Leonardo Da Vinci. La Biografía — Walter Isaacson / Leonardo Da Vinci by Walter Isaacson

Interesante libro pero honestamente, preferí Vuelos de la mente: una biografía de Charles Nicholl, comentada en mi blog. Leí sus biografías de Einstein y Ben Franklin, y las encontré muy buenas. En el presente trabajo, el autor está demasiado presente en mi opinión y presenta su biografía de Steve Jobs en casi todas las páginas. OK, estoy exagerando pero solo un poco. ¿Aprendí algunas cosas sobre mi hombre renacentista favorito? Sí, lo hice y aprecié la comprensión de los principales trabajos y las teorías sobre algunos de los perdidos o disputados también. Sin embargo, sentí la presencia de Isaacson más que la de Da Vinci y hubiera preferido este último sobre el primero.

También es palpable que Walter Isaacson no sea crítico de arte ni historiador de arte. Y, sin embargo, se cargó con la creación de descripciones de las obras de Leonardo que muy pronto se volvieron aburridas, construidas principalmente a partir de adjetivos repetidos, y el análisis de las técnicas de Leonardo que muy pronto también se aburrieron, ya que nunca va más allá de mencionar constantemente el sfumato, los contornos suaves. y tonos. Al describir la pintura, Isaacson se parece a alguien que está recitando algo que no comprende completamente y, por lo tanto, no puede explicar. Y no puedo dejar de mencionar que Benois Madonna se exhibe en el Museo del Hermitage en San Petersburgo no Moscú como dice Isaacson. Sin embargo, los capítulos dedicados a los inventos de Leonardo lo compensan, ya que Isaacson parece estar más entusiasmado con ellos o, tal vez, esta área es más familiar para él (y menos familiar para mí).

La otra cosa que hace que este libro sea un desastre a veces es su pobre estructura. Los capítulos sobre algunos hitos de la vida, el arte, el estudio y lo que Isaacson llama “confusión personal” son mixtos, lo que dificulta bastante la concentración en el tema de cada capítulo. El hecho de que Isaacson quiera poner todo en el contexto de la era no ayuda en absoluto. Crea bastantes personajes alrededor de Leonardo, todos ellos vívidos y hasta cierto punto atractivos, pero muy irritables lejos de la realidad. Parece que entraron en esta biografía de un libro de ficción donde fueron bosquejados por el autor para avanzar en la trama. Sin embargo, lo que debe admirarse es el enfoque de Isaacson sobre la vida personal de Leonardo. A diferencia de muchos otros biógrafos que intentan manipular los hechos (hola, señor Nicholl, estoy hablando de usted), Isaacson trata a Leonardo con el debido respeto y no hace ningún intento de apropiarse de su tema. Este es, probablemente, el primer libro donde el hecho de que Leonardo era un niño ilegítimo se presenta como la suerte de Leonardo, no como un trauma infantil, porque le permitió ser pintor (y quien quisiera ser), no el padre de él. heredero cargado con muchos deberes que no tenía oportunidad de cumplir adecuadamente. Y, sin embargo, Isaacson tiende a simplificar demasiado alguna relación en la vida de Leonardo y algunas de sus intenciones, aparentemente tratando de imitar a su sujeto y crear contornos suaves y sfumato biográfico.

Su capacidad de combinar el arte, la ciencia, la tecnología, las humanidades y la imaginación sigue resultando una fórmula imperecedera para la creatividad. Al igual que la poca importancia que daba al hecho de ser un inadaptado: bastardo, homosexual, vegetariano, zurdo, distraído y, a veces, herético. Florencia prosperó en el siglo XV porque se sentía cómoda con personas así. Ante todo, la curiosidad y el afán de experimentación sin límites de Leonardo nos recuerdan la importancia de inculcar en nosotros y en nuestros hijos no solo el conocimiento, sino también la voluntad de cuestionarlo, de ser imaginativos y —como los inadaptados y los rebeldes con talento de cualquier época— de pensar de forma diferente.

