved in their cockfight to work together: one based on data from the prisoners and the other with the ornament of the pen.

In the street, a mob led by the leader of the “bandejats”, Sen Boiet, rises roaring against the Jews and incidentally protesting against the viceroy for the price of wheat. Rafael Valls dressed as a monk takes advantage of the contest to leave Ciutat thinking about his mother, his fiancee and “la coixa”, but when he goes to attend a dying man who turns out to be Sen Boiet, he is discovered by the absence of a crown in the head.

In the Cathedral, filled even by the relatives of the fugitives, the Bishop’s sermon is full of infernal calamities, boiling boilers and thanks to the “wind blown by the mouth of Christ” that prevented the flight of heretics and “saved the fugitives from dying at sea granting them the possibility of seeing the sky ”. In the oratory, the viceroy himself feels alluded to and thinks that the Moritas – who were sexually assaulted one day by a drunken day – have sung and that is why the Church persecutes him, despite knowing in good hands that the revolts were instigated precisely by her.

The third part begins in Livorno. The forty days it takes to appear empty Captain Willis, Blanca and Aguiló doubt the truth of their explanations but he feels responsible and decides to return to Mallorca where the statements have begun. First children and women who, as females, consider poorly trained, and then men. The torments are achieving their goal. Some children give details of their stay in the jabeque and María Pomar with their arms out of hand, admits that Costura was right and that Valls taught them the Jewish father-in-law. Madó Grossa relocates them and in his cell he receives the care of the visionary Sara dels Olors who treats her as his “virgin” and “la coixa” who earns his friendship after the first misgivings, especially when in exchange for some favors Sexual to the warden, he allows him to allow his fiancé Rafael — arrested with the habit of a monk — to visit her for a few hours with the discreet presence of her friends. His father, Gabriel Valls, who also managed to see him for a while, wonders in the darkness and silence of his cell, about the fate of his wife María Aguiló whom he loves as an imposition on himself and cannot help comparing her to the unforgettable widow of Sampol who had never come like her, submissive and sad to boarding. Valls continues with his feeling of guilt and his reflections, until he believes that Adonay and the Christian God are only in human stubbornness, while Father Ferrando gives up reasoning and is relieved by Amegual who limits himself to reading texts by anti-Jewish authors.

Since the viceroy returned from Madrid where he came for support with the excuse of specifying details of an upcoming royal visit, and shown by the presence of a priest who looked badly with the Marian Queen of Austria, ecclesiastical and civic powers on the island they are increasingly distanced. Prosecutor Llabrés intends to accelerate the processes “cutting down all healthy trees for much fruit that he gives” even at the cost of ruining Mallorca and Sebastiá tells his uncle that they will relieve him and that he is going to marry the ugly and devoted sister of Viceroy Onofrina because her fiancée has confiscated property.
Meanwhile, Aguiló suffers an accident with the mare that was transporting him and convinced that fate will ballast his guilt for life sinks into melancholy. Blanca takes the reins while reflecting on the mysteries of her origin and the possible relationship with Joao Peres, whom she will send in substitution of the latter, hoping to arrive in time to make commercial agreements because the “bandejats”, as Sepastiá Palou wrote, hate To the Jews.

Valls insists that he be interrogated to present himself as the only guilty party or he will be left to die in the cell and in a tense verbal dispute with the prosecutor he denies being an apostate although he will never renounce being a Jew because “he cannot stop being one.” The inquisitor reminds him of his conversations in the garden pointing out that there is no salvation outside the Catholic religion and that there will be torment to make him come to his senses.

Sentences only free children, “la coixa” for following their open cause, and a few with sentences of 15 years to perpetual. The rest, except Isabel Tarongí and Gabriel Valls who will be burned alive, have accepted the Christian religion and therefore will be lucky enough to go through the club before the bonfire.

When Joao arrives, Ciutat is a party. Talk to Sebastiá in the same house where Blanca received Captain Harts trying to clarify what happened then, to conclude that now it is too late and neither the money nor the ring with his initials would have changed the court. Joao, at some distance but trying to make Valls discover in his eyes a show of gratitude and understanding, observes how finally looking at the sea he writhes in the flames.

* The historical facts on which it is based On the last blue happened in Ciutat de Mallorca between 1687 and 1691. On March 7, 1687 a group of Jewish converts from Mallorca, fearful that they would open processes because of the delations With a briefcase, they decided to embark on the ship of Captain Vuillis (Willis?) heading for lands of freedom. The bad weather frustrated that the jabeque sails. The fugitives had to disembark and, back to their homes, were arrested. The arrest occurred, apparently, by chance. The screams of a poor madwoman, whose family had tried to flee, altered La Calle and attracted the attention of the round. Unintentionally, she prepared the trap where all who had participated in the failed shipment fell. On the night of March 7, 1687, the chief sheriff led them to the prisons of the palace of the Inquisition, called by the Mallorcan the Black House, where immediately all their property was confiscated.
The causes opened in March 1687 were not closed until 1691. Throughout this year four faith records were held (March 7, May 1, May 6 and July 2). Thirty-seven people were sentenced to the brazier. Three of them, Rafel Valls and the brothers Caterina and Rafel Benet Tarongí, since they did not want to renounce their religion, were burned alive.

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