Esa Maldita Pared (Memorias De Un Butronero) — Flako / That Damned Wall (Memoirs Of A Butron Man) by Flako (spanish book edition)

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En un tono coloquial, de barrio, al resultado final pero de no ser así necesita urgentemente una revisión lingüistica. Por lo demás, en esta época en la que mitificamos a delincuentes, sabe mantener la tensión en el relato y entretiene.
Un atracador profesional de bancos (el robin hood de Vallecas para los mass media) durante gran parte de su vida. Desde su retiro a una existencia cotidiana en la que cada mañana madruga como cualquier currito de a pie, Flako nos cuenta cómo llegó a convertirse en unos de los butroneros más profesionales de su época.
El momento más emotivo de la obra sea la detención y la explicación en primera persona de cómo fue el proceso. Esa sensación de irrealidad.
Robar bancos no es ni fácil ni barato. Hace falta mucho tiempo y dedicación, es un trabajo complejo al alcance de unos pocos. El beneficio está claro que es elevado, pero el riesgo también lo es.

La furgoneta tiene que estar disponible durante muchos días, semanas incluso, porque el butrón es un arte lento: la primera fase, la de inspección, exige bajar varios días a las alcantarillas hasta encontrar la salida de agua que lleve al sótano del banco. En la segunda fase hay que bajar con las herramientas para abrir el butrón entre la galería y el pozo del sótano. En función de los materiales, puedes tardar una mañana o varias jornadas. Una vez abierto el butrón, se procede a inspeccionar el sótano del banco. Luego, se deja todo recogido, se tapa el butrón, y se regresa a la superficie. Solo falta fijar el día de la fiesta, es decir, del atraco.
La inspección y la apertura de butrón se realizan durante los fines de semana, cuando el banco está vacío, para evitar hacer ruidos de obra que nos delaten. La expropiación es siempre un lunes por la mañana a primera hora, cuando los empleados han entrado en el banco, pero todavía no hay clientes. Agazapados en el sótano, esperamos a que aparezca el primer trabajador.

Mi primera alcantarilla fue la cueva del Drach en Mallorca. Sería por el año 94/95, yo tenía unos once años, todavía no había escuchado la palabra butrón y tampoco sabía que mi padre era un atracador de bancos. Nada me hacía imaginar que bajar a las profundidades me iba a crear tanta adicción.
La entidad bancaria del grupo Santander, en el n.º 74 de la calle Alcalá. Varios empleados han necesitado asistencia sanitaria. Ninguno está grave. La policía asegura que portaban armas de fuego y que puede tratase de una banda de atracadores que ya ha actuado con anterioridad en la capital, en los distritos de Arganzuela, Puente de Vallecas y Usera».
No recuerdo a cuánto tocamos, pero solo nos dio para cubrir gastos. Los dólares los repartimos a partes iguales. Habíamos fracasado en el intento de obtener la jubilación anticipada, pero teníamos libertad para seguir intentándolo.

Recuerdo la sensación de estar esperando allí abajo, en el sótano, con la luz apagada. Había tres sonidos mágicos que aun hoy tengo grabados a fuego: el encendido de los tubos fluorescentes, clac, clac, clac; el ruido de la llave en la puerta y la desactivación de las alarmas. Eso significaba que el primer empleado estaba dentro y que empezaba la fiesta.
Recuerdo el regreso a la furgoneta corriendo por las alcantarillas con una mochila llena de billetes y monedas. Me salía el corazón por la boca. Llegamos a la tapa. Pusimos el perico y en unos minutos sonó el hierro con hierro.
Olía a libertad.

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In a colloquial, neighborhood tone, the final result but if not, urgently needs a linguistic review. For the rest, in this time when we mitigate criminals, he knows how to keep the tension in the story and entertains.
A professional bank robber (Vallecas robin hood for the mass media) for much of his life. From his retirement to a daily existence in which every morning he rises early like any currito on foot, Flako tells us how he became one of the most professional butroneros of his time.
The most emotional moment of the work is the arrest and the first person explanation of how the process was. That feeling of unreality.
Bank robbing is neither easy nor cheap. It takes a lot of time and dedication, it is a complex job within the reach of a few. The benefit is clearly high, but the risk is also high.

The van has to be available for many days, even weeks, because the butrón is a slow art: the first phase, the inspection, requires going down several days to the sewers until you find the water outlet that leads to the basement of the bank. In the second phase you have to go down with the tools to open the butrón between the gallery and the basement pit. Depending on the materials, it can take a morning or several days. Once the butrón is opened, the bank’s basement is inspected. Then, leave everything collected, cover the butrón, and return to the surface. All that remains is to set the day of the party, that is, the robbery.
The inspection and the opening of butrón are carried out during the weekends, when the bank is empty, to avoid making construction noises that give us away. The expropriation is always a Monday morning in the early hours, when employees have entered the bank, but there are no customers yet. Crouched in the basement, we wait for the first worker to appear.

My first sewer was the cave of Drach in Mallorca. It was about 94/95, I was about eleven years old, I still hadn’t heard the word butrón and I didn’t know that my father was a bank robber. Nothing made me imagine that going down to the depths was going to create so much addiction.
The banking entity of the Santander group, at No. 74 of Alcalá street. Several employees have needed healthcare. None is serious. The police say they were carrying firearms and that it could be a gang of robbers that has previously acted in the capital, in the districts of Arganzuela, Puente de Vallecas and Usera ».
I don’t remember how much we play, but it only gave us to cover expenses. The dollars are distributed equally. We had failed in the attempt to obtain early retirement, but we were free to continue trying.

I remember the feeling of waiting down there, in the basement, with the light off. There were three magical sounds that I still have on fire today: the lighting of the fluorescent tubes, clack, clack, clack; the noise of the key in the door and the deactivation of the alarms. That meant the first employee was inside and the party was starting.
I remember the return to the van running through the sewers with a backpack full of bills and coins. My heart was coming out of my mouth. We reach the top. We put the white stuff and in a few minutes the iron rang with iron.
It smelled of freedom.

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