Para Leonardo, haber nacido fuera del matrimonio propició que no tuviera que ser enviado a una de las «escuelas de latín» que enseñaban los clásicos y las humanidades a los aspirantes a profesionales y a los comerciantes del Quattrocento. Aparte de una mínima formación en cálculo mercantil en lo que se conocía como una «escuela de ábaco», Leonardo era básicamente autodidacta. A menudo parecía estar a la defensiva por ser un «hombre sin letras», como, no sin cierta ironía, decía de sí mismo. Sin embargo, también se enorgullecía de que su falta de educación formal lo hubiera convertido en un discípulo de la experiencia y del experimentar.

Ni en aquella época ni más adelante han existido muchos lugares con un entorno tan propicio para la creatividad como la Florencia del Quattrocento. Su economía, otrora dominada por hiladores de lana sin apenas cualificación, había prosperado al entrelazar, al igual que hoy, el arte, la tecnología y el comercio. Los artesanos colaboraban con los fabricantes de seda y los mercaderes para crear telas que eran obras de arte.
El uso del sfumato, el difuminado de los contornos nítidos, constituía ya un sello distintivo del arte de Leonardo. Alberti, en su tratado de pintura, había aconsejado que se trazaran líneas para delinear bordes, y eso era lo que hacía Verrocchio. Leonardo se dedicaba a observar el mundo real y comprobó lo contrario: cuando miramos objetos tridimensionales, no vemos líneas marcadas. «Pinta de modo que des a la obra un acabado difuminado, en vez de contornos y perfiles marcados y bastos —escribió—. Al pintar sombras con sus contornos, que no pueden percibirse sino entremezclados, no los hagas nítidos ni claramente definidos, de lo contrario tu obra tendrá un aspecto acartonado.» El ángel de Verrocchio es acartonado. El de Leonardo, no.
Leonardo creó un retrato psicológico, plasmó las emociones ocultas. Esa sería una de sus innovaciones artísticas más relevantes, algo que lo situó en una trayectoria que culminaría, al cabo de tres décadas, en el mejor retrato psicológico de la historia: la Mona Lisa. El atisbo de sonrisa visible en el lado derecho de los labios de Ginevra se perfeccionaría hasta transformarse en la más memorable jamás realizada. El agua que fluye del paisaje lejano que da la impresión de unir el alma de Ginevra se convertiría, en la Mona Lisa, en la metáfora definitiva del vínculo entre las fuerzas terrestres y las humanas. Ginevra de’ Benci no es la Mona Lisa, no. Sin embargo, salta a la vista que fue creada por el hombre que más adelante la pintaría.

Leonardo se sentía atraído sentimental y sexualmente por los hombres y, a diferencia de Miguel Ángel, parecía llevarlo bien. No hacía ningún esfuerzo ni para ocultarlo, ni para proclamarlo, aunque quizá contribuyese el hecho de que se sintiera poco convencional, alguien que no estaba preparado para formar parte de la dinastía familiar de notarios.
Con los años, tuvo muchos jóvenes hermosos a su servicio en el taller y en casa. Dos años después de los incidentes de Saltarelli, en la misma página de cuaderno en que se incluye uno de sus muchos dibujos informales de un hombre mayor y un hermoso adolescente que se miran de perfil, Leonardo escribió: «Fioravante di Domenico de Florencia es mi amigo más querido, como si fuera mi…».
A Leonardo le parecía curioso que la gente se avergonzara a menudo del pene y que a los hombres les diera reparo hablar del tema. Y añadía: «Me parece que es un error que el hombre se avergüence de mencionarlo, cuando no de enseñarlo, pues siempre cubre o esconde algo que debería adornarse y exhibirse con toda solemnidad».
¿Cómo se reflejaba esto en su arte? En sus dibujos y en los esbozos de sus cuadernos, Leonardo demuestra una fascinación mucho mayor por el cuerpo masculino que por el femenino. Sus dibujos de desnudos masculinos tienden a ser obras de una delicada belleza y muchos son de cuerpo entero. En cambio, casi todas las mujeres que pintó, a excepción de Leda y el cisne, cuadro desaparecido, aparecen vestidas y representadas de cintura para arriba.
Sin embargo, a diferencia de Miguel Ángel, Leonardo era un maestro pintando mujeres. Desde Ginevra de’ Benci hasta la Mona Lisa, sus retratos femeninos muestran una profunda empatía y una gran agudeza psicológica. Su Ginevra resulta innovadora, por lo menos en la pintura italiana, al introducir la pose de tres cuartos de perfil para la mujer, en lugar del habitual perfil completo.

Leonardo, iba muy por delante de lo que resultaba práctico en su época.
Leonardo da Vinci hizo su entrada en la corte de Ludovico Sforza no en calidad de arquitecto o de ingeniero, sino como productor de espectáculos. Durante sus años de aprendiz aficionado al teatro en el taller florentino de Verrocchio, lo había cautivado la escenificación de fantasías, un talento muy solicitado también en la corte milanesa de los Sforza, que a menudo recurría a representaciones teatrales y a espectáculos públicos. En la producción de este tipo de montajes intervenían numerosos elementos, tanto artísticos como técnicos, y todos atraían a Leonardo: escenografía, vestuario, decorados, música, mecanismos escénicos, coreografías, alusiones alegóricas, autómatas y diversos artilugios.
El éxito de Leonardo como diseñador de las máscaras de los planetas le reportó cierta fama; más de la que había conseguido como pintor de cuadros inacabados y, desde luego, más que como ingeniero militar.
Leonardo ideó un truco para anotar características faciales y poder dibujarlas más tarde. Se trata de un código especial que remite a diez tipos de nariz («recta, bulbosa, cóncava…»), once tipos de forma del rostro y varias características más que podían agruparse en categorías. Cuando encontraba a una persona que deseaba dibujar, usaba este código para poder recrearla cuando volviera al estudio. Con las caras grotescas, sin embargo, no hacía falta, porque eran inolvidables: «De las caras monstruosas no necesito decir nada, porque se recuerdan sin dificultad».

Las descripciones de Vitruvio de las proporciones humanas llevarían a Leonardo, como parte de los estudios de anatomía que acababa de comenzar en 1489, a compilar un conjunto similar de medidas. En términos más generales, la convicción de Vitruvio de que las proporciones del hombre resultan análogas a las de un templo bien concebido —y al macrocosmos del mundo— se convirtió en el centro de la cosmovisión de Leonardo.
Después de detallar las proporciones humanas, Vitruvio pasaba a describir, en una célebre representación, la forma de inscribir a un hombre en un círculo y un cuadrado para determinar la proporción ideal de un templo.
¿Hasta qué punto el Hombre de Vitruvio podría tratarse de un autorretrato? Leonardo tenía treinta y ocho años cuando lo dibujó, más o menos la edad del hombre de la imagen. Las descripciones de la época destacan su «hermosa cabellera rizada» y su cuerpo «bien proporcionado». El Hombre de Vitruvio posee las mismas características que muchos de sus presuntos retratos, en especial el Demócrito de Bramante.

La habilidad de Leonardo para examinar el movimiento quedó plasmada en su arte gracias al trazo de su pincel. Además, mientras trabajaba en la corte de los Sforza, comenzó a canalizar su fascinación por el movimiento hacia los estudios científicos y de ingeniería, en especial sus investigaciones sobre el vuelo de las aves y sobre las máquinas que permitiesen al hombre volar.
Leonardo fue uno de los observadores de la naturaleza más disciplinados de la historia, pero sus dotes de observación se aliaban con su don para la imaginación, en lugar de entrar en conflicto con él. Al igual que su amor por el arte y por la ciencia, su capacidad de contemplar e imaginar se entrelazaba para formar la urdimbre y la trama de su genio. Tenía una creatividad combinatoria. Del mismo modo que podía recubrir a un lagarto con varias partes de animales para convertirlo en un monstruo similar a un dragón, ya fuera como divertimento cortesano o para hacer un dibujo fantástico, también era capaz de percibir los detalles y patrones de la naturaleza y, después, entremezclarlos mediante combinaciones imaginarias.

(La última cena) Leonardo usó algunos trucos para disimular el hecho de que había manipulado la perspectiva. Las líneas donde el suelo forma ángulo con las paredes laterales y del fondo quedan ocultas del todo por la mesa. Si miramos con atención la escena e intentamos imaginar las líneas del suelo, nos daremos cuenta de que se verían distorsionadas. Además, una cornisa pintada permite disimular que el techo no se prolongue por encima de la mesa. De lo contrario, los espectadores habrían notado que Leonardo intensificó algo la perspectiva del techo.
Este uso de la perspectiva acelerada, de modo que las paredes y el techo retrocedan hacia el punto de fuga más rápido de lo normal, fue uno de los muchos trucos que Leonardo aprendió de los espectáculos teatrales que produjo.
En la Última cena, la habitación pintada disminuye de tamaño tan rápido que la pared trasera tiene la dimensión justa para contener tres ventanas que muestran el paisaje exterior. Los tapices no guardan la debida proporción. La mesa es demasiado estrecha para una cena cómoda, y los apóstoles se sitúan todos en el mismo lado, donde apenas queda bastante espacio para sentarse. El suelo se inclina hacia los espectadores, como en un escenario, y la mesa también está un poco torcida hacia nosotros. Los personajes se encuentran todos en primer término, como en una obra de teatro, y hasta sus gestos son teatrales.
Su estudio de la ciencia de la perspectiva no lo convirtió en un pintor rígido y académico. Todo lo contrario: complementó aquel con la astucia y el ingenio que había adquirido como empresario teatral. Una vez que conoció las reglas, llegó a ser un maestro a la hora de combinarlas y de distorsionarlas, como si creara un sfumato de perspectivas.

En general, la incapacidad para anclar sus fantasías en la realidad ha sido considerada como una de las principales deficiencias de Leonardo. Sin embargo, para convertirse en un auténtico visionario, uno debe estar dispuesto a ir más allá y fracasar. La innovación requiere un margen de distorsión de la realidad. Lo que Leonardo imaginó para el futuro acabó ocurriendo en muchos casos, aunque para ello tuvieran que pasar siglos. Los trajes de buceo, las máquinas voladoras y los helicópteros existen hoy y drenamos los pantanos con bombas de succión. Siguiendo la ruta del canal que Leonardo proyectó, ahora discurre una autovía. A veces las fantasías son caminos que conducen a la realidad.

Leonardo y Miguel Ángel se habían convertido en luminarias, que guiaron a otros artistas —que hasta entonces rara vez habían firmado sus obras— para que hicieran lo mismo. Cuando el Papa mandaba llamar a Miguel Ángel y cuando los milaneses competían con los florentinos por los servicios de Leonardo, admitían que los superartistas poseían un estilo, una personalidad artística y un genio individual reconocibles. En lugar de ser tratados como miembros fácilmente sustituibles del artesanado, los mejores artistas pasaron a recibir el trato propio de estrellas únicas.

La anatomía moderna comenzó casi veinticinco años después de la muerte de Leonardo, cuando Andrés Vesalio publicó su obra La estructura del cuerpo humano, de factura bellísima y que marcó toda una época. Ese fue el libro al que Leonardo —quizá en colaboración con Marcantonio della Torre, si este no hubiera muerto tan joven a causa de la peste— podría haberse adelantado y haber superado. Por el contrario, los estudios anatómicos de Leonardo tuvieron una escasa influencia. A lo largo de los años, incluso de los siglos, sus hallazgos debieron ser redescubiertos por otros. El hecho de que no los publicara les restó influjo en la historia de la ciencia; pero no genialidad.
Leonardo encalló en un tema relacionado con este: ¿qué causa un arcoíris? Habría que esperar a Newton, que demostró que las partículas de agua en suspensión dispersan la luz blanca en los colores que la componen según sus longitudes de onda. Tampoco se le ocurrió a Leonardo que la luz de una longitud de onda más corta, en el extremo azul del espectro, se dispersa más que la luz de longitudes de onda más largas; para eso habría que esperar a lord Rayleigh a finales del siglo XIX y, después, a que Einstein calculara la fórmula exacta de la difusión.

(Mona Lisa) Leonardo fue capaz de crear una sonrisa imposible de retener, que esquiva a quienes intentan verla. Las finísimas líneas de las comisuras de la boca de Lisa descienden algo, al igual que la boca que levita arriba de la hoja de estudios anatómicos. Si miras directamente a la boca, tu retina capta estos pequeños detalles y líneas y hace que dé la impresión de que no sonríe. Sin embargo, si apartas un poco la mirada de la boca, miras los ojos o las mejillas o alguna otra parte del cuadro, solo tendrás una visión periférica de la boca, que se volverá más borrosa. Las pequeñas líneas de las comisuras de la boca se vuelven imprecisas, pero aún verás las sombras. Estas y el sfumato suave del contorno de la boca hacen que los labios se curven hacia arriba en una sutil sonrisa. La consecuencia sería que una sonrisa parece verse mejor cuanto menos se busca.
Así pues, la sonrisa más famosa del mundo es, de forma intrínseca y en esencia, esquiva, y ahí reside la constatación clave de Leonardo sobre la naturaleza humana. Era un experto en representar la manifestación externa de las emociones internas.

Lo que convirtió a Leonardo en un genio, lo que lo distingue de las personas que solo poseen una inteligencia extraordinaria, fue la creatividad, la capacidad de aplicar la imaginación al intelecto. Su facilidad para combinar la observación con la fantasía le permitió, al igual que a otros genios innovadores, dar saltos inesperados que relacionaban lo ya visto con lo que no lo había sido.
Lo que también distinguió el genio de Leonardo fue su naturaleza universal. El hecho de que Leonardo no solo fuera un genio, sino también muy humano, peculiar, obsesivo, juguetón y fácil de distraer, lo hace aún más accesible. No recibió ese tipo de genialidad insondable, sino que, como autodidacta, se convirtió en genio a fuerza de voluntad. Así pues, aunque nunca consigamos igualar su talento, sí podemos aprender de él e intentar parecernos más. Su vida ofrece una gran cantidad de enseñanzas.

Libros del author comentados en el blog:

https://weedjee.wordpress.com/2014/02/04/steve-jobs-walter-isaacson/

https://weedjee.wordpress.com/2015/04/22/los-innovadoreslos-genios-que-inventaron-el-futuro-walter-isaacson/

https://weedjee.wordpress.com/2017/01/10/einstein-su-vida-y-su-universo-walter-isaacson/

https://weedjee.wordpress.com/2019/08/25/lecciones-de-liderazgo-de-steve-jobs-walter-isaacson-the-real-leadership-lessons-of-steve-jobs-by-walter-isaacson/

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Interesting book and honestly, I preferred Flights of the Mind: A Biography by Charles Nicholl, commented in my blog. I read his biographies of Einstein and Ben Franklin, and found them both really good. In the present work, the author is way too present in my opinion and pitches his Steve Jobs biography on nearly every other page. OK, I am exaggerating but only a little bit. Did I learn some stuff about my favorite Renaissance Man? Yes, I did and I did appreciate the insight into the major works and the theories about some of the lost or disputed ones as well. However, I felt the presence of Isaacson more than that of Da Vinci and would have preferred the latter over the former.

It is also palpable that Walter Isaacson is neither art critic nor art historian. And yet he burdened himself with creating descriptions of Leonardo’s works which very soon became dull, being mostly constructed out of repeated adjectives, and the analysis of Leonardo’s technics which very soon became dull too, as it never goes farther than constantly mentioning sfumato, soft contours and tones. Describing the painting Isaacson looks like someone who’s reciting something he does not fully understand and thus cannot explain. And I cannot but mention that the Benois Madonna is exhibited in the Hermitage Museum in Saint Petersburg. not Moscow as Isaacson states. The chapters devoted to Leonardo’s inventions, however, make up for it as Isaacson seem to be more enthusiastic about them or, maybe, this area is more familiar to him (and less familiar to me).

The other thing which makes this book a mess sometimes is its poor structure. Chapters on some life milestones, art, study and what Isaacson calls ”personal turmoil” are mixed, making concentration on the subject of each chapter rather difficult. The fact that Isaacson wants to put everything into the context of the era does not help at all. He creates quite a few characters around Leonardo – all of them vivid and to some extent appealing, but so irritably far away from reality. They look like they stepped into this biography from some fiction book where they were sketched by the author in order to move plot forward.
What has to be admired though is Isaacson’s approach to Leonardo’s personal life. Unlike many other biographers who try to manipulate the facts (hello, Mr Nicholl, I’m talking about you), Isaacson treats Leonardo with due respect and does not make any attempt to own his subject. This is, probably, the very first book where the fact that Leonardo was an illegitimate child is presented as Leonardo’s luck, not as a childhood trauma, because it allowed him to be a painter (and whoever he wanted to be), not his father’s heir burdened with many duties he had no chance to fulfil properly. And yet Isaacson tends to oversimplify some relationship in Leonardo’s life and some of his intentions, apparently trying to mimic his subject and create soft contours and biographic sfumato.

His ability to combine art, science, technology, humanities and imagination remains an imperishable formula for creativity. Like the little importance he gave to the fact of being a misfit: bastard, homosexual, vegetarian, left-handed, distracted and sometimes heretical. Florence prospered in the fifteenth century because she felt comfortable with people like that. First of all, Leonardo’s curiosity and desire for experimentation without limits remind us of the importance of instilling in us and in our children not only knowledge, but also the willingness to question it, to be imaginative and – like misfits and rebels with talent of any age – to think differently.

For Leonardo, being born out of wedlock meant that he did not have to be sent to one of the “Latin schools” that taught classics and humanities to aspiring professionals and merchants in Quattrocento. Apart from minimal training in commercial calculus in what was known as an “abacus school,” Leonardo was basically self-taught. He often seemed to be defensive for being a “man without letters,” as, not without a certain irony, he said of himself. However, he was also proud that his lack of formal education had made him a disciple of experience and experience.

Neither at that time nor later there have been many places with an environment as conducive to creativity as the Florence of Quattrocento. Its economy, once dominated by wool spinners with barely any qualification, had prospered by intertwining, just like today, art, technology and commerce. Artisans collaborated with silk makers and merchants to create fabrics that were works of art. The use of sfumato, the blurring of sharp contours, was already a hallmark of Leonardo’s art. Alberti, in his painting treatise, had advised that lines be drawn to outline edges, and that was what Verrocchio did. Leonardo was dedicated to observing the real world and found the opposite: when we look at three-dimensional objects, we do not see marked lines. “Paint so that you give the work a faded finish, instead of contours and marked and coarse profiles,” he wrote. When painting shadows with their contours, which cannot be perceived except intermingled, do not make them clear or clearly defined, otherwise your work will have a curved appearance. »Verrocchio’s angel is cornered. Leonardo’s, no. Leonardo created a psychological portrait, embodied the hidden emotions. That would be one of his most relevant artistic innovations, something that placed him on a trajectory that would culminate, after three decades, in the best psychological portrait in history: the Mona Lisa. The hint of a visible smile on the right side of Ginevra’s lips would be perfected until it became the most memorable ever made. The water that flows from the distant landscape that gives the impression of uniting the soul of Ginevra would become, in the Mona Lisa, the definitive metaphor of the link between the earthly and the human forces. Ginevra de ’Benci is not the Mona Lisa, no. However, it is obvious that it was created by the man who would later paint it.

Leonardo was emotionally and sexually attracted to men and, unlike Michelangelo, seemed to get along. He made no effort to hide it, or to proclaim it, although perhaps it contributed to the fact that he felt unconventional, someone who was not prepared to be part of the family dynasty of notaries. Over the years, he had many beautiful young people at his service in the workshop and at home. Two years after the Saltarelli incidents, on the same notebook page that includes one of his many informal drawings of an older man and a beautiful teenager who look at each other in profile, Leonardo wrote: «Fioravante di Domenico de Florencia is my dearest friend, as if he were my … ». It seemed curious to Leonardo that people were often ashamed of the penis and that men were afraid to talk about it. And he added: “It seems to me that it is a mistake for man to be ashamed to mention it, when not to teach it, because it always covers or hides something that should be decorated and displayed with all solemnity.” How was this reflected in your art? In his drawings and in the sketches of his notebooks, Leonardo demonstrates a much greater fascination for the male body than for the female. His drawings of male nudes tend to be works of delicate beauty and many are full-length. On the other hand, almost all the women he painted, with the exception of Leda and the swan, missing painting, appear dressed and represented from the waist up.
However, unlike Michelangelo, Leonardo was a teacher painting women. From Ginevra de ’Benci to Mona Lisa, her female portraits show a deep empathy and a great psychological sharpness. His Ginevra is innovative, at least in Italian painting, by introducing the three-quarter profile pose for women, instead of the usual full profile.

Leonardo, was way ahead of what was practical in his time.
Leonardo da Vinci entered the court of Ludovico Sforza not as an architect or engineer, but as a producer of shows. During his years as an apprentice to the theater in the Florentine workshop in Verrocchio, he had been captivated by the staging of fantasies, a talent much sought after in the Milanese court of the Sforza, which often resorted to theatrical performances and public shows. Numerous elements, both artistic and technical, intervened in the production of this type of montage, and all attracted Leonardo: scenery, costumes, sets, music, scenic mechanisms, choreographies, allegorical allusions, automatons and various gadgets.
Leonardo’s success as a designer of the masks of the planets brought him some fame; more than what he had achieved as a painter of unfinished paintings and, of course, more than as a military engineer.
Leonardo devised a trick to write down facial features and be able to draw them later. This is a special code that refers to ten types of nose (“straight, bulbous, concave …”), eleven types of face shape and several other features that could be grouped into categories. When I found a person who wanted to draw, I used this code to recreate it when I returned to the studio. With grotesque faces, however, it was not necessary, because they were unforgettable: «Of the monstrous faces I need not say anything, because they are remembered without difficulty».

Vitruvio’s descriptions of human proportions would lead Leonardo, as part of the anatomy studies that had just begun in 1489, to compile a similar set of measurements. In more general terms, Vitruvius’ conviction that the proportions of man are analogous to those of a well-conceived temple – and the macrocosm of the world – became the center of Leonardo’s worldview.
After detailing the human proportions, Vitruvius described, in a famous representation, the way of inscribing a man in a circle and a square to determine the ideal proportion of a temple.
To what extent could Vitruvian Man be a self-portrait? Leonardo was thirty-eight years old when he drew it, about the age of the man in the picture. The descriptions of the time highlight his “beautiful curly hair” and his “well proportioned” body. The Vitruvian Man has the same characteristics as many of his alleged portraits, especially the Bramante Democritus.

Leonardo’s ability to examine the movement was embodied in his art thanks to the brush stroke. In addition, while working at the Sforza court, he began to channel his fascination with the movement towards scientific and engineering studies, especially his research on the flight of birds and the machines that allowed man to fly.
Leonardo was one of the most disciplined observers of nature in history, but his observation skills allied with his gift for imagination, instead of coming into conflict with him. Like his love for art and science, his ability to contemplate and imagine was intertwined to form the warp and plot of his genius. He had a combinatorial creativity. Just as he could cover a lizard with several parts of animals to turn it into a dragon-like monster, whether as a courtly diversion or to make a fantastic drawing, he was also able to perceive the details and patterns of nature and, then, intermingle them by imaginary combinations.

(The last supper) Leonardo used some tricks to hide the fact that he had manipulated the perspective. The lines where the floor forms an angle with the side and bottom walls are completely hidden by the table. If we look closely at the scene and try to imagine the ground lines, we will realize that they would be distorted. In addition, a painted cornice allows concealing that the ceiling does not extend above the table. Otherwise, the spectators would have noticed that Leonardo somewhat intensified the perspective of the ceiling.
This use of accelerated perspective, so that the walls and ceiling recede to the vanishing point faster than normal, was one of the many tricks Leonardo learned from the theatrical shows he produced.
At the Last Supper, the painted room decreases in size so fast that the rear wall is just enough to contain three windows that show the exterior landscape. The tapestries do not keep the proper proportion. The table is too narrow for a comfortable dinner, and the apostles are all on the same side, where there is hardly enough room to sit. The floor leans towards the spectators, as on a stage, and the table is also a bit crooked towards us. The characters are all in the first place, as in a play, and even their gestures are theatrical.
His study of the science of perspective did not make him a rigid and academic painter. On the contrary: he complemented the one with the cunning and ingenuity he had acquired as a theater entrepreneur. Once he knew the rules, he became a teacher when combining and distorting them, as if creating a sfumato of perspectives.

In general, the inability to anchor his fantasies in reality has been considered one of Leonardo’s main deficiencies. However, to become a true visionary, one must be willing to go further and fail. Innovation requires a margin of distortion of reality. What Leonardo imagined for the future ended up happening in many cases, although for this they had to spend centuries. Diving suits, flying machines and helicopters exist today and we drain the swamps with suction pumps. Following the route of the canal that Leonardo projected, a motorway now runs. Sometimes fantasies are paths that lead to reality.

Leonardo and Michelangelo had become luminaries, which guided other artists – who until then had rarely signed their works – to do the same. When the Pope sent for Michelangelo and when the Milanese competed with the Florentines for Leonardo’s services, they admitted that the super artists had a recognizable style, artistic personality and individual genius. Instead of being treated as easily substitutable members of crafts, the best artists began to receive the treatment of unique stars.

The modern anatomy began almost twenty-five years after Leonardo’s death, when Andrés Vesalio published his work The structure of the human body, of a beautiful bill and which marked an entire era. That was the book that Leonardo – perhaps in collaboration with Marcantonio della Torre, if he had not died so young because of the plague – could have advanced and overcome. On the contrary, Leonardo’s anatomical studies had little influence. Over the years, even centuries, their findings must have been rediscovered by others. The fact that he did not publish them subtracted their influence on the history of science; But not genius.
Leonardo ran aground on a subject related to this: what causes a rainbow? It would be necessary to wait for Newton, who demonstrated that the suspended water particles disperse white light in the colors that compose it according to their wavelengths. Nor did it occur to Leonardo that light of a shorter wavelength, at the blue end of the spectrum, is scattered more than light of longer wavelengths; for that we would have to wait for Lord Rayleigh at the end of the 19th century and, afterwards, for Einstein to calculate the exact formula of diffusion.

(Mona Lisa) Leonardo was able to create an impossible-to-retain smile, which avoids those who try to see her. The very fine lines of the corners of Lisa’s mouth descend somewhat, as does the mouth that levitates above the anatomical study sheet. If you look directly at the mouth, your retina captures these small details and lines and gives the impression that it does not smile. However, if you look away from your mouth a bit, look at your eyes or cheeks or some other part of the picture, you will only have a peripheral vision of the mouth, which will become more blurred. The small lines of the corners of the mouth become vague, but you will still see the shadows. These and the soft sfumato of the contour of the mouth make the lips curl upward in a subtle smile. The consequence would be that a smile seems to look better the less you look for it.
Thus, the most famous smile in the world is, intrinsically and essentially, elusive, and therein lies Leonardo’s key finding on human nature. He was an expert in representing the external manifestation of internal emotions.

What made Leonardo a genius, what distinguishes him from people who only possess extraordinary intelligence, was creativity, the ability to apply imagination to the intellect. His ease in combining observation with fantasy allowed him, like other innovative geniuses, to make unexpected leaps that related what was already seen to what had not been.
What also distinguished Leonardo’s genius was his universal nature. The fact that Leonardo was not only a genius, but also very human, peculiar, obsessive, playful and easy to distract, makes it even more accessible. He did not receive that kind of unfathomable genius, but, as a self-taught, he became a genius by will. So, although we can never match his talent, we can learn from him and try to look more like each other. His life offers a lot of teachings.

Books from the author commented in the blog:

https://weedjee.wordpress.com/2014/02/04/steve-jobs-walter-isaacson/

https://weedjee.wordpress.com/2015/04/22/los-innovadoreslos-genios-que-inventaron-el-futuro-walter-isaacson/

https://weedjee.wordpress.com/2017/01/10/einstein-su-vida-y-su-universo-walter-isaacson/

https://weedjee.wordpress.com/2019/08/25/lecciones-de-liderazgo-de-steve-jobs-walter-isaacson-the-real-leadership-lessons-of-steve-jobs-by-walter-isaacson/

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